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Michel Foucault y la visión androcéntrica del panóptico:
Rosalía Romero

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05 - La familia moderna

En el presente artículo analizamos algunos aspectos de la formación de la familia moderna a partir de la concepción foucaultiana de la
sociedad disciplinaria. Si bien el análisis de Foucault de las nuevas relaciones de poder que entran en juego en la sociedad moderna son de
una gran importancia, en el estudio de su obra

detectamos una perspectiva androcéntrica al no ver la separación de lo público y lo privado en la formación de la familia nuclear.

En La Gaya Ciencia(1)Nietzsche denuncia la ausencia de una reflexión filosófica acerca de todo lo que ha dado color a la existencia, preguntando acerca de cuestiones tales -entre otras- como si hay una filosofía de la nutrición, si se ha expuesto la dialéctica del matrimonio y de la amistad, y advierte que queda mucho por pensar en estas materias. Foucault adoptó en su segundo período el método genealógico; además de asumir un método de análisis brindado por la filosofía de Nietzsche, ha sido considerado el más consecuente nietzscheano, sobre todo, porque continuó con "aquellas vías de investigación" señaladas por el autor de La Genealogía de la Moral(2). Las cárceles, los manicomios o los cuarteles apenas habían aparecido en el pensamiento filosófico; aún había pasado más desapercibida "la inscripción disciplinaria que sufre el cuerpo en la sociedad moderna, en nombre de una racionalidad organizativa"(3).

Ciertamente sobre cárceles, manicomios o cuarteles se había hablado, hasta Foucault, muy poco en filosofía; sin embargo, la ausencia de una reflexión sobre "el matrimonio" permanece intacta en la obra foucaultiana. El autor de Vigilar y Castigar realiza un análisis pormenorizado de las instituciones disciplinarias y denuncia las relaciones de poder que entran en juego a partir del nacimiento de la prisión a principios del siglo XIX, relaciones de poder en las que la vigilancia desempeña un papel clave y que se extienden a otras instituciones modernas como el manicomio, el hospital, la fábrica y la escuela.

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En el estudio que Foucault hizo de los problemas de la penalidad observó que todos los proyectos de reforma de las prisiones, en la primera mitad del siglo XIX, se referían casi siempre al invento de Bentham: el panóptico(4). El Panóptico de Jeremías Bentham es una obra editada a finales del siglo XVIII en la que su autor hace una descripción de la estructura arquitéctonica de la prisión moderna. El principio era:

"En la periferia, una construcción en forma de anillo; en el centro, una torre, ésta, con anchas ventanas que se abren en la cara interior del anillo. La construcción está dividida en celdas, cada una de las cuales atraviesa toda la anchura de la construcción. Tienen dos ventanas, una que da al interior, correspondiente a las ventanas de la torre, y la otra, que da al exterior, permite que la luz atraviese la celda de una parte a otra. (...) Por el efecto de la contraluz, se pueden percibir desde la torre, recortándose perfectamente sobre la luz, las pequeñas siluetas cautivas en las celdas de la periferia(5)".

Esta construcción arquitectónica permite que el individuo que esté encerrado en la celda pueda ser observado, de manera permanente, sin que él pueda ver al vigilante. El aislamiento es total: no sólo está incapacitado para ver a quien lo vigila sino que tampoco puede ver al resto de los vigilados. La propia estructura del Panóptico impone la imposibilidad de cualquier comunicación. De este modo, se evita cualquier "conspiración colectiva", cualquier complot; se imposibilita cualquier proyecto en común que pudiera surgir entre los individuos objetos del encierro.

El esquema del Panóptico es presentado por Bentham como una institución específica, la prisión. Foucault, sin embargo, lo presenta como un modelo general de funcionamiento de las instituciones de la sociedad disciplinaria.

"El Panóptico debe ser comprendido como un modelo generalizable de funcionamiento; una manera de definir las relaciones del poder con la vida cotidiana de los hombres(6)"..
 

El Panóptico es un modelo de relación de poder generalizado en una anatomía política nueva(7). Esta relación de poder se caracteriza por la forma en que es construida la jerarquización, a través de la cual se insertan los cuerpos en espacios previamente distribuidos y se ejercita la vigilancia. La distribución de los cuerpos de los vigilados en espacios sometidos a control genera un estado de "autovigilancia" en el detenido u observado, permitiendo que el efecto de la mirada del otro sea permanente, aun siendo ésta discontinua en su acción(8).

En este análisis Foucault observa que no importa quién esté en el espacio del vigilante para hacer funcionar una relación de poder; incluso puede ser un individuo elegido al azar. El que está sometido a un campo de visibilidad "se convierte en el principio de su propio sometimiento"(9). La relación entre el vigilante y el vigilado es ficticia, pero lo que importa es que genera una sujeción real en el vigilado. Todo individuo, o grupo de individuos, que están sometidos a un campo de visibilidad son objetos de este ejercicio del poder. El esquema panóptico se extiende a los hospitales, los talleres, las escuelas, las prisiones(10). Foucault afirma que "-bajo reserva de las modificaciones necesarias-" es aplicable a todos los establecimientos en los que el espacio no es muy amplio y hay que vigilar a un cierto número de personas(11). La extensión de su aplicación perfecciona el ejercicio del poder: disminuye "el número de los que lo ejercen, a la vez que multiplica el número de aquellos sobre quienes se ejerce"(12).

El análisis foucaultiano de la sociedad disciplinaria centra su atención en las instituciones de la esfera pública. La afirmación de Foucault que sostiene que "el panoptismo es el principio general de una nueva anatomía política" ¿es aplicable, sin embargo, a la esfera privada de la sociedad, a la familia moderna? Para responder a esta cuestión planteamos las siguientes preguntas sobre algunas de las tesis derivadas del análisis del Panoptismo.

1. "El Panóptico debe ser comprendido como un modelo generalizable de funcionamiento; una manera de definir las relaciones de poder con la vida cotidiana de los hombres". Cuestión: ¿Se puede hablar en los mismos términos de las relaciones de poder que se ejercen en la vida cotidiana de los hombres y de las mujeres en la formación de la familia moderna?

2. "El efecto mayor del Panóptico es inducir en el detenido un estado consciente y permanente de visibilidad que garantiza el funcionamiento automático del poder. Hacer que la vigilancia sea permanente en sus efectos, incluso si es discontinua en su acción. Este aparato arquitectónico es una máquina de crear y de sostener una relación de poder independiente de aquel que lo ejerce"(13). Cuestión: ¿En las relaciones de poder que se inscriben en la familia moderna se puede afirmar que "la relación de poder es independiente de aquel que lo ejerce?

3. En la aplicación del esquema Panóptico de poder "se puede reducir el número de los que lo ejercen, a la vez que se multiplica el número de aquellos sobre quienes se ejerce". Cuestión: ¿En la instauración progresiva de la "familia moderna" se puede afirmar que hay una reducción del número de individuos que ejercen el poder?

Foucault sostiene la tesis de que en el siglo XVIII hay un cambio en el ejercicio del poder: se pasa de un poder que se ejerce como "derecho de muerte" a un "poder sobre la vida"(14). "El sexo entrará dentro de un biopoder o administración de la vida. El poder ya no será poder puramente negativo, poder de dar la muerte sino poder de administrar la vida". Esta administración de la vida requiere un conocimiento de la población; para ello se realizan estudios sobre la tasa de natalidad, la edad en que habitualmente se contrae matrimonio, los nacimientos legítimos e ilegítimos, la precocidad y frecuencia de las relaciones sexuales, los métodos anticonceptivos, la influencia de los tabúes sexuales sobre la natalidad, etc.(15).

En el siglo XVIII se fomentó considerablemente una política natalista a través de dispositivos que ejercían un poder sobre la vida. En este siglo la gente estaba convencida de que había una disminución del índice de natalidad, hecho que posteriormente los historiadores han puesto de manifiesto que era falso. Foucault se remite a Flandrin(16) y explica que en este siglo las mujeres eran inducidas a la contracepción por una política natalista. Puede parecer paradójico pero no lo es: el fin era que las mujeres criaran a sus hijos y no los dejaran al cuidado de las nodrizas, por los daños que podían sufrir: "algunas nodrizas alcanzaron el récord de 19 niños muertos sobre 20 que se les habían confiado". La contracepción se practicaba para que los infantes, una vez nacidos, pudieran vivir, no para que no hubiera más nacimientos(17).

Hasta esta época la tradición médica y popular creía que una mujer cuando estuviera criando no debía tener relaciones sexuales pues el tenerlas podía producir que la leche no estuviera en las condiciones óptimas. Las mujeres ricas, entonces, llevaban a sus hijos a una nodriza para que ésta los criara. Foucault interpreta que lo hacían "para poder volver a tener relaciones sexuales y conservar a sus maridos". Las mujeres pobres lo hacían para ganar dinero; existían "verdaderas empresas" en la industria de la lactancia: incluso están los intermediarios entre los padres y las nodrizas.

El crecimiento demográfico del Occidente europeo durante el siglo XVIII hace aparecer la población no sólo como problema teórico sino como objeto de vigilancia y de intervención. La política natalista incita al matrimonio y entre las implicaciones de la nosopolítica de este siglo Foucault señala el privilegio de la infancia y la medicalización de la familia(18). Como la investigación del historiador francés Philippe Ariés había mostrado, la infancia no es considerada como una fase específica y dotada de finalidad hasta el siglo XVIII(19). Es, por tanto, en esta época cuando se plantea que esta edad de la vida ha de gestionarse convenientemente. En este momento la familia, dice Foucault, tiene que convertirse en un medio físico que mantenga y favorezca el cuerpo del infante. La relación conyugal prolonga dos ramas familiares y, por tanto, se establece para producir descendencia, pero Foucault señala que la nueva conyugalidad se establece "para organizar lo que servirá de matriz al individuo adulto". Desde finales del siglo XVIII constituyen algunas de las leyes morales de la familia la salud -en primer lugar la salud de los infantes-, el cuerpo sano, limpio, útil, el espacio limpio, la distribución médicamente óptima de los individuos, de los espacios de las camas, el juego entre el cuidador y el cuidado(20).

Este hecho que Foucault pone de relieve nos sugiere que en la política médico-familiar podría venir engendrada la ética del cuidado, que conlleva una prescripción moral para las mujeres. He aquí la respuesta a la primera cuestión que hemos formulado: en la realidad social sobre la que se asienta la política médico-familiar en el siglo XVIII se inducía a las mujeres a que fueran ellas quienes se ocuparan de sus hijos. Foucault ha señalado que era para restablecer un poco el orden y así paliar las insuficiencias que presentaban las nodrizas con el alto número de mortalidad infantil. Pero realmente ¿por qué son las madres las que se ven abocadas al cuidado de sus hijos? El encierro de Madelaine Chapé, futura madre biológica, en la primera mitad del siglo XVIII (1.728), podría ser ilustrativo de las distintas prescripciones morales existentes en función de los sexos. No se puede hablar, por tanto, en los mismos términos de las relaciones de poder que se ejercen en la vida cotidiana de los hombres y de las mujeres.

El abuelo y la abuela de Madeleine Chapé, de veintiún años de edad y huérfana de padre y de madre, solicitan el encierro de su nieta por la mala inclinación y el libertinaje de ésta, estando embarazada del séptimo mes; por este motivo piden que Madeleine sea encerrada en un hospital con objeto de parar el curso de su libertinaje. El escrito dice así:

 

"François Saffard y Madeleine Belot su mujer, abuelo y abuela de Madeleine Chapé de más de veintiún años de edad y huérfana de padre y madre, exponen muy respetuosamente a V.I., que a pesar de la buena educación que le han dado, ha querido seguir siempre su mala inclinación y su libertinaje, de modo que hoy está embarazada del séptimo mes, por lo que os suplicamos muy respetuosamente, Señor, que tenga a bien concedernos la gracia de recluir en el hospital a la mencionada Madeleine Chapé para parar el curso de su libertinaje que deshonra a los solicitantes quienes estarán muy agradecidos y rogarán a Dios por la salvación de V.I.

Safard(21)"

 

El escrito de los abuelos de Madeleine Chapé es acompañado de otro, realizado por una persona que testifica conocer el caso y que da prueba de la veracidad de los hechos expuestos por los solicitantes. La muchacha fue recluida en el hospital de la Salpêtrière durante dos años y medio hasta que los abuelos solicitaran la puesta en libertad.

Hacia mediados del siglo XVIII aparecieron asociaciones filantrópicas, cuyo objetivo era extraer de las cárceles a los padres que estaban dentro por no pagar el sueldo a las nodrizas que cuidaban a sus hijos. La asociación los liberaba pagando todos los débitos atrasados. Pero en vista de que tales acciones no paliaban la problemática porque la falta de pago a las nodrizas se repetía, se crearon a finales del siglo sociedades de caridad materna. Estas sociedades se propusieron como objetivo ayudar a las madres pobres a condición de que éstas se comprometieran a amamantar ellas mismas a sus hijos, o, como mínimo, a hacerlos criar cerca de ellas(22). Del mismo modo los discursos de la época prescribían las responsabilidades de la mujer-madre. Peuchet, autor de la Encyclopédie méthodique, en el año 1.785 lo expresaba así:

"La mujer, a la que su estado de madre, de nodriza, de protectora, prescribe deberes que no conocen los hombres, tiene, pues, un mayor derecho a la obediencia. Si la madre tiene un derecho más real a la sumisión de sus hijos, es porque tiene una mayor necesidad de él(23)".

Desde finales del siglo XVIII, numerosas asociaciones filantrópicas y religiosas encaminaron su trabajo a moralizar los comportamientos de las clases pobres y facilitar su educación. Las sociedades de patronato se ocuparán de restaurar progresivamente el matrimonio. Para ello se encargarán de hacer todos los trámites burocráticos y de pagar todos los gastos para que, al final, el futuro marido y padre de familia tuviera solamente que firmar en el registro. Las mujeres pobres no podían aportar la dote que tradicionalmente era proporcionada por la familia, las municipalidades o los cuerpos de oficio. Como vemos, restablecer una vida familiar en la clase obrera era una tarea ardua y lenta. Las mujeres estaban trabajando en la industria con empleos no cualificados y mal pagados, lo que les impedía sacar adelante solas a sus hijos. Las mujeres de las clases populares se veían obligadas a contrarrestar la carencia de la dote con el trabajo doméstico. Así pues, el matrimonio para las mujeres significa, o la reclusión total en la familia o cargar con la responsabilidad de la doble jornada laboral. A las mujeres madres de familia y esposas se les exigirá que la familia sea un espacio de intimidad. Será a ellas a quienes se culpe de que los hijos/as prefieran la calle y los maridos el bar antes que la propia casa. La comunidad en la que esté inserta la familia se constituirá en órgano censor de cada mujer en particular. Así, la mujer, siempre expuesta a la vigilancia de los demás, internalizará la mirada externa y se entregará paulatinamente a su propia familia. El valor de la "esposa y madre" se medirá en función de si la familia constituye o no un lugar cerrado.

Bajo el Antiguo Régimen la familia constituía la mínima organización política, explícitamente reconocida. El jefe de familia ejercía su poder sobre un amplio colectivo, constituyente de la organización familiar. En su interior no sólo eran objetos de poder la mujer y los niños, sino también las personas asociadas -parientes, domésticos, aprendices,...-, es decir, el poder se ejercía sobre individuos con quienes el padre de familia no tenía, necesariamente, un lazo de parentesco sanguíneo. Las niñas y los niños no eran en multitud de casos hijos biológicos, sino intercambiados con otras familias, de tal forma que los hijos biológicos salían del cerco de sus padres pocos años después de haber nacido. Con estas apreciaciones queremos señalar que, si bien la familia medieval o pre-moderna estaba compuesta por un conjunto de individuos que, fundamentalmente, constituían una unidad de producción, la familia nuclear se organiza fundamentalmente como una unidad de reproducción en la que los lazos biológicos están institucionalizados y revalorizados de una manera considerable.

En esta institucionalización de la importancia del lazo biológico de parentesco, prima el lazo biológico del niño/a con la madre. Cuando el Código de Napoleón en su art. 312 dispuso:"L'enfant conçu pendant le mariage a pour pére le mari (el hijo nacido durante el matrimonio tiene por padre al marido)"(24), en el intento de instaurar la monogamia, la importancia del reconocimiento del lazo biológico del padre con el niño no era, precisamente, el blanco prioritario de la intervención organizativa, pues, subrepticiamente, se estaba disponiendo que el infante que naciera sin que su madre conviviera con el progenitor, debería quedarse con ella.

La aparición del "sentimiento del hogar" como afinamiento del "sentimiento familiar" que se había forjado con la época moderna, se limitó durante mucho tiempo a los grupos sociales pudientes, a las clases burguesas y nobles del Antiguo Régimen. A principios del siglo XIX, gran parte de la población, la más pobre y numerosa, todavía no había sido objeto de la reestructuración de las relaciones familiares que tras la Revolución Francesa se prescribe. En el año 1.805 el Código Napoleónico, adoptado por un sinnúmero de países, no sólo europeos, sino también americanos, pasaba a considerar a las mujeres propiedad privada del marido, desde el punto de vista político, económico y social. En virtud de que este códice sostenía como fundamental que debía existir una familia fuerte para que el estado también lo fuera, trajo consigo un acrecentamiento del poder marital y una definición de la vida de las mujeres que conllevaba la revalorización social de sus funciones maternales y familiares

 

"La figura social femenina, ritualizada en el Código, es la de la campesina o el ama de casa, esposa del militar de carrera o del propietario burgués; en todo caso se proclama: "el marido debe poder decir a su mujer: señora, me pertenecéis en cuerpo y alma;... señora, no saldréis, no iréis al teatro, no podéis ver a tal o cual persona..."(25)

 

Como muestran estos datos históricos, la segunda cuestión que hemos planteado al análisis del Panoptismo como modelo del ejercicio del poder en la sociedad moderna no es aplicable a la familia. La relación de poder en el seno de esta institución no es independiente de quien lo ejerce. Las macroestructuras sociales otorgan el ejercicio del poder a los padres, a los varones. De esta segunda respuesta se puede desprender la tercera, es decir, no hay una reducción del número de individuos que ejercen poder, sino muy al contrario, los sujetos de éste, con la formación de la familia moderna, se multiplican de una forma directamente proporcional a la efectividad de la instauración de la nueva estructura familiar.

El concepto de "lo privado" cobra sentido en el marco de la dicotomía privado/público. Ambos conceptos están presentes en una muy temprana época de la cultura occidental con las mismas connotaciones de dominio que presentan en la época contemporánea. George Duby(26) ha rastreado en los textos clásicos latinos, con el sorprendente descubrimiento de la analogía semántica que presentan en los escritos de Cicerón las definiciones de los términos "privatum" y "publicus" y las realizadas por Littré en el siglo XIX. Este historiador francés explica cómo el término «"privado" afirma su permanencia a través de los tiempos en una firme estructura del lenguaje». Los mundos privados escapan jurídicamente a un poder cuya naturaleza se especifica mediante el término "público". Pero ello no significa que lo privado esté exento de poder, sino que existen dos clases de poder diferentes. Es más, Duby ha expresado al respecto que el poder privado "no es menos exigente y que, a semejanza del otro, no tolera las insumisiones del individualismo" y, además, la naturaleza del poder del padre de familia refleja su magnitud no sólo en el espacio acotado físicamente, sino también en la adhesión que se mantiene cuando el grupo adherido en el interior sale al exterior(27).

En el siglo XIX, bajo la égida del Código napoleónico, cuando la noción de vida privada alcanzaba su pleno vigor, el verbo "priver" se define como amaestrar y domesticar, y el adjetivo "privado" hace referencia a la familia, a la casa y al interior. "Lo público" se opondrá por una parte a lo propio, a lo que pertenece a éste o a aquél, y por otra parte a oculto y a secreto(28). Así, "lo privado", "lo familiar" se constituye en la propiedad de un particular, de un individuo que, como miembro del espacio público, tiene derecho a estar en el reparto de propiedad y de poder. Cada padre de familia se convierte así en el "embajador" del mundo público en la familia. Pero, al transformarse lo familiar en un mundo privado, cada vez más alejado de "lo social", la familia viene a ser una embajada del mundo público pero sin corresponsalía: el embajador -el padre- ejerce las funciones y dispone de la autoridad, que como "padre de familia", le otorga el mundo público, pero al mundo público no llegará información de lo que ocurra en el interior de la familia, pues, por definición, la familia ha de ser un lugar cerrado.

El sentimiento de la familia nuclear se extiende en círculos concéntricos a todas las clases sociales, y al proletariado a finales del siglo XIX(29). Michelle Perrot ha analizado cómo a lo largo del siglo XIX el discurso de los obreros franceses elogiaba al ama de casa y confinaba a las mujeres al ámbito familiar(30). Cèlia Amorós, remitiéndose al análisis que Heidi Hartmann(31) hace de la implantación del salario familiar, a finales del siglo XIX, a través de un pacto interclasista entre los varones, obreros de los sindicatos y capitalistas, define el patriarcado de la siguiente manera:

"...el patriarcado es (así) un sistema de implantación de espacios cada vez más amplios de iguales, en cuanto cabezas de familia, es decir, en cuanto controlan en su conjunto a las mujeres, a la vez que de desiguales jerarquizados en tanto que para ejercer tal control dependen los unos de los otros(32)".

 

Rosalía Romero es Doctora en Filosofía y profesora de E. S.

 

NOTAS:

  1. NIETZSCHE, F. La gaya ciencia. Trad. cast. de Pedro González Blanco. Madrid, ed. Sarpe, 1.984, pág. 38.

  2. Cfr. SAVATER, F. Ética como amor propio. Madrid, ed. Mondadori, 1.988, pág. 247.

  3. Ibidem. Desde el Feminismo se han hecho observaciones muy pertinentes acerca del estudio que Foucault ha realizado de la disciplina que se ejerce sobre el cuerpo en las sociedades modernas. Alicia Puleo, remitiéndose a los trabajos antropológicos de Paola Tabet, recuerda que "las técnicas disciplinarias de dominación de los cuerpos, en especial los de las mujeres, también han existido en las sociedades primitivas y anteriores a la Modernidad", cfr. Alicia Puleo, Conceptualizaciones de la sexualidad e identidad femenina: voces de mujeres en la Comunidad Autónoma de Madrid. Madrid, ed. Instituto de Investigaciones Feministas de la Universidad Complutense de Madrid, 1.994, pág. 37. Cfr. también Paola Tabet, "Fertilité naturelle, réproduction forcée", en Nicole-Claude Mathieu (comp.) L'arraisonnement des femmes. Essais en anthropologie des sexes, Paris, ed. de l'École des Hautes Etudes en Sciences Sociales, 1.985, págs. 61-131. Por otra parte, Sandra Lee Bartky valora de forma muy positiva la descripción que nuestro autor hace en Vigilar y Castigar de las prácticas modernas de disciplina que producen "cuerpos dóciles"; a pesar de ello, Bartky critica a Foucault que reproduzca el androcentrismo que es "endémico a toda la teoría política occidental", presuponiendo que las experiencias corporales de los hombres y de las mujeres son las mismas y no teniendo en cuenta que las relaciones que las mujeres tienen con "las instituciones características de la era moderna" difieren de las relaciones que mantienen los varones, cfr. Sandra Lee Bartky, "Foucault, Femininity, and the Modernization of Patriarchal Power" in Irene Diamond and Lee Quinby (ed.) Feminism & Foucault Reflections on Resistance. Boston, NorthEastern University Press, 1.988.; hay trad. cast. de Elena Larrauri en Mujeres, Derecho penal y criminología, Madrid, ed. Siglo Veintiuno, 1.994, págs. 63-92.

  4. FOUCAULT, M. "El ojo del poder" (entrevista) en BENTHAM, J. El panóptico. Trad. cast. de Julia Varela y Fernando Alvárez-Uría. Madrid, ed. La Piqueta, 1.989, págs. 9-10.

  5. FOUCAULT, M. Vigilar y castigar, Trad. cast. de Aurelio Garzón del Camino. Madrid, ed. Siglo XXI, 1.988, pág. 203. Foucault afirma que uno de los primeros modelos de esta visibilidad aislante había sido puesto en práctica en la Escuela militar de París en 1.755 en lo referente a los dormitorios. "Cada uno de los alumnos debía disponer de una celda con cristalera a través de la cual podía ser visto toda la noche sin tener ningún contacto con sus condiscípulos, ni siquiera con los criados"; cfr. "El ojo del poder", op. cit., pág. 10.

  6. Idem., pág. 208.

  7. Idem., pág. 212.

  8. Idem., pág. 204.

  9. Idem., pág. 206.

  10. Idem., pág. 209.

  11. Ibidem.

  12. Ibidem.

  13. Idem., pág. 204.

  14. FOUCAULT, M. Historia de la sexualidad. T. I. La voluntad de saber. Trad. cast. de Ulises Guiñazú. Madrid, ed. Siglo XXI, 1.984, págs. 163-194.

  15. FOUCAULT, M. "El juego de Michel Foucault" en Saber y verdad.Trad. cast. de Julia Varela y Fernando Alvárez-Uría. Madrid, ed. La Piqueta, 1.985, págs.159 y ss.

  16. Cfr. FLANDRIN, J. L. Los orígenes de la familia moderna. Trad. cast. de Marco Aurelio Galmarini. Barcelona, ed. Crítica, 1.979. Para un análisis de las convergencias entre Foucault y los historiadores véase Francisco Vázquez García, Foucault y los historiadores, Universidad de Cádiz, 1.987.

  17. FOUCAULT, M. "El juego de Michel Foucault" en Saber y verdad, op. cit., pág. 161.

  18. FOUCAULT, M. "La política de la salud en el siglo XVIII" en Saber y verdad, op. cit., págs. 95-96.

  19. Cfr. ARIÉS, P. El niño y la vida familiar en el Antiguo Régimen. Trad. Cast. de Naty García Guadilla. Madrid, ed. Taurus, 1.987.

  20. Ibidem.

  21. FARGE, A. et FOUCAULT, M. (Prés.). Le désordre des familles. Lettres de cachet des Archives de la Bastille. París, ed. Gallimard/Julliard, 1.982, pág. 212. La traducción es nuestra; hemos traducido V.I. de la expresión "Votre Grandeur".

  22. DONZELOT, J. La policía de las familias. Trad. cast. de José Vázquez Larraceleta. Valencia, ed. Pre-textos, 1.990, pág. 69.

  23. Citado en Jacques Donzelot, La policía de las familias, op. cit., pág. 24.

  24. ENGELS, F. El origen de la familia, la propiedad privada y el estado. Trad. cotejada y revisada por Horacio García Prieto. La Habana. ed. de CC. Sociales, 1.986, pág. 61.

  25. Citado en SÁEZ, C. Mujer, locura y feminismo. Madrid, ed. Dédalo, 1.979, pág. 28.

  26. ÀRIES, P. Y DUBY, G. Historia de la vida privada. Poder privado y poder público en la Europa feudal. T. III. Trad. cast. de Francisco Pérez Gutiérrez. Madrid, ed. Taurus, 1.991, págs. 19-20.

  27. Idem., pág. 24.

  28. Idem., pág. 20.

  29. Atendiendo, en la actualidad, a la comparación de países europeos concretos, la diversidad de las estructuras familiares es evidente. Pero, a pesar de ello, si se considera a toda Europa en conjunto existe un modelo familiar dominante, un matrimonio con hijos/as solteros, la familia nuclear, cfr. SOLSONA, M. y TREVIÑO, R. Estructuras familiares en España. Madrid, ed. Ministerio de Asuntos Sociales, Instituto de la Mujer, 1.990, pág.19.

  30. Cfr. Michelle Perrot. "El elogio del ama de casa en el discurso de los obreros franceses del siglo XIX" en James S. Amelang y Mary Nash (ed.) Historia y género: Las Mujeres en la Europa Moderna y Contemporánea. Trad. cast. de Eugenio y Marta Portela. Valencia, ed. Alfons el Magnànim, 1.990.

  31. Cfr. HARTMANN, H. "Un matrimonio mal avenido: hacia una unión más progresiva entre marxismo y feminismo". Trad. cast. de Fini Rubio, en Zona Abierta, 24 (1.980).

  32. AMORÓS, C. "Notas para una teoría nominalista del patriarcado" en Asparkía, nº 1, 1.992, pág. 43


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