|
Fuente
Ambiental
1. CONTAMINANTES MÁS FRECUENTES. EFECTOS Y POSIBLES
TRATAMIENTOS.
1.1. Aerosoles y partículas.
1.2. Monóxido de carbono.
1.3. Hidrocarburos.
1.4. Óxidos de azufre, SOx.
1.5. Óxidos de nitrógeno, NOx.
1.6. Contaminación fotoquímica.
1.7. Otros contaminantes del aire.
2. ALTERACIONES MACROECOLÓGICAS EN LA ATMÓSFERA.
2.1. Lluvias ácidas.
2.2. Efecto invernadero.
2.3. Destrucción de la capa de ozono.
3. ALTERACIONES LOCALES DE LA ATMÓSFERA TERRESTRE: Smog
fotoquímico, radiaciones y ruido.
La contaminación atmosférica puede afectar tanto a escala global
(macroecológica) como local (microecológica), pudiéndose situar
el origen de la misma en la acción del hombre (antropogénico) o
simplemente en causas naturales (telúrico). Aunque se desconoce
el total de contaminantes en la atmósfera y la forma que éstos
tienen de actuar, un buen número de ellos están perfectamente
identificados, así como la forma de interferir con el medio y
los efectos que producen. La actividad contaminante introduce
ciertos desequilirios en los ciclos biogeoquímicos (carbono,
nitrógeno, oxígeno, azufre, fósforo, ...) lo que puede llegar a
provocar reacciones de consecuencias inpredecibles para la
Biosfera y, por tanto, para el conjunto de nuestro Planeta,
amenazando un desarrollo sostenible que pueda garantizar la
pervivencia, en condiciones adecuadas, a las generaciones
futuras.
Las emisiones a la atmósfera tienen lugar en forma de gases,
vapores, polvos y aerosoles así como de diversas formas de
energía (contaminación térmica, radiactiva, fotoquímica, etc),
quedando los contaminantes suspendidos en ella y produciendo la
degradación del medio ambiente en su conjunto.
El control racional de la contaminación del aire tiene su primer
antecedente en cuatro suposiciones básicas desarrolladas por la
Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (American
Association for the Advancement of Science. Air Conservation.
Washington, D.C., 1965.):
# El aire es de dominio público. Suposición necesaria para
tratar la contaminación del aire como un problema público.
# La contaminación del aire constituye un concomitante
inevitable de la vida moderna. Ello nos lleva al establecimiento
de normas y programas a fin de conservar la atmósfera para que
cumpla su función biológica más esencial.
# Se pueden aplicar los conocimientos científicos para delinear
las normas públicas. Y además se deben.
# Los métodos para reducir la contaminación del aire no deben
aumentar dicha contaminación en otros sectores del ambiente.
Situación a veces olvidada por algunos responsables públicos y
directivos de empresas sin escrúpulos.
1. CONTAMINANTES MÁS FRECUENTES. EFECTOS Y POSIBLES
TRATAMIENTOS.
Contaminantes primarios: o emitidos directamente por la fuente,
como aerosoles, óxidos de azufre, óxidos de nitrógeno,
hidrocarburos, monóxido de carbono y otros menos frecuentes como
halógenos y sus derivados (Cl2, HF, HCl, haluros,...), arsénico
y sus derivados, ciertos componentes orgánicos, metales pesados
como Pb, Hg, Cu, Zn, etc y partículas minerales (asbesto y
amianto).
Contaminantes secundarios: se forman por reacción de los
primarios con los componentes naturales de la atmósfera,
existiendo una gran familia de sustancias producidas por
reacciones fotoquímicas. Comprende al ozono, aldehidos, cetonas,
ácidos, peróxido de hidrógeno, nitrato de peroxiacetilo,
radicales libres y otras de diverso origen como sulfatos (del
SOx) y nitratos (del NOx), la contaminación radiactiva a partir
de radiaciones ionizantes o la contaminación sonora a expensas
del ruido.
1.1. Aerosoles y partículas.
Constituyen una amplia gama de contaminantes formados por polvo
grueso (mayor de 100 mm), polvo fino (menor de 100 mm de
diámetro), vapores (0,001-1 mm) y neblinas (0,1-10 mm). Por
tanto, en el aire podemos encontrar partículas desde 0,001 a 500
mm, teniendo las más pequeñas (menores de 0,1 mm) un
comportamiento similar al de las moléculas, caracterizándose por
grandes movimientos aleatorios causados por los choques con las
moléculas de gas. Las partículas cuyo tamaño está comprendido
entre 1 y 20 mm tienden a seguir el movimiento del gas por el
que son llevadas mientras que si el tamaño es mayor de 20 mm
muestran velocidades de sedimentación considerables por lo que
el aire las arrastra durante períodos relativamente cortos.
Las partículas son un componente natural de la atmósfera e
incluyen productos de procedencia variada: condensación de
procesos naturales (incendios forestales, volcanes), de reacción
de trazas de gases (cloruro de amonio, sales de sulfatos y
nitratos) y materiales dispersados desde la superficie de la
Tierra (sales de los océanos y polvo mineral de los
continentes). A todas ellas hay que sumar las introducidas por
el hombre como resultado de combustiones y procesos de
incineración. El transporte atmosférico de partículas supone una
de las mayores fuentes de dispersión de contaminantes, además de
por la posible naturaleza de la partícula, sobre todo porque
pueden servir de sustrato para la fijación de otras sustancias,
describiéndose un intenso efecto sinérgico al proveer una
superficie para la oxidación del dióxido de azufre a ácido
sulfúrico, el cual puede permanecer absorbido en la misma.
Revisten toxicidad para el hombre interfiriendo frecuentemente
los procesos respiratorios, ya sea por el tamaño (cuanto más
pequeñas, más afectan al proceso de intercambio de gases en los
pulmones), concentración, naturaleza de las mismas o porque
estén asociadas a otros tóxicos. Afectan a las plantas formando
depósitos sobre las hojas y llegando, a veces, a penetrar en la
cadena trófica. Hacen disminuir la visibilidad, la radiación
solar total recibida (de un 15 a un 30% menos en zonas urbanas
fuertemente polucionadas) y alteran los niveles de
precipitaciones. Su abundancia relativa varía según el medio:
aire rural (70 mg/m3), urbano (300 mg/m3), fábricas y tallerres
(1.000 mg/m3) y gases de central térmica (100.000 mg/m3).
Para su eliminación y tratamiento se utilizan diversos
dispositivos como cámaras de sedimentación por gravedad,
separadores ciclónicos (centrífugos), colectores húmedos,
filtros de tela y precipitadores electrostáticos.
1.2. Monóxido de carbono.
Gas incoloro, inodoro, de menor densidad que el aire,
inflamable, tóxico y muy estable (vida media en la atmósfera,
2-4 meses). Sus emisiones se estiman en más de 2.300 millones de
toneladas (GKg) anuales del que un 90% es de origen
antropogénico (O'Neill). No afecta a los materiales aunque sí a
las plantas si su concentración supera las 100 ppm. En el hombre
puede provocar la muerte cuando la concentración supera las 750
ppm, al competir con el O2 por la hemoglobina en la respiración
debido a que es 210 veces más afín que éste.
El CO es un producto intermedio en las combustiones, siendo
máxima su emisión cuando se utilizan mezclas pobres de O2. Se ha
identificado también como resultado de la descomposición a
elevada temperatura del CO2 resultante. Su tratamiento adecuado
requiere una buena aireación en los procesos de combustión y un
control adecuado de la temperatura.
1.3. Hidrocarburos.
Las emisiones de hidrocarburos, HC, están asociadas a una mala
combustión de derivados del petróleo, fundamentalmente. No se
describen sus efectos sobre los seres vivos, salvo para el
etileno (detiene el crecimiento de las plantas) y los
hidrocarburos aromáticos (resultan cancerígenos). Contribuyen
junto a los NOx y la luz UV a la contaminación fotoquímica y al
efecto invernadro. Las emisiones de metano y gas natural suponen
alrededor de 500 GKg/año (Kirkwood) procedentes de
descomposiciones anaerobias, extracciones mineras y escapes de
instalaciones industriales y domésticas.
1.4. Óxidos de azufre, SOx.
Se forman por la combustión del S presente en el carbón y el
petróleo, en porcentajes que varían entre un 0,1 y un 5%,
obteniéndose SO2 y SO3 en una proporción que va de 40:1 a 80:1,
respectivamente. El SO2 es un gas incoloro que resulta irritante
si su concentración es superior a 3 ppm. El SO2 puede formar SO3
en la atmósfera por la acción fotoquímica, así como por
catálisis de las partículas en suspensión. Los SOx forman con la
humedad ambiente entre el 5 y el 20% de los aerosoles urbanos,
incrementando el poder corrosivo de la atmósfera, disminuyendo
la visibilidad y provocando la lluvia ácida; si, además, la
presencia de partículas es significativa, la salud de los seres
vivos se ve seriamente amenazada. Se supone que más del 90% de
la producción de óxidos de azufre en el hemisferio norte es de
origen antropogénico, siendo el total mundial de emisiones
anuales 100-1000 GKg, de las cuales entre 120 y 160 lo son por
acción del hombre (Kirkwood).
Más del 50% de SO2 es producido en calderas para generación de
vapor. Las reacciones observadas son:
S + O2 —> SO2
2SO2 + O2 + [catal] —> 2SO3
2SO2 + 2H2O + O2 + [catal] —> 2H2SO4
SO3 + H2O —> H2SO4
actuando de catalizador en la penúltima de ellas cloruros y
sulfatos de Fe y Mn.
Para un buen control de emisiones de los SOx se proponen las
siguientes medidas:
# El cambio a combustibles con menos S, tal como el gas natural.
No siempre es posible.
# La desulfuración de los combustibles. Si es S inorgánico, caso
de la pirita en el C, el lavado y separación por gravedad puede
separar la mayoría del S. Si éste es orgánico el proceso de
depuración es más complejo al estar químicamente ligado al C,
por lo que es más útil la gasificación del carbón o bien su
transformación en hidrocarburos mediante hidrogenación
catalítica. La desulfuración catalítica de las fracciones
pesadas del petróleo lleva a la obtención final de S con un
coste del 3,5% del combustible y una eficiencia del 90%.
# Dispersión desde una chimenea elevada. No parece un método
recomendable.
# Desulfuración de los gases de combustión. Se utilizan, vía
seca y/o húmeda, mediante absorción con CaO, Ca(OH)2, CaCO3,
Na2CO3, obteniéndose los sulfitos o sulfatos respectivos.
También se pueden reducir los SOx hasta S, mediante H2S o H2 en
un lecho de carbón vegetal.
1.5. Óxidos de nitrógeno, NOx.
De los más de ocho óxidos distintos que forman esta familia,
tres son los que están en el aire en cantidades apreciables, N2O
(óxido nitroso), NO (óxido nítrico) y NO2. El N2O es un gas
inerte de carácter anestésico que contribuye al efecto
invernadero (absorbe 200 veces más radiación infrarroja que el
CO2) y afecta a la destrucción de la capa de ozono,
incrementándose la presencia del mismo en la atmósfera como
consecuencia de las emisiones procedentes de la descomposición
de materia orgánica nitrogenada (nitrificación/desnitrifación),
alcanzando unos niveles en el aire de 0,50 ppm. El NO es un gas
incoloro e inodoro, tóxico a altas concentraciones y presente en
el aire en menos de 0,50 ppm. Aunque a baja concentración su
tolerancia por los seres vivos es aceptable, sin embargo es un
precursor del NO2 y por tanto responsable en parte de la
contaminación fotoquímica. Su tolerancia biológica es similar al
NO aunque se desconocen sus efectos sobre la salud humana.
En torno al 67% de las emisiones de NOx (total emisiones 25-99
GKg/año) son de origen antropogénico (Kirkwood), de las cuales,
más del 90% se originan en combustiones a elevadas temperaturas,
tanto de fuentes estacionarias como móviles. La mayoría de las
reacciones químicas de estos compuestos llevan a la obtención de
HNO3 que es vertido como lluvia ácida. Las reacciones entre el
nitrógeno (tanto del aire como el que está presente en el
combustible) y el oxígeno se resumen en las dos siguientes:
N2 + O2 —> 2NO
NO + ½O2 —> NO2
Mientras en la primera reacción la constante de equilibrio, Kp
es muy baja (ésta sube con la temperatura posibilitando la
formación de NO en numerosas combustiones), en la segunda el
aumento de temperatura favorece la descomposición del NO2, por
ello en los procesos donde la temperatura convencional de la
llama está entre 1500 y 2250 oK casi todo lo que se forma es NO
(90-95%) y muy poco NO2.
Para un efectivo control de emisiones de los NOx se tendrá en
cuenta lo siguiente:
# El exceso de aire incrementa la temperatura y por tanto es
mayor la emisión de NOx.
# El precalentamiento del aire produce idéntico efecto, a pesar
del ahorro energético.
# La recirculación de los gases de combustión fríos rebajan la
temperatura y reducen las emisiones.
De entre todos los métodos para tratar los NOx el más efectivo
es la reducción catalítica selectiva (SCR) mediante la cual y en
presencia de catalizadores de óxidos metálicos tienen lugar las
reacciones que se indican a continuación, en las que los óxidos
de nitrógeno son abatidos como N2 atmosférico.
6NO + 4 NH3 —> 5N2 + 6 H2O
6NO2 + 8 N —> 7N2 + 12 H2O
1.6. Contaminación fotoquímica.
Un modo de contaminación en las grandes áreas urbanas es el "neblumo"
o "smog", el cual se caracteriza por un nivel relativamente alto
de oxidantes que irritan ojos y garganta, ataca a las plantas,
produce olores y disminuye la visibilidad. Su origen está en la
interacción de la luz solar UV de 0,4 a 0,2 mm (energías de 290
a 580 KJ/mol) con algunos componentes de la atmósfera. La
disociación fotoquímica se puede considerar como un proceso de
dos etapas, cuyo mecanismo se resume en las siguientes
ecuaciones:
A + luz UV —> A*
A* —> B + C
Frecuentemente el estado excitado A* es muy inestable por lo que
la segunda reacción ocurre rápidamente. Por otro lado, B o C (o
ambos) pueden ser altamente reactivos por lo que originarían una
cadena de reacciones químicas responsables del neblumo o smog
fotoquímico.
En las capas altas de la atmósfera (por encima de los 80 Km) los
fotones de alta energía, en torno a 0,2 mm, disocian a las
moléculas de O2 y sólo se encuentra O monoatómico (a). A alturas
menores, entre 15 y 40 Km, ozonosfera, se observan además las
reacciones b) y c):
O2 + luz UV —> 2O (a)
O + O2 + M —> O3 + M (b)
O3 + luz UV —> O2 + O (c)
en las que la radiación entre 0,12 y 0,20 mm propicia la
formación de ozono a partir del O2 y la comprendida entre 0,20 y
0,29 mm la destrucción del mismo para formar O2, estableciéndose
un equilibrio entre la formación y la destrucción de ozono en el
que la máxima concentración de éste resulta ser 0,03 ppm a unos
25 Km de la superficie terrestre, formando un verdadero filtro
ante la radiación UV. (M es un sustrato aceptor de energía).
Sustancias susceptibles de ser oxidadas, entre las que se
incluyen SO2 y NO, principalmente, e hidrocarburos constituyen
junto a la luz solar gran parte de la contaminación fotoquímica
de la atmósfera en las capas inferiores (troposfera). Éstas son
emitidas por la industria pesada y por las fuentes móviles. El
NO emitido se oxida como sigue,
2NO + O2 —> 2NO2 (d)
NO2 + luz UV (0,38 mm) —> NO + O (e)
de modo que si la concentración de NO fuese de 1000 ppm la
conversión en NO2 sería casi completa en pocos segundos. Si
fuese tan solo de 1 ppm, el 50% de conversión se conseguiría a
las 100 horas. A menores concentraciones, aumenta el tiempo de
conversión. Por tanto la formación de O monoatómico puede dar
lugar a la formación de ozono según la ecuación b). Podemos
concluir que en la troposfera la presencia de NO, y su
conversión lenta en NO2 serían precursores del O3, aquí ya como
contaminante, el cual a su vez reacciona
O3 + NO —> NO2 + O2 (f)
aunque se han sugerido otras reacciones, como es lógico, donde
se forman productos intermedios de diversos óxidos de nitrógeno
que a su vez pueden reaccionar con otras sustancias presentes en
la atmósfera, como el vapor de agua,
4NO2 + 2H2O + O2 —> 4HNO3 (g)
3NO2 + H2O —> 2HNO3 + NO (h)
abatiéndose gran parte del NO2 por formación de gotas de HNO3
que pueden quedar en suspensión aumentando el poder corrosivo de
la atmósfera o bien volver a la corteza terrestre como lluvia
ácida. No obstante, los niveles de ozono troposférico pueden
alcanzar localmente valores de 0,2 a 0,5 ppm para promedios pico
de 1 hora, con el consiguiente perjuicio para la salud.
La presencia de hidrocarburos, además del NO, en las capas bajas
de la atmósfera propicia la formación de radicales peróxido,
RCOO·, capaces de oxidar al NO hasta NO2, dando por resultado un
incremento en la producción de O3. Igualmente, la presencia de
aldehidos, cetonas, peróxidos y nitratos de acilo promueven en
presencia de la luz solar la formación de radicales altamente
reactivos y capaces de reaccionar con el O2 para formar
radicales peróxido (RCOO·) que convierten al NO en NO2,
favoreciendo por tanto la formación de ozono (recordar que el
NO2 es precursor del mismo) e inhibiendo la descomposición del
mismo según la ecuación f).
La presencia de SO2 puede representar un competidor del O
atómico producido en la reacción e) y así detener el proceso,
aunque sea a costa de la formación de SO3. No obstante los
mecanismos de estas reacciones no son aun muy conocidos.
1.7. Otros contaminantes del aire: compuestos halogenados,
plomo, ozono, VOCs, organoclorados y otros.
# Entre los compuestos halogenados es necesario citar al Cl2 ,
HF, HCl y haluros como contaminantes que afectan a la salud de
los seres vivos presentando un cierto carácter acumulativo que
puede llegar a ser letal si las concentraciones llegan a ser
excesivas.
# El plomo emitido por la combustión de gasolina (270 MKg/año),
o por emisiones industriales (180 MKg/año), es un metal
peligroso y de carácter bioacumulativo. Los datos de las
emisiones han sido proporcionados por O'Neill.
# El ozono es perjudicial para la salud en concentraciones
elevadas y afecta a ciertos materiales como los neumáticos, el
hule, los tejidos, etc. Se combate, además de por un control
exhaustivo de sus emisiones en la troposfera, evitando la
emisión de precursores fotoquímicos del mismo.
# Los compuestos orgánicos volátiles, COVs (no metánicos,
excluidos CFCs y halones) tienen una procedencia natural
considerable (aunque cada día tiene más importancia las
emanaciones procedentes de industrias y vertederos de RSU) y
contribuyen a la contaminación fotoquímica, sobre todo los
aldehidos de bajo peso molecular, siendo precursores de la
formación de NOx y por tanto corresponsables en la producción de
lluvia ácida así como de la contaminación fotoquímica, además de
contribuir al efecto invernadero. Otros como los derivados de
disolventes clorados (ácido tricloroacético, TCA) y toda su
familia pueden afectar a la desforestación de amplias zonas.
# Hidrocarburos policíclicos aromáticos, como naftaleno,
benzopireno, antraceno y heterociclos con N, O y S, procedentes
de la pirólisis de combustibles fósiles, motores de combustión
interna, etc... Suelen estar presentes en fase vapor y
adsorbidos a partículas de aerosoles. Afectan a la salud humana
por ser cancerígenos.
# Dioxinas y PCBs. Las dioxinas se forman por pirólisis de
compuestos orgánicos en presencia de compuestos clorados. Los
PCBs (bifenilos policlorados) al ser poco volátiles, pueden
formar aerosoles que al volver a la superficie terrestre por
efecto de la lluvia contaminan el medio afectando a la cadena
trófica, creando serias disfunciones entre los organismos que
los captan.
# Radiaciones. Constituyen un tipo particular de contaminación.
Abarca todo el espectro, aunque ciertas emisiones son
especialmente peligrosas y su estudio y control se realiza desde
unidades especiales de contaminación radiactiva.
# Ruido. Es una forma particular de contaminación atmosférica
especialmente centrada en zonas urbanas e industriales afectando
notablemente a la calidad de vida.
2. ALTERACIONES MACROECOLÓGICAS EN LA ATMÓSFERA.
2.1. Lluvias ácidas.
El pH de la lluvia es 5,65 (en un medio natural en ausencia de
contaminantes) debido a la presencia del CO2. No obstante,
cuando el aire contiene SOx y NOx por acción de los fenómenos
anteriormente estudiados y en presencia de suficiente humedad,
se forman los ácidos HNO3 y H2SO4, responsables del fenómeno
aludido. Si predomina el ácido nítrico sobre el sulfúrico,
entendemos que las fuentes móviles contribuirán en mayor grado
que las fijas a este tipo de contaminación.
Los NOx y SOx pueden viajar durante cientos de kilómetros
arrastrados por corrientes de aire, en niveles próximos al suelo
(inferiores a 2 Km), llegando a provocar lluvias ácidas en zonas
muy alejadas. Se han detectado estos fenómenos en Terranova y en
la península escandinava como consecuencia de emisiones
realizadas en las zonas industrializadas más al sur,
desplazándose la contaminación en dirección NE.
Las lluvias ácidas producen los siguientes efectos:
# Acidificación de las fuentes naturales del agua, afectando a
la fauna acuícola y al plancton.
# Lixiviación de los nutrientes del suelo, afectando a cosechas
y bosques.
# Aumento de la corrosión de los materiales.
2.2. Efecto invernadero.
Recibe ese nombre un fenómeno asociado al hecho de que ciertos
gases presentes en la atmósfera son capaces de almacenar
radiación de onda larga, es decir, calor. La mayoría de esos
gases proceden de fuentes naturales, aunque la proporción de
tipo antropogénico no cesa de aumentar. Por ello los expertos
del IPCC (Panel Intergubernamental de Cambio Climático) de la
ONU predicen como inevitable un cambio climático inminente. En
la última cumbre, celebrada en Kioto, se han tomado medidas para
controlar las emisiones de gases efecto invernadero
(principalmente CO2), aunque como en tantas otras ocasiones se
revelan insuficientes y tardías.
Según el Atomic Energy Agency del Reino Unido, la contribución
del CO2 al calentamiento global supone un 55% del total
(repartido entre la desforestación con un 15%, la producción de
energía eléctrica con un 11% y otro tipo de fuentes con el 29%
restante), mientras el 45% restante se reparte como sigue: el
N2O con un 5%, CH4 y otros hidrocarburos con un 20% y los CFCs
con el 20% reestante. Falta el detalle de la fecha, aunque
podría ser muy bien a finales de los ochenta (C.T.M.A., anuario
1996).
Gracias a la atmósfera la temperatura media del planeta es 15 oC
en lugar de los previsibles -18 oC que tendríamos sin el
conocido efecto invernadero. Habida cuenta que en torno al 50%
de la electricidad y casi el 100% del transporte utilizan los
combustibles fósiles que al ser quemados emiten al aire CO2 y
vapor de agua. Desde principios de siglo la población mundial se
multiplicó por tres mientras el consumo energético lo hizo por
15, pasando de 21 a 340 exajulios (1 exajulio = 1018 julios), de
los que más del 70% corresponden a los países ricos que apenas
suman el 20% de la población. Así mientras un canadiense consume
40 veces más energía que un chino, éste consume el doble de un
nigeriano. El total de emisiones anuales estimadas de CO2 es
7400 MT/año (Kirkwood). Otras estimaciones sitúan esa cifra en
5.300 MT/año de C (O'Neill) o 6.000 MT/año de C (Tapia/Toharia)
equivalente a unas 20-22.000 MT/año de CO2 frente a un nivel de
720.000 MT de C (O'Neill) depositado en la atmósfera,
equivalente a 2.640.000 MT de CO2. Aunque las cifras pueden
resultar mareantes, no olvidemos que las tasas de emisión de
dióxido de carbono seguirán aumentando los próximos años y por
tanto el ciclo del carbono se verá alterado, aumentando,
previsiblemente, la concentración de dicho gas en la atmósfera y
el riesgo que ello conlleva.
¿Cómo se alimenta el Gran Invernadero?
De la energía que nos llega del Sol (1300 w/m2), una parte es
reflejada por las capas altas de la atmósfera y por las nubes
(30%), otra parte es absorbida por el propio aire (19%) y el
resto llega hasta la superficie de la Tierra (51 %
aproximadamente) de la que un 51% es infrarrojo, un 40% es
visible y un 9% ultravioleta. ¿Cómo explicar que llegue a la
superficie en torno a 1.000 w/m2?. El suelo y los mares reemiten
hacia arriba radiación infrarroja, que es absorbida por el aire
o se reenvía al suelo (radiación difusa), mientras el resto
(aproximadamente el 30%) escapa hacia el espacio exterior.
Gracias, pues, a la capacidad de la atmósfera de retener gran
parte de la radiación infrarroja (efecto invernadero), se
mantiene una temperatura media de equilibrio de 15oC, muy
superior a los -18oC previstos de no registrarse esa absorción
por los gases traza de efecto invernadero. ¿Qué ocurre si
aumenta la concentración de esos gases?. ¿Aumentará la capacidad
de almacenamiento de calor por la atmósfera, y por tanto su
temperatura media?.
Algunas hipótesis
Tres son los gases, aunque se detallan otros, cuyas
concentraciones en el aire van aumentando paulatinamente como
consecuencia de la industrialización: CO2, CH4 y N2O. Además, el
vapor de agua presente también ejerce un efecto importante en la
regulación del fenómeno. Se proponen varias hipótesis para
intentar explicar lo que ocurrirá en el futuro. Todas ellas
parten de una situación de calentamiento inicial como
consecuencia de la mayor concentración de esos gases en el aire.
# Hipótesis 1ª. El calentamiento del planeta provocaría la
inundación de amplias zonas costeras como resultado de la fusión
de gran parte del hielo de los casquetes polares. Demasiado
simple.
# Hipótesis 2ª. Al aumentar la temperatura del aire, los océanos
liberarán más CO2 y los ecosistemas húmedos más CH4. Lo que
alimentaría el fenómeno. Pero también aumentaría la humedad del
aire, y su capacidad de retención de la radiación infrarroja
difusa procedente de la superficie, pero, por otro lado, las
nubes podrían reflejar más radiación incidente, contrarrestando
parcialmente el aumento inicial de la temperatura. ¿En qué
sentido se desplazará el equilibrio y qué efecto final
producirá, por tanto el efecto invernadero?. Eso se preguntan
los científicos.
# Hipótesis 3ª. Más vale hablar de cambio climático, aunque sólo
sea por pura cautela en el lenguaje. El clima es el resultado de
las interacciones del aire, el agua del océano y los hielos
polares, entre los que se establecen flujos de energía e
intercambios de calor. El océano absorbe la energía del Sol, la
retiene y la distribuye por el globo, memorizando los procesos
que tienen lugar. El mecanismo de distribución lo forman las
corrientes marinas, las cuales se mueven por la superficie y el
interior de los mares, controladas por flujos de calor y de sal,
mediante un sistema metaestable de dinámica no lineal. Ligeras
variaciones en la densidad y la temperatura pueden cambiar el
movimiento del agua. Según investigaciones recientes, el
necesario enfriamiento de la corriente superficial procedente
del Pacífico, bordeando toda África hasta el Atlántico Norte,
puede verse alterado por el calentamiento global, de modo que la
corriente enfriada y con un mayor grado de salinidad viajando en
sentido inverso por el interior marino (similar a una cinta
trnsportadora) podría quedar interrumpida. Ello produciría un
desajuste climático de efectos impredecibles. Principal
culpable: el CO2.
2.3. Destrucción de la capa de ozono.
Tal y como se ha comentado anteriormente al hablar de la
contaminación fotoquímica, la molécula de ozono tiene la
particularidad de retener la radiación ultravioleta de longitud
de onda comprendida entre 100 y 300 nm (0,1-0,3 µm) en un
proceso de destrucción y producción de ozono que mantiene un
equilibrio supuestamente estable. Sin embargo la presencia de
derivados halogenados (especialmente cloro) pueden llegar a
alterarlo, como en el caso de los CFCs (usados hasta hace bien
poco como propelentes de aerosoles y en circuitos de
refrigeración) y otros derivados halogenados como el bromuro de
metilo, ampliamente utilizado en agricultura, los halones, el
CCl4, etc.
Para entender lo que ocurre, veamos las reacciones que tienen
lugar cuando una molécula de CFC entra en esta capa (por
ejemplo, el CFCl3, aunque existe un buen número de derivados
halocarbonados capaces de generar el mismo efecto),
CFCl3 + luz UV —> CFCl2· + Cl· (i)
Cl· + O3 —> ClO + O2 (j)
ClO + O· —> O2 + Cl· (k)
liberándose en la reacción k) un nuevo átomo de Cl· que atacará
a otra molécula de O3, continuando el ciclo hasta alcanzar la
impresionante cifra de hasta 100.000 moléculas de ozono
destruidas por cada molécula de CFC. Se comprenderá porqué el
uso y fabricación de los CFC (700.000 T/año) ha sido prohibido a
partir del protocolo de Montreal de 1987.
3. ALTERACIONES LOCALES DE LA ATMÓSFERA TERRESTRE:
CONTAMINACIÓN DE LAS GRANDES ÁREAS URBANAS.
3.1. Smog fotoquímico. Las grandes urbes están expuestas además
a procesos de contaminación específicos como consecuencia de las
emisiones propias de la ciudad entre las que cabe destacar
partículas y aerosoles procedentes de las calderas de
calefacciones domésticas y, sobre todo, por las emisiones de los
vehículos a motor. Entre los contaminantes propios de este medio
está el Pb, procedente de las gasolinas. Capítulo aparte merecen
los óxidos de nitrógeno emitidos en la combustión interna de los
motores de dichos vehículos (son los principales responsables
del "smog" o "neblumo" fotoquímico), así como los hidrocarburos
volátiles y otros precursores del ozono troposférico, que junto
a los aerosoles y partículas, dan como resultado una atmósfera
que deja pasar de un 15 a un 30% menos de luz.
3.2. Radiaciones. Procedentes de numerosas fuentes y de un
amplísimo espectro, aunque sus dosis suelen ser irrelevantes,
produciendo una acumulación de escasa importancia.
3.3. Ruido. Procedente, mayoritariamente, de la combustión
interna y el desplazamiento de los vehículos a motor. Aunque no
provoca un daño directo importante, sí que genera desarreglos de
conducta y malhumor, empeorando la calidad de vida.
|