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Resumen
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Introducción
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El problema y su delimitación
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Justificación y objetivos de la
investigación
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Marco teórico
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El fascismo y su dominio
psicológico de las masas
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La psicología de masas del fascismo
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La captación de las masas
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La violencia psíquica
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Marco metodológico
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La campana diseñada por Joseph
Goebbels continua vigente en la actualidad venezolana
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Intervención del sistema educativo
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Mítines
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Conclusiones y recomendaciones
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Bibliografía.
RESUMEN
Es imposible analizar la propaganda mundial sin centrarse
en el fenómeno que fue Joseph Goebbels, un filosofo-historiador que dicto
principios que aun en nuestros días permanecen vigentes. Se busca ver lo que
fue la vida de Goebbels, sus principios generales aplicados a nuestro caso
particular venezolano, y ver si los mismos siguen presente en la memoria de
nuestra población. Sin un previo estudio de la psicología realizado por este
pensador, habría sido prácticamente imposible que dichas acciones fuesen
tomadas a cabalidad y con el impacto tan grande que causaron, llegando a
cambiar la forma de pensar de una nación completa. Su aplicación a nuestro
momento viene dada por dos ramas, una la modificación sugerida en el pensum
de la educación venezolana, donde se inserta la instrucción pre-militar como
materia obligatoria, y por otro lado en el estilo comunicacional del
Presidente Hugo Chavez, al cual hemos dedicado un capitulo adicional, a fin
de establecer claras definiciones a este concepto. Luego se procedió a hacer
un análisis de la población del Municipio Baruta a ver si en efecto
recordaban la propaganda como medio de ideologización, a fin de establecer
si los objetivos fijados habían sido verificados cabalmente.
INTRODUCCIÓN
En el día a día de nuestra carrera como publicistas,
encontramos como personas de nuestro entorno tienen conceptos errados o
vagos en cuanto a lo que es publicidad. Así también se ve a diario como el
total desconocimiento de hechos y personajes que marcaron época en nuestra
historia, nos sumen en un oscuro mundo de ignorancia; bien lo decía un
profesor del cual recibimos clases en nuestro andar por los pasillos de este
centro, "No se debe temer a nada, sino a la ausencia de conocimiento" (Lucio
Solano).
En el transcurrir de nuestras vidas, no podemos dejar de
lado esta constante búsqueda del conocimiento, por una sencilla razón, y es
que el mundo avanza y nosotros debemos avanzar con el.
Si bien es cierto que el conocimiento crece día a día,
también es cierto que hay cosas que por nunca variaran, todos sabemos que
las manzanas caen hacia abajo como lo determino Isaac Newton, que la Tierra
gira alrededor del sol como lo comprobó Galileo, y que "Una mentira dicha
mil veces se convierte en verdad", pero esto no sabemos a ciencia cierta
quien lo dijo; mucho se habla de un tal Joseph Goebbels, pero nos
preguntamos ¿puede una persona que vivió hace 50 años, influir aun en
nuestras vidas?, el presente estudio buscará dilucidar esto.
En muchas de las noticias que vemos en la política
nacional, se nombra frecuentemente a las "Técnicas Goebelianas", pero serán
estas técnicas mitos tales como el del Dorado, o una mas de las habladurías
de nuestros políticos que gustan de decir cosas que ni siquiera saben de
donde provienen, nuestro leit motiv (motivo principal) en el desarrollo de
este trabajo, es dar luz a ese vacío de conocimiento que gira en torno a uno
de los hombres que rodeo a uno de los caudillos mas grandes de la historia
como lo fue Adolf Hitler.
CAPITULO I
EL PROBLEMA Y SU DELIMITACIÓN
Planteamiento del problema.
Los grandes medios de comunicación son vistos como
elementos desencadenantes de manejos sociales orientados hacia la
despersonalización y a la alienada sumisión que suele observarse en relación
a los principios de la "sociedad de consumo". Es en esta instancia donde
surge el concepto de "manipulación".
Aunque durante mucho tiempo se ha creído que la
propaganda era sinónimo de publicidad, es un error pensar esto.
El origen del término propaganda es la religión, que hace
propagación de la fe. Por extensión pasa al estado(pues era el otro punto de
poder que también tenía como objetivo la difusión ideológica). Al aparecer
el poder económico de la burguesía se crea la publicidad, que defiende sus
intereses y que tiene como objetivo la venta(acción directa). Por esto la
propaganda queda como símbolo del antiguo régimen. Aún así no se puede decir
que la publicidad no tenga ideología.
La publicidad institucional es la que pretende prestigiar
a la empresa fabricante del producto o realizadora del servicio anunciador
para crear en torno a ella un clima de confianza por parte del consumidor o
usuario.
Y la publicidad es la que invita a adquirir éste o aquel
bien, es la que da a conocer "lo nuevo".
En la sociedad de hoy, la publicidad tiene un fin de
profundo impacto en como las personas entienden la vida, el mundo y a si
mismas, especialmente con relación a sus valores y sus modos de elección y
comportamiento.
Ésta como los medios de comunicación social en general,
actúa como un espejo; un espejo que ayuda a dar forma a la realidad que
refleja y, algunas veces ofrece una imagen de la misma, deformada o aquella
que se pretende evidenciar de un modo u otro.
La publicidad es una actividad que caracteriza
intencionalmente el mensaje que se elabora, buscando cambios de actitudes,
rasgos cognitivos y comportamiento de los destinatarios, utilizando para
ello diversos soportes tecnológicos. A través de la publicidad los medios
masivos de comunicación obtienen los ingresos que permiten cubrir los costos
de producción del producto que le interesa consumir al público y obtener
ganancia que justifica la inversión del capital. La venta de espacios
publicitarios es la principal fuente de ingresos de los medios de
comunicación.
Debido a la publicidad y el poder de los medios de
comunicación, la sociedad actual posee una inmensa capacidad para convertir
las cosas importantes en secundarias y para conceder valor a las
secundarias. Es por ello que paulatinamente se ha desarrollado una cultura
enormemente consumista; las ciudades tienden a convertirse en inmensas
vitrinas repletas de mercancías y de publicidad, y lo efímero del "gusto" y
de los "usos" se refleja en los botes de basura, en las chiveras, en los
electrodomésticos tirados casi nuevos, etc.
Las propagandas y los medios de comunicación tienden a
uniformar los gustos y las aspiraciones y, en el fondo, casi todas las
personas terminan convirtiéndose en "monos de imitación". Como contemplan
idénticos programas y reciben idénticos mensajes, la mayoría poseen
idénticas aspiraciones.
Los medios modernos han debilitado en los individuos la
capacidad de asombro. La propaganda moderna no se dirige a la razón, sino a
la emoción como todas las formas de sugestión hipnótica, procura influir
emocionalmente sobre los sujetos, para someterlos luego también desde el
punto de vista intelectual. Esta forma de propaganda influye sobre el
cliente acudiendo a toda clase de medios: la incesante repetición de la
misma formula; el influjo de la imagen de alguna persona de prestigio, por
medio del sex-appeal de alguna muchacha bonita, debilitando al propio tiempo
su capacidad de critica, mediante el terror, señalando el peligro del "mal
aliento" que nunca es capaz de derretir nada como nos hacen ver, o de alguna
enfermedad de nombre misterioso, o bien estimulando su fantasía acerca de un
cambio imprevisto en el curso de su propia vida debido al uso de determinado
tipo de camisa o jabón. Todos estos métodos son esencialmente irracionales,
no tiene nada que ver con la calidad de la mercancía y debilitan o matan la
capacidad crítica del cliente.
"El cambio en la gente parece ser un proceso de etapas
graduales de las cuales se conocen las siguientes etapas:
-
Primeras noticias: la persona percibe información acerca de lo
nuevo.
-
Interés: se interesa, buscan mas datos, preguntan, discuten.
-
Evaluación: hace un balance y acepta o rechaza la oferta.
-
Adopción: cambia su conducta e incorpora lo nuevo" (Philip Kotler)
-
Dentro de las técnicas comerciales modernas, la
publicidad es indispensable en cuanto medio de información acerca de los
productos disponibles o para facilitar el contacto entre vendedores y
compradores.
La publicidad puede llegar a ser nociva cuando su
objetivo apunta a crear artificialmente necesidades de bienes superfluos que
pueden impedir la atención de necesidades realmente fundamentales, o
encarece los costos de producción con costosas campañas que tienden a
promocionar artículos competitivos que tiene muchos menos diferencias entre
si que las que sus promotores intentan hacer creer al publico.
La publicidad está relacionada con la propaganda pues
emplea técnicas similares: una suele inspirarse en la otra. La diferencia
está en que la publicidad se refiere mas específicamente a lo económico,
tratando de vender un determinado producto.
Se llama propaganda al conjunto de técnicas destinadas a
propagar ideas, doctrinas y opiniones para hacer que esos conceptos sean
aceptados por la gente que, como consecuencia, las personas y los grupos
convencidos se adhirieran a ellas.
La propaganda es esencialmente política, la publicidad,
esencialmente comercial. Ambas serán moralmente aceptadas o repudiables,
según los fines que persigan y los medios que empleen.
Un requisito imperativo de los medios de comunicación
social, y en especial para la publicidad, en lo que respecta al consumo, es
que respete a la persona humana y su derecho o deber de hacer una elección
responsable, su libertad interior; se vulneran todos estos bienes cuando se
explotan las bajas inclinaciones del hombre, o se disminuye su capacidad
para reflexionar. Dado todo este amplio preámbulo es de notar el centro de
nuestra investigación. Que si bien tanto su desenlace como sus ideas, no es
punto a ser juzgado ni apoyado por el equipo, es de amplio interés.
Hablar de propaganda y no mencionar al cerebro creador de
todas las técnicas que aun hoy en día se utilizan, en una cuestión inútil,
ya que si no se conoce en que circunstancias y bajo que contexto surgió la
misma es sumamente difícil el entender este concepto. Tal como se
evidenciara posteriormente, la propaganda tiene su origen en la Alemania
nazi y de la mano de un Filosofo llamado Joseph Goebbels; que si bien su
nombre no figura entre los mas nombrados durante la segunda guerra mundial,
a su ingenio podemos atribuir todo lo difundido por el bloque nazi en su
campaña de la guerra. Al punto de que ya próximos a la toma de Berlín,
seguía arengando al pueblo alemán a salir a las calles a celebrar la
victoria contra los invasores aliados.
Es por todo ello que se busca dilucidar si en realidad
"¿Joseph Goebbels ¿Sigue vivo en la propaganda mundial?"
Justificación
Siempre ha existido latente el mito del nazismo, Adolfo
Hitler, y todo lo que rodeo los hechos de la segunda guerra mundial, es
importante saber como una campaña mediática, realizada hace mas de 5
décadas, siga permaneciendo en el "top of mind" de las personas, para
cualquier niño aun de escasa de edad es fácil reconocer lo que es y
representa una cruz gamada, y esto fue una campaña; como ya lo hemos
mencionado; realizada mucho antes de su nacimiento.
A través de revisar la historia del mundo, se ve como
(tal como sucede con muchos caudillos) un hombre puede llegar a alcanzar
posiciones muy altas, manejar grandes masas de gente, si su imagen es bien
manipulada por un tercero que permanece bajo el velo del "caudillo, pero que
a su vez es el pensador detrás del "Héroe", es el quien se va a encargar de
mover los hilos que le dan vida a este "títere con carisma".
Objetivos de la investigación
Objetivo General
Demostrar que la campaña diseñada por Joseph Goebbels, para el nazismo y
sus principios, continúan presentes hoy en día y mantienen vigencia en la
creación de cualquier campaña institucional.
Objetivos Específicos.
Determinar el aspecto institucional logrado por la manipulación de las
masas en el seguimiento de un líder, aplicando los principios
propagandísticos de Joseph Goebbels.
Revisar que los distintos principios propagandísticos aplicados en la
apoca del nazismo por Joseph Goebbels, siguen manteniendo vigencia hoy en
día.
CAPITULO II
MARCO TEÓRICO
Antecedentes
Los acontecimientos de los primeros años del nazismo no pueden
comprenderse a menos que se reconozca que en el periodo de 1.930 a 1.940, en
la cumbre de su éxito, el fuhrer logró persuadir a una gran parte de la
nación alemana que en el encontraría un gobernante de cualidades
sobrehumanas, un hombre de genio enviado por la providencia para inducir a
los germanos a la tierra prometida. Todo esto, según cuenta la historia, fue
obra de un hombre que permaneció en el anonimato no total, pero si velada su
importancia en este proceso de cambio para el mundo, este hombre fue, nada
mas y nada menos que Joseph Goebbels. Es por ello que a continuación se
realizarán comparaciones entre lo que sucedió en está, para algunos,
fatídica época, y nuestra realidad actual a fin de poder establecer
parámetros que diferencien claramente la actitud de los pueblos a los
distintos estímulos presentados, en tan distintas fechas.
Joseph Goebbels -quien paradójicamente había sido criado en una casa de
tradición judía al igual que su mujer, Magda- fue quizás el único verdadero
intelectual de los altos mandos nazis. A cargo del Ministerio de Propaganda,
se convirtió en el principal aliado de Adolf Hitler en su tarea de obnubilar
a las masas mediante tácticas maquiavélicas de manipulación de información y
control absoluto sobre prensa gráfica, radio, cine, arte, literatura e
incluso teatro.
Fue uno de los miembros de la vieja guardia del partido nazi, luego
Gauleiter de Berlín y, desde 1933, ministro de Propaganda del Reich. De
pequeña estatura y rengo por efecto de la poliomielitis infantil, Goebbels
fue, sin embargo, un hombre que irradiaba un gran encanto personal. Durante
las reuniones del partido era siempre el centro de la atención por sus
bromas y sentido del humor y supo conquistar el corazón de las mujeres más
lindas de Alemania. Era un excepcional orador y tenía un coeficiente mental
igual o incluso superior al del mismo Hitler, lo que le permitió explotar el
arte de la propaganda con un nivel de eficiencia increíble. En apenas un par
de años logró hacer de la figura de Hitler un mito a los ojos del pueblo
alemán y durante la guerra transformaba las peores derrotas militares en un
aliciente moral para seguir peleando con más fuerza contra el enemigo.
La información acerca de los alemanes era obtenida mayormente de la
Sicherheist-Dienst (SD) de la policía secreta. Además, Goebbels dependía de
sus propias Oficinas de Propaganda del Reich, de funcionarios alemanes y de
contactos con civiles o soldados. Los datos sobre países aliados, neutrales
o enemigos eran recopilados a partir de espías, conversaciones telefónicas
interceptadas e interrogatorios de prisioneros.
El estudio de la eficacia psicológica de Hitler sobre las masas debía
partir de la idea de que un führer representante de una idea, no podía tener
éxito (no un éxito histórico sino esencialmente pasajero) más que si sus
conceptos personales, su ideología o su programa se encontraban en armonía
con la estructura media de una amplia capa de individuos integrados en la
masa. Un führer no puede hacer la historia más que si las estructuras de su
personalidad coinciden con las estructuras de amplias capas de la población,
vistas desde la perspectiva de la psicología de masas. Dice Domenach: "es
innegable que un cierto número de mitos hitlerianos correspondían o bien a
una constante del alma germánica, o bien a una situación creada por la
derrota, el desempleo y una crisis financiera sin precedentes".
Como todo movimiento reaccionario, el de Hitler se apoyaba en varias
capas de la llamada por algunos autores pequeña burguesía. Se caracterizaba
a este segmento social mediante la metáfora de un ciclista: "por arriba
curva su espalda, por abajo patalea"("Nach oben buckelt er, nach unten tritt
er", según lo citaba P. Reiwald). Con esto se quiere explicar un componente
psicoétnico del pueblo alemán: la sumisión hacia quienes están encima y la
brutalidad para con los de abajo. Había también un componente místico en las
clases medias alemanas, que Hitler aprovechó para proclamar que Alemania era
la encargada de cambiar el mundo. Esto, sumado a la profileración de
corrientes intelectuales reaccionarias (Gobineau, Wagner, Chamberlain,
quienes ponían el acento sobre todo en la cuestión racial, y otros que
apelaban al espíritu guerrero del pueblo alemán, magnificando las gestas
teutonas) a fines del siglo diecinueve, creó el caldo de cultivo para la
proliferación de este tipo de fenómenos.
Hay algo evidente: cuanto más numerosa e influyente en una nación es la
clase media, más probable es que haga su entrada en la escena política como
fuerza social. Por otra parte, las contradicciones intrínsecas del fascismo
no hacen más que reafirmar su base de masas de clase media. Que los
intereses subjetivos de estas masas hayan sido aprovechados por Hitler al
incluir en su plataforma la lucha contra el gran capital, y que el fascismo,
en su función objetiva, se haya convertido en defensor fanático del
imperialismo y pilar del orden económico del gran capital, son hechos que
llevan a la convergencia en el nacionalsocialismo.
Para comprender la ideología, la situación del pequeño campesino, del
funcionario y del comerciante medio hay que tener en cuenta sus matices
económicos, pero fundamentalmente su identidad familiar común .Si nos
focalizamos en las clases medias urbanas, vemos que la rápida evolución de
la economía capitalista en el siglo XIX lleva a la pauperización de los
pequeños comerciantes y artesanos. Ante las grandes industrias, que producen
más barato y más racionalmente, las pequeñas empresas están destinadas a
desaparecer. Esta situación los llevaría tarde o temprano a confundirse con
la gris masa del proletariado.
La pequeña burguesía se rebeló, al fin, contra el sistema, encarnado en
el régimen marxista de la socialdemocracia. Pero dado el carácter
competitivo de los estratos medios, fundamentalmente de los funcionarios del
estado, no se observa una identificación de la pequeña burguesía con sus
iguales o con los obreros industriales, un sentimiento de solidaridad, lo
que Marx amalgamó en una "conciencia de clase" (Karl Marx, Múltiples
discursos).
La conciencia social del funcionario no está determinada por el
sentimiento de una comunidad de destino con sus colegas, sino por la actitud
cara a la autoridad establecida y a la nación. Para el funcionario esta
actitud consiste en una identificación absoluta con el poder estatal;
súbditos con respecto a la autoridad, se convierten en los representantes de
esa misma autoridad en sus relaciones con sus subordinados y, por este
motivo, gozan de una especial protección moral. Esta identificación con la
administración del Estado y la nación, que puede resumirse en la fórmula:
"Yo soy el Estado", es una realidad psíquica que nos proporciona uno de los
mejores ejemplos de una ideología convertida en poder material. Como
resultante de su dependencia material, su personalidad se transforma a
imagen de la clase dominante. En palabras de W, Leich: "Por tener los ojos
perpetuamente clavados en lo alto, el pequeño burgués acaba por cavar una
fosa entre su situación económica y su ideología". Esta "mirada clavada en
lo alto" es lo que distingue esencialmente a la estructura pequeño burguesa
de la del obrero de la industria en Alemania. En otros países, como EEUU, el
aburguesamiento de los trabajadores de la industria anula esta distinción.
Para penetrar en el mundo obrero, el fascismo propone la supresión de las
clases, o lo que seria lo mismo la supresión del proletariado, recurriendo
al sentimiento de vergüenza que sufre el trabajador manual (el desprecio por
este tipo de tareas es uno de los elementos reaccionarios más importantes,
al llevar a querer imitar al empleado de oficina). Sumémosle a esto que los
trabajadores emigrados del campo traen consigo una ideología de familia
rural que es el mejor caldo de cultivo para causas imperialistas y
nacionalistas. Otro elemento a tener muy en cuenta es la importancia que
revisten los pequeños hábitos diarios, hecho sistemáticamente ignorado por
el movimiento revolucionario. Lejos de ser costumbres propias de este
estrato social, constituían la expresión visible de que se acusaba recibo de
la propaganda nacionalsocialista. La represión de la mujer, el vaso de
cerveza bebido en familia, el traje "elegante" de los domingos -todos ellos
símbolos del adocenamiento que se estaba produciendo-, penetraban en cada
rincón de la existencia cotidiana, mientras que el trabajo de la fábrica y
los panfletos revolucionarios no actuaban más que durante unas horas.
De este modo, cuando la crisis económica impactó a esta capa social, su
sensibilidad revolucionaria estaba embotada producto de decenios de
estructuración conservadora. La afirmación comunista de que la política de
la socialdemocracia le había abierto las puertas al fascismo era exacta
desde el punto de vista de la psicología de masas. Afirma W. Leich que "a
falta de organizaciones revolucionarias, decepcionado por la
socialdemocracia y angustiado por la contradicción entre su empobrecimiento
y el pensamiento conservador, el trabajador se arroja en los brazos del
fascismo".
En la línea del centralismo de poder nazi, Goebbels concentraba en su
figura la mayor cantidad de funciones posibles dentro de su Ministerio. Esto
llevó a roces con titulares de otras carteras (el Ministerio de Asuntos
Extranjeros incluso el Ejército).
Un asunto muy importante en estos menesteres era el de la credibilidad:
sólo ésta debía determinar si los materiales de la propaganda habrían de ser
ciertos o falsos. Para Goebbels lo importante era lo expeditivo y no lo
moral. Para mantener la credibilidad, sin embargo, la verdad debía ser
utilizada con la mayor frecuencia posible. Por ende, las mentiras eran
útiles cuando no podían ser desmentidas. De allí surge una de sus máximas
citada por Adolf Hitler en su libro "Mein Kpaf" o "Mi Lucha" donde se dice
"Una mentira dicha mil veces, se convierte en verdad" (1944).
No se tenía el menor escrúpulo respecto del uso de la censura. "La
política de las noticias -aseveró Goebbels- es un arma de guerra; su
propósito es el de hacer la guerra y no el de dar información". La política
habitual consistía en suprimir materiales considerados indeseables para el
público alemán para luego usarlos como propaganda en el exterior si eran
apropiados. Por ejemplo, las historias referentes a un supuesto canibalismo
de los rusos eran difundidas en países extranjeros, pero no en Alemania para
no aterrorizar a los familiares de los soldados.
Un elemento manejado con maestría por parte de Goebbels era la llamada
"propaganda negra". Se denominaba así a aquel material cuya fuente quedaba
oculta para la audiencia. Se presumía que el hecho de desperdigar rumores
para que actuaran por sí solos como propaganda tendría más posibilidades de
ser creído si las autoridades alemanas no estaban relacionadas con él.
También se utilizaban medidas negras para combatir rumores indeseables
dentro del Reich, ya que una desmentida oficial, según Goebbels, no haría
más que reforzarlos.
Otra metodología significativa era etiquetar los acontecimientos y las
personas con frases y consignas distintas pero fácilmente retenibles. La
tarea de Goebbels consistía en vincular los sucesos con los cliché verbales
que iban a adquirir un especial significado. Estas denominaciones debían ser
utilizadas una y otra vez, pero sólo en las situaciones apropiadas. "Prohíbo
utilizar la palabra Führer en la prensa -dijo Goebbels- cuando es aplicada a
Quinsling, pues no considero justo que se aplique el término Führer a
ninguna otra persona que no sea el propio Führer". Aquí se evidencia
claramente como se buscaba manipular todo en este régimen, hasta el mas
mínimo detalle era estudiado por este individuo.
Otro de los principios propagandísticos de Goebbels cuya comprensión
ayuda a explicar el fenómeno de persecución y exterminio de minorías
(judíos, gitanos) era el que rezaba que "la propaganda debe facilitar el
desplazamiento de la agresión, especificando los objetivos para el odio". En
general, la táctica era desplazar la agresividad alemana hacia algún grupo
marginal como los antes citados.
Por último, el propio Goebbels reconocía seis situaciones en las que la
propaganda era impotente o tenía muy escaso margen de acción:
-
Impulso básico sexual
-
Impulso básico del hambre
-
Intentos de aumentar la producción industrial
-
Alteración de impulsos religiosos
-
Ataques aéreos enemigos
-
Situación militar desfavorable
Fue ante estos acontecimientos -principalmente los dos últimos-,
generalizados a lo largo del territorio alemán a partir de 1943, que el
régimen nazi comenzó a desmoronarse hasta la capitulación a principios de
1945. Posteriormente, como es sabido, se suicidaron Adolf Hitler, Heinrich
Himmler (a cargo de la consolidación de las Schutzsaffel, conocidas como SS,
la GESTAPO y la red de campos de concentración) y Joseph Goebbels, quien
junto con su esposa envenenó a sus hijos para posteriormente quitarse su
propia vida.
A grosso modo, la propaganda hitleriana esta caracterizada principalmente
por tres elementos:
-
Renuncia a las consideraciones morales.
-
Apelación a la emotividad de las masas.
-
Empleo de reglas racionales para la formación de reflejos
condicionados conformistas en las masas.
Es imprescindible el análisis a fondo de la propaganda fascista y su
impacto en las masas para así comprender cómo las masas fueron engañadas,
desorientadas y sumidas a influencias psicológicas.
En Alemania, tanto Hitler y Goebbels, las dos personalidades más notorias
del movimiento nazi, como sus adláteres (entre los que se destacan Hermann
Göering, quien sólo estaba detrás del Führer en la cadena de mando; Hjalmar
Schacht, quien manejaba el Reichsbank y la cartera de Economía; Baldur von
Schirach, líder del movimiento juvenil nazi; Ernst Roehm, quien formó las
Sturmabteilung o SA y fue asesinado durante la llamada "Noche de los
Cuchillos Largos" en 1934) son los referentes ineludibles de este fenómeno.
Mussolini, por su parte, sólo contaba con un Ciano a su disposición para
estos fines, pero fue el inspirador de muchas de las técnicas adoptadas por
Hitler durante su estadía en el poder.
Quizás una de las dinámicas inherentes a las técnicas propagandísticas,
el bluff en todo momento y lugar, haya sido uno de los factores que
contribuyó al derrumbe de esta parafernalia -y luego del propio régimen- al
volverse contraproducente en momentos de reveses bélicos e incertidumbre en
la población civil.
Marco Teórico
La manipulación de las masas llevada a cabo por el fascismo parece
inconscientemente inspirada en la doctrina de Pavlov y sus reflejos
condicionados, leyes que rigen las actividades nerviosas superiores del
hombre. La propaganda, considerada por Goebbels como un arma de guerra,
constituía el elemento fundamental con el que se atraía nuevos adeptos a la
causa del nacionalsocialismo. La actividad propagandística tiene dos
funciones primordiales: inculcar un número elevado de ideas a un grupo
reducido de personas y agitar a un gran número de personas mediante un
número reducido de ideas. Los que sucumben ante esta estrategia son
pequeño-burgueses, presas fáciles del miedo que resulta de una sugestión
imperativa como la del régimen hitleriano. El autor soviético Serge
Tchakhotine afirmaba que esta porción de la sociedad poseía un sistema
nervioso inestable, y que a menudo se sentían contentas al verse dominadas y
guiadas.
Entre los factores visuales utilizados para atraer a las masas, se
observa el predominio del color rojo (al que se le atribuye una acción
fisiológica excitante y es utilizado generalmente por partidos de izquierda
o pretendidamente "revolucionarios") y los uniformes militares de colores
vistosos. Parafraseando a Domenach: "la propaganda toma de la poesía la
seducción del ritmo, el prestigio del verbo e incluso la violencia de las
imágenes". Para actuar sobre los sentimientos de amor y alegría, es decir
sobre los sentimientos eróticos sublimados, se debían utilizar los bailes
públicos, las tonadas populares, desfiles con la presencia de gimnastas o
flores.
En el aspecto social, Hitler copió las prácticas de la Iglesia Católica,
en las que el incienso, la semioscuridad y las velas encendidas crean un
estado especial de receptividad emotiva.
En los mítines, había que tener en cuenta la habilidad de los oradores
para alternar lapsos de tensión discursiva con comentarios relajados,
manteniendo así a la multitud expectante. Las directivas para la "creación
de entusiasmo" en la multitud (arengar a la masa, entonar himnos combativos,
acompañar las consignas con movimientos del cuerpo, por ejemplo el puño en
alto, lo que constituía la llamada "gimnasia revolucionaria") son en buena
parte acústicas; los "tóxicos sonoros", como los llama De Felice. El ritmo y
la cadencia de los sonidos va acompañado de un bloqueo de la conciencia,
propiciando un estado de naturaleza hipnótica. La música instrumental es el
más eficaz de estos tóxicos. En ella, los instrumentos de percusión ocupan
el lugar preponderante, ya que son los encargados de llevar el ritmo. El
timbre de algunos instrumentos como la trompeta tiene la propiedad de causar
una exaltación general.
El poder de Goebbels amainó en 1937 y 1938, tiempo en el que, por cierto,
sostuvo un affaire con una actriz checoslovaca que estuvo a punto a hacer
naufragar su matrimonio. Iniciada la guerra, Goebbels pasó a un segundo
plano. No era algo en modo alguno extraño: en tiempos de victoria la
propaganda no es un artículo de primera necesidad.
Sin embargo, tras las derrotas de la Wermacht en Africa y Stalingrado,
Goebbels tuvo oportunidad de demostrar su genio en la medida en que el
fracaso es el caldo de cultivo de la propaganda.
Contrario a lo que se piensa y a su propio axioma ("Una gran mentira
repetida acaba por convertirse en verdad"), Goebbels no falseó jamás los
hechos y expuso con dramático énfasis que la situación del país y del
ejército era por demás precaria. Prueba de ello es el discurso en el que
llamó a la guerra total, y que pronunció poco después de la derrota de
Stalingrado, batalla que a la postre determinó el rumbo de la guerra.
Goebbels continuó con su labor de propaganda, incluso sin el apoyo de la
prensa y la radio, intentando que resurgiera la esperanza a partir de
elaborar paralelos históricos, evocando leyes inmutables de la historia y,
en última instancia, refiriéndose a fabulosas y ficticias armas secretas.
Así, el Ministro de Propaganda del Reich demostró tener el coraje del que
carecían otros miembros de la jefatura nazi, apareciendo constantemente ante
las masas mientras sus compañeros de partido se retiraban y escondían en
búnkeres y fortalezas.
Tras el intento de asesinato en contra de Hitler (julio 20, 1944)
Goebbels consiguió su objetivo secreto y fue nombrado, el 25 de agosto de
ese año, "Plenipotenciario del Reich para la Guerra Total". Pero era —y él
lo sabía— demasiado tarde.
A continuación mostramos un resumen de un discurso presentado por
Goebbels ante el pueblo nazi utilizando como medio su periódico del
ministerio.
Era por la noche y yo estaba disfrutando del placer de la lectura con un
buen libro. Estaba relajado y el teléfono sonó, lo cogí con inquietud, la
llamada era peor de lo que esperaba, Horst Wessel había sido tiroteado. Con
miedo, yo pregunté, ¿muerto? No, pero no hay muchas esperanzas. Yo sentí
como si las paredes se me vinieran encima. Era increíble, no podía ser.
Pocos días después, me encontraba dentro de una pequeña habitación en el
sótano de un hospital, estaba impactado por lo que estaba viendo. Un impacto
de bala en la cabeza había producido un daño terrible a ese heroico
muchacho, su cara estaba destrozada. A duras penas podía reconocerle, pero
él estaba feliz, estaba sereno y le brillaban los ojos. A pesar de esto no
podíamos hablar durante mucho tiempo, el doctor le ordenó que estuviera en
calma. El solo me repetía estas palabras: Yo soy feliz, el no necesitaba
decir esto. Su juventud y su brillante sonrisa se sobreponían a la sangre y
a las heridas. El aun tenía esperanzas.
Yo me senté en su cama, era Domingo por la tarde, mientras que un flujo
de visitantes iba llegando hasta la noche. Uno podía tener esperanza, la
fiebre estaba bajando, y las heridas cicatrizaban. Él se incorporó un poco y
habló, ¿sobre qué? ¡Una pregunta tonta! A cerca de nosotros, a cerca del
movimiento, a cerca de sus camaradas. Ellos se mantuvieron firmes en su
puerta todo el día, uno tras otro llegaban y levantaban el brazo para
saludar al joven líder, en ese momento. Yo no podía considerarlo de otra
manera.
Le miré las manos, que eran ahora pequeñas y blancas. Su nariz resaltaba
en su cara, y sus ojos mantenían el brillo, pero la fiebre volvía, el no
comía, su salud gradualmente declinaba, aunque su espíritu se mantenía
fresco. No le permitían leer, solo le dejaban hablar, era difícil obedecer
las advertencias de la enfermera. Cada vez que salía de la habitación , no
sabía si lo iba a ver de nuevo, ¿quién lo sabía?. Si la sangre no se
envenenaba todo iría bien.
La solitaria madre se sentaba fuera, destrozada, su cara reflejaba una
pregunta.¿ conseguirá su hijo salir de esta situación? ¿qué podía decir uno
salvo sí?. Yo intentaba convencerme a mí mismo y a los demás. Su estado
empeoraba, pero el Jueves, estaba un poco mejor, él quería hablar conmigo,
el doctor me dejo un minuto. Que duro es estar en una habitación donde la
muerte está presente. El no conocía como de seria era su situación, pero
sentía que quizá esta no fuera la última oportunidad de no rendirse. La
enfermera le ayudó muchísimo, y eso le reconfortaba. Yo le decía, no pierdas
la esperanza, la fiebre va y viene, el movimiento también ha sufrido en los
dos últimos años, pero ahora es fuerte y compacto. Esto le consolaba.
¡Vuelve! , sus ojos, sus manos, sus secos labios, decían, yo salí con el
corazón encogido. Yo temía que fuera la última vez que le viera.
El Sábado por la mañana, todo era irremediable, el doctor no permitía
visitas largas, tenía alucinaciones, no reconocía ni a su propia madre.
Eran las 6:30 de la madrugada del Domingo, él murió después de una dura
lucha. Estuve sobre su cama dos horas más tarde, no podía imaginarme que
aquel era Horst Wessel, su cara estaba amarillenta, las heridas todavía
cubiertas con los vendajes, la barba sin afeitar, sus ojos medio cerrados y
vidriosos miraban fijamente a la eternidad. Sus pequeñas manos yacía en
medio de flores, tulipanes rojos y violetas.
Horst Wessel había muerto. Sus restos mortales mostraban lucha y
conflicto. Casi podía sentir, a su espíritu elevarse, vivir con nosotros. Él
lo creía, él lo sabia. Él marchaba en espíritu en nuestros corazones.
Un día en Alemania, trabajadores y estudiantes marcharan juntos cantando
su canción. Él estará con nosotros. Él lo escribió en un momento de éxtasis,
de inspiración, la canción emanó de él, nació como testimonio de su vida.
Nuestros camisas pardas lo están cantando en toda nuestra nación. En 10
años, los niños la cantaran en las escuelas, los trabajadores en las
fábricas, los soldados en las marchas. Su canción le hará inmortal, ésta
refleja como murió y como vivió. Un viaje entre dos mundos, entre el ayer y
el mañana, entre lo que fue y lo que será. ¡Un soldado de la revolución
alemana!. Él estuvo siempre en pie con la mano en su cinturón, erguido y
orgulloso, con la sonrisa de juventud en sus rojizos labios, siempre listo
para arriesgar su vida, así es como nosotros le recordaremos.
Las perpetuas e interminables secciones marcharan con su espíritu. Un
pueblo humillado se levantará y comenzará a moverse. La Alemania que se
levanta demanda estos derechos ¡Libertad y prosperidad!. El marcha detrás de
nosotros en espíritu, muchos no le conocerán, otros irán donde el está ,
otros muchos vendrán. Él cabalgará en silencio con nosotros. Las banderas
ondearan, las trompetas sonaran y en millones de gargantas resonara la
canción de la revolución nacionalsocialista. (Joseph Goebbels, Febrero
1930).
Aquí vemos claramente como un simple acto de la cotidianeidad alemana,
puede ser modificado a fin de enardecer a las masas, para que realicen
acciones a nuestro antojo.
En 1933, Hitler conseguía la ascensión al poder por vías totalmente
legales; para ello se sirvió de las frustraciones de los alemanes para
presentarse como el único capaz de reparar esas insatisfacciones. Pero
pronto convertiría a la República en un régimen totalitario. Desde el punto
de vista político, asumió todo el poder, acabó con la oposición (tanto la
exterior como la del propio partido) y convirtió Alemania en un estado
unitario y centralizado. En cuanto a la política social, se basó en el
racismo o jerarquía de razas; los judíos fueron especialmente perseguidos.
Para alcanzar este poder (y posteriormente mantenerlo), Hitler utilizó la
información, a la que transformó en propaganda. Es así cómo la propaganda va
a desempeñar un papel fundamental en el desarrollo y consolidación del
nazismo (prueba de ello es que sólo unas semanas después de la ascensión de
Hitler al gobierno se creaba el Ministerio de Propaganda, dirigido por
Goebbels, tal como hemos venido mencionando en el desarrollo de este
trabajo).
Para nadie es secreto el gran aporte del nazismo al campo comunicativo es
que puso las bases de la propaganda moderna. Sus resultados hacen que se
hable de la sociedad alemana de los años 30 y 40 como de una sociedad
hipnotizada. Su finalidad era conseguir la identificación del partido con el
estado, y, para ello, todos los medios de comunicación debían estar bajo el
control estatal. También la prensa pasó a formar parte de ese orden
propagandístico (aunque los periódicos siempre ocuparon un segundo plano con
respecto a la palabra hablada). Welch habla de tres medidas para conseguir
ese control y uniformidad de la prensa:
La primera se refiere al control de los profesionales y de los
propietarios; así muchos periodistas y editores, y con ellos sus periódicos,
fueron apartados de la profesión (aunque periódicos liberales de gran
reputación, como el Frankfurter Zeitung, se mantuvieron para dar apariencia
de pluralidad).
La segunda medida se refiere al contenido de la prensa, que se controló
con directivas y las llamadas reglas de lenguaje. Las reglas de lenguaje
eran directrices contenidas en breves instrucciones diarias del Ministerio
de Propaganda y transmitidas a todas las redacciones de periódicos del país.
Tan pronto como cada director había asimilado dichas instrucciones, estaba
obligado a destruir todo rastro de ellas y a firmar una declaración jurada
en tal sentido.
Finalmente, la tercera medida consistió en que la casa editora del
partido se fue haciendo progresivamente con la propiedad de la inmensa
mayoría de la prensa alemana.
En este contexto cobran importancia la figura de dos personajes. Max
Amann destaca sobre todo cómo el realizador de la última de estas medidas
señaladas. Amann se sirvió del nazismo para construir el más grande imperio
periodístico de la época (y de paso, para hacerse con una gran fortuna), y
el nazismo se sirvió de Amann para controlar y homogeneizar la prensa (y
también para conseguir dinero con el monopolio periodístico del estado en
manos de Amann). La principal aportación del segundo de los personajes,
Wilhelm Weiss, consistió en que intentó aunar control y coerción (desde su
puesto de presidente de la Asociación de Prensa) y calidad informativa (como
director del Völkischer Beobachter).
En el Tercer Reich, Amann se convirtió en uno de los más poderosos y
ricos lugartenientes de Hitler, en un hombre que sabía hacer buen uso de la
inteligencia de sus ayudantes. Como jefe del Reich para la Prensa del
Partido sólo tenía que responder ante Hitler y Goebbels, controlaba todos
los periódicos del partido y era en 1939, en vísperas de la guerra, el jefe
último de unos 3.000 directores, al menos 600 administradores y cerca de
8.000 empleados.
Max Amann nació en Munich en 1891. Sirvió al ejército durante 5 años. Fue
en él, concretamente durante la primera guerra mundial, donde conoció a
Hitler (Amann fue su sargento mayor). Un reencuentro ocasional con él le
llevó a entrar en el Partido Nazi en febrero de 1920. Desde entonces, se
convirtió en un activo miembro del partido: aceptó el puesto de agente
financiero (del partido y también del propio Hitler), participó en el "putsch"
de la cervecería de Munich en 1923 y fue elegido representante del NSDAP en
el ayuntamiento de Munich.
Pero, sobre todo, el peso de Amann como miembro del Partido Nazi se notó
en el mundo de la prensa. Max Amann fue el gran magnate de la prensa durante
el nazismo. ¿Cómo consiguió alcanzar esa posición? Primero, con la ayuda y
apoyo del que era su amigo personal, Hitler; segundo, porque desempeñó
numerosos cargos dentro de la organización nazi de la prensa (su gran poder
e influencia en el campo de la prensa lo va a ejercer desde dos de estos
cargos: la dirección de la Eher Verlag y la presidencia de la Cámara de la
Prensa).
Desde 1922, Amann era el director de la Eher Verlag, la compañía editora
del partido nazi, a la que convirtió en la gran empresa periodística de la
Alemania del momento.
Tenía (la Eher Verlag) media docena de corporaciones subsidiarias que
controlaban 150 compañías editoras, unos treinta y cinco mil empleados y
unos beneficios netos de alrededor de cien millones de marcos en sus mejores
tiempos [...]. Editaba libros, publicaciones periódicas, revistas ilustradas
y alrededor de veinte millones de diarios por Alemania y Europa. Ha sido
descrita como la "factoría de gas envenenado" más grande del mundo por
múltiples autores.
Entre las principales propiedades de la Eher Verlag estaban el diario
líder del partido, el Völkischer Beobachter, y conocidos periódicos como Der
Angriff o el Schwarze Korps, el semanario de las S.S. Además, editaba
libros; el departamento de libros había sido creado por Amann en 1923, y sus
cuantiosas ganancias se debían a la publicación de lucrativos best-sellers,
entre los que destacan "Mi lucha", de Hitler, y casi todos los libros de
Goebbels.
Con la llegada de Hitler al poder, además de dirigir la Eher Verlag,
Amann pasó también a presidir la Cámara de la Prensa, órgano del nazismo
para la dominación de la industria editorial. Esta cámara formaba, junto a
otras seis, la Cámara de Cultura del Reich. El origen de la Cámara de
Cultura estaba en una ley de 1933 que autorizaba al ministro de Propaganda a
organizar en forma de corporaciones públicas las ramas del arte y de las
profesiones culturales que dependían de su ministerio su ministerio.
Dependiente de la de Cultura, la cámara específica que se ocupaba del
control de los periódicos era la Cámara de la Prensa.
Las tareas de la Cámara de la Prensa las señala Bramsted en la siguiente
cita:
La Cámara de Prensa era un instrumento particularmente importante de
control político sobre cualquiera que estuviera envuelto en la producción,
funcionamiento y distribución de periódicos y otras publicaciones
periódicas. El énfasis de este control era tal vez menos de la Cámara en sí
misma que de las organizaciones profesionales bajo su tutela.
Estas asociaciones a las que se refiere Bramsted eran tres: la Asociación
de Editores de Periódicos Alemanes (para editores), la Asociación de Prensa
Alemana (tenía el registro oficial de editores y periodistas) y la
Asociación del Reich para Editores Alemanes de Publicaciones Periódicas.
En resumen, el control estatal de la prensa estaba, como se puede ver,
organizado en forma piramidal; en la cúspide se encontraba el ministerio de
Goebbels; por debajo de él tenemos la Cámara de Cultura; por debajo de ésta,
la Cámara de la Prensa, de la que a su vez dependían las tres organizaciones
profesionales que acabamos de mencionar.
Amann tenía, como hemos visto, el apoyo incondicional de Hitler y la
dirección de los dos grandes organismo para el control de la prensa del
momento. No extraña, pues, que tuviera poder para realizar un gran número de
importantes actividades dentro del mundo editorial; esas acciones iban
dirigidas hacia dos objetivos: acabar con el pluralismo editorial en
Alemania y construir un imperio monopolístico de la prensa en manos del
partido nazi. Las acciones más importantes de Amann para alcanzar esos fines
fueron cuatro: aunar propaganda y beneficio económico, sanear el Völkischer
Beobachter y crear el Illustrierte Beobachter, centralizar la prensa nazi y
construir un imperio monopolístico de la prensa. Veamos en qué consistieron
concretamente cada una de estas medidas.
Aunar propaganda y beneficio económico: Amann pretendía unir en su
trabajo en la prensa el servicio al partido nazi (servicio que incluía el
control de la prensa, propaganda, pero también ganar dinero) con el
beneficio económico propio. De hecho, a Amann le preocupaba menos el
contenido de los periódicos (proporcionado por la línea del partido), que
las cuentas bancarias de éstos.
Sanear el Völkischer Beobachter y crear el Illustrierte Beobachter: Amann
consiguió convertir el Völkischer Beobachter (un periódico racista que el
partido nazi había adquirido en 1920) en un auténtico órgano del partido y
en un periódico financieramente independiente. Primero, lo convirtió en
diario (en 1923) y luego lo levantó económicamente con los beneficios
obtenidos con el departamento de libros de la Eher Verlag. Más tarde, su
condición de periódico del partido (y, finalmente, del gobierno) le
convirtió en un diario de gran tirada: fue el primer periódico alemán en
alcanzar una circulación de un millón de ejemplares. En el siguiente cuadro
se puede observar la evolución de su tirada:
CIRCULACIÓN DEL VÖLKISCHER BEOBACHTER
|
AÑO |
CIRCULACIÓN |
|
1925
1929
1930
1931
1932
1939
1941 |
4.000
18.400
39.600
128.800
116.200
741.717
1.192.542 |
En cuanto al semanario Illustrierte Beobachter, fue
creado, por iniciativa de Amann, en 1926 para ser un nuevo órgano del
partido.
- Centralizar y coordinar la prensa nazi: entre 1933 y 1934, el control y
la administración de los periódicos regionales nazis pasaron a la Eher
Verlag; Amann fue el encargado de llevar a cabo este traspaso. Las
finalidades de esta centralización las señala Hale:
- Evitar agudos problemas de control de la propiedad y de financiación,
asegurar la uniformidad en políticas y prácticas y guiar de manera efectiva
el desarrollo de la prensa del partido.
A todas estas razones hay que añadir otra, tal vez la más importante:
contribuir a la creación de un monopolio de la prensa en manos de Amann.
Así, Amann estructuró la prensa regional. En cada estado existía una
editorial de la que dependían todos los periódicos del partido; las
editoriales de todos estos estados se agrupaban en una compañía que las
financiaba y administraba; ésta, a su vez, dependía de la Eher Verlag
(vuelve pues a aparecer la estructura piramidal que tanto utilizaron los
nazis).
- Construir un imperio monopolístico de la prensa: La mayor ambición de
Amann era establecer un monopolio periodístico.
Para conseguirlo, llevó a cabo la antes mencionada centralización de la
prensa nazi regional. También se deshizo de un importante número de
periódicos no afines; los amplios poderes que Hitler y Goebbels le habían
concedido y sus actividades desde cargos relacionados con el mundo de la
prensa le permitieron privar a 1.473 editores de sus derechos como tales; de
este modo Amann "redujo el número de periódicos alemanes de 4.703 en 1932 a
977 a finales de 1944" (previamente, ya en 1933, el partido nazi había
eliminado la prensa comunista y socialista).
Además, Amann construyó su imperio periodístico comprando un gran número
de periódicos no nazis. Una de sus primeras adquisiciones (en 1934) fue la
de la firma Ullstein, la más grande casa editorial de la Alemania del
momento. También acabó comprando la editorial de Hugenberg, un industrial
metido a propietario multimedia que había contribuido notablemente con sus
medios de comunicación al ascenso de Hitler al poder. Pero el imperio de
Amann no terminó ahí; adquirió gran número de periódicos neutrales y
apolíticos (a los que se conocía como Generalanzeiger), la mayor parte de la
prensa del Partido Católico del Centro y otros periódicos confesionales y
gran número de periódicos políticos no confesionales. Para cada uno de estos
grupos de periódicos, Amann creaba compañías editoras que los controlaban; a
su vez, estas editoriales dependían de la Eher Verlag (nuevamente, una
estructura piramidal). Esta organización queda reflejada en el siguiente
cuadro:
| |
EHER VERLAG |
|
|
Standarte
Verlag
72 compañías editoras y firmas subsidiarias de la prensa regional
nazi |
Herold Verlag
Para periódicos
políticos |
Metropress
11 compañías de distribución
en países europeos |
Europa Verlag
27 periódicos
alemanes en las zonas ocupadas |
Editoriales directamente administradas |
| |
Vera Concern
Agrupa las
compañías de la prensa Generalanzeiger, apolítica y neutral. |
Phoenix Concern
Agrupa las compañías de
la prensa confesional adquiridas por el partido nazi. |
|
|
Es así, con todas estas actuaciones, cómo Amann se convirtió en el gran
magnate de la prensa de la Alemania nazi.
Como director del órgano oficial del partido, más tarde el más grande
periódico del Reich, Weiss se convirtió en una figura líder del periodismo
alemán [...]. En 1934, Goebbels nombró a Weiss cabeza de la Asociación de
Prensa Alemana del Reich, la agencia nazi de control y coerción de la
profesión periodística.
Wilhelm Weiss nació en Baviera en 1892. Sirvió en la primera guerra
mundial y llegó a alcanzar el grado de capitán. Durante la contienda fue
herido de gravedad y sufrió la amputación de su pierna izquierda; fue
entonces enviado a la Oficina de Tropas del Ministerio de Guerra bávaro,
donde empezó a escribir comentarios militares para el departamento de
prensa.
Tras la guerra, se fue uniendo a las distintas organizaciones
paramilitares y de veteranos que florecían en Munich y Baviera, pero
progresivamente se fue separando de ellas y desarrolló sus contactos con el
Nacional Socialismo; llegó a convertirse en un importante militante y obtuvo
además numerosos honores del partido (la Cruz de Servicio, entre otras).
En lo que se refiere a su labor como periodista, su trabajo para la
prensa diaria comenzó con sus contribuciones al Bayerische Staatszeitung. En
1922 editó el Heimatlandbriefe, "en el que denunciaba el marxismo, el
judaísmo y el catolicismo político". Pero su principal trabajo como
periodista la desarrolló en el seno de la Eher Verlag, la casa editora del
Partido Nazi: fue director de una de sus publicaciones de carácter
antisemita (Brennessel), fue el organizador y editor del Servicio de
Correspondencia del Partido Nazi y trabajó en el equipo editorial del
Völkischer Beobachter. Sus principales cargos dentro del mundo de la prensa
también van a estar vinculados con la Eher Verlag y el mundo nazi: Weiss fue
director del Völkischer Beobachter y Presidente de la Asociación de Prensa
del Reich. Veamos en qué consistieron sus actividades dentro de estos dos
cargos.
La figura de Weiss es inseparable de la del Völkischer Beobachter,
periódico que se convirtió en el auténtico órgano del partido.
En enero de 1927, Weiss se unió al equipo del periódico, y ya desde
entonces mucha de la rutina diaria de la edición se colocó en sus manos;
pronto fue ascendido a subdirector y en 1938 se convirtió en director. Como
director, Weiss realizaba las funciones propias de tal cargo: llevaba los
temas del personal, de la política y del servicio de noticias (tanto
extranjeras como nacionales). Pero, además de esto, Weiss intentó ir
introduciendo de forma progresiva cambios en el contenido y calidad del
diario. Hasta 1933, pocos esfuerzos y poco dinero se dedicaban al desarrollo
de las noticias y de los servicios de información del diario; medidas
políticas del partido eran la causa de ello, y las escasas aportaciones se
dedicaban a conseguir cada vez más adeptos al partido, en lugar de mejorar
la calidad de la publicación. Cuando el partido llegó al poder en 1933, el
Völkischer Beobachter concluyó esa misión original como órgano de combate y
arma política. Weiss intentó entonces convertirlo en un periódico
informativo, en un periódico "de verdad". Para conseguirlo, ensanchó sus
intereses y ofertas, mejoró el equipo de periodistas y extendió su cobertura
y el servicio de noticias. Sin embargo, este intento de Weiss de hacer del
periódico un órgano informativo no llegó a triunfar por tres razones. La
primera fue la oposición de Max Amann; Weiss llegó a tener algunos problemas
con él, como cuando el director intentó tener corresponsales fijos en las
distintas capitales europeas, algo que el dueño le impidió. La segunda razón
del fracaso de Weiss está en que los dirigentes del partido impidieron que
el periódico abandonara el lenguaje propagandístico y panfletario tras 1933.
Finalmente, como tercera causa, está la II guerra mundial, una guerra que
trajo consigo nuevas restricciones y dificultades que hicieron imposible la
publicación de un periódico informativo en Alemania.
Si el trabajo de Weiss en el Völkischer Beobachter se caracterizó por un
cierto carácter reformador (intentar hacer del periódico un órgano
informativo), su labor en la Asociación de Prensa Alemana consistió en
imbuir a todos sus miembros de un fuerte nacional socialismo y en "educar a
una nueva generación de jóvenes periodistas en las estrictas líneas del
partido".
¿Qué era esta asociación?. Era un órgano dependiente de la Cámara de
Prensa. Entre sus funciones, destacan las siguientes:
Su principal función era llevar el registro oficial de periodistas
acreditados. Se hizo obligatorio inscribirse en la sociedad para ejercer la
profesión porque el trabajo del periodista fue declarado una función pública
y, por lo tanto, digna de unas rígidas condiciones para su ejercicio. En
definitiva, los periodistas se convirtieron en una especie de funcionarios
del estado al ser sometidos al control de la asociación.
La purga de periodistas judíos y marxistas
Tenía autoridad para establecer condiciones de admisión, mantener
estándares de la conducta profesional, castigar a los miembros que
incumplieran las leyes (para ello se organizó un sistema de tribunales
profesionales) y representar los intereses de los profesionales.
La asociación tenía apariencia de autogobierno en el desarrollo de esas
funciones. Pero, en realidad, no era un cuerpo tan independiente como podía
parecer: el ministro de Propaganda nombraba al presidente de la Asociación y
a los miembros de los tribunales profesionales, tenía derecho a veto sobre
las admisiones y podía también expulsar de la organización a quien quisiera
si era "en interés público".
En definitiva, la Asociación de Prensa del Reich no era otra cosa que una
agencia de coerción y control de los periodistas. Y su máxima figura y
representante era Weiss. Así, como presidente de este organismo, su función
era la de controlar y homogeneizar la prensa alemana en beneficio del
nazismo. La mayoría de sus discursos iban dirigidos en ese sentido. Así, en
1934, en la conferencia anual de la asociación de periodistas Amann expresó
su idea de lo que debía ser el periodismo:
"La prensa, en el viejo sentido liberal del término, ha muerto y nunca
volverá a la vida. Debe permanecer muerta porque el espíritu de aquella
época está también muerto. El periodismo hoy no es ya un negocio de clase
media, y aquellos que en su interior permanecen ajenos no serán animados por
nosotros a vestir sus novatas almas con las prendas nacional-socialistas. No
podemos utilizar a estas personas en el futuro en la prensa alemana porque a
la primera prueba moral e intelectual fallarían. La prensa alemana está
muerta, larga vida a la prensa alemana."
Un año más tarde, en una conferencia en Colonia, definió lo que debía ser
el director de periódico y el periodista en general:
Weiss enfatizó que el verdadero director nacional socialista no era nunca
sólo un periodista, sino siempre también un propagandista. Con frecuencia
debería ser un periodista, un orador y un soldado, todo en uno. El objetivo
era formar a un nuevo tipo de periodista que "apoyara firmemente al nuevo
Reich y a su führer, no porque tuviera que hacerlo, sino porque deseaba
hacerlo.
Se trata, como se puede ver, de definiciones que denotan una idea de la
prensa como un instrumento en manos del gobierno y una idea de los
periodistas como especie de funcionarios públicos.
En conclusión, las actuaciones de Weiss en estos dos ámbitos (la
dirección del Völkischer Beobachter y la presidencia de la Asociación de
Prensa Alemana) le convierten en una de las figuras clave del periodismo
nazi.
Como hemos visto a lo largo de estas páginas, una de las claves del
triunfo y mantenimiento del nazismo fue la propaganda (sería exagerado
citarla como la causa única, porque, sólo cuando se unieron las condiciones
objetivas, como la crisis económica, y los medios, es decir, el dinero, se
produjo el gran salto de Hitler). La Alemania nazi supo utilizar la
propaganda atendiendo a una planificación y estrategia definida, y es eso lo
que convierte a este país en el fundador de la propaganda política moderna.
La finalidad de esta propaganda no era otra que convencer a los alemanes
de la bondad de los actos y decisiones nacional-socialistas y crear la
concordancia entre gobierno y pueblo. Para ello, los propagandistas
utilizaron los medios de comunicación, en especial los nuevos (radio, cine,
etc.), pero tampoco olvidaron la prensa.
Para el nazismo, la prensa no sólo debía informar, sino también instruir.
Eso la convertía en un instrumento al servicio del gobierno. Y era eso
también lo que hacía de ella un medio susceptible de control por el estado.
Hemos ido viendo cómo ese control se fue tomando de manera progresiva, no
repentina. También hemos analizado en qué consistían esas formas de
dominación de los periódicos: eliminación de gran número de ellos,
directivas y reglas para dirigir su contenido, unos periodistas convertidos
en una especie de funcionarios públicos sujetos a obediencias y lealtades
con el gobierno y la creación de un casi monopolio en manos del partido.
Así, con este control rígido, se redujo el número de periódicos, el
número de lectores (como consecuencia de la pérdida de credibilidad de la
prensa) y también se socavó la calidad de la prensa. En definitiva, la
prensa alemana retrocedió tanto cualitativa como cuantitativamente durante
el Tercer Reich.
Estas pérdidas de la prensa fueron útiles al nazismo (conseguir
homogeneidad y control) y para algunos de sus líderes, que se enriquecieron
notablemente. Este es el caso de Max Amann, la figura dominante en las
empresas editoras del Partido Nazi y artífice de la última medida que hemos
mencionado antes para el control de la prensa: la creación de un monopolio
periodístico nazi. Aunque Amann desconocía el negocio del periodismo, lo fue
aprendiendo con la experiencia. Y lo aprendió muy bien: convirtió al
Völkischer Beobachter en un periódico saneado económicamente y con una gran
tirada, fundó y desarrolló el departamento de libros de la editorial y, a
partir de 1933, era la fuerza conductora del monopolio del partido en la
publicación de periódicos. Su gran éxito residió en que con su labor combinó
propaganda con ganancia económica. Fue así cómo Amann se convirtió en el
gran magnate de la prensa alemana durante el Tercer Reich.
Tampoco podemos olvidar a Wilhelm Weiss, una de las grandes figuras de la
prensa nazi. Este personaje se define fundamentalmente por su ambivalencia:
controlador de la profesión por un lado, deseoso de una prensa de calidad e
informativa por otro lado (dos cosas que parecían incompatibles). Sin
embargo, sus intentos de aunar coerción y calidad informativa chocaron con
el rígido control de contenidos impuesto por los líderes nazis. Así se
impidió que el Völkischer Beobachter llegara a convertirse en un auténtico
órgano informativo de nazismo.
Entre los documentos recuperados por las autoridades norteamericanas en
el Berlín del año l945, hay cerca de 6.800 páginas de un manuscrito sin duda
dictado por Goebbels, el ministro de Propaganda, escrito en forma de diario
que abarca, en diversos lapsos, el período entre el 21 de enero de l942 y el
9 de diciembre de l943. Parece, en cambio, como si Goebbels quisiera
demostrar una inquebrantable lealtad a Hitler.
La naturaleza del documento sería un problema muy apropiado para un
examen de la personalidad de Goebbels o la historia del nazismo.
Todo cuanto se supone, en resumidas cuentas, es que el manuscrito
refleja, más o menos fielmente, la estrategia y la táctica propagandísticas
de Goebbels, y es una orientación conveniente con respecto a sus voluminosos
materiales propagandísticos. El siempre exageró la importancia de su tarea,
sin duda para indicar su propio significado. La verdad de lo que dictó a
este respecto es también irrelevante mientras los efectos de sus esfuerzos
no sean examinados.
Los propagandistas deben tener acceso a la información referente a los
acontecimientos y a la opinión pública.
En teoría, Goebbels sostenía que él y sus asociados podían planear y
ejecutar propaganda tan sólo con la constante referencia a la información
existente.
Además, Goebbels dependía de sus propias Oficinas de Propaganda del Reich,
de funcionarios alemanes, y de contactos escritos o personales con civiles o
soldados alemanes.
En consecuencia, Goebbels confiaba a menudo en su propio juicio
intuitivo.
En el caso venezolano vemos las mismas acciones, ya que se ve como el
gobierno dirige sus baterías en contra de todo aquel medio que difiera de
sus opiniones de una u otra forma; es por ello que el Presidente Hugo Chavez,
nos somete a innumerables cadenas por los medios y los domingos a su
programa radial "Aló Presidente", que a ciencia cierta, nadie sabe aun cual
es su duración definitiva.
La propaganda debe ser planeada y ejecutada por una sola autoridad.
Este principio seguía la línea de la teoría nazi de la centralización
autoritaria, y también del ansia de poder que sentía Goebbels. Pensaba que
una sola autoridad - él - debía realizar tres funciones:
A.- Emitir todas las directrices de la propaganda. Todo fragmento de la
propaganda debía expresar un contenido político. Indicaban cuándo las
campañas de propaganda específicas debían comenzar, cuándo debían ser
intensificadas o atenuadas, y cuándo debían terminar. La máquina
propagandística nazi estaba sometida a una constante reorganización.
Vemos patético este hecho en nuestro país en la constante centralización
de los procesos propagandísticos en dos entes, uno el Comité Táctico
Nacional del MVR (Movimiento Quinta Republica) y otro en el mismo Presidente
Hugo Chavez.
B.- Explicar las directrices de la propaganda a los funcionarios
importantes y mantener su moral. Si no se facilitaba una explicación acerca
de la política propagandística a aquellos funcionarios que, formal o
informalmente, cumplían las directrices, no cabía esperar que actuaran con
eficacia y de buena gana. A través de la maquinaria de su organización y a
través de contactos personales, Goebbels trataba de revelar la razón de su
propaganda a estos subordinados y también de levantar su moral al hacerles
ostensiblemente objeto de su confianza.
C.- Supervisar las actividades de otras agencias que tengan consecuencias
propagandísticas. Él procuraba facilitar el necesario estímulo
propagandístico.
He allí el porque de las constantes agresiones a los medios de
comunicación social, el control al que se planea someter a los mismos es
intenso, ya que sin dicho control el esfuerzo propagandístico será mermado.
Las consecuencias propagandísticas de una acción deben ser consideradas
al planificar esta acción.
Era más importante que un propagandista ayudase a planificar un
acontecimiento que a razonar uno que ya hubiera tenido lugar.
En el Caso Venezuela, esta directriz no es llevada en su totalidad, ya
que en el ámbito local, se limita a ver que sucede para luego planear las
estrategias a seguir posteriormente.
La propaganda debe afectar a la política y a la acción del enemigo.
La propaganda era considerada como un arma de guerra, aunque Goebbels
nunca empleó el término "guerra psicológica" ni el de "guerra política".
Aparte de socavar la moral del enemigo, creía que la propaganda podía
afectar a las políticas y acciones de los jefes enemigos de cuatro maneras:
A.- Suprimiendo el material propagandístico capaz de facilitar al enemigo
informaciones útiles.
B.- Difundiendo abiertamente propaganda cuyo contenido o tono conduzca al
enemigo a sacar las conclusiones deseadas.
C.- Incitando al enemigo a revelar informaciones propias de carácter
vital.
D.- Absteniéndose de toda referencia a una actividad que perjudique al
enemigo cuando ella pudiera desacreditar tal actividad.
Dichos puntos son fáciles de resumir en simples acciones llevadas a cabo
en los sucesos acaecidos en el mes de Abril del 2.002, donde se tomaron
acciones tales como:
1.- Sacar del aire a los canales de televisión a través de subsecuentes
cadenas, para que de esta forma no pudiesen transmitir lo que estaba
sucediendo.
2.- La pagina web desde la cual se informa todas las acciones de los
círculos chavistas (www.antiescualidos.com)
estuvo fuera del aire, mientras duró el gobierno de transición, en la tarde
del 13 de Abril del 2.002, ya se estaba arengando por la misma, al pueblo a
salir a defender a la revolución
Debe haber una información no clasificada y operacional a punto para
completar una campaña propagandística.
Un objetivo propagandístico, requería un material operacional que no
fuese conflictivo con las normas de seguridad. El material no podía ser
totalmente manufacturado y había de tener una cierta base de hecho.
Sin embargo, parece ser que la falta de material nunca ha impedido una
campaña durante largo tiempo.
Para ser percibida, la propaganda debe suscitar el interés de la
audiencia y debe ser transmitida a través de un medio de comunicación que
llame poderosamente la atención.
Grandes energías se dedicaron al establecimiento y mantenimiento de los
medios de comunicaciones. Cines y periódicos fueron controlados. El programa
de numerosas emisoras alemanas de radio fue reajustado.
La mejor forma de propaganda en los periódicos no era "propaganda", sino
noticias matizadas que parecían ser neutrales.
Volemos a encontrar razones que sustenten el indiscriminado uso de
cadenas, aunado al programa radial "Aló Presidente" y a los distintos sites
en internet, ya que es la forma mas directa de utilizar los medios en estos
momentos de altísima tecnología.
Solo la credibilidad debe determinar si los materiales de la propaganda
han de ser ciertos o falsos.
Para Goebbels lo importante era lo expeditivo y no lo moral. Pensaba que
la verdad debía ser utilizada con la mayor frecuencia posible, de lo
contrario el enemigo, o los propios hechos, podía demostrar la falsedad, en
cuyo caso la propia credibilidad sufría detrimento. Las mentiras eran útiles
cuando no podían ser desmentidas. Goebbels recurría con frecuencia al
artilugio de utilizar comunicados o boletines extraordinarios para anunciar
acontecimientos importantes.
En el presente régimen se ven acciones parecidas, cuando el gobierno
busca encadenar los medios a fin de que las noticias y "verdades" sean tal
cual las anuncia el mismo. Este hecho se vio claramente evidenciado, en los
sucesos del mes de Abril de 2.002; donde altos personeros del gobierno
salieron por los medios desmintiendo y repudiando las acciones que el mismo
había tomado en contra de la marcha pacifica que se dirigía a Miraflores y
que terminó en una masacre.
El propósito, el contenido y la efectividad de la propaganda enemiga, la
fuerza y los efectos de una refutación, y la naturaleza de las actuales
campañas propagandísticas determinan si la campaña enemiga debe ser ignorada
o refutada.
Goebbels parecía mortalmente atemorizado por la propaganda enemiga.
Aunque él controlaba todos los mass-media de Alemania, como ya hemos
mencionado en párrafos anteriores.
El primer impulso de Goebbels era el de replicar a la propaganda enemiga.
En primer lugar, analizaba la propaganda enemiga. Si le parecía que la meta
de esta propaganda era la de suscitar una respuesta, guardaba silencio.
En cambio, se daba la replica si se creía que el enemigo estaba
transmitiendo rotundas falsedades. Puesto que casi toda afirmación del
enemigo era considerada como falsa, Goebbels creía que sólo las más
escandalosas debían ser expuestas.
La propaganda enemiga era tildada a menudo de inefectiva. No obstante, la
propaganda enemiga efectiva requería una acción inmediata. Al enemigo, rara
vez se le permitía adquirir prestigio. Si el enemigo daba la impresión de
estar consiguiendo un especial triunfo propagandístico en su "guerra de
nervios" la única réplica que se consideraba como realmente adecuada era un
discurso del propio Hitler.
En segundo lugar, Goebbels examinaba un arsenal de propaganda antes de
iniciar la réplica. Mantenía silencio si juzgaba que su respuesta pudiera
parecer demasiado débil.
En tercer lugar, Goebbels creía necesario revisar la propia propaganda
antes de refutar o ignorar la propaganda enemiga.
En los actuales momentos vemos como el gobierno cada vez que se organiza
una marcha por parte de la oposición, automáticamente se organiza una
contramarcha para tratar de opacar los resultados adversos que pueda tener
dicha acción contra el régimen.
Credibilidad, inteligencia y los posibles efectos de la comunicación
determinan si los materiales propagandísticos deben ser censurados.
Goebbels no tenía el menor escrúpulo respecto al uso de la censura. Su
decisión se apoyaba en tres consideraciones pragmáticas.
A.- A menudo la censura podía deteriorar la credibilidad y consideraba
que: "en tiempos de excitación y de tensión, el hambre de noticias debe ser
satisfecho como sea".
B.- La censura era invocada cuando la información concerniente a la
culminación de un hecho era insuficiente.
C.- Finalmente, Goebbels evaluaba los posibles efectos de comunicar la
información. La censura era aplicada cuando se creía que el conocimiento del
hecho podía producir una reacción indeseable en sí misma.
Aquí volvemos a evaluar puntos anteriormente mencionados, como es el
restar importancia a los sucesos adversos al régimen, así como buscar que
las informaciones que se difundan, nunca sean contrarias a los intereses del
gobierno.
El material de la propaganda enemiga puede ser utilizado en operaciones
cuando ayude a disminuir el prestigio de ese enemigo, o preste apoyo al
propio objetivo del propagandista.
Aunque su actitud básica respecto a la propaganda enemiga fuese el
desprecio, Goebbels tamizaba la radio y la prensa enemigas, así como las
declaraciones oficiales, en busca de materiales con los que operar. En este
aspecto no estaba motivado por el deseo, más bien defensivo, de replicar al
enemigo, sino por consideraciones ofensivas, puesto que ciertas palabras del
enemigo podían ayudarle a alcanzar sus objetivos propagandísticos.
Una clara transpolación de dicho punto a nuestros días, seria las
acciones que se tomaron en cuanto a el gobierno de transición que se
planeaba implementar, calificándolo de "golpe de estado" y un in fin de
calificativos mas, cuando es de amplio conocimiento que el gobierno
implementado fue debido a una ausencia absoluta del gobierno constituido en
la persona del Presidente Hugo Chavez.
La propaganda negra debe ser empleada con preferencia a la blanca cuando
esta última sea menos creíble o produzca efectos indeseables.
Por propaganda "negra" se entiende aquel material cuya fuente queda
oculta para la audiencia. Goebbels empleó medidas negras para combatir
rumores indeseables dentro del Reich. Tal como vemos en su discurso
publicado en el Periodico Der Angriff citado en las paginas 16 a 18 del
presente estudio. A veces, sin embargo, los rumores eran oficialmente
atacados cuando, en opinión de Goebbels, todos los hechos estaban completa e
inequívocamente de su parte.
He allí el porque de los distintos volantes, correos, graffiti y demás
informaciones que son diariamente repartidos en todos los sectores del país,
a fin de crear un odio de clases mas acrecentado y promover un
enfrentamiento armado y a todo costo, en función de defender la "revolución
bolivariana"
La propaganda puede ser facilitada por líderes prestigiosos.
Goebbels siempre contaba con trascendentales resultados a partir de unas
declaraciones de Hitler, especialmente durante una crisis.
Los jefes sólo eran útiles cuando tenían prestigio.
La propaganda debe estar cuidadosamente sincronizada.
Goebbels siempre se enfrentaba al problema táctico de sincronizar su
propaganda con la mayor eficacia. Pensaba que la agilidad y la flexibilidad
eran necesarias, y que los propagandistas debían poseer en todo momento la
facultad de "calcular de antemano los efectos psicológicos". Según parece
actuaban tres principios:
A.- La comunicación debe llegar a la audiencia antes que la propaganda
competidora.
B.- Una campaña propagandística debe comenzar en el momento óptimo.
C.- Un tema propagandístico debe ser repetido, pero no más allá del punto
en que disminuya su efectividad.
La propaganda debe etiquetar los acontecimientos y las personas con
frases o consignas distintas
Goebbels subrayaba intensamente frases y consignas para caracterizar
hechos, las cuales debían poseer las características siguientes:
A.- Deben suscitar las respuestas deseadas que la audiencia posee
previamente.
B.- Deben poder ser aprendidas con facilidad. "Ha de utilizar el blanco y
el negro, de lo contrario no resulta convincente para la gente".
C.- Deben ser utilizadas una y otra vez, pero sólo en las situaciones
apropiadas. Goebbels deseaba explotar lo aprendido en cosas ya ocurridas;
las reacciones aprendidas por la gente frente a los símbolos verbales quería
transferirlas, fácil y eficientemente, a nuevos acontecimientos.
Las distintas gesticulaciones de los afectos al gobierno, al tratar de
"escuálidos, oligarcas, terratenientes, etc" a todo aquel que esté de una
forma u otra en desacuerdo con las opiniones del gobierno, evidencia el
punto anteriormente mencionado.
La propaganda dirigida a la retaguardia debe evitar el suscitar falsas
esperanzas que puedan quedar frustradas por los acontecimientos futuros.
Para Goebbels, estaba bien claro que el anuncio de un éxito alemán a lo
largo de líneas militares o políticas podía tener ciertos efectos
beneficiosos inmediatos desde su punto de vista. La confianza de los
alemanes y la ansiedad del enemigo podían ser incrementadas. Tales tácticas,
sin embargo, eran demasiado arriesgadas, ya que si el éxito se convertía en
fracaso, los alemanes se sentirían abrumados y el enemigo se fortalecería.
La propaganda en la retaguardia debe crea un nivel óptimo de ansiedad.
Para Goebbels, la ansiedad era una espada de doble filo, ya que un exceso
de ansiedad podía producir pánico y desmoralización, y una escasez en este
aspecto podía conducir a la complacencia y a la inactividad.
- La propaganda debe reforzar la ansiedad con respecto a las
consecuencias de la derrota. Los objetivos bélicos del enemigo eran el
principal material empleado para mantener la ansiedad alemana en el punto
álgido. "El pueblo alemán debe estar convencido -tal como por otra parte
bien pregonan los hechos- de que esta guerra amenazaba sus vidas y sus
posibilidades nacionales de desarrollo, y debe combatir con todas sus
fuerzas" (Manuscritos Inéditos de Goebbels, disponibles en varios sites en
Internet).
- La propaganda debe disminuir la ansiedad (excepto la referente a las
consecuencias de la derrota) que sea excesiva y que no pueda ser reducida
por la propia gente. Como es lógico, los bombardeos aéreos elevaban en
exceso la ansiedad de los alemanes, pero constituían una situación sobre la
cual Goebbels no podía ejercer un control propagandístico. En otras
situaciones que implicaban también una dosis de ansiedad desmoralizante, en
cambio, podía mostrarse más activo.
La propaganda dirigida a la retaguardia debe disminuir el impacto de la
frustración
Era importante evitar que los alemanes se sintieran frustrados y para
ello, por ejemplo, cabía inmunizarlos contra falsas esperanzas. Si alguna
decepción no podía ser evitada, Goebbels procuraba disminuir su impacto
siguiendo dos principios:
A.- Las frustraciones inevitables deben ser previstas. Consiste en que
una frustración podía resultar menos decepcionante si se eliminaba el
elemento de sorpresa o choque.
B.- Las frustraciones inevitables deben ser planteadas en perspectiva. Es
dar a los alemanes lo que él llama Kriegsüberblick, es decir, una panorámica
general de la guerra. Éstos perderían la confianza en su régimen.
La propaganda debe facilitar el desplazamiento de la agresión,
especificando los objetivos para el odio.
En general, parece ser que la técnica principal consistió en desplazar la
agresividad alemana hacia algún grupo marginal.
Los objetivos favoritos del odio eran los "bolcheviques" y los judíos. La
propaganda antisemita solía ir combinada con medidas activas contra los
judíos en Alemania o en los países ocupados.
En nuestro caso particular, se ve como en Venezuela se ha dirigido este
odio a aquellas elites que de una forma circunstancial son quienes poseen la
información y el dinero, no tiene ninguna culpa cualquiera de estas personas
de haber recibido mejor instrucción que otra, haberse esmerado mas que otros
conformistas, haberse superado; en resuman se ha buscado dirigir el odio
hacia todos aquellos que poseen por la razón que sea, lo que las masas
siempre han anhelado, pero que nunca se han molestado en buscar, como son:
poder, instrucción y dinero.
La propaganda no debe perseguir respuestas inmediatas; más bien debe
ofrecer alguna forma de acción o de diversión, o ambas cosas.
Los alemanes eran obligados a conservar las apariencias exteriores y a
cooperar en el esfuerzo bélico, cualesquiera que fuesen sus sentimientos
internos.
Finalmente, la desfavorable situación militar de Alemania se estaba
convirtiendo en un hecho innegable. Cuando la propaganda y la censura no
podían ser efectivas, Goebbels abogaba por la acción o bien, en uno de sus
cargos oficiales, él mismo producía esta acción. La propaganda diversiva la
consideraba de segundo rango.
El Fascismo y su dominio psicológico
de las Masas
Más allá de las razones políticas, económicas y culturales que
propiciaron el surgimiento del fascismo -y del nazismo especialmente-, se
deben observar otras razones que no necesariamente entran en la lógica de un
análisis racional de este fenómeno. O en palabras del autor
nacionalsocialista Wilhelm Stapel: "Dado el carácter elemental del
nacionalsocialismo, resulta imposible atacarlo con argumentos. Los
argumentos sólo tendrían efecto si el movimiento se hubiera impuesto con
ayuda de argumentos".
Si tomamos el caso de Alemania, la gigantesca acumulación de poder que
ostentaba Adolf Hitler no estaba basada sólo en coordenadas políticas dentro
del III Reich: la razón principal de este éxito fue el empleo de la
violencia psíquica. La propaganda del régimen nacionalsocialista se basaba
sobre esta Führerideologie (ideología del jefe). Renunciando a toda
argumentación objetiva, los llamamientos de Hitler al pueblo alemán
consistían en presentar a las masas solamente "la gran meta final". El tipo
de mando autoritario y carismático (retomando el concepto de Max Weber),
otra de la características distintivas del fascismo, tiene una estrecha
relación con esta situación de presión propagandística basada en el miedo.
El propio símbolo gráfico del fascismo era el de la violencia: el fascio,
del latín fasces, haz de varas que según la leyenda histórica tiene origen
en el primer cónsul de Roma, Brutus (VI a.c.), quien hizo apalear
públicamente a sus hijos y acabarlos a hachazos por haber conspirado contra
el Estado. Este instrumento de castigo, inspirador de temor, se convirtió en
símbolo del poder en Roma: el haz de varas ligadas con una cuerda alrededor
de un hacha. Los lictores, junto al cónsul, portaban este emblema para
ejecutar en el acto las sentencias de éste: flagelar, ahorcar o decapitar.
Este símbolo, devenido en símbolo del fascismo, tenía, en comparación con
la cruz gamada de Hitler, la desventaja de ser muy complicado y por ello no
poder ser dibujado en cualquier parte y por cualquiera, como sucedía con la
svástica, las tres flechas socialistas o la cruz.
La psicología de masas del fascismo
El estudio de la eficacia psicológica de Hitler sobre las masas debía
partir de la idea de que un führer representante de una idea, no podía tener
éxito (no un éxito histórico sino esencialmente pasajero) más que si sus
conceptos personales, su ideología o su programa se encontraban en armonía
con la estructura media de una amplia capa de individuos integrados en la
masa. Un führer no puede hacer la historia más que si las estructuras de su
personalidad coinciden con las estructuras de amplias capas de la población,
vistas desde la perspectiva de la psicología de masas. Dice Domenach: "es
innegable que un cierto número de mitos hitlerianos correspondían o bien a
una constante del alma germánica, o bien a una situación creada por la
derrota, el desempleo y una crisis financiera sin precedentes".
Como todo movimiento reaccionario, el de Hitler se apoyaba en varias
capas de la pequeña burguesía. Se caracterizaba a este segmento social
mediante la metáfora de un ciclista: "por arriba curva su espalda, por abajo
patalea"("Nach oben buckelt er, nach unten tritt er", dicho popular aleman
citado en el libro Mi Lucha). Con esto se quiere explicar un componente
psicoétnico del pueblo alemán: la sumisión hacia quienes están encima y la
brutalidad para con los de abajo. Había también un componente místico en las
clases medias alemanas, que Hitler aprovechó para proclamar que Alemania era
la encargada de cambiar el mundo. Esto, sumado a la profileración de
corrientes intelectuales reaccionarias (Gobineau, Wagner, Chamberlain,
quienes ponían el acento sobre todo en la cuestión racial, y otros que
apelaban al espíritu guerrero del pueblo alemán, magnificando las gestas
teutonas) a fines del siglo diecinueve, creó el caldo de cultivo para la
proliferación de este tipo de fenómenos.
Hay algo evidente: cuanto más numerosa e influyente en una nación es la
clase media, más probable es que haga su entrada en la escena política como
fuerza social. Por otra parte, las contradicciones intrínsecas del fascismo
no hacen más que reafirmar su base de masas de clase media. Que los
intereses subjetivos de estas masas hayan sido aprovechados por Hitler al
incluir en su plataforma la lucha contra el gran capital, y que el fascismo,
en su función objetiva, se haya convertido en defensor fanático del
imperialismo y pilar del orden económico del gran capital, son hechos que
llevan a la convergencia en el nacionalsocialismo.
Para comprender la ideología, la situación del pequeño campesino, del
funcionario y del comerciante medio hay que tener en cuenta sus matices
económicos, pero fundamentalmente su identidad familiar común .Si nos
focalizamos en las clases medias urbanas, vemos que la rápida evolución de
la economía capitalista en el siglo XIX lleva a la pauperización de los
pequeños comerciantes y artesanos. Ante las grandes industrias, que producen
más barato y más racionalmente, las pequeñas empresas están destinadas a
desaparecer. Esta situación los llevaría tarde o temprano a confundirse con
la gris masa del proletariado.
La pequeña burguesía se rebeló, al fin, contra el sistema, encarnado en
el "régimen marxista" de la socialdemocracia. Pero dado el carácter
competitivo de los estratos medios, fundamentalmente de los funcionarios del
estado, no se observa una identificación de la pequeña burguesía con sus
pares o con los obreros industriales, un sentimiento de solidaridad, lo que
Marx acuñó como "conciencia de clase".
La conciencia social del funcionario no está determinada por el
sentimiento de una comunidad de destino con sus colegas, sino por la actitud
cara a la autoridad establecida y a la "nación". Para el funcionario esta
actitud consiste en una identificación absoluta con el poder estatal;
súbditos con respecto a la autoridad, se convierten en los representantes de
esa misma autoridad en sus relaciones con sus subordinados y, por este
motivo, gozan de una especial protección moral. Esta identificación con la
administración del Estado y la nación, que puede resumirse en la fórmula:
"Yo soy el Estado", es una realidad psíquica que nos proporciona uno de los
mejores ejemplos de una ideología convertida en poder material. Como
resultante de su dependencia material, su personalidad se transforma a
imagen de la clase dominante. En palabras de W, Leich: "Por tener los ojos
perpetuamente clavados en lo alto, el pequeño burgués acaba por cavar una
fosa entre su situación económica y su ideología". Esta "mirada clavada en
lo alto" es lo que distingue esencialmente a la estructura pequeño burguesa
de la del obrero de la industria en Alemania. En otros países, como EEUU, el
"aburguesamiento" de los trabajadores de la industria anula esta
distinción.
Para penetrar en el mundo obrero, el fascismo propone la supresión de las
clases, o sea la supresión del proletariado, recurriendo al sentimiento de
vergüenza que sufre el trabajador manual (el desprecio por este tipo de
tareas es uno de los elementos reaccionarios más importantes, al llevar a
querer imitar al empleado de oficina). Sumémosle a esto que los trabajadores
emigrados del campo traen consigo una ideología de familia rural que es el
mejor caldo de cultivo para causas imperialistas y nacionalistas. Otro
elemento a tener muy en cuenta es la importancia que revisten los pequeños
hábitos diarios, hecho sistemáticamente ignorado por el movimiento
revolucionario. Lejos de ser costumbres propias de este estrato social,
constituían la expresión visible de que se acusaba recibo de la propaganda
nacionalsocialista. La represión de la mujer, el vaso de cerveza bebido en
familia, el traje "elegante" de los domingos -todos ellos símbolos del
adecenamiento que se estaba produciendo-, penetraban en cada rincón de la
existencia cotidiana, mientras que el trabajo de la fábrica y los panfletos
revolucionarios no actuaban más que durante unas horas.
De este modo, cuando la crisis económica impactó a esta capa social, su
sensibilidad revolucionaria estaba embotada producto de decenios de
estructuración conservadora. La afirmación comunista de que la política de
la socialdemocracia le había abierto las puertas al fascismo era exacta
desde el punto de vista de la psicología de masas. Afirma W. Leich que "a
falta de organizaciones revolucionarias, decepcionado por la
socialdemocracia y angustiado por la contradicción entre su empobrecimiento
y el pensamiento conservador, el trabajador se arroja en los brazos del
fascismo".
La captación de las masas
La manipulación de las masas llevada a cabo por el fascismo parece
inconscientemente inspirada en la doctrina de Pavlov y sus reflejos
condicionados, leyes que rigen las actividades nerviosas superiores del
hombre. La propaganda, considerada por Goebbels como un arma de guerra,
constituía el elemento fundamental con el que se atraía nuevos adeptos a la
causa del nacionalsocialismo. La actividad propagandística tiene dos
funciones primordiales: inculcar un número elevado de ideas a un grupo
reducido de personas y agitar a un gran número de personas mediante un
número reducido de ideas. Los que sucumben ante esta estrategia son
pequeño-burgueses, presas fáciles del miedo que resulta de una sugestión
imperativa como la del régimen hitleriano. Un autor soviético afirmaba que
esta porción de la sociedad poseía un sistema nervioso inestable, y que a
menudo se sentían contentas al verse dominadas y guiadas.
Entre los factores visuales utilizados para atraer a las masas, se
observa el predominio del color rojo (al que se le atribuye una acción
fisiológica excitante y es utilizado generalmente por partidos de izquierda
o pretendidamente "revolucionarios") y los uniformes militares de colores
vistosos. Según palabras de Domenach: "la propaganda toma de la poesía la
seducción del ritmo, el prestigio del verbo e incluso la violencia de las
imágenes". Para actuar sobre los sentimientos de amor y alegría, es decir
sobre los sentimientos eróticos sublimados, se debían utilizar los bailes
públicos, las tonadas populares, desfiles con la presencia de gimnastas o
flores.
En el aspecto social, Goebbels copió las prácticas de la Iglesia
Católica, en las que el incienso, la semioscuridad y las velas encendidas
crean un estado especial de receptividad emotiva.
En los mítines, había que tener en cuenta la habilidad de los oradores
para alternar lapsos de tensión discursiva con comentarios relajados,
manteniendo así a la multitud expectante. Las directivas para la "creación
de entusiasmo" en la multitud (arengar a la masa, entonar himnos combativos,
acompañar las consignas con movimientos del cuerpo, por ejemplo el puño en
alto, lo que constituía la llamada "gimnasia revolucionaria") son en buena
parte acústicas; los tóxicos sonoros. El ritmo y la cadencia de los sonidos
va acompañado de un bloqueo de la conciencia, propiciando un estado de
naturaleza hipnótica. La música instrumental es el más eficaz de estos
tóxicos. En ella, los instrumentos de percusión ocupan el lugar
preponderante, ya que son los encargados de llevar el ritmo. El timbre de
algunos instrumentos como la trompeta tiene la propiedad de causar una
exaltación general
La violencia psíquica
Un rasgo característico de la propaganda hitleriana era crear alrededor
del nombre del líder una especie de leyenda de héroe nacional, para mantener
a las masas en un estado de esclavitud psíquica. Hitler afirmó en su libro "Mein
Kampf" ("Mi lucha") que "la propaganda política es el arte esencial de guiar
políticamente a las grandes masas". Y en el congreso de Nuremberg de 1936
exclamó: "la propaganda nos ha llevado hasta el poder, la propaganda nos ha
permitido conservar desde entonces el poder; también la propaganda nos
concederá la posibilidad de conquistar el mundo".
Si se trata de teorizar acerca del rol de la propaganda en el III Reich,
nadie mejor que los propios involucrados. Goebbels decía al respecto que "la
propaganda debe tender a simplificar las ideas complicadas". Hitler precisa
en su libro (transcripto en su mayor parte por su adláter Rudolf Hess en
prisión luego del fallido Putsch de Munich en 1923): "hay que reducir tanto
más el nivel intelectual de la propaganda cuanto mayor es la masa de hombres
a los que se quiere llegar".
La propaganda hitleriana se valía del sentimiento nacional del pueblo
alemán, de su tendencia chauvinista. Otros aspectos de este fenómeno eran la
persecución antisemita (encarada con una brutalidad tal desde la propaganda
hasta convertirse en su talón de Aquiles en el exterior) y la demagogia
social desenfrenada en el orden interno. Uno de los atributos
característicos del fascismo, la valoración positiva del uso de la
violencia, se refleja en las siguientes palabras de Hitler: "la primera de
las condiciones para el éxito consiste únicamente en la aplicación
perpetuamente uniforme de la violencia". La "persuasión por la fuerza",
campañas propagandísticas cuya base era el miedo, era el denominador común.
Rara vez en los discursos del führer dejaba de haber un llamamiento a la
violencia, una amenaza velada o una apología de la fuerza militar.
Domenach decía que el hitlerismo corrompió la concepción leninista de la
propaganda e hizo de ella un arma en sí, de la que servirse indiferentemente
para todos los objetivos. Las consignas leninistas tenían una base nacional,
aunque se adhieran en definitiva a unos instintos y a unos mitos
fundamentales. Pero cuando Hitler lanzaba sus invocaciones sobre la raza y
la sangre a una muchedumbre fanatizada, que le respondía con sus Sieg Heil’,
sólo le preocupaba sobrexcitar en lo más hondo de ella el deseo de poderío y
el odio. Esta propaganda no designa unos objetivos concretos: se vierte en
forma de gritos de guerra, de imprecaciones, de amenazas y de vagas
profecías, y si hay que hacer promesas, éstas son tan insensatas que sólo
pueden llevar al ser humano a un nivel de exaltación en el que éste contesta
sin reflexionar.
Otra regla es la de no hablar nunca en condicional. "Sólo la afirmación
indicativa o imperativa nutre la psicosis de poderío y la psicosis de terror
entre los enemigos". (Mein Kampf" 1944). Por otro lado, Goebbels le asignaba
a la unidad de mando el éxito de cualquier propaganda política, ya que,
según él, "el fuerte es más fuerte cuando se queda solo". Constantemente en
sus discursos se repetía que los nazis eran los vencedores -o que
vencerían-, para "provocar la fuerza de sugestión que procede de la
confianza en uno mismo". Este precepto está estrechamente ligado a otra
característica de la propaganda hitleriana: el empleo de la mentira.
Lo que Goebbels comprendió a la perfección –cuestión fácil para alguien
de su instrucción que conocía sobradamente la teoría de los reflejos
condicionados- en lo que refiere a las condiciones del éxito de su
propaganda, fue la regla de su repetición. Dice al respecto: "todo el genio
desplegado en la organización de una propaganda no lograría éxito alguno si
no se tuviera en cuenta, siempre con el mismo rigor, un principio
fundamental: debe limitarse a un número reduc |