En la era postcolonial, los estudios
extranjeros se expandieron rápidamente y ahora más de un millón de
estudiantes estudian afuera de sus países. Estudiar en el extranjero
mejora el flujo de las ideas internacionalmente, ayuda a construir redes
de investigación a lo largo del mundo y permite a los estudiantes de
diversos países que disponen de pocos recursos para los estudios
superiores obtener la experticia necesaria. También, hay circulación de
académicos entre las fronteras, lo que contribuye a mantener los lazos
entre los científicos e investigadores del más alto nivel.
Siempre ha habido migraciones
significativas de talentos académicos, desde el período medieval. Los
académicos aceptan trabajar en otros países por muchas razones. Falta de
oportunidades, escasa disponibilidad de recursos, y discriminación
racial, religiosa o étnica en sus propios países son todos factores que
los empujan a hacerlo. Salarios más altos, mejores laboratorios y
bibliotecas, responsabilidades de enseñanza más convenientes, libertad
académica y un sentido de hallarse en el "centro" son todos
factores atractivos. Lo que usualmente se llamaba fuga de cerebros es
ahora considerado un fenómeno mucho más complejo, desde el momento en
que los académicos que trabajan afuera a veces regresan a sus países o
mantienen el contacto con la comunidad académica en sus países de
origen.
El conocimiento es, por supuesto,
internacional. Siempre lo ha sido. La sabiduría de los griegos y de los
romanos fue conservada en las bibliotecas del mundo islámico, fue
utilizada por los académicos árabes durante el oscurantismo europeo y
luego, retornó a Europa. Cuando Alemania fue el primer poder científico
del mundo, los académicos y científicos de otros países leían las
revistas especializadas alemanas. En el período de la segunda posguerra,
el equilibrio del poder académico se inclinó hacia los países de habla
inglesa y especialmente hacia los Estados Unidos. Por eso, ahora el mundo
lee revistas especializadas en inglés. Las tecnologías de la comunicación
–tales como Internet– han tenido un profundo impacto en la comunicación
científica. El acceso al conocimiento está, por supuesto, limitado por
la disponibilidad de libros, de revistas especializadas, por el acceso a
Internet, etc.
Éstos son algunos de los elementos del
sistema de conocimiento internacional, tal como ha evolucionado a lo largo
de los siglos y tal como está hoy. Sin duda, la academia devendrá más
internacional en el siglo veintiuno. Internet y otras nuevas tecnologías
continuarán teniendo un impacto profundo en la comunicación científica.
El uso del inglés, cada vez más difundido como la principal lengua para
el debate científico, contribuye al internacionalismo. Las universidades
a lo largo del mundo comprenden la necesidad del punto de vista
internacional. En Japón, es un objetivo nacional hospedar 100.000
estudiantes extranjeros hacia el año 2000. La Unión Europea ha
desplegado una variedad de programas para estimular los estudios dentro de
los países que la componen. Muchas universidades estadounidenses están
intentando internacionalizar sus currículos.
La educación superior internacional
también ha resultado una significativa "industria". Miles de
estudiantes a lo largo del mundo aprenden inglés y los programas de
"inglés como segunda lengua" se han expandido. Las
universidades y otras instituciones ofrecen tales programas que son una
fuente considerable de ingresos. Los mismos estudiantes extranjeros se han
transformado en una fuente de ingresos para las universidades en algunos
países y son activamente reclutados. En el Reino Unido, Australia y, en
cierta medida, en los Estados Unidos y Canadá, los estudiantes
extranjeros proveen ingresos, ocupan lugares en algunos departamentos o
instituciones académicas que tienen pocos estudiantes y son utilizados
como fuerza de trabajo barata para la investigación y, a veces, para la
docencia. Las universidades en las naciones industrializadas han abierto
sedes de sus campus en el extranjero como un medio de ganar ingresos y
como forma de su propia internacionalización. Los Estados Unidos,
Australia y el Reino Unido han sido especialmente activos en la apertura
de sedes en el extranjero y en "gemelarse" con instituciones en
otros países. En algunos casos, los programas se han "franquiceado"
en el extranjero y es posible obtener el diploma de una universidad
americana o de otro país occidental sin jamás haber estudiado en el
campus de la institución que respalda el programa.
Todas estas innovaciones son imaginativas
y, muchas veces, lucrativas. En general, las instituciones académicas en
las naciones industrializadas se auspician a sí mismas en los países en
desarrollo o recientemente industrializados donde la demanda de educación
postsecundaria es muy alta y las instituciones locales no pueden
satisfacerla. Los títulos académicos del "centro" tienen valor
en la "periferia". Estos ejemplos ilustran la larga tradición
de internacionalismo de la educación superior, así como también el
poderoso rol de las iniciativas internacionales hacia el fin del siglo
veinte. La economía global y la toma de conciencia de que las ideas
tienen tanto valor monetario internacionalmente como los productos y
servicios ejercen un impacto tremendo en la educación superior. Las
fuerzas del mercado también empujan a la academia en todo el mundo hacia
un gran internacionalismo.
Los sectores1
Las universidades no son instituciones
monolíticas sino comunidades de grupos identificables que tienen
considerable autonomía. Algunas décadas atrás, el sociólogo Pierre van
den Berghe escribió un ilustrativo libro sobre la educación superior
africana en el cual discutía los diferentes "estados" de la
universidad.2 Escribió acerca del profesorado, de los estudiantes y de
los miembros intermedios y subordinados de la organización
(administradores, personal no académico). Nos preocupa aquí los primeros
dos sectores que son el centro de toda institución académica. El cuerpo
de profesores está en el corazón del emprendimiento académico. Su
centralidad es reforzada no sólo por el hecho de que la Universidad
medieval de París fue la "universidad de los señores"3 en
contraste con la Universidad de Bolonia, dominada por los estudiantes. El
modelo de París probó ser muy influyente a través del mundo. En el
siglo diecinueve, la universidad alemana dedicada a la investigación, la
"universidad humboldtiana" también estuvo dirigida por el
cuerpo de profesores.
Cuando la gente discute el futuro de la
universidad, es sorprendente cómo apenas se menciona al cuerpo de
profesores. Se asume que habrá continuidad de la acción de gobierno y
del poder administrativo y que aquellos que trabajan adentro de la
universidad se adecuarán a nuevos reglamentos y directivas. De hecho,
durante las últimas dos décadas éste ha sido el caso. El profesorado no
ha ejercido mucho liderazgo, ni ha resistido iniciativas procedentes de
los otros tres sectores. Hasta ahora la profesión académica no ha sido
drásticamente afectada por los cambios. La proporción de personal no
permanente y de tiempo parcial se ha incrementado, pero pocos académicos
de tiempo completo han sido despedidos. Los salarios en muchos países se
han estancado o declinado, pero con pocas ex cepciones –tales como
Rusia– no lo han hecho dramáticamente. El profesorado todavía controla
el currículo y la estructura de los títulos, y siente que retiene una
gran parte de su poder tradicional. Sin embargo, el hecho es que los
poderes del profesorado están siendo significativamente erosionados con
la emergencia de los cuadros administrativos y con el incremento de la
responsabilidad de rendir cuentas de su gestión en la academia.
La continuada quietud del profesorado no
puede ser ignorada. Los profesores pueden sindicalizarse. Pueden utilizar
el sistema de gobierno académico para sus propios propósitos. El
actualmente pobre mercado para la fuerza de trabajo académico podría
cambiar y podría incrementarse el poder de negociación del profesorado.
Se pueden hacer esfuerzos para convencer al público –y a los
estudiantes– acerca de que las actuales políticas no favorecen los
intereses de los estudiantes. Parece improbable que el profesorado se
transforme en una fuerza militante, pero su activismo no es inédito.
Las condiciones de trabajo en los campus
continuamente deterioradas, una mayor declinación en la moral del
profesorado y una contínua tendencia salarial hacia la baja conducirán
probablemente a una profesión académica menos comprometida con su
trabajo y, en el largo plazo, menos productiva.4 La docencia ha sido más
que un trabajo, muchos la ven como un "llamado" y sienten un
profundo compromiso por enseñar, investigar y por lo que se ha llamado
"la vida de las ideas". Los académicos tradicionalmente han
recibido una paga inferior a la que hubieran recibido fuera de la
academia.
La naturaleza misma de la profesión académica
está siendo alterada en muchos países. Con la excepción de algunos países
latinoamericanos, la dedicación exclusiva y el cargo de planta siempre ha
caracterizado a la mayor parte de los profesores universitarios. Esto está
cambiando rápidamente; los profesores de tiempo completo están siendo
reemplazados por personal de tiempo parcial y no permanente en sus cargos.
Las implicancias de estos cambios son profundas y todavía no son
completamente visibles. No queda claro de qué modo las instituciones académicas
serán gobernadas una vez que los profesores de tiempo completo sean minoría
en relación con el total. Sin duda, más poder será asignado a los
administradores. Los profesores full–time –especialmente aquellos en
los peldaños superiores de la jerarquía académica– han conducido
mucho de la investigación realizada en las universidades y han obtenido
la mayor parte del financiamiento externo. En efecto, la mayoría de las
universidades norteamericanas sólo permiten que los profesores de tiempo
completo sean quienes reciben los subsidios. La profesión académica está
siendo intensamente transformada para ahorrar gastos y para permitir
flexibilidad al personal en aquellos períodos de demanda imprevista por
el acceso y para programas específicos. Los responsables por el cambio ya
se han enfrentado a las consecuencias de sus acciones.
El futuro del profesorado será diferente
en muchos aspectos, en comparación con el modelo académico tradicional:
l Menos profesores tendrán cargos
permanentes de tiempo completo.
l Más profesores serán de medio tiempo,
responsables por enseñar en un número limitado de cursos con poca o
ninguna participación en la comunidad académica y con escaso contacto
con los estudiantes.
l Más profesores tendrán cargos de
tiempo completo de tipo interinos. Serán algo así como un lumpen
proletariado académico, yendo de un trabajo a otro con pocas
posibilidades de conseguir un cargo regular.
l La profesión académica será más
diversa internamente en términos de género, raza y etnicidad. En los
Estados Unidos y en otros países, ya se da el caso de que los profesores
de los rangos más bajos que ocupan cargos interinamente, provienen de una
gran diversidad de orígenes.
l Los profesores estarán menos
orientados hacia el trabajo de investigación. Menos profesores tendrán
cargos donde es posible desarrollar la investigación.
l El cuerpo de profesores será menos
capaz académicamente, así "el mejor y el más brillante" se
siente cada vez menos atraído por la carrera académica.
Los estudiantes son otros de los
principales "estados" en la universidad. Después de todo, ellos
son la razón de ser del emprendimiento académico. la expansión en el número
de estudiantes en el período desde la Segunda Guerra Mundial ha sido la
fuerza dominante en la educación superior. Una expansión lenta en la década
del 70 y la del 80 en las naciones industrializadas crearon dificultades
para muchas universidades a medida que ellas se ajustaban para dejar de
expandirse. En la década del 90, la demanda estudiantil también se está
incrementando al mismo tiempo que los recursos financieros para la educación
superior se limitan por cambios en las prioridades gubernamentales.
Mientras la profesión académica y las universidades deben resolver las
presiones combinadas de la creciente demanda por el acceso y los escasos
recursos, son los estudiantes quienes deben enfrentarse con clases
superpobladas y facilidades académicas deterioradas.
Las condiciones de estudio varían
sustancialmente en todo el mundo, tanto como las expectativas que los
estudiantes tienen acerca de sus universidades. Aun dentro de los países,
éstas pueden variar sustancialmente. En los Estados Unidos, las
diferencias en las facilidades de los campus, las expectativas de los
estudiantes y el prestigio institucional entre una universidad privada
como las Ivy League y los college pobremente dotados son dramáticas.
Tradicionalmente, a diferencia del resto del mundo los colleges y las
universidades americanas proveen más servicios a sus estudiantes y estos
últimos (y sus familias) pagan mucho más para estudiar. El currículo es
más controlado que en Europa y la evaluación continua "a la
americana" impone un cierto estilo al aprendizaje. En el otro extremo
del espectro está el ideal europeo de, tal como lo dirían los alemanes,
"lernfreiheit", la libertad de aprender, esto es que los
estudiantes se sientan libres de decidir qué estudiar, que haya
considerable control sobre los patrones del aprendizaje y relativamente
pocas restricciones en el tiempo para completar los estudios. Otros países
caen entre esos dos polos. Sin embargo, la tendencia está entre el patrón
americano del estudio regulado de modo de asegurar la adquisición de los
títulos en un tiempo prudente como forma de ahorrar dinero y de permitir
un mejor planeamiento académico. Aun en Europa del Este, las
universidades están considerando restricciones a la tradición del dejar
hacer.
Los estudiantes de todo el mundo han
comenzado a preocuparse por la utilidad de la educación superior para el
mercado de empleos y están demandando estudios que tengan aplicación
ocupacional. El costo de los estudios constituye una preocupación,
especialmente en tanto la matriculación ha aumentado en muchas partes del
mundo y los nuevos programas de crédito y otros medios de ayuda económica
reducen el financiamiento público para la educación superior. En otro
momento, los estudiantes hubieran reaccionado con protestas y
demostraciones contra los incrementos en la matriculación y el aumento de
restricciones a la libertad de estudiar. Con pocas excepciones, tales como
en Francia, los estudiantes no se han incorporado al activismo o a
protestas políticas. Los movimientos de protestas masivas de los años 60
no son, en general, parte del entorno académico hacia el fin del siglo
veinte. La protesta de los estudiantes es más un fenómeno aislado y de
corta vida que una fuerza significativa en la educación superior.
La falta de activismo no significa que
los estudiantes sean tranquilos y no comprometidos. Al contrario, los
estudiantes a menudo demandan cambios en el currículo y en la organización
de los estudios para que se adecuen a sus necesidades de empleo y para que
sean relevantes. Ellos expresan sus preferencias anotándose en
instituciones y en programas que ofrecen lo que ellos necesitan. El
"consumismo de los estudiantes" que ha sido tan discutido en los
Estados Unidos se ha vuelto un fenómeno mundial.
La naturaleza de la población
estudiantil también está cambiando. Los estudiantes provienen de orígenes
sociales mucho más diversos de lo que era habitual pocas décadas atrás.
La proporción de mujeres en la población estudiantil se ha incrementado
dramáticamente y, en algunos países –incluyendo los Estados Unidos y
algunas naciones de Latinoamérica–, las mujeres ahora constituyen la
mayoría. Hay una demanda masiva por acceder a la universidad o por
completar estudios comenzados años atrás por parte de gente mayor. El
acceso se ha expandido mundialmente, con un tercio de la franja de edad
correspondiente asistiendo a instituciones de educación postsecundarias
en muchos países industrializados y en pocos países en desarrollo. Aun
donde las proporciones del grupo de edad que estudia en instituciones de
educación superior son mucho más bajas –como en India y China– los números
se han incrementado. La universidad ha sido transformada en una institución
de masas a lo largo del mundo y no es más un sitio reservado a las elites
en ningún lugar. El cambio demográfico ha tenido implicaciones profundas
para la población de estudiantes y para el ethos de la educación
superior.
Van den Berghe escribió acerca del
personal no académico como uno de los "sectores". En las últimas
dos décadas, el costado no académico de la universidad ha crecido tanto
en términos de su tamaño como de su importancia. El poder de los
administradores académicos se ha incrementado dramáticamente y, en
muchos países, los administradores senior ahora poseen poder considerable
en los asuntos universitarios. La expansión ha hecho a las universidades
instituciones mucho más complejas y burocráticas, y los administradores
han devenido mucho más poderosos. Es más, dado que la demanda por la
rendición pública de cuentas ha aumentado, los administradores han sido
dotados de poder para proveer la información necesaria para medir el
desempeño institucional. Los patrones tradicionalmente descentralizados,
y a menudo bastante lentos del gobierno del cuerpo de profesores no son más
confiables para proveer la gestión eficiente requerida por la moderna
educación superior.
La autoridad administrativa ha sido más
fuerte en los Estados Unidos, donde los presidentes del college y de la
universidad no son elegidos por el cuerpo de profesores ni son
directamente responsables ante dicho cuerpo, sino más bien son designados
por la junta directiva o los regentes. En forma similar, los
administradores de más antigüedad son nombrados por los directivos y es
a ellos a quienes les rinden cuentas. Los administradores ven sus carreras
en administración académica en ascenso y, aun cuando muchos de ellos han
sido profesores, casi nunca regresan a la tarea de enseñanza. En años
recientes, ha surgido un cuadro de gestores académicos profesionales de
rango medio, quienes han sido capacitados en la gestión de educación
superior y no necesariamente en la profesión académica. Esto contrasta
en su forma con el patrón tradicional de gobierno europeo, donde las
autoridades académicas son elegidas por el personal académico de mayor
antigüedad y es responsable frente a él, debiendo retornar, después de
cierto tiempo a las actividades de enseñanza y de investigación. Aun en
Europa, hay una tendencia hacia la profesionalización de los
administradores para las universidades y el poder del profesorado está
siendo erosionado. En Alemania, por ejemplo, el poder del administrador
jefe, el canciller, que es designado por las autoridades estatales y no
por el cuerpo de profesores, está creciendo. Reformas recientes en
Holanda han mejorado, en gran medida, el poder de los administradores. En
todo el mundo, el poder tradicional del profesorado y los modelos
establecidos de gobierno están siendo debilitados.
Estos tres sectores a menudo viven en
tensión, unos respecto de otros. Un estudio reciente, por ejemplo, ha señalado
que el profesorado no confía en los administradores y siente mucha
alienación.6 El sentido de comunidad que ha caracterizado a la
universidad en un período anterior –especialmente cuando eran pequeñas
y relativamente poco complicadas– se ha disipado en la universidad
contemporánea. Los estudiantes son generalmente ignorados por la
estructura académica, y aun cuando tengan poder en el gobierno académico,
este poder ha disminuido. En Latinoamérica, la participación estudiantil
ha sido estimulada por el movimiento reformista de 1918 y, a pesar de que
se mantiene en instituciones públicas de muchos países, ha sido
debilitada.7 En Alemania, donde la "participación" fue uno de
los slogans del movimiento estudiantil de la década del 60, las reformas
en el gobierno que fueron instituidas entonces han sido abolidas
totalmente. Los administradores se sienten frecuentemente en riesgo
respecto de los profesores y los estudiantes. La universidad, como
resultado, está a menudo dividida en facciones y en contienda entre
grupos de interés. Esto, por supuesto, debilita la institución cuando
busca influencia política y hacer oír su voz.
Raíces e implicancias de la crisis
La universidad enfrenta desafíos sin
precedentes. Las dificultades varían de país en país, pero hay pocas
partes en el mundo en las que la academia enfrenta el futuro con
confianza. Sin embargo, hay algunos elementos comunes que persisten en
todo el mundo.
l Los fondos del estado que disminuyen.
En todas partes, se preguntan sobre el gasto público para la educación
superior. El gobierno se resiste –y a menudo no tiene voluntad– a
pagar los ascendentes presupuestos universitarios. Los altos costos se
originan en tasas más altas de matriculación, tanto como el incremento
de costos para nuevas tecnologías, mayor cantidad de profesores y
salarios administrativos, etc. Como los fondos son recortados o
simplemente no crecen suficientemente para pagar por nuevos estudiantes,
las universidades enfrentan serios problemas acerca de cómo subsistir
financieramente.
l ¿Quién debería pagar? En relación
con la disminución de los fondos está la cuestión acerca de quién
debería hacerse responsable del financiamiento de la educación superior.
Tradicionalmente, en la mayoría de los países los contribuyentes de
impuestos han pagado la mayoría de los costos de la educación superior.
Los aranceles han sido muy bajos o prácticamente inexistentes. Esto ha
sido cuestionado y existe un creciente cambio hacia el individuo como la
fuente de fondos para pagar las cuentas. Hay muchas ramificaciones de este
debate acerca de la equidad, estabilidad financiera y acceso.
l La privatización. En muchos países,
la mayoría de los estudiantes estudia en instituciones de educación
superior públicas donde los ingresos fiscales sostienen el grueso del
costo de la educación. Hay una tendencia a privatizar las universidades públicas
–asignar una parte significativa del costo de instrucción a los
estudiantes y requerir a la institución que desarrolle otras estrategias
productoras de ingresos–. Como respuesta, las universidades han
incrementado los aranceles, iniciando negocios, cobrando a sus estudiantes
por el uso de las instalaciones, construyendo nexos con la industria y
abriendo sucursales en el exterior, entre otros esfuerzos. Las
instituciones académicas privadas también han crecido en importancia
internacionalmente. Incluso en países que dependen principalmente de
fondos públicos, las instituciones privadas se han expandido.
l La tecnología. El impacto de la
tecnología en la educación superior es inmenso y, como tal, poco
entendido.8 La tecnología tiene implicancias para las bibliotecas y para
la obtención y almacenamiento de investigación y de otro tipo de
información, para la administración de las instituciones, para los
programas de investigación, para la instrucción en el campus a través
de la enseñanza asistida por computadoras, para la instrucción fuera del
campus a través de programas de educación a distancia, para la
comunicación intra e inter campus entre profesores, estudiantes y otros.
La tecnología es cara de instalar y mantener, se desactualiza rápidamente
y es difícil de integrar dentro de los programas académicos vigentes.
También consume mucho tiempo y es muy costoso entrenar al personal en el
uso efectivo de la tecnología.
l La investigación básica y los
estudios de posgrado. Desde el siglo diecinueve, la investigación básica
ha sido una responsabilidad central de las universidades, especialmente de
aquellas que estaban en la cima de los sistemas académicos. La gran parte
de la investigación académica del mundo se hace en las universidades.
Asociado a la investigación está el estudio de posgrado –los
estudiantes avanzados con un nivel doctoral para la investigación y para
posiciones profesionales. En el actual clima fiscal, no es claro si las
universidades serán capaces de sostener este rol. Si no lo son, ¿cómo
se desarrollará investigación afuera y quién formará a las siguientes
generaciones de investigadores y científicos?
l La internacionalización. El
conocimiento es crecientemente internacional y continúan expandiéndose a
lo largo del mundo redes entre las instituciones académicas. La tecnología
ayuda a este proceso. El número de estudiantes extranjeros e
investigadores continúa creciendo, aunque a una más lenta tasa que en el
pasado reciente. El internacionalismo es un aspecto positivo de la educación
superior contemporánea, a pesar de que es preciso desarrollar mecanismos
para su financiamiento y su administración.
l La profesión académica. Como se señaló
anteriormente, el profesorado de tiempo completo se encuentra bajo presión.
El profesorado es el corazón de la universidad. Si este cuadro de
investigadores y científicos es alterado significativamente, significará
un profundo cambio en la manera en que las universidades son gobernadas y
cómo la enseñanza y la investigación son llevadas a cabo.
El futuro
Éste no es un tiempo especialmente feliz
para la educación superior en el mundo. La academia está, en todos
lados, bajo ataque. Los líderes universitarios han sido incapaces de
defender la institución exitosamente de sus críticas y de los gobiernos
comprometidos con cortar los presupuestos y con cambiar las prioridades
gubernamentales. La comunidad académica no habla con una voz de unidad.
En efecto, en general ni siquiera dice nada. La universidad contemporánea
debe presentar una visión de su rol en el futuro, y defender su antigua
contribución al conocimiento y a la sociedad.
A pesar de sus problemas, la universidad
no está a punto de desaparecer. Parece que va a sobrevivir en el siglo
veintiuno sin una transformación revolucionaria. Los estudiantes
continuarán demandando títulos académicos y credenciales y continuará
también el rol de la universidad de proveer formación para la mayoría
de los campos profesionales. La investigación seguirá siendo producida
como parte del rol de la profesión académica y de la universidad. Ella
continuará siendo una de las instituciones más valoradas de la sociedad.
La próxima década, sin embargo, será una de considerable tensión y
desafíos. Para aquellos que valoran el rol que la universidad ha desempeñado
durante el siglo veinte, la dirección del cambio contemporáneo no genera
mucho optimismo.
n estas páginas me propongo reflexionar
sobre los planes de estudio de las carreras que se ofrecen en nuestras
universidades. Esta perspectiva supone considerar las universidades como
instituciones, fundamentalmente, educativas. Es claro que no se dejan de
lado otras funciones, como la de producir conocimientos y prestar otro
tipo de servicios a la sociedad, pero estas funciones complementarias se
entienden articuladas con la función principal de educar. Es conveniente
empezar haciendo algunas aclaraciones sobre lo que vamos a entender aquí
por plan de estudios.
Hablar de plan de estudios no es
exactamente lo mismo que hablar de currículum. Currículum es un proceso
social, en el que intervienen, al mismo tiempo, todas las personas
implicadas como autores y actores de los procesos de enseñanza/aprendizaje.
Borges dice algo sobre esto en la introducción a uno de sus libros:
"Como la lectura, la clase es una obra en colaboración y quienes
escuchan no son menos importantes que el que habla".1 Pero como toda
acción educativa es "intencional", debe ser posible, antes de
poner en marcha un proceso, decir lo que uno quiere que sea enseñado y cómo.
Es claro que una cosa es decir lo que se
pretende hacer —en donde se expresa la "intención" de la acción
que se pondrá en marcha— y otra lo que puede acontecer. Es decir, una
cosa es el diseño curricular y otra el desarrollo del currículum en una
situación histórica concreta. Se trata de la distancia que hay entre el
plan y la acción, entre un documento de "intenciones" y la práctica
social. Sería posible, entonces, afirmar que el plan de estudios es, en
rigor, el diseño curricular elaborado para cada una de las carreras que
se dictan en una universidad.
Alguien podría preguntarse en este punto
si "nuestros" planes de estudio, al menos en la mayor parte de
los casos, alcanzan este nivel. En realidad, si eso sucediera deberíamos
encontrarnos, en cada caso, con un documento que presentara, de manera
ordenada, en relación con ciertos fines definidos, un proceso concreto de
enseñanza-aprendizaje para ser desarrollado en una institución
educativa. En este sentido, Stenhouse describe el "documento"
curricular —el diseño— como un "manual de
especificaciones", un libro de instrucciones para aplicar en
situaciones de enseñanza, que prescribe por escrito lo que se pretende
que suceda.2
Es conveniente además tener presente que
hablar de "diseño curricular" no significa que se espera
encontrar textos con la misma estructura. La misma expresión es ambigua
—en cuanto se refiere a explicitar la intención de la acción
educativa, tiene un valor referencial claro, pero en cuanto a la intención
misma que se expresa en cada caso, aumenta su valor indicial, porque el
diseño variará de acuerdo con las intenciones del quien lo
"enuncia". Podríamos analizar dos casos posibles de diseño
como propuestas que expresan intereses diferentes, que constituyen
"modos" constitutivos del conocer y del hacer: el interés técnico
y el práctico. Cada uno de estos intereses implica la definición de lo
que es válido conocer y cómo debe organizarse en categorías. Es lógico
esperar que los diseños curriculares elaborados a partir de cada uno de
estos "intereses" resulten muy diferentes.3
El interés técnico se propone el
control y la gestión del medio para conseguir determinados productos.
Considera que el saber es instrumental, y persigue establecer reglas
basadas en la observación y la experimentación. La habilidad para actuar
es aquí la disposición fundamental, y se trata de saber qué estrategia
conviene aplicar en cada situación para lograr el producto deseado. En
este caso, el diseño curricular es —como lo define Johnson4 — una
"serie estructurada de resultados deseados". Todo está decidido
ex–ante y el documento curricular es el manual de instrucciones que guía
al mismo tiempo las operaciones de los ejecutores y los criterios que
aplican los responsables por el control de esa ejecución.5
El profesor, en este tipo de diseños,
queda reducido al papel de mero ejecutante, se le sustrae la competencia
profesional y se lo hace dependiente de decisiones "exteriores"
a su práctica.6 En la base de estas propuestas curriculares muy
estructuradas y rígidas, está una cierta desconfianza en cuanto a la
capacidad de los profesores para "enseñar". Por eso, el diseño
debe "prescribir" con exhaustividad lo que hay que enseñar y cómo;
es un conjunto de reglas y procedimientos y un listado de
"contenidos" incuestionables que deben ser aprendidos por los
alumnos. En todo momento se trata de obstaculizar la autonomía, para lo
cual es importante que no quede espacio para dudas ni discusiones, ni
tiempo para agregar otras cosas. El conflicto es percibido como anomalía,
como un apartarse de la norma, que pone en riesgo el logro de los
resultados. Se trata, en definitiva, de elaborar un currículum "a
prueba" de profesores.7
El interés práctico se preocupa más
bien por entender para interactuar. No se trata aquí de verificar, sino
de interpretar, de dar significado a las cosas. Bruner se refiere a esta
forma de conocer y actuar cuando afirma que la cultura es un texto
ambiguo, cuyo significado se negocia permanentemente. Es el juicio práctico,
la interpretación del significado de la situación, lo que permitirá
decidir sobre las alternativas de acción. El juicio supone el "poner
a prueba" las alternativas partiendo del conocimiento del sujeto, de
la comprensión que el sujeto tiene de la situación, en función de
significados previos que se contraponen a significados atribuidos por
otros en un proceso de negociación.
Un diseño curricular fundado en el interés
práctico debería ser abierto, un punto de partida de un proceso de
interacción en el que todos los actores tienen participación y espacios
para incidir en la determinación de objetivos y contenidos. Se trata de
presentar con mucha claridad la "intención" educativa, ofrecer
un conjunto de especificaciones provisorias, de recomendaciones y
sugerencias, que estimulen la interpretación de los actores, el ejercicio
del juicio. El diseño curricular se presenta como hipótesis a comprobar
en la práctica, una propuesta que el profesor debería poner a prueba. No
interesa tanto aquí el listado de cosas a aprender, como la capacidad
para aprender, entendida como negociar y construir con los otros el
significado del mundo en el que cada uno vive".8
Sin embargo, no es nuestra intención en
este texto tomar partido a favor de un tipo determinado de diseño. No se
trata de definir un interés como malo y el otro como bueno, sino de tener
más elementos para "entender" la propuesta educativa, más allá
de las "intenciones declaradas". Nuestra preocupación se
relaciona más bien con la posibilidad de encontrar algo que pueda
considerarse un diseño curricular, en cualquier sentido.
Lo primero que deberíamos encontrar en
un plan de estudios es una explicitación de las intenciones de la
universidad y la facultad, en relación con el campo específico de
formación de que se trate. y aquí se impone una pregunta ¿Cuál es hoy
la intención educativa de quienes hacen y gobiernan la universidad? Y nos
preguntamos por la intención educativa, porque consideramos que lo que
caracteriza a la universidad como institución es el tener como eje a la
función educativa, y articular con ella las actividades de investigación
y extensión. Es evidente que esta pregunta no tiene una sola respuesta:
hoy son tantos y tan disímiles los proyectos de universidad, que resulta
a veces difícil saber, al menos con cierto grado de precisión, de qué
estamos hablando cundo decimos "la universidad".
Podemos tomar como punto de partida, dos
respuestas posibles: la que concibe a la universidad como una
"agencia" educativa que tiene como misión formar profesionales
y la que la imagina fundamentalmente como un espacio para formar personas
capaces de enfrentar los problemas que se plantean en el campo de una
disciplina y construir nuevos conocimientos que permitan avanzar en la búsqueda
de soluciones. Es claro que pueden plantearse diferentes estrategias que
combinan estas dos maneras de entender el papel de la universidad como
institución educativa. Sin embargo, en esos ensayos de articulación, es
posible "distinguir" cuál es la tarea a la que la institución
le otorga prioridad.
Los que asumen la primera respuesta
piensan que la universidad debe crear carreras pensando en el empleo y
asegurar a sus alumnos que les será posible encontrar colocación cuando
egresen. Se utiliza una expresión que muestra gráficamente esta ilusión
de continuidad indiscutible entre la educación y el empleo:
"carreras con salida laboral". Se trata de ofrecer títulos y
planes de estudio adecuados a las "necesidades" actuales y
futuras del mercado, con lo que se satisfarían al mismo tiempo los
requerimientos de la sociedad y de los individuos. Esto requiere que los
diseñadores de currículum estén atentos a los cambios en la ocupación
y el empleo, y reformulen sus planes de estudio para aumentar la
versatilidad de los egresados, desdibujando las barreras entre carreras,
evitando una especialización en el grado, disminuyendo la duración de
las carreras y procurando no generar incumbencias excluyentes.
En este caso, los esfuerzos en matde
investigación estarían orientados, fundamentalmente a descifrar señales
sobre el futuro del sistema productivo que, por otra parte, resulta cada
vez más imprevisible, y a diseñar mecanismos para trasladar los
resultados de estas investigaciones al currículum y promover nuevas
carreras, superando la fuerza del imaginario social sobre las profesiones.
La extensión —que algunos llaman ahora "transferencia de
servicios"— se preocupa por producir servicios y bienes que pueda
ofrecer en el mercado, tanto para mejorar su situación financiera, como
para obtener servicios de contrapartida en materia de espacios para pasantías
de sus alumnos.
Quienes optan por la segunda respuesta
insisten en que la universidad debe convocar a los interesados en estudiar
un tema, en investigar un área de problemas, sin la promesa de un título
con "incumbencias" laborales específicas. Su papel es promover
una reflexión más profunda sobre los campos disciplinarios, ampliar las
fronteras del conocimiento básico. Los egresados deberían estar
capacitados para trabajar en la incertidumbre, abrir nuevos campos
disciplinarios, formular nuevos problemas científicos, ensayar nuevos
modos de producir y organizar los conocimientos.
La investigación debe orientarse
fundamentalmente hacia ese desarrollo del campo disciplinario. Se trata de
ofrecer "respuesta adecuada" a las necesidades de la sociedad,
generando nuevos conocimientos que fundamenten las "transformaciones
"necesarias", los cambios "requeridos"; de elevar la
pertinencia de sus aportes a la sociedad, actuando no sólo como testigo,
sino también "como conciencia crítica y protagonista". La
extensión se concibe como actividad de servicio a los grupos sociales más
necesitados y como un espacio para producir nuevos conocimientos a partir
de la sistematización de las prácticas.
Es evidente que estas dos orientaciones
no se presentan aisladas. Por ejemplo, aún cuando se tome como eje la
formación de profesionales, hay ciertos principios fundamentales en las
disciplinas que el profesional debe conocer, que constituyen algo así
como su alfabetización en ese campo, es decir, que le permiten
"reconocer" y "manejar" en un nivel adecuado para su
trabajo, el corpus de esa disciplina. Pero, a partir de conocer ese abc
que le permite "comprender" el significado de los textos de la
disciplina, los esfuerzos de la formación se concentran en ofrecerles a
los alumnos instrumentos y procedimientos para el desempeño de la profesión
específica. En algunos casos, quizás no muchos, se preocupan también
porque conozcan mejor la realidad en la que van a desempeñarse y sean
capaces de analizar su práctica, para sistematizar sus experiencias de
trabajo de tal modo que les sea posible continuar aprendiendo a partir de
su formación inicial.
Una expresión de este tipo de integración
aparece en un documento de política de la Universidad de Buenos Aires
—el Acuerdo de Colón—, en el que se afirma que para formar el tipo de
egresado al que se aspira, la educación universitaria debe tener por
objeto, de una manera integrada, el trabajo productivo, la producción de
conocimientos, la construcción de concepciones del mundo, las nuevas
formas de convivencia, el desarrollo personal y colectivo y la participación
política.
De cualquier manera es imposible disociar
el discurso sobre las intenciones educativas de la universidad de un análisis
del contexto en el que trabaja. Por eso, el segundo elemento que debería
explicitarse en el plan es una reflexión sobre la situación política,
económica y cultural en la que se "propone" llevar adelante
esas intenciones educativas. Puede hasta ser este análisis el primer capítulo
del diseño curricular. Se trata de no perder de vista que el currículum
es un texto social, por lo tanto histórico, que propone el modo de
organizar un conjunto de prácticas con la finalidad de educar. Toda
propuesta educativa está situada en un "aquí y ahora" de una
manera determinada.
La sociedad actual —el mundo en que
vivimos, es decir, esta región sur de América, en el pasaje hacia el
siglo xxi— es el contexto en el que el currículum se construye y
"acontece". Pero es posible trazar una serie círculos concéntricos
en el mapa de este mundo nuestro, para irse aproximando paso a paso al
contexto más específico en el que se desarrolla nuestro
"intento" educativo. Estas dimensiones del contexto incluyen,
por ejemplo, la situación de nuestro país, el campo cultural en general
y, en particular, las actividades educativas que conforman un sistema
regular, el nivel superior dentro de ese sistema y en ese nivel, el
conjunto de universidades, la universidad y, finalmente, la facultad para
la que pretendemos diseñar un plan de estudios.
La caracterización del contexto debe
alcanzar este puerto: el análisis de nuestra universidad y de nuestra
unidad académica. Más aún, desde el punto de partida la reflexión
sobre el contexto debe estar "guiada" por esta preocupación. No
se trata de incluir un capítulo sobre la situación de nuestro mundo y
después dar vuelta la página y pasar al diseño del plan. Es la intención
de construir un diseño curricular la que orienta nuestra mirada crítica
sobre la situación: lo que se propone es formar en una institución que
"vive" en ese contexto, una persona que va a trabajar en ese
"mundo". El plan de estudios es en rigor, un texto, un discurso
político: expresa una determinada visión de la realidad como campo de
acción o contexto en el cual los egresados van a desempeñar su tarea
profesional. Esta visión puede ser más o menos consciente, pero es
siempre el "argumento" que le da sentido al plan. Como todo
discurso sobre la realidad implica una posición de los actores con
respecto a esa realidad, también más o menos consciente y explícita.
Incluso cuando nos ubicamos en lo que
parece ser nuestra casa, "nuestra" facultad, donde se plantea la
cuestión del diseño curricular, no se puede olvidar que ella misma está
atravesada por otras instituciones. Es una casa con puertas y ventanas.
Las otras instituciones del contexto no están solamente
"afuera" de la facultad, sino también adentro, de una manera
muy particular. Por eso, es imposible pretender separar los hilos, sin
correr el riesgo de quedarse al final sin tejido. En esta trama
institucional, con centro en la institución educativa, es dónde se
plantea la tarea de construir el currículum.10
Elsie Rockwell plantea incluso la
institución concreta como una de las dimensiones formativas en el currículum.
Tanto la estructura y el funcionamiento de la institución, como las
relaciones que se dan en su cotidianeidad, hacen posible que quienes
"habitan" en ese espacio varias horas de sus días, durante
cinco o seis años, "aprendan" muchas cosas. Este
"clima" institucional puede ser considerado en el diseño y
"dispuesto" de tal manera que promueva intencionalmente
determinados aprendizajes. La misma institución puede llegar a ser
entonces un medio "educativo".
El plan de estudios se construye para
esta universidad, atravesada por voces y propuestas que vienen de otros
lados: las instituciones educativas de nivel medio, de donde provienen sus
alumnos; los campos disciplinarios en los que se inscriben los diferentes
profesores e investigadores; las asociaciones profesionales, en las que
participan sus docentes y egresados; las empresas en las ellos trabajan;
los partidos políticos o grupos de opinión a los que adhieren sus
alumnos, profesores y funcionarios; los movimientos reivindicativos de los
diferentes sectores, y muchas otras instituciones que
"intervienen" en el acontecer de la institución universidad.
¿Cómo describir la institución que
hoy, en este contexto, se llama universidad? Algunos documentos presentan
esa descripción como la caracterización de una crisis; otros, como un
listado de los desafíos más importantes que, según su perspectiva, la
universidad debe enfrentar en este nuestro mundo. Pero no es nuestra
intención caracterizar aquí la institución universidad, sino sólo
afirmar que este capítulo no puede omitirse en el diseño de un plan de
estudios. Sin embargo no estaría de más insistir en que no se trata
tampoco de hablar de "la" universidad, como una organización
compleja y diversificada, cuestionada, una "anarquía
organizada" en la que predominan las negociaciones sobre la
planificación. La cuestión es analizar "esta" universidad,
trabajar con esas categorías de análisis desarrolladas por quienes han
estudiado la universidad como organización, y descubrir cómo se
manifiestan en la situación concreta de la universidad para la que se
elabora el diseño curricular.
¿Cuál es el papel de "esta"
universidad? ¿Qué es lo que la sociedad espera de ella? ¿Cómo se
articulan las funciones de investigación, docencia, extensión en
"esta" universidad? ¿A cuál de ellas se le asigna prioridad?
¿Es posible plantear la propuesta curricular como eje ordenador de las
actividades de extensión, docencia e investigación? El Documento de Colón
plantea claramente esta integración insistiendo en la necesidad de
considerar como una actividad "acreditable" en los planes de
estudio la participación de los alumnos en equipos de investigación y de
servicios a la comunidad. ¿Cómo enfrentar la cuestión de la expansión
del acceso a la universidad? ¿Cómo trabajar con la creciente precarización
del trabajo docente? Hay cada vez más alumnos y se requieren más
docentes que, por falta de financiamiento, sólo pueden
"incluirse" de manera marginal en la institución. Sin embargo
es importante tener en cuenta que no se trata sólo de un crecimiento,
sino también de una mayor diversificación del alumnado, en cuanto a que
acceden personas de otros sectores, con culturas particulares. No sólo
hay hoy más alumnos, sino que hay también mayores diferencias entre
ellos. El plan de estudios debe dar respuestas a estas cuestiones.
Pensar en el plan de estudios para una
carrera universitaria tiene que ver, en primer lugar, con las funciones
que la universidad tiene aquí y ahora. No se trata sólo de construir un
currículo para la universidad que yo creo que debe existir, ni tampoco
para la que en realidad existe en este momento histórico, la que responde
al equilibrio de fuerzas dominante. Es en rigor una tarea que tiene que
ver con ambas "universidades", pero es importante tener en claro
en qué momentos de la construcción me inclino hacia lo que es y en que
momentos hacia lo que pretendo que sea, cuál es la proporción en que
puede abrir caminos hacia lo nuevo, para que "corrompa" lo viejo
en la medida justa. Sólo si estoy bien "asegurado" al mástil,
puedo escuchar el canto de las sirenas sin perderme. Estas reflexiones
tienen que ver con necesidad de partir de una visión real, cruda, sin
retoques de los que es hoy nuestra universidad –y no se trata aquí
solamente de la institución, de los marcos legales que rigen su
funcionamiento o de los políticos de turno, sino también de los alumnos
y de los profesores, de cómo ellos imaginan y reproducen "la
universidad"–.
El tercer capítulo que esperaríamos
encontrar en una propuesta educativa es una "descripción" del
egresado que se pretende lograr ¿Qué aprendizajes se consideran
necesarios para que el egresado desempeñe el papel que se propone en el
proceso de transformación de la sociedad? Al proponer la "construcción"
de una carrera de estudios en la universidad, como una respuesta adecuada
a los desafíos que plantea el contexto social, se parte de entender que
los egresados tendrán un trabajo, una contribución concreta y específica
para hacer en la edificación de la sociedad que se ha planteado como
"deseable" al caracterizar el contexto social.
Aquí se trata de lo que algunos autores
han propuesto como punto de partida del diseño curricular: las
"necesidades sociales", entendiendo que la formación debe ser
una respuesta a esas necesidades, cuya satisfacción se convierte en
objetivo del plan. En rigor, las necesidades dependen del color del
cristal con que se mire la situación social, lo que las convierte, al
final de cuentas, en un discurso que "justifica" la misma
propuesta.
Otros educadores propone, para salir de
ese círculo cerrado de las intenciones y las necesidades,
"construir" el perfil profesional de los egresados que se
intenta formar —utilizamos en este texto la palabra
"profesional" en un sentido amplio, que pretende abarcar tanto a
los teóricos/ investigadores de los diferentes campos disciplinarios,
como a los técnicos/profesionales—. Este camino nos parece más
operativo que el discurso sobre las "necesidades sociales" y un
poco menos ambiguo, siempre que no se tome con la pretensión de alcanzar
una mayor "objetividad".
La historia de las profesiones es una
historia de determinaciones, pero también de estrategias, a través de
las cuales, los profesionales reaccionan ante el texto dominante en el
mundo que les toca vivir y construyen prácticas alternativas. Si estas
reflexiones se dejan de lado, tomar el atajo de construir perfiles puede
no llevarnos a ningún lado y dejarnos la ilusión de haber salido del círculo.
Es preciso tener en cuenta la relación de la profesión con el contexto
en el que actúa, con la sociedad como un todo y no sólo con su
estructura económica, con conciencia de que tanto la visión que se tenga
de ese contexto, como la de la posible acción del profesional están
ligadas estrechamente al proyecto de sociedad que se pretende construir.
En resumen: en primer lugar, no se trata de formar profesionales sólo
para el contexto contemporáneo de los programas de formación, sino también
para el futuro; y en segundo lugar, la influencia del contexto debe
entenderse como un condicionante de la acción del técnico o profesional
y no como un factor determinante de sus posibilidades y límites.
El "perfil" que se obtiene como
resultado del análisis del ejercicio profesional es —al menos en dos
sentidos— una construcción. En primer lugar porque, como ya lo
mencionamos, en el retrato del profesional que uno plantea se mezcla la
trama de la realidad objetiva con la del proyecto. Así como no hay un
currículum neutral, tampoco hay un perfil profesional absolutamente
objetivo. En segundo lugar, porque el perfil se construye a partir de las
opiniones de los actores —tanto del profesional como de los actores
sociales que con él interactúan— y, en consecuencia, no refleja con
exactitud lo que los profesionales hacen sino más bien lo que ellos
piensan que hacen y las representaciones que los otros actores tienen de
su desempeño.
Es importante en este estudio identificar
con claridad los diferentes niveles de profesionalidad que actúan en el
campo y los requisitos en materia de formación para asumir el ejercicio
de cada uno de esos niveles. Debería considerarse incluso cuáles podrían
ser las formas de acción de la universidad en ese campo, para enfrentar
los problemas que allí se plantean. Este análisis podría ahorrar muchos
esfuerzos inútiles que resultan de la aplicación de una correspondencia
lineal entre la posible intervención de la universidad y la creación de
una nueva carrera. La universidad puede —y a veces, debe— intervenir
con otro tipo de acción, por ejemplo, extensión, investigación, apoyo a
otras instituciones educativas o especialización de sus egresados.
La elaboración del perfil es un trabajo
de investigación, que supone la explicitación de los referenciales teóricos
desde los que se realiza la indagación y el dominio de técnicas
cuantitativas y cualitativas. Es un "mapa" de actividades que
indica cuáles son las más importantes y las secundarias, instrumentales
o auxiliares; constituye un "modelo" del ejercicio profesional
que varía en la historia y admite diversas "lecturas" según la
perspectiva teórico–política del investigador. Algunas de las
actividades consideradas "secundarias" en un momento, pueden
ocupar un lugar más central si la profesión pretende avanzar más allá
de las fronteras establecidas en el momento.
Además, un profesional puede organizar
su actividad en el campo dando prioridad a una determinada tarea: la práctica
de su profesión como servicio, la investigación de problemas que se
plantean en el ámbito de desempeño, la formación de otros
profesionales, el diseño de materiales e instrumentos para el ejercicio
de la profesión, la acción política, en defensa de los intereses
profesionales, etc. Será preciso también reflexionar sobre las
diferentes formas, condiciones y alcances del ejercicio profesional. Las
"formas" de ejercicio se relacionan con las diferentes
"versiones" de la profesión que coexisten en la sociedad: las
decadentes, las dominantes y las alternativas o emergentes.
No debe olvidarse que tanto las
declaraciones de los profesionales como las de sus empleadores sobre las
competencias que consideran propias del perfil profesional, constituyen un
discurso. Esto significa que al mismo tiempo, alude e ilude, muestra y
oculta. En un discurso no se trata nunca de la realidad objetiva, siempre
está teñido por los intereses y la imagen que tiene de sí mismo el que
habla y la que pretende que los otros tengan de él. Cada vez que alguien
"habla" lo hace desde un lugar social determinado. En el caso de
los empleadores, por ejemplo, es claro que muchos "requisitos"
para emplear una persona, están fundados más en la necesidad de
disminuir la cantidad de posibles aspirantes, que en los requerimientos
que le pueda plantear al empleado la tarea que se le piensa asignar.
Una vez "construido" el perfil,
debe evaluarse. Esto significa, por ejemplo, responder a las preguntas que
plantean Follari y Berruego en su trabajo: ¿El perfil que se ha
construido "discrimina" lo suficiente, es decir, no puede ser
confundido con otros perfiles? ¿La descripción es precisa y
comprensible? Para responder a estas preguntas habría que pensar en
reuniones con profesionales en ejercicio para validar el perfil, en
estrategias de consulta a personas de actuación destacada en el campo, a
agrupaciones profesionales o a otras instituciones de formación.
A partir de este momento se abre un
cuarto capítulo que presenta la estructura del plan y las unidades o
espacios curriculares. Es importante que este capítulo se plantee como
consecuencia de los anteriores, que se ponga en evidencia cómo se ha
utilizado para "construirlo" la información de los capítulos
anteriores. En primer lugar, debería definirse la estructura global que
va a tener el currículum. Algo así como el plan del libro que
presentamos o el esbozo del cuadro, los estudios o bocetos previos. En
nuestra opinión, la construcción del plan debería iniciarse con esta
tarea por algunos motivos que vamos a explicitar. En primer lugar, si se
piensa en partir de la estructura global del currículum es porque se
considera una unidad. No se fabrica un rompecabezas dibujando primero cada
una de las piezas. No se arma una máquina ni se construye una casa
empezando por las piezas, sino a partir de un plano. Tampoco sería
posible elaborar un plan de estudios pensando primero en cada uno de sus
componentes, sin tener un plano de la estructura que se pretende
construir.
En segundo lugar, la definición sobre la
estructura global del plan de estudios lleva implícita una serie de
decisiones fundamentales sobre lo que se pretende alcanzar, sobre el tipo
de profesional que se considera necesario formar. Es decir, nuevamente
entra en juego aquí el proyecto social a partir del cual se trabaja en el
proceso de construcción del currículum, la intencionalidad propia de
toda acción educativa. El "contenido" de una acción educativa
no se reduce a la transmisión de un conjunto de informaciones
"ordenadas" en materias o disciplinas. Implica también —y
necesariamente— una orientación sobre la manera de "tratar"
esas informaciones. Es decir, las cuestiones metodológicas están
incluidas en el contenido y no vienen en un paquete aparte, no son apenas
estrategias para lograr una transmisión más efectiva. En este sentido,
la estructura del currículum tiene una dimensión formativa. Para
expresarlo de una manera más estricta, la estructura organiza todas las
dimensiones formativas que va a poner en acción la institución para
formar los profesionales.11
En tercer lugar, en este momento de
construcción de la estructura se enfrentan algunos de los problemas
detectados en el análisis de situación y en la elaboración de los
perfiles profesionales. La estructura del plan debe ofrecer alternativas
para tratar cuestiones tales como la masividad, la rápida obsolescencia
de los conocimientos, la valorización de los aprendizajes fuera de la
propia institución formadora, la capacidad para el diálogo y la
comprensión de la responsabilidad social del profesional.
Para trabajar la estructura del plan de
estudios se puede recurrir a los criterios que algunos autores han
definido para analizar diseños curriculares.12 En general se han
propuesto sistemas de oposiciones o intervalos entre dos términos
opuestos como espacios para la toma de decisiones en el momento de
construir la estructura. En nuestra opinión, es suficiente considerar
cuatro intervalos o segmentos, dentro de los cuales deberían definirse
los criterios de organización.
El primer intervalo implica decidir sobre
la forma de articulación en el currículum de lo general y lo específico.
Aquí se trata de decidir cuál será la formación general que necesita
el profesional y cómo debe ubicarse en el plan de estudios en relación
con la formación profesional específica.13 Tenti Fanfani plantea esta
cuestión cuando se pregunta cómo articular en un plan de estudios las
ciencias básicas y las ciencias aplicadas.14 Una de las opciones más
relevantes en este campo es concentrar la formación general en un ciclo básico
o incluir en el plan un área de "estudios generales" que acompañe
al alumno durante el cursado de toda la carrera. Podría por otra parte
pensarse que la decisión de concentrar la formación general al comienzo
de la carrera, retarda el inicio de estudios que tengan que ver
directamente con la profesión elegida por el alumno y le impiden revisar
su opción vocacional. Por otra parte, esa opción hace más difícil el
que los alumnos tomen conciencia de la relación entre los contenidos de
la formación general con los de la formación profesional específica.
El segundo intervalo de opciones para la
definición de la estructura del plan de estudio, se relaciona con la
forma de combinar en el plan la transmisión de informaciones y la
participación del alumno en experiencias pre–profesionales. Aquí se
toman decisiones, en primer lugar, sobre la inclusión o no de espacios en
los que los alumnos participan en experiencias y también sobre la relación
que debe existir entre estos momentos y el trabajo en el aula. Conrad se
refiere a esta opción oponiendo las actividades en el aula a las
experiencias de trabajo en el "afuera". En el sistema de
oposiciones binarias planteado por Cherryholmes, se trata de optar entre
teoría o práctica, conceptos o hechos, discurso o acción.
En el tercer intervalo se trata de
decidir si el plan de estudios debe o no incluir y en qué proporción la
posibilidad de que los estudiantes realicen opciones. Si las opciones son
cerradas —como cuando se trata de elegir entre dos o tres actividades
propuestas por la facultad— el plan ganará en flexibilidad, pero las
decisiones sobre el diseño continúan en manos de la institución. Cuando
se incluyen algunas opciones abiertas —es decir, sin presentar una lista
para que los alumnos elijan— se ha dado un paso importante hacia la
mayor participación del estudiante en la elaboración de su programa de
estudios.15
El cuarto intervalo que se considera
significativo para tomar decisiones en torno a la organización del currículum
es el que menciona Conrad citando un trabajo de Paul Dressel: la opción
entre basar el plan en los contenidos de las disciplinas o en el
desarrollo personal de los estudiantes. Rescatar esta idea como un cuarto
continuo a considerar en el momento de decidir la estructura del plan se
relaciona con preocupación que se plantea actualmente en cuanto a la
adquisición por parte de los estudiantes de algunas "capacidades básicas".
Algunas de estas capacidades serían, por ejemplo: recuperar y construir
informaciones, saber trabajar con problemas sin solución conocida, tomar
decisiones sin conocer todos los datos, manejar la incertidumbre, dominar
el lenguaje, no tener prejuicios ni resistirse a lo nuevo.
La toma de decisiones sobre los puntos en
que ha de situarse el plan que se propone, en estos cuatro intervalos,
permitirá definir los principios organizativos a los que debería
ajustarse la estructura del diseño a construir. Algunos autores proponen
una secuencia inversa: se trata de decidir, en primer lugar, cuál será
el principio organizador y después optar por el énfasis que se le dará
en la propuesta a cada uno de los cuatro continuos o intervalos que hemos
propuesto. En su trabajo, Conrad menciona cinco principios organizadores y
presenta ejemplos de planes de estudios que los han adoptado: las
disciplinas, los grandes libros, el desarrollo de la personalidad de los
estudiantes, los problemas sociales y las competencias profesionales.
La opción que planteamos por un camino
diferente se fundamenta en la idea de que ninguno de estos principios
puede constituirse en el único organizador del diseño curricular. En
realidad, al trabajar sobre los intervalos se definen algunos principios
que se consideran fundamentales y se les asignan prioridades. Considerar a
las disciplinas como el principal organizador del plan de estudios, no
significa excluir totalmente las experiencias de trabajo de campo, ni la
posibilidad de que los estudiantes opten por algunas actividades o
contenidos que despierten su interés. En realidad, la estructura del currículum
debería integrar espacios en los que se adoptaran diferentes principios
organizadores. Esta "construcción" permitiría aprovechar las
ventajas de los modelos, sin caer en las deficiencias que derivan del
hecho de haber adoptado casi con exclusividad uno de los principios
organizadores.16
¿Cómo trabajar en el diseño de la
estructura del plan esta integración de actividades que responden a
diferentes principios de organización? Es precisamente para esto que se
dispone del "crédito" como un instrumento que permite
administrar un currículum flexible. El alumno debe completar una cantidad
determinada de créditos para obtener el título de grado y, en ese total,
podrían establecerse cuotas a ser asignadas a su participación en
diferentes tipos de actividades.17 Cuando el currículum es totalmente
estructurado, pierde sentido el "crédito" como valor que
permite una medida equivalente para actividades diferentes.
En este punto es importante reflexionar
sobre las formas posibles de asignar créditos a las actividades, porque
refleja la concepción de aprendizaje que fundamenta el plan. Para citar
un ejemplo, en algunas universidades de Canadá se asigna un crédito por
hora de clase y uno por cada dos horas de actividades desarrolladas en
equipo por los alumnos fuera del aula. Aquí aparece con claridad la
valoración que se le otorga al tiempo de "exposición de los alumnos
al docente". La situación puede ser más grave en otros casos en los
que no se asigna ningún crédito a las actividades que el alumno realiza
aparte de las horas en que asiste a clase, aunque se hable mucho sobre la
importancia de la práctica.
Después de haber presentado la
estructura general del plan de estudios, es necesario pasar a detallar los
contenidos seleccionados, organizados en unidades o espacios curriculares.
En este punto el plan debe referirse tanto las informaciones como a las
estrategias metodológicas convenientes para alcanzar el nivel de
habilidades y disposiciones requeridas para el "modo" de
ejercicio profesional que la institución ha decidido promover.
El conjunto de informaciones,
habilidades, disposiciones intelectuales y valorativas que se consideran
relevantes para incluir en el proceso de formación, constituye el espacio
en el que se seleccionan los contenidos. Este "código" sobre el
que se trabaja para construir el "discurso" del plan, está
formado por una serie de conclusiones extraídas del análisis del
contexto social, del perfil del profesional que se pretende formar y de la
institución universidad. Conclusiones o resultados que se plantean como
"necesidades" o requerimientos para la realización de un
proyecto social, sea explícito o tácito.
¿Qué es lo que aquí se entiende por
contenido de una acción educativa? No se trata solamente de
"informaciones" sobre los avances de las ciencias o los
procedimientos y las normas que rigen la acción del futuro profesional.
El contenido es "lo que se pretende enseñar", que puede
referirse a dos conjuntos de "saberes":
l Los resultados sistematizados de las
actividades científicas y de la práctica profesional, es decir, el saber
"explicitado". Entre estos "productos" de la actividad
de otros se incluyen no sólo informaciones sino también indicaciones
sobre procedimientos que han permitido operar con éxito tanto en el campo
de la ciencia como en el del desempeño profesional, vocabularios específicos,
normas y valores que estructuran esos diferentes campos.
l Las disposiciones mentales socialmente
valoradas para "tratar" esas informaciones, es decir, lo que se
considera como la forma "correcta" de trabajar con ellas, que
deriva de una determinada manera de concebir la construcción de
conocimientos. Por eso, se ha afirmado que la cuestión metodológica no
es simplemente un medio para "trasmitir contenidos", es también
parte del "contenido", porque significa hacer que los alumnos
aprendan cómo deben trabajar mentalmente con la información, cuál es la
actitud que deben asumir frente al conocimiento: la reverencia y la
aceptación de algo que ya está acabado y sólo debe conservarse o la
actitud activa frente a ideas que pueden y deben aceptarse como hipótesis
a ser comprobadas. Bruner llega a afirmar que no es posible trasmitir una
información sin que al mismo tiempo se trasmita, en el mismo mensaje, cómo
hay que operar con ella. Este tipo de contenido se presenta desde el mismo
momento en que se agrupan las informaciones en una unidad curricular y se
le pone un nombre.
En este capítulo del plan se expone,
entonces, un conjunto de experiencias, de situaciones educativas
"diseñadas" para aprender ciertas cosas que sus constructores
consideran "necesarias", de una manera que se define como la más
adecuada. Incluye tanto informaciones, como indicaciones sobre el modo en
que los individuos deben relacionarse con el conocimiento, con los otros
individuos y con las prácticas sociales. Se trata de
"constituir" un sujeto social "cognoscente", lo que
implica controlar, en la perspectiva de un proyecto social, la formas de
circulación y uso del conocimiento.18
La selección implica además decidir
sobre el alcance que deberán tener los contenidos, es decir, definir con
qué profundidad hay que "enseñarlos" en cada momento de la
secuencia, para lograr el objetivo que se pretende. En este punto es
importante tener claridad sobre el papel de una institución que forma
profesionales: se trata de lograr que los alumnos aprendan lo que se
considera fundamental para empezar a trabajar en el campo y continuar su
formación en un proceso permanente de sistematización de sus
experiencias profesionales. "Profesión" no es igual a
"carrera": la "carrera" tiene por finalidad la formación
inicial para el ejercicio profesional y constituye un escalón en la
formación. Esta afirmación debería contribuir para evitar las
propuestas "enciclopédicas" y otorgarle centralidad en ese
proceso de formación inicial a aquellos contenidos que se refieren al
manejo de fuentes, la recuperación crítica y la construcción de
informaciones y la capacidad de aprender de la práctica.
Es importante no perder de vista que la
institución educativa define sus contenidos como un conjunto de saberes y
disposiciones mentales y valorativas que van a "agregarse" a
otros aprendizaje de los sujetos, anteriores, simultáneos y futuros. La
diferencia es que se plantea "enseñarlos", es decir que existe
la intencionalidad de que esos aprendizajes se produzcan, que se han
sistematizado con ese objetivo y que se plantean situaciones especialmente
diseñadas con esa finalidad. En este espacio pueden desconocerse esos
otros aprendizajes o proponer su "revisión" crítica como para
de la formación.
La organización implica definir cómo se
agruparán esos contenidos en "unidades" de trabajo, qué puesto
se le ha de dar a cada una de ellas en el proceso, cómo debe articularse
con las otras unidades del plan de estudios. Estas unidades son
experiencias propuestas a los alumnos en las que se trabaja de una
determinada manera con conjuntos de contenidos para hacer posible algunos
de los aprendizajes propuestos en el plan de estudios. Es posible
distinguir al menos tres "situaciones educativas", es decir,
formas de trabajar esos contenidos a las que se les reconoce valor
educativo: las disciplinas, las actividades interdisciplinarias y el
trabajo.
Las disciplinas constituyen dominios o
campos de conocimiento en los que trabajan comunidades de personas; son
espacios teóricos construidos, que tienen una tradición y una herencia
literaria, una sintaxis y un lenguaje propio. En ellos se definen los
contenidos "válidos", la manera como debe "hablarse"
de ellos y los modos "adecuados" de producir nuevos
conocimientos en el terreno que cada disciplina ocupa.
Es indiscutible el valor educativo de las
disciplinas, presentadas como espacios "en construcción", ámbitos
de "producción" de conocimientos, "recortes" de la
realidad determinados por la historia, insertos en prácticas sociales
concretas. Sin embargo, es necesario reconocer que, en los ámbitos
educativos, la "disciplina" se presenta como "obra"
terminada y no como ámbito de trabajo, se excluye la historia y al mismo
tiempo la consideración de los conflictos y de las dimensiones políticas
que han orientado el hacer disciplinario. A veces se fuerza la relación
profesión/disciplina hasta el punto de pretender crear campos
disciplinares específicos y cerrados para cada profesión. La disciplina
así entendida no tiene mucho que ver con el modelo de creación de
cuerpos de contenidos que ha permitido el avance de la ciencia.
La segunda situación de aprendizaje a
considerar, en el momento de organizar los contenidos, es el análisis de
problemas sociales desde una perspectiva interdisciplinaria. Algunos críticos
de los enfoques disciplinarios del currículum argumentan que ese modo de
organizar los contenidos presenta el conocimiento fragmentado y disperso,
desvinculado de los intereses del sujeto y del contexto social. Como
alternativa proponen el enfoque interdisciplinario. Nuevos tiempos — en
los que todo parece cuestionar la confianza en la razón y la conciencia
moral que sirvió de fundamento al desarrollo de las disciplinas—,
exigen nuevos "formatos" para el conocimiento, que lo liberen de
las fuertes amarras "disciplinarias", de la tiranía de su lógica
formal y de sus reglas técnicas, pragmáticas e instrumentales.
Es claro que la pretensión de
"integrar" los enfoques de varias disciplinas puede llevar a
formas de trabajo muy diferentes: desde la mera yuxtaposición, pasando
por situaciones de cooperación multidisciplinaria, en las que las
diferentes disciplinas interactúan y se modifican, "aprenden"
unas de las otras, hasta llegar a veces a la constitución de nuevas
disciplinas "integradoras" o campos transdisciplinarios, lo que
supone cambios en las dimensiones teóricas y metodológicas. Desde una
perspectiva histórica, la acción interdisciplinaria está mostrando
también importantes resultados que han posibilitado grandes avances científicos
y técnicos.19 Hay quienes cuestionan que, cuando se presenta esta situación
como la única válida, se concluye vaciando de "contenidos" el
plan de estudios: por no aceptar ningún momento de parcelación del
saber, se concluye desconociendo el valor que las disciplinas han tenido
en el desarrollo de la ciencia y se retiran de la formación contenidos
fundamentales.
Una última situación a tener en cuenta
es el trabajo, considerado como la producción de bienes o servicios
socialmente útiles. El trabajo se privilegia como situación educativa
especialmente en las modalidades de formación profesional. Sin embargo
puede hablarse de trabajo en un sentido más amplio, incluyendo además de
la participación de los alumnos en situaciones concretas de desempeño
profesional, su intervención en equipos de la misma institución
formadora que realicen actividades de docencia, investigación o extensión.
La opción por estas situaciones de aprendizaje se funda en la consideración
del sujeto social como unidad socio-histórica que se construye en
interacciones reales y significativas.
Combinando estas diferentes situaciones
de aprendizaje es posible construir diversos tipos de unidades
curriculares, con diferentes estrategias metodológicas. Un plan de
estudios podría elegir sólo un tipo de unidad o combinar diferentes
tipos, a lo largo de todo el plan o en alguno de sus ciclos. Es posible
que la experiencia previa de formación de los constructores del currículum
los incline a preferir una u otro tipo de unidad, incluso que existan
influencias de tipo administrativo, de organización institucional o
condiciones de trabajo, que inclinen la balanza en favor de un determinado
tipo.
Bourdieu y Gros, en su documento, se
refiere a la conveniencia de que los planes de estudio combinen diferentes
tipos de unidades. Se habla, por ejemplo, de no limitar el trabajo de los
alumnos a la asistencia a cursos —no confiar tanto en el valor de la
"exposición" de los estudiantes al profesor—, de organizar
trabajos dirigidos y talleres interdisciplinarios en los que los docentes
compartan la misma situación de enseñanza-aprendizaje. En otro punto
plantean la conveniencia de experimentar las enseñanzas "en común",
reordenando las "materias" para escapar de los límites
estrictos que la tradición ha ido construyendo alrededor de ellas, y
agrupar los contenidos siguiendo "otras lógicas", como la de
los intereses o las aptitudes.
Cada una de las unidades debería
incluir, además del listado de contenidos, el aporte que se espera de
ella para el logro del profesional que se pretende formar. En la etapa de
desarrollo del currículum, cada unidad estará a cargo de un docente o de
un equipo, y entonces es cuando la unidad de la propuesta puede
fragmentarse. Por eso es importante que el programa sintético de cada
unidad le de informaciones al equipo no solamente sobre ese espacio
parcial que estará a su cargo, sino sobre su relación con la totalidad
de la propuesta formativa. Sólo a partir de esa "exposición de
motivos", que haga transparente el significado de la posición de la
unidad en el plan de estudios, los programas podrán actuar como guía,
como un instrumento que oriente el trabajo de los docentes, y no una orden
que deben cumplir; serán programas "efectivamente" flexibles y
podrá plantearse en términos más "reales" la cuestión de las
"correlatividades".
Al presentar las unidades curriculares y
su ubicación en el plan, se plantea la cuestión de la coherencia
interna. ¿Cómo garantizar que las unidades efectivamente se articulan
para constituir un plan que, en su conjunto, sea la explicitación de una
intencionalidad "educativa" determinada? Es preciso atender a lo
que Alicia de Alba llama la "congruencia interna",20 para
referirse a la relación entre las diferentes unidades curriculares. Se
trata de formular de manera explícita las "promesas" o los
compromisos de apoyo entre las diferentes unidades, ya sea como
antecedentes —porque se consideran base para el desarrollo de otras— o
como consecuentes —porque se proponen trabajar a partir de conocimientos
o capacidades adquiridos en unidades anteriores.
Es común que los
"constructores" de planes de estudio caigan en excesos cuando se
proponen esta tarea, lo que traba la circulación de los alumnos en el
plan. Demasiadas reglas hacen tan imposible el juego como la ausencia
total de reglas. Por eso es conveniente hacer el esfuerzo de explicitar
los argumentos que hacen necesaria la correlatividad, incluso incluirlos
en el programa de cada unidad. En resumen, se trata de informar claramente
a los docentes sobre los niveles de entrada y salida que se pretenden para
los alumnos, en términos de competencias.
Antes de dejar este tema, es necesario
decir algunas palabras sobre lo que se ha dado en llamar "contenidos
transversales". Pareciera, a veces, que se considera suficiente
"reconocer" su importancia, sin presentar claramente una
propuesta sobre su integración en el desarrollo del plan de estudios. Se
mencionan, se separan cuidadosamente de los contenidos propios de las
unidades, se "promete" que en todas se trabajará sobre ellos.
Sin embargo, en la mayor parte de los casos, todo esto no es más que un
complejo proceso de exclusión, que ahorra a los "constructores"
del plan el complejo problema de pensar cómo incluirlos efectivamente.
¿Cuáles son estos contenidos
"transversales"? Se trata de destrezas y disposiciones
intelectuales y valorativas que tienen que ver con la cultura de nuestro
tiempo,21 y que crean las condiciones necesarias para ampliar los márgenes
de participación del individuo en la sociedad. Pueden citarse, a modo de
ejemplo, algunos "contenidos" que mencionan Bourdieu y Gros:22
la capacidad de poner en práctica el conocimiento, el manejo de las
diferentes formas de pensamiento -deductivo, experimental, histórico,
reflexivo y crítico-, el dominio de técnicas de trabajo intelectual, de
métodos de producción de conocimientos. Cullen agrega que el pensamiento
crítico articula la razón instrumental (dominio de las reglas del diálogo
y la argumentación), la razón interpretativa ("comprensión"
de los contextos de significación, saber ponerse en el lugar del otro) y
la razón autónoma (critica con base en argumentos, que reconoce las
diferencias y mantiene la coherencia).
La preocupación de Tenti Fanfani porque
se abra en todos los planes de formación de profesionales un espacio para
las ciencias sociales tienen que ver con este tema. No puede olvidarse que
el profesional trabaja con personas, con las que entabla relaciones
particulares, en un contexto social determinado. Sin embargo, esta
capacidad de reflexionar sobre los problemas de su ámbito de acción
profesional, en una reflexión que exceda el marco estrecho de las
cuestiones técnicas relacionadas con lo que podríamos llamar "un
ejercicio competente", es una de las cuestiones que más comúnmente
se sacrifican en la lucha por espacios cada vez más técnico-instrumentales
en el plan de estudios.
Otra cuestión que también se deja de
lado con extrema facilidad es la preocupación por desarrollar en los
estudiantes la capacidad de expresarse correctamente.23 Esta deficiencia
en el manejo más o menos correcto de la lengua materna se detecta con
suma facilidad no sólo en los escritos y los discursos de los
estudiantes, sino también en los de muchos profesionales formados por
nuestras universidades. El abuso de frases hechas, las interrelaciones sin
sentido entre las frases, la recitación de textos memorizados, las
opiniones del sentido común, se unen a las incorrecciones semánticas,
ortográficas y sintácticas24 que abundan en sus textos orales y
escritos.
No se trata de proponer la creación de
unidades en las que estos contenidos se concentren y "aíslen",
sino de diseñar formas y establecer procedimientos a través de los
cuales se garantice su inclusión en todos los espacios cuericulares, en
situaciones educativas basadas en las disciplinas, en la interdisciplina o
en el trabajo. Puede haber quienes piensen que estas deficiencias son
meramente "adjetivas", que se reducen a una cuestión de mayor o
menor refinamiento en la formación. Sin embargo, sería fácil demostrar
que se relacionan con disposiciones mentales poco críticas y que llevan a
ocuparse de las cosas sólo como temas de examen —más "preocupación"
que auténtica ocupación, según la expresión de Karel Kosik.
Un último capítulo en el plan debería
referirse a los procedimientos que asegurarán una ejecución coherente y
un proceso permanente de revisión y actualización. Nuestra presentación
podría llevar a pensar que el plan es algo más o menos definitivo, sólido
en cierto sentido. Es bueno recordar aquí el título del libro de
Marshall Berman sobre la modernidad: "Todo lo sólido se disuelve en
el aire". Es decir, el plan de estudios debe imaginarse como un mapa
en movimiento, que está vivo en la medida en que se cuestiona, se debate,
se modifica. No es más que una "concreción" provisoria; como
lo afirma del amor en uno de sus poemas Vinicius de Moraes, "será
eterno en cuanto dure".25
¿Qué tipo de procedimientos garantizarían
este "moverse" del plan en el tiempo? El primero sería prever
mecanismos para que todos los actores conozcan el plan de estudios en su
versión completa. Las versiones resumidas con los nombres de las
materias, con gráficos a todo color que muestran los ciclos y sus
posibles articulaciones, incluso con los contenidos mínimos, sólo sirven
para el afuera. Los actores —con mayor razón cuando al mismo tiempo se
pretende que sean "autores"— deben poder ver en cada momento
el lugar en donde están en el mapa global. Algo así como los mapas que
se colocan en las líneas de subterráneos para orientar al viajero, con
una flecha que señala el lugar y una leyenda que dice más o menos
"Usted está aquí". Cada equipo docente debe
"reconocer" su parte —que es al mismo tiempo su
"espacio"— y saber qué contribución se espera de su
participación en el proceso, qué es lo que le toca hacer y por qué.
Este "saber" es lo que le permitirá ir modificando el programa
de la unidad curricular a su cargo para lograr mayor coherencia con el
plan de estudios.
Un segundo procedimiento podría ser
prever reuniones para presentar y discutir los programas de las unidades,
para programar actividades en común, para evaluar la marcha de la ejecución
y proponer modificaciones que actualicen o perfeccionen el plan. Se trata
de "negociar" un sentido para el plan de estudios, de pararse a
pensar qué es lo que cada uno puede garantizar que los estudiantes
"aprendan" cuando hayan terminado de cursar su materia y por qué
considera que esos aprendizajes constituyen una contribución importante
para su formación. De esta manera, todos avanzarán juntos hacia la
construcción de un texto que sea menos ambiguo que una lista de materias
con contenidos mínimos y objetivos.
El currículum es un texto social, una
obra "en cooperación", porque supone un grupo de educadores
interactuando entre ellos y con sus alumnos. No debería ser resultado de
decisiones "individuales" yuxtapuestas, porque en ese caso no
sería un texto, sino un agrupamiento sin sentido de palabras. Algo
parecido a la visión de la historia que pone Shakespeare en boca de uno
de sus personajes: "un cuento sin sentido contado por un
idiota". Este trabajo en cooperación no debería entenderse como una
amenaza para la "libertad de cátedra", la "autonomía"
de cada profesor. Es asumir la tarea con los otros, trabajar en diálogo,
tener conciencia de que se está construyendo un texto
"colectivo".
Los equipos docentes deben entender que
trabajan en la puesta en marcha de un plan de estudios y no en un espacio
aislado. Ninguna cátedra es, en sí misma, un plan de estudios: por eso
debe "articularse" con todas las otras.26 Cuando falta esta
conciencia, el plan de estudios acaba destruyéndose en pequeños
fragmentos, tantos como "materias" se hayan propuesto; cada
profesor hace su programa sin conocer ni siquiera los programas de las
"materias" que supuestamente se relacionan con la suya (sea
porque aportan contenidos o porque se los demandan). Hablar de plan de
estudios, en este caso, es sólo un eufemismo para nombrar el caos.
Un tercer procedimiento se relaciona con
la propuesta de Stenhouse de entender el currículum como investigación.
El plan de estudios debe promover y facilitar las realización de
experiencias e investigaciones, cuyos resultados se den a conocer a todos
los profesores y alumnos y sean analizados y discutidos. Si el plan se
cierra a esta posibilidad, renuncia a su dinámica más importante y
empieza a "repetirse". Es un texto memorizado que se
"declama" una y otra vez, sin pasión ni reflexión crítica.
Las investigaciones deben abordar
cuestiones relacionadas con los cambios en el contexto social, las formas
de organización del trabajo y el ejercicio de la profesión en esos
nuevos contextos. Los resultados de este tipo de investigaciones permitirán
actualizar el perfil, incorporar nuevas competencias, nuevas áreas de
acción y, como consecuencia, realizar ajustes en el plan. Otra línea de
investigaciones y experiencias se relaciona con la implantación del plan
de estudios: estrategias metodológicas, formas de evaluación de los
aprendizajes. representaciones de los profesores y de los alumnos sobre el
plan de estudios.
Un trabajo de investigación que podría
servir de base para la reformulación del plan, es hacer un esfuerzo por
reconstruir el sentido del plan de estudios vigente. Más allá de la
lista de materias, ¿qué es lo que los profesores de la carrera piensan
que están haciendo? ¿qué creen que los otros están "enseñando"?
¿qué piensan que deberían "enseñar"? Una investigación de
este tipo pondría al descubierto numerosas incongruencias, mostraría que
el plan que tiene en su cabeza cada docente es diferente del que pensaron
sus constructores y del que están pensando los otros docentes que
trabajan junto a él en la misma carrera. Lo que se presenta como un único
texto —el plan de estudios— es, en realidad, sólo una ilusión.
Hemos procurado hasta aquí exponer
nuestras expectativas sobre lo que esperamos encontrar en un plan de
estudios. Estas reflexiones esbozan también una respuesta a la pregunta
¿cómo hacer —o reformular— un plan de estudios? Muchas personas
pueden pensar que responder esta pregunta es sencillo: se trata de decidir
qué materias tiene que aprobar el alumno para obtener el diploma. Por
eso, la mayor parte de los planes de estudio —o al menos los documentos
que se hacen públicos con ese título— son apenas extensos listados de
contenidos o gráficos que muestran la secuencia prevista para las
diferentes "materias", en los que es muy difícil leer las
"intenciones" de sus autores (incluso decidir si en realidad
existen "intenciones" verdaderamente "educativas").
Estos planes de estudio se han
construido, en general, desde el "parecer", a partir de
"opiniones" de alumnos y profesores, fundadas en sus
experiencias previas o en informaciones sobre otros planes de la carrera,
muchas veces producto de una lectura de textos mutilados que no explicitan
su comprensión de la realidad ni la posición que los actores asumen
frente a ella. Cada uno trae su propuesta de cambio de plan —que se
reduce casi siempre a agregar, suprimir o unir "materias" o
modificar su lugar en la secuencia— y la pone en discusión, con mayor o
menor capacidad oratoria. No se discute el papel —"los
papeles" podríamos decir— que están desempeñando los
profesionales en el contexto, la imagen de sociedad que se propone y en qué
sentido se hace entonces necesario un cambio en la formación de esos
profesionales. Lo más común es que se actúe más en defensa de cuotas
de poder al interior de las facultades o departamentos, que con la
preocupación de reflexionar sobre la carrera y la proyección social de
la profesión.
Esta situación pone en evidencia qué es
lo que en general se entiende por plan de estudios, más allá de
cualquier declaración: un conjunto de materias. Además, pone en
evidencia la pretensión de "universalidad" de los planes de
estudio, que implica suponer que tanto la formación como el ejercicio de
la profesión son independientes de la realidad de los contextos
particulares en los que están inmersos. Para los alumnos una lista de
vallas ordenadas en el tiempo que hay que ir saltando para llegar al final
de la carrera y ganar el diploma. A partir de esta concepción nos contestó
un alumno que el plan de estudios él lo utilizaba para tachar.
El plan se piensa como un paquete de
contenidos distribuidos en "materias". Esas materias —más que
"disciplinas" en sentido estricto, agrupamientos de
contenidos— quedan en las manos de "especialistas", que
definen tanto el alcance de los contenidos incluidos en el espacio
curricular que les asigna, como las formas de "enseñarlos". Y
no se trata aquí de proponer una reflexión de los profesores sobre la
cuestión didáctica —lo que no dejaría también de ser muy útil—,
sino de que se asuman como co-responsables en la ejecución de un plan de
estudios. Esto supone entender que se ha decidido incluir esos contenidos
en el plan de estudios en función de que los estudiantes
"aprendan" ciertas cosas que se consideran relevantes para el
profesional que se pretende formar, y que esas cosas no son sólo
informaciones, sino también disposiciones y capacidades.
Por eso hay tantos planes que no pasan de
una lista de materias. Hasta cuando se incluye una presentación esquemática
de cada unidad, no es más que un programa resumido, sin nada que indique
el por qué ese espacio curricular se ha incluído en el plan, en qué
sentido se espera que contribuya para que los alumnos desarrollen las
capacidades que se considera que definen el perfil del profesional que se
pretende alcanzar.
En general, los planes de estudio son
algo así como el catálogo de una exposición, de un salón de artes plásticas,
que reúne en un orden establecido por los organizadores, obras de varios
autores. En algunos segmentos —dos o tres obras de un mismo artista—
nos parece descubrir algún sentido en el orden: Composición I y
Composición II, por ejemplo, o Encuentro I, II y III. Pero incluso los títulos,
aunque puedan tener alguna resonancia para nosotros, son arbitrarios y
apenas apuntan a una emoción estética que el autor piensa que
compartiremos con él. No nos adelantan el significado que tendrá el
mirar la pintura para cada uno de nosotros y para los infinitos otros que
la contemplen. En ese catálogo, los títulos de las obras son apenas los
nombre de los nombres de la pintura, como la canción de Alicia en el país
de las maravillas.
Este "modelo" de plan de
estudio, unido a las características de la institución universidad,
generan un cierta desesperanza cuando se trata de construir y ejecutar un
currículum como una totalidad con sentido. Pareciera que la extrema
dispersión del poder en la universidad hace poco posible mantener la
coherencia del plan que, en la práctica, tiende a autodestruirse, tanto
cuando se ha partido de un esfuerzo por construirlo como un discurso
coherente sobre la actividad profesional en un contexto determinado, como
cuando es resultado de una mera yuxtaposición de "ideas"
individuales.
Sin embargo podría pensarse que esta
restricción vale solamente cundo se piensa en el currículum como un
documento excesivamente prescriptivo. Si se propone un currículum que se
construye cotidianamente, a partir de una propuesta educativa claramente
formulada y suficientemente discutida y negociada entre todos los actores,
esas limitaciones pueden transformase en condiciones favorables. Pero una
transformación de este tipo supone un largo y doloroso proceso de
desestructuración que muchos de los actores/autores pueden no estar
dispuestos a soportar. Sería necesario recuperar la confianza en el diálogo,
aceptar el trabajo conjunto y, sobre todo, soportar la "incerteza".
Italia está verdaderamente gobernada por
profesores universitarios? En muchos aspectos se puede decir que sí. Hace
algunos meses, por ejemplo, Il Mondo, 6 de marzo 1998, hizo un mapa del
poder controlado por los profesores, eligiendo un centenar de profesores
universitarios que tienen responsabilidades de gobierno o de dirección, y
sugirió que la tendencia a dar este tipo de cargo a profesores, ya muy
fuerte desde hace tiempo, se ha acentuado con la llegada del Olivo. La
lista de Il Mondo está todavía incompleta. Muchos profesores tienen un
tipo de cargo poco visible o invisible, y quien sabe si vamos a lograr
alguna vez tener una lista completa.
El partido de los profesores
En todo caso, el fenómeno es interesante
y merece alguna que otra consideración. En estas páginas quisiera
come