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Filosofía |
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El pensamiento de este autor tiene muchas facetas, sus innumerables rostros siguen deconstruyendo 100 años después lo que la cultura occidental construyó desde Grecia hasta hoy. Este texto aborda precisamente la notoriedad de ese pensamiento, resaltando sus aspectos morales y estéticos, su mirada a la historia y el como mirarla, sus descubrimientos, y las consecuencias de un pensamiento que desde sus márgenes anuncia ya el fin de esta civilización. Para Friedrich Nietzsche el hombre se capta a sí mismo en la vida como un querer; este querer se revela y fundamenta como voluntad de poder constante; la vida misma es en esencia voluntad de poder. Esta voluntad es connatural a todo lo que vive. Todo lo vivo es desde sí mismo voluntad de vida y lo es en cuanto se opone naturalmente a la muerte. Esta forma de la voluntad, inherente al ser humano, se manifiesta por un lado, como voluntad de apertura al mundo, migración constante de sí mismo, o a la inversa, desde lo opuesto, como negación de sí mismo, una especie de voluntad nihilista que se afirma en la nada, en lo extraño a sí mismo, o en lo absoluto. Esto significa que lo opuesto a la voluntad de poder, como voluntad negativa, toma la forma del espíritu cansado, de aquel que sólo se mantiene y se acomoda al mundo de manera pasiva, pero no crece. Es de alguna manera la manifestación social más clara hoy día del espíritu gregario o burgués. En la obra de este polémico pensador que define, pues, a la esencia de la vida o al ser de los entes como voluntad de poder, solemos encontrar dos tendencias pertenecientes a la filosofía de los valores; una se mueve en el campo de la estética y la otra en el de la ética. Estas maneras aparecen en el autor de forma complementaria, o como voluntad de verdad o como arte, esta última se revela como voluntad de vida abundante que se sobrepasa a sí misma en creación constante y que define exactamente el campo de la voluntad de poder en tanto necesidad del ser de afirmarse a sí mismo. No obstante, detrás de la voluntad de verdad del hombre, o sea del conocimiento, se esconde en últimas también una voluntad de poder, de demostrarse a sí mismo, de autoengañarse. Por eso es tan complejo desentrañar la verdad, desencubrirla, porque ella se convierte en obstáculo para sí misma, no solamente porque no hay signos absolutos como plantea Michelle Foucault, cada signo (...) no es la cosa que se ofrece a la interpretación, sino que es interpretación de otros signos(1) . igualmente el desencubrimiento mismo, aparece como una forma del error por cuanto hay incesante devenir del mundo, que implica para el investigador un intento de fijación de algo que no es por sí mismo fijable, el mundo es devenir puro como ya lo afirmó Heráclito y en consecuencia el error está en el mirar del investigador; de su intento de adecuación al ente o su imposición desde la voluntad, ambas son formas de hacer violencia a la verdad. |
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Estas formas de lo ético y lo estético
por su misma naturaleza parecen también comportar cierto aire de
contradicción. Una contradicción ligada a la pugnacidad existente
entre la forma de vida estética que persigue la propia satisfacción
huyendo del dolor y el hastío, y el estilo de la vida ético que se
mueve en el campo de los deberes y de las normas, de las
dificultades que se viven en el trabajo, en la escuela, etc. Los
aspectos éticos que para el filósofo, no parecen tener un fin en sí
mismo, son puntualmente parte de una indagación genealógica sobre la
formación de los conceptos morales en el hombre occidental; esa
indagación llevaría a desentrañar el problema del valor y a
descubrir el advenimiento del nihilismo. 1. El filósofo-pájaro. Ética y conocimiento Siendo Nietzsche un destructor de imágenes, un desmitificador que ha contribuido de manera capital con el derrumbamiento del mundo platónico-cristiano, su filosofía constructiva o positiva como dirían algunos, se nos aparece por eso mismo casi imperceptible. No obstante, ella se nos presenta como un futuro que el filósofo avista en la historia y que no logra exactamente determinar; avizora lo que viene sin definirlo con claridad. Por eso se le aparece una serie de presentimientos acompañados de una indagación hermenéutica penetrante sobre los sucesos históricos que pudieron haber sido relevantes o no relevantes para la historia oficial de la ideas. Sumado a todo ello, el hecho constante de -prepararse, y ejercitar la mirada para ver a distancia(2) . Incluso también la vivificación de lo que ha denominado como el sexto sentido, o sentido de la historia, un especie de sentido adivinatorio originado, según el filósofo, en la voluntad de verdad del hombre del siglo XIX producto de la domesticación y la semibarbarie que como dice en Más allá del bien y del mal se ha revertido en la “capacidad de adivinar con rapidez la jerarquía de las valoraciones según las cuales ha vivido un pueblo” (3). (...) lo opuesto a la voluntad de poder, como voluntad negativa, toma la forma del espíritu cansado, de aquel que sólo se mantiene y se acomoda al mundo de manera pasiva, pero no crece. Es de alguna manera la manifestación social más clara hoy día del espíritu gregario o burgués. De estas formas, es decir, de su asombrosa penetración psicológica, de los conocimientos históricos, de su agudeza para percibir el futuro, se configura la imagen del pájaro-profeta: aquel pensador que intempestivo e inactual fue asombrosamente preciso en la predicción de algunos de los fenómenos históricos cuya veracidad es constatada(4). O se configura de otro lado, la imagen del filosófo-pájaro; que designaría la misma tendencia cambiante en su distensión temporal, respectivamente como protensión en el primer caso o retrospección en el segundo. A esta última designación del filósofo-pájaro Nietzsche opone la mirada de rana, o de perspectiva de rana que es poco profunda y sin alcance en cuanto que el objeto está situado por encima de la “altura del ojo”(5) y por eso es una mirada que no se trasciende a sí misma. La crítica a los naturalistas ingleses es la misma crítica a la perspectiva de rana, es decir, a esos espíritus que han perdido el sentido histórico y que han envenenado a la humanidad con la idea del progreso. Obviamente que es una crítica radical al naturalismo anglosajón (británico-norteamericano de hoy día) que se impuso en el mundo actual adquiriendo luego la forma del positivismo científico, que es frío, calculador, falto de música, de arte y que, según lo afirma el filósofo, carga todavía restos de metafísica. En las etapas de la historia del platonismo, tomada de El crepúsculo de los ídolos, que Nietzsche denomina “historia de un error”(6) , la época del positivismo científico aparece metafóricamente como el gran bostezo de la razón, una razón que se volvió científica al mismo tiempo que adormecía los sentidos. Esta afirmación del mundo por la soberanía de la ciencia y de la técnica, sucede a costa del adormecimiento de los impulsos vitales. En su intento por recuperar el mundo sensible, aunque el filósofo no lo revela ni lo anuncia, rechaza la solución naturalista tímida y riesgosa dependiente todavía de las raíces metafísicas en los conceptos de progreso y desarrollo, frente al peligro también evidente que comporta ese progreso de destruir toda voluntad de vida. EL
filósofo-pájaro, que más nos ocupa en este trabajo es aquel que
se aleja cada vez más lejos hacia las cumbres, a fin de ver cada vez
mas cosas debajo de sí(7) , tiene una mirada transhistórica y se
siente un ser inactual en tanto que ve lo que otros no ven, es
igualmente lúcido y clarividente; trasciende el presente histórico
pero su inactualidad tiene de su lado la fatalidad. Pues el precio
de esa lúcida visión es la soledad y por eso muchas veces el
filósofo-pájaro hubiera preferido cerrar los ojos y no ver. Lo que
ve es ciertamente terrible. Pero antes de relatarlo evoquemos este
bello texto de Ecce Homo que nos pone en contacto con la
fuerza de su pensamiento: Este texto manifiesta el rechazo al error fundado en lo que denomina (-el ideal-) esto es, que rechaza el hecho de mantener puesta la mirada en el mundo metafísico en sentido platónico-cristiano, pues eso es ceguera que no le ha posibilitado al hombre acercarse a la verdad, ni aprender a ejercitarse para mirar a distancia, y no le ha permitido crecer sino simplemente mantenerse, permanecer atado a una doble naturaleza como si fuese un pedazo de mundo entre dos nadas. Así lo manifiesta en muchos de sus textos refiriéndose a la metafísica fundada por Platón en Occidente, el hombre de Platón es un hombre que no se pertenece a sí mismo, está atado al más allá, su mundo real es apariencia y lo ideal es sencillamente la verdad, pero en términos metafísicos, ya que en términos de lo sensible es el error, esto es, el ideal, una forma más de la voluntad nihilista en cuanto voluntad de nada. Pero la verdad como hemos dicho no se muestra tan fácilmente, se presenta velada, es apariencia y profundidad en la piel, por eso en la actividad del conocimiento no se trata de descorrer el velo, se requiere también la mirada de artista, en la gaya sciencia señala el mal gusto de aquellos jóvenes egipcios abrazados a las estatuas tratando de poner la verdad a plena luz, la verdad añade es tal vez una mujer que tiene sus razones para no dejar ver sus razones(9) , ella requiere del juego del guerrero que dance a su alrededor, en un juego de polaridades que se aleje y se acerque manteniendo la tensión de la inevitable incertidumbre, es enigmática como la vida, y tal como ocurre con el mundo onírico y con el inconsciente no se le puede hacer violencia, por eso exclama “es la verdad una mujer no se le debe hacer violencia”(10). Violentar a la verdad como ha hecho el positivismo científico es aniquilarla en su mundo de posibilidades, y en términos del mundo platónico-cristiano es afirmar la nada, o el ente metafísico, frente al ser. Ahora bien, antes del filósofo-pájaro narrar lo visto en el vuelo, induce a sus lectores a un experimento para que ejerciten los ojos para ver a distancia y propone eliminar el mundo de las ideas (mundo metafísico). Tiempo después la propuesta de la prueba se transmuta en la afirmación de un hecho. Desmoronamiento de la interpretación platónico-cristiana del mundo. El filósofo-pájaro ha descubierto un nombre para tal fenómeno histórico: Nihilismo. Esto es, que el nihilismo es la consecuencia de ese desmoronamiento del mundo metafísico. Dicho advenimiento es narrado así en La voluntad de poder: El nihilismo está a la puerta, ¿De donde nos llega este, el más terrible de los huéspedes? (11). El nihilismo en su aspecto de crisis, representa la pérdida de la fe en las ideas y los ideales que han sido los rectores fundamentales de la conducta humana. Este se nos presenta como nihilismo práctico resultado de la pérdida de los valores fundamentales. La consecuencia de este derrumbamiento es el inmoralismo como fenómeno que acompaña a la destrucción del mundo metafísico y Dios como su último fundamento, este último denominado el nihilismo ontológico. Muerto Dios se derrumban todos los valores por los que caminaba firmemente el hombre occidental. Ese mundo metafísico de ideas nacido con Platón y reforzado definitivamente por los valores cristianos pierde ya la posibilidad de congregar y convencer, esos valores se quedaron atascados en un momento de la historia, y el mundo desde el advenimiento de la modernidad entraba en una época de inevitable secularización. En la Gaya sciencia el loco lo anunciaría hemos matado a Dios, hemos cometido el acto más sacrílego, la tierra anda en la mas completa oscuridad y desencadenada del sol, (...) erramos a través de una nada infinita, (12) este es un suceso aterrador pues pone a girar al mundo en una nada absoluta, que adquiere el tamiz de una nada ontológica que imposibilita el sosiego del hombre, que ya camina a tientas como la tierra que se ha descuajado del sol y anda rodeada de peligros mientras encuentra la ruta. Es claro que tras la muerte de dios y el advenimiento del nihilismo el espíritu se transforma en un ser que tiene que cargar con unos valores que ha soportado por mas de XX siglos y que no pueden sucumbir de la noche a la mañana, el camello, esa primigenia transformación del espíritu, se admira y sufre, pero como dice Zuleta, necesita maestros que le ayuden a hacer ese tránsito con mayor claridad; luego el espíritu se ha transformado en león, que es un ser que se revela y es crítico, pretende ser autónomo y en una penetrante reflexión ética, se descubre a sí mismo, es su propio amo y por eso se hace un solitario, va sencillamente al encuentro de sí mismo; por último se transforma en niño que es un ser que tras superar el resentimiento se vuelve hacia la afirmación de la vida. Se supone que este hombre-niño, es el último hombre tendido desde el animal hasta llegar al superhombre. Este último hombre es la consecuencia del nihilismo no superado o no dominado. No obstante, el hombre es algo que tiene que ser superado, como una tarea. El superhombre, como dice Heidegger, no es ningún ser extraordinario sino aquel hombre que se sale de lo que hasta ahora ha sido, esto es, aquel cuya existencia y relación con el ser han estado determinados por las formas del platonismo (13). Pero pasará mucho tiempo, dice Nietzsche, para superar esta sensación de aterrador vacío, cien años hasta el advenimiento de aquellos espíritus libres que tanto anunciara al inicio de Humano demasiado humano(14), que ya no son los hombres platónicos de el famoso Mito de la caverna, sino seres con capacidad de crear, inocentes, no resentidos, que se asombran y disfrutan que han superado el ámbito deontológico y vuelven a una total afirmación de la vida, de la moral del yo puedo. Esta moral del yo puedo, nos retrotrae a la moral de la crueldad propia de los pueblos bárbaros antiguos, antes de que se pusiera en marcha la transvaloración de los valores hecha por un pueblo que Nietzsche designa como el pueblo sacerdotal por excelencia, el pueblo judío. 2. Historia natural de la moral o de los sentimientos morales El autor en la Genealogía de la Moral va a desarrollar una historia natural de la moral utilizando el método genealógico y filológico con el objeto de descubrir los conceptos morales que han estructurado al hombre occidental (veamos el desarrollo natural de la moral que pone al descubierto la forma valorativa de la humanidad occidental). La transvaloración de los valores fue impuesta, según Nietzsche, por pueblos débiles y vengativos que practicaban una moral de la piedad y la clemencia. Esta moral era tenida por los otros pueblos como signos de debilidad. En principio la moral de la crueldad fue la forma connatural a los pueblos antiguos “entre los salvajes la idea de despertar la piedad causa horror (...) tener piedad de alguien es despreciarlo”(15) - Con el tiempo entonces la moral de la crueldad cedió el puesto a la moral de la piedad. La crueldad forma parte de las primeras fiestas de regocijo y de victoria de la humanidad y así se creía que los dioses se alegrarían y alborozarían si se les ofreciese espectáculos crueles, por eso al ascetismo, a la abstinencia, a los suplicios voluntarios se les daba un gran valor. El cristianismo como una religión también antigua hace los mismos llamamientos a la tortura moral (16). A esta última designación del filósofo-pájaro Nietzsche opone la mirada de rana, o de perspectiva de rana que es poco profunda y sin alcance en cuanto que el objeto está situado por encima de la “altura del ojo” Así pues, los pueblos antiguos no conocían otra clasificación moral de los hombres que la que distingue los pueblos débiles de los fuertes, los poderosos de los humildes, significando la palabra bueno: noble, poderoso rico; tanto en Grecia como en otros pueblos antiguos(17) . La transvaloración de los valores aparece en la historia como un especie de venganza producto del odio y del resentimiento. Por el hecho mismo de ser noble y responder por sí mismo, el hombre fue un animal capaz de hacer y cumplir promesas. Sin embargo, dice Nietzsche, el hombre fue también un animal olvidadizo, un animal del instinto y de la acción que para mantener la fuerza de su vigor y de su acción necesitó de una capacidad de olvido, con la cual la acción no fuese mediada. Cuando este animal consideró necesario hacerse a una memoria y sólo para recordar promesas, lo hizo con una auténtica voluntad de no liberarse, de seguir queriendo lo querido una vez. Pero la prehistoria de esa responsabilidad, que es la conciencia, fue larga y tormentosa. Pues todo lo que permanece en la memoria fue gravado alguna vez con dolor; aquello no se pudo realizar sin sangre ni sacrificios. La memoria, ese sentimiento de ánimo para disponer del futuro, esa libertad de poder sobre el destino, ese instinto de dominación es para el hombre soberano, según Nietzsche, su conciencia. Por eso en el hombre se formó su espíritualidad social como mala conciencia, esta aparece como un sentimiento para recordar lo prometido y dado el caso de que no se cumpla se convierte en deuda generando la culpa y el remordimiento. La reivindicación de la culpa como una deuda hacia los antepasados conllevaba necesariamente resarcir dicha culpa con sacrificios y torturas. Frente al cambio generado por la actitud enfermiza del remordimiento, todos los instintos fuertes y salvajes; el espíritu de iniciativa, la temeridad, la audacia, la pasión sin límites, el espíritu dominador que antes eran tolerados y alentados fueron considerados depronto como peligrosos, inmorales y los seres acostumbrados a la vida errante y llena de aventuras vieron prohibidos sus instintos cubriéndose totalmente de desaliento y de abatimiento y todos esos sentimientos se volvieron dentro como remordimiento y mala conciencia (18) y de esta forma comenzarían a aparecer los imperativos morales. Así pues, la naturaleza humana ha necesitado siempre de un imperativo moral, es decir, de algo que comprima la libertad excesiva; por lo tanto, no es la no libertad excesiva, o el «dejarse ir», una tiranía contra la naturaleza y la razón, sino una necesidad connatural al hombre, de no perecer. La tiranía ha educado al espíritu, las cosas por las que vale la pena vivir como la virtud, el heroísmo, la mística, la belleza, el conocimiento, la danza, la espiritualidad, no se han manifestado sino a través de una tiranía, de una arbitrariedad, de una obediencia a leyes naturales que aparecen como condiciones de vida y crecimiento. De esta manera, para el filósofo, la cultura reposa sobre la creación de valor. Con sus categorías del bien y del mal en la genealogía de la moral, se investiga no el origen del bien y del mal porque ello lo supondría, sino el origen de los conceptos que como tales, fueron creados por el hombre y no son «hechos» que están al servicio de lo absoluto. Por eso Nietzsche habla de la interpretación o introduce la interpretación en términos de moral. Hay pues una voluntad de poder que crea valores, que los instaura como modelo de interpretación de la vida. Se comprende desde el ámbito nietzscheano que halla una forma sacerdotal de valorar, totalmente opuesta a la manera de valorar caballerezco-aristocrática prevaleciente hasta los pueblos nobles de la edad media. Los judíos, según Nietzsche, por un acto de la más espiritual venganza contra los nobles y poderosos supieron tomar satisfacción de ellos, sus enemigos, por una transvaloración de los valores; la fuente de la nueva valoración es el resentimiento que se vuelve creador y engendra valores. Violentar a la verdad como ha hecho el positivismo científico es aniquilarla en su mundo de posibilidades, y en términos del mundo platónico-cristiano es afirmar la nada, o el ente metafísico, frente al ser. Los judíos invirtieron, entonces, la identificación de los valores aristocráticos (bueno-noble-poderoso-bello-feliz) manteniendo su venganza; esa inversión "los miserables son los buenos, los pobres, los impotentes, los bajos, los que sufren, los indigentes, los enfermos, ellos son los únicos buenos, los benditos de Dios; en cambio los nobles son los malvados y condenados, los crueles, los insaciables, los ateos; son los malditos y condenados”(19). Estos valores que son los valores de la cultura europea se verían encarnados luego en el cristianismo, el igualitarismo, y las formas políticas nuevas incluyendo las socialistas y democráticas que Nietzsche critica como formas gregarias herederas de esa moral de rebaño que tiene en sí restos de la moral dualista metafísico-cristiana. Al resentimiento, -añade-, le está vedado una auténtica reacción y su desquite es la venganza en lo imaginario. Mientras la moral caballerezco-aristocrática valora desde un concepto básico positivo impregnado de abundancia y de vida, “nosotros los nobles, los bellos, los felices», ellos consideran bueno lo que hacen porque lo hacen, valoran desde sí, buscan su opuesto, no para depender de él, sino para reafirmarse a sí mismo con mayor júbilo; por eso el noble es ingenuo, poco inteligente, menos teórico, un guerrero. En cambio la moral resentida invierte la mirada, establece valores dirigiéndose hacia fuera y no hacia sí mismo, no es honesto ni ingenuo, su alma mira de reojo, encubre su mundo, sabe callar, esperar y humillarse transitoriamente, por eso se hace más inteligente y venera la inteligencia como la más importante condición de existencia, mientras que en el noble es un especie de refinamiento. Cuando aparece el resentimiento en el noble se consume y se agota en reacción inmediata, como no calla no se envenena. Así para el noble lo malo era «lo infelíz», el fracaso, la desgracia, la pobreza, la castidad, la humildad; en una palabra, la santidad. Todo eso se da como reflejo de «infelicidad». Los «bien nacidos» se sentían felices no tenían que construir su felicidad artificialmente y no sabían separar la actividad de la felicidad. Obrar bien era ser feliz. Entonces el resentido para el enemigo es el malvado y a partir de este se imagina uno bueno «él mismo», es decir, su concepción de lo bueno le viene por reflejo. En cambio, La idea de lo malo en el noble, sale de sí mismo y se refiere a lo que no es él. A la base de todas estas razas nobles, como agrega en la genealogía de la moral, se reconoce al animal de rapiña, la llamada bestia rubia hoy ya domesticada, que ha dejado en sí el concepto «bárbaro» por donde ha pasado. La raza aria o indoeuropea, era una raza que se consideraba a sí misma «noble y digna». Resulta imposible no reconocer a la base de todas estas razas nobles, al animal de rapiña; aquellos pueblos que han dejado tras de sí el concepto bárbaro por donde han pasado. Por eso citando la Historia de la guerra del peloponeso de Tucídedes, Nietzsche nos recuerda que Pericles dice a sus atenienses en la famosa oración fúnebre: «Hemos forzado a todas las tierras y a todos los mares a ser accesibles a nuestra audacia, dejando en todas partes monumentos imperecederos del bien y del mal» (20). Esto que acabamos narrar aparece entonces como una historia de la formación de los conceptos morales que Nietzsche lleva a cabo para desvelar la manera de valorar que tienen los pueblos occidentales. En ese mismo sentido referiría C. M. Ciorán cómo dos mil años de sermones y códigos han edulcurado nuestra hiel de la misma manera que la educación y la hipocrecía refrenaron nuestros deseos y nuestros gestos (21). 3. El Filósofo-artista. Tentativa de recuperar el mundo sensible. La filosofía de Friedrich Nietzsche es, como él mismo lo ha dicho, un platonismo al revés. No obstante visto desde la perspectiva del superhombre el platonismo invertido es insuficiente, refiriéndose entonces a una especie diferente de hombre que ya ha superado el nihilismo y en consecuencia ya no está hecho de sustancia platónica. En su famoso Mito de la caverna de El libro VII de La República, Platón narra la historia que se desarrolla a lo largo de un diálogo entre Sócrates y Glaucón. En dicho diálogo Platón por boca de su maestro trata de enseñar su doctrina de la verdad poniendo ante los ojos el estado de ignorancia y la falta de educación, situando al hombre en una caverna oscura y subterránea. El fin del hombre es salir de la caverna oscura y entrar en la luz. El paso de la oscuridad de la caverna a la luz, significa el trayecto que el hombre debe seguir para pasar de la ignorancia al conocimiento. Cuatro etapas se distinguen en este proceso de educación y cada una representa un escaño para salir del mundo sensible que se aprende con los sentidos, hasta llegar al mundo inteligible que se aprende con la inteligencia y la razón. Este ascender representa el tránsito de la Doxa (opinión) a la Episteme (ciencia). Dentro de la doxa, que es el mundo de la conjetura y la creencia la mente se enfrenta imágenes, apariencias o ilusiones; mientras que el conocimiento verdadero y la ciencia se enfrenta a originales o arquetipos. Elevarse por encima de las imágenes y de las apariencias lleva a un mundo universal y a la idea de bien, que permite juzgar desde un mundo ideal, la realidad de la experiencia. Este salto de Platón hacia el mundo del más allá, hace parte de la fundación de la metafísica occidental. Dicho salto puede deberse, por un lado, a la necesidad que tiene la ciencia de encontrar enunciados que tengan necesidad lógica y validez universal, algo que no se puede encontrar en la Physis, en la naturaleza, que es experiencia, devenir puro. Por otro lado, y es la tesis nietzschena, que dicho salto hacia lo metafísico se debió al horror y al espanto de la existencia que conoció el hombre griego en una época en que comienza a percibirse la decadencia, y el griego debilitado interiormente sintió un odio de desagrado frente a lo real creando un mundo imaginario, una fábula. Para poder vivir encubrió su mundo. No soportó el cambio incesante, ni la llamada ley del bosque: “lo mejor de todo es no existir, lo mejor en segundo lugar morir” la dureza de la vida lleva entonces a que el griego buscase refugio en un mundo extrasensorial que prometía felicidad fuera del mundo. Desde la perspectiva de Nietzsche, de su antiplatonismo, los hombres de la caverna atados de pies y manos, escuchando ecos y viendo sombras, están atados es al mundo metafísico, que sí es efectivamente un mundo luminoso pero que enturbia, en sus posibilidades al mundo sensible. parecería entonces como una especie de profundidad que traspasa la piel del mundo hacia un mundo sin piel, algo engañoso. La salida de la caverna que nos lleva al conocimiento, al mundo suprasensible, es para Nietzsche precisamente la necesidad de recuperar el mundo sensible. (...) por otro lado, la luz es engañosa no sólo porque borra lo invisible del mundo visible, sino porque haciendo visible al mundo, es invisible para el mundo. Aparece entonces un especie de trasmundo del cual se apoderó el mundo platónico-cristiano destruyendo su sentido plástico. Aquí reaparece la imagen del filósofo-artista en tanto que se hace visible la existencia desde una profunda voluntad de apariencia. Por eso Nietzsche se pregunta ¿qué significa la luz, el día? ¿por qué impera lo luminoso frente a lo oscuro? ¿qué significa dicho imperialismo del lado de lo blanco frente a lo oscuro? Allí exclama Nietzsche: “el mundo es más profundo que lo que el día lo piensa”(22) . En la búsqueda de la verdad, al someter el mundo al pensamiento del ser a partir de la luz se disimulan muchas cosas. Si la luz alumbra ella se oculta, esa es su paradoja. En el mismo sentido hace visible el mundo haciéndose invisible ella(23) . Su engaño consiste en que ilumina la presencia inmediata, haciendo simple lo que no es simple, borrando las huellas, los fragmentos, las fracturas del ser. Es cierto, la oscuridad tampoco muestra las fracturas del ser, pero no las esconde en su sentido propio. Lo oscuro no mata la discontinuidad, la dispersión, la diferencia que es parte fundamental de la existencia. Ella está ahí como una fuerza inagotable que no se evidencia a sí misma porque su fractura no es tan clara, es enigmática, trágica o alegre, pero no hedonista. También, por otro lado, la luz es engañosa no sólo porque borra lo invisible del mundo visible, sino porque haciendo visible al mundo, es invisible para el mundo. Aparece entonces un especie de trasmundo del cual se apoderó el mundo platónico-cristiano destruyendo su sentido plástico. Esto significa que la crítica a la luminosidad es el apoderamiento que ha hecho de ella el mundo metafísico. Aquí nos hemos tropezado entonces con el mundo del arte. Lo estético en Nietzsche que lo hemos caracterizado como filósofo-artista es hilo conductor para comprender su pensamiento. Desde su primera obra es notoria como con el ojo del arte y solamente con él puede el pensador penetrar en el corazón del mundo. El mundo del arte a diferencia del mundo de la verdad no solo produce conocimiento sino que es un conocimiento que se rebasa a sí mismo en pura voluntad de poder, es creación pura y por eso mismo trasciende el mero conocer. Si bien, el conocimiento abre horizontes, el arte es creación pura. igualmente si el arte para Platón no lleva al conocimiento y por eso la mayoría de poetas son expulsados de su república, el arte para Nietzsche lleva al conocimiento pero no se enmarca dentro de lo epistémico se trasciende a sí mismo en creación constante desde la movilidad del ser. Es mas afín para el ser cambiante, para el mundo heraclitiano de fenómenos un espíritu que lo llegue a seducir en el movimiento mismo como ocurre con el juego de lo apolíneo y lo dionisiaco que aparece en su primera obra importante: El nacimiento de la tragedia. Por eso agrega Maurice Blanchot, el pensamiento de Nietzsche, es un pensamiento que está ligado a la movilidad, al pensamiento viajero de un hombre que piensa al caminar y de acuerdo con la verdad en marcha(24). El ser comprendido como devenir. Resaltar, cómo sucede el juego de la esencia y la apariencia en la producción artística de lo que hemos denominado el filósofo-artista es indagar las profundas relaciones entre el aparecer y el ser que Nietzsche señala en su tentativa metafísica distinta, que podríamos denominar como una metafísica del arte que se mantiene puntualmente en el mundo sensible, como algo que trasciende la piel sin dejarla y siendo de este mundo: Allí, apoyado en las dos divinidades fuentes del arte que erigieron los griegos Apolo y Dionisos reconstruye los fundamentos de su visión estética del mundo. Toda aparición tiene un ser que la soporta y ese ser que soporta la obra es igualmente una aparición. El hecho de que todo ser se revele en la producción artística no implica que la obra se agote en la aparición, pues ella revela un ser múltiple e inagotable al mismo tiempo que infinito en sus posibilidades. Por eso, tanto la ausencia, el proyecto, la existencia, etc. revelan al ser. Para el filósofo, el ser que soporta la obra es pues voluntad. Esta voluntad (de crecimiento), requiere de una bella apariencia que míticamente ha denomina lo apolíneo (25) . Este hace referencia a la bella forma individual que aparece, y que se opone a esa multiplicidad de elementos que en la voluntad, (o en el deseo) producen la obra de arte. Apolo, como nos muestra tan bellamente El nacimiento de la tragedia, envuelve en el más delicado de los tejidos, en su serena razón, la irracionalidad que comporta la voluntad, que también denomina lo dionisiaco (26) ; que descansa en la embriaguez del espíritu creador. No obstante, esta duplicidad de lo apolíneo y lo dionisíaco es irreconciliable y solo logra conciliación en el arte dionisiaco que implica al ser humano vuelto en sí obra de arte. La embriaguez, que es el juego de la naturaleza con el ser humano, se constituye en el acto creador. En la embriaguez dionisiaca se regresa a la unidad primigenia que soporta la singularidad de los entes. Es el desgarramiento de Dionisos, representado en el ser humano, el que posibilita la ruptura con la apariencia y un regreso a la verdad, a la esencia, que se ha desgarrado también para devenir singularidad en el nacimiento. Así, en el juego de la naturaleza con el ser humano que es la embriaguez, se constituye el acto creador; pero es en la combinación de la sobriedad con la embriaguez como el artista dionisiaco posibilita la reconciliación de la apariencia con la esencia. Pues el artista embriagado tiene que «estar al acecho detrás de sí mismo, como observador (27), y en un constante juego con la embriaguez. Nietzsche, con esta visión metafísica del arte expresada en su primera obra importante, ha querido mostrar como nació y murió el mundo trágico de los griegos: Vio el nacimiento de la tragedia como el drama musical griego, y su muerte, como la separación o el desgarramiento del espíritu musical en el teatro. Murió, pues, según el autor, cuando el poder de la razón se impuso a la fuerza creativa e irracional del hombre, esto es, al impulso creador. Esto se muestra especialmente en el teatro y en la música que se vuelven doctos; hay un desplazamiento del coro y el drama, por la trama y el diálogo, que ya comportan en sí mismos a la razón. En Sófocles ya se percibe esta muerte de lo trágico que perdura hasta Esquilo; luego aparecería la comedia teatral que ha perdido todo rasgo trágico. Sócrates, que influyó grandemente en Eurípides, representaría, según Nietzsche, el triunfo de una cierta razón en occidente hasta nuestro tiempo, que en su odio contra la naturaleza, edulcuró el espíritu quitándole potencia al ser y a su sensibilidad. En este sentido el filósofo-artista se mueve en la tentativa de recuperar el mundo sensible y la filosofía y la educación aparecen entonces como una preparación para la vida. NOTAS (1) FOUCAULT, Michel. Nietzsche, Marx, Freud. En: Nietzsche, 125 años. Editorial temis, Bogotá, 1977, p. 217 (2) NIETZSCHE, Friedrich. La Gaya Sciencia. Monte Avila Editores, Caracas, 1992. Pág. 195 (3) NIETZSCHE, Friedrich. Más allá del bien y del mal. Alianza Editorial, Madrid, 1985. p.168. Parágrafo 224 (4) Ibid, parágrafos 241-242-251 y 256 (5) NIETZSCHE, Friedrich Más allá del bien y del mal Op. cit. p. 23 parágrafo 2 nota del traductor. p. 262 (6) HEIDEGGER, Martin. La voluntad de poder como arte. En: Nietzsche 125 años. Op. Cit. p. 126 (7) NIETZSCHE, Friedrich Más allá del bien y del Mal. Op. Cit. p. 67 parágrafo 41. (8) Nietzsche, Friedrich. Ecce Homo. Alianza Editorial, Madrid, 1992, p. 56. (9) NIETZSCHE, Friedrich La gaya sciencia. Op. Cit. p. 6 parágrafo 4 (10) NIETZSCHE, Friedrich Mas allá del bien y del mal. Op. Cit. p. 166, parágrafo 220 (11) CRUZ VELEZ, Danilo. Nihilismo e Inmoralismo. En :La Filosofía en Colombia. Procultura, Bogotá, 1985. p. 101 y siguientes (12) NIETZSCHE, Friedrich. Gaya Sciencia. Op. Cit. p. 115 (13) HEIDEGGER, Martin. La voluntad de poder como arte. Ob. Cit. p. 129 (14) NIETZSCHE, Friedrich Humano demasiado humano Editorial Bedout S. A. Madrid, p. 10 (15) BRANDES, Jorge. Nietzsche. Editorial Tor, Buenos Aires, 1933. p. 49 (16) Ibid, p. 48 (17) Ibid, p. 51 (18) Ibid, p. 65 (19) NIETZSCHE, Friedrich. La genealogía de la moral Op. Cit., p. 9 (20) Ibid, p. 7 a 11 (21) CIORAN, C. M. Adios a la filosofía, Alianza Editorial, Madrid, 1980, p. 107 (22) BLANCHOT, Maurice. Nietzsche y la escritura fragmentaria. En: Nietzsche 125 años. Op. Cit., p. 282 (23) Ibid. p. 283 (24) Ibid. p. 261 (25) NIETZSCHE, Friedrich. El nacimiento de la tragedia. Alianza Editorial, Madrid, 1980. p.230 (26) Ibid. p. 233 (27) Ibid. p. 233 |
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