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Comunicación Social / Social Communication
Comunicación comunitaria: una herramienta para el desarrollo
Mónica Irina Dombrover

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0703 - El contexto actual neoliberal "deja de lado cualquier idea o anhelo de cambio en función de una sociedad más justa" (Uranga, 2000: 14). No se debate sobre el desarrollo y, en todo caso, se limita a "encontrar dentro del sistema algunos equilibrios que, antes que imponer equidad y justicia, aminoran las desigualdades para no poner en peligro al propio modelo" (1) (Uranga, 2000: 15). Mientras tanto, la pobreza, la polarización, y la desigualdad avanzan a pasos agigantados.

La hegemonía (2) es un proceso dinámico de generación de consenso que, a través de métodos de persuasión, logra legitimar los valores que sustentan la dominación. Los sectores hegemónicos neoliberales lograron construir un sentido común basado en su propia visión del mundo que, a través de mecanismos simbólicos muy sutiles, contribuye a mantener la relación de dominación y las desigualdades. En este contexto, la sociedad se encuentra en un dilema "generado por la falta de capacidad para construir alternativas, que está dominado también por la incomunicación" y "sólo el pragmatismo del dinero y del poder logra imponer (...) su visión de desarrollo al modelo neoliberal predominante" (Uranga, 2000: 24). Esta es la visión oportunista que debe erradicarse. Y esta es una lucha social, intelectual, cultural y política. Generalmente se suele confundir, identificar o reducir el concepto de comunicación a los medios masivos. Sin embargo, desde el punto de vista comunitario, la comunicación se aborda como un proceso que va más allá de lo estrictamente mediático ya que es "algo más amplio y complejo que el simple hecho de difundir o informar hechos, acuerdos o actividades" (Pinilla, 1994: 8). Al contrario, en los trabajos comunitarios, la comunicación es utilizada como una herramienta de interacción y vínculo entre dos o más personas. Se le otorga una importancia fundamental al destinatario, cuya participación en los procesos deja de ser pasiva. Desde esta concepción se intenta guiar a los receptores activos para que se transformen en protagonistas de sus propios cambios y para que elijan con libertad el tipo de sociedad que desean producir. Estos postulados son radicalmente opuestos a los intereses del sistema. Los sectores hegemónicos que están en el poder no desarrollan iniciativas que apunten a la formación de actores sociales plenamente conscientes, críticos, que puedan tomar autónomamente decisiones políticas, sociales y culturales. Todo lo contrario: buscan mantener como sea la legitimidad que los mantiene en el poder, mientras sumergen a la sociedad en una heteronomía (3) asfixiante que ocasiona la alienación de los sujetos. El aumento de la desigualdad, de la pobreza y de la violencia son algunas de las consecuencias de este sistema injusto y desigual. Esto ocasiona falta de participación, aislamiento, fragmentación e incomunicación entre los sujetos y las organizaciones, características que dificultan la realización de los proyectos comunitarios. Este contexto se agrava con el progresivo auge de la Cultura de la Delegación, es decir, los "reflejos y decisiones conscientes que depositan y proyectan en el otro de mayor poder la posibilidad de mejorar nuestras vidas (sea este un candidato, un pastor o un galán de telenovelas) y que funciona complementariamente con la cultura del producto y del consumismo, la cultura del espectáculo, la cultura del sálvese quien pueda, la cultura del autocentramiento y todas las formas de sectarismo" (Desde los Barrios, 2002: 41). Sin duda, el poco compromiso puede atentar contra cualquier trabajo comunitario. Sin embargo, el comunicador comunitario, lejos de perder la confianza en los cambios sociales, debe combatir esas imposibilidades y, en todo caso, tomarlas como impulsos para la transformación social, ya que las posibilidades con las que cuentan este tipo de proyectos también son muchas y se engloban, básicamente, en la utilización de herramientas que otras disciplinas deciden directamente no tener en cuenta: interactuar con los receptores, partir de una situación real y concreta (no abstracta), elaborar el proyecto en base a las necesidades de los destinatarios, fomentar la participación permanente y el feedback con los actores, respetar conscientemente las diferencias. De esta manera, "la comunicación hace posible que dialoguen las heterogeneidades personales, sociales y culturales" para poder "integrar sin eliminar las diferencias, cuestionando la desigualdad y el aislamiento" (Alfaro, 1993: 34).

Existen otros problemas de la comunicación comunitaria en la coyuntura actual que se deben, fundamentalmente, a la falta de redes y de conexión entre los diferentes proyectos. Estos, en general, suelen tener alcance a un nivel micro cuando, en realidad, el objetivo implícito que todo proyecto de esta índole debería tener es el cambio de la sociedad y la transformación de los sujetos a un nivel más macro. También hay dificultades para mantener los proyectos en el tiempo. Esto se debe a diversos motivos, como el poco (o inexistente) presupuesto y la nula preocupación gubernamental, pero también a la falta de participación de los actores, y a determinados hechos reales como la injusticia, la desigualdad y la pobreza que, lamentablemente, reciben respuestas más relacionadas con el asistencialismo que con el desarrollo real. Los proyectos comunitarios que realmente apunten al desarrollo de la sociedad deben trabajar para la democratización del poder que, a su vez, "reclama, como condición definitoria, la simultánea democratización de la comunicación" (Uranga, 2000: 25), que adquiere importancia política y cultural. Por lo tanto, los trabajos de Comunicación Comunitaria se enfrentan a un desafío enorme. El cambio que deben intentar lograr es difícil, sobre todo en estos tiempos de crisis y desconfianza. Hay que reivindicar la política, tratar de sacarle las connotaciones negativas que actualmente, y desde hace un tiempo, invaden los escenarios políticos y socioculturales ya que esta situación ocasiona pasividad y desmovilización. La idea es erradicar la confusión que equipara la corrupción y la falta de justicia y equidad de los políticos actuales, con la política. "La negociación y el pacto político, como factores de organización de la vida y del intercambio cultural, resultan así afectados, pues parecen obedecer más a coincidencias que a procesos o programas de acción y diálogo. Pues se establecen consensos básicos, empatías epidérmicas, cargadas de crítica a la política, a la palabra, a la institucionalidad partidaria, es decir, a la calidad de su propia participación política, lo cual no construye culturas ciudadanas sólidas" (Alfaro, 1993: 44). En este sentido, los cambios políticos a los que apuntan los proyectos tienen que ver más que con partidos o personalidades políticas, con una democratización del poder, y un aumento de la participación y de la decisión de los actores sociales sobre su propia vida. De esta manera, los proyectos comunitarios deben, necesariamente, hacer política ya que el desarrollo se relaciona con lo político. "La comunicación para el desarrollo no puede colaborar con el proceso de dispersión social y política, más bien debe resituar el sentido de su presencia en lo masivo, donde (...) se promueva los diálogos sociales, la creación de consensos y disensos conocidos y el cambio de lo político " (Alfaro, 1993: 36). La comunicación comunitaria debe sobrellevar estas consecuencias del sistema injusto y trabajar para la democratización del poder. En esta lucha cuenta con esa herramienta fundamental que es entender la comunicación como "una dimensión básica de la vida y de las relaciones humanas y socioculturales", es decir, reconoce "la existencia de actores que se relacionan entre sí dinámicamente, a través de medios o no, donde existe un UNO y un OTRO, o varios OTROS, con quienes cada sujeto individual o colectivo establece interacciones objetivas y principalmente subjetivas" (Alfaro, 1993: 27) ya que "las relaciones comunicativas comprometen la construcción de la propia identidad, individual y colectiva" (Alfaro, 1993: 29)

Notas al pie:

(1) Por ejemplo, el asistencialismo es una herramienta que de gran desventaja que ocasiona confusión en la población al perpetuar la dominación satisfaciendo necesidades mínimas sin buscar un cambio que intente destruir la desigualdad.

(2)
Hegemonía: concepto elaborado por el teórico italiano Antonio Gramsci.

(3)
En gran parte de sus trabajos, Cornelius Castoriadis se aboca a la problemática sociedad heterónoma versus sociedad autónoma. La heteronomía, asegura, tan característica de nuestra contemporaneidad, enarbola valores como el consumo, el poder, el prestigio o la expansión ilimitada de dominio racional. Una sociedad autónoma, en cambio, exige la destrucción de esos valores que actualmente orientan el hacer individual y social, y aspira a convertir a los individuos en seres enteramente libres. La sociedad actual "no puede pensar ni decir nada sobre sí misma, sobre lo que es y lo que quiere, sobre lo que para ella vale y lo que no vale, sobre la cuestión de saber si se quiere o no como sociedad" (Castoriadis, 1988). Esta heteronomía nos sumerge en una crisis generalizada de conciencia ya que "la memoria viviente del pasado y el proyecto de un porvenir valorizado, desaparecieron juntos" (Castoriadis, 1988).

Referencias bibliográficas:

* Alfaro, Rosa María (1993). Capítulo 1. En Una comunicación para otro desarrollo. Perú.
*Castoriadis, Cornelius (1988). "Transformación social y creación cultural". En la Revista Punto de vista Número 32. Buenos Aires.
* Fundación Defensores del Chaco, Sociedad de Fomento de Video Alternativo, Asociación Civil El culebrón Timbal, escuela Julio Cortázar (2002). Desde los barrios, hacia una red cultural y solidaria en el Gran Buenos Aires. Borrador para un documento de trabajo y capacitación. Buenos Aires.
* Pinilla, Helena (1994). "La importancia del otro en la comunicación". En la revista La pizarra. Perú.
* Uranga, Washington (2000). "Prólogo". En Comunicación, universidad y desarrollo. Investigaciones de la Plangesco. La Plata
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