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James C. Goodale era
asesor jurídico de The New York Times cuando la Corte
Suprema de Justicia de Estados Unidos permitió a ese
periódico publicar los Documentos del Pentágono, que en
ese momento eran material clasificado. En este artículo
Goodale describe varios casos en los que la Corte
Suprema confirmó los derechos consagrados en la Primera
Enmienda, permitiendo así a los medios de información
proseguir con su misión, no importa cuán detestable les
pueda parecer esa misión a los que están en el poder.
Goodale es abogado en el bufete Debevoise & Plimpton,
firma de abogados de Nueva York especializada en la
Primera Enmienda y el derecho de comunicaciones. Craig
Bloom, colaborador, ayudó en la preparación de este
artículo.
La Primera Enmienda de la Constitución de
Estados Unidos dispone: "El Congreso no aprobará ley
alguna ... que coarte la libertad de expresión o de
prensa". Aunque esta Enmienda menciona específicamente
sólo al Congreso federal, la disposición actualmente
protege a la prensa frente a todo el gobierno, bien sea
local, estatal o federal.
Los los fundadores de la
nación norteamericana aprobaron la Primera Enmienda para
hacer una distinción entre su nuevo gobierno y el de
Inglaterra, que por mucho tiempo había censurado la
prensa y enjuiciado a quienes se atrevieron a criticar a
la corona británica. Como lo explicara el juez de la
Corte Suprema Potter Stewart, en un discurso en 1974, el
"propósito básico" de la Primera Enmienda es el de
"crear una cuarta institución, fuera del gobierno, a
manera de control adicional sobre las tres ramas
oficiales" (ejecutiva, legislativa y judicial).
El juez Steward citó
varios casos históricos en los cuales la Corte Suprema,
árbitro final en cuanto a la interpretación de la
Primera Enmienda, confirmó el derecho de la prensa de
desempeñar su función de control del poder oficial. Uno
de dichos casos, el de los
Documentos del
Pentágono, de 1971, tiene una importancia
especial para mí.
En ese entonces yo era
asesor jurídico de The New York Times, periódico
que había obtenido una copia no autorizada de los
Documentos del Pentágono, es decir la historia, con
clasificación de secreto máximo, del proceso de toma de
decisiones del gobierno de Estados Unidos sobre la
guerra de Vietnam. Luego de un análisis cuidadoso de los
documentos, comenzamos a publicar una serie de artículos
sobre esta historia, a menudo poco halagadora, que
insinuaba que el gobierno había engañado al pueblo
estadounidense con respecto a la guerra.
El día siguiente al comienzo de nuestra
serie, recibimos un telegrama del secretario de Justicia
de Estados Unidos que nos advertía que nuestra
publicación de la información violaba la ley sobre
espionaje. Afirmaba también el secretario que la
publicación ulterior de este material causaría
"perjuicio irreparable a los intereses de la defensa de
Estados Unidos".
El gobierno procedió a entablar demanda contra nosotros y
convenció al juez de que emitiera una orden judicial temporal que
prohibiera al Times continuar con la publicación de la serie.
Luego de un torbellino de audiencias y apelaciones judiciales
adicionales, terminamos dos semanas después ante la Corte Suprema. La
Corte falló que podíamos continuar nuestra publicación de los
Documentos del Pentágono.
La Corte consideró que cualquier prohibición previa a la publicación
"comporta una fuerte presunción contra su validez constitucional" y
afirmó que el gobierno no había cumplido con su grave responsabilidad de
mostrar una justificación para la prohibición. New York Times Co. vs.
Estados Unidos, 403 U.S. 713 (1971) [Véase
la bibliografía para las citas de éste y todos los demás casos
mencionados]. Inmediatamente reanudados nuestra publicación de la serie
y finalmente recibimos el Premio Pulitzer, el mayor honor que otorga la
profesión, por el servicio público rendido con la publicación de
nuestros informes.
Siete años antes del caso de los
Documentos del Pentágono, la Corte Suprema dio a The New York
Times otra victoria histórica relacionada con la Primera Enmienda,
esta vez en un juicio por de difamación, que fue un caso original y de
gran influencia, New York Times Co. vs. Sullivan, 376 U.S. 254
(1964). Este juicio fue entablado por un alto funcionario electo que
supervisó la fuerza de policía de Montgomery, Alabama, durante el apogeo
del movimiento de los derechos civiles en la década de los sesenta. Este
funcionario afirmó que había sido difamado en un anuncio de una página,
publicado en el Times, en el cual se acusaba a la policía de
maltratar a los manifestantes pacíficos y de hostilizar a una de las
principales figuras del movimiento de los derechos civiles, el Reverendo
Martin Luther King.
La Corte Suprema falló que aunque algunas
de las afirmaciones en el anuncio eran falsas, la Primera Enmienda no
obstante protegía al Times del juicio promovido por el
funcionario. La Corte consideró el caso "dentro del marco de un profundo
compromiso nacional con el principio de que el debate de asuntos
públicos debe ser libre de inhibiciones, vigoroso y abierto y que puede
muy bien incluir ataques vehementes, cáusticos y algunas veces
desagradablemente agudos contra el gobierno y los funcionarios
públicos." A la luz de este compromiso, la Corte adoptó la norma de que
un funcionario público no puede obtener resarcimiento de daños por una
falsedad difamatoria relacionada con su conducta oficial "a menos que
pruebe que la afirmación fue hecha con `dolo real y efectivo', es decir,
a sabiendas de que era falsa o haciendo caso omiso temerario de su
veracidad o falsedad". Posteriormente la Corte extendió esta norma más
allá de los "funcionarios públicos" para incluir los juicios por
difamación entablados por cualquier "figura pública". Curtis
Publishing Co. vs. Butts y Associated Press vs. Walker, 388 U.S.
130 (1967).
Aunque el caso Sullivan es mejor conocido
por la norma del `dolo real y efectivo', la decisión de la Corte Suprema
incluyó una segunda regla legal de gran importancia para la prensa. Al
observar que el anuncio motivo de objeción atacaba a la policía en forma
general, no al funcionario específicamente, la Corte afirmó que un
ataque impersonal de otra manera contra actividades gubernamentales no
podía considerarse difamación del funcionario responsable de tales
actividades.
La Primera Enmienda también protege el
derecho a parodiar figuras públicas, incluso cuando esas parodias son
"ultrajantes" y causan graves efectos emocionales en quienes son objeto
de ellas. En el caso Hustler Magazine, Inc. vs. Falwell, 485 U.S. 46
(1988), la Corte tenía ante si la demanda por "graves efectos
emocionales causados intencionalmente", presentada por Jerry Falwell,
conocido ministro conservador que fuera comentarista militante de temas
políticos, contra Larry Flynt, editor de Hustler, revista de
contenido sexual explícito. (Este caso figura en forma prominente en la
película "The People vs. Larry Flynt", estrenada en Estados Unidos a
finales de 1996 con gran éxito de crítica).
El caso Hustler se originó en una
parodia consistente en una serie de anuncios del licor Campari en los
que personajes célebres hablaban de la "primera vez" que lo habían
probado. La parodia en la revista Hustler, titulada "Jerry
Falwell habla de su primera vez", contenía una supuesta "entrevista" en
la que Falwell comentaba que su "primera vez" tuvo lugar, estando
embriagado, durante un encuentro incestuoso con su madre en un retrete
fuera de la casa. La parodia también insinuaba que Falwell predicaba
sólo en estado de embriaguez.
La Corte Suprema decidió que de acuerdo
con la Primera Enmienda no era aceptable el argumento de Falwell de que
debía responsabilizarse al editor por una sátira "ultrajante" a una
figura pública. La Corte observó que a través de toda la historia de
Estados Unidos "la descripción gráfica y la caricatura satírica han
tenido un papel prominente en el debate público y político".
Aunque la Corte Suprema opinó que la
parodia en cuestión en la revista Hustler tenía poco que ver con
las caricaturas políticas tradicionales, concluyó, no obstante, que la
prueba de "ultraje" que alegaba Falwell no ofrecía ninguna norma de
principio que las distinguiera entre sí como cuestión de derecho. La
Corte hizo énfasis en la necesidad de dar a la prensa suficiente
"espacio" para ejercer la libertad garantizada en la Primera Enmienda.
Agregó que "si la causa de la ofensa es la opinión de quien la expresa,
esa consecuencia es una razón para acordarle protección constitucional;
ya que es un postulado central de la Primera Enmienda que el gobierno
debe permanecer neutral en el mundo de las ideas".
La protección que ofrece la Primera
Enmienda va más allá de los reportajes de prensa relacionados con
importantes políticas gubernamentales y figuras públicas conocidas. La
Corte Suprema ha sostenido que si la prensa "obtiene por medios lícitos
información veraz sobre un asunto de importancia pública, [el gobierno]
no puede constitucionalmente castigar la publicación de la información,
si no existe la necesidad de promover un interés del estado de la más
alta consideración". Smith vs. Daily Mail Publishing Co., 443 U.S. 97
(1979).
En la aplicación de este principio la
Corte Suprema ha utilizado la Primera Enmienda para anular leyes
estatales que amenazan con sancionar a la prensa por sus reportajes
sobre: información relacionada con audiencias confidenciales sobre
comportamiento judicial irregular, Landmark Communications, Inc. vs.
Virginia, 435 U.S. 829 (1978); los nombres de víctimas de violación,
Cox Broadcasting Corp. vs. Cohn, 420 U.S. 469 (1975), y los
nombres de delicuentes menores presuntos, Smith vs. Daily Mail
Publishing Co., 443 U.S. 97 (1979). La Corte también declaró
inválida una ley que tipificaba como delito el hecho de que un periódico
publicara un editorial el día de elecciones instando a los votantes a
apoyar una propuesta incluida en las papeletas. Mills vs. Alabama,
384 U.S. 214 (1966).
La Primera Enmienda también impide que el
gobierno ordene a la prensa lo que debe reportar. En el caso Miami
Herald Publishing Co. vs. Tornillo, 418 U.S. 241 (1974), la Corte
Suprema examinó si una ley estatal podía otorgar a un candidato político
el derecho a espacio igual para responder a la crítica y ataques
formulados por un periódico contra su hoja de servicios. La Corte anuló
la ley, sosteniendo que la Primera Enmienda prohíbe la publicación
obligada de material que un periódico no quiera publicar. La Corte
sostuvo que la ley sería una carga para la prensa puesto que desviaría
sus recursos de la publicación del material que quisiera imprimir y
sería una intrusión intolerable en las funciones de los directores de
publicaciones.
Sin embargo, la Corte Suprema no ha
otorgado una protección similar a los medios de radiodifusión. En un
caso anterior al de Tornillo, Red Lion Broadcasting Co. vs. FCC, 395
U.S. 367 (1969), la Corte Suprema confirmó una disposición de la
Comisión Federal de Comunicaciones que requería que las emisoras
otorgaran el derecho de respuesta en determinadas circunstancias. La
Corte justificó esta disposición citando la escasez del espectro de
radiodifusión y la función del gobierno en la asignación de las
frecuencias.
Hoy el problema de la escasez es mucho
menor debido a los avances tecnológicos en la división del espectro y a
la existencia de nuevas formas de difusión como la televisión de cable y
la Internet. Aunque todavía no se han resuelto muchas cuestiones sobre
el alcance de la Primera Enmienda en lo que se refiere a estos nuevos
métodos de difusión, los defensores de la Primera Enmienda esperan poder
convencer a la Corte Suprema de que se les otorgue el más alto nivel de
protección que ofrece la Enmienda.
Aunque generalmente la Primera Enmienda
impide que el gobierno restrinja o sancione a la prensa, la Enmienda
usualmente no requiere que el gobierno proporcione información a la
prensa. Sin embargo, el gobierno federal y los gobiernos estatales han
aprobado leyes de libertad de prensa y de sesiones abiertas que otorgan
a la prensa el derecho legal de obtener determinada información y de
observar muchas de las operaciones del gobierno. Además, la Primera
Enmienda sí otorga a la prensa el derecho de asistir a la mayoría de los
juicios.
La Primera Enmienda también otorga a los
periodistas el privilegio, limitado, de no divulgar sus fuentes o
información a litigantes que pretendan utilizar esa información ante los
tribunales. En el caso Branzburg vs. Hayes, 408 U.S. 665 (1972),
la Corte Suprema falló que los reporteros no tenían el privilegio de
negarse a contestar las preguntas formuladas por un jurado de acusación
directamente relacionadas con la conducta delictiva que los periodistas
presenciaron y reportaron.
Sin embargo, en su sentencia la Corte
observó que la recolección de noticias está protegida por la Primera
Enmienda y muchos tribunales menores han aplicado un privilegio
condicionado de la Primera Enmienda en situaciones en que la necesidad
de información del periodista era menos imperiosa que en el caso
Branzburg. Estos tribunales requieren que los litigantes prueben que el
material que procuran es pertinente a su demanda, necesario para
entablar la misma y no disponible de otras fuentes. Además, más de la
mitad de los estados han aprobado leyes llamadas "Shield Laws", que
otorgan a los periodistas privilegios similares.
Aunque normalmente la prensa debe
obedecer las leyes de aplicación general, la Primera Enmienda impide que
el gobierno imponga leyes que discriminan la prensa. Por ejemplo, la
Corte declaró inválida una ley que ordenaba un impuesto especial a
periódicos grandes, Minneapolis Star & Tribune Co. vs. Minnesota
Commissioner of Revenue, 460 U.S. 575 (1983), y una ley que gravaba
con un impuesto ciertas revistas pero no otras, con base en su
contenido, Arkansas Writers' Project, Inc. vs. Ragland, 481 U.S. 221
(1987).
Como lo ilustran los casos mencionados
aquí, a lo largo del siglo XX la Corte Suprema ha dado vida al texto de
la Primera Enmienda, al reafirmar el derecho de la prensa a llevar a
cabo su misión, no importa que tan detestable pueda parecer esa misión a
los que estén en el poder. Los tribunales han puesto algunos límites a
esta libertad y existen interrogantes en cuanto al alcance de esa
libertad en lo que se refiere a los nuevos sistemas de difusión y a los
métodos más atrevidos que emplean los periodistas para obtener las
noticias. Con todo, confío en que la Corte Suprema continuará
reconociendo que, como escribió el juez Stewart, en la sentencia del
caso de los Documentos del
Pentágono, "sin una prensa informada y libre no puede haber un
pueblo ilustrado"
El caso de los documentos del
Pentágono
Ningún caso reciente entre los que tuvo que decir el Tribunal
Supremo ejemplifica mejor que el de los Documentos del Pentágono
el conflicto potencial que existe entre los imperativos de la libertad
de prensa y la seguridad nacional.
En 1971, un funcionario gubernamental le
filtró a The New York Times los Documentos del Pentágono
-- el estudio supersecreto que había hecho el Departamento de Defensa de
la intervención militar de Estados Unidos en Vietnam. El 13 de junio de
ese año, el periódico comenzó a publicar artículos basados en los
documentos. Cuando el gobierno se enteró de esto, el Departamento de
Justicia pidió una orden judicial restrictiva, la cual fue concedida.
En su petición al tribunal, la rama
ejecutiva del gobierno afirmaba su privilegio de ser el único juez de
las necesidades de seguridad nacional y que se le debía conceder una
orden judicial para hacer efectiva esa opinión. El periódico respondió
que eso violaría la libertad de prensa que asegura la Primera Enmienda
de la Constitución de Estados Unidos. Argumentó también que el motivo
real del gobierno era ejercer la censura política, más bien que proteger
la seguridad nacional.
El 30 de junio, el Tribunal Supremo, en
el caso New York Times vs. Estados Unidos, falló en favor del
periódico, y los documentos se publicaron. La Constitución, afirmaron
los jueces, incluye una "fuerte presunción" a favor de la libertad de
prensa. El tribunal dejó en pie la posibilidad de que la publicación de
documentos secretos en los periódicos podría tener consecuencias
temibles para la seguridad nacional, pero dijo que el gobierno había
podido probar que ése sería el resultado en este caso.
La publicación de los Documentos del
Pentágono ayudó a alimentar el debate en torno a la prudencia de la
intervención estadounidense en Vietnam; sin embargo, la mayoría de los
observadores están de acuerdo en que la publicación de los documentos no
perjudicó la seguridad nacional de Estados Unidos.
El caso de los Documentos del
Pentágono demuestra el valor de la Primera Enmienda, dice Jim
Goodale, abogado de The New York Times en el momento de que el
tribunal emitió esta histórica decisión. "Sirve de escudo contra un
gobierno excesivamente celoso".
Destaca Goodale que el gobierno, en otros
casos, ha procurado impedir la publicación de documentos secretos.
Aunque en algunos de ellos consiguió órdenes judiciales restrictivas
temporales, según Goodale nunca se concedió una orden permanente de un
tribunal para impedir una publicación.
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Following are the citations from James Goodale's article, "The First
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the Internet at Findlaw: Supreme Court Opinions. Search the case under "citation
search" or "title search." The citations also can be found in the
United States Reports, which contain the full official text of all
decisions of the Supreme Court of the United States.
Arkansas Writers' Project, Inc. v. Ragland, 481 U.S. 221
(1987)
Branzburg v. Hayes, 408 U.S. 665 (1972)
Cox Broadcasting Corp. v. Cohn, 420 U.S. 469 (1975)
Curtis Publishing Co. v. Butts and Associated Press v.
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Smith v. Daily Mail Publishing Co., 443 U.S. 97 (1979)
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