Fotografía y Video
Música e imagen: Aproximación a la historia del video musical

Ana María Sedeño Valdellós

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Cartier-Bresson Vida y Obra - Retórica de la Imagen Roland Barthes - Julia Margaret Cameron - Semiótica cultural de la sociedad de imágenes - La imagen como doble y realidad - Glosario de la luz - Fotografía Digital

Fuente Área Abierta Nº 3 [JULIO 2002]

Resumen: La relación musicovisual se muestra tan antigua como el propio cine y sus componentes iniciales se han combinado y enriquecido desde principios del siglo XX

hasta nuestros días, bajo el aspecto de un producto audiovisual específico: el vídeo musical. En el artículo, se realiza una resumen sobre su génesis y desarrollo, desde las vanguardias cinematográficas, la llegada de la televisión y el cine musical y rockero de los cincuenta, hasta el videoarte y el impulso de la tecnología digital


1. Orígenes de la relación música -imagen.

El intento de asociar música e imagen existe desde el nacimiento de la

imagen icónica en movimiento, desde los orígenes del cine. Sin embargo, la

fórmula no comienza a proporcionar resultados aceptables hasta

compositores como Alexander Scribin y Arnold Schönberg y pintores como

Kandisky y Picabia, con sus intentos de fusión de música, imagen, color y

sonido, en experiencias sinestésicas y de traducción de un lenguaje o medio

a otro.

Desde entonces, el cine, las vanguardias, la música popular y la tecnología

electrónica proporcionaron los elementos lingüísticos, expresivos y técnicos

para la construcción y evolución del lenguaje de la música visual, que

culminará con el surgimiento de los videoclips o vídeos musicales a mediados

de los setenta.

 

2. Precedentes e influencias.

2.1. Las vanguardias cinematográficas.

La aparición del cine sonoro con El cantante de Jazz, de Alan Crosland,

permitió sincronizar imagen y sonido, pero ya antes de esta fecha, algunos

cineastas de las vanguardias europeas de la década de los veinte, los happy

twenty, crearon las primeras obras de música visual. Este es el caso de Oskar Fischinger.

Por el año 1921, Fischinger comenzó a realizar unas peliculitas animadas en

las que las imágenes intentaban adaptarse a los ritmos y variaciones de la

música, jazz primordialmente. En ellas, utilizó la geometría, el movimiento,

combinándolos con todo tipo de parámetros espaciales de la imagen. El

sonido y el color se aplicaron como recursos de relación con el tema

musical.

Después de 1925, dirigió una gran cantidad de producciones publicitarias y a

partir de 1928 trabajó en EE.UU. donde pronto se hizo suficientemente famoso como para que lo reclamara la Paramount.

Su trabajo más conocido se encuentra en la secuencia An American March

para la película Fantasía. En el montaje final fue eliminada, pero popularizó

el concepto de vincular música e imagen y aumentó el consumo de música

clásica. Desde ese momento, este autor quedó marginado de la industria

norteamericana del cine y apenas tuvo ocasión de continuar con sus

investigaciones, de las que se pueden destacar sus progresos en el desarrollo del cine tridimensional. Murió en 1967.

También en Alemania, se desarrolló el movimiento conocido como Absolute

film que llevó hasta sus últimas consecuencias la experimentación del ritmo

visual basado en el eydodinamik, la inmersión del tiempo y el movimiento en

las artes plásticas. La intención de los filmes absolutos y abstractos consistía en la transformación de formas visuales en figuras geométricas, la inclusión de movimiento en ellas y su organización según un ritmo calculado

matemáticamente (musicalmente) i.

Artistas como Viking Eggeling, Hans Richter, o Walter Ruttman ambicionaron

“liberar a la imagen de su poder de representar –y consiguientemente de

significar por sí misma-, para resolver el problema del ritmo visual puro”ii, y

todo gracias a la música.

En primer lugar, el pintor abstracto Viking Eggeling, miembro del movimiento

dadaísta, comenzó a pintar imágenes secuenciales en largos rollos en forma

de animación, y teorizó sobre el que él llamaba la “orquesta vertical

horizontal”: la obra por la que se le conoce presenta el significativo nombre

de Sinfonía diagonal (1923).

Hans Richter fue autor de Rhythmus 21 (1921), Rhythmus 23 (1923) y Rhythmus 25 (1925) y una mini película, El filme es ritmo (Film is rhythm ).

Por último, Walter Ruttman, el más célebre, cuyo trabajo disfrutó del respeto del público masivo, dirigió una obra maestra con Berlín, Sinfonía de una gran ciudad (Berlín, Die Symphonie einer Grosstadt, 1927), “un conjunto de imágenes de exteriores que, dotadas de una hábil y potente cadencia rítmica, pretendían describir, sin el apoyo de actores, sensaciones propias de una gran capital en el intervalo temporal de un día”iii.

Esta utopía de fusión musical, plástica e icónica también se reveló meta de

artistas surrealistas, dadaístas, futuristas y cubistas, y más tarde, de todos los emergentes movimientos de vanguardia de las décadas de los cincuenta,

sesenta y setenta (pop art, minimalismo...).

Sin embargo, el vídeo de creación se apunta como el terreno de la

vanguardia artística que más concierne al videoclip.

 

2.2. El videoarte

El videoarte o vídeo de creación, una manifestación artística surgida de la

televisión, nació y se desarrolló gracias a la comercialización de los

versátiles, manejables y económicamente asequibles primeros

magnetoscopios y de las ligeras cámaras portátiles. Este nuevo form ato se

convirtió en el soporte más adecuado para la creación y experimentación

en todo un campo multidisciplinar formado por artistas procedentes de la

pintura, la música, la escultura, el teatro y el performance...

Todo un espíritu de ruptura e innovación animaba estas prácticas, que

abogaban por un empleo alternativo de los medios de comunicación de

masas, especialmente de la televisión, mediante la transfiguración de su

pasividad en una “creación activa”, en palabras del fundador de estas

prácticas, el músico Nam June Paik.

Estos artistas disfrutaron de todo el arsenal de recursos de las vanguardias de los años veinte, y, aún hoy, mantienen una deuda expresiva incalculable con todas ellas.

La estética de la imagen videográfica adoptó toda una serie de técnicas de

acumulación y cita de lenguajes de procedencia heterogénea (cómic,

publicidad, consumo y medios masivos de comunicación), así como la

repetición y seriación, la investigación formal de la materialidad del medio

electrónico y la mezcla de estilos.

En lo que concierne a la relación musicovisual en el vídeo de creación,

puede afirmarse que durante su nacimiento y primero pasos se produjo una

provechosa colaboración entre ambos medios, y en concreto entre músicos,

artistas plásticos y videoastas.

La investigación de relaciones mutuas, la traducción de un lenguaje o medio

a otro fueron afrontados por artistas como Gary Hill (Elements –1978-,

Soundings –1979-); Woody Vasulka (con su ópera electrónica The Commission,

1983); John Goff (The End of Television, 1988) y el genial Zbig Rybczynski, conTango (1983) e Imagine (1987, con música de John Lenon). iv

 

2.3. Máquinas musicovisuales: los soundies y los scopitones.

Durante los años 40, en hoteles y bares estadounidenses irrumpieron los

Soundies o Jukebox visuales, unos proyectores con pantallas de unas 12

pulgadas y altavoces en los que se podía ver y oír la interpretación de una

canción por unos centavos.

La mayoría consistía en la actuación del cantante en conciertos o rodados

expresamente, con una puesta en escena elaborada y un decorado

sugestivo y exótico; en otras ocasiones se componían de trozos de películas

musicales de moda.

“presentaban una canción y su visualización con  independencia de cualquier historia que le antecediera o siguiese. Anteriormente los números musicales se situaban en relación a una trama, bien acelerando o retrasando el ritmo, pero siempre cumpliendo un papel muy determinado

en la historia. En los soundies, en cambio, el número musical no se supeditaba a nada. Eran independientes de cualquier relato externo, incluso en el caso de que fuesen extractos de un film musical.”v

Estas máquinas desaparecieron con la televisión que les ganaba en

superficie de pantalla, en instantaneidad y comodidad.

Las siguientes máquinas musicovisuales, los scopitones, nacieron en Francia

en los años 60. A pesar de resultar una versión evolucionada de los soundies y de sustentarse en un mecanismo similar (la proyección de la película se realizaba desde la parte trasera de la pantalla), sus ventajas tecnológicas saltaban a la vista: más ligeras y con una pantalla más amplia. Por ello, soportaron la llegada de la televisión.

“El scopitone supone un avance muy importante hacia el videoclip en cuanto se produce en él una diversificada puesta en escena del cantante y una ruptura definitiva con la toma directa televisiva.”vi “Como el propio videoclip, no pretendía ser un mero registro de la actuación de un grupo. Reclamaba una entidad propia a través de un relato breve, condensado y

discontinuo, que mantenía un desarrollo autónomo respecto a la canción y al mismo tiempo imbricado en ella.”vii

 

2.4. El cine musical y la industria del rock and roll.

El nacimiento del videoclip tiene como antecedente un importante suceso

histórico, el surgimiento de la música denominada rock and roll y el

incremento de su difusión a través de diferentes canales como la radio, la

recepción individual por disco de vinilo y la llegada posterior de la

televisión.

El rock and roll emergió desde el jazz, el rythm and blues y otras músicas

negras, después del éxito del cantante Bill Halley con las canciones Rock

around the clock y Shake rattle and roll, que lo lanzó a la fama, así como al

tipo de música que interpretaba, desde entonces el rock and roll.

El cine alimentó a la nueva industria con películas estructuradas bajo

abundantes apariciones musicales. La película The Jailhouse rock (Richard

Torpe, 1957), con el desconocido Elvis Presley, fue la primera, una leyenda.

En ella se fraguó el mito de la atmósfera de rebelión juvenil, violencia y

desmotivación vital ligado al rock, que explotaron más tarde filmes como The beach party, Bingo y Beach banet, con Frankie Avalon y Annette Funicello.

Y es que el cine comercial ya venía realizando intentos de comunión sonora,

especialmente musical desde los años 30, por la nacimiento del sonoro y la

comedia, sobre todo la hollywoodiense, que llegó a convertirse en los

cuarenta en el género más claramente inconfundible entre los musicales. En

esta década surgieron los realizadores que llevarían al género a su cima,

Gene Kelly, Busby Berkeley y Vicente Minelli. Estos directores modificaron la

estructura de los relatos del cine clásico con la inserción de piezas bailadas,

donde no sólo el cambio de plano era guiado por el ritmo de la música, sino

que la danza, el movimiento de cámara, la expresión de los actores e incluso

la escenografía obedecía a una especie de vasallaje al tema musical, que

solía estar desligado esencialmente del desarrollo de la historia o que

actuaba, máxime, como comentario de la acción.

El cine musical continuaría en los años cincuenta y sesenta diversificándose

hacia la institución de grandes mitos musicales (Elvis Presley, The Beattles...), y estereotipos sociales vinculados con el rock and roll y la cultura juvenil.

Fueron manifestaciones de una sociedad (la norteamericana, la occidental)

preocupada por el sector más joven de la población que, con menos

necesidad de encontrar trabajo a edades tempranas y con más tiempo libre,

deambulaba por las calles y comenzaba a conformarse como sector

diferenciado, con características, intenciones y exigencias particulares.

Películas como El salvaje de Lazslo Benedek, con Marlon Brandon y Rebelde

sin causa y Al este del Edén con el mítico James Dean, perfilaron el prototipo de joven, un héroe displicente que, con actitud escéptica, se enfrentaba a toda clase de convencionalismos morales y sociales. Los jóvenes norteamericanos de la época empezaron a sentirse identificados con estas películas, y con objetos como la motocicleta, la música rock, el cuero, todos símbolos de esa generación.

Tras el éxito de Blackboard Jungle (Semilla de maldad) dirigida por Richard

Brooks (y en la que se incluía el tema Rock Around To Clock en los créditos), los productores comprueban el filón comercial que tienen en sus manos y los cortos y largometrajes con algún cantante famoso como protagonista proliferan por doquier.

En ellos pueden verse a Little Richard, Chuck Berry y otros muchos, sin olvidar al ya mencionado Elvis Presley, el primer cantante de rock cuya imagen era tan importante como su voz y su música.

Sin embargo, la cinta musical de los sesenta por excelencia es A Hard Day´s

Night (Qué Noche la de aquel día, 1964), hito en la historia del cine musical,

por la relevancia de sus innovaciones formales: cámara lenta, utilización de

máscaras, mezcla de material documental y de ficción, alternancia de

diálogos e interrupciones musicales...Su director, Richard Lester, se dejó

influenciar por las corrientes cinematográficas más vanguardistas, como el

cine underground, la Nouvelle Vague, el Free Cinema inglés y el Cinema

Verité, que estaban experimentándose entonces en todo el globo.

La ruptura de convenciones espaciotemporales, los continuos saltos de eje

sin respeto al raccord, la espontaneidad documental de la puesta en escena

y la directa e instintiva interpretación de los actores ensayados en el filme,

se corresponden con una clara herencia con películas como A bout de

soufflé (1953) de Jean-Luc Godard y Los cuatrocientos golpes (1959) de

François Truffaut (dos de los máximos representantes de la nouvelle vague

francesa). La película estableció muchas de las convenciones que todavía

hoy dominan la realización de vídeos musicales, pero a pesar de ello existen

suficientes divergencias:

“un aspecto fundamental por el que consideramos este

film precedente de los videoclips es la gran densidad de

efectos especiales y su evidenciación en el seno del

relato.

(...) En última instancia no olvidamos que las disensiones

formales están condicionadas por las transformaciones

culturales. La más evidente de todas ellas es que, mientras

el film de Lester se vincula apasionadamente con la

explosión de hallazgos de las vanguardias, los videoclips se

sitúan en un panorama tecnológicamente más

desarrollado y culturalmente bastante más escéptico.”viii

A partir de mediados de los años sesenta, el grupo rodó otras películas,

como Help, con una línea aún más surrealista y desenfadada (y mayor

presupuesto) y cortometrajes para su temas Strawberry Fields Forever y Penny Lane. En 1968, Georges Dunning produjo El submarino amarillo, película de dibujos animados, y en 1970 Let it be, un documental.

Otros grupos como Rolling Stones probaron imitarlos con Have you seen your mother baby, standing in the shadow, y la vincularon con todo el material promocional: lo que se conoce como la primera utilización publicitaria

intencionada de los cortometrajes musicales para crear una imagen pública

a un grupo.

En la década de los 70, el rock cambió drásticamente y abrazó una

propensión haci a la decadencia y el hastío, hacia posturas y actitudes

radicales, desde la música disco hasta el punk. Ello se manifestó en películas

como Performances, (Donald Cammell y Nicholas Roeg, 1970), con Mick

Jagger en un estrafalario papel, o Saturday Night Fever (John Badham,

1977), que empujó a la fama a su actor, John Travolta, y al grupo Bee Gees, los dramas rock como Quadrophenia en 1979, acerca de la lucha entre tribus urbanas en Inglaterra, y las óperas-rock como Tommy (Ken Russell, 1975) con el grupo The Who, o Jesucristo Superstar (Jesus-Christ Superstar de Norman Jewison, 1972). Otros musicales tomaron la forma de filmaciones de conciertos, como Woodstock (Michael Wadleigh, 1970).

Ya en los ochenta, la moda de los musicales continúa con Flashdance de

Adrian Lyne, Fame de Alan Parker y Hair de Milos Forman. Pero quizás la más controvertida y célebre la dirigiera de nuevo Alan Parker, con la

colaboración de Roger Waters, del grupo Pink Floyd, y animaciones de

Gerald Scarfe: Pink Floyd -The Wall, sobre la vida de una estrella de rock.

2.5. Música en televisión

Desde 1957 hay programas exclusivamente musicales en televisión, que se

encargan de la puesta en escena de la actuación de cantante: el primer

programa fue el inglés 6,5 Special, producido por la BBC.

En EE.UU., los programas de variedades, algunos de ellos estructurados como un continuo heterogéneo de números musicales, y los talk shows (mezcla de entrevistas, canciones y bailes) pronto se convierten en los primeros que insertan canciones y actuaci ones musicales. Uno de ellos fue el Paul Whiteman´s Teen Club de la cadena norteamericana ABC. Más tarde, The Ed Sullivan Show y el American Bandstand se mantuvieron como los más representativos e influyentes de la década de los sesenta.

En un principio, como en el teatro, la puesta en escena obedecía a

limitaciones espacio-temporales: el cantante o grupo simplemente aparecía

en un escenario vacío y ante un telón, cortinas y poco más, cantando su

tema a cámara. Debido a los graves problemas para la transmisión de sonido

directo de calidad, pronto se optó por la fórmula del play-back, que

consistía en emitir el mismo sonido del disco mientras los músicos

aparentaban interpretar en directo el tema. Esto permitió que los cantantes

se despreocupasen de su inter pretación vocal, actuasen más tranquilos y se concentrasen en lo visual, (mirada a cámara, seguimiento de sus

movimientos...), en su pose y actitud. Surgieron los gestos y posturas eróticas en la actuación (compuesta por una parte vocal y otra interpretativa - actoral-), y la clara apelación al espectador (identificado con la cámara), con intención seductora e implicativa.

Los cantantes rock cuya presencia en televisión era seguida por millones de jóvenes eran Elvis Presley y The Beattles (al igual que en cine). Respecto al primero puede decirse que la rebeldía inicial de sus canciones y de su actitud se fue atemperando poco a poco para “dar bien por televisión” y vender más discos. Películas como Jailhouse Rock (El rock de la cárcel ) es un ejemplo excelente de cómo se intercalaban las canciones en la trama.

En cuanto a The Beattles, su participación televisiva fue muy activa. En 1967, los componentes del grupo dirigieron un especial para la BBC llamado Magical Mistery Tour, mal acogido por la crítica por su tono irracional heredado del más puro surrealismo cinematográfico, y un fracaso de

audiencia a pesar de la expectación que despertó. El proyecto comenzó de una idea de Paul McCartney: realizar un viaje por la campiña inglesa en un autobús lleno de amigos y extraños personajes sin ningún guión predeterminado. Lo que se suponía iba a ser un viaje intenso pasó por

aburrido. El producto resultó decepcionante en calidad y proyección comercial, no así el disco que se editó a raíz del programa, considerado una joya entre los aficionados.

En los sesenta, programas como Top of the pops o Ready, Steady-Go!, descubrieron a grandes grupos, que tendrían éxito e influencia durante los setenta y ochenta.

En los años 60 en EE. UU., tuvo lugar un acontecimiento singular e trascendental para la introducción de la música rock en televisión: para contrarrestar y superar la pasión por The Beatles después del filme Qué noche la de aquel día, la NBC crea un programa televisivo en forma de serie

de 28 capítulos titulada The Monkees. Los protagonistas eran los miembros de un grupo musical, cuatro jóvenes extrovertidos que cantaban en play-back y a los que componían letra y música (Neil Diamond). Su realizador, Bob Rafelson, (hoy director de prestigio), la salvó de la mera imitación del

trabajo de Lester, y la convirtió en un hito de la televisión y en un precedente de honor del videoclip . Sus gags y su estructura basada en una ligazón de enredos y malentendidos ha sido pródigamente emulada más tarde. En España, se emitió esta serie a finales de la década.

 

3. Por una historia propia

3.1. Contexto general

El videoclip nació en los años setenta, en una sociedad, la occidental, que había superado las secuelas de la Segunda Guerra Mundial: la producción industrial crecía a un ritmo frenético impulsada por un desarrollo tecnológico sin precedentes en la historia.

Los fabricantes tenían que dar salida a sus productos, lo que potenció el desarrollo de las técnicas publicitarias y promocionales más sofisticadas (Relaciones Públicas, márket ing, comunicación empresarial, estudios de mercado...). Incentivar la compra de todo tipo de productos (incluso los más innecesarios) era el objetivo máximo.

Además, como consecuencia del mayor rendimiento en la fabricación de productos, las jornadas laborales tendieron a la disminución, por lo que el tiempo aumentó, en general, para los miembros de todas las clases sociales.

Este mayor tiempo de ocio se comenzó a ocupar de consumo cultural.

El aumento de la natalidad y el ensanchamiento de las franjas de edad, consecuencia de una demora considerable del momento en que se comenzaba a trabajar, convirtió a la juventud en un sector de población en alza. Además, los jóvenes tenían mucho dinero para gastar y mucho tiempo

libre y, rápidamente, se convirtieron en los más codiciados consumidores potenciales de las industrias culturales del momento. Se asiste a los primeros balbuceos de la sociedad de bienestar y consumo.

Por todo ello, la industria discográfica advirtió el peso de este sector de población, al que conocía bien; sabía que sus principales entretenimientos (casi sus profesores) eran, por un lado, la música rock y, por otro, las diversas manifestaciones culturales de vanguardia, y audiovisuales (cine, televisión, cómic). Creó, entonces, el videoclip.

 

En principio, muchas compañías discográficas de EE.UU. hicieron circular unos vídeos con una selección de actuaciones filmadas. Su difusión, era muy reducida al estar destinada a informar a los distribuidores discográficos de las tendencias comerciales, pero pronto se generalizaron, propiciando transformaciones narrativas y formales que desembocaron en el formato del

videoclip tal como hoy se concibe: se añadieron efectos especiales a estos breves fragmentos de actuaciones y el resultado les otorgó estilo y un original carácter.

El contexto de salida del video musical estuvo vinculado con el movimiento británico de la Nueva Ola, un giro de 180 grados en un panorama musical dominado por el punk, el naciente heavy metal y la música disco. Esta diversificación de tendencias intensificó la idea (que provocó y alimentó

Elvis) de que la estrella de rock ya no era sólo una voz y un estilo peculiar  de música, sino que era necesaria, además una imagen propia gracias a su promoción en múltiples medios de comunicación. De ahí surgió el videoclip.

En 1975, Bruce Gowers realizó, (ayudado por Freddy Mercury, líder del grupo) el que se considera el primer videoclip de la historia, Bohemian Rhapsody, del grupo Queen, un éxito comercial definitivo para el grupo y para su disco, A night at the opera. Esta canción tiene una historia especial, que merece ser comentada. Parece que por su larga duración (casi seis minutos), fue reducida para lanzarla como single promocional. Aún así, Freddy Mercury envió el tema completo a un amigo, un disc jockey londinense muy famoso, Kenny Everett, que pasó el tema catorce veces el mismo día, seducido por la complejidad del tema. Resultado: todas las radios de la ciudad comenzaron a divulgar la canción completa. Este hecho, junto con el vídeo, convirtió a Bohemian Rhapsody en un hit en su tiempo (estuvo nueve semanas en el número uno de ventas), en un himno insustituible de una época y en un jalón de la historia de la música rock. Su clip es venerado bajo el nombre de “La Mama” de este tipo de fo rmato audiovisual.

Sin embargo, la necesidad de dibujar y perfilar un trazo y un concepto particular a cada artista, chocaba a veces con la negativa de las discográficas, que se negaban a invertir en un apoyo audiovisual tan gravoso y todavía de dudosa rentabilidad. La CBS quiso averiguar la incidencia de la difusión de los clips en la venta de discos y, en una segunda fase de lanzamiento del disco Thriller , se difundieron dos vídeos de los singles Billie Jean y Beat it. La estrategia surtió efecto y Thriller vendió más de ocho millones de copias y, naturalmente, se constató la eficacia de la fórmula.

 

3.2. La MTV (Music Televisión)

La multinacional Warner Communications (propietaria a su vez de la

compañía discográfica WEA), de Steve Ross y la multinacional American

Express de James Robinson III, se alían a principios de los ochenta,

mediante la creación de una empresa, la WASEC (Warner Amex Satellite Entertainment Company), que se encargará de la organización y puesta en marcha de una televisión por cable en EE.UU. dedicada a la exclusiva emisión de videoclips.

Después de probar con la inclusión de vídeos en un programa semanal en la

cadena Nickelodeon (un canal infantil), Popclips, y verificar el beneplácito

del público, los ejecutivos de la WASEC concibieron la primera estación de

vídeos musicales durante las veinticuatro horas del día. La MTV (Music

Televisión) inauguró su emisión el 1 de agosto de 1981, con unos cuatro

millones de suscriptores iniciales.

La cadena eligió como primer videoclip de su programación Video Killed The

Radio Star del grupo The Buggels, realizado por Rusell Mulcahy: título

significativo si se tiene en cuenta que la flamante emisora logró competir

con estaciones de FM de radio que, por aquel entonces, se limitaban a

programar a grupos consagrados. Por el contrario, MTV resultó casi el único

modo de promoción de nuevos grupos, además emitía en estéreo y con

imagen. El espectro de audiencia cambió, así como la forma de difundir,

promocionar y disfrutar la música. El eslogan que manejaron en principio,

“nicho musical televisivo completo”, pronto se extendió a otro más general,

“Piensa globalmente, actúa localmente”, que ha estado en vigor en toda la

última década, y tantas otras organizaciones han plagiado.

Más tarde, MTV mudó en MTV Networks y hoy cuenta con más de 71 millones de suscriptores en EE.UU y otros trescientos en el resto del mundo, además de con más de nueve mil cadenas afiliadas.

Actualmente, la emisora emite videoclips y contenidos musicales (conciertos, promociones, entrevistas) durante todo el día y precisa unos doscientos vídeos inéditos cada mes para renovar su programación. Desde su creación, otros muchos canales han enfatizado la emisión de videos musicales (más de quinientos sólo en EE.UU.), y muchos más tienen algún espacio semanal dedicado y reservado exclusivamente a este tipo de producto.

Por supuesto, la transmisión continua de videoclips cambió su percepción.

Su flujo ininterrumpido de imágenes –que no necesitaba la atención que otros programas televisivos requerían-, invitaba a la compaginación con las tareas domésticas y habituales, más que al disfrute visual estático.

 

La MTV introdujo los videoclips en colegios y bares... En la actualidad,

forman parte de la cultura americana y a MTV corresponde el título de

cadena de televisión por cable más vista y conocida en todo el mundo

(junto a la británica Music Box, transmitida a toda Europa por vía satélite).

3.3. Las dos últimas décadas

Desde ese momento, el vídeo musical aseguró la captación de la audiencia

juvenil. No sólo la televisión recurre a su emisión para satisfacer a esta

clientela. En muchos locales públicos (bares, discotecas) es frecuente

encontrar monitores que difunden vídeos musicales, lo que llegó a su apogeo

a mediados de los años 80 cuando la macro-discoteca Palladium, diseñada

por Yamasaki presentó sus paneles móviles de monitores suspendidos sobre la pista

En Japón, las pantallas gigantes y los monitores proliferan en grandes

almacenes, ascensores o lugares frecuentados por la juventud.

Los vídeos producidos durante los ochenta se llenaron de colorido, efectos

electrónicos y pop: se desenvolvían en escenografías simples con colores

pastel y revelaban los escasos recursos con los que se realizaban, aunque

también los geniales artistas que los concebían. En verdad, el trabajo de los

directores se apreciaba más bien poco, hasta que MTV comienza a insertar

los créditos del director en la emisión del vídeo junto con el usual nombre del grupo, la canción y el disco. Entonces, comenzó la competencia artística.

Videoastas como Zelda Barron, Brian de Palma, Nick Morris, Nigel Dick,

Marcello Anciano o Julien Temple saltaron a la fama y resultaron nombres de

uso común, requeridos por artistas y compañías discográficas.

La edad de oro se produjo entre 1982 y 1986. Míticos fueron los clips Wild

Boys (Durán Durán), Take on me (A-Ha), More than this (Roxy Music), Radio Clash (The Clash), Relax (Frankie Goes to Hollywood), Undercover (Rolling Stones), Billy Jean y Beat It (Michael Jackson), China Girl (David Bowie), Superman (Laurie Anderson), Road to Nowhere (Talking Heads), Vienna (Ultravox) y, cómo no, Thriller , de Michael Jackson, el primero en rebasar el millón de dólares de coste de la época. Dirigido por John Landis, realizador de cine, y con una duración de casi quince minutos, inauguró la modalidad de relato complejo y elaborado en el clip.
Desde entonces, los vídeos de este cantante se convirtieron en lo más audaz del formato, han probado e introducido efectos especiales y resultan una pauta y orientación creativa para directores, cantantes y, en general, toda la industria de la música.

En su corta historia este formato ha despertado no poco interés,

protagonizando escándalos como el de Justify My Love, de Jean-Baptiste

Mondino para Madonna, prohibido en EE.UU.

En España, La estatua del jardín botánico (Radio Futura) y Embrujada (Tino

Casal) son de los primeros y de los más célebres. Algunos programas

televisivos de principios de los ochenta, como Caja de Ritmos o La bola de

cristal, impulsaron el uso de la fusión de la música y la imagen por parte de

grupos españoles.

A principios de los noventa, se produce un importante declive de la industria

clipera, después de la proliferación y desarrollo de los ochenta (sobre todo

su segunda mitad). Parece que el videoclip había tocado fondo, aunque no

puede afirmarse si por una falta de interés de los espectadores o por un

bache en sus propuestas creativas y expresivas.

Pero la tecnología informática e infográfica vino en su ayuda. Desde que la

Digital Effects Productions popularizara la animación por ordenador aplicada

a la música con el clip de Mick Jagger Hard Woman (1986), la imagen

sintética tiene siempre, al menos, un hueco en todo videoclip que se precie,

aportándole efectos visuales, nuevos modos para potenciar ciertos

elementos de la imagen analógica y, en general, recursos para enriquecer su

discurso.

Los noventa trajeron consigo numerosos movimientos musicales. Esto

provocó una lucha por ganar adeptos a cada género, y transformó al videoclip en un

arma publicitaria de eficacia creciente, más agresivo y fascinante. De esta

forma, cada vez resulta mayor la especialización por géneros o tipos de

música Hip-hop, funky, new age, rock alternativo, rock duro, pop... disponen de manera diferenciada sus puestas en escena en formato clip, atendiendo a las expectativas de su público objetivo.

El vídeo musical aparece como un modelo conductual para muchos jóvenes

actuales, en tanto observan en él a sus cantantes, en un contexto general

de velocidad, movimiento, look y postmodernidad llevados a su extremo.

“El videoclip musical no hace sino encarnar el punto

extremo de esa cultura de lo express. (...) Se trata de

sobeexcitar el desfile de imágenes y cambiar, cada vez

más rápido y cada vez más rápido y cada vez con más

imprevisibilidad (...) nos hallamos ante los índices de I.P.M.

(ideas por minuto) y ante la seducción-segundo (...). El clip

representa la expresión última de la creación publicitaria y

de su culto a lo superficial”ix

En tanto el videoclip es un formato auspiciado por una industria como la

discográfica que mueve al año millones de dólares, se evidencia el peligro

de manipulación ideológica: creación de tendencias musicales,

endiosamiento de los músicos e intérpretes, importancia de la estética,

sobrevaloración de la forma y ostracismo del contenido.

Este producto audiovisual, aún muy joven, casi emprende su camino.

Todavía no puede aventurarse dónde desembocará su abigarrado modo de

representación, tanto por su variedad y complejidad como por su rápida

capacidad de transformación.

Bibliografía

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Universidad Politécnica de Valencia. Valencia: 1988.

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Castilla La Mancha. Madrid: 1991.

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-SANGRO COLÓN, P.: Teoría del montaje cinematográfico: textos y textualidad. Publicaciones Universidad Pontificia de Salamanca/Caja Duero. Salamanca: 2000.

Nº de Registro: AA3.0207.15

i SANGRO COLÓN, P.: Teoría del montaje cinematográfico: textos y textualidad. Publicaciones Universidad Pontificia

de Salamanca/Caja Duero. Salamanca: 2000. Págs. 338-341.

ii MITRY, J.: Historia del cine experimental. Fernando Torres editor. Valencia: 1974. pág. 98.

iii OLIVA, I.: La imagen sustantiva. Elementos para una lógica de la forma moderna y su incidencia en el cine de los

años veinte. Universidad de Castilla La Mancha. Madrid: 1991. pág. 32.

iv PÉREZ ORNIA, J.R.: El arte del vídeo. Ediciones Serbal/RTVE. Madrid: 1993.

v DURÁ, R.: Los videoclips: Precedentes, orígenes y características. Universidad Politécnica de Valencia. Valencia:

1988. pág. 26.

vi Op. cit. Pág. 29.

vii Op. cit. Pág. 28.

viii Op. cit., pág. 9.

ix LIPOVETSKY, G.: El imperio de lo efímero. Anagrama. Barcelona: 1990. pág. 240.


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