|
061011 -
Luis Roca Jusmet
1. ¿Es
Cioran un filósofo?
Voy a empezar con unas referencias dos filósofos contemporáneos,
uno muerto y otro vivo, que me permitirán una aproximación al
extraordinario pensador rumano.
La primera es al filósofo
francés Pierre Hadot cuando reivindica
la filosofía como forma
de vida. Es a partir de la filosofía romana tardía y de la
medieval que la filosofía se convierte en una disciplina
discursiva y escolástica. La filosofía moderna continuará esta
deriva academicista y solo algunos filósofos mostarán nuevamente
su carácter radical.
Descartes, Spinoza,
Schopenhauer,
Nietzsche,
Bergson serán ejemplos claros. ¿ Porqué no cita Hadot a
Cioran?
Porque a
Cioran le falta algo que para Hadot es central: el
carácter edificante de la filosofía, el proponer una ética de
buen vivir.
Cioran no puede hacerlo porque para él no hay
salida. Cada cual valorará si esto es una pérdida de opciones o
una ganancia de lucidez.
El segundo filósofo es el esloveno Slavoj Žižek. Desde su
carácter provocador este pensador afirma que la filosofía es
dogmática y no dialogante : los grandes filósofos han tenido dos
o tres grandes intuiciones que siempre han mantenido y
elaborado. El caso de
Cioran entraría claramente en este grupo :
es un filósofo intuitivo que expresa con un lenguaje propio
estas dos o tres ideas que vertebran su pensamiento. Niega el
sistema y reivindica el fragmento, el aforismo.
Pero
Cioran dice repetidamente que él no es un filósofo y lo
afirma en base a su consideración de que la filosofía ha perdido
su vínculo con la vida. Es, nos dice, un discurso sin relación
con la experiencia vivida. Podría ser un antifilósofo, en el
sentido de Alain Badiou cuando éste dice que son los críticos de
la filosofía los que la hacen avanzar. Cita a
Nietzsche, a
Wittgenstein y a Lacan. ¿Y porqué no a
Cioran?
(Ver:
Nietzsche en sus
cien años filósofo y artista)
Pero voy a proponer una definición de filosofía que quizás
Cioran podría aceptar: La filosofía es una reflexión sobre
temas universales a partir de una experiencia singular en un
contexto particular. Los temas de
Cioran: la vida y su
significado, la condición humano, el tiempo, la muerte, la
verdad... Su contexto particular : su Rumania natal, la
Segunda
Guerra Mundial, París …. y su experiencia y la reflexión sobre
esta es absolutamente singular. Para ser filósofo hay que tener
libertad de espíritu : hay que pensar y decir lo que se piensa.
Esto hace
Cioran y por esto es, según mi planteamiento, un
filósofo.
Cioran es nietzscheano en el estilo y reconoce que con ello
liberamos a la filosofía de su carácter sistemático, de la
argumentación, de la lógica. El filósofo construye ideas desde
su intuición, en una operación creativa. Es un visionario y
expresa lo que dice en el fragmento, en el aforismo.
El año 1949, cuando
Cioran tenía 38 años, la editorial Gallimard
le publica Précis de déscomposition ( que Fernando Savater
traducirá como Breviario de podredumbre). En la página 123, en
el fragmento titulado “Le mesonge immanent” escribe : Une
poussière éprise de fantômes,-
tel est l'homme: son imatge absolute, idéalement ressemblante,
s'incarnerait dans un Don Quichotte vu part Eschyle...
Traducido al español : "Polvo prendado de fantasmas, tal es el
hombre: su imagen absoluta, de parecido real, se encarnaría en
un Quijote visto por Esquilo..."
2. Somos Polvo
El hombre no es "sino la quintaesencia del polvo" dice Hamlet a
Rosencranz y a Guildnsteirn frente al esplendor del Universo,
del cielo y de la tierra. El polvo no tiene ni la noble solidez
de la roca ni el ligero fluir del agua. Es un materia que se
disuelve, que se pierde sin eliminarse en un movimiento
circular. Ciertamente la dura frase bíblica "Polvo eres y en
polvo te convertirás" nos sugiere esta inconsistencia humana
tomada en sí misma. Pero para
Cioran no hay un Dios que nos
redima, seguimos siendo lo que somos, que es nada. Este maldito
yo, por usar una certera expresión suya, no es nada. Ni siquiera
es la Nada que los budistas nos ofrecen como un horizonte de
salvación. Nadie nos salva ya, el mal está hecho : hemos nacido.
Solo nosotros nacemos, solo nosotros morimos. Los animales
aparecen y desaparecen en este polvo que ni se reconoce como
tal. Pero nacer implica la idea de algo, de alguien, es la
conciencia que se materializa. Nuestro sistema nervioso,
hipersensible, genera esta conciencia que no es otra cosa que un
suponerse separado, que un desarraigo radical con la Naturaleza.
Nacer es ser diferente y es esta diferencia la que nos condena.
Morir es la idea que nos atraviesa, es el horror que nos espera.
Somos algo y esta es nuestra desgracia porque nacemos, primero
biológica y después simbólicamente cuando nos hacen entrar en el
orden del lenguaje y de la ley. Algunos ilusos hablan de
contrato social cuando lo único que hay es un nacimiento y una
socialización violenta.
Ni más ni menos : el resto son palabras, consuelos, engaños que
nos taponan la idiotez de lo real como diría un admirador de
Cioran, Clemence Rosset.
Polvo quiere decir también que somos cuerpo. No es que tengamos
un cuerpo sino que somos, ya que no hay nada más allá de él. Uno
de sus maestros, al que curiosamente cita poco, que fue
Schopenhauer fue uno de los primeros que lo constató. Más allá
de la representación del cerebro es el cuerpo en su globalidad
el real sujeto de la experiencia.
(Ver:
¿Qué es la filosofía?)
3. El hombre está prendado de fantasmas
Este fantasma no es un ser incorpóreo, aunque quizás sí una
apariencia sin consistencia. Pero la falta de consistencia es
ética, ya que no hay nada más allá de sus engaños. Es la
fantasía, el señuelo que nos hace salir de la inercia del
sobrevivir, del indiferentismo espectral. Cada fantasma, cada
ilusión es un motor emocional que nos encamina hacia otro
espejismo. Deseamos desear, decía
Nietzsche, y el deseo es
siempre deseo de otra cosa, decía Lacan. Antes, el maestro de
todos ( también de Cioran) que fue
Schopenhauer, ya nos advirtió
que la existencia humana oscila entre la insatisfacción y el
aburrimiento. El deseo genera ansiedad y su consumación
decepción. No hay salida, más allá del oscuro goce de la
lucidez. Pero no es la lucidez de la sospecha sino de la
desolación. Ni la denuncia tiene utilidad porque si
desenmascaramos un fantasma lo hacemos desde otro.
Nietzsche,
terrible en su crítica pero ingenuo en su propuesta, nos
advertía Cioran.
Marx pone de manifiesto el horror del
capitalismo pero desde su discurso se engendra otro horror, el
del Gulag. Quizás es
Freud el que asume más el pesimismo de la
lucidez pero mientras lo hace se entretiene montando su pequeña
sectas de iniciados para combatir el tedio de existir.
Pobres humanos, nos dice
Cioran. Ingenuos humanos, los que creen
en la salvación. Lector riguroso de los Vedas o de los sutras
budistas
Cioran no vió en ellos una hoja de ruta para la
salvación. También
Schopenhauer cayó en el espejismo. Mientras
Cioran también se divierte mostrando el engaño, la mentira en
que vivimos: es el goce de la lucidez. Él mismo sabía que él
mismo también entraba en el juego. ¿ para que denunciar, para
que hablar, para qué escribir ? De algo hay que vivir,
finalmente.
Cioran escribe así sin ilusiones, sin poder ni
gloria, con sus pequeñas ocupaciones : leer, escribir, conversar
y sobre todo escuchar música. También en esto coincide con
Schopenhauer.
4. Su imagen absoluta, de parecido real, se encarnaría en un
Quijote
Extraña es la expresión una imagen absoluta. El registro
imaginario parece referirse al señuelo, a las identificaciones,
a las proyecciones...o quizás a la imagen perceptiva, la que nos
llega al cerebro a través de los sentidos, que es siempre
relativa a un sistema específico. Hablamos entonces de un
recurso retórico, que muestra a la vez lo aparente de la imagen
y la fuerza de lo real, como más tarde señala. El hombre, que es
a la vez polvo y fantasía, como antes hemos señalado, puede
dibujarse en una metáfora expresiva, que es la que ahora
planteará. Lo imaginario parece absoluto pero se mueve en el
terreno de la superficie, de lo mimético, de la ilusión.
Cioran
quiere mostrar esta paradoja : lo más parecido al hombre es lo
más aparente. Es que el hombre es pura apariencia, es la
construcción imaginaria que teje de sí mismo. Recordemos a
Nietzsche cuando dice que la verdad es la invención del ridículo
habitante de un punto ínfimo del Universo hinchado de vanidad.
Esto es el hombre, la realidad de la apariencia. Hemos vivido
siglos hechizados por la promesa de Platón de la posibilidad de
ver la Luz. ¿ Salir de la caverna ? La caverna es lo real.
Seguramente
Cioran y Lacan, que convivieron en París, se
ignoraron mutuamente, pero la noción de real de Lacan es muy
potente. Es lo que se escapa, lo que queda, el resto que no
podemos simbolizar, decir, representar, imaginar. Vamos a
construir una ficción y será esta la que mejor mostrará lo que
es el hombre. Más allá de ella : lo real. Terry Eagleton, lúcido
británico dedicado a la sociología y teoría literaria, apuntaba
algo sugerente : lo real es el cuerpo. Es el cuerpo que sufre y
que goza, que nace y que muere.
Cioran nos repite como es el
estado del cuerpo el que determina su pensamiento. ES lo que se
resiste a nuestras fantasías, lo que nos devuelve a la realidad.
¿Qué representa el Quijote para ser esta imagen absoluta ? El
Quijote es moderno, como lo son otros personajes literarios. Cioran admiraba a Cervantes, igual que a
Shakespeare o a
Dostoievski. Pero es el Quijote el que tiene más fuerza porque
es la triste figura de la locura. Triste la figura de este
caballero enjuto que tan bien representa el fantasma, la
consistencia de la fantasía frente a la inconsistencia del
polvo. La locura no es lo queda excluido por la razón. Descartes
se equivoca totalmente cuando afirma que la razón se funda sobre
la exclusión de la locura. La razón desemboca necesariamente en
la locura, la razón es la locura. Cuando este primate desarrolla
un sistema nervioso tan sensible, tan agudo y un cerebro
inconscientemente se separa de la naturaleza, Se desarraiga
totalmente, se vuelve loco y tiene que socializarse para
construir un vínculo con lo natural. Lo hace con las palabras,
que son la mediación a partir de la cual monta una realidad
paralela, que es la del discurso. Razonar es ver la realidad a
través de los conceptos, que como bien dijo
Nietzsche, igualan
lo desigual. Nuestra experiencia es totalmente singular como no
lo es la de ningún otro animal. Pero esta singularidad es
necesariamente sacrificada por la locura de la razón. Pero es la
razón de la sociedad la que se impone sobre cualquier otra. Con
el Quijote explota esta contradicción : su discurso no coincide
con el de los otros. Pero él no quiere ceder, no renuncia a lo
que ve. "La locura es más verdadera que la vida" dijo la
emperatriz Sissi, nos recuerda irónicamente
Cioran. "Todos los
hombres deliran" afirmaban Lacan radicalizando la afirmación de
Freud de que en todo delirio hay un núcleo de verdad. Pero la
locura del Quijote es la locura de uno contra la locura de
todos. Este es el destino terrible del hombre : renunciar a su
locura para aceptar la de la sociedad o hundirse en el abismo.
Hay un delirio que se impone, que circula y éste es el único que
se admite. Pobre Quijote, hombre moderno que se cree el sapere
aude, la ilusión ilustrada de pensar por uno mismo y no
obedecer.
Kant fue más prudente : piensa por ti mismo pero
obedece, actúa como te dicen la ley, el Gran Otro. Pero la
miseria humana solo puede ser compensada por esta locura única,
singular, del Quijote.
(Ver:
Jean-Francois Lyotard)
6. La mirada de Esquilo
Esquilo es una referencia a la tragedia griega.
Cioran es, desde
luego, un trágico. Esto es lo que tiene de antiguo. La
existencia humana para él no es dramática, es trágica. El drama
es cristiano y es moderno, es el Crucificado, es Hamlet
debatiéndose entre actuar o no actuar. A
Cioran no le gusta el
cristianismo porque el drama que construye crea la ilusión del
libre albedrío, de la redención. Le conmueve y le interesa
Shakespeare, por supuesto, en su magnífica exposición de las
pasiones humanas. Pero la duda no tiene sentido porque ya hemos
perdido de entrada.
Cioran, lúcido como Spinoza o como
Nietzsche,
es determinista. Somos lo que somos y no lo hemos elegido: nadie
se libera de sí mismo. Pero hemos de cargar con nosotros mismos,
con el maldito yo.
Cioran no cree la alegría de Spinoza ni en la
de
Nietzsche. No hay Dios, esta Unidad de la que formamos parte,
ni puede el hombre superarse a sí mismo. No hay futuro, no hay
salida. La tragedia griega habla de la Moira, de esta lógica
implacable de las cosas contra la cual ni los dioses pueden
rebelarse. Esquilo habla del dolor, de esta evidencia de la vida
humana de la que los filósofos no quieren hablar. Solo
Schopenhauer y
Nietzsche lo hicieron, como algo esencial de la
vida humana. Pero
Cioran nos recuerda sólo desde el dolor es
posible el conocimiento, aunque
Nietzsche nos advertía que el
dolor nos hace más profundos pero no mejores.
7. Un fragmento de lucidez
Cioran es inclasificable. Trágico sin ser dramático. Entiende
que el hombre no tiene sentido pero no hace una estética del
absurdo. Tampoco se presenta como un profeta del nihilismo. Fiel
a su estilo fragmentario, donde cada aforismo parece contener la
totalidad de su pensamiento.
Cioran, rara avis dentro de una extraña especie, la humana, nos
legó aforismos certeros que nos llegan a lo más profundo porque
él mismo los escribe desde sus profundidades. No es una
profundidad erudita, no es una profundidad metafísica. Es la que
surge del abismo, de lo que escondemos pero a pesar de todo
expresamos. El saber que no sabemos, por debajo de la superficie
de la conciencia, de la razón. Tampoco es el inconsciente del
que hablaban los psicoanalistas. Es la otra escena del yo, de la
que nada podemos decir. Lo que escribe
Cioran no procede del
razonamiento, son explosiones de algo singular, de lo más propio
que ni nosotros mismos conocemos. Pero si somos algo, somos
esto. No la máscara del yo, esta pobre invención humana que
cristaliza como un tótem que adoramos con nuestra estúpida
vanidad.
Pero estos fragmentos lo son de la experiencia, de una
experiencia que no es gratuita. Nace del dolor, de una herida
que nos impulsa, dice
Cioran, a escribir, de una vitalidad
misteriosa que nos empuja a expresarnos. Es como expulsar los
demonios, como vaciarnos del veneno que nos corroe internamente.
Pero ni tan sólo esto nos tranquiliza, porque el vacío de
Cioran
no es amable ni liberador. Solamente un deseo de lucidez, que ni
siquiera nos consuela, nos conduce a leer a
Cioran: cada
aforismo es una flecha lanzada contra aquellas mentiras que nos
ocultan la dureza de lo real.
|