Filosofía
La cooperación entre hombres "malos" - Thomas Hobbes
Gabriel Constantino
gabriel.costantino@unsam.edu.ar
. Filosofía occidental
.
Sofistas. Sofística. Sofisma
. ¿Para qué sirve la filosofía?


. Epistemología

Busca aquí
monografías y textos
sobre otros temas

Glosarios
Biografías
Libros en línea

Habermas Vida y Obra - ¿Qué es la filosofía? La filosofía y su relación con la cultura - Henri Bergson Vida y Obra

Fuente Política y Actualidad

Los estudios políticos de Thomas Hobbes comparten muchas intuiciones con la obra de Nicolás Maquiavelo. Entre ellas, la idea de la debilidad y perversidad del hombre recibió de aquel una elaboración y fundamentación más sofisticada que la desarrollada por el autor de El Príncipe, aun cuando la continuidad de la perspectiva -con sus principales implicancias- se mantuvo evidente y significativa (1).

Para Hobbes la naturaleza del hombre es esencialmente egoísta, en el sentido de que las personas son 'movidas' por consideraciones que afectan a su propia conservación o poder, y los demás seres humanos le importan sólo en la medida en que afectan a esas consideraciones (2). Es más, los hombres que 'naturalmente aman la libertad y el dominio sobre los demás' (3), experimentan un gran desagrado reuniéndose con los semejantes; y debido a su esencia competitiva, desconfiada y ambiciosa, se hallan en una situación de guerra de todos contra todos, si no existe un poder común que los atemorice y les ponga límites.

Como consecuencia, el Leviatán nos describe un estado de naturaleza donde 'no existe oportunidad para la industria, ya que su fruto es incierto; por consiguiente no hay cultivo sobre la tierra, ni navegación, ni uso de los artículos que pueden ser importados por mar, ni construcciones confortables, ni instrumentos para mover y remover las cosas que requieren mucha fuerza, ni conocimiento de la faz de la tierra, ni cómputo del tiempo, ni artes ni letras, ni sociedad; y lo que es peor de todo, existe continuo temor y peligro de muerte violenta; y la vida del hombre es solitaria, pobre, tosca, embrutecida y breve' (4).

En oposición a esta postura, muchos autores denuncian que los trabajos de Hobbes consideran de modo arbitrario aquellas cualidades competitivas y despiadadas de la naturaleza humana que son incompatibles con la confianza mutua y la sociedad (5). Sin embargo, el autor del Leviatán es consciente de que se podría tomar a su descripción como, por lo menos, parcial o exagerada, y, posiblemente, equivocada. Ahora, Hobbes aprieta el torniquete de su argumento: 'A quien no pondere estas cosas puede parecerle extraño que la Naturaleza venga a disociar y haga a los hombres aptos para invadir y destruirse mutuamente; y puede ocurrir que no confiando en esta inferencia basada en las pasiones, desee, acaso, verla confirmada por la experiencia. Haced, pues, que se considere a sí mismo; cuando emprende una jornada, se procura armas y trata de ir bien acompañado; cuando va a dormir cierra las puertas; cuando se halla en su propia casa, echa la llave a sus arcas; y todo esto aún sabiendo que existen leyes y funcionarios públicos armados para vengar todos los daños que le hagan. ¿Qué opinión tiene, así, de sus conciudadanos (...)? ¿No significa esto acusar a la humanidad con sus actos, como yo lo hago con mis palabras?'.

Dicho de otra manera, Hobbes invita a las personas que no crean en la validez de aquel 'estado de naturaleza', a pensar si no existen circunstancias de la vida corriente que cumplan con los supuestos de su 'dramática' modelización. Esto es, principalmente, el estado 'natural' de falta de coincidencia de la conducta autointeresada -maximizadora de la propia utilidad- y resultados socialmente cooperadores entre las distintas personas, donde un motivo fundamental se halla en la incertidumbre mutua sobre lo que el otro fuera a hacer (6). Luego, la situación desastrosa para todos.

Profundizando en aquella incitación hobbesiana, ejemplos usuales que pueden venir al caso son el dilema de prestar algo a alguien, de pagar los impuestos cuando 'no estoy seguro' si los demás lo hacen, de viajar en tren de 'colado'; decidir acortar camino pasando por una zona marginal, pensar 'olvidar' un vuelto en nuestros bolsillos, etc. Entonces, ¿cuál es nuestro juicio acerca de la humanidad? ¿cómo nos comportamos?

LA COOPERACIÓN ENTRE HOMBRES 'MALOS'

Es una tendencia el identificar la paz, la estabilidad y la cooperación con nociones como la preocupación por los demás, la búsqueda del bienestar del grupo, o por lo menos, con la confianza, el respeto y la buena fe en los compromisos entre las personas (7). Pero, y como bien nos hacía notar Hobbes, en muchas circunstancias estos 'valores' no existen; en el extremo, nadie tiene ninguna esperanza de que se cumplan las promesas y compromisos, y la misma aceptación de la palabra de otros -e 'inversión' en sus capacidades-, supone un absurdo.

Ahora, nótese la cantidad de 'negocios' que se verían perjudicados por esta ausencia de certidumbre, o mejor, recordemos la descripción del estado de naturaleza del Leviatán... En efecto, Hobbes ha sido un pensador fundamental en el estudio de las oportunidades de los acuerdos y tareas comunes cuando la confianza y la buena fe faltan entre las personas. Desde su rigurosa perspectiva individualista que daría el pie a una tradición entera de la teoría social y política (8), argumentó que incluso entre personas egoístas es razonable fomentar pactos y promesas, ser equitativos, agradecidos, complacientes y tolerantes (9). En cuanto al modo de lograr ello, la creación del poder soberano debía ser comprendida como un instrumento para asegurar los incentivos a la cooperación, aunque sea justamente una de las partes menos claras de su obra -y decimos esto, porque el poder supremo asegurador de la 'buena fe' entre los hombres, se sustentaba en la 'confianza mutua' a la renuncia recíproca de la libertad natural (10)-.

Pese a lo expuesto, creemos que se puede interpretar esta 'zona oscura' del razonamiento de Hobbes de la siguiente manera. Ante la experiencia del peligro de la guerra de todos contra todos, los hombres eligen cooperar al momento del pacto, pero, a la vez, deciden atarse a sí mismos generando un poder coercitivo para transformar los incentivos a aprovecharse de los demás en un futuro: por ejemplo, dándole a una autoridad central los elementos para obligar a los contribuyentes a pagar impuestos, a no estafar y robar, a hacer honor de los contratos con extraños, etc. De esta manera, los costos de 'free-riding' serían más altos y asegurarían la represión de las tentaciones que pondrían en peligro a la sociedad. Pues un punto esencial es que las personas saben que 'en el fondo' permanecen 'egoístas' (11) y necesitan de un gobierno fuerte para asegurar la futura vida en común.

Como señala un prestigioso teórico contemporáneo en los problemas de la cooperación, 'los antiguos intercambiaban rehenes, tomaban vino de la misma copa para demostrar la ausencia de veneno, se encontraban en lugares públicos para inhibir la masacre de alguno sobre el otro, e incluso deliberadamente permutaban espías para facilitar la transmisión de información verdadera' (12). En este sentido, la ciencia política debería aprender mucho de la eficacia de esas viejas prácticas, 'notando en que circunstancias ellas podrían aplicarse y describiendo equivalentes modernos que, aunque sean ofensivos para nuestro gusto, podrían ser desesperadamente necesarios en la regulación de los conflictos' (13).

En suma, si alguien considerase que en las relaciones humanas (y principalmente, es nuestro tema, en las relaciones políticas) no existen inquietudes y problemas sobre la búsqueda del bienestar del grupo por parte de cada individuo, sobre el mutuo respeto a los acuerdos y valores, etc., entonces, tanto Hobbes como Schelling le recomendarían no dedicar energía en sus trabajos. Claro que también le aconsejarían que no se ocupe en tratar problemas políticos.

Notas
(1) En otro lugar, habíamos rastreado esta línea hasta la posición de Glaucón en La República de Platón: 'Los hombres fueron mutuamente injustos y padecieron la injusticia, y al cabo de conocer una y la otra, considerándose impotentes para evitar la segunda alternativa y no pudiendo tampoco, impunemente, hacer víctimas de injusticia a los demás, convinieron en que era preferible no cometer ni padecer injusticias. (...) Tal es el origen y la esencia de la justicia, término medio entre el mayor bien que deriva de cometer impunemente injusticia, y el mayor mal que consiste en no poder vengarse de la injusticia'. (2) G. Sabine. (3) T. Hobbes. (4) T. Hobbes. La semejanza con las descripciones de Maquiavelo acerca de la vida en un Estado que no posee poder y no puede asegurar el orden es un ejemplo de lo que tenemos en mente cuando atribuímos 'valores burgueses' a estos autores: para ambos, un problema fundamental al que debe responder la teoría política es el de 'la (falta de) seguridad de la propia vida y propiedades como consecuencia de la incapacidad de las sociedades para poner límites a la guerra' (R. Etchegaray). (5) G. Sabine. (6) La terminología utilizada es la de los juegos de cooperación mixta -y la analogía con el dilema del prisionero es, en este punto, evidente-. (7) T. Schelling. (8) La tradición del individualismo metodológico y la elección racional. (9) No ser envidioso, no ser vengativo, enseñar a la gente a preocuparse por los demás, enseñar la reciprocidad -'haz a los demás como quieras que hagan contigo'-, son todas recomendaciones que se encuentran en diversos manuales de 'bargaining' y cooperación, que Hobbes, varios siglos antes, ya había formulado. (10) De modo que la respuesta al problema de la cooperación que vendría a darnos un poder soberano se basaba, pareciera, en que estuviese solucionado desde el principio. (11) Nótese que la paradoja permanece pues Hobbes nunca concibió la posibilidad de un cambio de preferencias a través del tiempo; es más, se esforzó en hacer hincapié en la naturaleza no cooperativa de las personas. Sin embargo, se comprendería un poco más la confusión en tanto el inglés quisiera resaltar la idea de la última oración. (12) T. Schelling. (13) T. Schelling.

Bibliografía

R. Axelrod: 'La evolución de la cooperación', Alianza.
R. Etchegaray: 'Dominación y política', Ediciones al Margen.
T. Hobbes: 'Leviatán', Fondo de Cultura Económica.
M. Horkheimer: 'Historia, metafísica y escepticismo', Altaya.
G. Sabine: 'Historia de la teoría política', Fondo de Cultura Económica.
T. C. Schelling: 'The strategy of conflict', Harvard

El autor: Gabriel Costantino (gabriel.costantino@unsam.edu.ar) es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad del Salvador y actualmente cursa la Maestría en Etica Aplicada en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Desde el 2001 trabaja realizando tareas de gestión en la Escuela de Humanidades de la Universidad Nacional de San Martín. Es ayudante de cátedra en Pensamiento y Lenguaje (UNSAM) y en Filosofía Social y Política (USAL).


Principal-|-Consulta a Avizora |-Sugiera su Sitio | Temas Que Queman | Libros Gratis
Publicaciones | Glosarios Libro de Visitas-|-Horóscopo | Gana Dinero


AVIZORA
TEL: +54 (3492) 434313 /+54 (3492) 452494 / +54 (3492) 421382 /
+54 (3492) 15 612463 ARGENTINA
Web master: webmaster@avizora.com
Copyright © 2001 m. Avizora.com