B. Filosófico: El pensamiento de lo
original. Paradoja e invención
Tres importantes
enunciados robinsonianos nos bastarán para ejemplificar este
pensamiento de lo original que rompe con las identidades y las
contradicciones clásicas mediante la invención paradojal.
a. Colonicemos el
continente con sus propios habitantes (programa político)
b. Lo único constante es la variación (principio ontológico)
c. Si hemos de imitar a otro imitemos su originalidad (programa
metodológico)
Los tres enunciados
encierran paradojas:
Colonización
intraterritorial
Variación constante
Imitación original
Son juegos
conceptuales, oximorones que bien podrían remontarse al pensamiento
de Heráclito de Éfeso (mucho más que al de Sócrates).
La paradoja ha sido
definida como “opinión contraria a la opinión”. En la historia de
los sistemas de pensamiento ha sido un instrumento de emancipación
lógica con relación a los modelos dominantes en la Filosofía y en la
Opinión. Los eleáticos la usaron contra el realismo inmediatista;
los sofistas contra el dogmatismo religioso y político; los estoicos
contra el idealismo platónico-aristotélico; la filosofía moderna y
contemporánea contra el academicismo y la metafísica.
La paradoja puede entenderse como una operación lógico-literaria
que:
a. Utilizando premisas usuales produce una conclusión novedosa,
heterodoxa;
b. Afirma simultáneamente dos sentidos contradictorios, empujando al
pensamiento más allá de la lógica usual.
La Filosofía siempre ha intentado una reforma de la Opinión
imperante por medio de una reformulación de la Razón (contra el
prejuicio, el dogma, el fanatismo, el desenfreno pasional).
Rodríguez filósofo, romántico revolucionario enemigo de la
imitación, heredero de la Ilustración, enciclopedista fragmentario,
empirista y pragmatista, insurge contra la Opinión colonial que
domina y que lastra las nuevas repúblicas, aun luego de las
victorias militares y políticas, reclamando la invención de una
Razón republicana fundada en la Libertad, el Bien común y la
Inmanencia del derecho.
Empirista, por el rechazo a toda metafísica, a todo principio o
valor trascendente, exterior o superior a la realidad humana,
geográfica, social y económica tangible. Los valores y principios se
forjan en la experiencia de la realidad mediante el hábito y el
modelamiento histórico del instinto social.
Pragmatista, porque considera que la imagen teórica hace posible la
acción —moral, económica, política—, pero es la acción la que
justifica la imagen teórica.
Los criterios centrales de este pensamiento creativo, erigido contra
la imitación clásico-colonial como paradigma de la dominación del
pensamiento, vienen a ser la invención, la variación, la
originalidad. Dada una realidad novedosa, como la americana, es
preciso crear y ejercer modos de comprensión y programación
novedosos e intrínsecos, autóctonos e inmanentes, so riesgo de
fracasar, no sólo en la comprensión sino en la realización misma.
Inventamos o erramos, es el dilema. Estamos obligados a inventar.
C. Ético: La
constitución política del sujeto republicano
Rodríguez pone en duda
la constancia de una naturaleza humana que pudiera ser definida de
una vez por todas, esencial y eterna, principio metafísico que
impediría la modificación del sujeto político que reclaman las
nuevas repúblicas. Considera que el sujeto humano —no sólo sujeto
psicológico y jurídico sino sujeto de la acción social en general—
se conforma y se constituye política e históricamente. Éste es el
principio de la posibilidad de una pedagogía republicana, verdadero
proyecto para la constitución de ciudadanos libres.
Las nuevas repúblicas han heredado un tipo de subjetividad colonial,
que desea el premio por su servilismo y obedece por la fuerza del
garrote, que burla la ley cuando no rige la amenaza y arrebata para
sí solo, cuando puede, lo que no le es garantizado por ningún
derecho.
El principio, empirista, es que el hábito social se ha hecho
instinto, constituyendo el tipo de subjetividad que todavía impera
en las poblaciones de las nuevas repúblicas, reproducido a través de
las mismas familias que nutren el tejido social. El sujeto colonial
se quiebra cuando se modifica, en las nuevas generaciones, el
instinto social heredado, cuando se suplanta el deseo de la
esclavitud por el ejercicio de la libertad racional, constituyendo
un nuevo instinto social, un instinto republicano forjado en las
escuelas (en donde se protege a los nuevos sujetos de los vicios
coloniales de sus propias familias), que obedezca al derecho, a la
ley y a la autoridad, no por la promesa del premio y la amenaza del
garrote sino por la conciencia inmanente, hecha instinto mediante la
enseñanza, del Bien común, como dicta la Razón con la que estamos
colectivamente de acuerdo.
Una nueva constitución política del sujeto significa la formación de
sujetos dentro de relaciones de poder diferentes, no de obediencia
por la fuerza, en función del premio y la amenaza (Monarquía), sino
de libre cooperación por el fin colectivo del que somos
individualmente beneficiarios (República).
Piensa en todos para que todos piensen en ti.
Este
pensamiento que aquí hemos esbozado e intentado describir, empleando
categorías de filosofías posteriores a él, nos parece contener un
alto potencial de contemporaneidad, de interés teórico y práctico.
Percibimos resonancias heracliteanas (en el devenir, el flujo y el
azar); espinozistas (en la importacia del derecho natural y la
libertad de la Razón); nietzscheanas (en la irreverencia ante los
ídolos y la reversión de los valores). Pero presenta aun
vinculabilidades con pensamientos más recientes como los de los
franceses Gilles Deleuze (en la inmanencia, la desterritorialización
y la rizomática) y Michel Foucault (en la política de la verdad y la
historicidad del sujeto).
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