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Pertinencia es la cualidad de tener
oportunidad en un espacio humano determinado, y pertinente es lo que viene
a propósito de algo. En los albores del siglo XXI, es obligada la
pregunta sobre la pertinencia de la filosofía, y a propósito de qué viene,
pues todo indica que la forma en que operan la sociedad y sus
instituciones no son favorables para esta disciplina, de tal manera que
tiene en primer término que abordarse a sí misma como problema,
desentrañar su esencia y justificar su existencia, antes de ocuparse de
aquello que le es propio estudiar. ¿QUÉ ES LA FILOSOFÍA? Es cierto que podemos encontrar muchas definiciones de
filosofía y eso podría entorpecer el intento de sostener su pertinencia.
Sin embargo, ésta no es una dificultad propia de los filósofos, sino de
quienes observan desde fuera el quehacer de esta noble disciplina. En
realidad, lo que parece un absurdo -que los filósofos no se pongan de
acuerdo en lo que es la filosofía-, no es privativo de esta materia pues
en todas las ciencias hay redimensiones de acuerdo a los nuevos campos de
estudio que se van abriendo con el paso del tiempo; además de que esta
situación propia de la filosofía se explica por su propia evolución y la
manera como se ha concebido el quehacer filosófico en cada momento de la
historia, cosa que lejos de ser un rasgo negativo, la convierte en un
campo de estudios dinámico y coyuntural dentro los problemas sociales y
humanos en general. Los rasgos fundamentales de la filosofía, presentes en
todas las épocas, como quiera que se le haya concebido, son la
discursividad y la universalidad. En todos los tiempos, la actividad que
no ha cumplido con estos dos requerimientos no ha sido considerada
filosofía, pues necesariamente se engarza en otro contexto. El rasgo de la
discursividad está dado por el seguimiento que se le da a los
planteamientos fundamentales del hombre tanto en la historia del
pensamiento como en las disertaciones de cada filósofo. Ser discursivo
implica darle seguimiento a un planteamiento hasta que se nos agoten las
luces de la razón, hasta que se agoten todos los recursos argumentativos,
en este sentido se pude decir que la filosofía es madre de las ciencias
pues estas también pretender ser discursivas en su respectivo campo de
estudio. La universalidad es el distintivo propio de la filosofía y por lo
que se aleja un poco de las ciencias más específicas; digo un poco, porque
siempre se ha tenido la preocupación, por parte de la filosofía, en
entablar contacto con las demás ciencias mediante el diálogo, la crítica,
la investigación metodológica (con las herramientas de la lógica y la
epistemología), la reflexión sobre las repercusiones éticas, etc.; la
universalidad pues, es la característica propia de la filosofía que le
mantiene atenta a los problemas fundamentales, originales, elementales y
por lo tanto universales, es decir que conciernen a todos
independientemente de nuestro campo de observación por el simple hecho de
ser humanos. Esto quiere decir que la filosofía se construye a partir de
los problemas ordinarios y a la luz del esfuerzo racional, por esto es
importante leer a los grandes filósofos por más antiguos que nos parezcan
pues con ello adquirimos herramientas conceptual y teóricas para poder
discurrir con más ahínco. Cosa diferente es la definición, pues es cierto que con
el cambio de los tiempos los filósofos se enfrentan con circunstancias y
por lo tanto problemas diferentes. De esta forma, tenemos que en cada
época los filósofos se preocupan también por su propio quehacer, tratando
de apuntar hacia lo que es más urgente pensar. Por lo tanto, el hecho de
que la filosofía sea distinta en cada época, ocupada en cuestiones propias
del contexto en que se produce, no representa un obstáculo para acreditar
su pertinencia, sino que, por el contrario, pone de manifiesto que el
quehacer del filósofo es fundamental e imprescindible en toda época. CONTEXTO AL QUE SE ENFRENTA LA FILOSOFÍA Desde esta perspectiva no podemos hacer a un lado la
reflexión tan sólo por que en nuestra época haya poco espacio para ella.
Lo que pasa con las personas que viven inmersas en la preocupación de
procurarse lo más inmediato, es que no alcanzan a ver la importancia de
seguir en el debate, diálogo y en fin de cuentas en la vida propia del
hombres. Por que el hombre está arrojado al mundo para que lo haga propio
y lo esté recreando a cada momento, y cuando se deja de hacer esto se
pierde el horizonte humano y tan sólo queda una perspectiva donde lo único
que prevalece son los insumos para la producción; la intención de los que
en última instancia resultan beneficiados de este sistema de mercado
salvaje, donde no existe ningún tipo de protección para el elemento humano[i],
queda manifiesta y complacida en esta situación económica que compartimos
en México. De aquí pues que, para ir contra corriente, no como una actitud
rebelde, sino como una forma de aferrarse a un punto firme en el
deterioro, desgaste y erosión del hombre mismo, sea necesario darle
seguimiento a la reflexión filosófica que es donde convergen las más ondas
preocupaciones del hombre. En cuanto a la justificación sobre si es necesaria la
filosofía en una sociedad tercermundista, arrojada al “imperio de lo
inmediato” , donde pensar sobre los eternos problemas del hombre resulta
ocioso, creemos firmemente que la discursividad global y universal que se
da en la Filosofia es importante y fundamental para no dejar de ser,
simple y llanamente personas. La humanidad consiste en compartir la
responsabilidad por el mundo, por eso el hombre hace arte, filosofía o
está inmerso en una perspectiva religiosa. El arte es erigir, crear e
imaginar el mundo; la filosofía consiste en repensar las preocupaciones
fundamentales que atañen a todos para justificar, criticar o proponer
formas y maneras de pensar (léase, de habitar el mundo); la religión es
reencontrarse con el ordenador, sumo bien o cuidador del mundo.
Curiosamente, en este imperio de lo inmediato, el arte, la religión y la
filosofía quedan relegadas a meras actividades inútiles. De aquí pues, que
la única forma de salir de este embrollo sea la de cultivar aquellas
artes, hábitos o disciplinas que le dan el carácter de humanidad a las
personas. Y en esto la filosofía tiene el papel de más responsabilidad
pues es ella la que debe dar cuenta de las demás actividades humanas como
el arte y la religión misma. En general la filosofía debe estar preparada
para cuestionar todas las demás actividades del hombre, su capacidad
dialógica y discursiva, junto con su perspectiva universal así lo dejan
ver.
La educación en México ha apostado en gran medida por la
tecnificación de las carreras, esto ha tenido dos manifestaciones: por una
parte la ausencia de materias humanistas incluso en aquellas carreras que
obligadamente tienen que reflexionar sobre los principios o fines del
fenómeno humano (derecho, sicología, ciencias políticas, economía,
pedagogía, etc.) teniendo como consecuencia la desnutrida investigación en
estas áreas; por otra, la confusión del papel que han jugado las
instituciones de formación técnica que no han sabido alternarse con la
educación propiamente universitaria, y que se manifiesta de manera
palpable en la poca demanda que tienen en nuestro país en contraste con el
primer mundo donde existe un equilibrio. En nuestro país, la formación
universitaria no ha sabido retomar la naturaleza de su origen: universitas
et humanitas. Lo propio de la universidad es ofrecer una formación
integral en donde la reflexión profunda sobre el hombre se haga notar en
cada egresado; sin embargo, esto no ha sido posible y los alumnos que
pasan por alguna universidad, sobretodo pública, en su mayoría no
presentan esta característica que debería contribuir a un mejor desarrollo
como región, pueblo o nación en el aspecto humano. |
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LA FILOSOFÍA EN EL CONTEXTO DEL SABER Ahora bien, la esencia del saber filosófico puede
aclararse si se le pone frente a otras formas de conocimiento, de manera
que queden evidenciadas sus diferencias específicas frente a ellas, pues
“el saber filosófico es siempre un saber contra alguien, un saber dibujado
frente a otros pretendidos saberes”[1].
En ese sentido, resulta indispensable analizar el papel
de la filosofía frente a la ciencia. A diferencia del saber científico, el
filosófico sigue siendo un conocimiento eminentemente conceptual. Mientras
aquél ha encontrado en la técnica la vía para su practicidad, éste
permanece en los textos, en los círculos académicos y en las
universidades. De ahí que una sociedad regida por esquemas pragmatistas,
apenas le dé un espacio de consideración. No obstante ello, y quizá
precisamente por ello, la filosofía sigue siendo un quehacer fundamental.
Así se desprende de su propia naturaleza. La filosofía es reflexión,
entendida como el acto de considerar detenidamente algo, sea el mundo
natural, la sociedad o el hombre; lo inmediato y lo trascendente; lo
mutable y lo permanente. Si bien la ciencia, desde sus diversas
especializaciones, también se ocupa con minuciosidad del mundo, la manera
como la filosofía aborda los mismos problemas señala una marcada
diferencia entre estas dos disciplinas. La diferencia se encuentra en aquellos elementos con los
que el conocimiento aporta a los otros saberes, la ciencia y la técnica, y
de los cuales éstos carecen. Este plus puede encontrarse hoy en día
en el énfasis crítico que ha adquirido el saber filosófico. La filosofía
como crítica sirve para que el hombre cuente con las herramientas que
históricamente ha ofrecido la filosofía y, adoptándolas o mejorándolas, o
incluso, creando nuevas herramientas, sea capaz de implantarlas en el
presente, “rebasando críticamente el escenario empírico y práctico de ese
presente para desde él, establecer un sistema mínimo de lineamientos
doctrinales”2.
Por eso la filosofía como crítica se mantiene en
constante contacto con las ciencias positivas del presente, combatiendo lo
que de dogma y oscuridad hay en ellas, y con este propósito, debe regresar
críticamente hacia las ideas que atraviesan sus campos respectivos,
preocupándose por seguir el sistema de esas ideas. Un aspecto importante a considerar estriba en que los
otros saberes no sólo niegan validez o importancia a la filosofía, sino
que se presentan como sus sucedáneos autosuficientes. “Y es aquí en donde,
a nuestro juicio, ha de apoyarse la reivindicación de la filosofía
crítica, puesto que ahora su principal función crítica habría de comenzar
a ejercerse precisamente en torno a esas mismas disciplinas del presente
que sus cultivadores ofrecen como autosuficientes categorialmente”3.
Cómo sucedió esto es tema
ampliamente conocido. Primero, a la filosofía se le despojó de su fuente
primaria de información, cuando se le cuestionó su cercanía con lo
sensible y sus imprecisiones. Después, paradójicamente, la filosofía fue
despojada de su herramienta principal al quedar proscrita la posibilidad
de conocer con la sola luz de la razón, prohibiéndosele al filósofo
trascender lo sensible. Ante esta situación, la
filosofía fue sometida a las ciencias a las que les es propio, como objeto
de estudio, el mundo natural y los productos de la abstracción. La física
y las matemáticas se le presentaron como modelos delimitadores de
conocimiento, de modo que el saber filosófico se vio sometido a la
necesidad de ser avalado por la certeza, precisión y demostrabilidad
fáctica de las ciencias exactas. Hombres y sociedades han
sido, desde entonces, formados a la luz de la racionalidad científica, que
por afecto natural, ha dado lugar preferente a su hija, la técnica, en la
tarea de diseñar y gobernar el mundo intelectual y fáctico. Sin embargo, el proceso de tecnificación que siguió al
triunfo de la razón instrumental moderna ha sido de graves consecuencias
en los distintos ámbitos de la vida del hombre. El privilegio de los
procesos ha implicado el olvido de la reflexión sobre los fines; los
postulados absolutos de la ciencia positiva han imposibilitado el progreso
en la búsqueda de la verdad; el estado de cosas se manifiesta como
necesario y quedan fuera de la discusión los fundamentos valorativos, las
cuestiones éticas, tanto como la búsqueda de las causas mediatas, todas
ellas cuestiones de la competencia de la filosofía. Ningún espacio
cultural es excepción en esta tendencia. En todas partes el hombre se
encuentra carente ya no sólo de respuestas, sino de las preguntas que al
ser planteadas marcan rumbos y guían a la conciencia que las formula. En el ámbito educativo es particularmente manifiesta
esta situación. La educación formal en nuestro país tiende a ser
eminentemente técnica, el alumno aprende mecanismos pero es incapaz de
comprender objetivos finales y de plantear preguntas reflexivas, de
entender su propia manera de ser y el papel que desempeña como persona en
la tarea de acercarse al mundo a través del aprendizaje. Ante este panorama, la filosofía se nos presenta como
disciplina indispensable. Históricamente es ella la proveedora de las
cuestiones fundamentales de las que se ha ocupado el pensamiento humano,
de los métodos y de los sistemas que han respondido de manera más completa
e influyente a tales cuestionamientos, y de la posibilidad de
inconformarse con lo dado, aspirando críticamente a mejores situaciones,
pues la filosofía es esencialmente una permanente denuncia frente a
situaciones de hecho que deberían ser transformadas. Por lo demás, el filosófico es un conocimiento a la
altura de cualquier tiempo, incluso de la época actual, que exige
precisión, certeza y utilidad. Más allá del concepto etimológico, de corte
afectivo y literario, la filosofía no es -solamente- una tendencia
amistosa hacia la verdad, una disposición de espíritu abierta al
conocimiento. La filosofía entraña un cierto conocimiento sobre los
aspectos de la realidad que le ocupan. A este conocimiento se llega
satisfaciendo las más altas exigencias de rigor que la ciencia exacta está
acostumbrada a plantear. “La filosofía no es cosa del sentimiento o de la
fantasía, ni pretenciosa ensoñación, sino asunto de la razón que investiga
con rigor y sobriedad”[2].
Todo sistema filosófico discierne y ordena los medios del conocimiento, y
al aplicarlos con rigor, posibilita la limpieza metodológica exigida por
el más preciso de los conocimientos. Así, las verdades de la filosofía son
sobrias, conceptuales y abstractas. LA FILOSOFÍA COMO CREACIÓN Por otra parte, al ser crítica, al guardar distancia
frente a lo ya dado, la filosofía implica una actividad de creación de
modelos alternativos, y en eso es semejante al arte. El arte es una
actitud y un efecto, es la actitud de vivir de manera creativa
considerando todo lo humano como una oportunidad de expresión; en este
sentido, la filosofía forma parte del arte como actitud, aunque muchas
veces el quehacer filosófico no desemboque en una obra de arte, y también
porque no siempre la actitud filosófica se acerca a la poietica,
pues los conceptos heredados se endurecen y carecen de la flexibilidad
para lograr la palabra apropiada. La diferencia entre el arte y la filosofía es el método
y la intención: los métodos del arte son técnicas que acompañan a la
intención de mostrar un ordenamiento, sentido o espacio como perspectiva
particular; el método de la filosofía es el discurso, diálogo o reflexión
como perspectiva universal. La intención del filósofo es desvelar, mostrar
o demostrar algo importante sobre las cuestiones o problemas fundamentales
del hombre, y que son, en este sentido, universales, pues competen a
todos. Así, el método y la intención son diferentes: el artista muestra su
mundo y el filósofo trata de justificar o demostrar algo importante sobre
el mundo de todos. La actitud contenida en el arte es propia de la
naturaleza humana; el hombre debe habitar creativamente el mundo, y si no
lo hace, se trasforma en una cosa más dentro de la estructura de lo ya
dado, de lo inmediato. En este sentido,
la filosofía es también arte. LA FUNCIÓN DE LA FILOSOFÍA La filosofía tiene una función terapéutica elemental
para toda sociedad independientemente de su desarrollo económico (qué hoy
por hoy es lo que realmente pesa) o del papel que juega dentro de la
humanidad en su conjunto. La filosofía, como el estudio y reflexión de
las preocupaciones más elementales del hombre, se hace imprescindible para
todos aquellos que pretenden entender su entorno y más aún para los que
intentan trasmitir una visión de lo que es el hombre en sociedad,
historia, cultura y en las problemáticas propias de nuestro tiempo ya que
en esta disciplina se encuentra el conjunto de perspectivas que han dado
lugar al mundo de hoy, y a las cuales es necesario volver y darles
seguimiento para continuar repensando nuestra situación; esto nos llevará
a tener una contemplación discursiva que redunde en una praxis
comprometida con el desarrollo de nuestro entorno. La reflexión filosófica se
hace cada vez más necesaria por su carácter de universalidad ya que
contribuye a concretar los esfuerzos interdisciplinarios en el ámbito
científico; el ámbito inmediato de la técnica nos ha hecho perder de vista
el fin de ésta que es el hombre, y ahora es necesario tener una visión de
conjunto en donde pueda ser apreciado el rumbo que se está tomando. No es
posible pensar un futuro donde el hombre no reconsidere el papel que está
jugando pues sería inexistente: la alineación del hombre con respecto a un
ideal de “comodidad técnico” hace urgente la reflexión donde se puedan
encontrar nuevos derroteros en el caminar de la humanidad. De igual manera, ante el
desborde de la información, que cada vez más podemos apreciar, es
necesario tener una actitud crítica, misma que debe ser sostenida por una
perspectiva filosófica si queremos llegar al centro de la problemática que
en cada caso se cuestione; si queremos rebasar los ámbitos inmediatos de
una interrogante (económico, social, cultural, religioso, psicológico,
etc.) sólo existe un lugar común: la filosofía. Y a su vez, esto nos permitirá no tratar de entender
nuestros problemas a partir de ideas que han sido respuesta para otros
pueblos con una situación distinta a la nuestra; sólo en la medida en la
que tengamos una visión filosófica madura de nosotros mismos, podremos
tener mayor eficacia en las demás ciencias. Nuestro país es eminentemente un mal plagiario de ideas
pues muchas de ellas no corresponden a nuestra realidad; importamos ideas
económicas, políticas, pedagógicas, jurídicas, etc., pensando que ellas
nos llevarán hacia un progreso indiscutible, y el resultado es que muchas
veces no lo es en ningún aspecto. Hace falta una mayor reflexión sobre
nosotros mismos, empezando por nuestras preocupaciones más elementales:
qué somos, hacia dónde vamos, en qué consiste la calidad de la existencia,
etc.; sólo de esta manera podremos generar ideas apropiadas para nuestra
realidad mexicana. De aquí la importancia de la filosofía en nuestra
región. La ciencia misma ha perdido su compromiso con el
conocimiento y la verdad; es común ver hoy en día a seudo científicos
colaborando en proyectos particulares que les dejarán jugosas ganancias,
pero a cambio de esto, nefastas consecuencias para sus semejantes y la
naturaleza misma. No es posible pensar un futuro donde el hombre no
reconsidere el papel que está jugando pues sería inexistente: la
alineación del hombre con respecto a un ideal de “comodidad artificial”
hace urgente la reflexión donde se puedan encontrar nuevos derroteros en
el caminar de la humanidad. La sociedad contemporánea requiere de la
participación activa de la filosofía ante los problemas que rebasan las
perspectivas particulares. Así, es importante que los profesionales de la
filosofía se reúnan a disertar, argumentar y debatir sobre lo que acontece
en el mundo de hoy, para que con las herramientas que ofrece el discurso
filosófico, sean atendidos los problemas más elementales en el hombre como
sólo desde la filosofía se puede hacer. Hacer filosofía es abrirse a las preguntas que están de
trasfondo en la naturaleza humana y todo lo que ello implica, es abrir las
ventanas para que el viento de la reflexión se lleve los malos olores
guardados por el reciedumbre de las formas de convivencia. Por esto es
importante hacer filosofía, y con mayor razón en un país con hambre, pues
es la única manera de sostener y enarbolar la esencia del hombre. Notas [1] Gustavo Bueno
2 Idem
3 Idem [2] Stein, Edith. ¿Qué es filosofía? [i] Me refiero a sindicatos serios, no como los que tenemos, que dicho sea de paso no tienen la capacidad para garantizar una vida digna a los trabajador pues están contra la pared con las políticas económicas neoliberales que tenemos y se siguen ratificando; también seguridad social real, no como el sistema de pensiones en México donde los que llevan todas las de ganar son los bancos que “bondadosamente administran los dineros de los trabajadores” y trasladan toda la responsabilidad al “aforado” en caso de una inversión riesgosa, cosa que se puede leer textual en los formatos que existen para estos fines
Fuente Proyecto Arjé |
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