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Filosofía La comunicación humana y el lenguaje: Lenguaje natural y lenguajes formales |
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1. Comunicación y comunicación humanaDe las innumerables definiciones de comunicación, la del American College Dictionary goza de bastante amplitud. Comunicar es "formular o intercambiar pensamientos, opiniones o información de palabra, por escrito o a través de signos". Cualquiera que sea la definición elegida precisará de observaciones clarificadoras que puntualicen:
Leibniz sostenía que las mónadas que constituyen el universo no se comunican entre sí. Estas sustancias simples actúan sincronizadamente como relojes automáticos que marcan siempre la misma hora. Basta postular que cada mónada es un microcosmos, es decir, contiene toda la información del universo y que, por una suerte de armonía preestablecida, ejecuta su propia danza, impulsada por su dinamismo interno sin la menor referencia al entorno. De este modo, solucionaba Leibniz el problema cartesiano de la influencia recíproca o interacción entre alma y cuerpo, en cuyos términos se entendió clásicamente el problema de la comunicación de las sustancias. Newton, en cambio, elevó el principio de acción y reacción a la categoría de axioma fundamental de la mecánica: "las acciones mutuas de dos cuerpos son siempre iguales y dirigidas en sentidos contrarios". El esquema acción/reacción, estímulo/respuesta, dominante durante dos siglos, redujo el problema de la comunicación a su dimensión física y mecanicista más elemental. Comunicación venía a ser todo intercambio o interacción entre dos cuerpos. Cuando los cuerpos son organismos vivos, el proceso de interacción se hace más complejo, pero obedece a la misma categoría trascendental, como vio Kant, al subsumir el principio de acción y reacción bajo la categoría relacional de comunidad. Estas contribuciones clásicas ponen las bases del tratamiento de la comunicación que actualmente llevan a cabo con gran precisión técnica la teoría de la información de Shannon y la Cibernética de Norbert Wiener:
La perspectiva interdisciplinar de la Cibernética trata de conciliar el dinamismo monadológico de Leibniz con el mecanicismo interactivo de Newton mediante el uso de la mecánica estadística de Gibbs. Gracias a esta síntesis se ha podido definir la comunicación como un sistema en el que hallan implicados tanto el emisor como el receptor. Aunque frecuentemente el esquema clásico de la comunicación de Shannon y Weaver suele referirse al importante campo de la comunicación oral, sus resultados pueden aplicarse con igual rigor a la música, la fotografía, al cine y a la televisión. El propio Weaver ensalza el valor general de la teoría matemática de la comunicación en los siguientes términos:
Los elementos que conforman el sistema de comunicación pueden representarse simbólicamente de la siguiente manera:
En el caso paradigmático de la comunicación lingüística suele entenderse que el emisor actúa como la fuente de información que selecciona el mensaje deseado entre una serie de posibles mensajes. Puesto que el emisor es un hablante, los mensajes se entenderán en términos de intenciones y conceptos y las señales como sonidos articulados, que se transmiten en forma de ondas acústicas a través del canal que es el aire. La comunicación no es nunca directa y, por tanto, el mensaje ha de ser cifrado y después descifrado. El cifrado recibe el nombre de codificación, porque el emisor debe elegir el código más adecuado para el mensaje que quiere transmitir, código que no es arbitrario ni inventado sobre la marcha, sino que debe ser aceptado por los actores de la comunicación. Los idiomas naturales son códigos, pero existen otros muchos códigos de comunicación según la forma (acústica, eléctrica, óptica) que deban tomar las señales. En el curso de la comunicación, el mensaje puede ir cambiando de forma, y tales cambios deben ser ejecutados por los distintos transmisores. En el lenguaje oral, se considera al cerebro (o a la mente) como la fuente de información emisora, el transmisor es el mecanismo de la voz que produce variaciones de presión sonora (señal) que se transmiten por el aire; pero si hablo por teléfono se requiere un nuevo transmisor que convierta la presión sonora de la voz en una corriente eléctrica variable. El receptor puede considerarse como el mecanismo inverso del transmisor, pues transforma odecodifica la señal transmitida, convirtiéndola en un mensaje inteligible para el destinatario. Cuando la comunicación se produce cara a cara interviene siempre un mecanismo de retroalimentación o de feed-back: el emisor regula continuamente su mensaje según las señales de comprensión que manifieste el destinatario. Este proceso de autorregulación no siempre es directo e inmediato; en cualquier caso, controla también las interferencias posibles o ruidos que inciden sobre el canal y de otros factores que obstaculizan la comunicación, como defectos en el aparato fonador (codificación), deficiencias auditivas (decodificación), cerebrales o desconocimiento del código por parte del destinatario. El esquema de Shannon y Weaver goza de tal generalidad que puede aplicarse a cualquier tipo de comunicación. Desde el punto de vista de la teoría matemática de la comunicación sólo interesan, sin embargo, tres niveles relevantes según el tipo de problemas técnicos que planteen. Warren Weaver los denomina respectivamente problema técnico de precisión, problema semántico de significado, problema de influencia o de efectividad. Estos tres niveles pueden coordinarse fácilmente con las dimensiones del lenguaje distinguidas por Morris: sintaxis, semántica y pragmática. Desde el punto de vista de la naturaleza de los sistemas de comunicación existen, por lo menos, cuatro planos diferentes de análisis, que han dado lugar a diferentes áreas de investigación:
1.1 Funciones básicas de la comunicaciónDejando aparte los planos intraorgánico y tecnológico de la comunicación, cuyo carácter límite se pone de manifiesto porque, en el primero, emisor y destinatario se identifican sustancialmente y en el último, porque el destinatario sólo ocasionalmente puede convertirse en emisor (si está provisto de la tecnología adecuada), distinguimos dos funciones en la comunicación de todo organismo:
En el plano interorgánico o intercomunicacional cada una de estas funciones se desdobla en otras dos, a saber:
En todas estas funciones comunicativas predomina la dimensión pragmática. Las señales utilizadas en la mayor parte de las situaciones de comunicación animal cumplen con todo rigor estas funciones generales. Por ejemplo, cuando un individuo de una manada de gacelas percibe un peligro, huye, no sin antes emitir una señal que pone al resto de los animales sobreaviso y huyen en la misma dirección. Los aspectos pragmáticos se ponen más de manifiesto aún cuando se reparan en las cualidades que la teoría de la información exige a toda buena comunicación:
A modo de ejemplo, puede ensayarse el análisis del proceso educativo en términos de estas cualidades mínimas. La eficacia se consigue a base de muchas repeticiones, la rentabilidad es escasa y la efectividad debe correr la inmensa mayoría de las veces a cuenta del profesor-emisor. La razón estriba en que el proceso de comunicación educativo debe acometer la tarea supletoria de conformar un código común capaz de superar el particularismo asociado a los códigos individuales o grupales. 1.2 Características específicas de la comunicación humana.Idealmente, la comunicación se perfecciona cuando se consigue una identidad de código entre emisor y destinatario; pero tal identidad sólo puede garantizarse plenamente cuando las señales que conforman el código son inequívocas, es decir, se corresponden unívocamente con los elementos cognoscitivos codificables y, sobre todo, cuando el conjunto de señales es completo. Inequivocidad y completud son, sin embargo, condiciones difícilmente alcanzables por los lenguajes naturales, siempre redundantes, ambiguos y abiertos a expansiones significativas insospechadas. De ahí que los códigos más perfectos desde este punto de vista sean los formalizados. Pero Gödel ha demostrado que ningún sistema formal lo suficientemente potente como para representar la aritmética elemental es completo. Esta limitación no pone veto a la racionalidad, pero sí al viejo sueño de Leibniz, incorporado por la cibernética, de construir a priori una characteristica universalis, una lingua franca o cósmica, cuyo rigor y exactitud sean tan perfectos que reduzcan la comunicación a una cuestión de cálculo. Por esta vía se llega en el límite, como ya vio Leibniz, a la incomunicación de las sustancias. Dos cuestiones conectadas afloran a propósito de la posibilidad de construir una lengua universal en relación con la comunicación efectiva:
Los rasgos atribuidos a la buena comunicación colocan a los lenguajes naturales humanos en algún punto intermedio entre los lenguajes animales y los lenguajes de máquina. Las divisorias que flanquean esta doble oposición (animal/humano, humano/máquina) han sido objeto, sin embargo, de múltiples controversias en los últimos tiempos: ¿Existen lenguajes animales propiamente dichos? Puede pensar una máquina? Sin entrar de momento en la difícil relación entre pensamiento, lenguaje y realidad, vamos a plantear la cuestión en términos de los códigos utilizados para traducir aquello que se quiere comunicar. La línea divisoria en la evolución de la comunicación se halla entre el hombre y los restantes diez millones de especies de organismos. Las diferentes especies animales utilizan complejos sistemas de señales que les sirven para comunicarse intraespecíficamente. Etólogos y sociobiólogos suelen clasificar estos códigos según la importancia relativa de los canales sensoriales (químicos, visuales, acústicos, etc.) implicados en el proceso de comunicación. Tomando como referencia nuestro sistema verbal, podemos definir los límites de la comunicación animal en términos de las propiedades que raramente o nunca se presentan. Así puede decirse que mientras los sistemas de comunicación animal son innatos, el lenguaje humano es adquirido. Esta primera diferencia no excluye, sin embargo, ni la posibilidad de aprendizaje de nuevos códigos ni la ampliación de señales por parte de los mamíferos superiores, con lo que la diferencia parece más de grado que de especie. Además, no puede olvidarse que los hombres están dotados de competencias innatas. Una segunda diferencia, ligada con la anterior, reside en el hecho de que los lenguajes espontáneamente utilizados por los animales suelen poseer carácter mímico, mientras el habla humana posee siempre carácter articulado. Las señales integrantes de código mímico son ciertamente plurales, pero se reiteran de una manera fija y estereotipada por parte de todos los especímenes con posibilidades de pervivencia y perpetuación. El lenguaje articulado, propiamente humano, no sólo comporta numerosos fonemas debidos a las modificaciones de forma de las regiones faringobucales, sino la capacidad de combinar de forma innovadora esas capacidades innatas. Lo realmente único del lenguaje humano (incluido el de los sordomundos) es el gran número de palabras significativas aprendidas en un contexto cultural y el potencial para crear otras nuevas que designen cualquier número de objetos adicionales y de relaciones novedosas. Una tercera diferencia hace alusión al carácter concreto y situacional de la comunicación animal frente al potencial simbólico y abstracto del lenguaje humano. Pavlov hablaba de segundo sistema de señalización para marcar esta diferencia; en el reflejo condicionado el sonido de la campanasignifica para el perro la presencia inminente del alimento. La palabra, en cambio, es una señal de señales que sustituye a los objetos, es un estímulo especial integrado en una estructura social de comunicaciones que da lugar al pensamiento. Porque la palabra no es sólo una señal compleja, sino un símbolo, que, como señala Cassirer, forma parte de una estructura sistemática enormemente compleja, que abarca desde la capacidad representacional hasta la proyección hacia el futuro. Gran parte de la educación humana se basa en condicionamientos donde las señales sustituyen a los objetos hasta alcanzar un nivel en el que van apareciendo palabras que no designan objetos concretos. El hombre aprende de este modo a pensar mediante la apropiación progresiva de señales socialmente codificado en su cultura. Por último, suele destacarse la recursividad heurística asociada al lenguaje humano, frente a la mera recursividad mecánica que las conductas animales presentan. Como señala Chomsky, cualquier persona puede formar una frase que nadie haya empleado antes; más aún, tal creatividad aparece desde muy temprano como una característica diferenciadora de los especímenes humanos. El hombre, a su vez, en las sociedades complejas actuales, ha incrementado su capacidad de comunicación gracias a los portentosos avances tecnológicos de la ingeniería electrónica. Eso ha posibilitado la construcción de sistemas de comunicación autorregulados, que interactúan y se comunican sin intervención humana, salvo en las fases iniciales y terminales del proceso. Aún siendo productos tecnológicos de la actividad humana, estos sofisticados sistemas de comunicación maquinal han alcanzado así un determinado grado de autonomía, que los diferencia de la comunicación específicamente humana. Suele decirse que son más perfectos, porque son sistemas cerrados, cuya combinatoria excluye las ambigüedades de la polisemia. Los signos que utilizan carecen de equivocidad y están diseñados artificialmente para cumplir cometidos específicos. De ahí que los contenidos semánticos que incluyen, los objetos a los que se refieren, tienen que estar de algún modo dados de antemano. Frente a ello, el lenguaje humano no es perfecto, sino infecto. Los objetos del mundo se construyen a través de la actividad práctica humana in fieri, siempre abierta, y nunca cancelada definitivamente. De ahí su riqueza y su superioridad, que se manifiesta en el hecho de que hayan sido los hombres quienes han construido los lenguajes artificiales de las máquinas y no al revés. 1.3 Evolución histórica del concepto de "comunicación"El problema filosófico de la comunicación salta, como tal, a la escena filosófica con la llegada del existencialismo y la filosofía dialógica, en virtud del enfrentamiento crítico de estos movimientos con la tesis moderna, tanto racionalista como empirista, del aislamiento o separación, consustancial al hombre, respecto del ser (el problema del solipsismo), lo que vuelve problemático todo contacto entre mi yo y el yo de los otros. Sören Kierkegaard pone el énfasis en la exclusividad personal, no hay una apuesta posible por una comunicación eficiente. Kierkegaard parece que quiere un acceso directo a la divinidad. La grandeza humana (sobrehumana) no la encuentra en el estadio estético, ni en el ético, sino en el religioso. La comunicación con los otros, sus iguales, de la que no participa, le hubiera parecido un acto de claudicación. A fuerza de enfatizar en la indeterminación de la persona, de su irreductibilidad, en la equivalencia de la libertad y existencia persona, no se considera que nadie colabore con él en su propia construcción. Era una interioridad que quería ser exageradamente divina y aun sin el atajo de la mística, bloqueada en la soledad titánica, acompañada de temor, temblor, angustia y pecado. Para Gabriel Marcel, el mundo auténtico de vida humana es la comunicación, es la posibilidad suprema. Desde mi aquí y mi ahora, con sus determinaciones y sus relaciones que me dan mi "yo soy", el núcleo de referencia subjetiva de la existencia, se sigue avanzando en una escala de participación hacia la comunicación. Esta participación comunitaria se realiza siempre con otros. Participar es sentir la comunidad, comunicarse es conocer, y ser es la comunión en este orden progresivo, abierto y autoalimentado. Sentir ya es recibir mensajes participativos de otros que se sienten desde su ser abierto. Sintiendo y reconociendo se puede ser mas, abrirse a la comunión por el amor y el misterio. Si el otro oye mis palabras, pero no me oye a mí mismo, no hay comunicación: yo soy un extraño. Si el otro lo siento presente, me renueva interiormente, es una presencia reveladora de ser, y el ser es creación abierta, misteriosa. Hay que estar asentado en la esperanza y abierto al misterio. Una aureola de misterio custodia lo esencial. Entrar en él es la salvación. La comunicación se produce por una constante participación en el sentido de "tomar parte" y "dar parte" de ser, siempre abierta, siempre posible, siempre sin completar, siempre sin saberse del todo, pues tiene como límite la verdad innegable del misterio, en la que la persona se encuentra siempre empeñada desde la inmediatez de la existencia. La comunicación forma, con el "yo mismo" y mi "historia", uno de los tres componentes de la existencia. Si la existencia tiene una posibilidad empírica de ser (yo soy igual que cualquier hombre), y una posibilidad libre, autogestionada, de ser (yo soy persona), la comunicación es también empírica y existencial. El Dasein, el existente, no supera en Heidegger su realidad egoísta y cerrada, si bien es muy consciente de la presencia acompañante de los otros. La existencia auténtica, solipsista y aniquiladora, no incluye la comunicación, pero sirve para reflexionar y entender el ser en sí mismo. Los "inauténticos", los impersonales, los del "se" (se sabe, se dice, se conoce), tal vez vivan en una incierta aparente comunicación, pero no entienden del ser. No puede haber comunicación en el límite de la nada. El empeño que pone en la apertura a la muerte como posibilidad suprema en la autenticidad, hacen inviable o difícil que el "estar-con-los-otros" sea un modo de comunicación con ellos, y no pasa de ser una preocupación: ayudar, defender, alimentar... El hombre de existencia auténtica es el hombre sin comunicación con los otros hombres. En Sartre, el "ser-para-otro" o se apropia del otro (y lo convierte en "ser-para-sí: sadismo), o se convierte a sí mismo en "ser-para-sí" para el otro (haciéndose objeto de posesión para el masoquista: masoquismo). El sádico dice "te quiero objeto para mí"; y el masoquista dice: "yo quiero ser objeto para ti, como tú quieres". No hay comunicación, si los dos a la vez no siguen siendo sujeto en el encuentro: la mirada cosifica al otro. En Sartre estaríamos ante una comunicación reduccionista, unilateral, igual que en Heidegger nos encontrábamos ante una comunicación ensimismante y angustiosa. La indiferencia hacia el prójimo consiste en mirar la mirada ajena y construir mi subjetividad sobre el derrumbe de la ajena. La mirada inmoviliza al otro, que es el infierno. El otro en Sartre acrece mi solipsismo, y cuando se le desea al otro es para reducirlo a objeto personal o que él me anonade. El camino de ida y vuelta al pleno acceso del otro no es posible, la comunicación no se cumple. La comunicación entre personas en Max Scheler puede darse como comunidad psíquica y vivencial en que se percibe al otro; o como relación entre sujetos que se observan y razonan por analogía; y como vinculación interpersonal a la que corresponde la comprensión mutua. Esta vinculación interpersonal va desde la fusión afectiva, corporal, al amor espiritual, pasando por el sentimiento común, la simpatía que compadece y la filantropía que ama. En Martín Buber lo más destacado es la importancia suprema, constitutiva, que da al diálogo comunicativo entre interlocutores vueltos mutuamente el uno hacia el otro, expresándose sin reservas y libres de toda voluntad de aparentar o parecer. La palabra segregada por este encuentro del yo y el tú es sustancial, nace de una hondura esencial y se abre a la presencia, al conocimiento y a Dios. Para Ferdinand Ebner y D. von Hilebrand la comunicación es un salir de la soledad del yo hacia el tú por el habla, por el mero contacto, que permite percibir existencia mutas; por la unión de quienes buscan una convivencia y un conocimiento reales; y por la unificación propia del verdadero amor en que desaparece la resistencia mecánica del "yo-tú" para entrar en el nosotros. La comunicación sólo es posible, según Mounier, desde la presencia disponible del yo hacia el otro y con el otro. La comunicación es la caridad ontológica; don de sí, es la experiencia fundamental de la persona, la cual no se anula, sino que se enriquece en ser, se crea en ella. Es el primer hecho personal y única realidad auténticamente comunicable. En la comunicación me realizo y me doy como persona, creo y me crean, crezco y rece la comunidad, pues la persona sólo existe proyectada hacia otra y recibiendo la proyección de ésta. La comunicación permite la salida de uno mismo y la experiencia del otro como persona. El límite creciente de la comunicación es la comunión total de las personas realizadas en el amor: amo, luego el ser es, y la vida mía se extiende y crece y vale la pena de ser vivida. Es una explosión de sí, para asumir al otro en su destino, y es comprender y ser comunitario. En Jaspers la comunicación es limitada, imprevista, arriesgada, liberadora, posible. Se da sólo desde la conciencia existencia, no meramente empírica. Es la gran posibilidad que pone al otro ahí enfrente de mí, como espejo, en una situación límite, de igual a igual conmigo. Jaspers entiende que ahí se nos abre la puerta de la comunicación como posibilidad. La comunicación se realiza con el mundo material de la persona a la materia con fines de aprovechamiento o dominio; con las otras personas y con uno mismo; y la comunicación tiene lugar también entre las personas y el absoluto divino. Ello exige la fe, la apertura al misterio. Esta comunicación como posibilidad cierta, implica siempre en cada persona conocimiento, apertura y aceptación radicales y una tarea creadora constante. Para que la comunicación se realice debe salir de sí la persona, debe hacerse disponible para el otro, sin dejar de ser persona, situarse en su punto de vista, comprenderlo; debe instaurar la gratuidad, la generosidad sin esperanza de reciprocidad. McLuhan analizó la comunicación en función de los medios de comunicación; para él lo fundamental en la comunicación humana no es el significado ni la información mismo, sino el medio de comunicación, o la estructura propia del medio, que impone las condiciones en que se lleva a cabo la información. Él ha hecho célebre la frase the médium is the message, que resume su tesis y que completa afirmando que the médium is the masaje (masaje, "manipulación", realizar con las manos). McLuhan distingue dos grandes épocas de la historia de la comunicación:
2. El lenguajeEl lenguaje tiene tres grandes funciones: expresión, cognición y conación. En la expresión lo fundamental es la traducción de emociones y necesidades; en la cognición, la aprehensión de la realidad; y en la conación la acción sobre otro. Pero las tres están muy relacionadas. Aparte de estas funciones principales el lenguaje tiene otras, consideradas como secundarias, como la fática, la lúdica (o poética) y la metalingüística. Piaget habla de un lenguaje egocéntrico, frente a uno socializado. En el primero es poco importante el receptor, se realiza para uno mismo y priman las funciones expresiva y cognitiva sobre la comunicativa. En el socializado resulta fundamental la transmisión de la información, se adapta al contexto y al interlocutor. Las órdenes, ruegos, amenazas, preguntas y respuestas son ejemplos de lenguaje socializado. Piaget mantenía que el lenguaje del niño es fundamentalmente egocéntrico y que, poco a poco, se va abriendo a los demás. En su opinión, el lenguaje egocéntrico ocupa al principio más del setenta y cinco por ciento del total, a los tres años se reduce al cincuenta y a los siete cae por debajo del veinticinco. Piaget interpretaba este hecho como un proceso de descentración que va implicando cada vez más reciprocidad en los intercambios. Para Vygotski el lenguaje surge como comunicación con los demás y sólo después, cuando se ha dominado su control, puede servir para hablar con uno mismo. La oposición entre los dos autores tiene que ver con su idea de la relación entre lenguaje y pensamiento. Según Piaget, el pensamiento es anterior al lenguaje, por lo que primero pensamos, hablamos con nosotros, y posteriormente lo hacemos con los demás. En opinión de Vygotski, el lenguaje se desarrolla con fines comunicativos antes que el aspecto intelectual. 2.1 La adquisición del lenguaje2.1.1 Conductismo e innatismoSkinner defiende que el lenguaje se adquiere mediante refuerzos y condicionamiento. No podemos olvidar que el niño aprende en un determinado ambiente: un niño no hablaría y preguntaría indefinidamente si no obtuviera respuestas o se le castigase. Los niños emiten una serie de sonidos que no producen reacción por parte de quienes les rodean. En cambio, cuando dicen "papá" o "mamá", pueden apreciar una respuesta muy gratificante, lo que hace que vuelvan a repetirlo, mientras van dejando de emitir aquellos sonidos que su familia no identifica como propios de su lengua. Esto es lo que hace que el niño termine empleando las palabras de un idioma y no de oro. Para Chomsky, el lenguaje es innato, puesto que se despliega paulatianmente en el niño hasta que se fija. Chomsky considera que tenemos una estructura gramatical, de carácter mental, que condiciona el desarrollo del lenguaje. Es evidente que el equipamiento genético de los seres humanos posibilita la adquisición del lenguaje. Chomsky argumenta que el sistema de refuerzos no explica nuestra capacidad innovadora: somos capaces de construir frases que no hemos oído y de comprender algunas absolutamente extrañas. Parece que son sólo reaccionamos frente a estímulos físicos concretos, como podrían ser las palabras, sino que el aprendizaje abarca unas estructuras abstractas en las que nos desenvolvemos con soltura. En su opinión, la teoría conductista no sirve para explicar esa capacidad de innovación. En cambio, si consideramos que todos los seres humanos nacen con la capacidad de aprender una lengua y que da igual qué lenguaje sea (puesto que la realización concreta tiene lugar en función del lugar de nacimiento), llegaremos a la conclusión de que poseemos unas estructuras mentales capaces de realizar una gramática generativa-transformacional. Estas estructuras no se encuentran en ningún animal, por lo que no son capaces de hablar, pero se encuentran en todos los hombres, lo que explica que encontremos lenguaje en todas las culturas. 3. Comunicación y lenguaje3.1 El uso del lenguaje en la comunicación humana: las funciones del lenguajeAunque es cierto que los animales transmiten señales informativas, éstas se limitan a situaciones y condiciones específicas y son poco flexibles. Se trata de un sistema cerrado, a diferencia de la comunicación humana, la cual trasciende el esquema estímulo-respuesta y es un sistema abierto, en el que se combinan libremente los símbolos. La comunicación humana no tiene un carácter exclusivamente lingüístico. Entre los sistemas de comunicación no verbal destacan el lenguaje proxémico (relación de espacio físico y acción humana: proximidad corporal de interlocutores, códigos táctiles, visuales u olfaltivos, tono de voz, etc.), el cinésico (uso y movimiento del cuerpo en la comunicación), el gestual, el objetual y la presentación personal del yo o máscara (vestido, peinado, adorno, etc.). Se ha estimado que en una conversación entre dos interlocutores sólo el 35% del mensaje se realiza en palabras, mientras que el 65% restante es comunicación no verbal. Ahora bien, el modo de comunicación más completo de que el hombre dispone es el lenguaje articulado. La pragmática parte del supuesto de que la comunicación es la función primaria del lenguaje y, a partir de ahí, intenta especificar las sub-funciones principales que ésta cumple. En el interior de la filosofía clásica se distinguían tres funciones. La primera función es la representativa, que corresponde al aspecto lógico del lenguaje. Un segundo aspecto sería el afectivo o emocional, en el que el lenguaje es usado para expresar los afectos, pasiones y sentimientos. Finalmente, estaría el aspecto activo o existencial del lenguaje, por el que se expresan las voliciones. Tomás de Aquino destaca estas tres funciones del lenguaje y las pone en relación con los tres modos gramaticales del verbo: al modo indicativo le corresponden la función enunciativa, al optativo (que corresponde habitualmente al subjuntivo castellano), la expresiva o afectiva y al imperativo, la voluntativa o afectiva. Bühler establece la existencia de tres funciones principales del lenguaje: la representativa, la directiva y la expresiva. Jakobson añadió la función fáctica (comunicación mediante frases hechas y fórmulas ritualizadas), función poética (uso del lenguaje desde el punto de vista del estilo, sonoridad, etc.) y la función metalingüística (uso del lenguaje para hablar del lenguaje). Las diversas funciones del lenguaje han sido usadas como criterio para clasificar los tipos de discurso: 1) discurso declarativo: es el constituido por las oraciones que, debido a lo que significan, pueden corresponder o no a lo que ocurre, a cómo son las cosas y pueden, en consecuencia, ser verdaderas o falsas; 2) discurso prescriptivo: esta formado por aquellas oraciones que por lo que significan pueden ser cumplidas o incumplidas, según que se lleve o no a cabo lo que la oración dice; 3) discurso expresivo: consiste en oraciones que expresan, a causa de su significado, el estado psicológico del hablante o sus actitudes, y que por ello pueden ser sinceras o insinceras; 4) discurso realizativo: oraciones que, en virtud de lo que significan, enuncian el propio acto de habla que por medio de ellas se realiza. 3.2 Precondiciones de toda comunicación interpersonalLos elementos que constituyen toda comunicación entre dos o más personas son:
3.3 Tipos articulados de lenguaje humanoEntre los distintos tipos de lenguaje humano, los lingüistas privilegian la emisión vocal. Algunos estructuralistas justifican esta elección apelando a la idea platónica de articulación, como característica distintiva del lenguaje humano vocal primaria, secunda o derivadamente de la escritura alfabética. Ahora bien, dejando aparte que se puedan demostrar procesos articulatorios en los llamados lenguajes animales, lo cierto es que también hallamos procesos crecientes de articulación en otros tipos de lenguaje humano, desde la música hasta los gestos. Un análisis más detallado de algunos tipos de lenguaje humano proporciona una comprensión mayor del lenguaje.
3.4 Teorías acerca de la naturaleza del lenguajeComo ha indicado Cassirer, los problemas y teorías acerca del origen del origen y naturaleza del lenguaje son tan antiguos como la historia de la filosofía. Una clasificación de los mismos debe ser forzosamente mutiladora de la riqueza de razonamientos. Abbagnano propone una, en suDiccionario de filosofía, que parece poseer las alternativas históricas reales y permite encuadrar incluso las posiciones más recientes de los lingüistas. Las posiciones son:
3.5 Definición de lenguaje.Como ha subrayado Saussure,
Una definición completa del lenguaje debe tener en cuenta no sólo sus aspectos gramaticales, sino también su dimensión física, biológica, psicológica y social:
3.6 Análisis de la conversación3.6.1 El principio de cooperaciónPartiendo del hecho de que emisor y destinatario buscan facilitar el proceso de comunicación, Grice ha propuesto una serie de principios no normativos que se supone que son aceptados de modo tácito por quienes participan en el acto de comunicación. Existe un principio básico, del que se derivan unas máximas. Ese principio es denominado por Grice "principio de cooperación" y es formulado así:
Si alguien viola este principio entonces el destinatario debe sacar la conclusión de que bien el emisor no tiene intención real de comunicarse o bien de que está violando aparentemente el principio con el fin de introducir nueva información. Este principio se desarrolla en las categorías de cantidad, cualidad, relación y modalidad. Cada una de ellas, a su vez, se subdivide en máximas más específicas. Se pueden resumir del siguiente modo:
En su crítica a Grice, Sperber y Wilson proponen reducir todas las máximas a un solo principio, que denominan "principio de relevancia". Estos autores parten de la idea de que cada individuo se encuentra situado en un "entorno cognitivo", el cual se compone de los hechos y suposiciones que son para él "manifiestos", es decir, aquellos que el individuo puede representar mentalmente. El entorno cognitivo de cada individuo es diferente (pues cada uno tiene diferente percepción y capacidad de memoria, etc.) pero podemos estar seguros de que los participantes en una conversación comparten sus entornos cognitivos: gracias a ello es posible la comunicación. Pues bien, el individuo escoge algunos de los hechos y suposiciones que constituyen su entorno cognitivo para procesarlos como información. ¿Cuál es el criterio de elección? Sperber y Wilson dicen que lo que hace que una información sea digna de ser procesada es una sola propiedad, larelevancia (o pertinencia). Esta propiedad, que admite gradación, es puesta en relación por los autores con dos elementos. Un supuesto es más relevante, en primer lugar, cuanto más amplios sean sus efectos respecto a los supuestos o informaciones que ya se poseen. La información es relevante cuando sirve para reforzar un supuesto previo o cuando debilita o entra en contradicción con supuestos previos. Cuanta más multiplicación de estos efectos logre, más relevante será la información. Pero no basta con calcular el efecto; es necesario relacionarlo también con el esfuerzo que ha sido necesario para lograr dicho efecto. En la medida en que el esfuerzo requerido sea mayor, también mayor será la relevancia. 3.6.2 Lo dicho y lo implicado: las inferencias pragmáticasGrice advierte que el discurso abarca tanto lo dicho como lo no dicho o implícito. 3.6.2.1 Las implicaturas conversacionalesLo que comunicamos a los demás es, en parte, lo que decimos (el contenido proposicional de nuestras oraciones), pero también en gran parte lo que no decimos pero está implicado en lo que decimos. Para explicar este desnivel la pragmática introduce el término "implicatura", con la que se designa el contenido implícito de lo que decimos. Las implicaturas dependen en gran manera del contexto y están ligadas al principio de cooperación, ya que para poder inferir lo implícito hay que suponer que el hablante se ajusta a tal principio. Grice distingue dos tipos de implicaturas, las convencionales y las conversacionales. Las implicaturas convencionales son aquellas que derivan directamente de los aspectos convencionales del significado de las palabras y no de factores contextuales. Las implicaturas no convencionales se caracterizan por una conexión más estrecha con el contexto y el principio de cooperación. Cuando la implicatura se rige por los principios que regulan la conversación, se llama conversacional y, en caso contrario, no conversacional. Las implicaturas conversacionales, a su vez, se dividen en particulares y generalizadas. Mientras que las primeras dependen directamente del contexto de emisión, las segundas no.
Una implicatura conversacional es caracterizada por Grice en los siguientes términos: se puede decir de una persona que diciendo (o haciendo intención de decir) p ha implicado conversacionalmente que q (es decir, q es una implicatura de p) en el caso de que
Grice precisa que la implicación conversacional debe poder ser explicitada en forma de razonamiento, aunque en ocasiones sea intuitiva. Este razonamiento presupone los siguientes datos: 1) el significado convencional de las palabras usadas; 2) el principio de cooperación y sus máximas; 3) el contexto de la oración; 4) ciertas partes de la información de fondo; 5) el conocimiento o suposición de que los elementos precedentes son conocidos tanto por hablante como por destinatario. Las implicaturas particularizadas se producen por el hecho de decir algo en un determinado contexto. Si la proferencia se hubiera realizado en otro contexto, no conllevaría la implicación conversatoria particular. Las implicaturas generalizadas tienen lugar independientemente de cuál sea el contexto en que se emiten. Grice menciona cinco rasgos de las implicaturas conversacionales. El primero es que soncancelables generalmente añadiendo al enunciado en que aparecen una cláusula que las invalide de forma explícita. La segunda propiedad de las implicaturas es que (a excepción de las debidas a las máximas de modo) no son separables del contenido semántico de lo que se dice. Las implicaturas dependen de su contenido, no de su significado. Por esta razón permanecen cuando se sustituye algún término por un sinónimo. El tercer rasgo es que no son propiedades lógicamente deducibles o inferibles a partir de lo dicho; es decir, no dependen de lo que se dice, sino del hecho de decir lo que se dice. El cuarto rasgo distintivo de las implicaturas es que son no convencionales: no forman parte del significado convencional de las expresiones a las que se ligan. Finalmente, lo que se implica conversacionalmente tiene un cierto grado de indeterminación, ya que las maneras de conseguir restaurar la vigencia del principio de cooperación pueden ser varias y diversas. 4. La teoría de la pertinencia de Sperber y WilsonEl punto de partida de la teoría de la pertinencia de Sperber y Wilson es su concepción de la cognición humana como tendente a la maximización de la pertinencia, esto es, a la selección y el procesamiento de aquellos estímulos que tienen un mayor impacto sobre el organismo con un esfuerzo de procesamiento mínimo, lo que denominan el Primer Principio de Pertinencia o Principio Cognitivo de Pertinencia. Este impacto se mide en términos de efectos cognitivos que tiene una pieza de información nueva (un estímulo) sobre el conjunto de información que ya poseía el individuo. Sperber y Wilson tipifican tres tipos de efecto cognitivo: a) implicaciones contextuales (supuestos que el individuo deriva al combinar la nueva pieza de información con otras que ya poseía); b) reforzamientos o aumentos del grado de certeza que un individuo asigna a un supuesto; c) eliminaciones de supuestos que entran en contradicción con la nueva información. Un estímulo es tanto más pertinente cuantos más efectos cognitivos tiene para el individuo y cuanto menor es el esfuerzo que tiene que invertir para obtener dichos efectos. A diferencia de otros estímulos, los que proceden de una intención comunicativa se distinguen por su carácter ostensivo, esto es, porque reclaman de forma abierta la atención de la audiencia y la dirigen hacia las intenciones del emisor. Dicho comportamiento modifica el entorno cognitivo de la audiencia y hace mutuamente manifiesta una intención doble por parte del emisor: la intención de informar de algo (intención informativa) y una intención, de segundo orden, de informar a la audiencia de su intención informativa (intención comunicativa). Esta caracterización define la comunicación humana en términos de ostensión por parte del emisor -muestra de pruebas o evidencias- y reconocimiento inferencial de intenciones por parte del destinatario, y en realidad no precisa de la existencia de recurso convencional o de estímulo codificado alguno para tener éxito. Para que dos organismos o, en general, dos dispositivos se comuniquen es imprescindible que posean un lenguaje en sentido cognitivo, es decir, un sistema interno de representación que les permita procesar y almacenar información, no un lenguaje externo -público- como las lenguas naturales. En este sentido, la originalidad de nuestra especie, dicen los autores, no es poseer un lenguaje, rasgo que compartimos con los animales y ordenadores, sino haber adaptado y desarrollado lenguajes que pueden usarse en la comunicación. Al poner de manifiesto su intención comunicativa, el hablante comunica que hay un conjunto de supuestos {I} -su intención informativa- que quiere transmitir, y que este conjunto de supuestos es pertinente para el oyente, esto es, tendrá efectos cognitivos de, al menos, alguno de los tres tipos que veíamos más arriba. ¿Cómo llega el oyente a la intención informativa del hablante, a ese conjunto de supuestos {I}? Los recursos de la lengua le darán a lo sumo pistas para reconstruir dicha intención, pero de ningún modo podrá el oyente obtener el conjunto de supuestos que el hablante quería transmitir descodificándolos de la señal empleada (la locución). Sperber y Wilson afirman que lo que el oyente hace de hecho es seleccionar la primera interpretación que se le ocurre y combinarla con los supuestos que le son más accesibles en ese momento para así derivar efectos contextuales. El conjunto de supuestos así obtenidos son atribuidos al hablante a menos que dicho conjunto no sea razonablemente atribuible al hablante. Cuando la interpretación de una locución tiene una gama adecuada de efectos derivados con el mínimo esfuerzo justificable, estamos ante una locución óptimamente pertinente. Para Sperber y Wilson todo estímulo ostensivo comunica unapresunción de pertinencia óptima, y es la búsqueda de una interpretación que satisfaga dichas expectativas lo que caracteriza el proceso de interpretación de la locución. Es la idea clave en la teoría y queda recogida en el Principio Comunicativo de Pertinencia (o Segundo Principio de Pertinencia):
donde "presunción de pertinencia óptima" se define del siguiente modo:
Este único principio guía al oyente en la reconstrucción de la intención del hablante en todos aquellos aspectos en los que la gramática -el código- no facilita hipótesis suficientemente específicas sobre las mismas. En el nivel explícito esto ocurre en la asignación de referentes, la desambiguación, la recuperación de material elidido y la especificación de términos vagos. En el nivel implícito, la gramática no proporciona hipótesis alguna, por lo que el principio de pertinencia se encarga de seleccionar/construir los supuestos que permiten derivar los efectos contextuales de la locución. 4.1 El principio de la pertinencia y la interpretación de las locucionesLa información que codifica cualquier locución es compatible con un conjunto infinito de posibles pensamientos o "mensajes" que, a su vez, pueden entrar en interacción con un conjunto infinito de posibles supuestos, de los que el oyente podría derivar innumerables nuevos supuestos. Esto supone que además de realizar una operación automática de descodificación, el oyente tiene que llevar a cabo una serie de cálculos y decisiones con la ayuda de su capacidad de razonamiento, información no-lingüística que recibe del entorno o que selecciona de la memoria, y un principio o principios que le guían en la construcción de hipótesis sobre las intenciones del hablantes. Estas decisiones, que son de diversos tipos, afectan a los dos niveles básicos de la comunicación intencional y abierta: el componente explícito y el componente implícito
Comprender una locución correctamente conlleva una toma de decisiones constantes, tanto a nivel explícito como implícito, y entraña un riesgo que suele hacerse patente sólo cuando algo ha ido mal en el intercambio: el oyente ha desambiguado la oración de un modo que no esperaba el hablante, ha asignado referentes personales, temporales o espaciales erróneos, ha derivado implicaciones que el hablante no quiere que le atribuya o ha pensado que hablaba en serio cuando en realidad bromeaba. La información que el oyente deriva ni es parte del sistema lingüístico ni se obtiene por un procedimiento de descodificación. La elección del contexto adecuado es determinante para dar con la interpretación correcta. El contexto se define en la teoría de la pertinencia como "un subconjunto de los supuestos sobre el mundo con que cuenta un individuo", en particular "el conjunto de premisas que se utiliza para interpretar una locución". El contexto abarca información obtenida del entorno físico inmediato, de locuciones previas o de cualquier pieza de información que el individuo posea y que haga intervenir en el proceso. En cada momento, unos supuestos serán más accesibles que otros. La propia locución empleada determinará en parte la inmediatez de un supuesto. Y ello por la siguiente razón. Cada pieza léxica está asociada a una dirección conceptual o punto de acceso a la información almacenada en la memoria para esa pieza. Esta información es de tres tipos: a) lógica, b) léxica y c) enciclopédica. Esta última está organizada en proposiciones y esquemas de supuestos que permiten el acceso a otras proposiciones, en un proceso de expansión que podría en principio ser ilimitado. 5. Pensamiento y lenguajeLa relación entre las palabras y las cosas, esto es, el problema de la referencia, remite de inmediato a la mediación que suponen los procesos cognitivos del hombre, mediante los cuales organiza su experiencia sensorial. La teoría de la abstracción aristotélica juega aquí un papel fundamental y ha sido contrastada experimentalmente. La actividad de nombrar puede considerarse como la peculiaridad humana para hacer explícito un proceso que es bastante universal entre los animales superiores: la organización de los datos sensoriales. Esto supone una categorización de los estímulos o una etiquetación de la realidad, a la que siguen procesos de transformación y de diferenciación. Ello parece dar prioridad al pensamiento sobre el lenguaje. Pero, por otro lado, como decía Rousseau, "hay que enunciar proposiciones para tener ideas generales", apreciación aparentemente confirmada por el aprendizaje escolar. 5.1 Principales alternativas teóricasa) El pensamiento depende del lenguaje. Tesis defendida por Humboldt, Sapir, el sociolingüista Berstein. Subyace en las actividades de muchos analíticos del lenguaje. La tesis no se enuncia tan taxativamente, sino en los términos de una identidad entre pensamiento y lenguaje, según la cual el lenguaje sería reflejo y determinante del pensamiento socialmente configurado. El relativismo lingüístico de Worf es la expresión más reciente de esta tesis. Según él, la ausencia de isomorfismo entre los lenguajes amerindios y el inglés indicaba una diferencia básica de pensamiento adquirido culturalmente por el individuo en el proceso de adquisición del lenguaje. El lenguaje hopi, según Worf, tiene una cantidad mucho mayor de verbos que de nombres, a diferencia de los lenguajes europeos, y esto se traduce por ejemplo en una diferente concepción del tiempo y del movimiento:
Según Cassirer entre pensamiento y lenguaje, entre los aspectos sensibles de las palabras y lo espiritual, propio del pensamiento, existe una inevitable reciprocidad en la que se determina y toma su propio sentido cada uno de estos dos órdenes. El mundo del pensamiento habría de quedar en la pura indeterminación si no contase con una forma de expresión en la que cristalizar. A su vez, el signo lingüístico únicamente puede llegar a ser tal en virtud de la penetración intencional que el mundo conceptual realiza en él:
En el mismo sentido, Merleau-Ponty afirma:
b) El lenguaje es idéntico al pensamiento. Variante radical de (a), formulada por Max Müller desde supuestos metafísicos antievolucionistas y por Watson desde supuestos netamente contrarios. Para Müller esto prueba la carencia de pensamiento en los animales. Watson, consecuente con su negación de las conciencias, sólo puede admitir pensamiento explicitado en lenguaje. Según M. Müller y Watson hay que identificar pensamiento y lenguaje, reduciendo el primero al segundo. El pensamiento es palabra, y la palabra el único pensamiento, de tal manera que no puede suponerse gratuitamente la existencia independiente de un puro pensamiento. Hablar sobre un pensamiento no es más que hablar, desde otro ángulo, de una cierta clase de compuestos verbales. B. L. Whorf enfatizó el papel constitutivo y configurador del pensamiento que ejerce el lenguaje. Whorf considera al lenguaje como una actividad reorganizadora y clasificante que, al operar sobre la experiencia sensible, conduce irrevocablemente a una determinada categorización y ordenación del mundo:
Es la estructura de un lenguaje la que determina la estructura de nuestra "realidad" y cada lengua analiza de una peculiar manera la realidad concreta a la que se enfrenta para ordenarla y encajarla según su propia retícula. La manera de razonar de cada hablante depende de la lengua que se emplea en el razonamiento. La lengua no es sólo un medio de expresión del pensamiento, sino el molde en el que se configura y concretiza dicho pensamiento. c) El lenguaje depende del pensamiento. Tesis defendida por Piaget, en su forma extrema. El lenguaje pasa por unas fases de maduración, que son precedidas sistemáticamente por niveles superiores de comprensión. Esto implica, en epistemología genética, que el lenguaje del niño es fundamentalmente expresión de sus estados interiores, etc. Piaget ilustra las diferencias de pensamiento y de lógica que preceden a los sucesivos desarrollos del lenguaje en el siguiente texto:
Entre los defensores de esta tesis se encuentra Aristóteles, el cual establece la anterioridad del pensamiento, mientras que el lenguaje no es otra cosa que un signo convencional con el que nos referirmos a las cosas. Los conceptos se obtienen mediante abstracción, pero las palabras no guardan ninguna relación de semejanza con los conceptos, por lo que no pueden ser considerados ni jugar ningún papel decisivo para desencadenar el proceso cognoscitivo:
Locke supone que entre el mundo del pensamiento y el del lenguaje existe una profunda diferencia, ya que éste no es otra cosa que un puro signos de las concepciones internas y expresión de las ideas que se encuentran alojadas en la inmanencia de la mente humana.
Locke distingue entre dos aspectos de la racionalidad: el individual y el social. Por un lado, hallamos el campo racional estrictamente teórico e individual por el que el hombre se constituye como conciencia subjetiva. Pero, por otra parte, parece que el autor sintiera la necesidad de reconocer un órgano plenamente diferenciado de la conciencia, que abriera al hombre hacia el ámbito de la intersubjetividad. Por eso dirá que «además de los sonidos articulados fue necesario aún, por lo tanto, que el hombre pudiera ser capaz de usar esos sonidos como signos de concepciones internas, y de poderlos establecer como señales de las ideas alojadas en su mente, a fin de que pudieran ser conocidas por otros hombres (ibíd., III, 1, 1). El lenguaje, como instrumento de la naturaleza social del hombre está instituido con el objeto de exteriorizar el mundo del pensamiento, el mundo subjetivo de las ideas de la mente. Éstas son lo primero, lo que ha de estar ya previamente dado, para que después sea expresado a través del lenguaje, en la palabra, que no es en esencia otra cosa que una señal sensible de la idea. Las expresiones lingüísticas no son conceptos corporeizados, ideas sensibilizadas, sino, simplemente, señales que sólo significan algo en cuanto que dependen de ideas.
En el mismo sentido, Piaget admite una primacía de lo cognitivo frente a lo lingüístico: el lenguaje es un capítulo concreto dentro del conjunto de la actividad simbólica y nunca un factor decisivo y único para el desarrollo de las operaciones intelectuales; la función representativa es anterior al mismo lenguaje, aun cuando éste, una vez aparecido, pueda colaborar activamente en el cumplimiento y acabamiento de la función simbólica del pensamiento:
Lo esencial de esta actitud está en considerar que el lenguaje sólo constituye el lado externo y accidental del pensamiento: «La relación entre el pensamiento y su manifestación externa es, en este aspecto, similar a la relación existente entre el cuerpo humano y sus ropas. El cuerpo sigue siendo el mismo, con independencia del traje que lo recubra; un pensamiento sería también algo, con independencia de su ropaje verbal» (ibídem). d) Vigotsky se opuso al carácter idealista de esta tesis, mostrando que el lenguaje infantil tiene una función serial (de acuerdo con los sociolingüistas), reconociendo, no obstante, fases de maduración interna de la comprensión anteriores al lenguaje. Es ciertos que los procesos de maduración son fundamentales para el desarrollo de la capacidad lingüística, pero no lo es menos que lo que posibilita la adquisición del lenguaje es el aprendizaje que el niño realiza en un determinado medio sociocultural, particularmente en el seno de la familia. El caso de los niñosferinos (como el salvaje de Aveyron, el niño del Libro de la selva, el niño gacela del Sahara, etc.) ilustra que el proceso de maduración no origina espontáneamente el lenguaje, sino que constituye una precondición para su desarrollo social. 6. La idea del lenguaje a través del estudio de sus funciones6.1 La aproximación lingüística de JakobsonPara Jakobson el lenguaje debe ser estudiado en la variación de sus funciones, que él extrae del análisis de los factores constitutivos del mismo, a saber, el mensaje, el remitente, el destinatario, el establecimiento de contactos entre ellos, el contexto del mensaje y el código, que permite descifrarlo. De aquí surgen seis funciones:
6.2 La semiótica de MorrisConcibe el lenguaje como conjunto de signos cuya consideración global correspondería a la Semiótica. Pero hay tres términos en la relación triádica de la semiosis: signo, designatum, intérprete. De esta relación triádica pueden ser extraídas para las siguientes relaciones diádicas:
6.3 La aproximación de Karl BühlerEn su Teoría del lenguaje parte Bühler de la triple distinción psicológica entre efecto, impulso yconocimiento para distinguir las siguientes funciones, que varían, en cada caso particular, en proporciones diversas. Bühler ofrece un análisis de las funciones del lenguaje a través de su famoso triángulo semántico, considerado como un diagrama u organon de las funciones de los signos (de las funciones semánticas).
El signo lingüístico (por ejemplo, el signo acústico) podría considerarse encerrado en un triángulo invertido, cuyo lado izquierdo mirase al sujeto emisor, el lado derecho al sujeto receptor, y el lado central a los objetos o relaciones. El primer lado nos manifiesta el signo en su condición de síntoma, es decir, nos pone en presencia de la función expresiva del lenguaje. El segundo lado del triángulo nos determina el signo como señal, es decir, nos manifiesta la función apelativa (Apel) del lenguaje; el concepto de dimensión perlocutiva de Austin se reduce a la función apelativa. El lado tercero nos conduce a la función representativa del lenguaje y en su contexto los signos serán ahora llamados símbolos. Las tres dimensiones del lenguaje, según Bühler, son:
6.4 Los actos de hablaLa propuesta del segundo Wittgenstein de que el significado de una expresión se determina por el uso que los hablantes hacen de ella se convierte en el punto de partida del desarrollo de la concepción del significado que se conoce como la teoría de los actos de habla. La estrategia de Austin (su formulador) es considerar el lenguaje como un instrumento para hacer cosas. Lo que uno hace al proferir ciertas expresiones son actos de habla que pueden ser analizados en distintos actos. Para juzgar la conducta verbal debemos contar tanto con el significado de una expresión como con la fuerza ilocutiva que la proferencia posee. Distingue tres actos de habla:
7. Lenguaje natural y lenguaje artificialEl uso cotidiano y común del lenguaje posee unos significados y unas estructuras poco definidas en los que abundan las insuficiencias, las reducciones, las ambigüedades y las segundas intenciones. Por eso, desde el punto de vista semántico son frecuentes los términos equívocos y las polisemias, es decir, las palabras que sirven para designar objetos distintos, otros se refieren a cualidades imprecisas o espurias ("difícil", "ameno", "aceptable", …), los hay que designan objetos o realidades abstractos ("lujuria", "templanza", "justicia", …) o sentimientos y estados afectivos imposibles de precisar ("melancolía", "ansiedad", …). Desde la perspectiva sintáctica abundan las anfibologías, es decir, las oraciones con un doble significado ("el burro de Juan llevó todo el peso"), metáforas ("Carl Lewis es un gamo"), las suposiciones ("cuando el río suena agua lleva") o las construcciones incorrectas o inexactas ("se venden camisas para señoras de seda"), etc. Debido a estas características, el lenguaje natural puede presentar numerosas dificultades cuando se trata de expresar contenidos rigurosos y precisos; por tanto, en algunas tareas resulta conveniente utilizar un lenguaje artificial o convencional, en el que se fije de manera unívoca, esto es, sin ambigüedades, el significado de los términos y se indique exactamente el contenido de las proposiciones y lo expresado en ella. Pero, conviene dejar claro que, en sentido estricto, todos los lenguajes humanos son convencionales o artificiales, puesto que no existe ninguna razón natural para que las palabras designen los objetos que significan, por ejemplo, para que el término "piedra" signifique el objeto piedra, o la voz "melocotón" el objeto melocotón. Pero los lenguajes llamados naturales se han formado a un ritmo lento, evolucionando a lo largo de la Historia desde idiomas anteriores o primitivos a otros posteriores o derivados, perdiendo y adquiriendo determinados vocablos y ciertas estructuras, de acuerdo con avatares y circunstancias históricas; por ejemplo, del latín derivaron el español, el francés, …; el español, a su vez, puede evolucionar de distinta manera en España, México, Puerto Rico, … Los lenguajes artificiales o convencionales propiamente dichos, por su parte, se elaboran intencionalmente con miras a determinados fines o en virtud de una necesidades expresivas muy precisas. Desde este punto de vista, los lenguajes artificiales sólo resultan posibles gracias a la capacidad reflexiva de los lenguajes naturales, es decir, debido a la potencia que poseen los lenguajes naturales para examinar, analizar y precisar sus propios contenidos, estructuras y significados. En general, estos lenguajes se caracterizan por su rigor y exactitud y, en este sentido, constituyen medios o instrumentos elaborados por los científicos, que permiten expresar de manera adecuada los objetos estudiados por sus ciencias. Con respecto al lenguaje natural, el lenguaje formal presenta las siguientes ventajas:
7.1 Las categorías de un lenguaje formalLa diferencia fundamental entre un lenguaje natural y un lenguaje formal radica en su estructura. Un lenguaje formal (al que en lo sucesivo denominaremos cálculo) es un sistema de símbolos definidos con precisión, más unas reglas de formación de expresiones mediante la combinación de estos símbolos, y unas reglas de transformación de esas expresiones en otras expresiones del cálculo. Las expresiones bien formadas, esto es, las formadas de acuerdo con las reglas, se denominan fórmulas del cálculo. A un cálculo le atañen únicamente consideraciones sintácticas del tipo "qué es un signo del cálculo y qué no lo es", "qué símbolos son primitivos y cuáles derivados", etc. Los símbolos del cálculo en rigor carecen de significado, esto es no se refieren a nada, por lo que un cálculo en cuanto tal está semánticamente vacío. Por tanto, mientras el cálculo sea un puro cálculo, sus símbolos no son propiamente símbolos -pues no representan nada- sino meros grafismos. La construcción de cálculos suele tener una finalidad determinada, que a menudo consiste en resolver problemas de alguna clase. En tal caso habremos de dar una interpretación a esos grafismos, con lo que se convierten en verdaderos símbolos y el cálculo en un lenguaje formalizado, al que desde entonces concernirán aspectos semánticos tanto como sintácticos. Así, por ejemplo, en el cálculo lógico de enunciados yo puedo utilizar marcas como ¬, Ù, Ú, ® y definirlos según una tabla de asignación de valores. Pero en la medida en que pretenda que las tablas de asignación de valores no sean arbitrarias, sino que la asignación de valores de verdad coincida con el uso en español de determinadas conjunciones como "no", "y" o "si … entonces", estoy interpretando tales grafías en términos de palabras de una lengua, y con ello las he convertido en símbolos (en este caso, símbolos de símbolos) y al cálculo en un lenguaje. 7.2 Metalenguaje del cálculoEs necesario distinguir entre el lenguaje del cálculo y el lenguaje en el que se habla del lenguaje del cálculo. Esto nos retrotrae a la distinción entre lenguaje y metalenguaje. Lenguaje objeto es aquel en el que se habla del mundo, metalenguaje es el lenguaje en el que se habla del lenguaje objeto. Un cálculo hasta que no se interpreta no es propiamente un lenguaje. Una vez interpretado sí lo es: un lenguaje formal. Entonces las fórmulas del cálculo pertenecen al lenguaje del cálculo, pero son metalingüísticas con respecto a lo representado. A su vez, el propio cálculo ha de construirse apelando al lenguaje natural. Así, las reglas de formación y transformación no pertenecen al lenguaje del cálculo -no son fórmulas de éste- sino que son metalingüísticas respecto del cálculo (y metametalingüísticas con respecto al lenguaje objeto). |