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Hoy repasamos la filosofía medieval, que, en la Europa occidental, estuvo marcada por el poder de la Iglesia cristiana. Esta decidía si las nuevas ideas podían ser aceptadas, lo cual sólo ocurría en el caso de que fueran compatibles con el dogma cristiano. El pensador más destacado de esta época, y en realidad el filósofo más importante del cristianismo, fue Santo Tomás de Aquino. Su doctrina estuvo muy influenciada por las ideas de San Agustín, otra figura clave del pensamiento cristiano Mil años mediaron entre la caída del Imperio Romano, en el siglo V de nuestra era, y el inicio del Renacimiento, en el siglo XV. Durante todo ese tiempo, la Iglesia cristiana tuvo un enorme peso en la vida cultural y filosófica de la Europa occidental. Tanto es así que, antes de que se aceptaran nuevas teorías y descubrimientos, la Iglesia aplicaba su particular filtro para determinar si eran compatibles con el dogma cristiano; sólo en ese caso las nuevas ideas eran aceptadas. La figura más representativa de esta época es Santo Tomás de Aquino. Sin embargo, hay que recordar que, antes que él, vivió otro filósofo cuya influencia fue determinante: San Agustín. Pero vamos primero con Santo Tomás. Vivió en Italia entre 1225 y 1274, y está considerado como el filósofo por antonomasia de la Iglesia cristiana. Su obra, al menos hasta el Concilio Vaticano II (1962-1964), ha permanecido como referencia canónica indiscutible del pensamiento cristiano. Santo Tomás realizó una síntesis de las doctrinas filosóficas más importantes y las hizo compatibles con el dogma cristiano. El resultado es una corriente conocida como Tomismo, que recoge parte del pensamiento de San Agustín y de Aristóteles, e incluso incorpora elementos de las tradiciones judía e islámica. El rasgo fundamental de su doctrina es la diferenciación entre religión y filosofía; es decir, entre fe y la razón. Consideraba, como Aristóteles, que todo el conocimiento racional se obtiene a través de los sentidos, sobre los que se basa la razón. Sin embargo, creía también que todo lo referente a la religión sólo se puede conocer a través de la revelación divina. La misma existencia de Dios es para él cuestión de fe: no se puede demostrar desde la razón, pero es un hecho indiscutible. El entendimiento, en su opinión, es independiente de los postulados religiosos y nunca los cuestionará. Santo Tomás escribió cerca de 800 obras, entre las que destacan dos: Suma Teológica y Suma contra los gentiles. Sus teorías, síntesis de ideas platónicas y cristianas, fueron
adoptadas por la ortodoxia En sus páginas cuenta cómo se resistía a renunciar a los placeres carnales: una de sus frases dice “Señor, hazme casto, pero todavía no”. Su regreso al cristianismo dio como resultado una doctrina que albergaba numerosas ideas procedentes de la tradición platónica. Es decir, San Agustín incorporó al cristianismo una serie de aspectos procedentes de un sistema filosófico anterior. Eso sí, sólo introdujo aquellos aspectos que no entraban en conflicto con el dogma cristiano, ya que éste se basa, para él (como para Santo Tomás), en una revelación divina, y la palabra revelada se impone siempre sobre la verdad. Este es el contexto en el que debe entenderse el pensamiento de San Agustín, que cree que la filosofía desempeña un papel secundario con respecto a la revelación. Desde entonces, su percepción de la realidad fue adoptada por la ortodoxia cristiana. San Agustín está considerado como el primer pensador que entiende su búsqueda filosófica más como una profundización en el propio mundo interior que como una interrogación acerca de la realidad. Es autor, además de su citada autobiografía, de una obra titulada La ciudad de Dios. Este libro es objeto de análisis, todavía hoy, en estudios religiosos de nivel universitario La época DECADENCIA. La caída del Imperio Romano estuvo marcada por la conquista de varios de sus territorios por parte de los pueblos germánicos. La civilización clásica, mezcla de culturas griega, helénica y latina, cayó en decadencia y dio paso a una época oscura, que se extendió entre los años 600 y 1000, aproximadamente. Europa tardó 1.000 años en volver a imponerse económica y culturalmente. OTRAS CULTURAS. Sin embargo, éstos fueron años de gran desarrollo de culturas como la islámica (que se extendió por el antiguo Imperio alejandrino hasta la península Ibérica y el norte de África) y la civilización china, que alcanzó su época de mayor esplendor con la dinastía Tang, entre los años 618 y 907. También la cultura japonesa entró en su periodo más brillante. En Europa, Irlanda se convirtió en un refugio para el desarrollo cultural heredado de los clásicos, ya que no fue invadida por los germánicos. PARA SABER MAS. Te recomendamos este libro, que nos ha servido de fuente: Historia de la filosofía, de Bryan Magee (editorial Blume). |
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