Filosofía
El ser y la palabra en Parménides
Ciro Schmidt

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Una distancia milenaria separa a Parménides de nuestro presente. Parménides habla desde esa distancia. Su habla ha llegado hasta nosotros y aún despierta resonancias: habla del pensar y del ser ¿Cómo es así que esas palabras, aparentemente salidas de anaqueles de un pretérito superado por nuestra tecnología científica, pueden apelar al hombre del s. XX?

Sólo accedemos a la palabra de Parménides, si entendemos su habla. Más de dos milenios separan nuestra habla de la suya. Cabe entonces preguntarnos: ¿Entendemos con claridad su habla?. La respuesta se hace más difícil cuando, a más de ello, se ha interpuesto entre su habla y la nuestra una "clave científica"

Hay muchas maneras de dirigir preguntas a la historia, pero la manera inicial, la más profundamente comunicativa, consiste en indagar qué pensaron ser verdadero aquellos hombres que dieron un rumbo determinado a la vida de su época. Si buscamos la verdad de los fragmentos presocráticos el sendero de búsqueda no puede ignorar su literalidad. Pero lo buscado es la palabra vertida ahí. Pensar es escuchar el fundamento esencial del ser, en tanto manifiesto en la palabra que habla. ¿Qué garantía tenemos de sintonizar --desde nuestro actual horizonte- la experiencia del ser manifiesto a los presocráticos, y que éstos tradujeron en su habla?

Desde lo anterior mi reflexión es una forma de presentación, descripción y explicitación del Poema de Parménides, que intenta ser punto de partida de otras reflexiones posteriores. De allí que muchos temas queden esbozados y la bibliografía no sea en esta oportunidad muy abundante.

Por ello conviene, ya en la partida de nuestra reflexión, señalar que el descubrimiento de Parménides es de índole cognoscitiva: concierne a la verdad, y que la afirmación de Parménides flotará en su vaguedad mientras no se intente entender su poema desde Parménides mismo y desde su época .

Es necesario entender lo mismo que él dice, aunque no se entienda de igual manera, y centrar la atención en la experiencia especulativa de Parménides situada en el marco del cambio espiritual del siglo VI. Ensimismado en su experiencia especulativa, el joven pensador elabora una armazón lógica concluyente y a través de ella es quien descubre el tema propio de la filosofía y el método con el cual se puede abordar. En sus manos la filosofía llega a ser metafísica y ontología; no va a versar ya simplemente sobre las cosas, sino sobre las cosas en cuanto son, es decir, como entes.

El Poema.-

La obra de Parménides lleva el título tradicional Sobre la naturaleza, y se desarrolla en forma de poema escrito en severos y solemnes hexámetros. La primera parte de él, de la que se han conservado considerables fragmentos, describe el camino de la verdad. Lleva al ser; los siguen Parménides y la filosofía. la segunda parte muestra el camino de la opinión; lleva a la apariencia, lo recorren los vulgares mortales.

Su libro está escrito con rasgos épicos, con abundantes figuras míticas, especialmente en el Proemio; pero su raciocinio es riguroso. Sin embargo, aun cuando el impresionante lenguaje metafórico es claro para los iniciados, no distingue con precisión posterior el proceso del pensar, su contenido, formulación y explicitación.

Como resumen preliminar podemos señalar que afirma que existen tres vías de investigación: 1) el Ser es y no puede No-ser; 2) No~es, y es necesariamente Noser; 3) La vía de la opinión o del común de los mortales, según la cual se dan el ser y el no-ser, por lo que hay pluralidad y movimiento en la realidad mundana. Parménides, con justo título, llama Impracticable" a la segunda vía o camino, dado que el No-ser es impensable tomado absolutamente, "porque (gàr) es lo mismo (autò) el pensar (noein) o el ser (einai)" (3,1 )

"Se adivina sin dificultad, tras este desarrollo aparentemente físico, el conocido esquema tripartito, subyacente en todas partes, a la articulación del pensamiento: dos contrarios y su mezcla como tercero: éstin, ouk éstin, ésti te kaî ouk éstin" (cfr Reinhardt Karl: Vermächtnis der Antiker, Góttingen, 1966, p. 70.)

Emerge del poema de Parménides una comunicación de la deidad, según la cual, cada cosa es más de lo que los ojos pueden ver, y las manos tocar; más de lo que la costumbre, muchas veces repetida, de decir su nombre, sin pensar, permite entrever.

El saludo de la diosa enuncia el propósito del poema. En el proemio la diosa saluda a Parménides y le dice que es menester que aprenda a conocerlo todo: "Es preciso que lo sepas todo, tanto el corazón imperturbable de la Verdad bien redonda, como las opiniones (dóxas) de los mortales, y cómo era preciso que las formas aparentes aparezcan, compenetrando en todo, todas las cosas" (28 8 1, 28-32) y le dice que no hay más que una vía de que se pueda hablar. Con ello termina la introducción. Hay una clara alusión al paso de la conciencia mítica a la teorética: las Helíades lo han sacado de la oscuridad. la metáfora de los velos significa la verdad entendida en Grecia como un develar o descubrir (alethéia)

Según Casaubón se da en el poema la oposición entre su núcleo central (la doctrina del Ser), y el Proemio, que supone pluralidad y mutación: el carro y el que lo conduce, los dos caballos, las Helíades y la Diosa, el ancho camino y las puertas... En cambio habría coherencia entre el Proemio y la Física del final. Si el mundo de la física no es en el Poema mera apariencia, sino realidad de un grado inferior al de Ser, es lógico que en el camino hacia el Ser haya todavía pluralidad y mutación, pues sería camino desde el mundo de la naturaleza hasta la pura esfera del Ser. Sin embargo, creo que su interpretación general está realizada desde La mirada de Santo Tomás y se aleja de la realidad el tiempo de Parménides y de su visión especulativa, aún cuando ella pueda completar y enriquecer su pensamiento.

Parménides se ha colocado de un modo consciente en el pensamiento como vía única hacia la verdad. Enfáticamente nos hace prevenir por la diosa para que no caigamos en las vías de la experiencia sensible. "Guarda tu mente (nóema) muy lejos de esta vía de investigación y no dejarás así llevar por la inconstante costumbre (ézos) que todo lo experimenta y pone en el trono el ojo que no discierne y al aturdido oído y a la lengua; discierne con el pensar (krinai dé lógoi) la prueba controvertida (polyderin élegion) dicha por mí" (Frag.6)

Dice en su poema que existe un ámbito de la ciencia y otro de la opinión y podemos pensar que subordina todo este conjunto a lo Uno. Así vino a confundir el mundo del logos con el mundo de la realidad y desde esta base estructuró, de manera original, su concepto de ser. Sólo lo universal es para Parménides lo esencial. En él encuentra sentido de fuerza integradora este movimiento circular.

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Y este camino "apartado del sendero de los hombre" (28 b 1,27), es especulativo; mira con la mente (nóo), no con los ojos corpóreos. El descubrimiento de Parménides responde especulativamente a un problema abiertamente especulativo. El nóos parmeniano significa, aquí, intelección unitaria: mira con tu alma...

La segunda parte del poema bien poco se ha conservado. Pero al menos una cosa queda en claro, que la opinión no se alimenta del conocimiento del entendimiento sino del de la sensación.

Sin embargo, hay que señalar que se dan muchos pasajes que han suscitado malentendidos persistentes, precisamente porque muchos intérpretes no se atienen a la médula esencialmente especulativa de la doctrina de Parménides.

En una época de revisionismo crítico que busca caminos más a la medida de quien se alimenta sólo de los frutos de la tierra y no siente a la deidad que guía a¡ hombre a través del don divino de la palabra, en un contexto de crisis, toma Parménides posición con su poema. Su planteo es enteramente unitario: articula ambas partes en un modo internamente coherente. Su planteo del lenguaje humano es global: pone en el prisma no sólo la verdad accesible al pensar científico, sino también la verdad inherente al lenguaje corriente, es decir, los conocimientos codificados por los mortales en su diario vivir: las opiniones, la doxa. Parménides se hace cargo de la crisis que afecta a sus contemporáneos, y pretende superarla de raíz. ¿Cómo se explica que de pronto aparezca la crisis, el desconcierto entre sus semejantes? Pues el desconcierto guía su conocimiento inestable (plakton nóon). Así disvarían, sordos (koibi) y ciegos (tyfloí) a la vez, estupefactos, multitud desprovista de discernimiento" (28, b 6,5) a quienes" la costumbre muchas veces practicada arrastra por ese camino de asentimiento al ojo que no ve y a la lengua (28 b 7,3 ss) Parménides sostiene que el lenguaje humano es capaz de conocer la verdad, si se atiende al ser. Su programa es atenerse al ser -un sendero apartado de los frecuentados por los hombres- (28 b 1,27).

Dos problemas tenía que resolver Parménides, antes de dar forma definitiva a su escrito. Ambos conciernen al problema cognoscitivo de la verdad, accesible al lenguaje humano, en el plano del conocimiento cierto, fidedigno, de índole científica, y en el plano del vivir habitual:

1a ¿Es lo corpóreo la clave única y última del vivir humano?

2a ¿ En qué sentido es el pensar la clave única y última del vivir humano? .

Desde el Ser.-

El fragmento 28 b 4 es una verdadera descripción de la experiencia intelectual: mira cómo las cosas percibidas en primera impresión -necesariamente distantes (apeónta) en el espacio y en el tiempo-, están a la vez firmemente presentes (pareónta) al pensamiento (nóoi); pues si las cosas entendidas en primera impresión aparecen asociadas en cuanto al tiempo y al espacio, la inteligencia no las codifica según esa clave múltiple de su estado en un determinado instante, sino según lo que es (eón)

"Pero tú aparta tu pensamiento de este camino de investigación y que el hábito muy experimentado no te fuerce a dirigir por él un ojo incapaz de ver o un oído resonante de ruido, o la lengua, sino juzga con tu razón la muy controvertida prueba expresada por mí. Queda aún un solo camino verdadero"

R.P. 113 ... porque lo mismo es pensar y ser R.P. 114

" Lo mismo es el pensar y aquello por lo cual hay pensamiento, porque no encontrarás el pensar (euréseis tò noein) sin el ente en el cual está expresado, pues no hay ni habrá nunca nada fuera del ente, ya que la fatalidad (Moira) lo encadenó para que fuese un todo inmóvil (oulon akínetón). Por lo tanto, no son sino nombres todas las cosas que los mortales establecieron creyendo que eran verdaderas; llegar a ser (gígneszaí y perecer (óllyszai), ser y no ser, y desplazarse (tópon allá-ssein), y cambiar de brillante color" 28 b 8 39 (R.P. 119)

Con Parménides la quintaesencia de la tradición griega es sometida a juicio. Al don divino, por el cual pensamos, le corresponde de suyo, una de estas tres alternativas:

1a pensamos lo que es

2a pensamos lo que no es

3a pensamos lo que es y no es

Si sólo cabe afirmar lo corpóreo, esto es lo múltiple, entonces el pensar es nada; lo conocido e integrado en la tradición cultural, es nada; lo que pienso y conozco ahora, también es nada; no sólo es nada lo que afirmaba la tradición cultural, sino que es igualmente nada la afirmación de su argumento en 28 b 2, 7 ss.

Sobre el ente habló Parménides: el ente es uno, inmóvil y rígido. Cayó en la cuenta de que cuando yo afirmo verdaderamente una cosa, aquella necesariamente es; no puede ser. Y además da últimamente plana razón de sí. lo que yo afirmo vale eternamente si es verdadero. Se situó Parménides clarisimamente en un nivel "Iógikos", y en él creyó ver que lo único verdadero es lo Necesario.

Su opositor, Heráclito, estaba en el mismo nivel. Lo que él veía es que lo afirmado por el hombre, eso que decimos que "es", tiene que referirse al mundo real, que es todo cambio. Por tanto tiene que haber dentro del mismo ente una absoluta compatibilidad y complementariedad de los opuestos y así una contingencia

Así se nos muestra la histórica controversia sobre el ser de las cosas y del hombre en medio de ellas y la reflexión de Parménides se asienta contra la ontología heracliteana del devenir desplegada en el movimiento de los contrarios.

"Se ha de pensar y decir que sólo el ser es, porque lo ente (einai) es (ésti); en cambio la nada (medèn) no es" (Frag. 6.1)

El eleata subraya en su proposición el término "ser" y lo concibe como opuesto al "devenir" de Heráclito que, según Parménides, es la "nada". El "ser" es lo idéntico consigo mismo, de modo que quedan excluidos de él la evolución y el tiempo. Así aparece el ser como una propiedad esencial de las cosas.

Como el Ser es algo absolutamente cercano, basta con percatarse de ello, con saber que estamos dentro de él. Sin embargo esta certeza, este aplomo, para el que Parménides habría inventado un sentido nuevo en nombre de 1a fe" es difícil de conquistar y requiere para su conservación un renovado ejercicio de la memoria

Se da una mutua relación de necesidad entre el Ser y el conocimiento, ambos coinciden. Por ello el pensamiento es semejante a una esfera que es imagen de la perfección es la limitación definida. Por ello el conocimiento del hombre se da en relación necesaria con la existencia. Sólo él puede conocer el SER y en tanto pensamiento se exige a sí mismo, como supremo principio de su realidad, no caer en contradicción, no anularse negando lo que afirma.

"Lo mismo es el pensamiento y aquello que pensamos; porque sin el ser del que se afirma algo no encontrarías al pensamiento". (Frag. 8, 44 ss)

Parménides eligió para sí mismo "una sola y sencilla vía de discurso": proposiciones positivas alineadas que atribuyen al Ser las propiedades expresadas por bellos vocablos absolutamente nuevos, tales como "no nacido" (agéneton), "no perecedero" (anólezrón), "de una sola masa" (oulomelés) e "inmóvil" (atremès), "todo entero y presente a la vez" (atéleston), "único" y "sin interrupción" (synejès). Cada uno marca el compás del poema como si fueran los mojones de un camino. No están simplemente juxtapuestos, sino que las formas del discurso establecen entre ellos unos lazos, a modo de consecuencias lógicas

Había percibido con una rara agudeza la imposibilidad para el ser de encontrar en sí mismo un principio de diversidad y la evidente ineptitud del no-ser para diferenciarlo. (Cfr. Diels Fragmente der Vorsokratiker 1, 18 B, f. 8, v. 22-25 46-48). La alternativa es rigurosa (v. 15-16): el ser necesario, absoluto, total, o no es (v 11). Sin embargo es evidente que él es. Con una lúcida violencia se impone al espíritu su realidad una, homogénea, continua y sin carencia.

¿La intuición originaria del eléata iba más lejos, hasta excluir del Ser no sólo la multiplicidad sino también el límite? Esto hubiera sido lógico; nada en el ser se opone al ser y el no ser no podría impedir su definitiva expansión. El dinamismo ilimitado de la noción de ser traduciría así, en forma absolutamente natural, en el lenguaje espacial de Parménides, en una posibilidad, igual en todas las direcciones, de desarrollo sin fin. ¿Sería, como se ha pretendido recientemente, esta posibilidad uniforme en todas direcciones la que simbolizaría la esfera? ¿Es necesario considerarla menos como una figura de dimensiones definidas que con una ley de expansión ?

Cualquiera que haya podido ser la intuición generadora del eleata, se debe reconocer que la expresión es resueltamente finitista. El "esfeiros" se presenta como un estado de acabamiento, de determinación, que invoca para Parménides la noción de confines justos: "La potencia necesita la conservación en los lazos de un límite que la cierne por todos lados. Es por ello que no puede ser infinita. Ella es sin carencia y siendo infinita toda ella sería carente" (v. 30-33).

Las cosas aparecen ante todo como consistentes; y esto es lo que propiamente quiere decir el participio eón, ón que es el eje de la filosofía parmenídea. Las cosas consisten en esto o lo otro porque previamente consisten, es decir, consisten, es decir, consisten en ser lo consistente (tó ón). El descubrimiento de Parménides podría, por lo tanto, formularse diciendo que las cosas, antes de toda ulterior determinación, consisten en consistir .

Con ello la filosofía pasa de ser física a ser ontología. Parménides no es un físico, y su cosmogonía oculta como médula algo diferente de lo que su envoltura convencional hace inferir al primer golpe de vista. Por muy físico que trate de aparecer, se advierte que su propósito más profundo no es explicar la contextura del mundo a través de evaporación y solidificación, ascenso y caída de materias elementales -conforme a las reglas de la física jónica- El que se haya servido de sus predecesores jónicos, en esta o aquella particularidad física, es sólo una faceta secundaria en él.

Su teoría del conocimiento es realista y propia del sano entendimiento humano, según la cual nuestro pensar es un reflejo del mundo de los objetos, y en este sentido es idéntico al ser, en cuanto refleja un objeto como una copia al modelo. Detrás de sus expresiones late la persuasión metafísica de que pensar y ser están coordinados entre sí y que el ser no escapa, como pensaban los heraclitianos, como un eterno fluido .

Los versos con que empieza la parte principal del poema de Parménides están contenidos en los fragmentos 2 y 3 de la colección Diels, y en ellos nos muestra los fundamentos de su teoría del conocimiento:

"Ven, pues, voy a decirte (y te ruego que atiendas (kómisai) bien a mis palabras (mzson)) Cuáles son las únicas vías de indagación (dids-síos) concebibles (pensables: noesai). La primera

Sostiene que es y no puede no ser (ouk ésti mè einai); y éste

Es el sendero (kéleuzos ) de la convicción (persuasión: peizous), que sigue la verdad. Pero el otro

Afirma: no es y este no-ser tiene que ser (jreón est mè einai).

Este último sendero, tengo que decírtelo, no puede explorarse (por completo inviable: atarpón).

Pues lo que no es, ni puedes conocerlo (gnoíes) (pues esto

Se halla más allá de nuestro alcance), ni puedes expresarlo con palabras,

Pues pensar y ser uno y lo mismo".

La imagen de las dos vías está probablemente basada, como el restante contenido de su proemio, en una transferencia del simbolismo religioso a los procesos intelectuales de la filosofía. la tercera vía no es, propiamente, un camino distinto de las otras dos (la vía explorable y la vía que no puede explorarse), sino que es una inadmisible combinación de las dos que no tiene en cuenta su recíproca exclusión

El intelecto de Parménides le fuerza a ser coherente y esta coherencia le conduce inevitablemente a una crítica del conocimiento humano. El simple hecho de que se sirva de la imagen de las dos vías para exponer su teoría muestra cuanto está dominado por este motivo. Esto resulta confirmado también por la forma en que distingue las dos partes de su obra, como tratando con la "verdad" y la "apariencia" respectivamente, con lo que sitúa así la metafísica de la primera parte como la física de la segunda dentro deuna perspectiva declaradamente epistemológico-crítica .

La segunda parte del poema, desarrolla con estricta consecuencia a lo anunciado en el proemio, el horizonte de la doxa: cómo es preciso que lo aparente aparezca, compenetrando todo- en todas las cosas. El motivo clave: el orden entero de lo aparente es mezcla: Tero ya que todas las cosas han sido nombradas (onómastai) luz y noche, lo que subyace a éstas y aquellas, según sus propias fuerzas (katà sfetéras dynámeis), está entero repleto (pan pléon estin) a la vez de luz y de noche oscura, de ambas por igual Uson amfotéron), pues más allá de una, nada hay de la otra" "Pues según cada cual tiene mezcla de elementos muy inestables así el pensamiento asiste a los hombres..." Así surgieron las cosas según la apariencia (katá dóxan)..."

El contexto inmediato de la doxa, que toma forma de problema en su conciencia, podría formularse así: ¿de dónde proceden los conocimientos verdaderos?. La pregunta no va dirigida expresa y directamente al conocimiento sensorial, en tanto diferenciado del conocimiento intelectual válido: la pregunta tendrá ese referente más tarde, desde Aristóteles.

No hay otro texto como 28 b 16 donde la contextura enigmática de la doxa aparezca ya manifiesta. Su enigma es esa imbricación interna entre lo conceptual y lo elemental -material- Parménides ha chequeado todas las cosas en su orden sucesivo. Las ha diluído todas en noche y luz. Puesto que noche y luz son sólo símbolos, se le hace manifiesto que la esencia de todas las cosas es la contraposición. Pero él no se contenta con formular esta ley universal, sino que procura derivar las contraposiciones unas de otras, y vincularlas genealógicamente. Su trabajo habría sido más liviano. Pero los conceptos no estaban bien diferenciados de las cosas. ¡Cuánto esfuerzo costó diferenciarlos!

En dos lugares distintos -al inicio y al término de la segunda parte-, está la afirmación de que lo aparente, en tanto aparente, contradice a la ley suprema del pensar, la única garantía de la verdad. del final, como tirando la línea de la última cuanta se lee:

" ¡así, según la apariencia, estas cosas han nacido y son ahora (kaí nyn éassi) y después, pasado el tiempo, crecerán y morirán (: llegarán a su destino). Los hombres han acordado nombres (ónománzropoi katézentá) para asignar a cada una (epísemon hekástoi)" (28 B 19)

"Viendo ven en vano

Escuchando, dejan de oír

Para Parménides, naturalmente, eran los ojos y los oídos justo los órganos que extraviaban a los hombres; y por eso sólo podía hablar en términos más generales de "peregrinar fuera de la ruta" y de "andar merodeando" .

Con ellos deja enteramente fundamentada la subordinación estricta de la doxa (y la legalidad de sus nombres), a lo que es. Ese es el propósito de la segunda parte del poema. La evariante humana de la doxa, son los nombres múltiples del habla.

El hombre puede conocer lo que es, por un único camino de acceso: el pensar. No accede a lo que es, el decir repetitivo e impensado de la costumbre. Los muchos nombres proferidos en el habla cotidiana son meros doxa humana a la medida en que no están internamente articulados y acotados por el pensar. Los nombres de la vida cotidiana son la variante humana de esta actividad refleja común a todos los cuerpos, en tanto contactan otros cuerpos.

El mundo de la doxa que edifica Parménides está basado en la convención de los mortales, de que el Ser y el No-ser son uno y lo mismo y sin embargo no lo mismo. Es el mundo visto con ojos humanos y se opone al mundo del Ser tal como lo ve la diosa de la Verdad. Pues es realmente ésta quien habla cuando Parménides lo hace de los "mortales"

El simbolismo de la luz que encontramos en el proemio con su narración del viaje desde el mundo de la noche hasta el mundo de la verdad y del Ser, se reanuda en la segunda parte, donde se expone el origen del mundo de la apariencia en términos de un dualismo de la luz de la noche.

Desde esta reflexión en torno al ser y al pensar desarrolla, además, toda una cosmología, siempre con intención de mostrar que el mundo, cuyo origen narra, no es un mundo real, sino simplemente un mundo aparte, por qué es esto así. Una vez que ha probado que el ser es uno solo, el principal problema de la cosmogonía de este mundo de la apariencia es explicar cómo surgió la aparente multiplicidad de las cosas. Nuestro mundo del Devenir es una simple apariencia: el mundo del Ser es la verdad misma. Parménides no tiene intención alguna d explicar con su doctrina de lo Ente el mundo natural de la multiplicidad y del movimiento; pero en su notable do trina del mundo de la apariencia trata de explicar los errores de aquellos hombres que han puesto la dualidad en lugar de lo Uno como sustancia primera y el movimiento en lugar de lo que persiste sin cambio .

En el fragmento octavo intenta exponer cierto n mero de propiedades de lo Ente que determinan más precisamente su naturaleza. Es significativo que todas estas propiedades se obtengan negando ciertas propie-dades d mundo de los sentidos. El pensamiento de Parménide tiende a alejarse del mundo del Devenir hacia un ser al soluto que es algo enteramente distinto, y considera como su propio y especial logro el haber sacado al Ser del reino de la experiencia inmediata de los sentidos.

Para Hirschberger en el fondo todo ello no es sino expresión del modo de pensar primitivo, que no logra aprehender la significación, encerrada también en el concepto de ser, de una posibilidad de avance o retroceso

En la palabra.-

Para Parménides, que fue el primero en pensar sistemáticamente sobre la lógica de las palabras, decir que una cosa "es" podía y debía significar únicamente que esa cosa "existe" y esta idea acudía a él con la fuerza de una revelación concerniente a la naturaleza de la realidad.

El fragmento 28 B 5 sostiene expresamente la índole lógico-especulativa de la argumentación, con una expresión verbal derivada de arjé (principio:

"Me es indiferente (xynón) por dónde comience (árxomai): pues allí volveré nuevamente"

De hecho cada uno de los períodos expositivos giran en torno a una misma experiencia especulativa. Su descubrimiento da acceso a la clave primera y última de la verdad, oculta al habla cotidiana, peros susceptible de ser indagada, por el sendero poco frecuentado del pensar. Al concluir el desarrollo de la primera parte del poema, y comenzar la explicitación de la doxa, la Deidad dice (28 B 8, 50ss)

"Concluyo así palabra y pensamiento fidedignos (pistòn logon kai nóema) acerca de la verdad: de la apariencia entre los mortales aprende escuchándome decir su estado engañoso"

Parménides reduce la crisis espiritual de su época a un enorme diagnóstico capital: los hombres erraron, al dividir el lenguaje en dos formas diferenciadas entre sí, una exterior y contrapuesta a la otra:

"Acordaron dar nombre a dos formas (morfás) conocidas (gnómas), de las cuales no es preciso dar nombre a una -en lo cual erraron..."-.

como si se tratase de sectores recíprocamente independientes. Por una parte, el sector luminoso: la faceta divina, comunicativa del vivir en el lenguaje. Por otra parte, el sector oscuro, donde el hombre está, con los demás animales, sujeto al sustento de la tierra y de sus frutos.

La primera parte del poema acomete derechamente la indagación de aquello que es comunicable. Toda comunicación codifica -ya sea cabalmente, ya sea como imitación hipócrita- lo que es, lo eón. ¿Existe comunicación? Si existe, entonces se da lo comunicable; sólo lo que es, es comunicable. la única condición comunicable procede del pensar. Y todavía más: lo que es, procede entero del pensar. O si se quiere: lo que es, es antes que nada y en primer lugar pensar. Es lo mismo pensar y ser.

El descubrimiento, aparentemente simple, situaba en el pensar la clave y referente universal de lo que es. Tan fundamental y cargado de consecuencias está su hallazgo, que pronto padece malas interpretaciones y es ridiculizado, por este pueblo inquieto, embriagado de esencias, hablador y maestro del habla. Vivir en el lenguaje es, en primer lugar, vivir en la unidad del pensar. Si lo que es, es, en primer lugar, pensado, entonces la clave de su contextura no puede estar fuera del pensar. Este era un golpe tremendo para la tendencia física, que ponía todas sus espectativas en la observación y en la medición, es decir en lo sensorial. La primera parte de su poema, venía a decir: lo que es, es desde y en la palabra del pensar. Si queremos conocer verdaderamente lo que es, atengámonos a la palabra proferida en lo eón, a la unidad y coherencia pensada, que es.

Confirma, así, con el vigor de su lógica recién descubierta, la convicción religiosa tradicional griega: el lenguaje, en cuyo horizonte vive el hombre, es un don divino; la palabra procede originariamente, de la Deidad que lo rige todo. Por eso da a su exposición el relieve de revelación de la Deidad, según se advierte en el Proemio.

Esa palabra es lo eón, el ser mismo pensado por la Deidad que lo rige todo.

La determinación "inengendrado" (agéneton) diferencia lo eón, del "nacimiento" de la tierra, del sol, la luna, el éter común a todos. Parménides está absorto en su descubrimiento; lo que es, es una única palabra (mysos) intacta, perfecta, inconmovible, imperecedera: nunca fue o será; sino que es ahora ("pues es ahora todo a la vez"). Nada puede conminarlo a tomar inicio de la nada (" ¿Qué exigencia habría dado lugar a que surgiera de la nada antes o después?")

"jamás fuerza fidedigna permitirá que de lo noente nazca algo, fuera de nada (gígneszaí ti parautó)..."

"La decisión reside en esto; es o no-es"

"Pues lo mismo es pensar (tautón destí noein") que aquello de donde procede el pensamiento (te kaí maúneken ésti nóema).

Parménides ha centrado su atención en un momento fundamental del vivir en el lenguaje. Con su estilo metafórico de pensador inicial, lo lleva a una formulación meridiana: todo es lenguaje, por cuanto está centrado en el corazón inamovible de la verdad.

Desde lo divino.-

La clave de lo que es no está en la doxa sino en la corriente comunicativa divina de la verdad que lo piensa. Su proemio es un testimonio de la profundidad de su mensaje y de la imperiosa experiencia que le ha capacitado para penetrar en la naturaleza del verdadero Ser.

Parménides proclama la "verdad" sobre el Ser, que es eterna y sin principio, opuesta a la apariencia y a todas las engañosas "opiniones de los mortales" Esta misma proposición, tan rigurosamente extrema, mostrará que la verdad de Parménides es de origen divino, pero Parménides refuerza esto en forma explícita con su invención poética de la diosa que le revela el mensaje, él, el único mortal destinado a ser favorecido de ese modo

El "camino real" (ódos) de Parménides no puede encontrarse en parte alguna de esta tierra; es, antes bien, la vía de salvación de que había oído hablar en las religiones de los misterios. Sólo la vía de salvación lleva a un hombre incólumne hasta la meta y no hay otra ruta sino la ruta de la verdad que así lo haga para "el hombre que conoce"

La importancia de Parménides estriba en que inició a los griegos en la senda del pensamiento abstracto, hizo trabajar a la mente sin referencia a los hechos externos y exaltó sus resultados por encima de los de la percepción sensible.

Motivo central del poema, es el juicio y veredicto al que la diosa somete el depósito de la tradición cultural griega, y los nuevos caminos que intentan abrirse paso, encandilados por los progresos en las investigaciones físico-matemáticas; se cree que el lenguaje humano alcanzará su sentido último con la investigación y medición de los cuerpos. De ahí su insistencia en la "falta de consejo" en su propio pecho, es decir, en el interior mismo del pensar, en que están situados quienes creen haber encontrado en lo corpóreo, la clave del vivir en el lenguaje.

La experiencia especulativa articulada en el poema de Parménides significa un paso cultural inusitado. Así fue entendida por sus contemporáneos y por la posteridad. No rompe el nexo de continuidad con el cauce integrador de la tradición griega: Parménides pone en boca de la Deidad, veredicto y sentencia. Lo debatido es nada menos que la clave última del lenguaje

Con Parménides de Elea llega a su máxima expresión una de las notas características de la filosofía de todos los tiempos: la exigencia de racionalidad. También con él queda establecido, de un modo no conocido antes en el pensamiento griego, la distancia, la distinción y la relación entre el mundo de la apariencia, y, por tanto, de la mera opinión, y el mundo real y verdadero, pero oculto a los sentidos y a las fáciles opiniones

Fuente Proyecto Arjé REVISTA DE FILOSOFÍA. DEPARTAMENTO DE FILOSOFÍA DE LA UNIVERSIDAD IBEROAMERICANA, PLANTEL MÉXICO. NÚMERO 90 SEPTIEMBRE-DICIEMBRE 1997 Puerto Montt, Chile.

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