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231110 - 35 Aniversario del Frente Polisario

¿Existe el Sahara Occidental?

El extremo occidental del Sahara argelino es totalmente estéril. Le llaman tanezfout, tierras de la sed; un desierto que registra la mayor salinidad del mundo, sin posibilidades de ningún tipo de agricultura. En las estadísticas mundiales el nivel de desarrollo económico de esa región aparece simplemente como cero.

 

Al mirar los mapas, uno diría que el Sahara Occidental, la patria que quedó a medio nacer en el periodo de la descolonización de África, no existe. Pero, ¿realmente existe esta nación?

 

El Sahara Occidental es hoy un pueblo desgarrado en tres espacios. Uno es el territorio bajo el régimen marroquí, con su capital, El Aiún, una larga franja litoral bañada por el Atlántico, puertos ricos en pesca, ciudades sagradas, centenares de presos políticos y el famoso triángulo útil de Bru Craa, que contiene 2 millones de toneladas de fosfatos.

Ahí habitan, se calcula, 250 mil saharauis. En esta zona surgen, de manera cíclica, los movimientos de rebelión de la población originaria contra las autoridades de ocupación.

Otro espacio es el territorio liberado, la franja mutilada por el muro de contención que el ejército marroquí construyó a partir de 1981 con diseño israelí, financiamiento saudita y tecnología estadounidense y francesa.
 

El Polisario o Frente Polisario (Ŷabhet al Bolisariu), acrónimo de Frente Popular de Liberación de Saguía el Hamra y Río de Oro (Ŷabhet el-Šaebiyah el-Tahrir Saquiyah el-Hamra' o-Wodi al-Daheb) es el movimiento de liberación nacional del Sahara Occidental que trabaja para acabar con la ocupación de Marruecos y conseguir la autodeterminación del pueblo saharaui.

El muro se extiende a lo largo de mil 900 kilómetros, y a su alrededor se han sembrado cerca de 4 millones de minas. Se levantó para contener los embates del Frente Polisario. Ha dividido a miles de familias, ha cortado milenarias rutas de caravanas de camellos. Ha cercenado a los saharauis de la parte más rica y fértil de su territorio.

La única población en territorio liberado, Tifariti, fue declarada, hace poco, capital del Frente Polisario. Según el plan del recién relecto presidente Mohamed Abdelaziz, el parlamento y el consejo nacional de la República Árabe Democrática Saharahui (RASD) deben asentarse ahí.

Un tercer espacio son los campamentos de Tindouf, con poco más de 120 mil refugiados que viven de la asistencia internacional, sin posibilidades de desarrollo.

La actual nación del Sahara Occidental ha construido su identidad nacional, su Estado y su organización política, social y económica “en la intemperie del mundo”, como describe la diputada en el Parlamento Africano Suelma Beiruk, responsable de desarrollo social y cooperación internacional de la Unión de Mujeres. Es una definición que alude no sólo a las terribles condiciones geográficas y climáticas de la hamada argelina, sino a la soledad de su causa en la comunidad internacional. “El mundo nos mira y nos olvida casi inmediatamente.”

La población refugiada depende por completo de la asistencia internacional. Sin embargo, los campamentos saharauis destacan por su organización y autogestión. Los refugiados del Sahara están muy lejos de padecer la degradación y la miseria extrema que sufren otros contingentes de desplazados africanos.

En el Sahara Occidental, que se reivindica como el único país hispanohablante del mundo Árabe, sólo una minoría habla castellano. La lengua cotidiana es el hasania, dialecto del Árabe clásico.

Los intelectuales saharauis reconocen que no fue España, sino Cuba, quien acudió “al rescate del castellano” en la antigua colonia del régimen franquista.

Desde 1977, cuando fueron becados los primeros 22 saharauis para estudiar en la isla caribeña, son miles de jóvenes los que cruzan el Atlántico desde adolescentes. En Cuba terminan su formación y regresan a los campamentos como médicos, ingenieros, lingúistas o educadores.

Las becas para estudiar en el exterior, sea en Cuba, España, Argelia o Libia, son una obsesión nacional. Hace 30 años, al salir al exilio, 70 por ciento de la población era analfabeta. Hoy han logrado revertir la situación. Sólo 30 por ciento no sabe leer.

El nivel de la cobertura de salud es otra hazaña de este pueblo. Sus estadísticas son superiores a las de la mayoría de los estados africanos. Hay una cobertura asistencial de 90 por ciento y cuatro hospitales regionales, con 250 camas y 13 médicos especialistas cada uno.

Un nuevo fracaso diplomático entre Marruecos y el Sahara

El valor de la diplomacia como vía para la solución pacífica de los conflictos en el mundo indudablemente va a la baja.

El Sahara Occidental, que espera desde hace décadas el reconocimiento a su derecho a la autodeterminación, ha topado dolorosamente, una vez más, con esta realidad.

Después de un impasse de más de 10 años y del fracaso de dos iniciativas propiciadas por la Organización de Naciones Unidas (ONU) para resolver el diferendo entre el reino de Marruecos y la República Árabe Democrática Saharahui –los planes Baker I y II– las dos partes se reunieron, a mediados del año pasado, en Manhasset, Long Island, en Estados Unidos.

La decisión del Frente Polisario de reabrir un proceso de diálogo constituyó una concesión mayor. La negociación supuestamente había concluido hace 17 años con el compromiso, avalado por la ONU, de realizar un referendo en el que los saharauis de los campamentos de refugiados y de las ciudades bajo control marroquí pudieran optar por su estatus como nación o como parte del reino de Rabat. Pero Marruecos nunca cumplió el acuerdo.

En los diálogos de Manhasset las posiciones de las dos partes volvieron a chocar. La postura del Polisario es el derecho a la autodeterminación, por lo que trata de acordar las modalidades del referendo aplazado desde 1991. Para Rabat, que parte de la consigna de que “el Sahara es marroquí”, su postura refleja un plan unilateral de facultades autonómicas para el Sahara, que descarta el derecho a la autodeterminación y la eventual independencia. Después de algunos encuentros de las dos delegaciones, el nuevo diálogo se estancó.

El pasado primero de mayo, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas emitió una resolución que da abiertamente un espaldarazo a las tesis marroquíes, al sostener que el conflicto desencadenado en 1975, con la invasión de la colonia española, sólo tiene una “solución realista”.

¿Cuál es el realismo en este caso? En la balanza de Marruecos pesan las alianzas del rey Mohamed V con George W. Bush y Nicolás Sarkozy, quien ambiciona controlar un Magreb francófono. En la balanza saharahui se ha descontado recientemente el papel de España, que prefiere nadar de muertito para no confrontar a las potencias.

Por lo que sólo quedan las fichas de los países del Tercer Mundo, que se mantienen firmes en favor de cerrar éste, que sería el último capítulo de la descolonización africana.

El Departamento de Estado en Washington reaccionó de inmediato a la resolución del Consejo de Seguridad, afirmando que “un Estado saharaui independiente no es una opción realista”. El mensaje es inequívoco.

La pregunta es: después de esta declaración, ¿hay condiciones para continuar la negociación política por la vía diplomática?

Historia de una nación nómada

Lo que se conoce como la nación saharaui –cuyo origen es confluencia de los sanaja, quienes mediante la utilización de camellos lograron domar las extensiones desérticas, y los almorávides, procedentes de Yemen en el siglo XI– pobló la zona desde el siglo XIII y fundó ciudades como El Aiún, la ciudad sagrada de Esmara, Dajla o Ausred.

Hasta mediados del siglo XX el Sahara Occidental se mantuvo como una federación de tribus nómadas. Ni marroquíes ni mauritanos lograron imponer su dominio. España legitimó su derecho sobre esos territorios mediante un acuerdo con Portugal en el siglo XVI, pero es en el siglo XIX cuando las expediciones españolas inician el establecimiento de guarniciones, siempre con el acuerdo de líderes de las tribus locales.

Los beduinos saharauis se identifican como aulad enau, “hijos de las nubes”, hombres “de turbante negro”, para diferenciarse de los tuareg argelinos, “de turbante azul”. A mediados de los años 50 del siglo XX se definen los límites del Sahara Occidental como protectorado español.

Germen independentista

Al calor de los movimientos de liberación africanos, y en particular de los de Marruecos y Argelia contra Francia, en 1970 surgen las primeras organizaciones independentistas, germen de lo que después sería el Frente Polisario (acrónimo de Frente Popular para la Liberación de Saguia El-Hamra y Río de Oro). Su fundador es Lueli Mohamed Sayed, hijo de nómadas, estudiante y obrero. En 1977, a los 28 años, cayó en el frente de batalla.

El proceso de independencia se ve truncado por la retirada de España a la muerte del dictador Francisco Franco, que ilegalmente cede tres cuartas partes de su protectorado a Marruecos y una cuarta parte a Mauritania. Este último país se retira en 1979, derrotado por la acción guerrillera del Frente Polisario. Por el contrario, Marruecos acelera sus planes de colonización con el inicio de la Marcha Verde, que en 1974 lleva a 350 mil marroquíes a asentarse en las ciudades saharauis.

En 1976 se proclama la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) y establece su sede en el exilio en los campamentos de Tindouf, en el inhóspito extremo occidental de Argelia, a 800 kilómetros de la ciudad más cercana; a mil kilómetros de Argel, la capital. Apoyada por una resolución de la comisión de descolonización de la ONU, más de 70 países la reconocen.

 


 

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