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Desconocemos, por el
momento, al autor o autora de este texto inspirado en el
pensamiento de Víctor Tau Anzoátegui, así como la fecha de su
realización.
Nunca faltan oportunidades para plantearnos y replantearnos
la utilidad, oportunidad y perspectivas de las disciplinas a las que estamos
abocados. Quizá sea en estos nuevos tiempos marcados por una impronta
utilitarista cuando con mayor intensidad habría que reiterar la importancia
de esta pregunta.
El tiempo que
transcurre, las realidades que cambian, cada curso que comienza y las obras
y artículos que se escriben, nos enfrentan al desafío de reflexionar o tal
vez encontrar nuevas respuestas acerca de la necesidad del estudio del
pasado jurídico.
El derecho como producto histórico
"El Derecho no puede comprenderse sin la Historia y la
Historia no puede comprenderse sin el Derecho" dijo Víctor Tau Anzoátegui al
incorporarse recientemente como miembro de número a la Academia Nacional de
Derecho y Ciencias Sociales de Buenos Aires. [1]
Tal afirmación se fundamenta en
que el Derecho es una realidad histórica porque las sociedades en las que
nace, se desarrolla y aplica son realidades vivas que se transforman, con
mayor o menor rapidez e intensidad, con el paso del tiempo.
En esta historicidad del
Derecho se encuentran presentes simultáneamente continuidad y evolución.
Mientras por una parte, los sistemas jurídicos bajo los que se organiza la
vida en sociedad tienden a mantenerse vigentes como garantía de continuidad
en los planteamientos básicos, por la otra, la propia dinámica de los hechos
provoca que la evolución de las sociedades reclame soluciones nuevas, como
consecuencia de los igualmente nuevos condicionamientos sociales, políticos
o culturales que van surgiendo.
Al mismo tiempo, lo que define
al Derecho es su carácter social, es decir, el ser una manifestación
cultural emanada de una determinada sociedad sobre la cual se aplica y de la
cual recibe los reflejos e impulsos que determinan su carácter y los signos
de su evolución.
Por lo tanto, siendo el Derecho un producto histórico, la perspectiva
histórica es imprescindible para la comprensión y reflexión del
fenómeno jurídico, en otras palabras, para el avance del conocimiento
científico y para el enriquecimiento del universo jurídico en general.
Desde esta perspectiva, entendemos que los contenidos histórico jurídicos
deben integrar la currículo de la carrera de Abogacía; ser incorporados a
los estudios de postgrado y doctorado y deben completar la formación de
abogados, magistrados y legisladores.
La Historia del Derecho, asignatura formativa
Tradicionalmente la historia
del derecho ha sido considerada una asignatura sobre todo formadora, que
“alarga” el horizonte cultural de los juristas, al proporcionar
la visión del derecho vivido en las diversas épocas. De esta manera,
contribuye a marcar la evolución seguida y permite conocer y comprender los
procesos por los que se ha pasado hasta llegar a nuestro derecho actual.
Para los alumnos de la carrera
de grado pretende sentar las bases que permitan trazar con precisión las
coordenadas en las que han tenido origen cada una de las distintas
instituciones que irán estudiando en las diferentes materias de su plan de
estudios.
Mientras las disciplinas
dogmáticas tratan de generar certezas acerca del derecho positivo vigente,
la Historia del Derecho busca los planteamientos críticos. De hecho, esta
disciplina encuentra su campo de actuación en el ámbito de la crítica a los
postulados implícitos sobre los que se construye el Derecho actual, sobre
todo frente a aquellos que tratan de presentar el Derecho de nuestros días
como un producto racional, necesario y definitivo.
Hoy en día está fuera de discusión que si en las universidades queremos
formar juristas y no simples “operadores del derecho”, asignaturas
formativas como la de Historia del Derecho, la Sociología, la Filosofía o la
Economía Política no pueden estar ausentes de los plantes de estudio. Se
trata de materias que impartidas durante los años de estudios
universitarios, contribuyen a la formación integral de
los alumnos y les proporcionan un bagaje cultural indispensable para
comprender el mundo en el que viven y en el que un día desarrollarán su
actividad profesional.
Si se encara el estudio de la historia del derecho a nivel de postgrado y
doctorado, la disciplina servirá para completar la formación jurídica de los
alumnos, desde una perspectiva que combine interdisciplinariedad y
especialización. Así lo ha expuesto, con la lucidez que lo caracterizó, el
malogrado Tomás y Valiente, al afirmar que “si se quiere ser un jurista y no
un simple conocedor de las normas vigentes para su aplicación mecánica
ausente de toda crítica, se debe ‘pensar’ con una conciencia histórica del
derecho y de su evolución”. [2] De ahí la función indispensable
que tiene la Historia del Derecho en la formación del letrado en general y
del jurista en particular.
Quien se conforme exclusivamente con reunir información y no tenga
por objetivo discernir acerca de las líneas vitales del fenómeno jurídico
podría prescindir de la historia, en cuyo caso tendrá un conocimiento
aparente de la realidad jurídica. Sin embargo, aquel que pretenda
convertirse en un jurista integral capaz de penetrar en la raíz de los
problemas descubriendo sus causas últimas, necesita disponer de todas las
herramientas de análisis de los problemas jurídicos.
Visto de esta forma, la perspectiva histórica lo sitúa en unas condiciones
netamente superiores para adentrarse con éxito a desentrañar las bases de
las cuestiones de carácter jurídico.
Al graduado en Derecho debe exigírsele algo más que una mera destreza
práctica en la resolución de problemas concretos: la sociedad lo considera
como escalón necesario desde el que se puede avanzar en el progreso de la
sociedad a la que pertenece
Es que una vez finalizados los estudios de grado y convertidos en abogados,
funcionarios públicos, magistrados e inclusive legisladores, tendrán frente
a sí a clientes, administrados, judiciables e inclusive habitantes y
ciudadanos que esperan del graduado en Leyes una respuesta para todo. Y en
esa capacidad de respuesta, en ese bagaje cultural del abogado, estarán
presentes la Historia del Derecho, la Sociología, la Filosofía o la Economía
Política aprendidas y “aprehendidas” en la Universidad.
El estudio
de la Historia del Derecho proporciona las claves necesarias para la
comprensión de cómo se ha llegado a la creación del Derecho actual, a la vez
que permite conocer determinados mecanismos de análisis que, debidamente
adaptados, se pueden aplicar no sólo a otras asignaturas de los estudios de
Derecho, sino también al ejercicio profesional.
A diferencia de otras disciplinas jurídicas que comparten con la Historia
del Derecho ese carácter “eminentemente formador”, nuestra asignatura
permite acceder a las claves de interpretación y de comprensión del
desarrollo jurídico desde sus antecedentes más remotos hasta nuestros días,
a partir del estudio de las fuentes e instituciones del derecho público y
privado.
Tal como lo ha sostenido Helmut Coing, al historiador del derecho le
corresponde en primer lugar la tarea de llevar a cabo “la aprehensión del
ordenamiento jurídico” propiamente dicho de cada período histórico. A este
fin, el eslabón inicial de su cadena intelectual pasará por realizar el
acopio y posterior estudio de las fuentes en las que se contiene el material
de la experiencia jurídica del pasado. De esta forma, trata de buscar las
vías que permitan hacer factible el conocimiento de la experiencia jurídica
de cada época.
La
siguiente tarea del historiador del derecho consiste en exponer el
pensamiento jurídico de la época, lo que al mismo tiempo le permite
determinar el grado cultural del derecho investigado. Así, partiendo del
análisis de lenguaje y los conceptos jurídicos junto con el conocimiento de
la realidad histórica bajo la que aquellas soluciones se presentaban,
llegará a tener una idea adecuada de la sociedad estudiada y ello, para que
a su luz aparezca el conjunto de normas e instituciones sobre las que se
articulaba la vida en cada época.
En ese “recrear” el pasado se analizan las cuestiones jurídicas planteadas
en distintas épocas , así como los textos jurídicos de cada uno de los
períodos históricos más relevantes en el camino que conduce a la estructura
jurídica actual. De esta manera, se accede a la lectura e interpretación de
fuentes legales, doctrinarias y judiciales a las que tal vez los alumnos
nunca hayan tenido oportunidad de acceder
La historia del derecho como
instrumento de relativización y de maduración del fenómeno jurídico
Tanto para
los estudiantes como para todos los que tienen al derecho como objeto de
estudio, la Historia del Derecho proporciona el sentido histórico al
presentar al Derecho como realidad cambiante, al tiempo que demuestra
la dependencia del Derecho con de otros órdenes de la sociedad. En
palabras de Tomás y Valiente, "La tendencia a divinizar la norma y la
dogmática actuales debe ser conjurada desde la Historia del Derecho, que
actúa así como saludable escuela de relativización". Así, los conocimientos
histórico-jurídicos proporcionan elementos para poder efectuar este proceso
en cada sociedad, para poder adaptarlo a las cambiantes necesidades que el
paso del tiempo impone.
De esta forma, el conocimiento del pasado jurídico sirve como instrumento de
maduración crítica sobre el presente, al tiempo que permite “tomar
distancia” de un enfoque exclusivamente dogmático.
Entendemos que este enfoque permite “correrse a un
costado” para, a la luz de la experiencia vivida, analizar los problemas que
plantea el derecho presente, desde una perspectiva general.
En este sentido, la formación histórico-jurídica contribuye al estudio y
reforma del derecho, con miras a ayudar a los legisladores y a los jueces a
no equivocarse en la interpretación de las normas jurídicas, a no adoptar
modelos extraños a nuestra cultura jurídica, sin el juicio crítico adecuado.
De esta forma, la historia del derecho permite identificar los valores
permanentes que residen en el derecho y adquirir la necesaria sensibilidad
jurídica.
Creemos que el derecho no es simplemente una realidad unidimensional
y que no se limita a las normas jurídicas y las sentencias de los jueces,
sino que para alcanzar una concepción completa del mismo se hace necesaria
su exploración desde diversos ángulos. Desde esta perspectiva, además del
esencial conocimiento del derecho positivo, es imprescindible la reflexión
acerca del derecho en clave filosófica y por supuesto, desde la perspectiva
histórica. De esta manera, y sólo de esta manera, puede obtenerse una visión
completa del fenómeno jurídico.
Este
“pensar” históricamente suministra a la conciencia del estudiante o hombre
de derecho, materiales sobre los cuales ejercer su juicio y su voluntad a la
hora de aplicar la ley o plantear su eventual reforma, al tiempo que permite
relacionar el derecho y otros elementos presentes en la realidad a la que el
derecho no es ajeno, como la conformación del mismo, los factores que lo
condicionan, los cambios que ha experimentado, los valores o en su caso las
utopías que pretende implementar. La mirada histórico-jurídica contribuye al
análisis dinámico del orden jurídico, al permitir reflexionar acerca de las
instituciones jurídicas como productos históricos o
resultado de permanentes cambios.
No
podría finalizar estas reflexiones, sin traer a colación nuevamente el
pensamiento de Víctor Tau Anzoátegui, al afirmar que “el progreso científico
en las humanidades consiste en anudar lo más profundo de la tradición con la
innovación de buena calidad” y que “el historiador, desde su observatorio en
movimiento, ayuda modestamente en esa renovada labor de conocimiento a la
cual nos sentimos impulsados quienes aspiramos a penetrar en el profundo
entramado de la vida jurídica" [3]
En síntesis, el cultivo de la Historia del Derecho amplía
el horizonte del conocimiento científico y
aporta a una comprensión madura de nuestro
ordenamiento jurídico, de su marco cultural y de las líneas que llevan a su
transformación. Así lo han entendido las universidades más importantes del
mundo, al incluir la historia del derecho no sólo como materia de grado sino
también entre las áreas correspondientes a sus Doctorados.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
COING,
Helmut: Las tareas del historiador del Derecho. (Reflexiones
metodológicas). Sevilla. 1977.
LEVAGGI, Abelardo: Manual de Historia
del Derecho Argentino. Buenos Aires. Depalma. 1996 y 1991.
TAU ANZOÁTEGUI, Víctor:
Discurso de incorporación a la Academia Nacional de Derecho y Ciencias
Sociales de Buenos Aires, El historiador ante el derecho,
12-9-02. La Ley, marzo 2003, Anticipo de Anales. año XLVII, 2da época. nro.
40
TOMÁS Y VALIENTE, Francisco: Manual
de Historia del Derecho Español. 4 edición. Tecnos. Madrid. 1987.
CRUZ BARNEY,
Oscar: Historia del derecho en México.
Oxford University Press.
2000.
RABINOVICH-BERKMAN,
Ricardo D: Un viaje por la historia del derecho. Editorial
Quórum. Buenos Aires, 2002.
TAU ANZOÁTEGUI, Víctor:
Discurso de incorporación a la Academia Nacional de Derecho y Ciencias
Sociales de Buenos Aires, El historiador ante el derecho,
12-9-02. La Ley, marzo 2003. Anticipo de Anales. año XLVII. 2da época, nro.
40
TOMÁS Y VALIENTE,
Francisco: Manual de Historia del Derecho Español. 4 edición.
Tecnos. Madrid. 1987. p. 34-35.
Ob. Cit
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