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A Pérez Esquivel
es Premio Nobel de la Paz y miembro de la Auto convocatoria
No al ALCA
El ALCA es un peligro
Sin duda soplan vientos de cambio hoy en nuestro país, animando las
expectativas de importantes sectores de la población y abriendo
horizontes de construcción que hace pocos meses eran impensables. Cobran
un valor significativo los intentos del nuevo gobierno de recuperar el
rumbo perdido y restablecer el Estado de Derecho, así como también el
correcto funcionamiento de las instituciones del Estado. Pero la clave de
la dirección y la profundidad de los cambios que se logren producir estará
formada por el debate y la movilización de los ciudadanos.
En este sentido nos parecen alentadoras y a la vez preocupantes las
apreciaciones del canciller Rafael Bielsa (argentino) vertidas en una nota de opinión
publicada por Página/12 el 4 de octubre (“El cambio es lo único
permanente”). Alentadoras porque el canciller asume la responsabilidad
de plantear ante la sociedad la visión detrás de la estrategia
negociadora adoptada por el gobierno. Pero preocupantes en su esencia, ya
que nuevamente parece ausente lo que debería ser el eje fundante de toda
política del Estado: la defensa y la promoción de los derechos humanos
de toda la población y, sobre todo, sus integrantes más necesitados.
Refiriéndose a las distintas negociaciones comerciales en curso, entre
ellas las de la Organización Mundial de Comercio recientemente fracasadas
en Cancún, como así también las que buscan crear para el año 2005 un
Area de Libre Comercio entre EE.UU. y 33 países más del hemisferio (el
ALCA), el canciller afirma que “la Argentina no debe ni necesita optar
por un sector en particular”. Dice que precisa negociar “en procura de
un objetivo único, que abarque a toda la sociedad: aumentar el acceso de
la producción nacional al mundo”. Si bien se hacía referencia concreta
a la histórica pugna planteada entre sectores agroexportadores y los de
la industria criolla, vale la pena preguntarnos: ¿cómo entran, en
realidad, en esa ecuación, los intereses y derechos del conjunto de la
sociedad argentina?
Desde los años de la dictadura y el menemato de los ‘90, a la sociedad
en su conjunto le debe haber quedado claro que la apertura indiscriminada,
el mero aumento de las exportaciones o el crecimiento de algunos no se
traducen automáticamente en mayor bienestar para todos y todas. Al
contrario, han sido herramientas privilegiadas del peor proceso de
redistribución regresiva del ingreso jamás vivido en nuestro país desde
los tiempos de la conquista y colonización española. Una política
negociadora que tome como horizonte único el aumento de las
exportaciones, corre el riesgo de dejar afuera lo que justamente se dice
querer defender, que es el verdadero interés nacional.
En las actuales negociaciones, por más importante que sea el debate de
alternativas frente al proteccionismo y los subsidios estadounidenses y
europeos no se puede desconocer que el objetivo principal buscado por los
países centrales es la entrega de la soberanía. Con ella se irá
cualquier posibilidad de revertir los procesos de transformación y saqueo
operados en el transcurso de las últimas tres décadas.
La propuesta del ALCA, impulsada por EE.UU. como un “secreto de
estado” durante casi una década, es un ejemplo contundente. Lo que
propone EE.UU. es una liberalización total de los términos de inversión,
equiparando el trato hacia los capitales transnacionales al de los
capitales nacionales e incluso elevando los derechos de las empresas
extranjeras por encima de la ley y la Constitución Nacional. Según las
intenciones de EE.UU., pasarían a la historia instrumentos claves de una
política de desarrollo autóctono, como son el “compre nacional”,
requisitos de empeño o de protección a la salud y el medio ambiente y
preferencias hacia determinadas zonas o sectores del consumo y producción
como cooperativas, empresas recuperadas, pequeños y medianos empresarios,
mujeres y pueblos originarios. Con el ALCA, la acción afirmativa del
Estado en resguardo de los derechos de la población a la educación, la
salud, la tierra y el agua quedaría sujeta a los intereses supuestamente
superiores de las empresas transnacionales, y cualquier conflicto sería
automáticamente dirimido en una cuasi-jurisdicción constituida, entre
otros, por las propias empresas demandantes.
El peligro que representa el ALCA –definido por algunos estadistas
latinoamericanos como “la anexión a EE.UU.” más que un tratado
comercial-, no puede tampoco ser visto como un hecho aislado. Forma parte
de un proyecto de dominación que abarca además la “integración” de
las fuerzas armadas de la región –objetivo preciso de los recientemente
suspendidos ejercicios militares “Aguila III”–, el condicionamiento
permanente del FMI, el Banco Mundial y demás “acreedores” de la deuda
eterna y las fuertes presiones del gobierno de EE.UU. en contra de las
posiciones avanzadas por Argentina y el resto del Grupo de los 22 en la
OMC.
Es decir que vienen por mucho más: desde el oro de Esquel hasta las aguas
del Iberá, pasando por la privatización de la educación y la salud y la
mercantilización de todos nuestros derechos humanos. Por eso se exige a
la ciudadanía y al gobierno una alerta máxima y un cambio todavía más
a fondo en las estrategias adoptadas.
En una entrevista reciente con el Presidente Néstor Kirchner, le pedimos
que el gobierno se retire de las negociaciones del ALCA e impulse una
campaña de esclarecimiento y consulta hacia el conjunto de la sociedad.
Pero asumiendo también nuestras responsabilidades, desde la
Autoconvocatoria No al ALCA estamos organizando unas Primeras Jornadas de
Consulta Popular para informar e invitar a toda la ciudadanía a
pronunciarse sobre el ALCA, la deuda y la militarización. El gobierno
tiene la obligación de escuchar al pueblo y representar los intereses de
toda la Nación. Nosotros, de seguir movilizando por los cambios de forma
y de fondo, que entendemos hacen a una vida digna para todos y todas
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