Introducción
a) El extraordinario novelista francés
Emilio Zola, famoso defensor de
Dreyfus, marcó con sus ideas todo el siglo XX. Fue
precisamente él quien estableció un decálogo y unos
principios morales que fueron obligatorios para el
intelectual durante 100 años. Fue Zola quien creó el ideario
de los hombres de la pluma, las normas a cumplir por el
profesional de la palabra. Por esa razón los escritores,
críticos y periodistas que no entendían su profesión
únicamente como una manera de ganar dinero debían tener
siempre presente la imagen de Zola. El gran francés defendía
con sus ideas y actitud tres valores básicos: a la persona
perjudicada, la verdad material y el Estado tolerante. Así
entendía la defensa del buen nombre de su patria, Francia.
No vaciló en decirle al Presidente de la República en su
célebre artículo Yo acuso:
¡Pero qué mancha de barro sobre su nombre
-iba a decir sobre su reinado- es este horrendo
caso Dreyfus! Un consejo de guerra, cumpliendo órdenes,
acaba de atreverse a absolver a un Esterhazy, suprema
bofetada a cualquier verdad, cualquier justicia. Y se ha
acabado, Francia lleva en la mejilla esta mancha, la
Historia escribirá que durante su presidencia se llegó a
cometer tamaño crimen social. Puesto que ellos se han
atrevido, yo también voy a atreverme. Diré la verdad, pues
prometí decirla si la justicia, tras la apelación legal, no
se aplicaba plena y enteramente. Mi deber es hablar, no
quiero convertirme en cómplice. El espectro del inocente que
expía, en la más atroz de las torturas, un crimen que no ha
cometido, no me dejaría dormir por las noches.1
Emilio Zola provocó la división de Francia. Hizo del
caso de Dreyfus una cuestión que servía para definir quién
era quién. La actitud frente al estremecedor caso permitía
distinguir a la Francia del pasado, conservadora,
tradicional, monárquica, católica y cerrada a los
extranjeros. Pero en la lucha por la absolución de Dreyfus,
oficial del Ejército francés de origen judío acusado de
espionaje, se daba a conocer la Francia del futuro:
democrática, laica, republicana y tolerante.
Fue
Emilio Zola quien consiguió que la
Francia del futuro venciese a la del pasado. Él hizo que
durante todo un siglo el intelectual-periodista se sintiese
obligado a participar en los asuntos de la política
entendida como el bien común y no como la lucha por el
poder. Ésa era la obligación moral del
intelectual-periodista y lo sigue siendo. El éxito de Zola
animó a los intelectuales a defender los derechos humanos y
a desenmascarar el mal como los sacerdotes. Ésa es la razón
de que podamos encontrar a intelectuales entre los
principales adversarios de los regímenes totalitarios, rojos
o negros, y también entre los apologistas de los sistemas
antidemocráticos. El orgullo inculcado por Zola impulsó a
unos intelectuales a desenmascarar el mal, pero la vanidad
generada por ese mismo orgullo hizo que otros se viesen
fascinados por el fascismo o el comunismo que prometían
erradicar el mal.
Las glorias y las tragedias del siglo XX
tienen una misma fuente, el gesto de
Emilio Zola. Por eso
tenemos que ser modestos.
El gran modelo del intelectual -ha escrito
Leszek Kolakoswki- es
Erasmo de Rotterdam: un cizañero que
amaba la paz, filólogo y moralista, con frecuencia
vacilante, profundamente compenetrado con los principales
conflictos de su tiempo y al mismo tiempo muy prudente,
siempre dispuesto a recular, poco amigo de los extremismos,
uno de los principales promotores de la reforma de la vida
religiosa que, no obstante, jamás se adhirió a la Reforma,
un guerrero magnánimo, un sabio y un humorista. El papel que
desempeñó en la historia, tomado en su conjunto, sigue
despertando polémicas hasta nuestros días. ¿En resumidas
cuentas un renovador o su destructor? Habría que tener en
cuenta demasiados criterios arbitrarios para poder responder
a semejante pregunta de manera tajante. Y el mismo problema
se plantea al valorar a casi todos los grandes intelectuales
que contribuyeron de manera considerable a la historia
espiritual y política de Europa y tampoco se puede dar una
respuesta inequívoca. Entre los intelectuales típicos, como
lo fue Melachton y los grandes tribunos populares semejantes
a Lutero, los conflictos siempre son inevitables. Y cuando
los intelectuales decidían trasformarse en líderes populares
o en políticos profesionales, los resultados solían ser poco
edificantes. Y es que la plaza del mercado de las palabras,
con todos sus peligros, es un lugar más apropiado para ellos
que la corte real.
En una palabra, eludamos las cortes reales.
b) Pensé muchas veces en Emilio Zola cuando,
tras caer el comunismo, nacía en Polonia la prensa libre.
Era una obligación pensar en la experiencia de los
periodistas del siglo XX que se habían convertido en el
cuarto poder de la democracia y en un componente inamovible
de ella. Pero también había que pensar en los periodistas
que en la misma época se habían transformado en un elemento
de la corrupción en la democracia moderna.
La noche del 4 de junio2 de 1992
pasará a la historia de Polonia con el nombre de La noche
de las actas secretas, nombre que alude a La noche de
los cuchillos largos, a la noche en la que
Adolfo Hitler
liquidó a sus adversarios dentro del partido nazi. Por
suerte en Polonia todo transcurrió de manera pacífica. El
gobierno, que había perdido la mayoría parlamentaria, acusó
al Presidente de la República, al presidente del Congreso de
los Diputados, a los ministros de Asuntos Exteriores y de
Finanzas, así como a muchos parlamentarios, de haber sido
agentes de la policía política comunista. El Estado se vio
al borde de la autodestrucción. Aquella fue también la hora
de la gran prueba para los medios y para nosotros, los
periodistas: estaba claro que teníamos que optar por la
responsabilidad y el civismo. Por esa razón, casi
unánimemente, nos negamos a publicar la lista de
personalidades acusadas de colaboracionismo que había
elaborado el ministro de Interior del gobierno, basándose en
las actas secretas de los servicios de inteligencia
comunistas. Llegamos a la conclusión de que no podían
inspirar confianza los dossiers sobre los activistas
de la oposición democrática que habían sido preparados por
sus enemigos mortales, porque el objetivo de aquellas actas
secretas siempre fue destruir en sentido moral y físico a
los adversarios del régimen totalitario. Aquel escándalo me
enseñó con cuánta facilidad el periodista puede convertirse
en un instrumento y la importancia que tiene combatir todas
las manipulaciones para salvaguardar el honor profesional y
el buen nombre. Esa guerra a los manipuladores no es más que
una lucha encaminada a proteger la ecología de nuestra
profesión, la pureza de ese medio ambiente que es el lugar
en que se producen los debates públicos.
c) Pensé en todas esas cosas, cuando en noviembre
de 1995 el ministro de Interior acusó desde la tribuna del
Congreso de los Diputados al primer ministro de ser espía
soviético.3
El primer ministro acusado había pertenecido al
aparato del partido comunista en los tiempos de la dictadura. El
ministro que le acusó había sido primero un importante activista
del movimiento Solidaridad, luego un preso político de gran
valentía y más tarde uno de los dirigentes de las estructuras
clandestinas de la oposición democrática. ¿Quién decía la
verdad: el acusador con semejante biografía o el acusado, que
negaba haber traicionado a la patria pero que tenía un pasado
poco fiable? Aquel escándalo político, el más grande registrado
en Polonia en los últimos tiempos, dividió a los medios de
manera característica. Unos, casi de manera ciega, dieron
crédito a las acusaciones del ministro de Interior. Otras,
también ciegamente, le creyeron al primer ministro. Y fue
entonces cuando comenzaron las "filtraciones" procedentes de los
servicios de inteligencia. A los medios controlados por los
postcomunistas empezaron a llegar "filtraciones" que confirmaban
la inocencia del primer ministro, mientras que a los medios
anticomunistas llegaban las que confirmaban la culpabilidad del
jefe del gobierno. Aquel gigantesco escándalo, del que por
suerte la democracia polaca salió ilesa, sometió a una gran
prueba a los medios. Para mí el suceso fue una gran lección
porque aprendí que el mayor enemigo de los medios libres es la
supremacía de la ideología y del partidismo sobre la honestidad
de la información. Otro gran enemigo es la ceguera, porque
incapacita para percibir el mundo de manera no trivial. Aunque
no se sea espía, ¿no resulta una enorme irresponsabilidad
mantener contactos con el jefe de un espionaje extranjero?
El caso que analizo puso también al descubierto
cuán peligrosos pueden ser los servicios de inteligencia cuando
se empeñan en la lucha política. El primer ministro
postcomunista fue acusado de ser espía sobre la base de pruebas
muy poco convincentes. Eso me enseñó otra cosa: en el Estado
democrático los medios tienen la tentación de buscar la primicia
o la exclusiva, incluidas las que provienen de "filtraciones" de
los servicios especiales; pero esas "filtraciones" no son otra
cosa que un intento de manipular a los medios y, con su ayuda, a
la opinión pública.
El decálogo de un periodista honesto en el
periodo del postcomunismo
Suelen preguntarme de qué parte estoy y a quién
apoyo: quieren saber si mi diario Gazeta Wyborcza apoya a
la izquierda ilustrada contra la derecha oscurantista. También
me exigen que diga si apoyamos una coalición de todas las
fuerzas nacidas del movimiento que generaron las protestas
obreras de agosto de 1980 para combatir a los ex comunistas.
En las divisiones así definidas no hay lugar para
nosotros. Queremos que Polonia sea un Estado independiente y de
derecho; un Estado de democracia parlamentaria y de economía de
mercado; un Estado que avance sistemáticamente hacia su
integración en las estructuras euroatlánticas y que sea fiel a
sus identidades históricas. Sólo una Polonia así estará en
condiciones de hacer frente a todos los extremismos,
independientemente del nombre que les demos: fascismo "negro" o
"rojo"; o también bolchevismo "rojo" o "blanco". Por esa razón
no somos seguidores de ningún partido, aunque estamos dispuestos
a apoyar a todos los que estén dispuestos a realizar los
objetivos de la democracia polaca.
Nuestro deseo es que Gazeta Wyborcza sea
un elemento de la democracia polaca, una de sus instituciones. Y
es así como entendemos el papel a desempeñar en la vida pública
polaca. Y queremos guiarnos, en esa tarea, por un conjunto de
principios que podríamos definir como nuestro decálogo ético y
profesional.4
1° "Entonces pronunció Dios todas estas palabras
diciendo: 'Yo, Yahveh, soy tu Dios, que te he sacado del país de
Egipto, de la casa de la servidumbre. No habrá para ti otros
dioses delante de mí. No te harás escultura ni imagen alguna ni
de lo que hay arriba en los cielos, ni de lo que hay abajo en la
tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra. No te
postrarás ante ellas, ni les darás culto, porque yo Yahveh, tu
Dios, soy un Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres
en los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me
odian, y tengo misericordia por millares con los que me aman y
guardan mis mandamientos'" (Ex-20, 1-6).
El Dios que a nosotros nos sacó de la casa de
esclavos tiene dos nombres: Libertad y Verdad. Y a ese Dios,
Libertad y Verdad, tenemos que someternos incondicionalmente. Es
un Dios celoso que exige una lealtad absoluta. Si nos inclinamos
ante otro Dios (el Estado, el pueblo, la familia, la seguridad
pública), a costa de la libertad y de la verdad, seremos
castigados. El castigo será la pérdida de la credibilidad sin la
cual es imposible ejercer nuestra profesión. Libertad y Verdad:
¿qué significan esas palabras? La libertad significa una
posibilidad de actuar libremente para todos; o sea, no solamente
para mí, sino también para mi adversario, para cada uno aunque
piense de manera distinta. Nuestro deber es defender "esa
libertad para todos", porque ella es el sentido fundamental de
nuestra profesión y de nuestra vocación.
La única limitación que puede tener nuestra
libertad es la que impone la Verdad. Eso significa que podemos
publicar todo lo que escribamos, a condición de que no mintamos.
La mentira periodística es no sólo un pecado contra los
principios de nuestra profesión sino también una blasfemia
contra nuestro Dios. La mentira siempre conduce a la esclavitud.
Sólo la verdad tiene fuerza liberadora.
Ahora bien, eso no significa que podamos
sentirnos poseedores de la verdad única y absoluta ni que
podamos, en nombre de esa verdad, amordazar a otros.
Sencillamente, tenemos prohibido mentir, aunque a veces la
mentira sea cómoda para nosotros mismos o nuestros amigos.
Podríamos decir que el que miente, mea contra el
viento.
2° "No tomarás en falso el nombre de Yahveh, tu
Dios; porque Yahveh no dejará sin castigo a quien toma su nombre
en falso" (Ex-20, 7).
Dijimos Libertad y Verdad: así definimos nuestro
credo y el compromiso con nosotros mismos. Sin embargo, esos
valores no pueden ser empleados para considerarnos seres
superiores y cerrar la boca a otros. Libertad y Verdad son dos
palabras de gran valor y contenido sagrado y no pueden ser
usadas sin prudencia y sensatez. Cuando se abusa de las palabras
sagradas pierden su valor y se convierten en términos vacíos y
triviales.
Observamos ese fenómeno constantemente. Los
partidos políticos van a las elecciones con las palabras "Honor,
Dios y Patria" en sus consignas. Lo mismo hacen los huelguistas
que sólo quieren mejoras salariales o los campesinos que cortan
las carreteras para lograr reducciones en los impuestos. Sin
embargo, los que usan esas palabras de singular valor en la
lucha electoral o en las campañas políticas las condenan a la
devaluación y ridiculización. Cuando oímos cómo esas grandes
palabras son utilizadas por los políticos en frases vacías,
percibimos casi de manera física que "las palabras niegan lo que
dice la voz y la voz niega lo que dicen los pensamientos".
Percibimos asimismo que las palabras pierden su sentido y la
lengua deja de ser el vehículo de comunicación entre los hombres
para convertirse en un arma de intimidación, en una mordaza o en
una porra para los que tienen otras ideas. Si el servilismo
puede ser llamado valentía; el conformismo, sensatez; el
fanatismo, lealtad a los principios, y la tolerancia, nihilismo
moral, vemos que la palabra se convierte en un medio para
falsificar la realidad. Así surge el nuevo lenguaje. El que
utiliza ese nuevo lenguaje actúa como el que paga con dinero
falso; y eso nosotros no podemos hacerlo
En una palabra: no hagas de tu boca un vertedero.
3° "Recuerda el día del sábado para santificarlo.
Seis días trabajarás y harás todos tus trabajos, pero el día séptimo
es día de descanso para Yahveh, tu Dios. No harás ningún trabajo, ni
tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu
ganado, ni el forastero que habita en tu ciudad. Pues en seis días
hizo Yahveh el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto contienen, y
el séptimo descansó; por eso bendijo Yahveh el día sábado y lo hizo
sagrado" (Ex-20, 8-11).
Tu trabajo es una constante carrera contra el reloj
acompañada por el alboroto. Sabes que el diario tiene que estar a
primera hora de la mañana en los kioskos y que antes tienes que
elaborar tu artículo, información o comentario o preparar la
fotografía. Todo lo haces con la falta de tiempo pisándote los
talones, en medio de una gran tensión y, por consiguiente, muchas
veces lo haces de manera rutinaria y mecánica. Ocurre que en más de
una ocasión ese ritmo te hace preguntarte a ti mismo por el sentido
de tu trabajo. Más de una vez no sabrías responder a la pregunta de
por qué haces todas esas cosas. ¿Están acaso al servicio de alguna
causa? ¿Forman parte de alguna concepción más amplia? ¿Realmente
describes el mundo de manera honesta y, cuando opinas, eres justo?
Tienes que acordarte del sábado. Es el día apropiado para la
reflexión. Aprovéchalo para alargar la distancia que te separa de ti
mismo y del mundo. Relájate y piensa en lo que es más importante. Y
no olvides que, ya que todos somos pecadores, no estaría de más ser
un poco más prudente al lanzar piedras contra otros pecadores. Haz
un análisis honesto, porque puede ser que en los argumentos de tus
adversarios haya algo de razón. Tampoco olvides que ellos pueden
guiarse por móviles, pasiones o intereses que tú, sencillamente, no
entiendes.
Y otro consejo más. Trata de pensar con más sosiego
sobre tus perspectivas profesionales. No olvides que, además de ser
periodista, también eres hijo de tus padres, padre de tus hijos,
amigo de tus amigos y vecino de tus vecinos. Trata de ver el mundo
de otra manera, cambiando el ángulo de visión: desde abajo, desde
arriba o desde un lado, como quieras, pero de otra manera. Luego
analízate tú mismo: tus fobias y apasionamiento, las aristas que te
hieren y los esquemas que aplicas, tal vez excesivamente
simplificados. Sin ese análisis no podrás hacer un honesto examen de
conciencia, ese examen que siempre hace falta.
En otras palabras: no te adores a ti mismo con
reciprocidad.
4° "Honra a tu padre y a tu madre, para que se
prolonguen tus días sobre la tierra que Yahveh, tu Dios, te va a
dar" (Ex-20, 12).
Hay que respetar la herencia recibida. No trabajas en
una tierra virgen ni en una tierra estéril. Antes que tú trabajaron
otros y tú eres su descendiente, heredero, discípulo, continuador y
también contestatario.
Hay que ser crítico, pero siempre con respeto y
conocimiento de las cosas. Ésa es una condición indispensable a
cumplir para poder dar una reseña honesta de la historia de una
nación, de una ciudad, de un círculo de personas o de una familia.
¿Cuál fue la historia de esos sujetos? Habrá en ella mucha nobleza y
mucha pillería; habrá compromisos y revoluciones; habrá heroísmo y
trivialidad, dramas y esperanzas, conspiradores y colaboracionistas,
ortodoxos y herejes. De toda esa herencia hay que sacar los
elementos que se necesitan para construir la tradición propia; es
decir, una determinada cadena de personas, de actos y de ideas que
deseamos continuar. Pero no hay que olvidar el conjunto de la
herencia ni a todas las personas, actos e ideas: porque nada puede
ser ignorado so pena de idealizarse uno mismo. Tus adversarios, sean
polacos, rusos, ucranianos, judíos o alemanes, también tienen la
obligación de honrar a sus padres. Trata de comprenderlos. La
idealización de uno mismo es el camino más corto hacia la falsedad,
hacia la imbecilidad y hacia la intolerancia ideológica, étnica o
religiosa. El recuerdo de los padres y madres, propios y ajenos, y
el respeto por ellos, por sus ideales, fe, amor y esperanzas, son el
fundamento de la comunidad humana. Cuando no los hay el pensamiento
humano cae en la trampa de esa falsedad que es el narcisismo; o en
la trampa de la amnesia que permite asegurar que el pasado no es más
que un conjunto de textos, señales y símbolos indignos de todo
juicio moral. Y si así fuese, ¿qué sentido tendrían tu vida y tu
trabajo? Escribió Czeslaw Misloz:
Entre las medio-verdades,
el medio-arte
la medio-ley
y la medio-ciencia
Bajo un medio-cielo
Medio-inocentes
y medio-mancillados.
En otras palabras: no olvides que alguna vez te dirán
los tuyos: "Se olvidó el buey que ternero fue".
5° Decía Jesús: "Ama al prójimo como a ti mismo".
Esas palabras significan que tienes que amarte a ti
mismo. Tienes que respetar tu propia dignidad y cultivarla. ¿Qué
significa cultivar la dignidad? Pienso que significa cultivar la
conciencia, plantearse uno mismo preguntas difíciles y responderlas
con honestidad. Significa también ver en uno mismo a un sujeto y no
un objeto; o sea, sentir responsabilidad también por el prójimo. Ese
prójimo puede ser un extraño, puede pertenecer a otro clan o a otra
nación, pero hay que tratarlo como a uno mismo.
Todo lo dicho significa que tienes que rechazar el
nacionalismo. Orwell escribió en un ensayo sobre nacionalismo:
Entiendo por nacionalismo ante todo el convencimiento
de que las personas pueden ser clasificadas como los insectos y que
a grupos enteros, a millones y a decenas de millones de personas,
partiendo de una seguridad absoluta, se les puede poner la etiqueta
de "buenos" o "malos". Lo entiendo asimismo como esa costumbre de
que hay que identificarse con una nación determinada o con algún
grupo de personas; al que se coloca por encima del bien y del mal y
la convicción de que, por encima de todo, existe el deber
fundamental de defender sus intereses. No hay que confundir el
nacionalismo con el patriotismo () El patriotismo, por su
naturaleza, tiene un carácter defensivo, tanto en el sentido militar
como cultural, mientras que el nacionalismo es inseparable de los
sueños de ser una potencia. La aspiración constante de todo
nacionalista es conquistar más poder y más prestigio, no para él
mismo, sino para su nación o para un determinado grupo de personas
elegidos por el nacionalista para diluir así su propia personalidad.
Era muy sabio George Orwell, como también lo era el
padre Pasierb,5 quien, cuando hablaba del amor por el
prójimo, le explicaba a ese prójimo: "Es bueno que existas"; y
luego: "y es bueno que seas diferente".
El prójimo es distinto, es diferente. Tiene otra
biografía, otra religión y otra nacionalidad. En más de una ocasión
puede tratarse de un prójimo cuya biografía, nación y fe estuvieron
en conflicto con las tuyas. Pese a ello debes amarlo como a ti
mismo. Eso significa que tienes que respetar su derecho a ser
diferente, a tener su cultura, a tener otros recuerdos. Y respétalo
aunque haya sido tu enemigo. En otras palabras, no hagas
generalizaciones. Distingue el pecado del pecador. El pecado debes
condenarlo con todas tus fuerzas. Trata, sin embargo, de comprender
al pecador y trata de ver en tu adversario a un interlocutor con el
que hay que conseguir el entendimiento y no a un enemigo al que hay
que aniquilar.
Si tienes a mal que otros hagan uso del arma del
odio, renuncia tú primero a ella.
En otras palabras: cuando te critican, no ataques a
quien lo hace diciéndole que tiene mal olor de boca.
6° "No matarás" (Ex-20, 13).
Con la palabra se puede matar. La palabra puede ser
letal. La lengua es algo más que la sangre, decía Víctor Klemperer.
En eso precisamente consiste el envenenado hechizo que tiene la
profesión periodística. Pero también con la palabra se puede hacer
el bien. Con ella se puede combatir el hechizo ejercido por el
totalitarismo; se puede enseñar la tolerancia; se puede dar
testimonio de la verdad y ejercer la libertad. Las palabras pueden
ser escudriñadas con atención. Cierto fraile dominico francés dijo:
Cuando el odio se apodere de tu corazón y empiece a
arrastrarlo, guarda silencio, huye, escóndete, desaparece, haz como
si no estuvieras presente o acepta de antemano que renunciarás a
todo lo que te es entrañable y, en primer lugar, al honor.
Eso quiere decir que has de combatir con tu pluma,
pero que deberás hacerlo con honestidad y sin odio. No patees a
quien ya esté tirado en el suelo. No asestes ni un solo golpe por
encima de lo imprescindible. Y no te engañes pensando que tienes la
receta de la justicia. Tampoco sueñes con que eres el "brazo de
Dios" cuando asestes golpes mortales a tus adversarios. Los golpes
letales suelen ser golpes bajos. Cuando acusas a alguien de ser un
traidor, un corrupto o un antipatriota no olvides que lo estás
matando. Y que la verdad siempre sale a flote; y que entonces
tendrás que responder por tu canallada, aunque sólo sea ante tu
propia conciencia. Por eso no deberás matar.
En otras palabras: no le hagas a otro lo que a ti no
te gustaría que te hicieran.
7° "No cometerás adulterio" (Ex-20, 14).
Debes ser fiel al menos a los principios que tú mismo
consideras valiosos y a la persona que consideras que tienes
obligación de serlo. No prostituyas tu profesión para conseguir
poder, dinero o tranquilidad. Debes ser fiel, porque esa es una
condición indispensable para que puedas ser libre. Sólo la libertad
te permite ser fiel. Más aún, la capacidad para ser fiel a los
principios, a los valores y a las personas es una prueba de que se
tiene capacidad para ser libre. La traición y el odio son pruebas
del vacío espiritual, de la capitulación y de la condición de
esclavo. Nada hay tan abominable como la traición.
En otras palabras: no te hagas pasar por más listo de
lo que eres.
8° "No robarás" (Ex-20,15).
Ése es un mandamiento válido para la ética de todas
las profesiones. Por eso, para el periodista nada puede ser tan
vergonzoso como el plagio, que no es otra cosa que el robo de algo
ajeno. El plagio no es sólo un golpe asestado a otra persona. El
plagio es un atentado contra el sentimiento general de justicia. El
plagio equivale a la aceptación de la corrupción en la vida pública
y de la deshonestidad como método. El plagio equivale a la
destrucción de la ética del periodismo, porque significa que quien
lo comete está dispuesto a permitir cualquier deshonestidad.
Y la difamación, ¿no significa acaso el robo del buen
nombre del difamado? Y la mentira, ¿no nos roba acaso la seguridad
de que podemos vivir con la verdad?
Hagamos una generalización: el robo es una técnica
que permite hacerse con algo ajeno; pero no todo se puede comprar
con el dinero robado. Se puede comprar, por ejemplo, la sumisión de
muchos, pero no el respeto de todos.
Los periodistas que manipulan la verdad y que buscan
la confusión de las personas son ladrones que corrompen con ello la
profesión. Leemos las palabras sagradas "Dios, Patria, Honor". Si
las dice un periodista corrupto les roba el sentido original que
tenían. Esa práctica hace que mueran los grandes valores convertidos
en emblemas. Tadeusz Zychiewicz,6 seguramente el mejor
escritor polaco sobre temas religiosos, analizó los problemas del
robo de bienes materiales y espirituales en nuestro siglo.
Zychiewicz escribió:
El sosiego y la paz del corazón humano, la prudencia
y sensatez de la conciencia, las alegrías, la verdad, la capacidad
de orientación, la justicia, la disciplina de la imaginación, las
reacciones basadas en una salud y una valentía elementales, así como
decenas de otras cosas positivas El mundo está lleno de alboroto.
Una sola hora de silencio sereno haría que nos sintiésemos
vergonzosamente robados, pero no podríamos atrapar a los ladrones,
porque carecen de personalidad o se esconden detrás de potentísimas
murallas construidas con consignas, esquemas de comportamiento,
costumbres, modas y prestigio, con el terror practicado por los
creadores de la literatura o del cine, con centenares de ídolos
intocables.
Precisamente por todo eso es el propio periodista
quien debe decirse: "No robes".
En otras palabras: no copies más de lo
imprescindible.
9° "No darás testimonio falso contra tu prójimo"
(Ex-20, 16).
Los conflictos son la realidad ordinaria de la
sociedad y el Estado democráticos. Precisamente por eso tiene tanta
importancia el estilo de los conflictos, el nivel cultural y el
lenguaje que comprenden. Ese estilo depende en gran medida de
nosotros, los profesionales del periodismo. Precisamente por eso es
indispensable asimilar una vez más varias cosas que pueden
considerarse triviales.
El mandamiento que exige que rechaces la mentira (el
testimonio falso) no significa que siempre tengas que decir la
verdad. No todas las verdades sirven para decirlas a diario o
inmediatamente aprovechando cualquier pretexto. Decía el poeta Adam
Mickiewicz:
Hay verdades que el sabio las dice a todas las
personas. Hay verdades que sólo se las susurra al pueblo. Hay
verdades que las confiesa únicamente a sus amigos. Y hay verdades
que no puede decírselas a nadie.
¿Cuáles son esas verdades que a nadie podemos
confiar? Son las verdades que conciernen a los secretos más
profundos de la conciencia, verdades que se dicen en el
confesionario y que sólo pueden conocer Dios y el confesor, pero
nunca el lector; hay verdades sobre la intimidad de las personas
que, al ser sacadas a flote, hieren al prójimo.
Por otro lado, hay situaciones en las que el
descubrimiento sólo parcial de la verdad sobre la vida de una
persona puede ser también una falsificación de su biografía. Es como
si escribiésemos la biografía de san Pablo resaltando que, cuando
era servidor del emperador, perseguía a los cristianos
n otras palabras: la capacidad de elaborar un
testimonio verdadero sobre el prójimo, en particular cuando se trata
de un adversario, sirve de prueba incuestionable para valorar
nuestra mentalidad como personas y profesionales. El filósofo
español Fernando Savater afirma:
La conciencia que tenemos de nuestro derecho a ser
tratados como los otros, independientemente del sexo, el color de la
piel, las ideas, gustos, etcétera, es lo que llamamos dignidad. ()
el ser humano tiene dignidad y no precio, es decir, no puede ser
sustituida ni humillada para que otra persona tenga beneficio.
El falso testimonio sobre el prójimo es también una
prueba de falta de fe en los argumentos propios, de falta de
convicción. Hace uso de la falsedad aquel que tiene miedo a
encararse con la verdad y la libertad. Si el resultado de la verdad
es la libertad, el resultado de la falsedad es la violencia. Un
signo de violencia son las ofensas que reemplazan la confrontación
de los argumentos y puntos de vista. Lo es también la exigencia de
que se imponga la censura, en vez de la libre contrastación de
opiniones.
El testimonio falso tiene su lógica letal: arrastra
el debate democrático hacia una guerra fría civil; transforma al
interlocutor en adversario y a éste en un enemigo mortal. La lengua
del testimonio falso trata de deshumanizar al adversario. Si eres
contrario a que el aborto sea castigado por el Código Penal, te
comparan con los genocidas de Auschwitz y del Gulag; si eres
partidario de la separación de la Iglesia del Estado, te proclaman
enemigo de Dios, del bien y de las verdades del Evangelio; si te
niegas a discriminar a las personas que tienen otras biografías,
dicen que traicionas al pueblo y eres un cómplice de los crímenes
del totalitarismo.
Los testimonios falsos pueden herir e incluso matar a
la víctima pero también mutilan a los autores. Decía el Eclesiastés:
Que nadie te considere difamador. No dejes que tu
lengua te domine y te llene de oprobio. Por el ladrón se siente
vergüenza y pena, pero para el que tiene una lengua de doble filo se
exige la peor condena y al difamador sólo le esperan el odio, la
hostilidad y el deshonor.
El testimonio falso es un pecado contra el prójimo y
una blasfemia contra Dios. Es también la violación más grande de las
normas de nuestra profesión periodística.
En otras palabras: no enturbies las cosas.
10° "No codiciarás la casa de tu prójimo, ni
codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo ni su sierva, ni su
buey ni su asno, ni nada que sea de tu prójimo" (Ex-20, 17).
No debes desear nada que sea de otro; tampoco el
respeto que le tienen, la popularidad de que goza o la simpatía que
se ha ganado. Si te gustaría tener lo que él tiene, trata de
conseguirlo con tu trabajo, con tu talento, con tu valentía, pero
nunca tratando de destruir al semejante. Ser ambicioso es muy
positivo, porque enriquece a la persona; pero ser envidioso o
codiciar los logros de otros es autodestructivo, porque genera
frustraciones, conduce a las bajezas y produce mucha hiel. La
envidia atonta y encanalla, destruye los sentimientos nobles, la
sensibilidad. Tadeusz Zychiwicz recuerda:
El Viejo Testamento describe con una despiadada
minuciosidad el pecado de la avaricia: la falsificación de las pesas
y de las medidas, la búsqueda del lucro a toda costa, la extorsión,
el soborno, el impago parcial o total de lo que se debe, la
violación de las leyes, la violencia, el abuso del poder, la
mentira, la humillación de los semejantes, el rechazo de la
justicia, la vanidad, la envidia y la imbecilidad
La envidia por lo que son o tienen otros conduce a la
cobardía, a la pleitesía ante los grandes de este mundo, a la
supeditación a las multitudes, a la participación en la persecución
de los que se encuentran solos y al desprecio por los débiles. En
otras palabras, esa envidia avariciosa atenta contra las normas de
la honestidad profesional; contra la lealtad hacia otras personas.
Fernando Savater escribió:
¿En qué consiste tratar a las personas como personas,
es decir, como seres humanos? He aquí la respuesta: consiste en que
tratas de ponerte en su lugar. Tratar a una persona como un
semejante equivale a tratar de comprenderla desde su interior, de
aceptar aunque sea sólo por un momento sus puntos de vista ()
siempre cuando hablamos con alguien trazamos un territorio en el que
esa persona que ahora es "yo", le estará encomendando convertirse en
"tú" y al contrario. Si no aceptásemos que hay algo que nos hace
aceptar que somos fundamentalmente iguales (la posibilidad de ser
para otro lo que es él para mí) no podríamos cruzar ni una sola
palabra () Colocarnos en el lugar de otro es algo más que el
principio de la comunicación con él. Se trata de tener en cuenta sus
derechos. Y cuando faltan los derechos, hay que tener en cuenta sus
razones. Eso es algo a lo que tiene derecho cada ser humano, aunque
sea el peor de todos. Tiene derecho -es un derecho humano- a que
otros se coloquen en su lugar y traten de comprender sus actos y
sentimientos. Aunque eso se haga para condenar al semejante en
nombre de las normas que reconoce toda la sociedad.
La gente que no respeta este mandamiento actúa como
si el resto de las personas fuesen objetos inertes.
No hacen el menor esfuerzo -dice Savater- para
ponerse en el lugar de otros, para relativizar así sus propios
intereses y tomar en consideración también los intereses de otros.
El fin de esa gente es muy triste; es el fin de los
cínicos que sólo creen en la fuerza y el dinero.
En otras palabras, como escribió el poeta polaco,
Jakub Teodor Trembecki (1643-1719): "Nadie como Adán pudo confiar en
su esposa y él, que quede bien claro, a ella no la traicionó".
Este undécimo mandamiento, suplementario, lo aprendí
escuchando las conversaciones de personas que habían tomado algo de
alcohol. Solían decir: no mezcles el vino con el vodka, el coñac con
la cerveza ni el ron con champaña. Decían: no hay que mezclar los
distintos tipos de bebidas. Y lo aconsejaban porque sabían que
después de beber semejantes mezclas la resaca es descomunal. Un
dolor de cabeza impresionante y una confusión mental indecible. Yo
he tratado de no mezclar las cosas. El periodismo no es política ni
tampoco actividad pastoral. No es una tienda de flores y tampoco una
conferencia universitaria. No es la elaboración de una guía
telefónica ni tampoco un partido de fútbol. Pero ocurre que, en
cierto grado, el periodismo es a la vez todas esas cosas. Cada
esfera de la vida tiene sus peculiaridades, sus propias reglas de
juego y sus propias normas éticas. El político no debe presentarse
como si fuese un sacerdote, ni el periodista como si fuese un
político. El hombre de negocios debe dedicarse a conseguir la verdad
y la libertad. La honestidad es obligación de todos, pero tiene
distintas formas, obedece a reglas diferentes y sus pesos y medidas
son diversas. De la misma manera son distintas las faltas en el
fútbol y en el básquetbol.
La corrupción es algo que puede contaminar todas las
esferas de la vida pública. Hay políticos que se enriquecen allí
donde no debieran hacerlo; hay sacerdotes que siembran el odio; hay
hombres de negocios que roban y sobornan. Pero hay también
periodistas corruptos que se dedican a hacer propaganda en vez de
informar; a hacer publicidad de algo en vez de describir las cosas
con honestidad; que participan en campañas alborotadoras en vez de
fomentar las polémicas sensatas. Teniendo en cuenta todo esto, ¿soy
un inocentón dedicando todos los deseos que he expresado más arriba
a mis colegas de la hermandad periodística y a mí mismo? Supongo que
efectivamente lo soy; pero prometo que el día que pierda esa
inocencia cambiaré de profesión, aunque aún no sé a qué me dedicaré.
Notas
1
Emilio Zola, Yo
acuso. La verdad en marcha, Barcelona, Prensa Ibérica, 1998, p.
76 (N. del T.).
2 El 4 de junio de
1992 el entonces ministro de Interior Antoni Macierewicz, con el
beneplácito del jefe del gobierno Jan Olszewski, entregó a los
diputados una lista con los nombres de 83 políticos de primera
línea, acusados, sobre la base de los documentos de los archivos
comunistas, de haber sido confidentes y colaboradores de la policía
política dictatorial. Entre los acusados había políticos de todas
las agrupaciones y personas que desempeñaron un papel fundamental en
el derrocamiento del comunismo, como Lech Walesa. El Parlamento
consideró que, con aquella lista, Olszewski y Macierewicz habían
tratado de evitar la inminente caída de su gobierno y la aceleró
destituyendo de manera fulminante a todo el gabinete (N. del T.).
3 Cuando
ganó las elecciones presidenciales de 1995 el ex comunista
Aleksander Kwasniewski, el entonces ministro de Interior Andrzej
Milczanowski, hombre tolerante entregado al hasta entonces
presidente Lech Walesa, en un intento de impedir el cambio en la
jefatura del Estado mediante la provocación de una gravísima crisis
política que pudiese justificar la renuncia temporal a los
mecanismos democráticos, acusó al primer ministro Jozef Oleksy,
también ex comunista, de haber sido colaborador del espionaje ruso
incluso ocupando tan altísimo cargo. En la operación contra los ex
comunistas fueron utilizados los servicios de inteligencia polacos
que, no obstante, nada concreto pudieron probar y tampoco
consiguieron la permanencia de Walesa en la Presidencia, aunque sí
lograron la dimisión de Oleksy de la jefatura del gobierno (N. del
T.).
4 Las
citas del libro del "Éxodo" están tomadas de la versión castellana
de la Biblia de Jerusalén, Bilbao, Descleé de Brower, 1997
(N. del T.).
5 Janusz Pasierb,
sacerdote, poeta y ensayista, vinculado al semanario católico
Tygodnik Powszchny, fallecido en 1993 (N. del T.).
6 Zychiewicz,
ensayista, comentarista y exegeta relacionado con el semanario
católico Tygodnik Powszchny, fallecido en 1994 (N. del T.)
Director del periódico Gazeta Wyborcza de Varsovia. Este
texto apareció originalmente en la revista Claves de razón
práctica (Madrid), núm. 85, septiembre de 1998.
Fuente: Publicado en etcétera núm. 314, primera época, 4 de
febrero de 1999.
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