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Según José Ferrater Mora

Uno de los primeros filósofos, si no el primero, que usó el término 'nihilismo' fue William Hamilton. En el tomo I de sus Lectures on Metaphysics, Hamilton consideró que el nihilismo (de nihil = 'nada') es la negación de la realidad sustancial. Según Hamilton, Hume era un nihilista; al negar que hay una realidad sustancial, o que hay en realidad —o «en la realidad»— sustancias, sólo cabe sostener que se conocen fenómenos. El nihilismo es, desde este punto de vista, idéntico al fenomenismo.

El nihilismo de que hablaba Hamilton ha sido llamado luego «nihilismo epistemológico», a diferencia de otros tipos de nihilismo, como el nihilismo moral (negación de que hay principios morales válidos), el nihilismo metafísico (pura y simple negación de «la realidad»). Sin embargo, el nihilismo epistemológico y el metafísico han sido equiparados con frecuencia. El citado Hamilton se refería ya a Gorgias (VÉASE), según el cual no hay nada —y si hubiera algo, sería incognoscible, y si fuera cognoscible, sería inexpresable, inefable o incomunicable—. Se ha hablado asimismo de Pirrón a propósito del nihilismo; en general, nihilismo y escepticismo, en particular escepticismo radical, han sido a menudo examinados juntamente, como dos aspectos de un universal «negacionismo» o «nadismo». Puesto que el escepticismo se ha manifestado muchas veces como duda de que haya nada permanente en el movimiento y el cambio, el nihilismo se ha entendido como la afirmación de que todo cambia continuamente y, además, de que todo varía de acuerdo con el sujeto.

El nihilismo se ha expresado a veces en forma de una «concepción del mundo». Ésta puede ser la concepción del mundo del que adopta un pesimismo radical, o bien la del que adopta un punto de vista totalmente «aniquilacionista». En este último sentido se ha expresado el

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nihilismo por boca de Mefistófeles, en el Fausto, de Goethe, al decir:

Ich bin der Geist, der stets verneint!
Und das mit Recht; denn alles, was entsteht
Ist wert, dass es zugrunde geht;
Drum besser wär's, dass nichts entstünde.

(Soy el espíritu que siempre niega.
Y ello con razón, pues todo lo que nace
no vale más que para perecer.
Por eso sería mejor que nada surgiera.)

El último verso puede relacionarse con manifestaciones tales como los dos célebres versos que Calderón pone en boca de Segismundo, en La vida es sueño:

Pues el delito mayor
del hombre es haber nacido

y con similares manifestaciones de poetas, que se remontan (en Occidente) hasta Teognis, pero debe advertirse que en Calderón por lo menos no se trata de nihilismo, sino del sentimiento radical de «criaturidad».

En El mundo como Voluntad y Representación (Die Welt als Wille und Vorstellung), Schopenhauer, cuya filosofía es descrita a menudo como pesimista o nihilista —dos puntos de vista afines—, citó los mismos versos del Fausto, de Goethe, y de La vida es sueño, de Calderón, así como versos de Teognis. Schopenhauer considera que toda existencia «refleja» el impulso irracional e incesante de la Voluntad. Toda vida es lucha, pero la vida humana, en particular, está llena de sufrimientos: oscila, como un péndulo, entre el dolor del deseo (basado en la necesidad o en la carencia) y el dolor no menos intenso del aburrimiento o la inanidad (que se experimenta cuando todas las necesidades han sido satisfechas). Todo sentido y propósito es mera ilusión. La persona que aspire a la beatitud tendrá que desprenderse de la Voluntad, pues se dará cuenta de que la Voluntad, la cosa en sí, no es sólo la causa del egoísmo y la agresión humanas, sino también la raíz de todo mal en general. Schopenhauer reiteró que la vida es «un paso en falso», «un error», «un castigo y una expiación». La vida es una deuda, contraída al nacer (cfr. Welt, suplemento al Libro IV, cap. XLV). Contestando a la objeción de que la eliminación del sufrimiento implica la negación de la Voluntad y, con ello, «el deslizamiento hacia una nada vacía», Schopenhauer escribió: «Reconocemos sin ambages que, para quienes se hallen llenos de Voluntad, lo que permanece después de la completa abolición de la Voluntad, es una nada. Pero, a la inversa, para quienes la Voluntad ha dado una vuelta y se ha negado a sí misma, este nuestro mundo, que es tan real, con todos sus Soles y sus Vías Lácteas, es una nada» (Welt, IV, § 71).

La noción de nihilismo desempeña un papel importante en el pensamiento de Nietzsche. En La voluntad de poder, Nietzsche se refiere a lo que llama «el nihilismo europeo». Por un lado, Nietzsche ve avanzar por todos lados «la pleamar del nihilismo» (como tradujo Ortega y Gasset). En un sentido, el nihilismo es una amenaza, porque es el término final de un desarrollo histórico sin salida. En otro sentido, cabe considerar como nihilista la interpretación de la existencia humana y del mundo proporcionada por la Europa cristiana y por la Europa moderna, tanto en el campo moral como en el metafísico. Esta interpretación niega los auténticos valores superiores de la fuerza, la espontaneidad, la «superhombría», a beneficio de los supuestos valores de la equidad, la humildad, etc. Se puede hablar así, de un nihilismo «malo», que es el nihilismo pasivo de la tradición moral y metafísica. Pero se puede hablar asimismo de un nihilismo «bueno», que sería más adecuado llamar «auténtico». Este nihilismo es un nihilismo activo y consiste justamente en destruir el sistema de valores de aquel nihilismo pasivo tradicional. El nihilismo de los «espíritus fuertes» pone punto final al nihilismo débil del pesimismo, del historicismo, del afán de comprenderlo todo, de la idea de que todo es vano.

El tema nietzscheano del nihilismo ha sido recogido por Heidegger al tratar de la destrucción de la metafísica occidental y aun de toda metafísica como un «acontecimiento». Actitudes nihilistas se han expresado en otros autores como Georges Bataille y, sobre todo, E. M. Cioran, el cual ha desarrollado la idea de la «descomposición». Se ha hablado asimismo de nihilismo con referencia a Sartre, por cuanto este autor ha usado la noción de «aniquilación» (o «nihilación») tanto en sus investigaciones sobre lo imaginario como en su descripción del «Para sí». Sin embargo, en lo que toca a este último punto hay que tener presente que la «aniquilación», y las correspondientes «negatividades» (négatités), son «nihilismo» sólo desde el punto de vista del «En sí». El «nihilismo» sartriano tiene poco que ver con el nihilismo en cualquiera de los sentidos apuntados antes.

Interesante en la historia del nihilismo moderno es el nihilismo ruso, el cual tiene en parte raíces psicológicas, raíces sociales y raíces religiosas. Una expresión radical del nihilismo se halla en Bakunin (VÉASE), quien afirmaba que sólo la destrucción es creadora. Pero la fórmula más radical de este nihilismo se encuentra acaso en Dimitri Ivanovitch Pisarév (VÉASE), el cual escribió que «todo lo que puede romperse, hay que romperlo; lo que aguante el golpe, será bueno; lo que estalle, será bueno para la basura. En todo caso, hay que dar golpes a derecha y a izquierda: de ello no puede resultar nada malo».

Una forma de nihilismo filosóficamente interesante es el llamado «budismo nihilista» o «nihilismo budista», en la forma en que fue desarrollado por Nagarjuna, en el siglo II después de J. C. Nagarjuna propuso una interpretación «justa» o «media», Madhyamika, de Buda, consistente en negar toda alternativa a una posición dada, y la negación de esta negación. Así, Nagarjuna se situó en el llamado «vacío», sunya, el cual es inefable, y es el verdadero Absoluto. Nagarjuna puso de relieve las contradicciones en que cae toda afirmación de cualquier (supuesta) realidad; si se afirma que una realidad está relacionada con otra, hay que dilucidar la naturaleza de esta relación, pero no hay relación si las realidades son distintas; y si hay relación entonces hay sólo una realidad, de la cual nada se puede predicar y con la cual ninguna otra realidad puede relacionarse.

El término: Otto Pöggeler, «'Nihilist' und 'Nihilismus'», Archiv für Begriffsgeschichte 19, 2 (1975), 196-209.

Véase: E. Benz, Westlicher und östlicher Nihilismus in christlicher Sicht, s/f. (ap. 1919). —Armand Coquart, Dimitri Pisarev (1840-1868) et l'idéologie du nihilisme ruse, 1946. —Manuel de Diéguez, De l'absurde. Essai sur le nihilisme, 1948. —M. Cioran, Précis de décomposition, 1948. —Íd., íd., La tentation d'exister, 1956. —Sigmund Fries, Nihilismus. Die Gefahr unserer Zeit, 1949. —Helmut Thielicke, Der Nihilismus. Entstehung, Wesen, Überwindung, 1950. —Ernst Mayer, Kritik des Nihilismus, 1958, ed. Robert Oboussier. —René Cannoc, Netchaiev. Du nihilisme au terrorisme, 1961. —Stanley Rosen, Nihilism: A Philosophical Essay, 1969. —Fernando Savater, Nihilismo y acción, 1970. —P. R. Fandozzi, Nihilism and Technology: A Heideggerian Investigation, 1982. —V. Vitiello, Utopia del Nichilismo. Tra Nietzsche e Heidegger, 1983. —G. Rose, Dialectic of Nihilism, 1984. —O. Schutte, Beyond Nihilism: Nietzsche Without Masks, 1984. —D. A. Crosby, The Specter of the Absurd: Sources and Criticisms of Modern Nihilism, 1988. —G. T. Martin, From Nietzsche to Wittgenstein: The Problem of Truth and Nihilism in the Modern World, 1989. —N. Aloni, Beyond Nihilism: Nietzsche's Healing and Edifying Philosophy, 1991. —K. L. Carr, The Banalization of Nihilism, 1992. —F. Evans, Psychology and Nihilism: A Genealogical Critique of the Computational Model of Mind, 1993.


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