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Movimiento intelectual del siglo V a. C. desarrollado en Atenas y preocupado primordialmente por la educación de los ciudadanos. Sócrates y Platón combatieron este movimiento por sus conclusiones relativistas y escépticas.

En la época de Sócrates y Platón hubo tres acontecimientos importantes que determinaron la filosofía posterior:

  • los nuevos descubrimientos etnográficos pusieron ante los ojos de muchos griegos las muy distintas formas de vida moral, social y política existentes, lo que seguramente pudo influir en la aceptación del relativismo moral;

  • un cierto cansancio en la investigación de la Naturaleza: en esta época los griegos habían dado muchas interpretaciones filosóficas opuestas relativas a la composición última de la Naturaleza, lo cual favoreció un cierto escepticismo respecto de la posibilidad de llegar a conclusiones definitivas sobre este tema;

  • el desarrollo de la democracia: aunque limitada a los varones libres, muchas polis instauran el sistema democrático, sistema político que crea nuevas necesidades. En particular cabe resaltar la importancia que tiene en este nuevo sistema el uso de la palabra y del razonamiento para la defensa de las propias creencias e intereses a partir de su argumentación pública. No es extraño que aparezca un grupo de maestros que expresamente declare su capacidad para enseñar las habilidades necesarias para el triunfo social y político. Este grupo son los sofistas. Por ello, las materias que impartían no eran la física o las matemáticas sino disciplinas humanísticas (mitología, historia) y retórica, gramática, oratoria, es decir disciplinas que enseñaban el uso de la palabra.

      Los tres acontecimientos citados provocaron lo que se ha denominado giro antropológico en la filosofía griega: así como las investigaciones anteriores a Sócrates tenían como objetivo eminente la investigación de la Physis, ahora, con los sofistas y Sócrates la filosofía dirige su atención a temas más típicamente humanos: la reflexión ética, la búsqueda de una fundamentación de la práctica moral y política, la indagación sobre las posibilidades del conocimiento humano.

      En un primer momento el término sophós no tenía una connotación negativa (se puede traducir precisamente como “sabio”) y se utilizaba para designar aquella persona que tenia una cierta habilidad para la realización de una tarea, o que habla hábilmente, pero a partir de Sócrates y Platón va a adquirir la connotación negativa que llega a hasta nuestros días: sofista es quien está dotado de habilidad para los razonamientos falsos, capciosos. Los cargos más importantes que presentó Platón en contra del movimiento sofista fueron:

  • ser comerciantes del saber (los sofistas cobraban grandes sumas por impartir sus enseñanzas) y no propiamente educadores;

  • hacer de la razón una mera técnica para la discusión y la victoria en ésta, pero independientemente del contenido de verdad y de la moralidad de la tesis que se quiere defender;

  • utilizar un método de enseñanza que permite más inculcar ideas en los oyentes que hacerles progresar en el conocimiento de las cosas: frente al uso del diálogo como método de enseñanza defendido por Sócrates y Platón (ver “mayéutica”), los sofistas enseñaban dando grandes y espectaculares discursos ante un auditorio pasivo;

  • defender el escepticismo y el relativismo.

      Los sofistas más importantes de la primera generación fueron Protágoras, Gorgias, Pródico e Hipias, y destacan por la defensa del escepticismo y el relativismo. Los representantes más importantes de la segunda generación fueron Calicles, Antifonte, Trasímaco y Crítias; estos filósofos acentuaron aún más el papel crítico de la razón y la capacidad de ésta para la defensa de cualquier tesis. Por su parte, Trasímaco se singularizó por su defensa de la ley del más fuerte y del carácter convencional de las leyes vigentes en las ciudades


Fuente: Asociación Libro Libre

Los sofistas y Sócrates 

Atenas está en la cumbre de su vida artística: Ictinus y Calícrates diseñan y construyen el Partenón. Fidias esculpe sus frisos. Píndaro escribe sus últimas odas. Sócrates presenta Antígona y Edipo Rey. Atenas, además, ha llegado al máximo de su democracia: se gobierna a sí misma en asamblea de todos sus ciudadanos varones adultos; cualquiera puede ser electo para cualquier posición; Pericles ha introducido el pago a los jurados para que los pobres puedan ocupar esos puestos; hay puestos públicos a los que no se llega por elección sino por sorteo. Otras ciudades griegas imitan la democracia ateniense.

La política es la principal actividad de los ciudadanos atenienses y de los ciudadanos de las ciudades que también han establecido la democracia. A cargo de todos está el gobierno de la ciudad. ¿Qué habilidades hacen falta para participar exitosamente en la vida pública? ¿Cómo se triunfa en política? Estos son los temas que ahora interesan. Estas son las preguntas para las que se quieren respuestas. Por ese tiempo habían aparecido unos señores que decían tener esas respuestas.

Los sofistas

La palabra sophistes significaba maestro en sabiduría. Como tales se presentaban estos señores que andaban de lugar en lugar, participaban en la política y cobraban por sus lecciones. Sabían o simulaban saber de todo: astronomía, geometría, aritmética, fonética, música, pintura. Pero su ciencia no buscaba la verdad sino la apariencia de saber porque ésta reviste de autoridad.

Enseñaban la areté requerida para estar a la altura de las nuevas circunstancias sociales y políticas (recordemos que la palabra areté, traducida generalmente por virtud, no tenía entonces las connotaciones morales que nuestra palabra virtud tiene; era más "lo que es propio de", como se explicó en la introducción).

La primera exigencia de esa areté era el dominio de las palabras para ser capaz de persuadir a otros. "Poder convertir en sólidos y fuertes los argumentos más débiles", dice Protágoras. Gorgias dice que con las palabras se puede envenenar y embelesar. Se trata, pues, de adquirir el dominio de razonamientos engañosos. El arte de la persuasión no está al servicio de la verdad sino de los intereses del que habla. Llamaban a ese arte "conducción de almas". Platón dirá más tarde que era "captura" de almas.

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No eran, pues, propiamente filósofos pero tenían en común una actitud que sí puede llamarse filosófica: el escepticismo y relativismo. No creían que el ser humano fuese capaz de conocer una verdad válida para todos. Cada quien tiene "su" verdad.

Los filósofos anteriores daban generalmente a sus libros el título "Sobre la Naturaleza o lo existente". Gorgias parece burlarse de ellos cuando titula el suyo "Sobre la Naturaleza o lo No existente". Con ese libro pretendió demostrar tres cosas: 1) nada existe, 2) si existiese algo no podríamos conocerlo, 3) si conociésemos algo no podríamos comunicarlo a los demás. Platón comentó: ¿Son al menos estos principios verdaderos? Si no, ¿por qué los asegura Gorgias con tanta universalidad?

Protágoras decía: "Como cada cosa me aparece, así es para mí; y como aparece a ti, así es para ti."

El escepticismo alcanzó a los dioses.

"No dispongo de medios –dice Protágoras– para saber si existen o no, ni la forma que tienen; porque hay muchos obstáculos para llegar a ese conocimiento, incluyendo la oscuridad de la materia y la cortedad de la vida humana."

Y alcanzó a las leyes de las ciudades. Antes se creía que éstas tenían origen divino, ya fuese porque Apolo hubiese inspirado directamente al legislador –tal era el caso de Licurgo, legendario fundador de Esparta– ya fuese porque los legisladores acostumbraban consultar sus proyectos de ley al oráculo de Delfos. Ahora se ha viajado suficiente para poder comparar las leyes griegas con las leyes de otros lugares y, sobretodo, se tiene experiencia de cómo se redactan y aprueban leyes en las asambleas democráticas. Los sofistas eran miembros de esas asambleas. Protágoras estuvo en el grupo enviado a Turii, en el sur de la actual Italia, para dar leyes a la nueva colonia ateniense.

Para ellos, por tanto, las leyes eran convencionalismos humanos. Normas que los hombres adoptan para no vivir como animales. En el principio se vivió así y los fuertes se aprovechaban de los débiles. Las leyes protegen al débil del fuerte. En ese sentido son convenientes, aunque no tienen otro fundamento.

Porque no tienen otro fundamento los hombres pueden transgredirlas con tal de que los demás no lo adviertan. Por la misma razón, un hombre fuerte, realmente fuerte, puede ignorar las leyes, apoderarse del poder y satisfacer sus deseos; en ello brilla la dike (ver el sentido de esta palabra en la introducción) de la naturaleza.

¿Cómo asimilaron los alumnos estas enseñanzas de sus maestros? A los atenienses no les basta ser la ciudad principal, quieren ser la ciudad que manda sobre las otras ciudades y se beneficia de ellas. Si tienen poder para hacerlo les corresponde hacerlo. Es la dike de la naturaleza. Así, disponen que ciertas causas judiciales sólo puedan ser vistas en Atenas; el tesoro de la Liga de Delos al que habían contribuido todas las ciudades de la Liga y estaba guardado en Delos, es trasladado a Atenas para uso exclusivo de los atenienses; cuando Esparta propone la paz deciden continuar la guerra entusiasmados con la moción de que, en adelante, la guerra se financie sólo con tributos de las otras ciudades. También era dike de la naturaleza que la asamblea ateniense hubiese empobrecido con excesivos impuestos a sus conciudadanos ricos; también que hábiles acusadores manipulasen las pasiones políticas de los jueces para quitar a otros sus propiedades; también que los llamados sicofantas tuviesen la habilidad de ganarse la vida chantajeando a otros con la amenaza de una demanda.

La ciencia y la moral griegas parecen en trance de muerte. Pero, si fue admirable empresa de unos griegos iniciar el camino de explicar el mundo con la razón sola rodeados como estaban de una cultura que explicaba todo con dioses, es también empresa admirable que otros griegos iniciasen la búsqueda de la verdad ética y de la verdad política en la Atenas de los sofistas. El primero en hacerlo fue Sócrates y le costó la vida.

Sócrates

Nacido por el año 470 A. C., unos ocho años antes de que el filósofo Anaxágoras llegase a Atenas. Su vida fue filosofar y enseñar. Pero no le interesaron las preguntas sobre la physis que habían interesado primordialmente a Anaxágoras y a los filósofos anteriores porque su preocupación era la conducta degradada de sus conciudadanos; en consecuencia, enfocó su curiosidad intelectual en el ser humano y en su capacidad de conocer la verdad.

Contemporáneo de los sofistas, muchos creyeron que era un sofista más, pero era exactamente lo contrario. Nunca intervino en la política. No pronunciaba discursos. No escribió nada. Según él, nunca fue maestro de nadie. Simplemente se dedicaba a conversar con quien quería conversar con él; creía que la sabiduría se adquiere en el intercambio vivo de la conversación, haciéndose preguntas y buscando juntos respuestas. Así y sólo así enseñó a pensar, a buscar la verdad y a saber que es posible alcanzarla. A diferencia de los sofistas, no cobraba por sus enseñanzas.

"Esta labor fue para la inteligencia humana de una importancia tan considerable, que uno no se extraña al ver a Sócrates dedicarse a ella como cumpliendo un mandato recibido del cielo. Se echaba de ver en él, no solamente un alto poder de contemplación filosófica (Aulo Gelio y Platón cuentan de él que a veces pasaba días y noches inmóvil absorto en la meditación), sino también, como él mismo lo decía, algo de ‘demoníaco’ o de inspirado, un fervor alado, un vigor libre y mesurado, y aun quizás a veces, un instinto interior y superior que parecen revelar una cierta asistencia extraoardinaria…" (1)

La areté es conocimiento

Como los sofistas, hablaba y enseñaba sobre la areté, pero mientras los sofistas decían que no podemos conocer nada Sócrates enseñaba que la areté era conocimiento. Si el zapatero quería ser buen zapatero (tener la areté del zapatero) debía conocer primero qué es un zapato, para qué se usa, cuál es su fin, el propósito que tiene el hombre cuando lo usa; conocido esto, hay que pensar qué forma debe tener el zapato y de qué materiales debe estar hecho; conocido esto, hay que pensar cuál es el mejor método de fabricarlo, qué habilidades hay que desarrollar para hacerlo bien. Cuando se tienen todos estos conocimientos y se han conseguido las habilidades requeridas, se tiene la areté del zapatero. Hoy decimos que tal persona "entiende de zapatería" o "entiende de electricidad" y lo que está en nuestras mentes es lo que estaba en la de Sócrates cuando enseñaba que la areté era conocimiento.

Con el ejemplo de los oficios útiles y cotidianos (en el diálogo Gorgias de Platón se dice que Sócrates "siempre está hablando de zapateros, bataneros, cocineros y médicos") enseñaba que la areté de cualquier actividad o posición comienza por conocer su fin, su propósito.

Ahora bien, si se trata de la areté de todo hombre –de la que pretendían ser maestros los sofistas– Sócrates insistía que había que comenzar por el conocimiento del fin o propósito del hombre –no como general o político o panadero– sino simplemente como hombre, e invitaba a los que conversaban con él a pensar juntos cuál es el objeto del ser humano.

Sócrates no contestó él mismo a esa pregunta, pero su gran mérito estriba en haber hecho que los hombres se la hicieran y en motivarlos a tratar de responderla en la creencia de que era posible darle respuesta. Platón no sólo escribió las enseñanzas de su maestro sino las hizo avanzar por cuenta propia.

Tan convencido estaba Sócrates de que la areté era conocimiento que le parecía evidente que si los hombres llegaban a entender qué era el bien o lo justo escogerían el bien y lo justo. Nadie escogería conscientemente el mal. Los que escogen el mal lo hacen por ignorancia. Si un panadero hace mal pan es porque no sabe hacer pan y no porque quiere hacer mal pan.

El método para alcanzar la verdad

A Sócrates le preocupaba la ligereza con que se usaban las palabras en la vida normal, en especial las palabras que pretendían expresar nociones éticas, como justicia, templanza, valor, etc. Cada quien parecía usarlas en un sentido diferente produciendo una grave confusión intelectual y moral. ¿Cómo dar con el sentido verdadero de sabiduría, de justicia, de bondad?

El primer paso era reconocer la propia ignorancia. Repetía en sus conversaciones que no sabía nada, pero que era más sabio que los demás porque estaba consciente de su ignorancia mientras los otros creían saber. Quien cree saber no se esfuerza en buscar la verdad. El primer paso hacia la verdad es barrer de la mente los prejuicios, las ideas incompletas, los errores que generalmente llenan las cabezas de la gente y no dan lugar a la verdad. Hecha la limpieza, el camino queda abierto.

¿Cómo se avanza ahora? De lo particular a lo universal. Si se está hablando de justicia y se quiere saber qué es justicia, la primera etapa de la averiguación consiste en recoger ejemplos de casos particulares en los que los presentes concuerdan en afirmar que allí se obró con justicia. La segunda etapa es examinar estos casos particulares, compararlos entre sí, ver sus diferencias, ver sus cosas comunes, hasta ir dando con la cualidad –común a todos– que nos hace afirmar que en cada uno de esos casos hubo justicia. Esa cualidad común es la esencia de la justicia, su definición. Ha sido abstraída de los casos particulares por la mente humana y gracias a un poder que sólo la mente humana posee.

En los Diálogos de Platón tenemos abundantes ejemplos de cómo Sócrates se valía de este método para ir dando con la esencia de otras virtudes.

Aristóteles afirma en su Metafísica: "Dos cosas hay que atribuir con justicia a Sócrates: el argumento inductivo y la definición general." La palabra griega "inducir" dice "guiar hacia". El pensamiento inductivo guía a la mente de los casos particulares a la definición común.

Así, buscando la verdad moral y siendo exigente con sus procedimientos, Sócrates inicia la filosofía del conocimiento: el objeto del filosofar es también el saber mismo. Tratar de asegurar que se está dando con la verdad


Los sofistas y Sócrates (S. V a.C.)

A) Los sofistas

Relativismo y escepticismo

Los sofistas se muestran escépticos ante los logros de la filosofía presocrática, ante el espectáculo de la diversidad de escuelas y propuestas explicativas incapaces de lograr unos resultados aceptables por todos. En cierto modo puede decirse que esta es la conclusión de Demócrito al resumir que dado que la verdad está en lo profundo y no es asequible al conocimiento humano sólo nos quedan las apariencias. En semejante clima, no hay verdad absoluta (relativismo) y si la hay no es posible conocerla (escepticismo) se desenvuelven los sofistas. Esta actitud intelectual ante la naturaleza es propia del clima ateniense. Ello explica que se retorne al hombre y la sociedad, lo más cercano. El hombre se sitúa en el centro de sus reflexiones, él es la medida de todas las cosas, según Protágoras. En claro exponente de ese relativismo y escepticismo es la afirmación de Gorgias de que no hay ser; si lo hubiera no sería conocible; y si así fuera, no podría ser comunicado su conocimiento por medio del lenguaje. Recordamos que el relativismo se define como algo cuyo valor depende de aquello con lo que se relaciona o compara (alto/bajo, bueno/malo, etc.). Y escepticismo como una actitud intelectual que decide suspender el juicio en el conocimiento ya no hay nada seguro que conocer.

Convencionalidad moral y política

Bajo el concepto griego de nomos se encuentran significados relativos a las leyes y normas que gobiernan una sociedad y sus instituciones políticas. Se opone a physis, que recoge el sentido de lo que es por naturaleza, sin intervención humana. Pues bien, el hombre a lo largo de su historia ha ido creando diverso tipos de nomos en función de las distintas culturas y sociedades existentes. Es esta diversidad la que anima a los sofistas a desestimar la pertinencia de una única ley y moral de carácter universal para todas las culturas y pueblos. En lo que todos los pensadores están de acuerdo es en que la ley no es divina, como querían los antiguos en la etapa mítica, pero lo demás hay grandes diferencias. Es por ello que defienden el carácter convencional de las leyes políticas morales. Convencional en el sentido de acuerdo o pacto entre los integrantes de una colectividad. Eso significa que lo que es bueno y aceptable para un grupo o cultura puede no serlo para otra, es decir, que bondad y maldad son conceptos relativos a cada cultura o pueblo. No hay, pues un criterio moral universal que constituya un patrón para todas los grupos. También son relativistas en las costumbres, la moral y la política.

 Valor del lenguaje y la dialéctica

La desvinculación del lenguaje de la realidad es otra característica de los sofistas. El lenguaje constituye un discurso autónomo, propio, y por tanto él construye su propia realidad en ese discurso sin la  necesidad de un referente ontológico. El desarrollo de todas las posibilidades del lenguaje, con sus saberes gramaticales y lógicos, necesarios para el razonamiento es evidente. Su profesión de abogados, políticos y profesores les permite perfilar un arma decisiva para la persuasión y el convencimiento. Desarrollan profundamente la oratoria, la retórica y la dialéctica. Son grandes dominadores de la palabra. Precisamente esa falta de patrón universal sobre lo que es bueno o malo hace que sea la palabra y la dialéctica tan importantes. Si no hay verdad absoluta es el razonamiento y la lógica lo que permite el convencimiento. Puesto que todo es opinable (doxa). Los conceptos morales no son objeto de episteme, de ciencia, pues no pueden definirse de modo universal.

B) Sócrates

 Sofista

Sócrates puede ser considerado como un sofista tanto por sus supuestos filosóficos como por el ambiente filosófico y cultural en que habita. Protagoniza junto a los sofistas el retorno a las reflexiones sobre el hombre y la sociedad y también su interés por las cuestiones morales y políticas. Sin embargo a partir de aquí hay importantes diferencias.  

Mayéutica

Una diferencia importante alude al modo de utilizar el lenguaje. Para Sócrates el lenguaje es un instrumento del razonamiento humano que encuentra en la forma de diálogo su más nítida expresión. Es a través del diálogo y la conversación como los seres humanos alcanzan la cumbre de su pensamiento. Además para Sócrates la clave de un pensamiento discursivo y dialogado está en el modo de preguntar, de inquirir (interpelar o sondear) de los demás respuestas a cuestiones diversas, pues ello permite indagar y proseguir con el razonamiento a partir de las respuestas dadas a las preguntas. A esta forma de dialogar se la conoce como mayéutica.

Intelectualismo moral

Los sofistas sostenían el relativismo en el conocimiento y en la moral. Sócrates discrepaba radicalmente en este punto de ellos. Recordamos que para los sofistas no había un criterio universal o patrón con el medir las actitudes morales por lo cual no era posible hallar definiciones precisas de ellas y, en consecuencia, hacer ciencia rigurosa (episteme). Quedaba, pues, la opinión (doxa). Sócrates, por el contrario, pensaba que sí era posible encontrar este patrón utilizando con rigor el razonamiento que nos diera las definiciones precisas de las cada concepto. A través del diálogo, el razonamiento y, por tanto, la comunicación, es posible lograr las definiciones precisas. Sócrates sí cree en un conocimiento epistémico sobre los conceptos morales. En este empeño por un saber científico sobre cuestiones morales tiene bastante que ver el modelo de saber utilizado, el saber técnico. El saber técnico frente a los otros dos, el teorético (teórico o especulativo) y saber práctico (praxis, referido al comportamiento moral y político), aparece como un saber encaminado a la producción y la especialización. Igual que un arquitecto es un técnico en construir casas o un zapatero en hacer zapatos, el filósofo debía serlo en la definición rigurosa de los conceptos morales y en la utilización del pensamiento. Pero,  ¿para qué es preciso definir con rigor qué es la justicia? Pues para poder aplicarla, sino no podemos ser justos. Para Sócrates sólo el que saberlo que es la justicia puede ser justo. El que sabe lo que es justo con precisión y rigor hará lo justo; el que sabe lo que es el bien, hará el bien. Es preciso saber para hacer lo correcto. A esta vinculación entre saber y hacer, pensar y obrar, se la conoce como intelectualismo moral. 

Este concepto ha sido corrientemente mal interpretado. Uno de los corolarios de este concepto es el de no reconocer la maldad humana, sino la ignorancia. Para Sócrates el que actúa mal lo hace por ignorancia porque realmente no conoce el bien, ya que no es posible hacer el mal a sabiendas - Fuente: Página Personal


Filósofos sofistas - Elena Diez de la Cortina Montemayor

Protágoras

Protágoras fue el primer sofista del que tenemos noticia. Nació en Abdera, en la costa N del Mar Egeo, aproximadamente en el año 490 a.deC. y vivió en Atenas y Sicilia. En Atenas, lugar donde adquirió una gran fama, se hizo amigo de Pericles y se dedicó a la enseñanza basada en el arte del discurso persuasivo, ejercitando a los jóvenes en las técnicas de argüir a favor de las dos caras de un mismo argumento.

Entre sus labores profesionales se le encomendó la elaboración de un código penal para Turios.

Entre sus obras se encuentran:

Sobre la verdad , llamada también Discursos demoledores , que comienza con su famosa declaración del hombre como medida.

Antilogías o Argumentos contrarios

Sobre los dioses

Sin embargo, la dificultad principal de conocer sus principios filosóficos estriba en que las fuentes de conocimiento sobre Protágoras provienen de sus mayores oponentes: Platón y Aristóteles.

De vuelta a su tierra natal, Protágoras murió ahogado en un naufragio después de ser desterrado de Atenas, donde fue juzgado por impiedad (fundamentalmente por su agnosticismo sobre la creencia en los dioses)

a. El relativismo de Protágoras

Protágoras defendió un relativismo del conocimiento y de los valores, esto es, negó que existieran valores y verdades universales para todos los hombres.

"El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son, en tanto que son, y de las que no son, en cuanto que no son"

No hay verdades objetivas, absolutas y universales, sino que las cosas son tal y como son percibidas por cada uno de nosotros. Este relativismo se aplica a todos los ámbitos de nuestra existencia.

Por ejemplo, lo que para una persona sana es un sabor agradable, para un enfermo es amargo. ¿está confundida la persona enferma? Protágoras dirá que para él, en su situación, la verdad es que el sabor es amargo.

El relativismo impide establecer un criterio de verdad, teniendo todas las opiniones la misma validez. Esto nos lleva a poder permitirnos defender tesis contrarias al mismo tiempo, tecnica en la que el filósofo destacó con maestría y que fue duramente criticada por Platón y Aristóteles.

Sin embargo, según Guthrie, Protágoras difuminó la radicalidad de este criterio hacia una postura utilitarista: aunque todas las opiniones particulares tengan la misma validez, algunas son más ventajosas que otras. En el caso mencionado anteriormente, es ventajoso para el enfermo volver a reestablecer el sabor que tenían los alimentos antes de la enfermedad.

El relativismo de los valores implica que una misma cosa o acción puede ser buena para un sujeto y mala para otro. Es más, una acción puede ser mala o buena para un mismo sujeto dependiendo de cada circunstancia, y en la medida en que él lo crea así

b. Nómos y Physis

Nómos significa ley moral y política, ya sea en forma de usos y costumbres recibidas de la tradición, como en forma de leyes formales y normas obligatorias que codifican la vida en comunidad y que son respaldadas por la autoridad del estado.

Con el término physis los griegos denominaban a la naturaleza como principio que no depende de los aconteceres humanos. La naturaleza se rige por leyes universales y permanentes.

En el siglo V los términos nómos y physis, lo artificial y lo natural, eran considerados opuestos y mutuamente excluyentes. La leyes de los hombres son fruto de un pacto, de un consenso humano y no fruto de un principio divino.

Las leyes no son principios innatos, sino adquiridos con esfuerzo. Los nómoi nos permiten vivir en comunidad y diferenciarnos de las bestias que viven en un contínuo estado de conflicto y agresión. En este sentido, la concepción del nómoi como opuesto a la naturaleza implica la aceptación de la idea de progreso de la humanidad, que, con su inteligencia, se ha levantado a sí misma con su propio esfuerzo.

Pues bien, aunque la ley sea meramente convencional y, por tanto, modificable, Protágoras defiende que hay que mantener las leyes que ya se poseen, si estas parecen buenas a la mayoría. La vida en comunidad es necesaria para la supervivencia de la especie humana y, sin leyes, nos veríamos abocados a vivir en un estado de naturaleza

c. El agnosticismo

Protágoras fue acusado de impiedad y obligado a dejar Atenas por ese motivo.

En un escrito suyo "Sobre los dioses", el sofista niega la posibilidad de un conocimiento de la realidad que vaya más allá de las apariencias sensibles:

De los dioses no puedo saber ni que son, ni que no son, ni qué aspecto tienen; pues múltiple es lo que me impide saber: tanto la no patencia (de lo ente mismo), como el ser breve de la vida del hombre

Protágoras criticó las supersticiones y los ritos religiosos de su tiempo, pero mantuvo siempre una postura agnóstica y escéptica, no atea

Gorgias de Leontinos

Gorgias pertenece a la primera generación de sofistas. Contemporáneo de Protágoras, nació en Leontinos (Sicilia) aproximadamente en el 490 a.de C. y murió sobrepasando los cien años de edad (aprox. en el 380 a.de C.).

Gran viajero, y supuesto alumno de Empédocles (también siciliano) Gorgias trabajó en muchas ciudades griegas, hasta que se instala en Atenas en el 427 como jefe de una embajada de su ciudad, cuando tenía ya 60 años.

Entre sus obras escritas destacan:

manuales de retórica: Encomio a Helena y Defensa de Palamedes

Numerosos discursos políticos, epidícticos, etc.: Oración fúnebre, Discurso Olímpico

Escribió también un tratado llamado Sobre la naturaleza o Sobre el no-ser

Fue un orador famoso y sutil. Se dedicó fundamentalmente a enseñar el arte de la retórica como el camino más adecuado para acceder al poder.

Compartió el presupuesto básico de la filosofía de protágoras: el relativismo. Nos movemos en el mundo de la mera opinión, siendo la verdad para cada uno de nosotros aquello que nos persuade como tal. La retórica es la técnica de la persuasión, y el sofista, el maestro de la opinión.

a. Las tres tesis de Gorgias

Sexto Empírico (finales del siglo II d. C.) recoge en un escrito las tres tesis de Gorgias que desafiaban las tesis eleatas de la existencia de un ser único e inmutable.

Las tres tesis son las siguientes:

1. nada es (existe)

2. Si algo existiera, sería incognoscible

3. Si fuera conocible, sería incomunicable

Veamos cómo se desarrollan:

1. Nada es

1.1. El Ser es, pero la Nada no es

1.1.1. El no-ser no es. Si fuera algo, caeríamos en la contradicción de decir que lo que no-es, es y no es al mismo tiempo.

1.1.2. El ser, si existe, o es engendrado o es sin principio (siempre).

- Si es ingénito, sería incondicionado, por lo que carecería de determinación y, por lo tanto, no sería. Además, si es ingénito, sería ilimitado, infinito e inmóvil. Pero todo lo que es ha de ser en alguna parte, por lo que tendría que haber algo mayor que lo abarcara, mayor que lo ilimitado mismo. Por lo tanto, lo ilimitado no es.

-Si es generado, entonces habrá surgido de lo que es o de lo que no es. De lo que es, no puede haber nacido, pues ya sería. Y de lo que no es tampoco puede haber surgido, pues la nada no es origen de nada.

CONCLUSIÓN: el ser no existe.

2. Si el ser fuera, no podría ser conocido o pensado

2.1. Si el ser es cognoscible, o es idéntico o es distinto al pensar.

- Siendo idéntico, el ser sería incognoscible, porque todo lo pensable tendría que ser, y existirían cosas totalmente absurdas e inverosímiles, por ejemplo, un caballo con alas.

- Si es distinto, también sería incognoscible, porque implicaría que el pensar es un no-ser, siendo imposible conocer el ser a partir del no-ser.

CONCLUSIÓN: si el ser existiera, sería impensable.

3. Si el ser fuera cognoscible, sería incomunicable

3.1. La palabra, como instrumento de comunicación, es idéntica o distinta al pensar.

- La palabra no es la cosa ni es el conocimiento de la cosa.

CONCLUSIÓN: si el ser fuera conocible, sería incomunicable

Las tesis gorgianas conducen a un escepticismo radical, a un nihilismo del ser, el pensar y el decir.

Nuestro conocimiento no puede alcanzar ni comunicar la verdad, dispersándose en la mera presencia cambiante de las cosas y de los aconteceres.

Verdad es ahora presencia, opinión, parecer. Y la retórica es la técnica que posibilita que la opinión de uno triunfe sobre la de los demás. Es este oportunismo el que le fue duramente criticado a Gorgias

Pródico

Nació en la ciudad jónica de Yulis, en Ceos (Cícladas), aproximadamente en el 460 (o 470) a.de C. Era más joven que Protágoras y pocos años mayor que Sócrates, muriendo después de éste.

Aristófanes, en Las nubes, le llama "metereosofista", es decir, experto en astronomía, y en Las aves cuenta que Pródico fue autor de una cosmogonía.

Fue un sofista educador en el arte de triunfar en la política, y un maestro del lenguaje. Sócrates mismo asistió a alguna de sus clases sobre el correcto uso del lenguaje. Platón le retrata como un hombre muy pesimista.

A Pródico se le atribuye la fábula de Heracles en la encrucijada, donde se relata la dificultad de elección entre dos modos posibles de vida: uno virtuoso y otro hedonista y placentero.

A Heracles se le acercan dos mujeres, la Virtud y el Vicio. La primera ofrece una vida austera, esforzada y sencilla. La segunda una agradable existencia dedicada a la ociosidad y los placeres. Pródico optará por elegir la virtud, manteniendo una postura antihedonista.

Respecto a la religión, se le atribuye a este sofista una teoría naturalista sobre el origen de la religión: los hombres primitivos divinizaron los fenómenos útiles y beneficiosos para la vida: el sol, los ríos, la luna, el pan, el vino, etc.. Esto permite intuir la posibilidad de que Pródico fuera un ateo.

Pródico de Ceos dice: "los antiguos consideraron como dioses al sol y a la luna, a los ríos, a las fuentes y, en general a todas aquellas cosas que son útiles para nuestra vida, en la medida en que la ayudan, igual que los egipcios deifican al Nilo". Añade que por esta razón el pan fue llamado Deméter, el agua Posidón, el fuego, Hefesto, y así sucesivamente cada cosa que era útil.

( Sexto Empírico, Mat. IX, 18 )

Las únicas referencias que tenemos sobre las obras de Pródico son Sobre la naturaleza, Sobre la naturaleza del hombre y Horai

Hipias

La mayor fuente de conocimiento sobre este sofista procede de Platón. Perteneciente a la primera generación de sofistas, Hipias nació en Élide, y viajó a numerosas ciudades dorias, sobre todo a Esparta y Sicilia.

Hijo de Diopites y contemporáneo de Sócrates, se le atribuye un carácter agrio y una descomunal memoria, sobre la que investigó creando varios sistemas mnemotécnicos.

Sus enseñanzas abarcaron una amplia gama de saberes: matemáticas, geometría, astronomía, historia, poesía y filosofía.

Su gran obra Synagogé, era un enorme compendio de saberes, tanto de origen griego como bárbaro, que fue escribiendo a lo largo de su vida: escritos matemáticos, tragedias, ditirambos, discursos, etc..

Este prolífico autor aceptó la distinción entre physis y nómos propia de la sofística, y defendió a la naturaleza frente a los nómoi, sin optar, por ello, por una postura egoísta.

Su defensa altruista de la naturaleza, frente al nómos, dio origen a la idea de la unidad de la especie humana: por naturaleza somos iguales. Son los nómoi, las convenciones sociales, los causantes de las distinciones por raza, riqueza, nacimiento o status social. Las leyes positivas causan desigualdad entre los hombres.

Las leyes son convenciones hechas por los hombres para otorgar lo que debe hacerse y lo que no. Al ser su origen un contrato social, no pueden pretender su universalidad, pudiendo ser continuamente modificadas.

Hipias aceptó también la existencia de leyes divinas, que sí tienen carácter de universalidad. Estas leyes son aquellas que son aceptadas por todos los hombres de todos los países y, por lo tanto, han de tener un origen divino. Entre estas leyes encontramos el venerar a los dioses y honrar a los padres

Antifonte

Fue un sofista contemporáneo de Sócrates algo más joven que Gorgias. Nació en Ramnunte, aproximadamente en el año 411 a.de C. y murió cerca del 480.

Tenemos noticia de que escribió las siguientes obras: Tetralogías, Sobre la verdad y Sobre la concordia.

Antifonte fue un refinado y culto intelectual que incluso ejerció labores de psicólogo en sus tiempos. Según Guthrie, Antifonte tuvo en Corinto un despacho cerca del Ágora en el que anunciaba que podía curar con la palabra a todos los afligidos, de la misma manera que se hace hoy en las clínicas psiquiátricas. Según este sofista, las raices de todas las enfermedades físicas se encuentran en la mente, llegando a ser, a veces, evasiones de la vida activa.

Todo ello se halla en relación con la afirmación de la necesidad del autocontrol y la moderación en la vida.

Respecto al problema de la relación entre nómos y physis propio de la sofística, Antifonte fue un defensor de la physis frente al nómos. La ley es un acuerdo antinatural, artificial, que es respetado únicamente cuando tenemos miedo a las consecuencias de su violación.

Las leyes no se fundan en la naturaleza, son convenciones sujetas al cambio continuo. Hay cosa buenas por naturaleza y cosas buenas por nómos. Los hombres debemos seguir los preceptos de la naturaleza antes que los de las leyes.

La naturaleza nos empuja a evitar el dolor y buscar el placer. Cuando la búsqueda de placer choca contra las leyes, sólo se seguiran éstas si el no hacerlo nos acarrearía un dolor mayor, como castigo.

La ética de Antifonte, por lo tanto, es un hedonismo moderado.

Trasímaco

Nació en Calcedonia de Bitinia (colonia de Megara), en el Bósforo, aproximadamente en el año 450 a.de C.

Era un excelente retórico y orador, interesado fundamentalmente por la enseñanza de la ética y la política.

Conservamos un fragmento de un discurso suyo a la Asamblea Ateniense, celebrado en la última etapa de las guerras del peloponeso. Trasímaco aconseja armonía entre los partidos, y evitar que sea el ansia de poder lo que legitime sus luchas partidistas. La actualidad de este discurso es evidente.

Trasímaco mantuvo una postura realista que afirmaba que la justicia es el interés del más fuerte.

Las leyes son dictaminadas por los que ejercen el poder con vistas a su propio beneficio o conveniencia. La justicia es aquello que beneficia, interesa y conviene al gobierno establecido, y, por lo tanto, beneficia al más fuerte.

Los Estados justifican sus abusos de poder a través de las leyes, de tal manera que en nombre de la justicia se termina justificando dicho abuso.

A Trasímaco no le interesa lo que debería ser la justicia sino lo que realmente es. En este sentido, su desenmascaramiento de la hipocresía hace patente la pérdida de sentido de un ideal de justicia que vaya más allá de los egoísmos e intereses particulares y mezquinos.

Por lo tanto, lo que denuncia este sofista es que, debajo de todo el tejemaneje del poder nos encontramos siempre con el dominio del fuerte sobre el débil.

La muerte de Trasímaco es un enigma. Posiblemente se suicidó, pasado el año 339 a.de C.

Fuente: Torre de babel

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