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Adolescencia, identidad y creación artística
Ana Bonilla
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Otros textos: El problema de la creación artística - El ensayo como búsqueda y creación

Septiembre 2001
Aquellos que viven en un aislamiento impuesto, que son retirados del mundo, arrancados de su intimidad y simultáneamente arrojados a ella en su forma más radical, pueden encontrar en la creación salidas por la vía de la expresión en todas sus posibilidades, salidas que les permitan transcribir en un pasaje de signos, su dolor, sus vivencias, sus vidas.

 María Laura Sierra

Mi interés por realizar un estudio sobre la influencia de la actividad artística en la construcción de la identidad en el adolescente, se basa principalmente en el trabajo que he venido desarrollando desde 1986 en colegios de la ciudad de México.

La inquietud surgió cuando, hace 8 años, tuve la oportunidad de impartir la materia de Artes Plásticas con alumnos de nivel secundaria que habían sido rechazados de distintas instituciones educativas; por problemas de conducta, por adicción a las drogas, o por conflictos de desintegración familiar.

El reto que se me presentó en un inicio, fue el buscar un medio de comunicación que les permitiera expresar toda la carga emotiva a la que estaban sometidos. Esto me llevó a cuestionarme ¿de qué manera hacer que el taller de Artes Plásticas fuese un canal de comunicación con el exterior?

En un primer momento me planteé indagar sobre las distintas problemáticas  que existen entre ser niño y ser adolescente, puesto que yo había estado trabajando en ese entonces con alumnos de primaria.

El niño tiene la capacidad de establecer un vínculo con el exterior a partir del juego, es capaz de experimentar con los materiales de forma directa y expresiva, se comunica inventando y recreando sus propias imágenes. El adolescente, en cambio, busca a partir de la construcción de referentes, de ideales que lo acerquen más con su verdad; necesita poner a prueba la realidad una y otra vez porque está en búsqueda de su identidad. Este aspecto lo enfrenta a luchar por librarse de las identificaciones adquiridas en la niñez; pero al mismo tiempo que elaborara una nueva identidad, en su proceso de búsqueda parte de experiencias, atribuciones, expectativas, etc., previas más o menos consolidadas, que ahora son interpretadas en función de los nuevos vínculos sociales que lo condicionan socialmente.

El trabajo con estos jóvenes lo desarrollé por un lapso de 4 años, el desarrollo creativo tuvo distintos efectos en cada uno de los alumnos, pero en la mayoría de los casos fue de gran ayuda para restaurar e integrar su propia individualidad, frente a sí mismos y por consiguiente frente a los demás.

Esto me permitió examinar y replantear las diferencias y coincidencias que existían dentro de cada disciplina artística. Los distintos materiales y actividades les proporcionaron nuevas posibilidades a desarrollar, en el ejercicio mismo de su necesidad, con las que fueron enriqueciendo su búsqueda y fortaleciendo su vínculo con el exterior.

A partir de esta experiencia me interesé por trabajar más profundamente éstos aspectos, tanto desde el punto de vista psicológico, educativo y social, como desde la práctica misma de la actividad artística, con el fin de investigar en el arte nuevas vías de comunicación más allá del ámbito escolar.

La hipótesis que pretendo plantear es de qué manera el arte puede ser una vía alternativa de comunicación para el adolescente, y si es posible que esto permita contribuir a la construcción de su propia identidad, reinterpretándola creativamente. Lo que me interesa examinar es cómo acercarnos a la problemática de la adolescencia desde un lugar que nos permita pensarla, no como una mera crisis de desarrollo, sino como un momento en el que se incluya la posibilidad de crear y cuyo fin sea intentar transitar de la expresión a la comunicación a través de una autonomía creativa.

La idea de este proyecto es exponer la problemática que vive el adolescente, cómo se manifiestan sus emociones y sus relaciones sociales con el mundo al que se enfrenta y difundir la actividad artística como un instrumento de desarrollo y de integración social entre los distintos ámbitos sociales y culturales con los que se enfrenta el joven. Creo que es fundamental mirar este aspecto tanto desde el ámbito local, como en sus expresiones más amplias, nacionales y universales; sin dejar de lado las características individuales que cada cultura posee.

 

 

Identidad

 

A todos en algún momento, se nos ha revelado nuestra existencia como algo particular, intransferible y precioso. Casi siempre esta revelación se sitúa en la adolescencia. El descubrimiento de nosotros se manifiesta como un sabernos solos; entre el mundo y nosotros se abre una impalpable, transparente muralla: la de nuestra conciencia. Es cierto que apenas nacemos nos sentimos solos; pero los niños y adultos pueden trascender su soledad y olvidarse de sí mismos a través de juego o trabajo. En cambio, el adolescente, vacilante entre la infancia y la juventud, queda suspenso un instante ante la infinita riqueza del mundo.                                       

Octavio Paz
 

¿Qué es la identidad y cómo surge en el desarrollo del adolescente? Identidad, significa principalmente adecuación y fortaleza del yo: equilibrio, madurez, integridad personal, razonabilidad y confiabilidad; adecuado grado de satisfacción personal y de adaptación y responsabilidad social; expresión espontánea y seguridad en uno mismo.

La identidad del individuo se desarrolla desde la niñez, con las experiencias positivas y negativas que se adquieren durante el desarrollo psicológico, social y fisiológico. El concepto de identidad es un término muy amplio que engloba los aspectos generales de la personalidad del sujeto en su totalidad, en las que se suscriben fundamentalmente la integración de nuevas culturas y su asimilación de normas sociales, valores, creencias, costumbres, etc…, que determinan las características e interacciones personales y sociales de los componentes más significativos en el mundo único y personal del ser humano.

Giddens nos dice:  “La identidad del yo es el yo entendido reflejamente por el individuo en función de su propia biografía, la cual, sin duda, está condicionada socialmente”. La adolescencia es el punto más crucial del ciclo vital para la conformación de la identidad y de igual manera, representa una sensación singular de la individualidad. Pero para adentrarnos en esta problemática, necesitamos conocer cómo se configura el desarrollo personal del adolescente, cuáles son los aspectos que lo condicionan para constituirse como sujeto y con qué elementos cuenta para enfrentarse a estos cambios.

Erik Erikson nos explica que el crecimiento del adolescente requiere soportar una continua transformación: “Para crecer se necesita cotidianamente superar problemas y cambiar, en esta etapa de crisis se enfrenta a un cierto grado de desorganización y confusión, que la expresa preguntándose frecuentemente ¿Quién soy yo?”. El joven se busca a sí mismo y esto le obliga a crear una imagen propia. En su intento por encontrar sus propios modelos de definición, el adolescente vive en un estado de gran controversia. En muchos casos, teme mostrar su sensibilidad sobre todo aquello que puede construir, por lo que oscila continuamente entre la infancia y la edad adulta, buscando referencias que le permitan adentrarse a su realidad. Él sabe que ya no es un niño que depende de los adultos, pero se encuentra en un momento de gran confusión porque tiende a pensar que, el único modo de mostrar su independencia es el de avanzar sin remedio por un camino que lo conduzca a descubrirse, pero a la vez siente un fuerte temor por renunciar completamente a su emotividad.

Debemos de tomar en cuenta que ésta elaboración de su identidad está condicionada socialmente, lo cual pone de manifiesto una mayor presión sobre sí mismo a la hora de enfrentar los aspectos claves de su relación con su entorno. Lograr un sentimiento de unidad y coherencia de sí mismo no es un trabajo fácil, los sentimientos de impotencia a los que se ve sometido en la búsqueda de definiciones fundamentales de su vida lo confrontan, no sólo con una proyección personal, sino social.

Los jóvenes van conformando su identidad a partir de los otros, y es a través de su grupo de amigos como se va gestando su identidad psicosocial, pero el joven no es un mero receptor de esas influencias, también  las cuestiona bajo el tamiz de la interpretación y de la selección perceptiva de la presencia exterior.

Es importante enfatizar que no todos los adolescentes afrontan estas cuestiones del mismo modo. Debemos considerar que el adolescente por el hecho de vivir una etapa de cambio, no necesariamente sufre negativamente esta transformación, plantearlo así sería encasillarnos en una visión que oscurece otras posibilidades de mirar la realidad de su propia experiencia.

La forma en que los adolescentes se ven a sí mismos depende en buena medida de cómo creen que los demás los ven. La obsesión del joven por la imagen que los demás poseen de él y la creencia de que continuamente está siendo observado por los otros, puede diferir de cómo son percibidos en realidad.

Cualquier transformación de nuestra personalidad y de nuestra identidad pasa por un cambio importante en las relaciones y en la comunicación interpersonal. Por tanto, en buena medida, el individuo encuentra en el grupo una identidad prestada que asume, evidentemente con matices, como propia. Si bien, existe todo un complejo proceso de articulación de la identidad personal y social que no supone sino, un fiel reflejo de la complicada controversia del conflicto entre el individuo y la sociedad.

Trabajar conjuntamente es incorporar su propia historia a la vida social. La interacción grupal, en estas edades de conformación de la identidad y vinculada al ámbito académico en el que se desarrollan multitud de procesos psicosociales, es pues, un instrumento de formación para el individuo. En este proceso de desarrollo, el aprendizaje y la socialización son esenciales para la manifestación y el progreso de su creatividad. Por ello, debemos escucharlos y otorgarles las herramientas necesarias con las que logren impulsar sus propios modelos de exploración mediante actividades grupales que fomenten su identidad como sujetos individuales dentro de un ámbito social.

Determinar las huellas de nuestra identidad es lo que nos permite llegar a conocer lo que somos. Pero para dar una respuesta adecuada a los problemas e interrogantes que nos plantea nuestra época es necesario identificar la fragmentación en la que se encuentra sumido el sujeto, buscar garantías de libertad personal es un aspecto crucial de la identidad. Los sentimientos de separación y de autonomía son necesarios para explorar y favorecer este proceso de individualización. En este sentido, la actividad artística puede ser una vía de conexión con este proceso de búsqueda, no se trata de abordar este aspecto como si fuese meramente una “crisis” que hay que combatir o curar mediante una terapia artística, sino más bien proporcionarle una alternativa para expresarse y sentirse acompañado.

Winnicott nos recuerda: “La crisis de adolescencia solo dura un tiempo y el tiempo es su remedio natural”. En todo caso esta “crisis” debemos aceptarla como parte de una forma de transformación del individuo, como un modo de búsqueda de identidad que pueda concebirse en un proceso de ensayo y error que induzca al joven a luchar por construir sus propias identificaciones, porque él mismo no pide tan sólo ser comprendido, sino respetado.

El ser humano como ser libre, es responsable de su aprendizaje y desarrollo. El respeto a esta individualidad implica no quitarle al joven la oportunidad y el derecho de crecer y aprender a ser responsable. Fomentar su capacidad inventiva, y buscar los elementos adecuados que les permitan establecer en actos la exploración de sus propias emociones, más allá de la palabra, es ofrecerles otras posibilidades de simbolización en la construcción de su individualidad.

Es importante dejar claro que aunque esta afirmación es optimista y nos permite replantear nuevas rutas de acceso a esta problemática, habrá que encontrar los caminos adecuados que nos permitan atravesar ese vacío incierto que llamamos búsqueda, elaborando proyectos artísticos para cada caso específico.

Lograr transitar entre el vacío y la intuición, es un aspecto característico de la actividad creadora, es la dualidad que existe entre lo que se conoce y lo que se ignora. Esto no es un trabajo fácil de abordar, mas que en el reconocimiento singular de cada experiencia. Pero nos conduce a reconocer que existen infinidad de variantes con las que debemos enfrentarnos al tratar de llevar a cabo un trabajo creativo en cualquier ámbito específico. Hay que tomar en cuenta que la diversidad de sectores constituye un real desafío para reconocer los distintos puntos de partida. Respetar la pluralidad nos supone la existencia infinita de posibilidades de llegada equivalentes, no idénticas, donde todos puedan ejercer un pensamiento crítico, donde todos puedan razonar, donde todos puedan crear

 

Relato de una experiencia

 

La búsqueda de un futuro termina siempre con la reconquista de un pasado.

 

Octavio Paz

 

Cuando acepté dar clases en una escuela secundaria de la ciudad de México en 1991, nunca me imaginé que un grupo de adolescentes de 15 y 16 años me enseñarían que el único arte incuestionable y verdadero es aquel que nos atraviesa a todos, el doloroso arte de aprender a vivir.

Los alumnos con los que trabajé en ese colegio, habían sido remitidos de otras instituciones educativas por diversas dificultades de integración social como la adicción a las drogas, conflictos de desintegración familiar y problemas de violencia: estos eran los aspectos más significativos que dieron lugar a conformar este grupo. A todos ellos, en apariencia, los vinculaba un hecho en común, el del rechazo sufrido por distintos ámbitos educativos, familiares y sociales, quedando etiquetados como “inadaptados sociales”.

Es fundamental destacar que era de suma importancia entender las carencias familiares y educativas que estos jóvenes habían presentado anteriormente para comprender el alcance de éstas en su en su conducta actual, con la finalidad de poner en marcha las intervenciones pedagógicas más oportunas para cada situación en concreto.

La actitud de estos adolescentes era muy variada, pero predominaban básicamente dos aspectos: El primero era la gran desconfianza y rechazo hacia los demás y el segundo una profunda sensación de fracaso, que manifestaban constantemente al tener que llevar a cabo cualquier tarea.

Es importante mencionar que el colegio ofrecía a los alumnos de ésta secundaria, además de las asignaturas obligatorias, dos talleres alternativos, uno de Teatro y el otro de Artes Plásticas. Éste aspecto proponía por un lado, el hecho de reforzar sus capacidades expresivas que pudiesen ayudarlos a introducir sus experiencias en forma libre y creadora, pero además se buscaba fomentar en ellos la seguridad en sí mismos  tomando en cuenta sus propias decisiones, al elegir libremente estos espacios artísticos. La finalidad era animar su independencia y autonomía frente a la responsabilidad y el compromiso de escoger por ellos mismos la actividad que más le interesara desarrollar. Cabe mencionar que una vez inscritos, deberían cursar una sola de éstas materias hasta finalizar el año escolar. La gran mayoría de los jóvenes prefirieron la expresión plástica porque se sentían más familiarizados con dicha actividad.

Sin bien la materia de Artes Plásticas tiene la función de brindar al sujeto, distintas posibilidades de comunicación mediante el conocimiento de otras formas de expresión; en este caso era de suma importancia encontrar, en primera instancia, los medios de expresión más adecuados a sus necesidades.

En un primer momento mi mayor inquietud era cómo conseguir que el taller de Artes Plásticas fuese un espacio en el que aquellos jóvenes pudiesen expresar libremente  toda la carga emotiva a la que estaban sujetos. Pero ¿de qué manera emplear y fomentar sus capacidades creativas, con el fin de recuperar su equilibrio emocional con un significado propio y personal? Estos conceptos negativos acerca de ellos mismos me condujeron a replantear una atmósfera de igualdad en el salón de clases, a partir de una participación activa que facilitara la espontaneidad, la intuición y el pensamiento creativo. Por lo que era necesario definir las dificultades y puntos a enfrentar estimulando en primera instancia, su desarrollo individual.

La aceptación primero de sí mismos y luego de los demás, era fundamental para que trabajasen, no con el fin de obtener la aprobación de los otros, sino en términos de sus propios objetivos. El reto era que lograsen desarrollar un juicio crítico que les permitiera evaluar objetivamente sus contribuciones a sí como las de los demás.

Cuando llegué con mi primer grupo, tercero de secundaria, encontré a 25 alumnos y alumnas de entre 15 y 16 años con una gran dificultad para comunicarse.

Lo primero que les pedí fue que realizaran un dibujo libre. Mientras los alumnos trabajaban me acerqué con cada uno de ellos para conocerlos individualmente. La gran mayoría se quejaba constantemente de que no sabía dibujar. Yo les manifesté que no se preocuparan y que expresaran lo que se les ocurriese en ese momento. Al cabo de un rato, y después de haber hablado con cada uno de ellos, me senté en mi escritorio a esperar que terminaran sus trabajos, pero descubrí que me había quedado con el lápiz de alguno de los alumnos. Pregunté al grupo si era de alguno de ellos. De pronto uno de los jóvenes se levantó violentamente y me dijo: “¡ese lápiz es mío!, usted es una ladrona que me lo ha robado”.

Su respuesta me dejo sorprendida, por lo que tomé el lápiz y lo puse sobre el escritorio. Le dije que no me había dado cuenta de haberlo cogido y le pedí disculpas. En ese momento el grupo permaneció expectante y se produjo un silencio absoluto. Yo permanecí sentada y continúe mi trabajo sin dar mayor importancia al comentario. A los pocos minutos el joven, se acercó tomó su lapicero y en voz baja me dijo lo siguiente: “Siento mucho lo que le dije, le pido una disculpa”. Yo lo escuché y le dije que no se preocupara y que volviera al trabajo.

Cuando el grupo observó que mi reacción ante éste hecho no fue un acto de violencia o represalia hacia el joven, entendí que había estado sometida a una prueba. El ambiente de tensión que percibí en un inicio empezaba a dispersarse. A partir de este momento la actitud del grupo fue diferente. Este primer encuentro fue un momento crucial que marcó la pauta para establecer un contacto con ellos, pero yo no lo descubrí hasta tiempo después.

En las siguientes sesiones comenzaron a hablar más abiertamente sobre sus inquietudes y descubrí una participación mucho más activa, particularmente con los alumnos más extrovertidos.

Las distintas personalidades y problemáticas que cada alumno presentaba en un principio, me dieron la pauta para ir desarrollando  ejercicios de forma individual, puesto que cada uno de ellos tenía una percepción y una necesidad específica. Observé que existía una gran necesidad de control sobre sus imágenes ya que elaboraban sus trabajos desde la complejidad de su propia experiencia; por lo que creí necesario, en primera instancia, reforzar su individualidad  para posteriormente ir fomentando la labor grupal.

Al iniciar el taller, descubrí que al confrontarlos con diversos materiales plásticos como la pintura, el dibujo y la escultura, los efectos sobre cada uno de los alumnos eran diversos. Esto me permitió ir encontrando que cada material tenía una función distinta para cada sujeto. De ahí surgió la idea de que fuesen ellos quienes seleccionaran el tipo de material artístico que requerían para expresarse.

Para llevar a cabo este proceso de trabajo fue importante establecer una serie de factores básicos que garantizarán un buen desarrollo de las prácticas. Mi objetivo principal era el de facilitarles un espacio de intercambio y reflexión donde pudiesen manifestar libremente sus sentimientos y deseos, ampliando la visión que tenían de ellos mismos y por ende del entorno al que habían estado sujetos. En este sentido, la expresión creativa podría ser una alternativa que les permitiese identificar y recuperar su integridad como sujetos. Les hice saber que asistir al taller consistía en crear un espacio suyo, donde lo importante era que pudiesen manifestar sus inquietudes y compartir sus experiencias a través de su trabajo. Les hablé del compromiso y el respeto que debíamos adquirir al formar un grupo de trabajo, por lo que durante más de una hora los alumnos expusieron una serie de demandas para poder  comprometerse con el proyecto. La gran mayoría de sus propuestas se basaban fundamentalmente en que se les permitiese realizar obras que no fuesen censuradas y también de que existiese la posibilidad de trabajar con diversos materiales, como el barro, la madera y el óleo.  Yo me comprometí con ellos a trabajar con estos materiales pero les pedí que elaboraran diversos dibujos hasta encontrar la imagen que más les interesara elaborar.

Cuando volvimos a reunirnos me encontré que la gran mayoría había llevado distintas propuestas de imágenes sacadas de revistas, cómics y dibujos. Ellos eligieron los materiales y yo me aboqué a la labor de facilitarles los elementos necesarios para llevar a cabo sus ideas. En un primer momento fue difícil coordinar las diversas actividades, pero descubrí que ellos, al sentirse apoyados en sus demandas contribuyeron en la organización del trabajo.

Es importante destacar que recibí un gran apoyo por parte de los directivos del colegio, ya que me proporcionaron un espacio adecuado a las necesidades que requería el taller. Me facilitaron un área con suficiente luz, agua, así como estantes para almacenar los materiales y las obras de los alumnos. También me permitieron acondicionar un aparato de música que utilizábamos en las horas destinadas al trabajo en clase.  

Una vez que los alumnos iban concluyendo sus trabajos formábamos sesiones dedicadas a hablar sobre las obras que cada uno había llevado a cabo. Dialogábamos sobre los aciertos y las dificultades con las que se habían encontrado al realizar sus proyectos, y descubrí que en muchos casos estas conversaciones les permitían relacionar su trabajo con sus vidas personales.

Era sumamente interesante oír como expresaban sus sentimientos, al hablar de sus proyectos. Cada uno tenía una forma muy personal para expresarse, pero quizás lo más relevante de este hecho era cómo el grupo se iba interesando no sólo por su propio trabajo, sino también por el de los demás. Las críticas más severas eran las que cada joven hacía sobre su propio trabajo, en cambio al hablar de los trabajos de los otros siempre eran mucho menos críticos.

Lo que más me impresionaba era observarlos trabajar; la manera en que se identificaban con su trabajo y la sensación que les producía sentir que estaban creando algo por ellos mismos, representaba otro medio para comunicarse con los otros al recrear sus propios modelos imaginativos iban reafirmando su lugar en ese espacio. La música por otro lado, contribuyó de manera importante con esta experiencia. 

Durante todo el curso fui decorando el taller con las obras de todos los alumnos que iban participado. Esto fue de gran ayuda para incrementar varios aspectos como el sentirse reconocidos, el de mirar ese espacio como suyo, el de reafirmar su identidad, el de alentar el trabajo de los demás, el de generar una atmósfera de igualdad y sobre todo el de poder mirarse y ser mirados. Sus obras habían creado un escenario distinto, eran la presencia activa de un espacio repleto de imágenes vivas.

Conforme fueron avanzando los meses el grupo estableció una comunicación muy importante, no sólo dentro del taller sino también fuera de él. En la gran mayoría de los casos su agresividad fue disminuyendo en otros ámbitos sociales.

Varios maestros nos reuníamos una vez por semana para hablar sobre las distintas problemáticas que presentaban estos alumnos. Poco a poco fuimos percibiendo que con este grupo en particular, se había logrado un cambio de actitud a la hora de enfrentarse con problemas concretos. Se habían vuelto mucho más responsables y comprometidos con las actividades que se les proponían y su participación y desempeño en otras materias de ciencias y humanidades fueron mejorando sustancialmente, por lo que creímos importante recompensar su esfuerzo presentando tanto a los padres como al colegio una exposición de los trabajos realizados en las distintas disciplinas llevadas a cabo durante el año.

Estos alumnos cursaban su último año en la secundaria, así que una vez concluido el ciclo escolar tendrían que examinarse para incorporarse a otros colegios de nivel superior. Por lo que dos meses antes de finalizar este proyecto, le pedí al director de la escuela que nos permitiera pintar un mural en el patio del colegio. La idea era que ellos pudiesen por un lado concluir el trabajo con una actividad grupal; dejando plasmado algo de ellos en la pared principal del instituto. La dirección aprobó el proyecto y realizamos un paisaje integrando distintos tipos de imágenes naturales elegidas por ellos. Este mural es hoy una parte importante de la escenografía del colegio, pero también forma parte de la historia de cada uno de los actores que hicieron posible ese encuentro.

Gracias a la experiencia con estos jóvenes decidí continuar colaborando durante tres años más en este colegio. Cada uno de los grupos con los que trabajé posteriormente, tuvo necesidades diferentes y no en todos los casos los resultados fueron tan favorables como en esta primera experiencia; pero me parece muy importante destacar que debemos intentar acercarnos a los problemas desde una perspectiva distinta; reconocer que es a través de lo incierto como podemos descubrir algo de nosotros mismos. Dejarnos guiar por la intuición es también permitirnos penetrar en la vida, en el alma y en la actividad de las cosas.

Si podemos entender el arte como la expresión de una emoción, más allá de su valor estético, y éste nos permite expresar la realidad de lo que somos empleando imágenes como otra vía de comunicación, quizás logremos darle una salida y un significado distintos a la forma en que nos relacionamos.

Uno de los aspectos más rescatables de esta experiencia fue la manera en que la actividad artística pudo proporcionarles otros medios para expresarse, más allá de la palabra. El tener o no una formación artística no es una condición para que exista en cualquier sujeto la posibilidad de expresar sus vivencias a partir del arte. Como ya hemos visto anteriormente, el adolescente esta en una etapa de profundos cambios que no siempre sabe como expresar verbalmente. Emplear otros lenguajes que estimulen sus capacidades expresivas, canalizar sus emociones exteriorizándolas desde un espacio ficticio, es al menos ofrecerles una vía de exploración distinta, frente al reconocimiento y el desarrollo de sus ideas y sentimientos.

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Quizás lo más extraordinario del trabajo artístico es ser un trabajo esencialmente indeterminado. Se es de tal forma libre, que la parte más laboriosa de la tarea es prescribirla de tal y tal manera: crear el problema más que resolverlo.

 

Paul Valéry

 

Se puede ser creativo en cualquier aspecto de la vida y, para esto, no es necesario ser artista. La creatividad no es un proceso asociado a la inteligencia, aunque este concepto entraña una confrontación que sostiene que sólo ciertas personas tienen "talento" para crear y nada más se promueve y apoya a quienes destacan en campos específicos. Quizás lo que debiéramos preguntarnos es ¿cómo podemos contribuir al desarrollo y la motivación de la creatividad en cualquier ámbito de nuestras vidas?  Si la expresión artística es un campo donde la creatividad juega un papel primordial, ¿por qué no recurrir a ella como un importante vehículo de desarrollo en los y las adolescentes?

De cualquier forma, esto no contradice el hecho de que existen niños, adolescentes y adultos que destacan espontáneamente por tener una capacidad creadora mayor, probablemente vinculada a mayores niveles de inteligencia específica y estímulos recibidos del ambiente y/o mayores niveles de motivación personal.

Para Tomas  Mann: “La creación no es crear y descubrir de la nada, sino más bien infundir el entusiasmo del espíritu en la materia”. Es fundamental que los y las jóvenes se vuelvan sensibles a las actitudes, valores y juicios, mediante su propia experiencia apreciativa y nuestra labor es la de fomentar esa búsqueda a partir de la elaboración de proyectos que contribuyan al desarrollo de su libertad individual.

Existen muchos factores que determinan el carácter y el comportamiento de los y las jóvenes, pero para desarrollar sus capacidades creativas debemos en primer lugar, saber establecer una conexión con ellos; esto supone ponerse en la piel del otro, no desde un camino intelectivo, sino desde el acuerdo y el respeto mutuo. El acto de comprender a otro requiere identificar las motivaciones fundamentales de su comportamiento y las relaciones de sentido de su biografía, mediante una sintonización afectiva con ellos.

El adolescente tiene necesidad de ser escuchado y comprendido y debemos ayudarlo, sobre todo, a aceptar la presencia de la duda y de las contradicciones de la razón, aunque difícilmente se puede obtener esto si no es a través de sumergirse plenamente junto a él en las áreas más confusas de su mente, tolerando juntos el sufrimiento profundo que caracteriza su situación actual, con el fin de afianzar su búsqueda. No se trata sólo de saber, sino de utilizar lo que ya se sabe, esto le permitirá ir descubriendo que el trabajo creativo ofrece sorpresas, porque el individuo nunca conoce del todo lo que cree conocer, y lo desconocido en este caso, no será tan angustiante de enfrentar.

En este sentido, el trabajo artístico constituye una demanda de ayuda contra los aspectos violentos o la indiferencia y el odio que han podido desgarrar e inmovilizar la propia seguridad de algunos adolescentes, llegando a perder la unidad, la continuidad y la identidad de sí mismos. Lo fundamental es estimularlos para que sean ellos los que piensen y aprendan a descubrir sus propios significados y modelos de identificación, aceptando y respetando los valores de cada individuo por distintos y opuestos que estos sean.

Es importante destacar que debemos evitar cualquier tendencia a dar interpretaciones o explicaciones sobre lo que vemos o pensamos, porque estaremos incidiendo de forma inadecuada en su desarrollo; lo importante es que sean ellos los que identifiquen sus problemas y las relaciones emocionales que tengan en el momento de enfrentarse con su trabajo.

Heidegger nos dice: “La esencia del ser es lo inacabado, es decir la presencia simultánea del nacimiento y la muerte”. El mundo imaginario que rodea al adolescente aparece escindido entre estas dos presencias, esto es quizás uno de los fenómenos más difíciles de trabajar, ya que las emociones son infinitamente variadas en cada persona y nuestro primer reto es asumir que debemos ser muy cuidadosos al toparnos con estas cuestiones.

En este sentido, el papel de la creatividad puede ayudar al descubrimiento del problema, su forma de construcción, su identificación, su definición y la manera de plantearlo. Las posibilidades de superación, pueden hallarse en el reconocimiento de que el ser humano no es un ser acabado, sino en constante proceso de cambio, frente a una realidad que es siempre contradictoria.

Para los y las jóvenes lo malo y lo prohibido aparece como algo sumamente seductor, y en este sentido lo creativo puede hacer emerger lo oculto, lo invisible, que se presenta rodeado de vacío. Esto atrae y, a la vez da miedo, porque los instala por unos instantes en un universo que disuelve la seguridad de lo conocido frente a lo incierto del momento, pero los introduce, al mismo tiempo, en un mundo que los interroga.

Si el joven consigue asumir genuinamente este crecimiento, conscientemente y con voluntad propia, y encuentra una orientación que le permita dar sentido a su vida, tendrá mayores posibilidades de introducir su percepción del mundo y de la realidad interior y exterior, integrando estos mundos en la creatividad de su propia visión. Si por el contrario no logra construir sus propios modelos de autoidentificación, puede existir el riesgo de que el adolescente sufra serios conflictos que no sólo interfieran en esta etapa sino que se manifiesten a lo largo de su vida. Por esta razón deberíamos pensar en fomentar sus capacidades más que reprimirlas, porque todo lo que se ha reprimido encuentra nuevas formas para expresarse, no obstante en ellas se habrá permitido la posibilidad de conocer y de dominar aquello que ha sido objeto de la represión. No podemos controlar los impulsos reprimidos cuando resurgen, como tampoco podemos protegernos de la realidad que negamos o que nos niegan el derecho a conocer.

A medida que los horizontes sociales del adolescente se amplían, los jóvenes deben conocer cuáles son los límites cuando se presentan nuevas situaciones; la disciplina en este sentido, ayuda a los adolescentes a controlarse y dirigirse con el objeto de tomar sus propias decisiones, pero ¿hasta donde llega la tolerancia y el respeto de la sociedad? La función de las reglas y las leyes es la de instruir al adolescente acerca de esos límites, no sólo la de restringir una conducta indeseable.

Victor Lowenfeld y Lambert Brittain en su libro el Desarrollo de la capacidad creadora nos dicen: “Aquellos que no son capaces de crear, que no encuentran satisfacción en construir algo, será más seguro que busquen destruir lo que los otros han construido. Puede existir mayor riesgo en observar pasivamente la vida, que en ser agresivo, dentro del papel que a cada uno le toca”.

Debemos tener en cuenta que crear es también aprender a retirarse, poner límites, cortar la comunicación antes de que ésta nos haga daño. Esto es, desembarazarse de todo lo negativo que uno alberga dentro de sí para conseguir depositarlo en un lugar inofensivo. La obra sería en este caso un lugar para vaciar la violencia contenida, los miedos y frustraciones con el fin de que nos permita acceder a una nueva simbolización del individuo.

Para Sartre: “La emoción es la conciencia perturbada”. Expresar una emoción no es lo mismo que describirla; las emociones son la existencia exterior de la conciencia, esto quiere decir que son estados interiores provocados por sucesos del mundo exterior. Percibir es asimilar los estímulos dándoles un significado y, si somos capaces de inventar nuevas posibilidades perceptivas que conviertan nuestra mirada en una mirada creadora, les facilitaremos otros esquemas de identificación.

Fomentar la creación implica crear una atmósfera que promueva las capacidades de libertad individual, que le permita al individuo construir sus propios modelos de reconocimiento. Debemos motivar su libertad individual sin excluir ningún tipo de temática a realizar, con el fin proporcionar un mayor acercamiento y reconocimiento de las emociones y sentimientos en el ejercicio mismo de la acción.

Es más importante tener algo qué expresar que preocuparse por el aprendizaje de las técnicas. Facilitar su capacidad inventiva, es también, aportarles los elementos plásticos necesarios con los que llevar a cabo el trabajo creativo. Debemos permitir que sea el propio individuo quien elija los materiales con los que desea expresarse.

El acto creativo no es solo la realización de nuevos proyectos o ideas, es también experimentar con nuestras emociones, reconocer nuestros sentimientos, expresar nuestros silencios; es la posibilidad de reelaborar día a día aquellos aspectos ocultos que nos hacen ser quienes somos.

La dificultad de lograr incorporar la actividad artística como alternativa de expresión, es la de sentirnos incapaces de reconocer nuestros propios actos creativos como aspectos que constituyen nuestro ser. La realidad no puede ser modificada sino cuando el hombre descubre que es modificable y que él puede hacerlo. El objetivo primero de toda actividad es provocar una actitud crítica, de reflexión que comprometa su acción.

Los jóvenes se ven inmersos en un sin fin de preguntas nuevas que exigen ser reconocidas, nuestra labor es fortalecerlas en el entendido de que es desde su singularidad donde podrán ir creando y desarrollando sus propias respuestas. No sabemos qué existe en realidad dentro de cada uno de nosotros, sólo podemos tener la certeza de que sentimos infinidad de emociones que nos hacen dudar, esto nos ofrece un cúmulo de opciones para continuar indagando en el intercambio entre nosotros mismos y el mundo. Quizás sea éste intercambio el que nos ofrezca nuevas alternativas a descubrir, aunque la posibilidad de redescubrirnos día a día a nosotros mismos se basa en el ejercicio mismo de la acción, porque es ahí donde nos permitimos darle nombre propio a lo que somos. Si no logramos construir más alternativas de comunicación que nos permitan ir descifrándonos a nosotros mismos difícilmente podremos manifestarnos y relacionarnos con lo que nos rodea

 

Conclusiones 

 

La identidad constituye la parte fundamental de la existencia de cualquier persona. Si queremos contribuir en su desarrollo debemos tener conocimiento del modo en que cada uno de nosotros nos relacionamos, para poder descubrir lo que pensamos y lo que deseamos.

La actividad artística es una herramienta que nos ofrece la transmisión de emociones por medio de las imágenes, pero ¿cómo podemos lograr darles un significado? Esta respuesta parte de cómo asimilamos y le damos un sentido y un reconocimiento sensible a lo vivido, es la forma en que interpretamos y asimilamos lo real. Los sentimientos son también otro proceso de donación de significados, éstos  están determinados por los proyectos, las necesidades y los deseos de cada individuo.

Tessa Daley nos dice: “Simbolizar sentimientos y experiencias a través de imágenes puede constituir un medio de expresión y de comunicación más poderoso que la descripción verbal, y al mismo tiempo, es capaz de hacer que tales sentimientos y experiencias se vuelvan menos amenazadores”.  Muchas veces la capacidad de distanciarnos de las cosas concretas y guiarnos por lo abstracto y lo posible, nos ofrece recorrer y descubrir nuevas formas para construir nuestra existencia.

La multiplicidad de recursos para expresarnos es tan extensa como la visión que cada persona tiene de sí mismo y del mundo, pero la única forma de percibirnos y de comunicarnos es a partir del reconocimiento del vacío, de lo incierto. Son las pausas, los silencios, los huecos los que dejan vacías nuestras certezas pero nos permiten descubrir otras formas para definir nuestra existencia. Aunque no podemos olvidar que es a través de la relación con las personas con las ideas y con las cosas como podemos establecer nuestras identificaciones.

Los períodos de aprendizaje se realizan en un terreno experimental, en un terreno de observación, donde el sujeto que aprende y el que enseña comparten un objeto visual al que podemos llamar conocimiento. Ambos sujetos se hallan condicionados por sus historias, ideales, deseos y las diversas modalidades de relación, pero están incluidos en determinado marco cultural, donde deberá generarse y preservarse un movimiento de propuestas y pensamientos que permitirán tanto el desarrollo individual como la ampliación de otros canales de comunicación social.

Constituye un real desafío observar entonces los diferentes puntos de partida a los que debemos enfrentarnos porque en primera instancia, debemos respetar la pluralidad, enriquecerla y reconocer que hay posibilidades de llegada equivalentes, no idénticas, donde todos puedan ejercer un pensamiento crítico, donde todos puedan razonar, donde todos puedan crear. La posibilidad de poner en práctica estas acciones es acompañarlos en sus reflexiones, es  permitirles que enriquezcan sus propias conceptualizaciones del mundo. Pero necesitamos aprender a dejarles que sean ellos los que reconozcan y expresen sus capacidades de iniciativa, que toleren la anticipación de resultados y que consigan manejar las consecuencias que implica el descubrir por ellos mismos la solución de sus problemas.

Cada vez que ponemos en juego nuestro deseo de saber nos enfrentamos a la vivencia de lo desconocido y a la ilusión de aprehenderlo; lo que nos lleva a la necesidad de reconocer y tolerar todo lo que no sabemos. Pero es muy importante que reconozcamos también nuestros saberes: saber hacer, saber pensar, saber criticar, saber producir, saber escuchar, saber mirar etc., y que participemos de la distribución y producción de estos saberes universales.

Debemos creer que los adolescentes son capaces de ampliar sus horizontes, son ellos los protagonistas de su propia historia y debemos concederles un camino que les conduzca a la conquista de su propia identidad, permitiéndoles realizar sus propios planes y proyectos.

El reto que nos plantea esta problemática es descubrir nuevas vías que nos permitan reflexionar sobre las posibilidades que nos ofrece la creación artística, y que faciliten la búsqueda de nuevas alternativas de expresión más allá de las palabras.

La terapia del arte no elimina los problemas pero puede ayudar a enfrentarlos y a saber vivir con ellos. Es quizás una salida distinta que tal vez permita transcribir, en un pasaje de signos, todas aquellas emociones y sentimientos que entretejen los pensamientos, las relaciones y las historias de una vida.

 

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