RESUMEN
Se describe la evolución
histórica que ha experimentado la información
desde los inicios de la historia de la humanidad
hasta alcanzar su estado actual de desarrollo,
se muestra en una apretada síntesis, las
transformaciones esenciales ocurridas en sus
soportes, tecnologías e instituciones, de modo
tal que se facilite la comprensión del largo
camino que ha presidido a la conversión en el
presente como el recurso y la energía vital en
la que descansa el funcionamiento de la sociedad
moderna.
Descriptores: CIENCIAS
DE LA INFORMACIÓN/historia; DESARROLLO DE LA
INFORMACIÓN
Para comprender cualquier estudio histórico
sobre información debe considerarse, ante todo,
que esta surge en el proceso comunicativo cuya
génesis se halla en la prehistoria humana, es
decir, en la comunidad primitiva. Por tanto, se
debe partir de la definición más simple de
comunicación, aquella que la caracteriza como la
transmisión de información entre los seres
humanos.
La necesidad de información nace
con los primeros hombres que habitaron la
Tierra. Sin embargo, para que esta se
concretizara y el ser humano adquiriera su
condición de ser social, hubo de acontecer antes
un proceso evolutivo sobre el que Engels1
expresa:
"Primero el trabajo, luego y con
él la palabra articulada, fueron los dos
estímulos principales bajo cuya influencia el
cerebro del mono se fue transformando
gradualmente en cerebro humano".
La articulación de sonidos
emitidos originó el surgimiento de la palabra y
esta, a su vez, generó el lenguaje. De esta
manera, se estableció una forma de comunicación
que permaneció durante miles de años como el
medio fundamental para transmitir la información
oral?
Con la primera gran división
social del trabajo, entre agricultores y
ganaderos, se generó un mayor caudal de
conocimientos sobre la naturaleza y la propia
actividad humana, desarrollada para
transformarla, lo que condujo a la aparición de
nuevos términos para transmitir dichos
conocimientos. Así, el hombre amplió y
perfeccionó su información sobre el mundo
circundante. Pero aún el contenido de la
información era esencialmente elemental porque
como intuye Fernand Terrou2:
¿Es de imaginar que al principio
de los tiempos la información se refería a los
desplazamientos del ganado... y más tarde a los
de los enemigos.?
Esta primera división del trabajo
facilitó con el tiempo la gran división en
clases de la sociedad al crear la producción
agrícola un excedente del que se apropiaban los
jefes de las tribus, hecho que provocó la
aparición de la propiedad privada. Se introdujo
como consecuencia, un elemento nuevo,
desconocido hasta entonces por la sociedad, el
poder de unos individuos sobre otros, lo que se
evidenciaría más tarde de modo radical.
Los sacerdotes y los grandes
guerreros constituyeron la nueva clase poderosa,
porque al ser ellos quienes ejercían la
administración del grupo, contaron con mayor
información sobre la actividad y la vida de la
sociedad. Como se observa, aparecieron, desde
aquella temprana época, los dos poderes
fundamentales que se manifestaron a lo largo de
los siglos posteriores: el celestial y el
terrenal; el espiritual y el temporal.
Esta situación determinó el
tránsito de la comunidad primitiva a la sociedad
esclavista. Bajo esta última se estableció una
nueva forma de comunicación, la escrita. Ello se
debió fundamentalmente a la insuficiencia de la
oralidad para preservar la información en el
tiempo y a la necesidad de llevarla a grandes
distancias, en otras palabras, al imperativo de
transmitirla más allá del tiempo y del espacio.
Además, es oportuno señalar que en este momento
se había producido un considerable aumento del
caudal de información en la sociedad.
La escritura atravesó por
diferentes etapas y modalidades antes de
constituirse como hoy la conocemos.
La primera etapa fue la
pictográfica, la cual le dio nombre a esta
variante de escritura. Ella tuvo sus orígenes en
la pintura, surgió de un proceso de abstracción
de las primeras representaciones pictóricas del
hombre. De ahí que constituya una copia de la
naturaleza, una representación de los objetos,
mediante la cual se establecía la comunicación.
Al signo separado que designaba el objeto
representado, se le denominó pictograma.
Posteriormente se desarrolló la
etapa denominada ideográfica, que es resultado
de la asociación de símbolos pictográficos con
objetos e ideas, el signo no mostraba entonces
solamente el objeto, sino que codificaba también
la información obtenida del mismo. Al emplearse
los signos en la representación de ideas, se
produjo una plasmación cada vez más simbólica
que abocaría en el signo alfabético.3
En las escrituras mencionadas no
se estableció un vínculo específico con la
expresión oral. Esto se logró con la escritura
fonética, la cual apareció cuando el signo
representó un sonido como unidad fonética menor.
Esta escritura tuvo diversas formas hasta llegar
al alfabeto, el que constituyó un paso
culminante en el perfeccionamiento en la
escritura y en el logro de una comunicación más
eficaz. ¿Esta nueva forma de comunicación tiene
la peculiaridad de construirse a partir de otra
variante comunicativa, pero no la desapareció,
ni la destruyó¿ (Linares Columbié R. Paradigmas
y bibliotecas (observaciones no publicadas).
La escritura surgió como
respuesta a las necesidades de la clase
dominante esclavista-, por tanto, la escritura y
la información escrita pasaron a ser o fueron
desde un principio una propiedad exclusiva de
dicha clase, que las utilizó con la finalidad de
garantizar sus prerrogativas.
Con la escritura, según
Mowshowitz4 surgió la posibilidad de
plasmar la información en artefactos. Esta
capacidad para almacenar la información fuera
del hombre proporcionó la cimiente tecnológica
para una memoria colectiva que trascendiera el
tiempo y el espacio.
En los primeros tiempos la
información se registró en diferentes medios
como la piedra, la arcilla, la madera y otros.
La progresión en su uso estuvo vinculada con la
información que soportaban, por eso podemos
hablar entonces de una intencionalidad del
soporte. ¿La piedra por ejemplo, debido a su
durabilidad fue destinada a usos que enfatizaban
el control sobre el tiempo, como la religión. La
tableta de arcilla al ser de una mayor
portatibilidad, se empleó en la administración
política y comercial.4 El fin de la
información estuvo vinculado, unido a las
características del soporte que la contenía.
La Antigüedad no fue pródiga en
canales comunicativos, pero indiscutiblemente,
el comercio entre los hombres de diferentes
lugares propició una comunicación internacional.
Los mercaderes, producto de sus viajes,
llevaban, junto con sus mercancías, diversas
informaciones sobre los lugares visitados las
cuales eran bien recibidas por las castas
superiores a cambio de algún valor. Acerca de
esto escribió Vázquez Montalbán3:
La comunicación siempre estuvo
unida al cambio de mercancías y la búsqueda de
materias primas que movilizó a los antiguos. Las
rutas comerciales, así como de expansión
imperial y depredatoria de la Antigüedad fueron
auténticos canales de información, que aunque
lentos y precarios, abastecieron a los hombres
de un conocimiento aproximado de los límites del
mundo y de las tentaciones de "otros"
considerados desde una especial etnocentría.
En toda la Antigüedad y la Edad
Media se manifestó un monopolio de la
información oral y fundamentalmente escrita,
personalizado e institucionalizado en la entidad
dominante. Esta situación actuó como un lastre
de la comunicación que le imprimió lentitud,
consecuencia de los límites para reproducir y
difundir la información, que sólo sería
eliminada con la llegada de la imprenta.
En la Grecia antigua la
comunicación oral presentaba un valor notorio.
Esto lo demuestra el hecho de que quien
pretendiera desarrollarse en la vida política,
debía dominar ampliamente las artes de la
oratoria y la retórica. Una evidencia que lo
acentúa es que Sócrates no dejó plasmada sus
ideas en ningún escrito, porque según el
filósofo "ningún escrito podía suscitar y
dirigir el filosofar.5 Es clara que
esta actitud socrática responde en consonancia
con su propia posición filosófica.
Como fuentes fundamentales de
transmisión oral de información en Grecia, se
erigieron el rapsoda y la representación
teatral; esta última fue un medio de
comunicación significativo para los antiguos
griegos.
A pesar de la dominación de la
oralidad en los primeros tiempos de la cultura
griega, en la época helenística la escritura se
sitúa en un lugar privilegiado. Esto cobra su
máxima expresión, con el nacimiento de las
bibliotecas de Pérgamo y Alejandría. Su
finalidad desde un inicio fue la preservación
del conocimiento acumulado por la humanidad. La
biblioteca (del griego biblion-libro y theke-caja)
"surge como la primera institución ideada por el
hombre con el fin de preservar la información
escrita, registrada en determinados soportes."
(Linares Columbié R. Paradigmas y bibliotecas
(observaciones no publicadas).
Durante esta época y mucho tiempo
después, el libro manuscrito constituyó la forma
en que se plasmó la información.
En el siglo V comenzó la
circulación del libro en Grecia. Aparecieron
librerías talleres cuyos dueños vendían,
confeccionaban y exportaban los manuscritos a
otros países.6
Bajo la influencia griega, en
Roma el libro adquirió una gran
divulgación-circulación comercial y social. Se
sabe que no todos podían adquirirlo, pues al ser
su producción y reproducción manual, tomaba
mucho tiempo, de ahí que los precios estaban
situados por encima del poder adquisitivo de la
mayoría.
A su vez, existía un fuerte
control sobre la producción de información. Los
políticos romanos controlaron la literatura y,
en ocasiones, falsificaron la historia en nombre
de la mitificación de Roma y de la suya propia.3
Con la caída del imperio romano,
se inició una de las etapas más polémicas de la
historia humana. Cuando esto ocurrió, el
cristianismo contaba con no pocos años de
existencia. Es precisamente bajo el signo del
dogma cristiano que se inició el medioevo.
La vida social pasó del campo a
las ciudades. La economía volvió a basarse
plenamente en la agricultura y la actividad
comercial permaneció estancada por mucho tiempo.
Al desaparecer el poder central, los estados se
multiplicaron en feudos, surgieron así dos
nuevas clases: el señor feudal y el siervo.
A la descentralización política imperante, se opuso el
monopolio espiritual e informacional que ejercía la iglesia cristiana.
Esta gobernó temporal y espiritualmente sobre todo en la parte alta de
la Edad Media.
El libro manuscrito constituyó igualmente su principal
herramienta de información. Su historia en esta etapa se divide en dos
períodos: el monacal y el laico. En el primero, como su nombre lo
indica; el libro y con él toda la información acumulada hasta entonces,
permaneció en los límites de los recintos monásticos.
La iglesia prácticamente anuló las posibilidades de
recepción y transmisión cultural que tuvo la clase dominante bajo el
imperio romano. La clase laica en el poder se vio subyugada a la única
entidad culta. Los dos poderes "el eclesiástico y el monárquico- eran
los dueños de los soportes de escritura y de la escritura, del poder
legal de informarse y de ser informado.
El analfabetismo colmó esta época; esto determinó que la
comunicación volviera a su forma primigenia. En las capas inferiores de
la población el analfabetismo era generalizado, pero también entre los
estadios superiores existía un enorme desamparo cultural.
Posteriormente en las ciudades apareció la posibilidad de
reintentar el comercio, que propiciaba la información, y a los feudos se
les reduce su antiguo poder, originado por el impulso renovador de las
ciudades.
La cultura sobrepasa los muros de los monasterios que
dejan de ser el único centro de producción del libro, al aparecer
producto de la actividad de talleres laicos ubicados en las ciudades que
comienzan a dedicarse a esta labor. Comenzó de nuevo el comercio del
libro. Al ser menos lujosos, se reduce su precio; sin embargo, aún este
continuaba alto y era privilegio de unos pocos.
Con el nacimiento de las universidades entre los siglos
XI y XII, aumentó el número de talleres y con ello la comunicación
escrita volvió a situarse como una forma de comunicación superior.
Las ciudades se convirtieron en el centro de la vida
cultural y por consiguiente en los receptores y emisores fundamentales
de información.
Bajo esta impronta comenzó el período laico medieval. Ya
el pergamino no constituyó más el principal material de escritura, la
apertura de diferentes rutas comerciales permitió la introducción del
papel, hecho mediante el cual la información adquirió una mayor
portabilidad.
Las bibliotecas monásticas abrieron sus fondos a todos
los ciudadanos. Esto constituyó un fenómeno trascendental porque los
libros contenidos en estos recintos, a pesar de ser en su mayoría de
carácter religioso, posibilitaron conocer con plenitud el mundo antiguo.
La demanda de información creció notablemente en las
distintas jerarquías sociales. El noble y el comerciante necesitaron
cada vez más conocer los elementos que determinaban su estadio. Esto
creó una especie de negocio de información fundamentalmente de corte
periodístico -acerca del que Montalbán3 expresó: "El negocio
de la oferta y demanda de la información facilitó la conformación de
oficinas de redacción, donde los portadores de las nuevas cobraban por
entregarlas y los profesionales de la escritura las escribían y los
copistas las reproducían tantas veces como clientes estuvieran suscritos
al servicio."
Los incipientes pasos tecnológicos dados en este período,
en especial, en la manufactura facilitaron el surgimiento de una nueva
modalidad comunicativa basada en un elemento tecnológico: la
comunicación a partir de la imprenta. Este aporte fue decisivo en el
logro de una comunicación más amplia.
En el surgimiento de la imprenta influyeron numerosos
factores. Entre ellos es relevante el efecto provocado por la demanda
social de libros como consecuencia de la proliferación de las
universidades y centros de enseñanza, que requerían mayor cantidad de
libros con un precio menor.
En esta etapa, aún la información se controlaba y pasaba
por el filtro del poder monárquico y eclesiástico, aunque para aquel
entonces ya disminuido.
La política de la información no es como puede creerse
una innovación de la contemporaneidad para restringir o promover el
flujo de información. En el siglo XVI cuando la imprenta se difundió con
suficiencia al punto de considerársele una amenaza potencial para las
políticas gubernamentales, se controló y centralizó, por ejemplo,
mediante la publicación del Index Expurgatorius, un índice que
relacionaba una lista de libros cuya lectura estaba prohibida a los
católicos por las autoridades eclesiásticas.7
Con la imprenta se inició la difusión masiva de
información, aunque no a la escala actual. Sin embargo, este hecho es,
sin dudas, el punto de partida de una comunicación más participativa y
masiva.
La imprenta amplió de manera considerable el alcance
público de la cultura, al posibilitar la vasta y rápida difusión de
cuestiones antes ocultas, aunque muchas permanecieron bajo un hermetismo
total. Fue la condición técnica previa para un nuevo sistema de
estratificación de una cultura más compleja y diferenciada que la
medieval, así como con mayores oportunidades de expresión.8
A finales del siglo XVI en las principales capitales
europeas donde había prosperado la artesanía de la imprenta, aparecieron
intentos de publicaciones periódicas, con una clara concepción de
mercancía que producían y vendían los impresores.
La industria informacional adquirió una enorme vitalidad.
Poco después de su surgimiento se organizó en Londres una sociedad de
libreros, que cobijaba impresores, editores y libreros; en ocasiones,
estas labores coincidían en un mismo profesional.3
En esta época la conciencia sobre la función de la
información era aún precaria. Muchos hombres cultos rechazaron la nueva
modalidad comunicativa al ver en ella un profanación a la legitimidad de
la palabra manuscrita.
Durante este período la organización feudal entró en
contradicción con la naciente manufactura y con el comercio,
protagonizados por una nueva clase, la burguesa. Con el desarrollo de
estos nuevos sectores económicos, se introdujeron nuevas técnicas y
materiales se buscaron otras formas para impulsar el conocimiento
adquirido.
Es evidente que durante los siglos XV y XVI aún no
estaban creadas las condiciones para una revolución industrial, pues la
burguesía debía tener suficiente fuerza para oponerse a los intereses
feudales. Estas aparecieron a partir del siglo XVII, cuando la práctica
revolucionaria de la economía se impuso al estatismo feudal atomizado.
Gracias al impulso provocado por la revolución industrial
ocurrieron cambios radicales en el modo de producción, se creó así una
nueva división del trabajo. Durante esta etapa surgieron numerosos
adelantos, de ellos el más importante fue la máquina de vapor, que
sirvió de punto de partida para invenciones posteriores. Junto con el
desarrollo tecnológico, se difundió la información sobre la tecnología
la cual quedó plasmada en soportes para la escritura por medio de la
imprenta que posibilitó transmitir el conocimiento técnico renovador a
partir de una ágil reproducción de los documentos.
La invención de la imprenta y el desarrollo del comercio
marcaron, sin dudas, la etapa del despegue de la información; sin
embargo, fue la aparición del industrialismo y con él, todas las
características del mundo moderno quien le concedió su carácter actual.9
Esa industria portadora de elementos desconocidos hasta aquel entonces,
reveló la nueva forma que adquiriría la información y los procesos con
ellas relacionan. Así adquirió una connotación nunca antes imaginada,
como elemento fundamental en el proceso productivo.
Antes de la revolución industrial, la producción de
bienes en la sociedad era el resultado de la relación entre tres
factores básicos: capital, trabajo y recursos naturales. Apareció
entonces la tecnología, como un nuevo factor básico, que con rapidez se
posesionó; ella contenía un trabajo intelectual representado en el
conocimiento técnico, ahora denominado información tecnológica.7
Gracias al impulso de la revolución industrial, además de
los libros, las publicaciones periódicas se convirtieron en los
instrumentos idóneos para la transferencia del conocimiento.
A finales del siglo XVIII surgieron las revistas
científicas, como síntoma de un mayor grado de especialización de la
información, ahora dirigida a un público determinado. La selección de la
información se hizo cada vez más individual.
La invención de la máquina de vapor revolucionó toda la
sociedad, esta se introdujo también en el transporte. La aparición del
ferrocarril dio un impulso fundamental al desarrollo de la comunicación.
Ello implicó una mayor expansión de la información. Los adelantos
tecnológicos, o más bien, la información sobre ellos, llegaron con mayor
prontitud a los distintos puntos del planeta.
La transmisión de información a distancia dependió de los
medios de transporte, hasta la llegada del telégrafo, aunque este no los
suplió desde el inicio. Su utilización plena tardó unos años en
posibilitarse, a pesar de que en 1844 quedó inaugurada la línea
telegráfica Washington-Baltimore.
A lo largo del siglo XIX acontecieron una serie de
adelantos tecnológicos relacionados con la imprenta, los cuales
agilizaron, en gran medida, el progreso del mundo de la información. Con
la instalación en 1804 en Frogmor Mill, Inglaterra, de la primera
máquina para elaborar papel por el sistema Fraurdrinier, se rompió la
barrera artesanal a las futuras necesidades de la materia prima. En 1810
se experimentó con la primera prensa a vapor que sustituyó a la manual y
en 1820 se generalizó en el mundo el procedimiento de fabricación del
papel por medio de la máquina de vapor. La progresión industrial,
iniciada a mediados del siglo XIX, fue uno de los factores que condujo a
la conformación de una sociedad de masas.
En la segunda mitad del siglo XIX, Grahan Bell presentó
un nuevo artefacto, el teléfono, este permitía la transmisión del sonido
directo, así se posibilitó a cada ser humano comunicarse como individuo
con los demás por encima de las distancias físicas, morales, culturales
y políticas.
El ritmo acelerado de la economía, que aportaron los
adelantos tecnológicos, propició la aparición a finales del siglo XIX de
grandes empresas que, aunque no como los monopolios actuales,
presentaban particularidades que las diferenciaban del modelo clásico:
fabricaban grandes cantidades y cada una se especializaba en cierto
número de categorías de productos.
El siglo XX se inició bajo el signo del industrialismo,
en el que se desarrolló un tipo específico de industria, la de los
servicios, la cual se encontraba en estado embrionario desde las últimas
décadas del siglo pasado. Dentro de esta nueva vertiente industrial se
situaron en la punta, bien iniciado el siglo, los servicios de
información. La producción informacional, debido a sus características,
revolucionó la concepción de toda la sociedad.
A pesar de este cambio en la estructura de la industria,
continuaba, al iniciarse el siglo XX, la palabra impresa como el medio
fundamental para conservar y transmitir la información. El teléfono, el
telégrafo, la radio y la televisión se extendieron luego por todo el
mundo casi a la par de la palabra impresa, aunque no con sus mismas
implicaciones. Se facilitó así la comunicación entre los hombres. La
aparición de la televisión, permitió combinar audio e imagen, se pasó a
una nueva forma de transmisión de información: la comunicación
audiovisual.10
Durante la segunda posguerra se multiplicaron con rapidez
las publicaciones e informaciones en general y con ellas crecieron el
conocimiento y la especialización. Por aquel tiempo surgieron la teoría
de la información y la cibernética.
En el año 1946 apareció la primera computadora. Las
investigaciones de carácter militar generadas durante la guerra y con
posterioridad facilitaron adelantos que influirían en el campo de la
computación, pues también se trasladaron a la producción civil.
Cuando los ordenadores llegaron por primera vez a las
oficinas de las grandes compañías, se habló de la llegada del "cerebro
gigantesco". Ese megacerebro electrónico contendría toda la información
necesaria para gestionar una compañía.11 Existían unos pocos
profesionales "los del procesamiento de datos- que eran los propietarios
esenciales de los ordenadores centrales. Estos cófrades disfrutaban de
las bendiciones de un monopolio de la información. El desarrollo
de la microelectrónica revolucionó casi todos los campos de la
actividad. La rápida evolución de los ordenadores en menos de treinta
años provocó cambios radicales en la organización del conocimiento. Al
hacer su aparición los microordenadores en el decenio de 1970, se
destruyó totalmente el monopolio de la información.
Los cambios que acontecieron en el mundo informacional
generaron la llamada "Era de la Información". Esta nació del tránsito de
una sociedad cuyo principal sector lo constituía la industria de
producción de bienes de consumo a otra, en la cual, la industria de la
información es sinónimo de riqueza y poder.
A la revolución de los computadores, pronto siguió la
revolución de la conectabilidad. Las redes computacionales irrumpieron
de manera tempestuosa en el escenario informacional, a causa de la
necesidad de comunicación entre las máquinas y los ordenadores
centrales, entre ellas y con el mundo exterior. Estas redes formarán la
infraestructura clave del siglo XXI.11
El surgimiento y la evolución de las tecnologías de
información fue un factor determinante en el tránsito de la sociedad
industrial a la posindustrial.
El desarrollo de los medios de comunicación ha adquirido
una importancia vital para el nuevo mundo el cual necesita cada vez más
de información renovada para mantener su crecimiento. Surgen así los
sistemas telemáticos, producto de la fusión de distintas tecnologías. Se
perfila de igual forma una realidad distinta donde las actividades
predominantes no serán más las de producción y consumo de bienes
materiales, sino de servicios, conocimientos e información en general.
Acerca de la importancia de las tecnologías
computacionales Alvin Toffler11 expresó: "La difusión de los
ordenadores en estas últimas décadas se ha catalogado como el cambio más
importante de los producidos en el campo del conocimiento desde la
invención del tipo móvil en el siglo XV o, incluso, desde la invención
de la escritura. Junto con esta se ha producido la proliferación de
nuevas redes y medios para mover la información".
El espacio no importa en este mundo de velocidades
inusitadas. Las redes permiten transmitir información de un lugar a otro
sin realizar desplazamientos físicos de personas u objetos. Con la
transmisión electrónica u óptima, la información puede ser intercambida
por artefactos sin mediación humana. La memoria del mundo no está sólo
en las grandes bibliotecas porque por medio de bases de datos cargadas
en ordenadores interconectados, las personas pueden acceder a grandes
volúmenes de información.
Los ordenadores han posibilitado la creciente adaptación
a las necesidades del cliente, lo que significa entre otras cosas, el
cambio de pocas y grandes demandas de productos uniformes a muchas
demandas menores de productos diversificados.11
La vertiginosa demanda individualizada de productos,
provoca una alta especialización en materia de información la que se
manifiesta también en la producción impresa, con el auge de las
publicaciones científicas especializadas. Para cada temática existe un
mercado bien definido que establece una espera más novedosa.
Por otra parte, la cantidad de la información necesaria
para que el sistema produzca riqueza, se incrementa de modo
considerable, razón por la cual el uso de los ordenadores se hace
imprescindible para mantener una economía avanzada con crecimiento
acelerado.
El sector privado absorbe las tecnologías de información,
él posee ahora un control máximo sobre el flujo de información, con
anterioridad en poder del sector estatal. Esto se deben, en gran medida,
a las políticas neoliberales establecidas en todo el mundo, las que
abogan cada vez más por la privatización de los sectores económicamente
más beneficiosos.
En este sentido puede afirmarse que la información no es
sólo una vía para llegar al conocimiento sino que, además, esta conduce
directamente al poder, por esta razón las industrias privadas restringen
su movimiento y la utilizan con fines de lucro; se convierte así la
información en una mercancía de gran valor.
Los flujos de información sobrepasan las fronteras
nacionales bajo el escudo protector de libre comercio, defendido a
ultranza por las grandes potencias capitalistas. La nueva forma que
reviste la sociedad es la globalización. Su manifestación quizás más
evidente es la mayor red de información existente, INTERNET.
La supercarretera de la información, como se llama a
INTERNET, dispone de numerosos recursos de información. El acceso a los
mismos es posible mediante las páginas WEB o World Wide Web (WWW) que
constituyen un sistema de navegación en los documentos de carácter
hipertextual, con capacidades multimedia, es decir, con posibilidades de
acceso a información en texto, gráfico, audio y vídeo en un formato
fácil de utilizar. Las capacidades multimedia se concretan en productos
multimedia, muchos de los cuales son sumamente costosos debido a la
variedad de recursos empleados. Un antecedente importante de este tipo
de producto es la aparición de la imagen en movimiento en 1896. El
impacto de los productos multimedia se ha valorado por el investigador
alemán Heinz Dieterich12 como sigue: "En el ámbito de la
comunicación se opera una transformación sustancial de la cultura basada
en la escritura hacia otra visual sustentada en la imagen, en la cual
los procedimientos miméticos cada vez más perfectos de los medios
electrónicos, crean una realidad propia, virtual que se vuelve global y
normativa de las sociedades nacionales."
El mismo autor12 sostiene que a partir del
siglo XV han sucedido cinco grandes revoluciones informático
?culturales. "La primera fue la invención de la imprenta que generó una
cultura escrita universal para un élite con acceso a la información.
Mientras que, la difusión de ´la radio en los años 20 del presente
siglo, creó una cultura auditiva de masas; a esta siguió la revolución
de las imágenes televisivas en los años 50. La cuarta revolución ocurrió
con el uso masivo de la computadora, a partir de la década de los 80."
La quinta y última, que se vive actualmente, es la de los multimedia.
En la década de los 80, Cronin13 afirmó que
las tecnologías informacionales serían la causa de efectos
socioeconómicos tales como: el aumento del trabajo en las redes y de la
comunicación por la vía de los satélites, con lo que se reduciría la
significación de los límites nacionales, el acceso instantáneo a la
información, que disminuiría el tiempo requerido para la toma de
decisiones y la formulación de políticas; existirá la necesidad de una
reorientación y un entrenamiento para asimilar los cambios en el área de
la información y la tecnología, así como se eliminarán algunos tipos de
trabajo y se crearán otros.
La utilidad de los soportes de información ha estado
siempre en función de lograr una mayor capacidad de almacenamiento y
perdurabilidad.
Los soportes electrónicos se han perfeccionado junto con
las tecnologías de información. Su evolución ha pasado por un tránsito
similar al que le sucedió a los soportes manuales e impresos, desde las
piedras, ya mencionadas, hasta la fabricación del papel en China. Los
primeros soportes electrónicos fueron la tarjetas perforadas,
sustituidas más tarde por los discos flexibles u ópticos, en un inicio
de formato 5 y más tarde de 3 o disco flexible, como también se le
conoce, para almacenar en un espacio menor una mayor cantidad de
información. La máxima capacidad de almacenamiento y mínimo de espacio
físico se logró con la llegada de los discos compactos.
Además de las mencionadas características de los nuevos
soportes para la información, estos posibilitan, por medio de las
tecnologías que permiten su lectura, agregar un valor intelectual,
capacidad que no poseían las tecnologías del pasado.14
Estos pequeños soportes ?a diferencia de los impresos- a
medida que se perfeccionan, inutilizan a sus precedentes debido a que
los equipos compatibles con ellos, muchas veces son deshechos, entonces
la información plasmada en los mismos se pierde.
Está claro que la sociedad actual no puede prescindir del
uso de las tecnologías de información, pues esta permite que la
adquisición, procesamiento y distribución ella se realice acorde con el
desarrollo acelerado de los sucesos mundiales.
A pesar de las previsiones apocalípticas de los
futurólogos, la información escrita y su más tradicional modalidad: el
libro- aunque nazcan nuevas formas de comunicación -o de
incomunicación-, no desaparecerá del panorama mundial. Esta continuará
existiendo; su bajo costo y la ausencia de la necesidad de complejas
tecnologías electrónicas, impedirán su desaparición. El libro perdurará
como medio fundamental de comunicación para una gran mayoría sin
posibilidades, o para aquellos que prefieran su uso. Tal situación se
mantendrá mientras el mundo continúe dividido en ricos y pobres, en
sociedades informadas y desinformadas, en países altamente desarrollados
y subdesarrollados. En este sentido, las tecnologías de información
marcarán cada vez más el desequilibrio global. Lo indudable es que cada
vez más la fuerza que emana de las grandes potencias meta desarrolladas
y de las subdesarrolladas impondrá un lenguaje y una acción dirigidos a
identificar la información con el signo del mercantilismo.
Abstract
Information throughout times
The historical evolution experienced by information since
the initiation of the history of mankind up to the present development
stage was described to show in a brief way the fundamental changes
occurred in supports, technologies and institutions so as to facilitate
the understanding of the long road that information has walked to be
turn into the vital resource and energy upon which the functioning of
the modern society relies.
Subject headings: INFORMATION SCIENCE/history;
INFORMATION DEVELOPMENT.
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1988.
-
Guzmán Cárdenas CE. Industrias culturales, innovación
tecnológica, competitividad. Comunicación 1996; 95:49-50.
Recibido: 14 de octubre de 1999 -
Aprobado: 22 de diciembre de 1999 -
Lic. Radamés Linares Columbié
Facultad de Comunicación. Calle G No. 506 entre 21 y 23,
El Vedado, Plaza de la Revolución. CP 10 400. Ciudad de La Habana, Cuba.
1.- Licenciado en Historia.
Profesor Auxiliar. Facultad de Comunicación. Universidad de La Habana.
2.-Licenciada en Información Científico-Técnica y
Bibliotecología. Dirección Provincial de Planificación Física y
Urbanismo.
3.- Licenciada en Información Científico-Técnica y Bibliotecología.
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