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Los actuales cinco
miembros de la Corte Suprema de Justica Argentina |

Ricardo Lorenzetti |

Carmen Argibay |
Antes bien, dos de los jueces firmantes, en un obiter dictum harto sugestivo, se han
tomado el trabajo de limitar con estrictez que la devolución no
excederán los pesos equivalentes al valor actual del dólar, no
fuera que alguien se hiciera la ilusión de un pago de intereses
u otra reparación.
El sofisma básico
La gran patraña, que aquella sentencia terminaba validando y
amplificando, consistía en proponer como supuesto básico del
conflicto, que el derecho de los ahorristas se oponía, al interés
general o al bien común, o que la preservación de sus ahorros en la
moneda convenida con los bancos los ponía en pugna con el resto de
la población, y que ese derecho a que se les devolviera 'la misma e
idéntica cosa', como manda el código Civil, afectaba la paz social,
agravaba la emergencia o el estado de necesidad y nos aproximaba a
una catástrofe: 'todo el comercio de bienes y servicios se vería
retrotraído a etapas de tal primitivismo que probablemente
excluirían al país del comercio internacional actual', según decía
uno de los votos más proclive al terrorismo verbal y a la producción
de vergüenza ajena.
Todo el palabrerío sobre la emergencia, el estado de necesidad, el
esfuerzo compartido, el interés general, que regurgitaba ese fallo,
de hecho quería ocultar que las normas que permitían no devolverles
a los ahorristas los depósitos en la moneda en que habían hecho sus
ahorros, estaba claramente destinada a proteger al sistema
financiero, es decir a los bancos. No se trató nunca de una pugna
entre ahorristas y no ahorristas, o de ahorristas y el resto de la
sociedad; se trató siempre y se trataba ayer y se trata ahora, de
legitimar la conducta de los bancos de no cumplir con sus
obligaciones con los primeros. Debían salir indemnes de las
dificultades que afectaban al resto de la sociedad, no debían perder
sus privilegios de centro inalterable de la sociedad contemporánea.
Ese palabrerío incluye párrafos que deprime leer:
'En conclusión, si todos los sectores de la sociedad (vgr.
asalariados, locadores, jubilados, acreedores en general) están
soportando los necesarios e inevitables sacrificios que se
requieren para superar una crisis de emergencia de la magnitud y
gravedad como la que afectó al país, los actores no pueden
válidamente ser los únicos en quedar al margen de esta situación'
Simple mentira
Era y es una simple mentira. Aunque no es agradable tener que
declararlo, a veces los jueces, según se ve, mienten en sus
sentencias. Porque bien se sabe que los únicos que quedaron al
margen de la situación fueron, precisamente, los bancos, junto a sus
clientes más opulentos, y nadie más. El sistema estuvo todo el
tiempo privilegiando a los bancos, en diáfana y odiosa
discriminación del resto de la sociedad, antes y durante los
invocados 'emergencia' y 'estado de necesidad', y como se percibe
ahora, aun después de ella.
No es verdad en modo alguno que los bancos no pudieran devolver
dólares. No es cierto que de haberlos obligado a hacerlo se hubiera
producido la 'catástrofe' arriba mencionada con impudor.
Los bancos estuvieron siempre sobreprotegidos. Como recuerda Horacio
Verbistky, a la subdirectora estadounidense del Fondo Monetario
Internacional, la ínclita señora Krueger, se le escapó que el
'problema de la Argentina se esperaba, y entonces dio tiempo a que
los inversores se acomodaran, y así encontró a los bancos,
especialmente, con poca exposición'.
'Esta frase, agrega el periodista, equivale a una confesión: pese a
que era evidente que la Argentina marchaba hacia el mayor default
soberano de la historia, el FMI le siguió prestando, no por
altruismo sino para financiar esa puesta a salvo de los bancos, que
disponían de la información que los ciudadanos ignoraban. En el año
que duró esa caída en cámara lenta, bancos y grandes inversores
sacaron del país tanto dinero como el que el FMI inyectó. Es decir
que el Fondo no financió a la Argentina (que ahora paga la factura)
sino la fuga de capitales. El ranking de quienes se pusieron a salvo
bajo la sombrilla del Fondo, mientras se violaba el derecho de
propiedad de cada ciudadano con algún ahorro en el sistema
financiero, es encabezado por dos bancos estadounidenses. Creo que
no hace falta explicar aquí qué país es el principal accionista del
FMI, cuyas políticas violan sus propios estatutos, que no le
permiten ser lobbysta de intereses particulares o nacionales' (1).
Por otro lado, la Argentina tenía a su disposición el recurso para
obligar a que los bancos pagaran con los dólares que se habían
llevado. No se los quiso utilizar. Ninguno del los tres poderes del
Estado han siquiera intentado reclamárselo. Particularmente durante
la gestión del ministro Lavagna, durante el gobierno Kirchner,
quienes han hecho todos los esfuerzos para que la situación se
defina del modo que lo hizo la sentencia Bustos. Con regocijo el
diario más tradicional exaltó esa decisión judicial en un título:
'Un Triunfo de Lavagna'.
Swift-Deltec omitido
En modo alguno era esto inevitable. Ocurre que desde 1972/1974 en la
Argentina se elaboró una doctrina según la cual los conjuntos
económicos son internamente solidarios. Esa doctrina llamada
Swift-Deltec
fue confirmada por Corte Suprema de aquel último año. Según ella la
mera separación formal como personas jurídicas literalmente y solo
literalmente diferenciadas, no le permite desentenderse a una parte
del conjunto de las obligaciones que debe cumplir el resto. Más
precisamente, lo que deben las filiales debe ser pagado, si es
necesario, con dinero de las matrices. Dicho directamente, el City
Bank de New York, o cualquier otro banco extranjero, estaba obligado
a proveerle a sus sucursales de la Argentina los recursos para pagar
las sumas que estas adeudaban a sus acreedores. Debían volver a
traer los dólares que se habían llevado. Recuérdese que la banca
extranjera fue la mayoritariamente comprometida y la más renuente a
devolver los dólares que el Fondo le había 'prestado' a nuestro país
y que la administración Kirchner cuando ya no estaba el ministro
Lavagna, 'devolvió' a esa entidad la totalidad, en una proporción
del ciento por ciento, sin ninguna de las reducciones que se le
imponen a los ahorristas que depositaron dólares y se les devuelven
pesos. 'Los necesarios e inevitables sacrificios que se requieren
para superar una crisis de emergencia de la magnitud y gravedad como
la que afectó al país', como se dice en la sentencia 'Bustos', de
ningún modo podían alcanzar al Fondo.
De haberse respetado y aplicado ese principio del derecho argentino
vigente, la crisis hubiera quedado enormemente reducida, al menos en
cuanto a la lesión de los derechos personales y sus dramáticas
consecuencias para muchos. La marginal situación de los bancos
estatales y cooperativos pudo haber sido atendida sin mayor
dificultad por el Banco Central o con una legislación específica.
Toda la argumentación sobre la emergencia se desmorona tan pronto se
advierte que ella es incompatible con la discriminación positiva que
el sector financiero gozó y sigue gozando. Como que hace unos pocos
meses antes del fallo Bustos, la obsecuente mayoría legislativa del
mismo gobierno, para complacer al Fondo Monetario, recargó abundante
y abusivamente esos privilegios discriminantes al compensar al
sector bancario por los efectos de la devaluación. El único
fragmento de la sociedad argentina que fue exceptuado de ese duro
golpe, no aparece en el fallo 'Bustos', los bancos, sus privilegios
y sus omisiones fraudulentas están ausentes de todos los votos. Con
razón se los silencia en la enumeración falsamente sentimental de
'todos los sectores de la sociedad (vgr. asalariados, locadores,
jubilados, acreedores en general) están soportando los necesarios e
inevitables sacrificios que se requieren para superar una crisis de
emergencia' (2).
Es un trastrocamiento perverso, un sofisma cruel, una manifestación
de cinismo judicial infrecuente: en vez de los bancos son los
ahorristas quienes aparecen como el grupo insolidario que quiere
afectar el interés general, la paz social y promover la catástrofe
antes citada: de víctimas a victimarios. Se oculta que simplemente
han estado tratando que los bancos cumplan con su obligación
contractual de devolver lo que recibieron, se oculta que ese
cumplimiento era perfectamente exigible conforme a conocida
jurisprudencia que hace prevalecer la buena fe y combate el fraude
al que son propensos algunos conjuntos económicos, como lo han
demostrado sostenidamente los bancos extranjeros durante estos años.
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