Derechos Humanos
Promoción de la abolición de la pena de muerte

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La Guillotina - La verdadera historia del Hombre de la Bolsa - Investigación e historia de la Pena de Muerte - Llamado a los jueces del mundo - Peter Kürten "Vampiro de  Dusseldorf"

Cuando Amnistía Internacional convocó la Conferencia Internacional sobre la Pena de Muerte en Estocolmo, Suecia, hace más de un cuarto de siglo, sólo 16 países habían abolido la pena capital para todos los delitos. Esa cifra es hoy superior a 75. Continúa el impulso hacia la abolición en todo el mundo, pero la pena de muerte persiste y en algunos lugares su uso se está ampliando, especialmente en relación con el alza de la delincuencia y el "terrorismo". Mientras algunos gobiernos promueven la abolición en todo el mundo, otros oponen una firme resistencia.

En 2003, al menos 1.146 personas fueron ejecutadas en 28 países. Al menos 2.756 fueron condenadas a muerte en 63 países. Estas cifras incluyen solamente los casos de los que Amnistía Internacional tiene conocimiento; las verdaderas cifras eran sin duda superiores.

Como en años anteriores, la gran mayoría de las ejecuciones en todo el mundo se llevaron a cabo en un reducido número de países. En 2003, el 84 por ciento de las ejecuciones conocidas tuvieron lugar en China, Estados Unidos, Irán y Vietna

Esta dicotomía ha podido observarse en 2003 en dos hechos relacionados entre sí. El 24 de abril, la Comisión de Derechos Humanos de la ONU aprobó una resolución que exhortaba a todos los Estados que mantienen la pena capital a decretar la suspensión de las ejecuciones, y afirmaba su convicción de que la abolición de la pena de muerte "contribuye a realzar la dignidad humana y el desarrollo progresivo de los derechos humanos". La resolución fue copatrocinada por 75 Estados, 7 más de los que habían copatrocinado una resolución semejante en 2002.

El mismo día se distribuyó en la Comisión de Derechos Humanos una declaración conjunta de un grupo de Estados distintos, por la que se desvinculaban de la resolución. La declaración decía que "no existe consenso internacional en cuanto a la abolición de la pena capital" y afirmaba que la catalogación de la pena de muerte como cuestión de derechos humanos "debe sopesarse con los derechos de las víctimas y el derecho de la comunidad a vivir en paz y seguridad". La declaración fue firmada por 63 Estados, uno más de los que habían firmado una declaración semejante un año antes

En 2003 tuvieron lugar varios acontecimientos importantes en la campaña por la abolición de la pena de muerte. En julio, el presidente de Armenia, Robert Kocharyan, conmutó todas las penas de muerte pendientes de ejecución, y en septiembre Armenia abolió la pena capital en tiempo de paz al ratificar el Protocolo núm. 6 del Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales. Previamente, ese mismo año, el Parlamento armenio había aprobado un nuevo código penal que eliminaba la pena de muerte en tiempo de paz, aunque incluía un resquicio legal que permitía su uso en un caso que por entonces se hallaba pendiente de resolución en los tribunales.

Se conmutaron las penas de muerte de algunos grupos de condenados. En enero, en Estados Unidos, George Ryan, gobernador saliente del estado de Illinois, conmutó la pena capital impuesta a 167 presos e indultó a otros cuatro que, conforme a su convicción, habían sido torturados para que confesaran delitos que no cometieron. En febrero se anunció la excarcelación en Kenia de 28 presos que llevaban entre 15 y 20 años condenados a muerte, en tanto que la pena capital impuesta a 195 se conmutó por la de cadena perpetua.

Al terminar el año, 77 países habían abolido la pena de muerte para todos los delitos. Otros 15 países la habían abolido para todos los delitos salvo delitos excepcionales, como los cometidos en tiempo de guerra. Al menos 25 países eran abolicionistas en la práctica: no se habían consumado ejecuciones en los 10 años anteriores como mínimo y al parecer observaban una política o una práctica establecida de no llevar a cabo ejecuciones. Otros 78 países y territorios retenían la pena capital, aunque no en todos ellos se impusieron penas de muerte o se llevaron a cabo ejecuciones en 2003.

El Protocolo núm. 13 del Convenio Europeo de Derechos Humanos entró en vigor el 1 de julio, tras su ratificación por el mínimo necesario de 15 Estados. El Protocolo núm. 13 es el primer tratado internacional que dispone la abolición de la pena de muerte en todas las circunstancias sin excepciones. Al terminar 2003 lo habían ratificado 20 de los 45 Estados miembros del Consejo de Europa. El número de Estados que al terminar el año habían ratificado los otros tres tratados internacionales contra la pena capital —el Protocolo núm. 6 del Convenio Europeo de Derechos Humanos, el Segundo Protocolo Facultativo del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el Protocolo a la Convención Americana sobre Derechos Humanos Relativo a la Abolición de la Pena de Muerte— era de 43, 51 y 8, respectivamente.

El 10 de octubre se conmemoró el Día Mundial contra la Pena de Muerte con actos de ámbito local en más de 60 países y un llamamiento a través de Internet pidiendo a las más altas autoridades de todos los países que retienen la pena capital que aseguren "que las ejecuciones cesen inmediatamente" y que se proceda a "la abolición de la pena de muerte para todos los delitos". El Día Mundial fue organizado por la Coalición Mundial contra la Pena de Muerte, constituida en 2002 y que agrupa a organizaciones de derechos humanos de ámbito nacional e internacional, Amnistía Internacional entre ellas, además de colegios de abogados, sindicatos y gobiernos locales y regionales.

El 30 de noviembre se iluminaron edificios públicos de más de 100 ciudades de todo el mundo en el marco de la iniciativa "Ciudades por la vida — Ciudades contra la pena de muerte". Esta iniciativa fue coordinada por la organización italiana Sant' Egidio, con la colaboración de otras entidades, incluidas Secciones de Amnistía Internacional.

La Cuarta Cumbre Mundial de Premios Nobel de la Paz, celebrada en Roma, aprobó el 30 de noviembre una declaración final en la que se afirmaba: "Después de una sesión especial, los galardonados con el Premio Nobel de la Paz han acordado que la pena de muerte es un castigo especialmente cruel y excepcional que debe ser abolido. Es especialmente desmesurado cuando se impone a niños".

Amnistía Internacional se opone a la pena de muerte por considerarla una violación de derechos humanos fundamentales: el derecho a la vida y el derecho a no ser sometido a penas crueles, inhumanas o degradantes. La organización aduce asimismo otros aspectos de la pena de muerte en favor de su abolición, como son sus efectos embrutecedores, el riesgo intrínseco de ejecutar a personas inocentes y la falta de un efecto disuasorio especial demostrado frente al delito.

Junto con estas consideraciones, uno de los argumentos más poderosos contra la pena capital es su injusticia. Esta injusticia abarca aspectos recurrentes de la pena de muerte en la teoría y en la práctica, tales como:

— su aplicación arbitraria;

— su uso después de juicios sin garantías y en casos en que se ha recurrido a la tortura;

— su uso discriminatorio contra los miembros de grupos raciales o étnicos, los más desfavorecidos, los socialmente marginados y otros.

Amnistía Internacional trabajará en los próximos años para dar a conocer estas injusticias en sus iniciativas en contra de la pena de muerte.

El uso de la pena capital contra menores delincuentes —personas condenadas por delitos cometidos cuando tenían menos de 18 años de edad— está prohibido en virtud del derecho internacional. Sin embargo, en un reducido número de países se sigue condenando a muerte y ejecutando a menores. Amnistía Internacional hará un esfuerzo especial en los próximos años para poner fin al uso de este castigo contra menores en todo el mundo.

La pena de muerte ha desaparecido prácticamente de algunas regiones —América Latina, Europa y Oceanía—. En algunas zonas de otras regiones ha caído en desuso y la abolición en un futuro próximo parece una posibilidad real. Amnistía Internacional emprendió en octubre una campaña por la abolición de la pena de muerte en África occidental, donde en el último decenio se han llevado a cabo ejecuciones en sólo 4 de los 16 países de la región. Amnistía Internacional pide a los países de África occidental que aún no lo han hecho que decreten la suspensión de las ejecuciones y procedan a abolir la pena de muerte en su legislación.

A través del trabajo de sus miembros y en colaboración con otras organizaciones, Amnistía Internacional sigue esforzándose por librar al mundo de la pena de muerte


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