|
El poder que han
adquirido los medios es incuestionable, algunas veces creen tener más
poder del que realmente detentan y buscan convertirse en protagonistas
y jueces de la cosa pública, en más de una ocasión desvirtuándola
hasta convertirla en espectáculo. A partir de algunos ejemplos de su
país, Eco analiza en este ensayo gran parte de los males de la prensa
italiana, los cuales, afirma el pensador italiano, son comunes a casi
todos los países
El documento
Estimado presidente,
señores senadores, colegas directores, lo que estoy por presentarles
brevemente es un cahier de doléances (libro de quejas.
N. del T.) sobre la situación de la prensa italiana, especialmente en
sus relaciones con el mundo político. Puedo hacerlo, no a espaldas
sino en presencia de los representantes de la prensa, porque todo lo
que diré ya lo he escrito desde los años 60, y en gran parte de los
diarios y semanarios italianos. Esto significa que en nuestro país
existe una prensa libre y desprejuiciada, capaz de enjuiciarse incluso
a sí misma.
La función del
cuarto poder es ciertamente la de controlar y criticar a los otros
poderes tradicionales, pero puede hacerlo en un país libre, porque su
crítica no tiene funciones represivas: los medios pueden influir en
la vida política del país solamente creando opinión.
Los poderes
tradicionales no pueden, en cambio, controlar criticando a los
medios sino a través de los mismos medios, de otra manera
su intervención se convierte en sanción ya sea ejecutiva,
legislativa o judicial, lo que puede suceder sólo si los medios
delinquen o parecen configurar situaciones de desequilibrio político
e institucional (véase el debate sobre la par condicio). Pero,
como quiera que los medios, en nuestro caso la prensa, no
pueden estar exentos de crítica es condición de salud para un país
democrático que la propia prensa se pueda cuestionar a sí misma.
Sin embargo, a menudo
no basta que lo haga: es más, el hacerlo puede constituir una sólida
coartada, o bien, para ser estrictos, un caso de "tolerancia
represiva", como la definía Marcuse: una vez demostrada la
propia falta de prejuicios autoflagelatoria, la prensa ya no se
interesa en reformarse.
Al presentar mi cahier
de doléances no intento criticar a la prensa ni sus relaciones
con el mundo político como si éste fuera víctima inocente de los
abusos de la prensa. Considero que es plenamente corresponsable de la
situación que trataré de delinear.
Más aún, no seré
de esos provincianos para los cuales está mal sólo aquello que
ocurre en nuestro país. No caeré en el error de mucha de nuestra
prensa, a menudo xenófila, que cuando se refiere a un diario
extranjero lo hace adelantando siempre el adjetivo
"autorizado", llegando así a hablar del
"autorizado" New York Post cuando quiere citarlo,
ignorando el hecho de que el New York Post es un periodicucho
de cuarta que se avergonzarían de leer en Omaha, Nebraska.
Gran parte de los
males de los que sufre la prensa italiana son hoy comunes a casi todos
los países. Pero tomaré algún ejemplo sólo cuando me parezca que
contiene una lección que puede ser positiva también para nosotros.
Una última precisión: usaré como textos de referencia La
Repubblica, Il Corriere della Sera y L´Espresso y
esto no sólo por razones de tiempo sino también de corrección. Son
tres publicaciones sobre las que he escrito y aún escribo y, por
tanto, mis críticas no podrán ser consideradas preconcebidas o
inspiradas por la inquina. Pero los problemas que pondré sobre la
mesa se refieren en un alto porcentaje a la prensa italiana en general
Las polémicas de
los años 1960-1970
En los años 60 y 70,
la polémica sobre la naturaleza y función de la prensa se
desarrollaba sobre estos dos temas: 1) diferencia entre noticia y
comentario y, por tanto, una llamada a la objetividad (recuerdo a
propósito duelos históricos con Ottone); 2) los diarios son
instrumentos de poder, administrados por partidos o por grupos
económicos, que utilizan un lenguaje intencionalmente críptico en
cuanto a que su verdadera función no es dar noticias a los ciudadanos
sino enviar mensajes cifrados a otro grupo de poder, pasando por
encima de los lectores. Al respecto ya existe una bibliografía
vastísima.
El presidente Carlo
Scognamiglio ha citado incluso una expresión como "convergencias
paralelas", que ha quedado en la bibliografía sobre los mass
media como símbolo de este lenguaje, apenas comprensible en los
pasillos de Montecitorio, pero impermeable para la célebre ama de
casa de Voghera
Estos dos temas son
en gran parte obsoletos. Por un lado, había tenido lugar una amplia
polémica sobre la objetividad y muchos de nosotros sosteníamos que
(con excepción de los boletines de las precipitaciones atmosféricas)
no existe jamás una noticia verdaderamente objetiva. Aun separando
cuidadosamente comentario y noticia, la misma elección de la noticia
y su compaginación constituyen un elemento de juicio implícito
En las últimas
décadas se ha instaurado el estilo de la así llamada tematización:
la misma página incluye noticias de algún modo relacionadas. He
tomado, casi al azar, la página 17 de La Repubblica del 22 de
enero. Contiene cuatro artículos: "Brescia: da a luz y mata a la
hija"; "Roma: solo en casa, a los cuatro años juega sobre
el alféizar, el padre termina en Regina Coelli"; "Roma:
puede dar a luz en el hospital aun quien no quiere tener el
hijo"; "Treviso: una madre divorciada renuncia a ser
mamá". Como ven, se tematiza el riesgo de la infancia
abandonada.
El problema que
debemos plantearnos es: ¿se trata de un caso de actualidad típico de
este periodo? ¿Son todas las noticias sobre casos del mismo tipo? Si
se tratara sólo de cuatro casos, el asunto sería estadísticamente
irrelevante; pero la tematización eleva a la noticia a aquello que la
clásica retórica judicial y deliberativa llamaba exemplum: un
solo caso, o pocos casos, de lo que se extrae (o se sugiere
subrepticiamente extraer) una regla. Si se trata sólo de cuatro casos
el diario nos hace pensar que existen más; si hubiesen más, el
diario no nos lo diría. La tematización no proporciona cuatro
noticias: expresa una fuerte opinión sobre la situación de la
infancia, aunque el redactor quisiera o pensara que, tal vez, ya bien
entrada la noche ha compaginado así la página 17 porque no sabía
cómo llenarla. Con esto no estoy diciendo que la técnica de la
tematización sea equivocada o peligrosa: sólo digo que nos demuestra
cómo se pueden expresar opiniones dando noticias totalmente
objetivas.
En cuanto al problema
del lenguaje críptico, diría que nuestra prensa lo ha abandonado,
porque ha cambiado también el lenguaje de los políticos, los cuales
ya no leen sobre una hoja frente al micrófono frases oscuras y
elaboradas, sino que dicen apertis verbis que su compañero de
sector es un traidor, mientras que el otro magnifica a voz en cuello
las cualidades eréctiles del propio órgano reproductivo.
La prensa recurre
incluso en la primera plana al lenguaje de esa entidad magmática que
hoy se llama "la gente"; considera que la gente sólo habla
con frases hechas. Y he aquí (estoy usando los datos recogidos por
mis alumnos en un mes de frases hechas en la prensa italiana) en un
solo artículo de Il Corriere della Sera del 11 de enero, la
siguiente lista de frases hechas: la esperanza es la última que
muere; estamos contra la pared; Dini anuncia lágrimas y sangre; el
Quirinale listo para la guerra; el recinto se construyó después de
que los bueyes dejaron el establo; Pannella ataca sin piedad; el
tiempo apremia; no hay lugar para un malestar de estómago; el
gobierno tiene mucho camino por andar; habremos perdido nuestra
batalla; estamos con el agua hasta el cuello.
En La Repubblica
del 28 de diciembre de 1994 se encuentra: es necesario conciliar
intereses; quien mucho abarca poco aprieta; Dios me salve de los
amigos; los peores pasos del vals; Fininvest vuelve a la lucha; todo
está perdido; no hay a quién recurrir; yerba mala nunca muere; los
vientos cambian; la televisión hace la parte del león y nos deja
sólo las migajas; la dolorosa espina en el costado; rendir honor a
las armas del enemigo... Esto no es un periódico es el Barbanera.
Hay que preguntarse si estos clichés son finalmente más
transparentes, o menos, que las "convergencias paralelas".
Se nota que a estas
frases hechas, válidas para la "gente", son en 50%
inventadas, en el sentido de la inventio retórica, encontradas
por los articulistas, y en 50% citadas de declaraciones de
parlamentarios. Apenas puse la cabeza dentro del aula del Senado y
escuché decir: señor presidente, queremos hechos no palabras. Tuve
una impresión de dejà vu y de dejà entendu y y me
regresé al pasillo. Para usar otra frase hecha, "el cerco se
cierra" y estamos poniendo en el fuego una diabólica alianza en
la que no se sabe quiénes son los corruptos y quiénes los
corruptores
El diario se
vuelve semanario
En los años 60 los
diarios no sufrían todavía por la competencia de la televisión.
Sólo Achille Campanile, en un encuentro sobre la televisión en
Grosseto, en septiembre de 1962, había tenido una intuición
luminosa. Decía: hubo un tiempo en que los diarios daban primero una
noticia, después intervenían otras publicaciones que profundizaban
en la cuestión; el periódico era un telegrama que terminaba con
"sigue carta". Ya en 1962, la noticia telegráfica se daba a
las ocho de la noche en el noticiero televisivo. A la mañana
siguiente el diario daba la misma noticia: era una carta que terminaba
con "sigue, es más, precede telegrama"
¿Por qué sólo un
genio de la comicidad como Campanile se había percatado de esta
situación paradójica? Porque la televisión se limitaba entonces a
uno o quizá dos canales, no recuerdo, llamados de régimen y, por
tanto, no se consideraba (y en buena parte no era) una fuente
confiable; los diarios decían más cosas y en un modo menos vago; los
cómicos nacían en el cine o en el cabaret y no siempre llegaban a la
televisión; la comunicación política tenía lugar en la plaza, cara
a cara, o mediante manifiestos sobre los muros.
Un estudio sobre el
comicio televisivo de los años 60, hecho por Paolo Fabbri, comprobaba
mediante un análisis de numerosas tribunas políticas que en el
intento de adecuar las propias propuestas a una media de los
espectadores televisivos el representante del PCI (Partido Comunista
Italiano) terminaba por decir cosas muy parecidas a las del
representante de la DC (Democracia Cristiana), o bien se anulaban las
diferencias, y cada uno trataba de aparecer como el más neutro y
seguro posible. Por lo tanto, la polémica, la lucha política,
ocurría en otra parte y en buena medida en los diarios.
Después ocurrió el
salto cuantitativo (los canales se multiplicaron cada vez más) y
cualitativo: incluso dentro de la televisión estatal se distinguían
tres canales orientados políticamente de distinta forma; la sátira,
el debate encendido, la fábrica de primicias, pasaron a la
televisión que rompió incluso las barreras del sexo, de modo que
algunos programas de las once de la noche ya eran más audaces que las
monjiles portadas de L´Espresso o de Panorama, que se
detenían en la frontera del glúteo.
Todavía al inicio de
los años 70 recuerdo que publicaba yo una reseña sobre los talk
shows estadounidenses, como el lugar de una conversación civil,
animada, que podía tener a los espectadores clavados hasta altas
horas de la noche frente al televisor y los proponía apasionadamente
para la televisión italiana. Después, apareció cada vez más
triunfalmente en la pantalllas caseras italianas el talk shows
que, sin embargo, poco a poco se convertía en lugar de un encuentro
violento, a veces incluso de violencia física, en escuela de un
lenguaje sin términos medios (en honor a la verdad, una evolución de
este género tuvo lugar parcialmente también en algunos talk shows
de otros países).
Así, la televisión
se convertía en la primera fuente de difusión de las noticias y
frente a los diarios se abrían solamente dos caminos. Del primer
camino posible, que por ahora definiré como "atención
prolongada", hablaré más adelante. Creo, sin embargo, que se
puede afirmar que la prensa siguió en buena medida el segundo camino:
se ha hecho semanal. El diario se ha vuelto más parecido a un
semanario, con el enorme espacio que dedica a la variedad, a la
discusión de sucesos de la moda, de chismes de la vida política, de
atención al mundo del espectáculo. Esto pone en crisis a los
semanarios de primer nivel (de Panorama a L´Espresso) y
al semanario le quedan dos alternativas: o se vuelve mensual, pero ya
existen publicaciones mensuales especializadas en embarcaciones de
vela, relojes, computadoras, con un mercado propio fiel y seguro; o
bien debe invadir el espacio de los sociales, que pertenecía y
continúa perteneciendo a los semanarios de nivel medio (Gente
y Oggi) para los apasionados de las bodas principescas, o de
bajo nivel (Novella 2000, Stop, Eva Express) para
los devotos del adulterio espectacular y los cazadores de senos
descubiertos en la intimidad de los ministerios de la decencia
Pero los semanarios
de primer nivel no pueden descender al nivel bajo o medio sino en las
páginas finales, y ya lo hacen; allí es donde hay que buscar los
senos, las amistades afectuosas, los esponsales en Montecarlo. Por
otro lado, haciendo esto pierden la fisonomía del propio público:
entre más un semanario de primer nivel roza el nivel medio o bajo,
más consigue un público que no es el suyo tradicional y, por tanto,
ya no sabe a quién se dirige; aumenta el tiraje y pierde identidad.
Por otra parte, el
semanario recibe un golpe mortal sucesivo de los suplementos semanales
de los diarios. A este punto, el semanario tendría una sola
solución: tomar la vía de las publicaciones del tipo de las que en
Estados Unidos se dirigen a un altísimo nivel de lectores como, por
ejemplo, el New Yorker, que ofrece la lista de los
espectáculos teatrales, dibujos animados de alto nivel, breves
antologías poéticas, pero puede aparecer un artículo de 50
cuartillas solamente sobre la biografía de una gran dama del mundo
editorial, como ha sucedido con Helen Wolff. O bien podría tomar la
vía del Time o Newsweek, los cuales aceptan ser
semanarios que hablan de acontecimientos de los que ya han hablado los
diarios y la televisión, pero que ofrecen al respecto un resumen
esencial o dossiers que profundizan en otros ángulos, cada uno
de los cuales requiere de meses de programación y de trabajo y una
documentación cuidada hasta la exageración, de modo que es raro que
estos semanarios publiquen desmentidos respecto de datos sobre los
hechos.
Por otra parte,
también un artículo para el New Yorker es encargado con meses
de anticipación, y si después se juzga que ya no es actual al autor
igualmente se le paga (generosamente) y el artículo se desecha. Este
tipo de semanarios tiene costos altísimos y puede existir sólo para
un mercado mundial de anglófonos y no para un mercado restringido de
italianófonos, donde los índices de lectura son todavía
lamentables.
Por tanto, el
semanario se esfuerza por seguir al diario sobre su misma ruta y cada
uno trata de superar al otro para conquistar a los mismos lectores.
Ello explica por qué el glorioso Europeo cierra, Epoca
busca desesperadamente una vía alternativa sosteniéndose con
anuncios televisivos y L´Espresso y Panorama luchan por
diferenciarse; lo hacen, pero el público lo nota cada vez menos. A
veces me sucede que encuentro conocidos incluso cultos, que me
felicitan por la hermosa sección que escribo semanalmente en Panorama;
es más, afirman, con adulación, que compran Panorama y sólo Panorama
exclusivamente para leer mi secciónç
La ideología del
espectáculo
Para volverse
semanales, los diarios aumentan las páginas; para aumentar las
páginas luchan por la publicidad; para tener publicidad aumentan de
nuevo las páginas e inventan los suplementos; para ocupar todas esas
páginas deben entonces contar cualquier cosa; para hacerlo deben ir
más allá de la sola noticia (que por otra parte ya dio la
televisión) y, por tanto, se hacen cada vez más semanales, hasta el
punto de tener que inventar y transformar en noticia lo que no es
Tomo un ejemplo de la
vida cultural y no política, y que se relaciona con un caso personal
para no herir susceptibilidades. Hace unos meses, al recibir un premio
en Grinzane, fui presentado por mi colega y amigo Gianni Vattimo.
Quien se dedica a la filosofía sabe que mis posiciones son
divergentes de las de Vattimo, pero nos profesamos mutua estima. Otros
saben que somos amigos fraternos desde la juventud y que amamos
zaherirnos mutuamente en ocasión de algún encuentro. Ese día
Vattimo había elegido precisamente la vía de la convivencia social,
había hecho una presentación afectuosa y animada y yo le había
respondido de modo igualmente bromista, subrayando con aspavientos y
paradojas nuestras eternas divergencias.
Al día siguiente, un
periódico italiano dedicaba casi una página completa al encuentro de
Grinzane que habría marcado, según el articulista, el nacimiento de
una nueva, dramática e inédita, fractura en el campo filosófico
italiano. El autor del artículo sabía muy bien que no se trataba de
una noticia, ni siquiera cultural; había creado simplemente un caso
que no existía. Les dejo a ustedes encontrar ejemplos equivalentes en
el campo político. Pero también el ejemplo cultural es interesante:
el periódico debía construir un caso porque debía llenar muchas
páginas dedicadas a la cultura, a la variedad y a la moda, dominadas
por una ideología del espectáculo.
Tomemos Il
Corriere della Sera y La Repubblica del lunes 23 de enero.
El primero tiene 44 páginas, el segundo 54, pero considerando la
densidad de las páginas del primero, los dos se corresponden. El
lunes es un día difícil, no hay noticias políticas y económicas
frescas, cuando mucho queda el deporte.
Afortunadamente ese
día Italia estaba en plena crisis de gobierno y los diarios podían
dedicar los artículos de fondo al duelo Dini-Berlusconi. Una matanza
en Israel el día del aniversario de Auschwitz permitía llenar la
mayor parte de la primera plana, con el añadido del caso Andreotti y,
para Il Corriere della Sera, la muerte de la matriarca
Kennedy que, en cambio, La Repubblica ubica en páginas
interiores. Crónicas de Chechenia, alguna noticia de Bonn. ¿Cómo
llenar el resto? La Repubblica e Il Corriere della Sera
dedican respectivamente siete y cuatro páginas a la crónica de
ciudad; 14 y siete páginas al deporte, dos y tres páginas a la
cultura, dos y cinco a la economía y de ocho a nueve a crónicas de
la moda, espectáculos y televisión. En ambos casos, de 32 páginas
al menos 15 se dedican a servicios de tipo semanal.
Tomemos ahora el New
York Times del mismo lunes. De 53 páginas, 16 se dedican al
deporte, diez a problemas metropolitanos, diez a la economía; quedan
16 páginas. En Estados Unidos no hay una crisis en curso. Washington
no requiere de mucho espacio y entonces cinco páginas de national
report se ocupan de asuntos internos. Después de la noticia obvia
de la matanza ocurrida en Israel se encuentran al menos diez
artículos sobre Perú, Haití, Ruanda, refugiados cubanos, Bosnia,
Argelia, conferencia internacional sobre la pobreza, Japón después
del terremoto, el caso del obispo Gaillot. Siguen dos densas páginas
de comentarios y análisis políticos.
Dejo de lado entonces
que los diarios italianos no hablan de Perú, Haití, Cuba, Ruanda.
Admitamos también que los tres primeros temas interesen más a los
estadounidenses que a los europeos; el resultado es que eran
argumentos de actualidad internacional que los periódicos italianos
han dejado de lado para aumentar la parte dedicada a los espectáculos
y a la televisión.
El New York Times,
pero sólo porque es lunes, un día en que no se sabe qué decir,
dedica dos páginas al media business, pero no se trata de
adelantos sobre personajes del espectáculo, sino de reflexiones y
análisis económicos sobre el show business
Que la selección es
explícita lo dicen Il Corriere della Sera y La Repubblica
del lunes 30, que dedican una plana, con anuncio en la primera, al
hecho de que Coco Chanel haya sido espía nazi. Ante todo la noticia
ya la habíamos leído hace mucho tiempo. ¿Por qué se le menciona
ahora? Porque la ha mencionado un día antes una transmisión por
televisión de la BBC.
Ahora, Coco Chanel es
francesa, pero el diario Le Monde no toma en cuenta la noticia.
¿Chovinismo francés, temor de reabrir antiguas heridas de Vichy? Sin
embargo, ¿por qué no lo menciona ni siquiera el Herald Tribune?
¿Por qué el hecho de que un libro o una transmisión televisiva se
ocupen de un acontecimiento histórico es argumento para un semanario
de cultura y espectáculo? ¿A qué se ha renunciado dando tanto
espacio al caso Chanel? Si se confronta con el Herald Tribune
se encuentran 15 noticias de actualidad descuidadas por los diarios
italianos: "Chechenia envía un embajador a Clinton", pero
no puede hacerlo porque no tiene el estatus jurídico necesario;
"Francia decide aumentar a 300 hombres su contingente en
Bosnia"; "Mandela escoge un blanco como jefe de
policía"; "Muere el director de la UNICEF", y así
tocando China, Pakistán, Camboya, Libia, Egipto y México.
Está claro que yo
como lector me divertí más leyendo la historia de Coco Chanel que la
biografía del director de la UNICEF, pero la selección es clara: el
periódico quería divertirme y lo hizo, y quería divertirme a partir
de una noticia ofrecida por la televisión inglesa
Cuando
domina la TV
La lección.
La prensa italiana lo he dicho muchas veces es hoy esclava de la
televisión. La televisión es la que fija la agenda de la prensa. No
existe prensa en el mundo donde las noticias de la televisión
terminen en la primera plana, a menos que la tarde anterior Clinton o
Mitterrand hayan hablado en la TV o haya sido sustituido el
administrador delegado de una cadena nacional. No se me responda que
se deben llenar las páginas.
Tengo aquí The
New York Times del domingo 22 de enero: son solamente 569
páginas, porque estamos en enero, mientras que antes de la Navidad
los números eran más voluminosos. En ese número de páginas se
incluyen también los espacios publicitarios, la revista de los
libros, el semanario de variedades, viajes, autos, etcétera. Veamos
dónde se menciona a la TV, que además es un electrodoméstico que
ocupa mucho espacio en el imaginario estadounidense. Se menciona en el
suplemento "Artes y espectáculo" en la página 32, donde
hay una reflexión sobre los estereotipos raciales en los programas y
una larga reseña referente a un magnífico documental sobre los
volcanes. Está después el cuaderno con la programación (es obvio),
pero el tema de la TV no aparece ni siquiera en el suplemento de
variedades y modas, que corresponde al "Sette" de Il
Corriere della Sera o a "Il Venerdi" de La Repubblica.
Entonces no es cierto que se necesita hablar de la TV para llenar las
páginas e interesar al público; es una elección y no una necesidad
El mismo día los
diarios italianos daban amplio espacio a un próximo programa de
Chiambretti y, por tanto, se trataba de publicidad gratuita, donde la
noticia central era que le había dado por entrar con las cámaras en
las aulas universitarias donde estaba dando mi clase y yo, por respeto
al lugar y su función, no se lo permití. Si esa era una noticia
por qué es noticia que cualquier santuario permanezca inmaculado
para la televisión valía cuatro líneas entre los suplementos de
publicidad.
Pero, ¿si en esa
aula hubiese tocado, cámara en mano, un hombre político cualquiera y
yo lo hubiera invitado a desistir? Hubiera tenido, sin entrar en el
aula y sin aparecer en video, las primeras páginas de los diarios. En
Italia, el mundo político puede fijar la agenda de las prioridades
periodísticas afirmando cualquier cosa en la TV o directamente
haciendo saber que lo afirmará, y al día siguiente la prensa no
hablará de lo que ocurre en el país sino de lo que se dijo o podría
haberse dicho en la televisión.
Ciertamente somos un
país en el cual, más que en ningún otro, la vida de la televisión
se entreteje estrechamente con la vida política, de otro modo no se
discutiría de par condicio, y esto ocurría ya en tiempo de
Bernabei e incluso antes de que apareciese en el horizonte la
Fininvest; por tanto, la prensa debe dar cuenta de este entramado.
Un amigo extranjero
me hacía notar, el domingo 29 de enero, que sólo en Italia podía
ocurrir que ese día apareciese en muchas columnas resumida la primera
plana, y luego en interiores, la histórica declaración de
Chiambretti: "No me voy" (sólo porque Santoro había
lanzado una provocación el día anterior). Cierto, la decisión
profesional de un cómico no debería ser noticia de primera plana,
especialmente si el cómico decide no interrumpir la transmisión que
está conduciendo. Si es noticia el hombre que muerde al perro y no el
perro que muerde al hombre, ése era el caso de un perro que
aparentemente no había mordido a nadie
Y, sin embargo, todos
sabemos que detrás de aquel debate, que involucraba incluso a Enzo
Biagi, había un sentimiento de incomodidad, una polémica de claro
sabor político. Debemos decir que la prensa estaba obligada a poner
aquella noticia en primera plana y no por culpa propia sino de la
situación italiana. No obstante, es un azar que la situación
italiana sea la que es incluso por responsabilidad de la prensa.
Desde hace tiempo la
prensa, para atraerse al público de la televisión, ha impuesto a la
propia televisión como espacio político privilegiado haciendo
publicidad (hecho único en la historia de la competencia económica)
más allá de lo debido, al propio competidor natural. Los políticos
han extraído las debidas consecuencias: han elegido la TV, han
adoptado el lenguaje y las formas, seguros de que sólo así tendrían
la atención de la prensa. La prensa ha politizado el espectáculo
más allá de lo debido. Entonces era obvio que el político tratara
de hacerse notar llevando a la Cicciolina al Parlamento; y el de la
Cicciolina es un caso típico porque, por instintiva pruderie,
la TV no le había dado el espacio que le ha asegurado de inmediato la
prensa.
La entrevista.
Mientras que depende de la televisión para su agenda, la prensa ha
decidido emularla en su estilo. La entrevista se ha convertido en el
modo más típico de divulgar cada noticia de política, literatura y
ciencia. La entrevista es obligatoria en la TV, donde no se puede
hablar de alguien sin presentarlo pero, en cambio, es un instrumento
que la prensa siempre había usado con mucha cautela.
Entrevistar quiere
decir regalar el propio espacio a alguien para hacerlo decir lo que
él quiere. Piensen en lo que ocurre cuando un autor ha publicado un
libro. El lector espera de la prensa un juicio y una orientación y se
fía de la opinión de un crítico importante o de la seriedad del
título. Pero hoy un periódico se siente abatido si no consigue tener
antes que nada una entrevista con el autor.
¿Qué es una
entrevista con el autor? Es fatalmente autopublicidad: es rarísimo
que el autor afirme que ha escrito un libro innoble. Es habitual un
chantaje implícito, que sucede también en otros países: si no se
concede la entrevista, no se hace ni siquiera la reseña. En todo caso
el lector ha sido defraudado; la publicidad ha precedido o sustituido
al juicio crítico y a menudo el crítico, cuando finalmente escribe,
ya no discute el libro, sino lo que el autor ha dicho en el curso de
varias entrevistas
Con mayor razón la
entrevista con un político debería ser un gesto de cierta
trascendencia: o es solicitada por el político, que quiere usar al
periódico como vehículo (y el periódico tiene que evaluar si quiere
darle el espacio), o es solicitada por el periódico, que quiere
profundizar una cierta posición del político. Una entrevista seria
debe tomar mucho tiempo y el entrevistado como sucede en casi todo
el mundo después debe revisar el entrecomillado para evitar
malentendidos y desmentidos.
Hoy, los diarios
publican una decena de entrevistas al día, cocidas y masticadas,
donde el entrevistado dice lo que ha dicho en otros periódicos pero,
para ganarle a la competencia, se necesita que la entrevista de ese
día sea más sabrosa que la del otro. Entonces el juego está en
arrancar al político una ligera aceptación que, deliberadamente
subrayada, hará explotar el escándalo.
Entonces el
político, siempre en escena al día siguiente para desmentir lo que
ha declarado el día anterior, ¿es una víctima de la prensa? Debemos
entonces preguntarle: "¿Por qué no adopta la eficaz técnica
del no comment?". Parece que en octubre pasado Bossi
escogió esta vía, cuando prohibió a sus diputados hablar con los
periodistas. ¿Vía errónea, porque lo expone a los ataques de la
prensa? ¿Vía acertada, porque le ha redituado al menos dos días de
presencia a plana completa en todos los periódicos, lo que en precio
de publicidad vale una fortuna?
Los periodistas
parlamentarios, por su parte, afirman que en todos los casos de
declaración seguida de virulento desmentido, es el político el que
verdaderamente ha hecho esa media declaración para que la publicase
el periódico, con objeto de poder desmentirla un día después,
lanzando mientras tanto un ballon d' essai y haciendo llegar
una insinuación o una señal de amenaza. Después de los cual habría
que preguntarle al cronista parlamentario víctima inocente del
político astuto: "¿Por qué lo permite?", "¿por qué
no exige que lo controlen y subraya el entrecomillado?". La
respuesta es simple: en este juego cada uno tiene algo que ganar y
nada que perder. En la medida en que el juego es vertiginoso, las
declaraciones se suceden a diario, el lector pierde la cuenta y olvida
lo que se ha dicho. En compensación, el periódico resume la noticia
y el político logra la ventaja que se ha propuesto previamente.
Es un pactum
sceleris a los daños, al lector y a los ciudadanos, y es tan
difuso y aceptado que se ha vuelto una costumbre no de dación
sino permítaseme de dicción ambiental. Como todos los
delitos, sin embargo, al final no paga: el precio, sea para la prensa
o para el político, la inadmisibilidad, y la reacción indiferente
del lector.
Para volver la
entrevista más apetitosa, se ha agregado, como ya se decía, el
cambio radical del lenguaje político, el cual asumiendo la forma del
debate y del altercado televisivo, ya no es cuidadoso sino pintoresco
e inmediato.
Por mucho tiempo nos
lamentamos de los políticos italianos que leían una parca y oscura
declaración sobre una hoja y admirábamos a esos políticos
estadounidenses que frente al micrófono, con las manos en los
bolsillos, parecían hablar espontáneamente, improvisando e incluso
salpicando el discurso con ingeniosas ocurrencias. Y bien, no era
así: la mayor parte de ellos había seguido cursos en varios speech
centers de su universidad; seguía y sigue reglas de una
oratoria aparentemente improvisada, pero en cambio controlada hasta el
milímetro; decía y dice ocurrencias registradas en manuales
especializados o preparadas en la noche por ghost writers
Tomado de la oratoria
curial de la primera República, el político de la segunda improvisa
realmente; habla de un modo más comprensible, pero a menudo
incontrolado. No es necesario decir que para los periódicos,
especialmente si han decidido volverse semanales, esto es maná, para
usar una frase hecha. Me perdonarán la comparación irreverente, pero
el mecanismo psicológico normal en la hostería de pueblo es que, si
alguno que ha empinado demasiado el codo suelta una indiscreción,
todo el auditorio hará lo posible para animarlo y llevarlo más allá
del límite.
Esta es la dinámica
de la provocación que se establece en el talk show y es la
misma que se instaura entre cronista y político. La mitad de los
fenómenos que hoy estamos definiendo como "envenenamiento de la
lucha política" proviene de esta dinámica incontrolable. He
dicho, ciertamente, que en el torbellino los lectores olvidan la
declaración específica, pero lo que se vuelve costumbre es el tono
del debate, el convencimiento de que todo está permitido
La prensa habla de
la prensa
En esta afanosa caza
de declaraciones, sucede cada vez más que la prensa habla solamente
de la otra prensa. Es cada vez más frecuente en el periódico A el
artículo que anuncia una entrevista que aparece al día siguiente en
el periódico B. Es cada vez más frecuente la carta que desmiente
haber dado nunca una declaración al diario A, a la que sigue la
respuesta del periodista que afirma haber leído la declaración en
una entrevista en el periódico B, sin preocuparse de si B no sustrajo
indirectamente la noticia del periódico C. Colecciono un dossier
sobre el argumento y no me pidan que lo muestre.
Entonces, cuando no
habla de televisión, la prensa habla de sí misma; ha aprendido de la
televisión, que habla bastante de televisión.
En lugar de suscitar
una preocupada indignación, esta situación anómala hace el juego al
político, que encuentra útil que de cada declaración suya en un
solo medio se haga eco la caja de resonancia de todos los otros medios
unidos. Así, los mass media, de ventana al mundo, se
transforma en espejo, los espectadores y los lectores miran un mundo
político que a su vez se mira a sí mismo, como la reina de
Blancanieves.
L'Espresso ha
lanzado a menudo campañas que han hecho época. Piénsese en el
célebre e inicial "Capital corrupta, nación infecta".
Pero, ¿cuál era la técnica de esta campaña? Tengo en casa sólo un
año completo de L'Espresso, de 1965, y el otro día lo estuve
hojeando. Del número 1 al 7, los artículos van de la política a la
moda, sin revelaciones extraordinarias. En el número 7 aparece una
investigación de Jannuzzi, "La cedular de San Pedro", donde
se acusa al Vaticano de haber sustraído en tres años 40 mil millones
al fisco, con el consenso del gobierno italiano. Estamos en periodo de
sesiones, se está discutiendo de nuevo el artículo 7 de la
Constitución, el tema es candente. En el número 8 no se retoma el
tema fiscal. Aparece en cambio un servicio sobre Il Vicario de
Hochhut, cuya representación había sido bloqueada por la jefatura de
policía de Roma, con comentarios de Scalfari y un artículo no
firmado de indiscreciones sobre el Concilio. Sin que el lector se dé
cuenta al primer golpe, el tema de Il Vicario se retoma en la
sección teatral de Sandro De Feo. En el número 9 cae la polémica,
pero del 9 al 13 tenemos un monitoreo, un largo servicio de Camila
Cederna sobre los entretelones del Concilio
Es hasta el número
13 y estamos a dos meses después que un artículo de Livio
Zanetti abre el problema político de las discusiones sobre la
revisión del Concordato y sólo al final del artículo el problema se
liga al de los presuntos fraudes fiscales del Vaticano. Se regresa al
tema en el número 14, no en primera plana. En el número 15 Falconi
explora los casos de los curas rebeldes y de la iglesia de Barbiana,
en el número 16 un editorial en primera plana habla del peso
político de una visita de Nenni al Vaticano con la pregunta: ¿sabrá
el Estado italiano hacer valer sus derechos? En el número 18 inicia
una nueva indagación, sobre los misterios de la magistratura.
El periódico tenía
evidentemente su estrategia, sabía que no podía gritar "el
lobo, el lobo" todas las semanas, dosificaba los tonos y las
noticias, dejaba que el lector, poco a poco, se formara una opinión,
hacía sentir a la clase política el peso de una atención discreta
pero constante, dejando entender que, en caso de necesidad, podría
volver al descubierto.
¿Podría un
semanario comportarse actualmente de la misma manera? No.
En primer lugar, L'Espresso
de entonces se dirigía, por su tiraje y su presentación gráfica, a
la clase dirigente; hoy sus lectores han aumentado al menos cinco
veces; ya no puede seguir la técnica de la insinuación sutil,
progresiva, gradual.
En segundo lugar, hoy
la exclusiva inicial el primer artículo del número 7 sería
inmediatamente retomada y ampliada por el resto de la prensa y de los
otros media y para poder retomar el tema el semanario debería
inmediatamente subir el tiraje, encontrar noticias más explosivas a
costa de inflar datos no suficientemente comprobados.
En tercer lugar, en
el mundo político y en sus apariciones en la televisión, el tema
habría alcanzado el nivel del altercado; el objeto de la noticia ya
no sería el hecho de que existe sospecha de fraude fiscal, o un
problema de Concordato, sino la pintoresca confrontación que se ha
dado sobre ese problema y el semanario hablaría solamente de cómo
otros periódicos o noticieros televisivos enfrentan la cuestión.
Finalmente, en cuarto
lugar, entre los elementos de transformación de la prensa, no podemos
dejar de considerar el nuevo comportamiento de la magistratura. La
prensa intervenía allí donde las fuerzas políticas callaban y la
magistratura no veía. Después de Manos Limpias, la magistratura ha
conseguido tal intensidad en la denuncia, a todos los niveles, que a
la prensa le queda muy poco por descubrir. No le queda sino repetir (o
anticipar, en una frenética carrera hacia la indiscreción) las
denuncias que parten del Palacio de Justicia, o cambiar de juego y
denunciar a la magistratura, pero también allí a la zaga de la
televisión. El juego de las partes se convulsiona.
Si en un tiempo un
periódico debía enviar sus propios espías a los pasillos de los
palacios romanos para arrebatar alguna cautelosa declaración a
personas que sabían, hoy debe, eventualmente, procurarse alguien que
le proporcione, no solicitados, sabrosos dossier de quien, si
no se controla la autenticidad, se convierte en amplificador
truculento, perdiendo credibilidad. Es decir, que debe jugar a la
defensiva, parar golpes que vienen de afuera. No quisiera ser
pesimista, pero se corre el riesgo de que quede Pecorelli (que jugaba
a medio camino entre acontecimientos, mundo político, servicios y
periodismo) por encima de Arrigo Benedetti (que pensaba en el
periodismo como un cuarto poder autónomo)
La prensa
incómoda. Inicios de cambio
En cuanto a la
exclusiva, no es que en otras partes las cosas sean diferentes de como
son en Italia, y Francia ha lamentado recientemente que la carrera por
la exclusiva a cualquier costo haya violado la más celosa intimidad
del Presidente de la República. Cuáles serán las consecuencias de
esta carrera por la exclusiva, lo dice una comparación entre el caso
Nixon y el caso Clinton.
Antes de la
investigación del Washington Post sobre Watergate, no hubo
jamás ataques, que no fueran políticos, a la Presidencia y a su
honorabilidad. Si consideramos en sí la entidad del dolo, Nixon
hubiera salido fácilmente acusando a los colaboradores demasiado
diligentes. Pero ha cometido el error de decir una mentira. A ese
punto la campaña periodística ha señalado el hecho de que el
Presidente de Estados Unidos había mentido y Nixon cayó finalmente,
no porque fuera indirectamente culpable de espionaje, sino por ser reo
del embuste. Quiero decir que la elección fue precisa, puntual,
calibrada y justo por eso eficaz.
Lo que hace la
campaña contra Clinton más débil y desarticulada es que ahora ya
aparece una exclusiva por día, y a más de hacerlo no vacila en
atribuir a Clinton e Hillary cualquier falta, de la especulación
inmobiliaria a la alimentación del gato con dinero del Estado. Es
demasiado. La opinión pública está confundida, y permanece
fundamentalmente escéptica. El resultado, también allá, es el
envenenamiento de la lucha política: ahora se sustituye un líder
sólo si se logra meterlo a la cárcel
¿Qué hacer?
Para sustraerse a
estas condiciones quedan a la prensa dos caminos, ambos difíciles,
porque incluso los diarios extranjeros que hasta ahora los han
practicado deben de alguna manera transformarse para adaptarse a los
nuevos tiempos.
La primera es la que
llamo la "vía fidjiana". En 1990 estuve durante casi un mes
en las islas Fidji y el año pasado casi un mes en el Caribe. Podía
leer, en aquellas islitas, solamente el diario local: ocho o 12
páginas, la mayor parte publicidad de restaurantes, noticias de
carácter local y el resto de agencias. Bien, estaba en las islas
Fidji cuando explotó la crisis del Golfo, y en el Caribe cuando en
Italia se discutía el caso del decreto Biondi, y me mantuve al
corriente de todos los hechos esenciales. Estos periódicos
paupérrimos, trabajando sólo con servicios de agencias, lograban dar
en pocas líneas las noticias más importantes del día anterior. A
esa distancia comprendía que aquello de lo que los periódicos no
hablaban no era tan importante.
La vía fidjiana.
Seguir la "vía fidjiana" implica naturalmente, para un
periódico, una tremenda merma en sus ventas. Se convertiría en un
boletín para una élite como la que lee el boletín de la bolsa;
porque para comprender el peso de una noticia dada en forma esencial
se necesita un ojo educado. Sería, sin embargo, una fatalidad incluso
para la vida política, que perdería la función crítica de la
prensa, su aguijón. Los políticos superficiales podrían pensar que
a este punto les bastaría la televisión: pero la televisión, como
toda forma de espectáculo, acaba. Fanfani sobrevivió más tiempo que
Nilla Pizzi. Una clase política crece y madura también a través de
una confrontación amplia, tranquila y reflexiva, como sólo lo puede
permitir la relación con la prensa.
La clase política es
la primera que tiene todo que perder (aferrando sólo alguna ventaja
de breve alcance: pocos, malditos y rápido), de una prensa diaria
totalmente semanalizada y sometida a la televisión.
La atención
prolongada. La otra vía sería aquella que he definido, al
principio, como la atención prolongada: el diario renuncia a
convertirse en un semanario de variedades y se vuelve una austera y
confiable mina de noticias de lo que ocurre en el mundo; es decir, no
hablará del golpe de Estado ocurrido ayer en un país del Tercer
Mundo sino que dedicará a los acontecimientos de ese país una
atención continua, aun cuando los hechos por venir estuvieran en
incubación, logrando explicar al lector por qué (por cuáles
intereses económicos o políticos, incluso nacionales) se debía
prestar atención a cuanto ocurría. Sin embargo, este tipo de prensa
cotidiana requiere de una lenta educación del lector. Hoy en Italia
un diario, antes de llegar a educar en ese sentido a los propios
lectores, los habría perdido. Incluso el New York Times, que
tenía lectores educados y funcionaba en Nueva York con un régimen
prácticamente monopólico, enfrenta ahora al muy coloreado y más
ligero USA Today que le roba mercado.
Podría suceder
también otra cosa. Con el desarrollo de la telemática y de la
televisión interactiva, pronto cada uno de nosotros podría componer
e incluso imprimir en casa con el telecomando, el propio diario
esencial, escogiendo de una gran cantidad de fuentes
El diario
telemático
Podrían morir los
diarios, no los editores de diarios que venderían informaciones con
costos reducidos. Sin embargo, el periódico hecho en casa podría
decir solamente aquello en lo que el usuario está ya interesado de
antemano y lo alejaría de un flujo de informaciones, juicios y
alarmas que habían podido reclamar su atención; le quitaría la
posibilidad de atrapar, hojeando el resto del periódico, la noticia
inesperada y no deseada. Tendríamos una élite de usuarios
informadísimos, que saben dónde y cuándo buscar la noticia, y una
masa de subproletarios de la información, satisfechos con saber
solamente que en los alrededores nació un becerro con dos cabezas: es
lo que ya sucede en los diarios del Middle West estadounidense.
También en este caso
sería una desgracia para los políticos, obligados a replegarse a la
televisión; se tendría un régimen de república plebiscitaria,
donde los electores reaccionarían solamente a las emociones del
momento, transmisión por transmisión, como se suele decir, en el
tiempo real. A alguien le puede parecer una situación ideal, pero hay
que tener cuidado, pues en tal caso no sólo el hombre político sino
los propios grupos y movimientos tendrían la vida breve de una modelo
¿Un futuro
Internet?
Queda abierto un
futuro Internet y políticos como Al Gore lo comprendieron desde hace
tiempo. Entonces la información se difunde por innumerables canales
autónomos, el sistema es acéfalo e incontrolable; cada uno discute
con los otros, no sólo reacciona emotivamente al sondeo en el tiempo
real, sino que dirige mensajes incluso profundizados que descubre poco
a poco, relaciones y discusiones entretejidos más allá de lo que es
la dialéctica parlamentaria o la vetusta polémica periodística.
Pero, ¿qué sucedería, al menos por algunos años?
Ante todo, las redes
telemáticas seguirán siendo un instrumento para una élite
culturizada y joven, no para el ama de casa católica, no para el
marginado al que se dirige Refundación Comunista, no para el
pensionado al que convoca el PDI (Partido Democrático de Izquierda,
ex PCI), no para la señora burguesa que se manifiesta por el Polo (se
refiere al llamado Polo de la Libertad, coalición de partidos de
derecha. N. del T.).
En segundo lugar, no
se ha dicho que estas redes puedan realmente permanecer acéfalas,
sustraídas de todo control de las alturas, porque estamos ya en una
situación de congestionamiento y mañana un Gran Hermano podría
controlar los canales de acceso, ¡y entonces, olvídense de la par
condicio!
En tercer lugar, la
enormidad de informaciones que permiten estas redes podría llevar a
una censura por exceso. El New York Times del domingo contiene
realmente all the news that's fit to print, todo lo que vale la
pena publicar, y no se diferencia mucho del Pravda de los
tiempos de Stalin porque, dado que no es posible leerlo todo en siete
días, es como si las noticias que ofrece fueran censuradas;
demasiadas noticias, ninguna noticia. El exceso de información lleva
a criterios casuales de destrucción o a cuidadas selecciones
permitidas, de nuevo, a una élite educadísima
Función
fundamental
¿Cómo concluir?
Considero que la prensa, en el sentido tradicional del diario y del
semanario hechos de papel, que se consiguen voluntariamente en el
quiosco, tiene aún una función fundamental, no sólo por la
evolución civil de un país, sino también para nuestra satisfacción
y por el placer de estar acostumbrados, desde hace siglos, a
considerar con Hegel la lectura de los diarios como la plegaria
matutina del hombre moderno.
Pero así como van
las cosas, la prensa italiana manifiesta en sus propias columnas una
incomodidad de la que es consciente, sin saber cómo salir de ella. Ya
que las alternativas como hemos visto son difíciles de intentar,
es necesario que inicie una lenta transformación a la cual el mundo
político no puede permanecer ajeno.
Para comenzar, ocurre
a menudo que un hombre político envíe a un periódico un artículo
que aparece bajo la leyenda: "recibimos y publicamos con mucho
gusto". Es un modo de contribuir a la reflexión, de asumir la
responsabilidad de las propias declaraciones. Que pida el político
que se le permita revisar cada entrevista y que suscriba el
entrecomillado. Aparecerá menos en los periódicos, pero cuando lo
haga será tomado en serio. Ganarán ventaja también los periódicos,
que no se verán condenados a registrar solamente golpes de humor
arrancados entre uno y otro café.
¿Cómo llenará la
prensa estos vacíos? Tal vez buscando otras noticias en el resto del
mundo, que no es el pequeño cuadrado entre Montecitorio y el Palazzo
Madama, cuadrado que a millones de personas no les importa en
absoluto. Y también se trata de millones de personas que deben
importarnos, de las que la prensa debe hablar más, no sólo porque
miles de nuestros conciudadanos construyen algo con ellos, sino porque
de su crecimiento o de su crisis depende el futuro de nuestra
sociedad, y querría decir de la sociedad europea, sometida a flujos
no ya inmigratorios sino migratorios de alcance histórico.
Esta es una
invitación tanto para la prensa como para el mundo político, a mirar
más al mundo y menos al espejo
Texto leído por
Umberto Eco en un seminario promovido por la presidencia del Senado,
en Italia, a fines de enero de 1995 y publicado originalmente en L'Unità,
febrero de 1995. etcétera, en su primera época, lo reprodujo
en junio de ese año.
|