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Sergio Federovisky
- Un antiguo y nunca
desmentido ranking elaborado por Naciones Unidas ubica la obtención de
pasta de celulosa entre las cinco actividades industriales más
contaminantes. Es decir, aquellas que liberan subproductos de alta
persistencia en el ambiente (los organoclorados, principalmente) y
potencialmente cancerígenos.
1) ¿El paisaje futuro de la costa
del río Uruguay?
La modernidad, dicen los teóricos,
impone nuevos conflictos. O conflictos viejos por temas nuevos. La
ecología aparece como un tema novedoso, aunque esconde –o subraya, según
se vea– la esencia de los conflictos habituales de la humanidad. El
catalán Joan Martinez Allier, sin reduccionismos, sostuvo académicamente
que todo problema ambiental en verdad es el emergente de un problema
económico (la aplicación de tecnología no contaminante o, mejor dicho,
la resistencia de la industria a aplicarla es la confirmación de esa
hipótesis). Parafraseándolo, quizás, a partir de Gualeguaychú
comprobemos que toda batalla cuyo eje temático sea el medio ambiente es
en el fondo una batalla económica.
Tomás Maldonado decía en su libro
Ambiente Humano e Ideología que seguramente la ecología era una moda.
Pero que como toda moda, su costado útil es que, una vez que es
reemplazada por otra moda, algo deja al menos en el inconsciente
colectivo. Aun siendo éstos los retazos de la moda, bien vale la pena
analizar un conflicto por motivos un tanto más humanos, un tanto menos
inmediatistas o grotescos que aquellos a los que estamos habituados.
El escándalo de las papeleras que
Uruguay aceptó construir en Fray Bentos, a orillas del río homónimo del
cariñosamente llamado "paisito", y la consecuente batalla desatada entre
vecinos desconfiados, ambientalistas en su salsa, políticos recién
llegados a la ecología, diplomáticos molestos con el exceso de
desprolijidad que propone la lucha popular y empresarios que actúan como
si nunca hubieran siquiera lanzado un papel fuera del cesto representa
una puesta en escena inédita por estos barrios: el arribo de los
conflictos nacidos y sostenidos en la defensa del medio ambiente.
Los activistas globalifóbicos y muchos
militantes ecologistas del Primer Mundo pueden presentar credenciales de
peleas similares. Sin embargo, casi nadie puede arrogarse haber ubicado
una consigna ambiental en el centro de una lucha popular. Y
efectivamente, aunque suene demodé y setentista, la épica de 40.000
personas –sobre 70.000 habitantes totales– cortando un puente
internacional allá por abril y decenas de cortes posteriores sin más
organización que la espontánea de una ciudad pequeña no pueden sino
definirse como lucha popular.
Pero antes de llegar a la descripción
de cada uno de los protagonistas y las tácticas o estrategias que los
convocan, enfrentan o equiparan, conviene describir la verdadera
esencia, el telón sobre el que se desenvuelve la crisis.
Desiertos verdes
Hace aproximadamente 25 años, la
industria internacional consumidora de papel descubrió que su stock de
árboles decrecía, que la demanda se acentuaba y que las crecientes
regulaciones ambientales en el Primer Mundo iban en detrimento de dicha
actividad. En consecuencia, el abastecimiento de pasta de celulosa
–materia prima inevitable para hacer papel– empezaba a entrar en riesgo
futuro.
Como estamos en el capitalismo, no hay
que olvidarlo, los carteles de la pasta de celulosa –comandados por los
nórdicos, por aquello de que en los albores de la industria era de los
pinos escandinavos de donde se sacaba mejor celulosa– comenzaron a
planificar el siglo XXI. Y descubrieron que vastos territorios quizás
alguna vez boscosos y postreramente ganaderos podían cobijar nuevos
bosques, pero esta vez plantados pensando en su futuro papel (o en el
papel futuro). Así nacieron lo que muchos prestigiosos ecólogos y
biólogos denominaron "desiertos verdes": miles de hectáreas de bellos
bosques conformados por una sola especie.
"¿Por qué cree que Uruguay no es un
país forestal?", le preguntaron al actual ministro de Ganadería, Pesca y
Agricultura de ese país, el pintoresco José "Pepe" Mugica, quien, dicho
sea de paso, se manifestó a favor de la inversión que significarán las
papeleras, siempre que no hipotequen ambientalmente al río Uruguay.
"Porque nunca vi que la naturaleza haga el mamarracho de hacer un bosque
con una sola especie", explicó como el mejor de los expertos en ecología
vegetal.
Los productores mundiales de pasta de
celulosa concretaron lo que, también en lenguaje setentista, se conocía
como "división internacional del trabajo" y hoy se describe como un
subproducto nocivo pero inescindible de la globalización. Determinaron
que la pasta de celulosa que seguirán consumiendo los países centrales
(ya sea para consumo directo o para fabricar papel que luego
importaremos los países no centrales) se obtendrá en estas naciones
periféricas de tierras fértiles, mano de obra barata, escenarios
contaminables y leyes ambientales persistentemente laxas.
De ese modo idearon el proceso,
sabiendo de antemano que al final del desarrollo del bosque de una sola
especie (en general, eucalipto) debía haber una "pastera" (planta de
obtención de pasta base de celulosa) esperando.
De aquellas forestaciones masivas a
estas papeleras
Por eso los empresarios representativos
de la empresa finlandesa Botnia –una de las dos en conflicto frente a
Gualeguaychú– dicen y escriben que están completando la cadena de un
polo de desarrollo forestal. Por eso, dicen que habrá "pasteras" en toda
la cuenca del río Uruguay, para poder procesar al pie de las
forestaciones los miles de árboles allí ya crecidos. Y por eso,
groseramente, dicen que en caso de persistir en su oposición a las
papeleras, el gobierno de Entre Ríos –territorio con mayor cantidad de
bosques implantados que la República Oriental del Uruguay– deberá
importar toneladas de vaselina para ubicar en algún lado tantos
eucaliptos.
Tan brutal es el proceso de
otorgamiento de roles por parte del capital internacional, que ya se
sabe que del total de la producción anual de pasta base de celulosa de
las dos papeleras de Fray Bentos, el 90 por ciento ya está previamente
colocado en mercados de los Estados Unidos y Europa.
Aquí queda la contaminación y algunas
divisas.
Los actores
"Si hoy uno sigue una llamada directa a
actuar, esa acción no se realizará en un espacio vacío, sino dentro de
las coordenadas ideológicas hegemónicas: aquellos que 'realmente quieren
hacer algo para ayudar a la gente' se involucran en hazañas
(indudablemente honorables) como los Médicos sin Frontera, Greenpeace,
campañas feministas y antirracistas que, no sólo son toleradas, sino
incluso apoyadas por los medios de comunicación, aun cuando se
entrometan aparentemente en el territorio económico (digamos,
denunciando y boicoteando compañías que no respetan las condiciones
ecológicas o que utilizan mano de obra infantil). Son toleradas y
apoyadas con tal de que no se acerquen demasiado a un cierto límite.
Este tipo de actividad proporciona el ejemplo perfecto de interpasividad:
de hacer cosas no para lograr algo, sino para evitar que algo pase
realmente, que algo realmente cambie."
El párrafo anterior no fue escrito
ahora ni tampoco por ningún participante de la trifulca de las
papeleras. Lo escribió el filósofo esloveno Slavoj Zizek en un libro de
título de la Guerra Fría (A propósito de Lenin) pero subtítulo
contemporáneo (Política y subjetividad en el capitalismo tardío).
Convendrá releerlo dentro de un tiempo cuando el resultado de la batalla
por las papeleras sea el que ya vislumbran los actores con sentido
común: un presidente uruguayo cortando la cinta del supuesto progreso
para sus conciudadanos.
1. Uruguay
El paisito está atado no a la decisión
de éste o el anterior gobierno sino a lo que muchos economistas amantes
del mercado sacralizan como "políticas de Estado". La política de Estado
de Uruguay en este tema, insistimos, fue decidida hace un cuarto de
siglo cuando se inició la forestación masiva, sin considerar ni el
impacto ecológico negativo del monocultivo forestal ni el posterior de
las pasteras que irremediablemente deben instalar al final del proceso.
Es por eso que en el horizonte
inmediato aparece el condicionamiento establecido por las empresas
papeleras que, conocedoras e impulsoras de ese proceso, impusieron
cláusulas monumentalmente leoninas al Estado uruguayo en caso de
incumplir los contratos. Y, una vez sorteado el actual escollo del
conflicto con Argentina –más bien, con la gente de Gualeguaychú–, hay
una ristra de proyectos de pasteras a ser instalados en ese sitio.
2. Gualeguaychú
Conocedora de los antecedentes poco
felices de la industria celulósica en materia de contaminación en el
mundo, los ciudadanos de Gualeguaychú son claros ejecutores de la
política de NIMBY ("Not In My Back Yard", algo así como "no en mi
jardín"). Tanto es así, que cuando surgió de la Cancillería argentina la
propuesta negociadora de trasladar las papeleras cien kilómetros al sur
de Gualeguaychú, muchos respiraron aliviados por aquello de que "no lo
voy a sufrir yo". Sólo Greenpeace puso un poco la pelota contra el piso
en este último tramo de esta historia, al señalar que ésa era una manera
de administrar el conflicto sin resolver la cuestión de fondo.
Pero aun cuando el NIMBY parezca una
mirada egoísta sobre el conflicto, no es menos cierto que nadie le
consultó a la población de Gualeguaychú si quería pagar con impacto
ambiental el presunto beneficio económico y laboral de terceros (los
uruguayos).
3. Argentina
Es la de peor situación en el
conflicto. El país tiene escasa autoridad moral para reclamar a Uruguay
que detenga una industria presuntamente contaminante. La Argentina
queda, a los ojos de cualquiera que observe con desapasionamiento el
asunto, presa del doble estándar. Por un lado, aparece amenazando con ir
a los foros internacionales a defender su derecho al ambiente sano y,
por otro, el país tiene fronteras adentro un desbarajuste ambiental
imposible de disimular.
Citemos un ejemplo pertinente.
Argentina fundamenta su protesta diplomática por el tema de las
papeleras en el recurso compartido –el río Uruguay– que aparece
amenazado por este proyecto. Hace apenas dos meses, se dio a conocer un
estudio realizado por Freplata –organismo ambiental binacional
rioplatense– donde quedaba en evidencia la contaminación record del Río
de la Plata. El informe contenía tres conclusiones categóricas respecto
de ese "recurso compartido" entre Buenos Aires y Montevideo: a) que
Uruguay había revertido la contaminación de origen cloacal que se había
expresado en sus costas hace una década; b) que la costa de Buenos Aires
había alcanzado en ese mismo tiempo y hasta la actualidad niveles de
contaminación similares al Riachuelo y el Río de la Plata; c) que la
casi totalidad de la contaminación del Río de la Plata como cuerpo de
agua se explica por la actividad incontrolada de las industrias
radicadas del lado argentino y por la ausencia de tratamiento de los
residuos cloacales de las ciudades emplazadas desde Santa Fe hasta
Magdalena.
¿Contaminan las papeleras?
Un antiguo y nunca desmentido
ranking elaborado por Naciones Unidas ubica la obtención de pasta de
celulosa entre las cinco actividades industriales más contaminantes. Es
decir, aquellas que liberan subproductos de alta persistencia en el
ambiente (los organoclorados, principalmente) y potencialmente
cancerígenos.
Tanto Ence (de origen español) como
Botnia (de origen finlandés) tienen –de forma directa o por la
tecnología que utilizan– precarios antecedentes en esta materia. Ence,
en especial, administra desde hace 50 años una planta de obtención de
pasta de celulosa en Pontevedra, en las rías gallegas. Cuenta la leyenda
que Ence, originalmente del Estado franquista, fue instalada a bayoneta
limpia de la mano de aquel latiguillo del generalísimo que proponía que
lo estatal y fabril eran sinónimos de progreso, dejaren el tendal
(social, ambiental) que dejaren. Marchas, protestas y hasta una condena
firme por daño ambiental consuetudinario no consiguieron que Ence
abandonara las rías baixas y, con ella, el olor a huevo podrido (ácido
sulfhídrico) característico del proceso de separación de la lignina de
la madera. El alcalde de Pontevedra ha recomendado a su par de
Gualeguaychú que haga lo imposible por impedir la planta de Ence en Fray
Bentos. Y se presume que sabe de qué habla.
A Botnia –o a su tecnología– le
atribuyen tanto la supuesta limpieza de la producción de celulosa en los
alrededores de Helsinki como dos episodios tan confusos como lesivos
para el ambiente. Uno, el de una planta instalada en Valdivia, Chile,
donde organismos oficiales de los Estados Unidos reclamaron el cese de
su funcionamiento por haber destruido el santuario natural de río
Cruces, donde de 6000 cisnes apenas quedaron 300 agobiados por la
contaminación liberada aguas arriba. La otra es la planta de Espíritu
Santo, en Brasil, donde comparten la crítica por la contaminación fabril
con las acusaciones de haber favorecido la pérdida de bosques nativos a
favor de megaplantaciones de pinos y eucaliptos con horizonte de papel.
Los expertos dicen que no sólo la
liberación de ingentes cantidades de sustancias nocivas es motivo de
contaminación. Una playa como la que utilizan los turistas que van a
Gualeguaychú, frente a la cual se erija una chimenea ajena a cualquier
paisaje natural, bien puede considerarse que ha sido contaminada.
También vendrán quienes pregunten
por qué tanta alharaca si nuestra convivencia con esta amenaza ambiental
es anterior al conflicto de Fray Bentos: sólo en Brasil la industria de
la celulosa contiene a 220 plantas fabriles y en la Argentina hay una
docena de industrias, todas ellas a la vera del Paraná y algunas de
ellas con denuncias y clausuras por contaminación.
Otros sostendrán que se trata de un
nuevo episodio de la saga que confronta a medio ambiente con progreso y
que sólo se trata de controlar que no se contamine por encima de los
valores permitidos (de contaminación). Pero será más difícil explicar,
sin recurrir a los clásicos y a cierto setentismo, por qué la Unión
Europea resolvió erradicar de su territorio para la próxima década
tecnología de producción de pasta de celulosa que persiste y se inaugura
día a día por estos arrabales.
Habrá que preguntarse, en el mar de
la globalización, cuánta ecología le toca a la parte más desigual del
mundo.
2) Más claro, echale agua:
papeleras: no pasarán
25/01/06 - En los últimos meses
mucho y variado se ha escuchado sobre las plantas de celulosa, aquí va
una nota por demás elocuente, argumental e informativa de Amigos de la
Tierra.
No se trata de sacar el
izquierdómetro para medir quién es más progresista, o verificar el ADN
histórico para ver si somos pueblos hermanos o medio hermanos, validar
la protesta de acuerdo a si son 10 o 200 militantes con o sin el
gobernador, o ecualizar la demanda en función de una tradición
ecologista que autorice o no a opinar.
No es así. Se trata de nosotros. Se
trata del río Uruguay sobre el cual hay un tratado binacional de
preservación que está siendo violado, la intención de poderosas
corporaciones europeas a las cuales ES POSIBLE ECHAR por la presión
popular y por la de la ley (ya llegan más plantas de celulosa prohibidas
en otras partes del mundo).
Esta lucha no debe jugarse en el
campo de la defensa o desestabilización de ningún gobierno. Se trata de
decisión soberana de los pueblos de defender su derecho a la vida. Más
claro...
“Aquí lo que estamos defendiendo es
un modelo de vida, una forma humanitaria, un modelo distinto al que se
viene proponiendo, una forma que nos haga ser protagonistas de nuestra
propia historia y no que los países poderosos nos vengan a imponer como
lo vienen haciendo desde hace muchos siglos, la forma en que tenemos que
vivir. Nos tenemos que poner en pie los argentinos y el pueblo uruguayo
y decir «No señores» nosotros elegimos nuestra forma de vivir, queremos
cuidar nuestros recursos, sabemos que acá debajo de la planta de
nuestros pies hay un acuífero que es que brindará agua potable, que es
el recurso vital que se está terminando y lo queremos cuidar en
preservación de la vida humana.”
Nota completa:
Conversación con Lilia Moyano, desde
la cabecera del puente internacional general artigas, en Colón, Entre
Ríos.
Mi nombre es Lilia Moyano. Yo
pertenezco a la Asamblea Ciudadana Ambiental de Colón de Entre Ríos, y
estamos desde el jueves interceptando los cuatro camiones que iban para
la empresa Botnia, que llevan las estructuras para realizar las plantas,
iban a pasar por nuestro puente, entonces nosotros los interceptamos y
los vecinos de Colón les impedimos el paso. Acá hay cinco camiones (por
uno más que había bloqueado Greenpeace).
Luego nuestro abogado de la Asamblea
Ambiental de Gualeguaychú, Colón, del Foro de las Asambleas de la
Cuenca, presentó ante el juzgado de Concepción del Uruguay, una demanda
de que los vecinos pedíamos, considerando que las plantas son
contaminantes y hay muchos elementos objetivos para afirmarlo, los
vecinos solicitamos que los camiones que van con mercadería o
estructuras, lo que fuere, a las empresas Botnia y Ence no transiten por
territorio argentino. La fiscal no se pudo expedir porque dijo que tenía
que esperar los resultados de la Comisión Binacional, que se entregarían
el 31 de enero. El juez entonces respetó la decisión de la fiscal, y el
juez decidirá después del 31 de enero cuando la fiscal presente su
informe.
Los vecinos decidimos quedarnos en
la ruta, en la cabecera del puente para que no pase ningún camión que
vaya para la empresa, en tanto y en cuanto el juez no se haya expedido.
O sea que nos quedaremos 14 días más en el puente. El puente no está
cortado, esta abierto, no hay corte de ruta, es de libre tránsito,
solamente bloqueamos el paso a los camiones que van para las empresas.
Hasta ahora acá en la cabecera del puente hay cuatro. Desde hace dos
días, a 20km en una estación de servicio, que está en la ruta del
puente, que es la 135 y la ruta 14 nacional, hay dos camiones más
esperando para pasar que van para la empresa Botnia, y en el peaje de
Gualeguaychú, desde ayer a la tarde hay cuatro camiones más, también que
tienen como destino pasar por Colón y están esperando ahí, en una
estación de servicio que está a la salida de Gualeguaychú.
Cuando vino el camión, que eran
cuatro que venían juntos, nos paramos en el medio de la ruta, por el
lugar donde ellos iban a pasar, y empezamos a aplaudir y a gritar y
decir que «No Pasarán, No Pasarán». Los camiones se tuvieron que
detener. La gendarmería bajó la barrera ante la situación. Teníamos en
ese momento 150 personas. Los camiones entonces quedaron detenidos y
nuestros abogados comenzaron a accionar.
Para nosotros es importante que la
carga que llevan a Botnia no llegue a destino, porque Uruguay permite
que las empresas se instalen, que se estén construyendo inclusive, que
su puerto se esté construyendo, en violación binacional que existe que
es el Tratado del río Uruguay. La República hermana del Uruguay, por
decisión unánime decidió que las plantas se instalen y que el puerto se
construya. El río Uruguay es un recurso compartido por ambos países,
entonces por eso existe ese tratado. La consulta debería haber sido
realizado a la Argentina y debería haberse consensuado.
Los vecinos decidimos hacer valer el
tratado de esta forma. No permitiendo que el material llegue al punto de
destino, porque las plantas son ilegales y además hay datos certeros, de
que son muy contaminantes. Tal es así que el método que van a usar, a
partir de 2007 en Europa ya no se va a usar. A partir de 2007, la
normativa europea dice que el método para el blanqueo de pulpa de
celulosa es el método totalmente libre de cloro. Acá dicen los
empresarios de Botnia y Ence que están utilizando la última tecnología,
cosa que no es verdad, porque está vigente por este año, pero ya caduca
y a partir del año que viene, se comienza a usar la otra tecnología.
De todos modos, más allá de las
tecnologías que se empleen, los ciudadanos de Entre Ríos nos
preguntamos, cuál es el modelo que nosotros queremos, cuál es modelo
económico que queremos para nuestra región. No queremos plantas de
celulosa, porque plantas de celulosa implican monocultivo, implica
represas sobre nuestro río, implica que se va imponer un modelo
industrial, cuando el pueblo de Entre Ríos, naturalmente, en la cuenca
del Río Uruguay está eligiendo un modelo económico sustentable
turístico. Todo esto se está firmando a espaldas de la ciudadanía del
pueblo de Entre Ríos. Por lo tanto, nosotros estamos deteniendo los
camiones en la ruta, para que las plantas no se instalen.
Estamos hablando del modelo
turístico que nosotros elegimos. La ciudad de Gualeguaychú es el primer
carnaval del país. Es una ciudad altamente turística y la ciudad de
Colón por supuesto que también y todo el mundo lo sabe. Si nosotros
permitimos que se instalen las plantas de celulosa, nos están cambiando
el modelo que nosotros elegimos para vivir. Esto es algo que compartimos
entre todos los vecinos, entre todos los que vivimos en la cuenca. Estén
ó no a favor de las plantas de celulosa, la gente lo que dice, es que
quiere un modelo turístico, porque es el modelo que naturalmente nos
está haciendo una economía sustentable, sin depredación del medio
ambiente, dejándole un futuro promisorio a las generaciones que vienen,
no permitiendo la contaminación del río, por el sistema de represas ó
por el sistema que se use para el blanqueo de las pastas de celulosas.
Queremos un modelo sustentable en la
región, y los procesos que se están manifestando en la región ya lo
están demostrando. Los cortes de ruta, los bloqueos de puentes, acá de
camiones, están demostrando los procesos sociales en oposición a un
modelo que se está queriendo imponer, en este caso desde los países
europeos.
La causa que estamos peleando en
Entre Ríos, que la población, que los ciudadanos argentinos y uruguayos
entiendan que es una causa por el futuro de todos. El pueblo uruguayo y
el pueblo argentino se verá gravemente afectado por las instalaciones de
plantas de celulosa. Para el pueblo argentino, esto debiera ser una
causa nacional, aspiramos a que lo sea, porque lo que estamos haciendo
es defendiendo nuestros recursos naturales. Ante la gran hambruna que
hay en el mundo no puede ser que se contamine un río, ó que la tierra se
utilice para el monocultivo, una tierra perfectamente cultivable, que
brindaría alimento y solucionaría el problema del hambre en muchas
regiones del mundo seguramente.
Aquí lo que estamos defendiendo es
un modelo de vida, una forma humanitaria, un modelo distinto al que se
viene proponiendo, una forma que nos haga ser protagonistas de nuestra
propia historia y no que los países poderosos nos vengan a imponer como
lo vienen haciendo desde hace muchos siglos, la forma en que tenemos que
vivir. Nos tenemos que poner en pie los argentinos y el pueblo uruguayo
y decir «No señores» nosotros elegimos nuestra forma de vivir, queremos
cuidar nuestros recursos, sabemos que acá debajo de la planta de
nuestros pies hay un acuífero que es que brindará agua potable, que es
el recurso vital que se está terminando y lo queremos cuidar en
preservación de la vida humana - Fuente: Amigos de la Tierra
3) Conviviendo con la contaminación
de la planta de celulosa en Pontevedra
Esta carta fue enviada al Grupo
Guayubira por una ciudadana española que convive desde su niñez con los
efectos producidos por una planta de celulosa de la empresa española
ENCE, la misma que pretende instalarse en Fray Bentos. Esta empresa es
la que ha destruido el ambiente en Pontevedra, lugar desde donde fue
enviada esta carta el día 20 de octubre de 2003.
El testimonio es muy valioso en sí
mismo, porque describe cómo empeoraron las condiciones de vida en esta
región de España, en pos de un “desarrollo” y una mejora en el empleo
que no han sido tales.
Carta desde Pontevedra
Hola amigos y amigas,
Me llamo Maricarmen, vivo en las afueras de la ciudad de Pontevedra, a
ocho Km del complejo ENCE, cuando sopla viento del Sur me llega el olor
del mar, cuando viene del Norte, huele a “huevo podrido”. Son los olores
que me acompañaron toda la vida. Mi casa está en un rincón de la ría de
Pontevedra, un paraíso en miniatura, empañado por el humo constante que
sale de las tres chimeneas de Celulosas.
Yo sé que el paisaje uruguayo
también tiene sus pequeños paraísos, y alguien me ha dicho que van a
instalaros Celulosas ahí: ¡No lo permitáis!, ¡luchad con todas vuestras
fuerzas, con todas las armas que tengáis a mano!. No hagáis pactos con
el diablo.
Los políticos os dirán que se
crearán muchos puestos de trabajo y que hoy en día la ciencia ha
avanzado mucho, que la contaminación es cosa del pasado. ¡No les creáis!
¡es mentira!... Contaminarán vuestras aguas, llenarán el aire con un
olor a cloro que irritará los ojos y las gargantas de los niños, y el
cáncer aumentará de forma alarmante.
Cada puesto de trabajo lo pagaréis
con cientos de afectados por enfermedades respiratorias. ¡Ah! Y no
soñéis los uruguayos con tener un puesto de responsabilidad en esa
empresa, ¡eso jamás!, porque ser un alto cargo supone tener acceso a
todo tipo de información privilegiada sobre lo que se contamina
realmente y sobre el daño que se causa; por lo tanto, los que desempeñen
esos cargos serán gente extranjera. También tendrán que contratar a
licenciados en Química, pero no habrá ningún químico uruguayo ocupando
esos puestos, está prohibido, traerán a gente de afuera, personas que no
sufran, que no estén implicadas con el entorno.
Los únicos puestos de trabajo que
habrá para los uruguayos, serán para los obreros que realizan el trabajo
duro, los que tengan que cargar con el trabajo pesado y de más riesgo
para su salud, los que estén en contacto con el peligro.
Me gustaría escribiros una carta
corta, clara, precisa, con datos científicos que os hicieran comprender,
pero soy incapaz de hacerlo porque desde que nací he vivido este
ambiente, por lo tanto, la información que puedo daros está compuesta de
recuerdos, sensaciones, olores y dolores. Todo mezclado. Sobre todo los
recuerdos... voy a contaros unos pocos: Tengo 44 años, cuando nací,
Celulosas estaba recién instaurada. Recuerdo que mis padres hablaban de
la resistencia de nuestras gentes a que unos arenales plagados de
marisco y riqueza natural, fueran profanados por unos desalmados. La
represión fue terrible, eran tiempos de dictadura, de policía montada
cargando contra mujeres, ancianos y niños.
Recuerdo cuando era chiquita y
estaba en la playa con mi padre. Él metía su mano entre las piedras, y
cuando la sacaba, tenía tres o cuatro nécoras o cangrejos enganchados a
sus dedos, recogíamos mejillones y lapas pegados a las rocas y jugábamos
con los innumerables caballitos de mar. Ahora soy madre y no puedo
compartir esto con mis hijos, porque ya no hay cangrejos entre las
piedras; los mejillones sólo crecen en las bateas y antes de comerlos
deben pasar por la depuradora*; los caballitos de mar son una rareza y
el agua está asquerosa.
Recuerdo cuando tenía doce años,
estudiaba en un colegio de monjas y tenía compañeras que vivían por los
alrededores de celulosas. Cada día, entre risas me contaban anécdotas de
su vida cotidiana: No podían dejar la ropa a secar en el jardín, porque
cuando iban a recogerla, estaba llena de agujeros. Iban a protestar en
las oficinas de celulosas y estos les pagaban el doble de lo que valía
la ropa, a cambio de su silencio. Las persianas de sus casas, también se
llenaban de agujeros, e incluso el aluminio de las ventanas se
estropeaba. “No hay problema”, decían, “celulosas paga todo”.
Pero poco a poco esas niñas se iban
marchando, ya no venían al colegio, sus padres abandonaban la casa y se
iban a otro lugar, lejos de aquí.
Recuerdo que un día, una maestra nos
llevó a visitar la fábrica, éramos treinta niñas, con nuestros uniformes
de colegialas. El guía nos iba llevando por los lugares menos peligrosos
y nos recitaba una y otra vez la misma frase, que la contaminación era
inexistente y no había peligro alguno. Pero teníamos que ir por dónde él
nos mandaba, sin desviarnos por los lugares prohibidos. De pronto una de
las niñas empezó a llorar y a gritar. Era la hija de uno de los obreros
que trabajaban allí; su padre estaba en el Hospital porque hacía unos
días, tuvo que hacer un trabajo en uno de los lugares peligrosos y se
había olvidado de ponerse el traje de amianto.
Nosotras no sabíamos qué significaba
eso, pero todas nos pusimos a llorar y la profesora, avergonzada, nos
sacó de allí.
Recuerdo hace unos quince años, mis
hijos eran muy pequeños. Aquél día las noticias de la televisión fueron
muy divertidas. Las cámaras se habían desplazado a los arenales próximos
a celulosas porque allí se había producido un hecho muy curioso:
Las mariscadoras que estaban
trabajando desde la mañana temprano, hacían declaraciones, lloraban y
reían. Unas contaban que habían visto una especie de OVNI, otras, que se
les había aparecido algo sobrenatural. Todas tenían los pelos de punta y
la carne de gallina. Unas vomitaban y otras tenían mareos y desmayos.
Hablaban de una especie de nube que las envolvió de pronto y el cuerpo
se les estremeció. Los expertos debatían ante las cámaras y decían que,
sin duda se trataba de una sugestión colectiva y “ya se sabe, esta gente
ignorante hace cosas así”. Toda España se reía de las pobres
mariscadoras que no sabían qué les estaba ocurriendo.
Esa misma noche recibí una llamada
desde Canadá, mi marido es marino mercante y se encontraba en las costas
de Terra Nova. Estaba aterrorizado cuando habló conmigo. Y yo... ¡no me
había enterado de nada!.El noticiario de aquél país contó la verdad:
“Una fábrica de celulosas ubicada en las Rías Bajas gallegas, tuvo un
escape de gas, y durante varias horas, toda la Península del Morrazo, al
Sur de Galicia, vivió con terror la situación de peligro. Se temía por
la vida de miles de personas en caso de que hubiera una explosión”. Los
noticiarios de España no sabían nada y se limitaron a hacernos reír con
las bobadas de Ovnis y apariciones, para que no supiéramos la verdad.
Y así, día a día, con cuentagotas,
se suceden los pequeños desastres, recuerdos que vamos contando a quién
quiere escuchar.
Uno no tiene sensación de peligro,
la vida cotidiana transcurre normalmente y la vida se disfruta; pero
cuando miras esas chimeneas recuerdas el dolor. Cuando miras el humo,
sientes la sombra de la muerte, que te aguarda sin hacer ruido.
Bueno amigos, esto es todo lo que yo
puedo contaros, no sé si he sido capaz de transmitiros todo lo que
siento, no sé si habéis comprendido, no sé si mi carta os dará fuerzas
para luchar y sabiduría para resistir. ¡Animo!. Desde aquí mi apoyo
incondicional y un gran abrazo para todos.
Vuestra amiga María del Carmen
Santos Piñeiro
4) Los Charrúas no son el enemigo
principal
Contraponer desarrollo económico con
cuidado del ecosistema, es una de las falacias que a impuesto Washington
en los distintos foros mundiales. En la controversia en torno a las
papeleras que se están instalando en Fray Bentos, lentamente estamos
comenzando a desbarrancarnos. De un lado del río se habla de ecología,
del otro de terminar con el hambre de los niños. Y en ambos casos hay
quienes están atizando el fuego del chovinismo.
Los pueblos de Argentina y Uruguay,
deberíamos comenzar a pensar que el enemigo principal no está en la
ribera de enfrente. No es tarde todavía para que recordemos que los
imperialismo fueron históricamente muy hábiles en explotar las pequeñas
diferencias que a veces solemos tener.
No se termina de entender porque el
gobierno uruguayo, el del Frente Amplio, estamos hablando, el que venció
a la oligarquía de los partidos Nacional y Colorado, tiene una política
tan chovinista con el tema de las papeleras. No se termina de entender
como el dirigente del MPP (ex-Tupamaros) Eleuterio Fernández Huidobro
haya tratado a la izquierda uruguaya como: "la pintoresca izquierda
cholula de Uruguay, que no sólo se parece cada día más a los porteños
sino que lisa y llanamente se ha pasado a su bando, como en el
estridente y vergonzoso caso de las papeleras". No fueron menos
lamentables las declaraciones del diputado del MPP, Carlos Gamou, que
después de la acción de Greenpeace en el muelle de Botnia, dijo
refiriéndose a la organización ecologista: "Les haría falta escuchar un
poco más el ruido insoportable de niños con hambre y dejarse de joder
con el ruido de los pajaritos.
Desde nuestro lado no podemos
suponer que un gobernador como el entrerriano Jorge Busti, devenido en
"ambientalista", se haya transformado en un dirigente, aunque sea
progresista. Sólo hay que ver la política de su gobierno en materia
educativa y en referencia al conflicto docente durante 2005, para darnos
cuenta que lo más alejado de una política popular es Busti. Algunas
voces del gobierno nacional, le hacen coro. Y en algunos ámbitos el
tufillo chovinista comienza a hacer pie. Por su parte los grandes medios
de prensa de ambas orillas le agregan, cada día, un poco de condimento
al "diferendo", con lo cual aumentan la tirada, tienen un tema caliente
en el verano y como de costumbre juegan hacen su juego a favor de las
clases dominantes.
En un momento en que los pueblos
latinoamericanos comienzan a mirarse a si mismos como hermanos. En un
momento en se comienza a hablar seriamente de integración
latinoamericana. Cuando varios países comienzan a pararse frente a los
yanquis con políticas independientes. En un momento así no podemos
permitirnos ni por asomo que nos vuelvan a dividir como en el siglo XIX.
Artigas no fue el enemigo de los
porteños, ese fue el bolazo que nos hicieron tragar los escribas de la
historiografía oficial y oligárquica. Artigas fue el enemigo de la
oligarquía y luchó por la libertad de los de abajo. En la Buenas Aires
del segundo decenio del siglo XIX, era la oligarquía la que mandaba. La
misma que hacía negocios con el imperialismo inglés y que años más tarde
masacró -junto con las clases dominante brasilera y uruguaya- al pueblo
paraguayo.
La defensa del medio ambiente
encarada por la Asamblea Ambientalista de Guleguaychú es correcta. El
río no le pertenece ni al gobierno uruguayo, ni al argentino, tampoco a
Botnia o Ense. El río Uruguay pertenece a todos los habitantes de estas
tierras, luchar por impedir su contaminación es un deber para cada uno
de nosotros.
Pero estamos -en las dos orillas-
caminando por el filo del chovinismo. Caer en ese terreno sería hacerle
el juego a la derecha, a los capitalistas, a los imperialismos. A los
que históricamente dividieron y saquearon América Latina.
Carlos Antón
Agencia Walsh
5) Banco mundial: la decisión de
financiar plantas de celulosa aún no ha sido tomada
Comunicado de prensa 24 de enero de
2006
El 23 de enero, cuatro
representantes del Banco Mundial [1] se reunieron con el Grupo Guayubira
para solicitar aportes del grupo acerca del proceso de consulta que
dicho organismo llevará a cabo vinculado con el préstamo solicitado por
Botnia y Ence a la Corporación Financiera Internacional.
Patricio Nelson, integrante de la
empresa contratada por el Banco para actuar como facilitadora en el
proceso de consulta, explicó que ésta se llevará a cabo en base al
informe de evaluación de impacto acumulativo producido por la empresa
Pacific Consultants International y que todas las partes interesadas
podrán presentar sus opiniones al respecto.
Los representantes de Guayubira
cuestionaron el proceso, dado que el informe de la consultora japonesa
contratada por el Banco para hacer la evaluación de impactos acumulados
de las dos plantas de celulosa carece de la objetividad necesaria como
para constituirse en base de una discusión seria e informada.
Al respecto, se presentaron varios
ejemplos concretos demostrando que el informe está totalmente sesgado a
favor de la forestación y de las fábricas de celulosa. En particular se
denunció:
- afirmaciones sin fundamento
científico con respecto a las "bondades" de la forestación, en
particular la afirmación de que las plantaciones aumentan la
biodiversidad
- la manipulación de información acerca del empleo generado en la
forestación
- el uso selectivo de información, omitiendo (de un mismo estudio) las
partes críticas a la forestación y destacando sólo las consideradas
positivas
- la omisión de información relevante, en particular con respecto a la
generación de dioxinas por plantas con proceso de blanqueo en base a
dióxido de cloro, tales como las que se plantea instalar en Uruguay
- la utilización de muy escasas fuentes de información acerca de la
contaminación generada por este tipo de plantas y todas ellas vinculadas
directamente a la industria de la celulosa
- la adjetivación utilizada para esconder aspectos esenciales como la
generación de residuos peligrosos ("pequeñas cantidades"), cuando en
realidad se trata de unas 200 toneladas anuales
- la inexistencia de estudios concretos acerca de los supuestos empleos
indirectos que generarían las plantas de celulosa
- la falta de seriedad en afirmaciones acerca de que las fábricas no
tendrán impactos negativos sobre el turismo, la apicultura y la pesca,
basadas en la creencia no demostrada de que ni contaminarán ni su olor
será significativo
Además, los representantes de
Guayubira cuestionaron declaraciones públicas realizadas por
funcionarios del Banco con relación a ese informe, que han resultado en
el fortalecimiento de posiciones favorables a la instalación de las
plantas, tanto por parte de las empresas como del gobierno y el
consiguiente debilitamiento de quienes las cuestionan, tanto en Uruguay
como en Argentina.
En base a la poca seriedad del
informe y a la situación política generada por el mismo, Guayubira
recomendó al Banco que se exija a la empresa consultora que mejore
sustancialmente su informe para que entonces pueda servir de base para
la consulta amplia que el Banco desea realizar.
Al mismo tiempo, se planteó la
interrogante acerca de si este estudio refleja una posible decisión
tomada de antemano por el Banco, a lo que Mark Constantine (alto
funcionario del Departamento de Industria y Servicios Globales de la
Corporación Financiera Internacional) respondió enfatizando que "la
decisión aún no ha sido tomada" y que "a esta altura necesitamos conocer
las contradicciones que se identifiquen en este informe".
www.EcoPortal.net
[1] Mark Constantine, Richard
English, Yolande Duhem y Patricio Nelson
* Extractado del Boletín de
Recosur No. 768
Otros datos útiles
Argentina tiene sobre el Río Paraná, en la
Provincia de Buenos Aires, frente a Entre Ríos, 4 plantas de celulosa.
En Entre Ríos hay una sola en Ibicuy, a 123 kms de Gualeyguachú. Santa
Fe, frente a Entre Ríos tiene una sola, y Misiones, frente a Paraguay
tres plantas.
Ninguna utiliza el procedimiento TCF, que como sostiene Terragno,
Greenpeace y el gobierno de Entre Ríos le exigen al Uruguay. Es bueno,
aclarar, que la producción de todas estas plantas no alcanzan a la mitad
de la que producirán las de Fray Bentos que están en cuestión.
Uruguay tiene una sola planta de papel llamada FONAPEL ( Fábrica
Nacional de Papel) instalada en Colonia, que produce apenas el 2,33% de
las que fabricarán Botnia y Ence .
Con relación a la cantidad de personal ocupado se habla de ocho mil
personas, pero el dato tiene la trampa, hábilmente manejada, de que
incluye los que intervienen en la construcción de la obra que una vez
terminada, cesan en su trabajo. Estos emprendimientos, una vez
concluidos, se manejan con dotaciones reducidas.
En Finlandia hay 45 papeleras, 19 fábricas de pulpa y figura en los
primeros lugares en todos los parámetros, entre ellos el de calidad de
vida
Hay soluciones si hay voluntad política
Lo primero que deben hacer ambos gobiernos es bajarse del caballo.
Debe realizarse una reunión cumbre entre ambos presidentes. Parar por
noventa días la continuación de las obras y poner todas las cartas sobre
la mesa. Simultáneamente durante ese tiempo no debe haber cortes de
rutas ni camiones abasteciendo las obras. Debe respetarse la soberanía
uruguaya, actuando en un pie de igualdad, al tiempo que se debe recordar
y poner en vigencia, en la práctica, el Estatuto del Río Uruguay que es
un río compartido por ambos países. Nada que pueda afectarlo se puede
hacer sin el consentimiento recíproco. Y esto no va en detrimento de la
soberanía de cada país. Deben descartarse los informes sesgados del
Banco Mundial y los interesados de las empresas. Poner toda la
documentación existente a la luz pública y designar una comisión de 6
técnicos de prestigio, con visión amplia, tres de cada país, y un
representante político por cada estado, para que en función de lo ya
hecho, de los procedimientos a que se comprometen las empresas,
determinen como se los mejora para compatibilizar la seguridad ambiental
y la industrialización. Dicha comisión deberá expedirse en un plazo
perentorio de 90 días.
Se debe actuar sin fundamentalismos inconducentes. Como dice Rodolfo
Terragno: “Está claro: la industria del papel, contamina. Si no se
quiere vivir en una sociedad pastoril -dependiente de naciones
industriales, capaces de administrar los riesgos ambientales y no
renunciar a las fábricas- se necesitan de reglas que recorten los
riesgos”
Se debe ser cuidadoso para que ni los gobiernos ni los pueblos queden ni
se sientan derrotados. Y en el futuro, proponer la creación de un
organismo de control binacional sobre todos los cauces comunes.
Como bien dijo Pepe Mujica: “el conflicto por las papeleras se ha
transformado en irracional. Argentina no es un país hermano. Yo lo
siento como un gemelo”
En las dilucidación correcta de la plantas de celulosa, sin vencidos,
solo con los pueblos como vencedores, se podrá empezar a reformular el
proyecto histórico del MERCOSUR. Basta que las partes recuerden la
visión continental de Artigas y San Martín. A partir de allí, la
solución está cercana.
Si no es así, lo que el conflicto irresuelto arrojará es una enorme
contaminación política, con el olor podrido de un gigantesco fracaso.
Entre sus brumas puede divisarse la sonrisa satisfecha del fantasma de
Canning, del cadáver político de Bush, y el vuelo de rapiña de sus
halcones.
Procedimientos técnicos
La fabricación de celulosa requiere como primer paso eliminar la lignina
que contiene la madera de los árboles. Eso se consigue con procesos en
base de soda cáustica. Pero la pulpa que se obtiene es muy oscura,
conservando residuos de lignina. Y entonces hay que blanquearla. ¿Como
se hace? Tradicionalmente con el uso de cloro. Y aquí ingresamos a la
etapa más contaminante. Hay un procedimiento con cloro gaseoso o cloro
elemental, que hoy está prácticamente desechado por ser extremadamente
contaminante dado la gran cantidad de dioxina y furanos que producía.
El método más generalizado, usado por estas plantas en el mundo, en más
de un 80% incluidos EEUU y Canadá, es el ECF, que en términos vulgares
significa libre del cloro elemental. En lugar del cloro gaseoso usa
dióxido de cloro con lo que reduce la contaminación del método anterior
en un 80%. Este es el sistema que usarán las fábricas hasta ahora
localizadas en Fray Bentos. La misma que emplea la más moderna planta de
la Argentina: Alto Paraná.
En un informe del diario Perfil del 5 de febrero, con relación a Alto
Paraná, la empresa forestal más importante de la Argentina fundada en
1976 y actualmente en manos de la empresa chilena Arauco, se recogen
testimonios preocupantes en Misiones : “ Hay una manera infalible de
saber cuando va a llover en Puerto Esperanza y también en Wanda a cinco
kilómetros y en Puerto Libertad a diez. El olor a podrido avisa. Es
fuerte y pasa de las fosas nasales al cerebro en segundos. Esos días
mejor no respirar. Pero cuando el tiempo está bien, y el sol pega
fuerte, el vaho ahí. Algo normal para la gente de la zona, que lo
advierte pero lo soporta, como tantas cosas. Podemos decir que estamos
casi acostumbrados al olor. Pero para quién viene de otro lado, hay días
en que es difícil respirar. Es un olor fuerte, como a repollo podrido”
El ingeniero Enrique Martínez, Presidente Instituto Nacional de
Tecnología Industrial ( INTI) dice que “la utilización de éste método no
es porque sea más barato, sino porque el oxígeno y el agua oxigenada son
muy potentes para eliminar la lignina pero no son tan potentes para
darle brillo a la celulosa una vez convertida en papel. El factor
principal para que el papel alcance el grado de blancura que se desea es
el dióxido de cloro.
Lo óptimo es la utilización del procedimiento TCF (libre de cloro) donde
se usa como blanqueadores de la pulpa de celulosa para obtener una pasta
blanca, oxígeno, ozono, o peróxido de hidrógeno. Este método es el ideal
en la actualidad y es usado en Escandinavia, Alemania, Austria e implica
el 7% del total de las plantas de celulosa del planeta. Según Enrique
Martínez, “se obtiene un papel más opaco y con menos resistencia en la
fibra. No es casual que los papeles de mayor calidad se produzcan
mediante el proceso que usa el dióxido de cloro. Ahí también ha habido
presión de las organizaciones ambientales para reducir la contaminación,
y efectivamente hay tratamiento de los efluentes con métodos biológicos
que reducen la contaminación provocada por el cloro prácticamente a
cero. A pesar de las protestas, la contaminación del Río Uruguay que se
está discutiendo hoy no es por el cloro sino por el nitrógeno y el
fósforo, que demandan oxigeno para oxidarse y hacen aumentar la cantidad
de algas en el agua disminuyendo el oxigeno. Eso es lo que hay que
asegurarse de evitar en la planta de tratamiento previo para que no
constituya un problema.” Y afirma categórico en este reportaje de Página
12 del 1º de febrero: “Lo que se debe hacer es estar seguros de que aquí
va a haber un tratamiento de efluentes equivalente al que se hace en
Finlandia. Ahí es donde no ha habido hasta ahora documentación sobre el
tema y eso genera dudas”
El senador Rodolfo Terragno, en un artículo publicado en la Revista
Debate, sobre el tema sostiene: “Los efluentes no se limitarán a la
cantidad (reducida) de dioxinas y furanos. Las papeleras liberan otros
desechos, como metanol o amonios, menos agresivos pero no inertes. La
firma alemana Julius Shulte Sohne, que tiene una planta en pleno
Dusseldorf, procuró resolver el problema mediante un “circuito cerrado
de agua”: el líquido nunca sale de la planta. El circuito cerrado-
sistema que en la Argentina emplea Celulosa Campana- es un
perfeccionamiento pero no la panacea. El agua que interviene en la
producción de pulpa debe ser purgada, y las impurezas son, luego,
quemadas o biodegradadas. Parte de los contaminantes que no fueron a un
río, suelen terminar en el aire. Los residuos sólidos van a rellenar
suelos.”
El otro problema, de aparente difícil o imposible resolución es el olor
a huevo podrido (ácido sulfhídrico)
Acotado los anteriores, este sólo puede ser resuelto, aparentemente,
cambiando la ubicación de las plantas, alejándolas de las zonas
turísticas de Fray Bentos y Gualeguaychú.
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