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281008 -
Nelly Dora Louzan de Solimano
INTRODUCCIÓN
Se ha dicho con notable acierto que la historia de Roma no fue otra
que un vasto sistema de incorporaciones.
Afirmamos esto desde el punto de vista del Derecho Público, porque
revela el genio jurídico político del pueblo Romano, que a través de muy
diversos sistemas supo atraer a su órbita, partiendo de las civitas, a
todo el mundo mediterráneo, ya que al final de la segunda Guerra Púnica,
fue cuando los habitantes del Lacio se apoderaron de todo el mundo
conocido (el Mare Nostrum y todas las islas).
Roma a través de un proceso histórico muy atormentado, como nos dice
Guarino, se convirtió en la gran potencia del Mundo Antiguo, llevando
adelante un gran proceso de expansión que no se detuvo hasta que todo el
territorio circundante no estuvo sometido a las insignias romanas: y por
primera vez en la historia mundial, la hegemonía política hasta entonces
patrimonio de los pueblos orientales, se va a trasladar a Occidente
estabilizándose en un área de proyección política que duró durante
siglos.
Los nobles patricios ocupan los cargos públicos.
El partido popular no era homogéneo; esa fue la causa principal de su
fracaso, se proponía sobre todo mejorar la condición de la plebe pero
los intereses de la plebe urbana eran distintos, de los de la plebe
rústica, porque mientras la plebe urbana insistía en la disminución del
costo de la vida, la plebe rústica quería la protección del trabajo
libre contra los esclavos y una política de repartos agrarios.
Hubo ciertas familias nobles, que simpatizaron con el programa del
partido popular por lo que tenía de justo y de humano y también se
adhirieron los caballeros de la burguesía capitalista, que creían con
ello poder debilitar a la casta de propietarios territoriales.
A medida que Roma se fue extendiendo, los nuevos ciudadanos eran
inscriptos en las tribus territoriales, en primer lugar en las cuatro
primitivas tribus urbanas y poco a poco se fueron creando nuevas tribus
rústicas que abarcaban extensiones de terreno agrícola y en el año 387
a. de C. sobre el territorio conquistado a los etruscos, se siguen
creando tribus rústicas hasta que en el año 241 a. de C. el número de
tribus quedó estabilizado definitivamente en 35.
Desde principios de la época republicana el tema de la posesión del ager
publicus fue uno de los puntos cruciales en la lucha patricio-plebeya y
la distribución de estas tierras es uno de los temas capitales en la
historia político-social de Roma, que según Torrent tiene sus hitos
fundamentales en la Lex Licinia Sextia de modo Agrorum del 367 a. de C.
y en la Lex Agraria de Tiberio Graco del 133 a. de C., cuestión que
siempre fue germen de infinitas discordias en Roma y que arrancan de la
primer ley agraria de Spurio Cassio en el 486 a. de C., Tito Livio
(2,41,3) a propósito de esta ley dice "así fue promulgada la primera ley
Agraria, y desde entonces hasta nuestros días, cada vez que se intenta
resolver la cuestión, se producen grandes desórdenes".
Con marcado espíritu conservador, dice Cicerón (de Off. 2,79): "los que
quieren ser populares y por esta razón plantean los problemas
agrarios...miran los fundamentos del Estado", Polibio (2,21,7) llegó a
decir: "que nada es más importante en los destinos del estado que la
cuestión agraria".
Los fenómenos económicos del siglo III a. de C., representados por el
aumento del precio de los productos industriales y los menores costos de
los productos agrarios producidos en las grandes haciendas, llevaban al
endeudamiento de los pequeños agricultores y finalmente a la venta de
sus tierras, con lo que se generaba el fenómeno inverso de la
concentración latifundista de la propiedad agraria.
Esos métodos favorecieron sobre todo a los arrendatarios generales
encargados de percibir las rentas patrimoniales y a los propietarios de
las tierras (André Piganiol, Historia de Roma, cap. IV). Mientras tanto,
la condición de los campesinos libres había empeorado a causa de las
guerras, a causa de la importación de trigo de los países tributarios,
que hacían competencia a la agricultura nacional, a causa del progreso
de la esclavitud que desalojaba el trabajo libre y por la interrupción
de la política colonizadora.
El pueblo dejó de trabajar en los campos y se aglomeró en Roma, los
soldados ya no pelearon por la patria, se alistaban para recibir el
sueldo y el botín de guerra y permanecían tanto tiempo fuera de su
patria que ya sólo conocían a su general, dice Charles Seignobos
(Historia Universal) entonces el gobierno del Senado llegó a ser
imposible y el pueblo no quiso el dominio de los nobles; los generales
dejaron de obedecerlos y se hicieron la guerra unos a otros, comenzaron
así las revoluciones que duran un siglo en Roma.
Contra estos males que iban arruinando el estado y disminuyendo la
población libre itálica, reaccionó Tiberio Graco que en el año 133 a. de
C. Propone una nueva Ley Agraria.
TIBERIO Y CAYO GRACO
Tiberio y Cayo Graco llevando nuevamente al Tribunado de la Plebe a un
papel de instrumento de lucha de las masas populares, intentaron una
serie de reformas tendientes a robustecer el cuerpo cívico del estado
afirmando el principio de la soberanía popular y limitando el poder del
senado. Muchas reformas fueron impuestas pero resultaron a la corta o a
la larga saboteadas y anuladas por la reacción oligárquica y por Sila.
En el año 133 a. de C. va a ser elegido tribuno de la plebe Tiberio
Sempronio Graco.
Pertenecía a la gens Sempronía, una familia muy noble. Su padre había
sido censor.
Su madre, la celebre Cornelia era hija del gran Escipión el Africano,
sin padre desde muy niño fue educado por su madre, lo mismo que su
hermano Cayo, nueve años menor que él.
Dice que Cornelia era la mujer más virtuosa de Roma, el rey de Egipto la
había pedido en matrimonio y ella no había aceptado. Vivía
sencillamente, sin lujo. Un día, en una reunión de señoras romanas, en
que todas ostentaban sus alhajas le fue pedido que mostrara también las
suyas. Mandó venir a sus dos hijos y dijo: "he aquí mis galas".
Tuvo Tiberio por preceptores y amigos dos filósofos griegos: Blosio de
Cumas y Diáfanes de Mitilene. Fue instruido y elocuente, su carácter era
suave, en la tribuna hablaba con calma y sin moverse de su sitio. Vivía
sin lujo, como los antiguos.
Pronto fue querido y estimado por el pueblo, fue elegido Cuestor y más
tarde cuando regresa a Roma, es elegido Tribuno de la Plebe.
La situación del país la conocía un poco, porque en el salón de su madre
siempre se hablaba de ella y con gran competencia y otro poco según lo
dicho por su hermano cuando había ido a Etruria la había estudiado
personalmente, quedando horrorizado. Comprendió que Italia llegaría a la
ruina si su agricultura caía definitivamente en manos de especuladores y
esclavos, y que en la misma Roma, no podía triunfar ninguna democracia
sana con un proletariado que se corrompía diariamente en el ocio y con
la percepción de subsidios.
Al proponer la Ley Agraria en el mismo año 133 a. de C., trató de hacer
cumplir la limitación de 500 arpentas del ager publicus previsto por la
antigua Ley Licinia, pudiendo añadirse 250 más por cada hijo, aunque han
supuesto que en ningún caso se podía superar el límite de las 1000
arpentas, pero no parece esta última limitación por hijos, pues,
precisamente el objeto demográfico y de vigorizar la población era uno
de los fines de la Ley, (niegan la limitación Carcopino, De Martino y
Frezza) que pretendiendo conceder a cada ciudadano un lote de ager
publicus que permitiera recuperar los excesos concedidos anteriormente;
es decir, la Ley Agraria de Tiberio Graco tendía también a recuperar
para el Estado los excesos concedidos por la Ley Licinia que había
generado los grandes latifundios, de manera que después de la
reordenación del ager publicus aquellas posesiones que no habían sido
revocadas se confirmasen a perpetuidad en el sentido de que las mismas
se convirtieran en propiedad privada.
De este modo Tiberio pensaba distribuir las tierras recuperadas a los
ciudadanos pobres y la Lex Sempronia creó al efecto para la revisión y
nueva asignación del ager publicus un colegio de tres "viri" agris
iuducandis adsignandis", que a tenor de la Lex Agraria del III a. de C.
Transformaba en propiedad privada las posesiones de ager publicus
inferiores a 30 arpentas (Carcopino, Autor Des Gracques, París, 1967).
El senado declaró ilegales las propuestas, acusó a su autor de
ambiciones dictatoriales y persuadió a Octavio, otro tribuno a que
opusiese el veto. Tiberio contestó con un proyecto de ley según el cual
un tribuno, cuando obraba contra la voluntad de los comicios debía ser
depuesto inmediatamente. La Asamblea aprobó la propuesta y los lictores
de Tiberio echaron a la fuerza a Octavio. Tiberio suplicó a su colega
que retirase el veto, pero Octavio no accedió, Tiberio intentó hacerle
ceder, declarando por su parte que no dejaría pasar nada hasta que
hubiera recaído votación sobre su ley. Usando del poder de "intercessio"
conferido a los tribunos, cerró el tesoro y los tribunales. Los nobles
recorrieron la ciudad vestidos de luto, luego amenazaron con hacer
asesinar a Tiberio, el cual empezó a llevar debajo de la toga un puñal
para defenderse. Reunió al pueblo para que votase y los nobles hicieron
arrebatar las urnas.
Se decidió por fin, solicitar del pueblo una ley para destituir a
Octavio. Luego el pueblo aprobó la Ley Agraria y nombró triunviros para
aplicarla: a Tiberio, a su suegro Apio y a su hermano Cayo.
Tenemos la impresión que Tiberio no fue recibido en su casa como él
esperaba. Tal vez sólo Cornelia siguió reconociéndole como una de sus
"alhajas", como un día le definiera a él y a Cayo. Los demás quedaron un
poco sobresaltados especialmente por los medios anticonstitucionales que
había empleado contra Octavio. El Senado lo amenazaba porque apenas
terminado su cargo querían procesarlo.
El día de las elecciones quiso que lo reeligieran pero interrumpió un
grupo de senadores blandiendo garrotes, el prestigio del que todavía
gozaba el Senado y que Tiberio había neciamente descuidado queda
demostrado por el hecho de que ante aquellas togas patricias, los amigos
de Tiberio se fueron y lo dejaron solo, lo mataron de un mazazo en la
nuca y su cuerpo, junto con el de un centenar de adictos fue arrojado al
Tíber.
Su hermano Cayo pidió permiso para rescatar el cadáver y darle sepultura
y se lo negaron. Esto sucedió en el 132 a. de C..
Nueve años después o sea en el 123 a. de C., la segunda de las "alhajas"
de Cordelia ocupa el cargo de su hermano como tribuno. Le conocemos
mejor y le estimamos más porque nos parece de inteligencia más realista
que su hermano y también más sincero. Había sido asimismo un orador
magnífico: Cicerón lo consideraba el más grande (después de él, por
supuesto), había militado valerosamente a las órdenes de su cuñado
Escipión Emiliano en Numancia y poseía un gran dominio de sí mismo.
Efectivamente, siguió adelante con moderación sin querer quemar las
etapas al primer momento.
Elegido cuestor fue enviado a Cerdeña en el año 126 a. de C., el
invierno fue frío y los soldados no tenían ropas de abrigo. Cayo fue de
ciudad en ciudad pidiéndolas a los naturales, aún cuando había concluido
el año a su cargo, el Senado le ordenó de que permaneciera en la
provincia . Cayo volvió a Roma. Los censores querían castigarlo.
Cayo les respondió: "La Ley me obliga a hacer 10 campañas y he hecho
112, la Ley me permite salir del cargo al cabo de un año y he seguido
tres, siendo cuestor.
No he recibido un as de regalo. Los cinturones que he llevado llenos de
dinero los he traído vacíos. Los otros han llevado las ánforas llenas de
vino y las han traído llenas de oro" (Seignobos, Historia Universal, T.
II).
En el año 123 a. de C. fue elegido tribuno de la plebe.
Tampoco la legislación agraria duró mucho tiempo y según Appiano (Bellum
Civile 1,27) poco después se dictaron tres plebiscitos neutralizando las
reformas de las Leyes Semproniae Agrarias, que traían la concordia a la
Roma dividida por la política gracana (Nicolet: Los Gracos, crisis
agraria y revolución de Roma, París, 1971). A partir de entonces, se
legitimó a los poseedores su ocupación del ager publicus, las revisiones
posesorias gracanas, incorporando el pago de un vectigal año 119-118 a.
de C. (Studi Biondi I, Milán, 1965).
Cayo en el año 123 a. de C. hizo aprobar varias leyes que transformaban
la sociedad romana: primero, la ley agraria que ordenaba recuperar
tierras de dominio público en las comarcas más fértiles, para
distribuirlas entre los ciudadanos pobres.
Segundo: la ley frumentaria que mandaba que el estado comprase trigo y
lo vendiera en menos de lo que había costado a los ciudadanos pobres de
Roma.
Tercero: una ley ordenaba que el precio de las ropas dadas a los
soldados no fuera descontado de su sueldo.
Cuarto: una ley transformaba los tribunos en materia criminal. Hasta
entonces, los jueces eran todos senadores, es decir nobles, lo que hacía
muy difícil lograr la condena de un noble. Cayo logró que los jueces
fueran nombrados entre los caballeros. Decía "con este golpe he
concluido con el orgullo y el poder de los nobles".
Mandó construir buenas calzadas pavimentadas con grandes piedras con
columnas para marcar las millas y bancos para que pudieran montar los
jinetes. Hizo votar la fundación de colonias en Capua y en Tarento
(Italia) y en Africa en el sitio que ocupó Cartago. Proponia que se
concediera el derecho de ciudadanía a todos los italianos o por lo menos
a los latinos para aumentar el número de los de su clase.
El cónsul Opimio convocó la asamblea en el Capitolio para derogar las
leyes de Cayo. Los dos partidos se encontraron frente a frente. Hubo
lucha a mano armada y aún, cuando la lluvia la suspendió, un lictor del
cónsul resultó muerto. Al día siguiente por la mañana, Opimio reunió al
senado e hizo llevar a la puerta de la sala el cadáver del lictor;
Opimio ordenó a los nobles y a los caballeros que acudieran al día
siguiente armados.
Al día siguiente, por la mañana, Cayo con tres mil partidarios se retiró
al monte Aventino. El cónsul fue a atacarlo con los nobles, sus esclavos
y los arqueros cretenses, entonces empleados en la policía, Cayo no
quiso combatir, se refugió en el templo de Diana para suicidarse, y sus
amigos se lo impidieron, dos de sus amigos se hicieron matar y le dieron
tiempo para retirarse. El hizo que un esclavo le diera muerte y allí
3000 de sus partidarios fueron degollados y sus cuerpos arrojados al
Tiber, se confiscaron sus bienes y se prohibió a sus mujeres llevar
luto.
Anteriormente, el marido de su hermana Cornelia, Escipión Emiliano, el
destructor de Cartago y Hervancia, no sabe porque aceptó la defensa de
intereses que eran contrarios a sus ideas, precisamente por razones de
familia, él hubiera debido abstenerse de hacerlo, sus relaciones con
Cornelia (h) iban empeorando y una mañana fue hallado asesinado en su
lecho, nunca se ha sabido quien lo mató, pero se sospecha de la mujer y
de la suegra.
Opimio había ofrecido que pagaría a precio de oro el peso de la cabeza
de Cayo, un secuaz de Cayo cercenó la cabeza del cadáver, la rellenó de
plomo y la llevó al Senado. Se embolsó la recompensa; el pueblo llano
que tanto lo había aplaudido ni siquiera pestañeó ante el asesinato de
su héroe, estaba demasiado ocupado saqueándole la casa.
Cornelia, la madre de los dos hijos asesinados y una viuda sospechosa de
asesinato se pusieron de luto. El Senado les ordenó que se lo quitasen.
Con la muerte de las dos galas de Cornelia, los tribunos mártires
Tiberio y Cayo Graco; el pueblo romano siguió dividido en dos bandos
rivales: el de los nobles y senadores (optimates) y el del pueblo
(populares).
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