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Unión de Grupos
Ambientalistas
El cuarto planeta era el de un hombre de
negocios, el cual se encontraba tan ocupado que ni siquiera levantó la
cabeza para ver al principito cuando llegó. La verdad no es aquello que
es demostrable. La verdad es aquello que es inevitable -
Antoine de Saint-Exupery
Introducción
La posibilidad de un cambio en los
patrones climáticos del planeta y la destrucción actual de la capa de ozono
son fenómenos que forman parte de lo que conocemos como el cambio
ambiental global.
Un cambio global se define de dos formas: a) es aquel
fenómeno que altera las capas de fluidos del sistema de la Tierra (la
atmósfera y los océanos) y que, por lo tanto, se experimenta a escala
planetaria; y b) aquel que ocurre en sitios particulares, pero tan
ampliamente distribuido, que constituye un cambio a nivel global (Vitousek,
1992). Ejemplos del primer tipo son el cambio en la composición de la
atmósfera (como los aumentos en la concentración de bióxido de carbono y de
metano), el cambio climático, la destrucción de la capa de ozono en la
estratósfera y el aumento de la incidencia de radiación ultravioleta. Dentro
del segundo están la pérdida de la diversidad biológica, el cambio en el uso
del suelo (por ejemplo, la destrucción de los bosques para uso
agropecuario), los cambios en la química atmosférica (como la lluvia ácida y
el aumento en la concentración de ozono en la tropósfera) y las invasiones
biológicas. El denominador común de todos estos componentes es el ser humano
y sus actividades, tales como las productivas, el desarrollo de ciertas
tecnologías, la expansión de las tierras agrícolas y urbanas (cuyo resultado
es la desforestación de ecosistemas naturales), el creciente e ineficiente
uso de los combustibles fósiles y la emisión de toxinas y gases traza a la
atmósfera como consecuencia de estos procesos.
No podemos asegurar todavía, sin
controversia, que el clima del planeta ya esté cambiando como resultado de
las actividades humanas. Existen evidencias de que el nivel global del
océano ha aumentado a una tasa de 15 a 25 centímetros por siglo en los
últimos cien años, probablemente debido al derretimiento de las capas
polares y a la expansión térmica del agua oceánica (Takahashi et al,
1992). También, la temperatura promedio global del aire muestra un aumento
aproximado de 0.5º C desde 1880. Aunque el aumento concomitante
del co2 (de 0.028%
a 0.035%) y de la temperatura en los últimos cien años sugiere una relación
causal, es un hecho que esta magnitud de calentamiento ha ocurrido numerosas
veces en la historia de la Tierra. Por lo tanto, la tendencia documentada
podría representar un evento de variabilidad natural que no tenga relación
aún con las actividades humanas en el planeta.
El cambio climático
Los modelos de circulación general
con los que se estudian los fenómenos climáticos predicen que los cambios en
los gases de invernadero y de los aerosoles pueden, en conjunto, ocasionar
cambios regionales y globales en el clima y en las variables relacionadas
con éste como son la temperatura, la precipitación, la humedad del suelo y
el nivel del océano (ipcc,
1995). Las simulaciones recientes con estos modelos, incorporando el efecto
de enfriamiento de los aerosoles con azufre (bióxido de azufre emitido por
las actividades industriales), han podido replicar por primera vez, en
términos generales, el aumento progresivo en la temperatura planetaria desde
la mitad del siglo pasado al presente (Hadley Centre, 1995). Las
simulaciones de tipo regional han sido mucho menos precisas. Sin embargo,
está claro que mientras unas regiones se beneficiarán por aumentos en la
precipitación otras serán perjudicadas por una disminución. Igualmente, no
todas las regiones del planeta sufrirán aumentos similares en la
temperatura, posiblemente por el efecto de enfriamiento de los aerosoles de
origen industrial. Sin duda, a mediano y largo plazos, el cambio climático
tiene el mayor potencial para alterar el funcionamiento de la Tierra porque
además interactúa fuertemente con los otros componentes del cambio global (Vitousek,
1992).
A pesar de la imposibilidad para
determinar de manera inequívoca que el clima del planeta ya está cambiando
como resultado de las actividades de la sociedad, la situación actual ha
puesto a la humanidad en una posición sin precedentes: se espera que en el
lapso de una sola generación, el ambiente que hace posible la vida en la
Tierra cambie más rápidamente que en ningún periodo comparable de la
historia del planeta (Rosswall, 1991). El aumento de la temperatura media
global de 0.2º C por década, predicho para el próximo siglo por
los modelos más recientes, seguramente rebasará la capacidad adaptativa de
los ecosistemas naturales, ya que equivale aproximadamente a un cambio de 10
kilómetros de latitud por año (Hadley Centre, 1995). Muchas especies,
particularmente vegetales, no podrán enfrentar con éxito esta tasa de
cambio. Los sectores de la sociedad involucrados en la toma de decisiones
tienen la necesidad de actuar a pesar de las incertidumbres científicas. Los
cambios ambientales inducidos por un cambio climático no pueden ser
revertidos rápidamente, si acaso lo pueden ser, debido a que los tiempos de
los procesos del sistema climático van de las décadas a las centurias (ipcc
1995). Además, tanto los sistemas ecológicos naturales como los
socieconómicos y la salud humana son sensibles a la magnitud y a la
velocidad del cambio climático.
Ante este escenario uno puede
preguntarse: ¿Por qué los científicos se preocupan del aumento de los
llamados gases de invernadero y por qué los vinculan con un cambio
climático? ¿Cuáles son los principales gases de invernadero y cuál es el
origen de su aumento en la atmósfera?
Los gases de invernadero son
transparentes a las radiaciones solares (longitud de onda corta) pero
absorben la radiación infrarroja (de longitud de onda larga) emitida por la
Tierra y la retienen en la parte baja de la atmósfera (tropósfera) (ver Gay
et al, 1991, para tener una descripción más detallada de este
fenómeno). Un aumento sustancial en la concentración de estos gases puede,
por lo tanto, producir el calentamiento de la superficie terrestre y afectar
de manera considerable el clima del planeta (Schneider, 1989). Estos gases
están en la tropósfera en concentraciones muy bajas. Basta considerar que el
99.9% de los gases atmosféricos lo constituyen el nitrógeno, el oxígeno y
otros gases nobles inertes que no son gases de invernadero (Graedel y
Crutzen, 1989). Ante la creciente preocupación respecto de un calentamiento
global, se cree que el fenómeno de invernadero es algo que está ocurriendo
como resultado de las actividades humanas o que ocurrirá en el futuro. Esta
idea es equivocada. Estos gases han jugado un papel fundamental en la
regulación de la temperatura del planeta desde sus orígenes, a pesar que la
composición de la atmósfera ha estado sujeta a cambios debidos a los
procesos geoquímicos en un principio y, después, a los procesos biológicos
resultantes de la evolución de la vida (ver Jaramillo, 1994).
Los gases de invernadero en la
actualidad
Es necesario señalar que, a
excepción de los clorofluorocarburos, los gases que se mencionan a
continuación son, en primera instancia, producto de procesos naturales que
existían millones de años antes que la vida humana. En particular, varios de
ellos son emitidos como resultado de la actividad biológica de los
microorganismos del suelo.
Bióxido de carbono.
Este gas, importante componente de nuestra atmósfera desde hace miles de
millones de años, tuvo su origen en la actividad volcánica del planeta que
lo lanzaba a la atmósfera. El bióxido de carbono es, posiblemente, el
componente atmosférico más afectado por las actividades humanas. De acuerdo
con las predicciones de los modelos climáticos globales, cerca del 55% del
calentamiento predicho para el próximo siglo se debe al bióxido de carbono,
20% a los clorofluorocarburos (cfc)
y el 25% restante al metano (ch4)
y al óxido nitroso (n2o)
(Takahashi et al, 1992). El aumento de
co2 en la
atmósfera ha sido bien documentado. Las mediciones efectuadas en Mauna Loa,
Hawaii desde 1957 han mostrado un aumento de 315 partes por millón (ppm;
0.0315%) a 350 ppm en 1988. Los resultados obtenidos con núcleos de hielo
han mostrado concentraciones de 280 ppm al principio de la era industrial
(1880). Esto significa un incremento del 25% en poco más de cien años y la
tasa de aumento actual es de 0.4% por año. Aunque se han documentado
concentraciones similares a la actual en el registro geológico, ésta
constituye el nivel más alto de los últimos 160 mil años y la velocidad de
cambio parece mucho mayor (Bolin, 1989). Las causas de este incremento
incluyen el uso industrial y doméstico de combustibles que contienen carbono
(petróleo, carbón, gas natural y leña), la desforestación
__ que provoca la
descomposición de la materia orgánica__
y la quema de la biomasa vegetal (cuadro 1). Sin
embargo, es el uso indiscriminado e ineficiente de los combustibles fósiles
el principal generador de la tendencia actual. La quema de dichos
combustibles ha aumentado a una tasa de 4.3% anual desde la Revolución
Industrial, excepto en algunos periodos como las guerras mundiales y la Gran
Depresión. Desde la perspectiva del ciclo global del carbono, los flujos
antropogénicos son pequeños si se les compara con los que ocurren
naturalmente entre la atmósfera, los ecosistemas terrestres y los océanos,
pero son suficientes para aumentar el contenido de
co2 en la
atmósfera a una tasa aproximada de 3.2 % por año (Jarvis y Dewar, 1993).
Metano.
Este gas es, después del bióxido de carbono, el compuesto de carbono más
abundante en la atmósfera (Schlesinger, 1991). Se emite de manera natural
por la fermentación de la materia orgánica en condiciones anaeróbicas (sin
oxígeno) tal como ocurre en los humedales, los sedimentos lacustres y en el
aparato digestivo de los rumiantes y las termitas. Su concentración en la
tropósfera está aumentando cerca de 1% por año, que es una tasa mucho más
alta que la del co2,
y se ha duplicado en los últimos 240 años, hasta alcanzar su nivel actual de
1.7 partes por millón. La concentración de metano muestra variaciones
latitudinales __ es
mayor en el hemisferio norte__
y fuertes oscilaciones estacionales.
El metano (ch4)
tiene una capacidad de absorción de radiación infrarroja 20 veces mayor por
molécula que el bióxido de carbono (Silver y DeFries, 1990), por lo que el
aumento de este gas en la tropósfera tiene el potencial para contribuir de
manera significativa a un cambio climático global. Aunque existe
incertidumbre, se piensa que la creciente superficie cultivada con arroz así
como la quema de la biomasa vegetal están contribuyendo de manera importante
a dicho aumento (cuadro 1). El crecimiento del hato ganadero y de las
poblaciones de termitas han sido descartados como fuentes importantes a
nivel mundial. Por otro lado, la mayor concentración también puede deberse a
una disminución de la capacidad limpiadora de la atmósfera por el incremento
en las emisiones de monóxido de carbono, contaminante que es altamente
reactivo con los radicales que elimina el metano. Los cambios en el uso de
la tierra en el trópico también pueden haber reducido la tasa de consumo de
metano por parte del suelo contribuyendo así al aumento.
Oxido nitroso.
El óxido nitroso (n2o)
tiene como origen natural los procesos microbianos tanto en los ecosistemas
terrestres como marinos, en los que se produce como resultado de la
nitrificación (conversión de amonio a nitratos o nitritos) y la
desnitrificación (conversión de nitratos a óxido nitroso y nitrógeno
molecular). Su concentración ha aumentado a una tasa anual de 0.2 a 0.3% en
los últimos 20 a 30 años hasta alcanzar una concentración actual de 330
partes por billón (Matson y Vitousek, 1990). El
n2o es 250 veces
más efectivo por molécula que el bióxido de carbono para absorber la
radiación infrarroja (Silver y DeFries, 1990) por lo que, al igual que en el
caso del metano, su aumento tiene consecuencias importantes para el cambio
climático planetario. Una característica de este gas es que además de
funcionar como gas de invernadero en la tropósfera, dada su larga residencia
en la atmósfera (cuadro 1), puede llegar a la estratósfera, donde se oxida a
óxido nítrico que reacciona con el ozono y lo destruye (Matson y Vitousek,
1990). Las causas de su aumento no son bien conocidas pero se cree que la
quema de la vegetación, el uso indiscriminado de fertilizantes nitrogenados
y la conversión de tierras en los trópicos constituyen las fuentes de
emisión más importantes (cuadro 1).
Clorofluorocarburos.
Estos compuestos conocidos como cfc
son, en contraste con los anteriores, netamente antropogénicos ya que se
producen como propelentes de aerosoles, refrigerantes y solventes (cuadro
1). Tienen la propiedad de ser prácticamente inertes (no reaccionan
químicamente con ningún compuesto) en la tropósfera y por ello llegan a la
estratósfera en donde son los principales responsables de la destrucción del
ozono. Sin embargo, en la tropósfera pueden contribuir también de manera
significativa al calentamiento del planeta ya que los dos más comunes (cfc-11
y cfc-12) tienen de 17,500 a
20 mil veces la capacidad del bióxido de carbono por molécula para absorber
la radiación infrarroja (Silver y DeFries, 1990). Su concentración está
aumentando a una tasa de 5% por año, lo que aunado a su larga permanencia en
la atmósfera (cuadro 1) los hace de crucial importancia. Es por esto que la
comunidad internacional ha generado acuerdos (como el Protocolo de Montreal)
para controlar la producción de dichos compuestos.
La capa de ozono
Como se acaba de mencionar las
actividades humanas están aumentando la emisión de gases como el óxido
nitroso y los cfc que tienen
la capacidad para destruir el ozono (o3)
una vez que llegan a la estratósfera. El ozono es un gas altamente reactivo
y está presente en toda la atmósfera, aunque el 90% del total se localiza en
la estratósfera (Ashmore y Bell, 1991). Es el único gas atmosférico
importante que absorbe radiaciones de longitud de onda menor a los 300
nanómetros (nm), lo cual limita la cantidad de radiación ultravioleta (uv)
que llega a la superficie de la Tierra. Es justamente dicha propiedad
la que permitió, en parte, la evolución de muchas formas de vida que
hoy vemos en el planeta. Asimismo, es precisamente la capa de ozono
estratosférico la que está sufriendo el adelgazamiento como consecuencia de
la emisión de compuestos antropogénicos a la atmósfera.
Cada mes de septiembre se produce
una pérdida alarmante de ozono estratosférico en la Antártida, que llega a
representar una disminución de casi el 100% en altitudes entre los 15 y 20
kilómetros y de 50% o más del ozono total en la columna vertical de las
partes altas de la atmósfera (Rowland, 1991). El hoyo de ozono se ha
expandido de la Antártida y ha alcanzado la parte sur de Chile y Argentina.
También se han registrado adelgazamientos importantes de la capa de ozono en
las regiones templadas y polares del hemisferio norte. Por ejemplo, en 1995
se midieron reducciones del 20% en Canadá. Cuando el hoyo de ozono se
deshace en el verano austral, bolsas de aire con concentración reducida de
ozono flotan hacia el norte y pueden afectar áreas densamente pobladas, como
ya sucedió en Australia (Roy et al, 1990). Adicionalmente, se
ha documentado una erosión generalizada de la capa de ozono en las latitudes
medias (30° a 60°) y es más evidente en el hemisferio
sur que en el norte.
La causa principal de la pérdida de
ozono es la reacción de éste con el cloro liberado por fotolisis (ruptura
por incidencia de radiación uv)
de los compuestos clorofluorocarbonados (cfc),
debido a su creciente concentración en la estratósfera (Rowland, 1991). En
la tropósfera, los cfc son
transparentes a la radiación solar, insolubles, inertes y tienen una vida de
cien años o más. Por ello, pueden viajar intactos verticalmente hasta la
estratósfera, reaccionar con el ozono y destruirlo.
La destrucción del ozono tiene dos
tipos de consecuencias: climáticas y biológicas. El ozono estratosférico
absorbe la radiación ultravioleta y genera un gradiente creciente de
temperatura con la altitud. La pérdida de ozono puede alterar dicho
gradiente y disminuir la temperatura de tal forma que los patrones de
vientos sobre la superficie terrestre cambien. Ya existe evidencia de que la
temperatura global promedio a 50 kilómetros de altitud ha bajado 1.7° C en
la última década (Rowland, 1991). Desde el punto de vista biológico-humano,
el aumento en la penetración de radiación
uv por la pérdida de ozono
puede provocar un aumento en la incidencia de cáncer en la piel y del número
de pacientes con cataratas así como una supresión parcial del sistema
inmunológico. Otras consecuencias biológicas, tanto en los ecosistemas
naturales como en los agropecuarios estarán mediadas por la respuesta de las
plantas al aumento de radiación uv.
Las investigaciones en este contexto indican que hay efectos directos e
indirectos tales como la inhibición de la fotosíntesis, daño al material
genético, y cambios en la morfología, la fenología
(periodos de floración, fructificación, etcétera), la acumulación de biomasa
y en los compuestos secundarios (Caldwell et al, 1995). Sin
embargo, es aún incierto como se traducen estas respuestas en los
ecosistemas en condiciones naturales y como interactuará el incremento en
radiación uv con los otros
factores del cambio global. La solución del problema de los
cfc no será sencilla.
Estudios recientes sugieren que algunos de los compuestos
que los han reemplazado reaccionan en la atmósfera y producen
compuestos ácidos que se precipitan con la lluvia afectando el crecimiento
de las plantas en ecosistemas como los humedales.
Aunque las predicciones regionales
del cambio climático no son precisas, es necesario enfatizar que estamos
alterando significativamente las variables clave del sistema (como serían
los cambios en la concentración atmosférica de los gases de invernadero).
Estas modificaciones, aunadas a la destrucción paulatina de la capa de ozono
y las posibles interacciones resultantes, nos plantean un panorama
preocupante para el desarrollo de la sociedad en el futuro cercano.
El caso de México
La información referente a las
emisiones de gases de invernadero en el país es, en general, todavía escasa
aunque recientemente se ha impulsado su estudio mediante un proyecto apoyado
por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Masera y
colaboradores (ver bibliografía) han hecho estimaciones de las emisiones de
bióxido de carbono, han diseñado escenarios posibles dadas las tendencias
actuales y los patrones alternativos y han explorado estrategias para
reducirlas. Aquí se presenta una parte muy pequeña del diagnóstico general y
se invita al lector a consultar los trabajos originales para conocer la
dimensión real del diagnóstico y las posibles soluciones.
De acuerdo con cálculos realizados,
México está considerado como uno de los veinte países con mayores emisiones
de gases de invernadero (Masera, 1991). De éstos el 80% corresponde al
bióxido de carbono, el 8% al metano y el 12% a los clorofluorocarbonos.
Existe incertidumbre en las estimaciones por la falta de mediciones precisas
de algunas variables clave. Sin embargo, está claro que las emisiones netas
per cápita (aproximadamente una tonelada de carbono por año) son menores a
las de los países industrializados (de dos a cuatro toneladas por año). Para
el caso del bióxido de carbono (co2),
más del 60% de las emisiones del país provienen de la producción de energía
(cuadro 3). De ésta, el petróleo representa el 42%. La otra fuente
importante es la desforestación que alcanza el 35% del total. Dada la
importancia del sector energético, las estrategias para reducir las
emisiones de co2
involucran la sustitución de combustibles por aquellos que emitan menos
co2 por unidad de
energía (por ejemplo gas natural, energía solar, biomasa e hidroenergía) y
una mayor eficiencia en la producción y consumo de la energía. Es
particularmente en este último rubro en el que la sociedad y sus hábitos
juegan un papel estratégico para reducir las emisiones del país y hacer un
mejor uso de la energía generada. En el sector agrícola y forestal, el
énfasis en el manejo intensivo de los ecosistemas tropicales, el manejo de
policultivos, el uso múltiple de los recursos y planes efectivos de
reforestación son alternativas que tendrían efectos rápidos para beneficio
del país.
La producción de escenarios más
precisos acerca de la emisión de gases de invernadero en México, implica el
desarrollo de investigaciones que cuantifiquen, para nuestro país, algunas
variables clave para los cálculos (por ejemplo mejores estimaciones de las
tasas de desforestación, la cuantificación de los almacenes de carbono en la
vegetación, etcétera). En muchos casos, dicha investigación ya se está
llevando a cabo.
Cuadro 1. Principales gases de
invernadero cuya concentración está aumentando en la atmósfera como
consecuencia de diversas actividades humanas (modificado de Graedel y
Crutzen, 1989).
|
Gas
|
Origen
|
Permanencia en la
atmósfera (años) |
|
Bióxido de carbono
(co2)
|
Combustibles
fósiles
Desforestación
Quema de
vegetación |
100 |
|
Metano (ch4)
|
Arroz,
ganado
Combustibles
fósiles
Quema de
vegetación |
10
|
|
Oxido nitroso (n2o)
|
Fertilizantes
Desforestación
Quema de
vegetación |
170 |
|
Clorofluorocarburos
(cfc)
|
Aerosoles
Refrigerantes
Espumas
|
60 a 100 |
Cuadro 2. Proyección del
balance anual de bióxido de carbono para 1990 (Modificada de Jarvis & Dewar
1993). Los valores con un signo de interrogación son
inciertos. 1 Pg=1015g.
|
Fuentes |
co2
(Pg/año)
|
Sumideros |
co2
(Pg/año)
|
|
Combustibles fósiles
|
5.7
|
Atmósfera |
3.2
|
|
Desforestación en los trópicos
|
2.1 ?
|
Océanos |
1.0 ?
|
|
co
y ch4 de quema
de vegetación y cambios del suelo |
0.7 ? |
Bosques templados y
boreales |
1.8 ? |
|
|
|
Bosques y pastizales
tropicales |
2.5 ?
|
|
Total emisiones
|
8.5 ?
|
Total sumideros
|
8.5 ?
|
Cuadro 3. Emisiones estimadas de bióxido de carbono
en México para 1989 (modificado de Masera, 1991).
|
Actividad
|
Millones de ton/año
|
% del total
|
|
Petróleo
|
59.1 |
42 |
|
Gas natural
|
22.6 |
16 |
|
Carbón
|
3.6 |
3 |
|
Biomasa
|
2.2 |
2 |
|
Total producido de energía
|
87.5
|
63
|
|
Desforestación |
48.5 |
35 |
|
Producción
de cemento |
3.1 |
2 |
|
Total |
139.1
|
100
|
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Vitousek, P.M.. Global environmental change: An
introduction. En Annual Review of Ecology and
Systematics, núm. 23. 1992. pp 1-14.
Acerca del autor
Víctor J. Jaramillo nació en Toluca, estado de México. Estudió la
licenciatura en Biología en la Facultad de Ciencias de la
unam. Realizó estudios de
maestría y doctorado en ecología de pastizales en la Universidad Estatal de
Colorado en Fort Collins, Colorado,
eua. Ha trabajado en las áreas de botánica y de ecología. Es
investigador del ahora Instituto de Ecología de la
unam desde 1989, donde
realiza investigación en biogeoquímica de ecosistemas tropicales y en
interacciones planta-herbívoro. Actualmente forma parte del departamento de
Ecología de los Recursos Naturales del mismo Instituto en el campus Morelia
de la unam. Ha participado
como coordinador en el área de biogeoquímica de ecosistemas tropicales en el
Programa Internacional de la Geósfera-Biósfera (igbp)
y es enlace de México en esta área ante el Instituto Interamericano de
Cambio Global (iai). Miembro
de diversas asociaciones científicas entre las que se encuentran la Sociedad
Botánica de México, la Ecological Society of America y la British Ecological
Society. Ha publicado artículos científicos en revistas internacionales y
nacionales y participado en diversos talleres de discusión y síntesis en
programas internacionales de frontera en la ecología. Víctor es un excelente
amigo, siempre está dispuesto a colaborar y de buena gana.
Es un científico sencillo con los pies en la
tierra, pero además es uno de los mejores jugadores de badmington que ha
dado México
Qué podemos hacer
·
Elimina de tu hogar y no compres más productos a base de
fluorocarbonos, ya que contribuyen al efecto invernadero y al adelgazamiento
de la capa de ozono.
·
Utiliza fibra de celulosa en lugar de espumas de poliestirenos, estas
se utilizan sobre todo en empaques para huevos, platos y
vasos conocidos como de unicel. Cuando tus hijos tengan que realizar
trabajos no les compres estos productos, explica en la escuela cual es el
resultado de usar de usar estas espumas.
·
Cuando le hagan servicio a tu aire acondicionado de la casa o del
coche, exige que el líquido refrigerante sea vaciado a un recipiente
cerrado, para que no se evapore a la atmósfera.
·
También revisa las mangueras de los aires acondicionados para evitar
fugas.
·
Ahora energía lo más posible, la lluvia ácida y el efecto invernadero
están ligados con la combustión de energéticos fósiles, (lee también el
ensayo sobre energía en esta Guía).
·
Compra aparatos electrodomésticos eficientes en energía como:
refrigeradores, aires acondicionados, calentadores para agua caliente,
estufas de bajo consumo de energía.
·
Pregunta al vendedor cuánta energía consume el
aparato que deseas, los comerciantes deben darse cuenta de que los datos
energéticos son importantes para lograr tu decisión.
·
Es necesario que ayudes en una campaña para lograr un sello de ahorro
energético. Escríbele a Secofi para que se reglamente.
·
Usa tu auto menos, elabora rutas, comparte el automóvil, si sales a
comprar o a recoger algo primero pregunta por teléfono si tienen el producto
o si ya está listo.
·
Planta árboles cerca de tu hogar, te brindarán
sombra, te quitarán ruido y te protegerán de temperaturas muy frías.
·
Consume más verduras, granos, frutas en lugar de carnes que requieren
más energía para ser producidas.
·
Inicia campañas de reforestación, los árboles absorben dióxido de
carbono.
·
Oponte a las talas, ¡repórtalas!
·
Pide a las autoridades que se inicie de una vez por todas la
reconversión de los combustibles fósiles en los transportes colectivos por
otro tipo de energéticos.
·
Exige un sistema de transporte colectivo
eficiente y eficaz.
·
Si eres agricultor utiliza métodos agropecuarios que no emitan metano
y no apliques fertilizantes productores de gases nitrogenados.
·
Lava el mayor número de prendas de vestir con agua fría, remójalas
con anticipación
Para saber más
Gay, C., L. Menchaca y C.
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