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El contexto actual neoliberal "deja de lado cualquier idea o anhelo de
cambio en función de una sociedad más justa" (Uranga, 2000: 14). No se
debate sobre el desarrollo y, en todo caso, se limita a "encontrar dentro
del sistema algunos equilibrios que, antes que imponer equidad y justicia,
aminoran las desigualdades para no poner en peligro al propio modelo"
(1) (Uranga, 2000: 15). Mientras tanto, la pobreza, la polarización, y
la desigualdad avanzan a pasos agigantados.
La
hegemonía (2) es un proceso dinámico de generación de consenso que,
a través de métodos de persuasión, logra legitimar los valores que
sustentan la dominación. Los sectores hegemónicos neoliberales lograron
construir un sentido común basado en su propia visión del mundo que, a
través de mecanismos simbólicos muy sutiles, contribuye a mantener la
relación de dominación y las desigualdades. En este contexto, la sociedad
se encuentra en un dilema "generado por la falta de capacidad para
construir alternativas, que está dominado también por la incomunicación" y
"sólo el pragmatismo del dinero y del poder logra imponer (...) su visión
de desarrollo al modelo neoliberal predominante" (Uranga, 2000: 24). Esta
es la visión oportunista que debe erradicarse. Y esta es una lucha social,
intelectual, cultural y política. Generalmente se suele confundir,
identificar o reducir el concepto de comunicación a los medios masivos.
Sin embargo, desde el punto de vista comunitario, la comunicación se
aborda como un proceso que va más allá de lo estrictamente mediático ya
que es "algo más amplio y complejo que el simple hecho de difundir o
informar hechos, acuerdos o actividades" (Pinilla, 1994: 8). Al contrario,
en los trabajos comunitarios, la comunicación es utilizada como una
herramienta de interacción y vínculo entre dos o más personas. Se le
otorga una importancia fundamental al destinatario, cuya participación en
los procesos deja de ser pasiva. Desde esta concepción se intenta guiar a
los receptores activos para que se transformen en protagonistas de sus
propios cambios y para que elijan con libertad el tipo de sociedad que
desean producir. Estos postulados son radicalmente opuestos a los
intereses del sistema. Los sectores hegemónicos que están en el poder no
desarrollan iniciativas que apunten a la formación de actores sociales
plenamente conscientes, críticos, que puedan tomar autónomamente
decisiones políticas, sociales y culturales. Todo lo contrario: buscan
mantener como sea la legitimidad que los mantiene en el poder, mientras
sumergen a la sociedad en una heteronomía (3) asfixiante que
ocasiona la alienación de los sujetos. El aumento de la desigualdad, de la
pobreza y de la violencia son algunas de las consecuencias de este sistema
injusto y desigual. Esto ocasiona falta de participación, aislamiento,
fragmentación e incomunicación entre los sujetos y las organizaciones,
características que dificultan la realización de los proyectos
comunitarios. Este contexto se agrava con el progresivo auge de la Cultura
de la Delegación, es decir, los "reflejos y decisiones conscientes que
depositan y proyectan en el otro de mayor poder la posibilidad de mejorar
nuestras vidas (sea este un candidato, un pastor o un galán de
telenovelas) y que funciona complementariamente con la cultura del
producto y del consumismo, la cultura del espectáculo, la cultura del
sálvese quien pueda, la cultura del autocentramiento y todas las formas de
sectarismo" (Desde los Barrios, 2002: 41). Sin duda, el poco compromiso
puede atentar contra cualquier trabajo comunitario. Sin embargo, el
comunicador comunitario, lejos de perder la confianza en los cambios
sociales, debe combatir esas imposibilidades y, en todo caso, tomarlas
como impulsos para la transformación social, ya que las posibilidades con
las que cuentan este tipo de proyectos también son muchas y se engloban,
básicamente, en la utilización de herramientas que otras disciplinas
deciden directamente no tener en cuenta: interactuar con los receptores,
partir de una situación real y concreta (no abstracta), elaborar el
proyecto en base a las necesidades de los destinatarios, fomentar la
participación permanente y el feedback con los actores, respetar
conscientemente las diferencias. De esta manera, "la comunicación hace
posible que dialoguen las heterogeneidades personales, sociales y
culturales" para poder "integrar sin eliminar las diferencias,
cuestionando la desigualdad y el aislamiento" (Alfaro, 1993: 34).
Existen
otros problemas de la comunicación comunitaria en la coyuntura actual que
se deben, fundamentalmente, a la falta de redes y de conexión entre los
diferentes proyectos. Estos, en general, suelen tener alcance a un nivel
micro cuando, en realidad, el objetivo implícito que todo proyecto de esta
índole debería tener es el cambio de la sociedad y la transformación de
los sujetos a un nivel más macro. También hay dificultades para mantener
los proyectos en el tiempo. Esto se debe a diversos motivos, como el poco
(o inexistente) presupuesto y la nula preocupación gubernamental, pero
también a la falta de participación de los actores, y a determinados
hechos reales como la injusticia, la desigualdad y la pobreza que,
lamentablemente, reciben respuestas más relacionadas con el
asistencialismo que con el desarrollo real. Los proyectos comunitarios que
realmente apunten al desarrollo de la sociedad deben trabajar para la
democratización del poder que, a su vez, "reclama, como condición
definitoria, la simultánea democratización de la comunicación" (Uranga,
2000: 25), que adquiere importancia política y cultural. Por lo tanto, los
trabajos de Comunicación Comunitaria se enfrentan a un desafío enorme. El
cambio que deben intentar lograr es difícil, sobre todo en estos tiempos
de crisis y desconfianza. Hay que reivindicar la política, tratar de
sacarle las connotaciones negativas que actualmente, y desde hace un
tiempo, invaden los escenarios políticos y socioculturales ya que esta
situación ocasiona pasividad y desmovilización. La idea es erradicar la
confusión que equipara la corrupción y la falta de justicia y equidad de
los políticos actuales, con la política. "La negociación y el pacto
político, como factores de organización de la vida y del intercambio
cultural, resultan así afectados, pues parecen obedecer más a
coincidencias que a procesos o programas de acción y diálogo. Pues se
establecen consensos básicos, empatías epidérmicas, cargadas de crítica a
la política, a la palabra, a la institucionalidad partidaria, es decir, a
la calidad de su propia participación política, lo cual no construye
culturas ciudadanas sólidas" (Alfaro, 1993: 44). En este sentido, los
cambios políticos a los que apuntan los proyectos tienen que ver más que
con partidos o personalidades políticas, con una democratización del
poder, y un aumento de la participación y de la decisión de los actores
sociales sobre su propia vida. De esta manera, los proyectos comunitarios
deben, necesariamente, hacer política ya que el desarrollo se relaciona
con lo político. "La comunicación para el desarrollo no puede colaborar
con el proceso de dispersión social y política, más bien debe resituar el
sentido de su presencia en lo masivo, donde (...) se promueva los diálogos
sociales, la creación de consensos y disensos conocidos y el cambio de lo
político " (Alfaro, 1993: 36). La comunicación comunitaria debe
sobrellevar estas consecuencias del sistema injusto y trabajar para la
democratización del poder. En esta lucha cuenta con esa herramienta
fundamental que es entender la comunicación como "una dimensión básica de
la vida y de las relaciones humanas y socioculturales", es decir, reconoce
"la existencia de actores que se relacionan entre sí dinámicamente, a
través de medios o no, donde existe un UNO y un OTRO, o varios OTROS, con
quienes cada sujeto individual o colectivo establece interacciones
objetivas y principalmente subjetivas" (Alfaro, 1993: 27) ya que "las
relaciones comunicativas comprometen la construcción de la propia
identidad, individual y colectiva" (Alfaro, 1993: 29)
Notas al
pie:
(1)
Por ejemplo, el asistencialismo es una herramienta que de gran desventaja
que ocasiona confusión en la población al perpetuar la dominación
satisfaciendo necesidades mínimas sin buscar un cambio que intente
destruir la desigualdad.
(2) Hegemonía: concepto elaborado por el teórico italiano Antonio
Gramsci.
(3) En gran parte de sus trabajos, Cornelius Castoriadis se aboca a
la problemática sociedad heterónoma versus sociedad autónoma. La
heteronomía, asegura, tan característica de nuestra contemporaneidad,
enarbola valores como el consumo, el poder, el prestigio o la expansión
ilimitada de dominio racional. Una sociedad autónoma, en cambio, exige la
destrucción de esos valores que actualmente orientan el hacer individual y
social, y aspira a convertir a los individuos en seres enteramente libres.
La sociedad actual "no puede pensar ni decir nada sobre sí misma, sobre lo
que es y lo que quiere, sobre lo que para ella vale y lo que no vale,
sobre la cuestión de saber si se quiere o no como sociedad" (Castoriadis,
1988). Esta heteronomía nos sumerge en una crisis generalizada de
conciencia ya que "la memoria viviente del pasado y el proyecto de un
porvenir valorizado, desaparecieron juntos" (Castoriadis, 1988).
Referencias bibliográficas:
* Alfaro,
Rosa María (1993). Capítulo 1. En Una comunicación para otro desarrollo.
Perú.
*Castoriadis, Cornelius (1988). "Transformación social y creación
cultural". En la Revista Punto de vista Número 32. Buenos Aires.
* Fundación Defensores del Chaco, Sociedad de Fomento de Video
Alternativo, Asociación Civil El culebrón Timbal, escuela Julio Cortázar
(2002). Desde los barrios, hacia una red cultural y solidaria en el Gran
Buenos Aires. Borrador para un documento de trabajo y capacitación. Buenos
Aires.
* Pinilla, Helena (1994). "La importancia del otro en la comunicación". En
la revista La pizarra. Perú.
* Uranga, Washington (2000). "Prólogo". En Comunicación, universidad y
desarrollo. Investigaciones de la Plangesco. La Plata.
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