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0297 -
Dto Estado
USA - Bob Caldwell, quien ha sido
redactor, editor y encargado de atender las inquietudes del
público en el diario The Oregonian, el más grande en la región
noroccidental y del Pacífico, dice que las organizaciones
noticiosas en Estados Unidos están respondiendo, aunque no con
demasiado entusiasmo, a las quejas crecientes de los
consumidores de una manera que demuestra la responsabilidad de
la prensa.
Aunque en años recientes las políticas, prácticas y calidad de
la actividad informativa en Estados Unidos han sido blanco de
una oleada renovada de críticas públicas y políticas, la
industria ha sido sorprendentemente ineficaz para responder a
esa desaprobación.
La Primera Enmienda de la Constitución de Estados Unidos, desde
luego, otorga a la prensa derechos amplios y hace virtualmente
imposible la aplicación de reglamentaciones del gobierno, más
allá del alcance limitado de las leyes de libelo. Aunque
teniendo en cuenta el valor de una prensa libre e independiente
para el funcionamiento apropiado de la democracia en Estados
Unidos --y es imposible exagerar su importancia en este
respecto-- muchos estadounidenses creen que la independencia
también implica que la prensa tiene la responsabilidad de
reglamentarse a sí misma, o por lo menos ser más responsable y
abierta al escrutinio público.
Los tribunales estadounidenses otorgaron amplia latitud a la
prensa en el pasado a fin de alentar el debate de los asuntos
públicos y del gobierno. A fines de la década de 1960 y durante
la década de 1970, era extremadamente difícil para las figuras
oficiales y públicas ganar juicios de libelo contra las
organizaciones noticiosas. Pero en años más recientes, la
preocupación de que la prensa haya usado impropiamente su
latitud para invadir la intimidad de las figuras públicas --cuya
conducta privada podría no tener influencia alguna en el proceso
democrático-- ha resultado en fallos judiciales que han reducido
la latitud de la prensa. También ha cambiado la percepción
pública con respecto a la prensa. Los lectores y televidentes
rutinariamente califican pobremente a la prensa cuando se les
pide que evalúen su credibilidad; más y más estadounidenses
parecen inclinados a juzgar la calidad de la prensa por la
conducta de sus representantes menos responsables.
El caso reciente en el cual una cadena estadounidense de
supermercados desafió los métodos subrepticios usados en una
investigación efectuada por una organización televisiva sobre
supuestos métodos impropios para manejar alimentos --pero no la
veracidad de la información difundida por la red de televisión--
promete encender una nueva ronda de escrutinio de los métodos de
la prensa, no importa cual sea el fallo en la apelación de este
caso.
Los diarios han avanzado un poco más en el camino desde los días
en que debatían incluso si iban a reconocer los errores
cotidianos comunes, pero no han ido muy lejos. El director
ejecutivo del Consejo de la Prensa de Minnesota, Gary Gilson,
puntualiza que la mayoría de los diarios tratan las correcciones
con desgano. Creo que más organizaciones deberían seguir el
ejemplo de The New York Times, el cual ofrece ocasionalmente,
junto con las correcciones cotidianas, extensos exámenes de la
calidad periodística del diario en una sección titulada Notas
del Editor.
La organización de Gilson, establecida por diarios y estaciones
de televisión en Minnesota en 1971, no ha sido copiada
ampliamente aunque su éxito ha dejado de ser una cuestión de
debate serio. El Consejo de la Prensa de Minnesota investiga
quejas contra los medios de prensa, conduce audiencias e imparte
fallos en un proceso casi judicial. Su apoyo financiero proviene
de la prensa, de las empresas de Minnesota y de otras fuentes no
gubernamentales. Desde su creación, el consejo de 24 miembros
(12 de ellos de organizaciones periodísticas y los otros 12 de
otras clases de actividades) ha considerado 1.560 quejas y ha
emitido fallos en 107. Aproximadamente la mitad de su fallos han
sido contra la prensa.
El método del Consejo de la Prensa de Minnesota para resolver
disputas sobre la calidad de la prensa recibió atención nacional
recientemente cuando la popular revista de televisión de CBS, 60
Minutes, hizo un programa sobre la decisión del Consejo de
criticar a una estación de televisión de Minneapolis-St. Paul
por su manejo de una investigación sobre Northwest Airlines, que
tiene sede en Minneapolis.
El fallo del Consejo sugirió que la estación obtuvo buena
información --informes de la Administración Federal de Aviación
que criticaban las prácticas de mantenimiento de la aerolíneas--
pero la manejó mal. La estación entremezcló el informe sobre el
mantenimiento con un relato amplio y sin fundamentos de intrigas
e intimidación de empleados que, a juicio del consejo, difamaba
injustamente a Northwest Airlines.
Las personas que vieron 60 Minutes podían haber llegado
fácilmente a la conclusión de que el papel del consejo
parcialmente fue intimidar a la estación de televisión de
Minneapolis, ejerciendo por lo tanto un efecto paralizante en su
disposición a investigar informaciones enérgicamente. Pero el
gerente general de la estación (quien llegó después del informe
sobre Northwest Airlines) dijo que la estación continuaría
apoyando al consejo y sus esfuerzos.
Resulta interesante el hecho de que tanto la estación como
Northwest Airlines son contribuyentes financieros del Consejo de
la Prensa de Minnesota. Gilson dijo que el informe de 60 Minutos
ha despertado un remolino de interés en las actividades del
consejo desde todo el país, principalmente por parte de personas
que no pertenecen a la actividad periodística.
El consejo de la prensa desempeña dos funciones que deberían
considerarse vitales para la prensa: le explica
independientemente al público cómo funciona la prensa y sirve
como una alternativa a los tribunales como método de resolver
disputas. Las personas que presentan quejas ante el consejo de
Minnesota, por ejemplo, deben aceptar por adelantado que no
entablarán acciones judiciales contra las compañías de prensa
contra las cuales formulan sus denuncias. Considerando lo que
gastan los diarios y estaciones de televisión en aranceles de
abogados y seguros contra libelo, deberían ser receptivos a la
idea del consejo de la prensa.
Pero no lo son. En años recientes fracasaron los intentos de
iniciar un consejo nacional de la prensa y un esfuerzo para
establecer consejos en Oregon y en el estado de Washington.
Fuera de Minnesota, el Consejo Comunitario de la Prensa (Hawaii)
--que fue creado más o menos en la misma época-- parecer ser el
único consejo de prensa que funciona en Estados Unidos.
Otro modelo de responsabilidad y crítica es el del representante
de los lectores dentro de la organización noticiosa. El
representante de los lectores es generalmente un miembro del
personal a quien se le da cierta libertad para atender las
preguntas y quejas de los consumidores. Por supuesto, cuanta más
libertad se le da al representante de los lectores, mejor es.
Algunos diarios, como The Washington Post y The Seattle Times,
han tratado de asegurar la independencia del representante de
los lectores empleándolos sobre la base de contratos no
renovables. A pesar de los ejemplos sentados por algunas
organizaciones noticiosas importantes --The Washington Post, The
Chicago Tribune, The Boston Globe y CBS News, por ejemplo-- las
compañías periodísticas han mostrado una clara falta de
entusiasmo por la idea de tener representantes de los lectores.
Hay más de 1.500 diarios en Estados Unidos. Sin embargo, son
menos de 40 los que tienen representantes de los lectores.
Art Nauman, quien es la fuerza impulsora tras la Organización de
Representantes de los Lectores (Organization of News Ombudsmen o
ONO), una de las asociaciones profesionales más pequeñas del
periodismo estadounidense, dice que la cantidad de miembros
estadounidenses de la ONO se ha mantenido en alrededor de sus 36
miembros actuales durante casi dos décadas. Es interesante
observar que la cantidad de miembros extranjeros de la ONO ha
aumentado en años recientes. Ahora incluye unos 20
representantes de lectores de otros países, incluso Japón,
España, Israel, México y Brasil. En 1997, por primera vez en su
historia, la reunión anual de la ONO se efectuará fuera de
Estados Unidos, en Barcelona, España.
Gilson sugiere que los nuevos consejos, representantes de
lectores y simplemente respuestas honestas y claras de las
organizaciones periodísticas atienden una enorme necesidad
insatisfecha de los consumidores estadounidenses de noticias.
"Uno esperaría encontrar más sed por hablar francamente con el
lector sobre lo que ocurre en la toma de decisiones y reconocer
deficiencias", expresó. "Un momento en la que la actividad
periodística se encuentra enormemente preocupada por la pérdida
de lectores y confianza debería ser un momento en que tendría
que ser más abierta".
Es difícil comprender por qué las empresas periodísticas no han
adoptado el concepto. Algunos editores y gerentes dicen que la
corrección de textos y la verificación del contenido siempre se
hace teniendo presente al consumidor, por lo cual no hacen falta
esfuerzos más formales de responsabilidad. Pero toda persona que
haya sentado el pie en una redacción sabe que allí rara vez se
ve u oye al lector o al televidente.
Mi propia experiencia como reportero, editor y director
periodístico durante más de 20 años ciertamente no me preparó
para el aluvión de preguntas, interés y críticas que encontré al
ser el primer representante de los lectores en la historia de mi
diario, The Oregonian. La descripción de mi puesto era bastante
típica del cargo de representante de los lectores a través de
Estados Unidos. Iba a ocuparme de las quejas de los lectores y
dirigirlas a la sala de redacción por cualquier medio que fuese
apropiado. Esto significaba pasar las quejas a los reporteros y
a los editores por medio de notas y de una crítica interna
periódica. También significaba escribir una columna semanal
sobre quejas de los lectores y otros asuntos referidos a la
calidad periodística del diario. Algunas veces mi columna
criticaba a The Oregonian, y algunas veces lo defendía de las
críticas de los lectores.
Un lunes típico solía recibir entre 20 y 40 mensajes telefónicos
de los lectores. En una semana típica veía docenas de cartas,
mensajes facsimilares y notas electrónicas enviadas por los
lectores. En dos años como representante de los lectores oí más
críticas y preocupación directa sobre nuestro diario --y sobre
el periodismo estadounidense en general-- de las que había visto
en los 20 años previos. Otros representantes de los lectores
dicen que han tenido experiencias semejantes.
Los editores que creen que pueden oír adecuadamente a los
lectores sin asignar específicamente a alguien para la tarea
simplemente se engañan a ellos mismos. "A algunos editores y
directores les gusta ser más visibles en la comunidad que hace
unos 20 años", dice Elissa Papirno, la representante de los
lectores en The Hartford Courant. "De manera que asumen el papel
de representantes de los lectores. Pero en realidad carecen del
tiempo para la tarea".
Papirno y otros representantes de los lectores sugieren,
también, que quizás los periodistas son más sensibles a las
críticas que la gente sobre la cual escriben. Esto los hace
menos dispuestos a apoyar una autocrítica formal, a pesar de que
los consumidores clamen por ella.
"Algunas veces uno se pregunta si no sería mejor que la gente de
la redacción enfrente directamente la lluvia de críticas", dice
Papirno. "Eso podría cambiar su actitud". Pero los periodistas
son simplemente humanos y es sencillamente humano ser defensivo
acerca del trabajo propio. Si a la sensibilidad con que se
defienden los periodistas estadounidenses se agregan las
amenazas percibidas a su independencia, no se encontrarán muchos
oyentes atentos en las redacciones cuando se trata de críticas
desde afuera.
Por lo tanto hay otros métodos de conectarse con los lectores y
otras maneras de hacer responsables a las organizaciones
periodísticas. El profesor Arnold Ismach, de la Universidad de
Oregon, quien algunas veces actúa como consultor del Consejo de
Prensa de Minnesota, puntualiza que esa causa ha siso adelantada
por el crecimiento vigoroso de la crítica periodística en la
prensa alterna, las revistas, los diarios nacionales y el
Internet. Esto podría haber reducido también la necesidad de
consejos de prensa, representantes de los lectores y otros
métodos formales de "responsabilidad". Las organizaciones como
la Sociedad de Periodistas Profesionales y el grupo de Jefes de
Redacción de The Associated Press han adoptado y distribuido
modelos de códigos de ética, que algunas organizaciones
periodísticas tratan de seguir.
Adicionalmente, hay muchos ejemplos de autocontrol en la prensa
estadounidense que no requieren acciones formales. Por ejemplo,
la mayoría de las organizaciones periodísticas de Estados Unidos
declina publicar el nombre de las víctimas de violaciones,
aunque esos nombres pertenezcan al dominio público en cada corte
judicial y estación de policía del país. Al retener el nombre,
la prensa acepta salvaguardar la intimidad de la víctima. En un
caso que involucra a la comunidad estadounidense más grande, los
directores de The Washington Post y The New York Times
decidieron aceptar las demandas del terrorista Unabomber a
cambio de su promesa de poner fin a sus envíos de cartas bombas
por correo. En una derivación irónica, el estilo y contenido del
manifiesto --que los diarios nunca habrían publicado sin su
exigencia y amenaza-- condujeron directamente al arresto del
sospechoso.
Art Nauman, del diario The Sacramento Bee, señala los esfuerzos
de su propio periódico para conectarse con los lectores a través
de una variedad de maneras, incluso el mejor acceso telefónico a
redactores y editores y la participación activa del diario en
las reuniones comunitarias. Esas acciones son cada vez más
comunes a través del país. Nauman dice que "todo lo que pueda
hacer un diario para comprender, o escuchar o conectarse con sus
lectores construye credibilidad".
En el mejor de los casos, esos esfuerzos aseguran a los
consumidores que las organizaciones periodísticas tienen un
interés en su comunidad y en mejorar sus productos informativos.
Además de "conectarse" con sus lectores, las organizaciones
noticiosas deben hacer un esfuerzo más grande para escuchar a
sus críticos, pensar acerca de las críticas y luego atenderlas.
En suma, necesitan seguir el consejo de Gina Lubrano, la
representante de los lectores en el San Diego Union-Tribune. "Mi
función --dice--, es ser la conciencia del periódico".
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