300508 -
José Fuentes Mares - Hoy se producen vinos extraordinarios,
buenos, mediocres y horrendos en buena parte de la tierra, desde la Unión
Soviética hasta Portugal; desde Australia y Nueva Zelandia hasta el Norte de
África, y desde el Canadá hasta Argentina y Chile. Las zonas clásicas,
empero, donde se cultivan los mejores viñedos y se logran los mejores
caldos, se encuentran todas en Europa occidental: Franconia y las cuencas
del Rhin y el Mosela en Alemania; Alsacia, la Champaña, Borgoña, Burdeos y
los valles del Ródano y del Loire en Francia; La Rioja, Navarra, Castilla,
Cataluña y Andalucía en España; Toscana y Lombardía en Italia, y la parte
noratlántica de Portugal, por mencionar las más renombradas. Italia, Francia
y España son los mayores productores de vino en el mundo, con sobre sesenta
y cinco millones de hectrolitros anuales la primera, sobre sesenta millones
la segunda, y sobre treinta millones la última. Privilegio de virtudes:
cantidad y calidad que pocas veces se reúnen.
Lea:
Historia
del Champagne
México es un productor insignificante
comparado con tales cifras, pues su rendimiento anual apenas si llega a los
noventa mil hectrolitros a pesar de contar con magnifícas tierras y
adecuados climas para el cultivo del viñedo, la mayor parte de cuya
producción se destina al mercado de uva de mesa y a la fabricación de
aguardientes, porque la demanda de vinos es tan limitada que no permite ir
más lejos. Ya se dijo que las empresas nacionales más importantes en la
elaboración de vinos y aguardientes cifran su éxito en la venta de éstos,
dado que la de aquéllos sólo representa, en términos económicos, del siete
al diez por ciento de su facturación anual.
En términos generales cabe hablar de un
criterio para calificar y seleccionar los vinos, y de otro para
disfrutarlos. En cuanto al primero cuentan sobre todo la región que los
produce, la cosecha y la edad de los caldos, y entre los segundos el
tratamiento que se dé a las botellas, y por supuesto la ocasión y la
compañía en que se descorchen. Con la selección y disfrute de los vinos
ocurre lo mismo que con la selección y disfrute de las mujeres, asunto de
interés tan acentuado que a él volveré un poco más adelante. Ocupémonos por
ahora exclusivamente de los vinos.
Procedencia. La región —composición
química de tierra y clima que la rodea—, ejerce virtual dictadura sobre la
calidad del vino. Recuérdense en esta incidencia el caso de los viñedos
borgoñones, destruidos por la filoxera a fines del pasado siglo, calamidad
que colocó a los vitivinicultores al borde de la ruina. Desesperados, alguno
tuvo la ocurrencia de repoblar los campos arruinados con cepas de California
—cepas que años antes se llevaron de Borgoña a los Estados Unidos—, y a la
vuelta de poco tiempo se consumó el milagro, y las cepas borgoñonas, que en
California rendían vinos mediocres, en cuanto volvieron a su tierra y a su
clima produjeron de nuevo los grandes vinos que conocemos. Si los caballos
encuentran el camino de sus establos, y si los gatos vuelven a casa del
arroyo donde los abandonamos ¿por qué las cepas de Borgoña no iban a
reconocer sus lares de siglos?
Lea:
Glosarios
del Vino
Cosecha. Mas la región no es todo,
por supuesto, pues la Côte d´Or o La Rioja producen vinos mediocres, buenos
y extraordinarios, según venga el año. La falta de lluvias o su abundancia;
el exceso de sol o su defecto; la irregularidad de las estaciones, todo
incide en la calidad del vino. Si este año hubo sol espléndido en Burdeos,
Borgoña o La Rioja; si llovió los días justos y en la medida adecuada, si
los nublados permitieron a los viñedos reposar los días precisos, los
castillos, las comunas o los distritos contarán con la uva ideal para
producir un vino tan bueno que valdrá la pena invertir nuestros ahorros en
un par de cajas antes de que los años y la demanda lo conviertan en artículo
de museo. Los factores endógenos no cambian si la tierra se nutre y cultiva
adecuadamente, mas por desgracia los exógenos se hallan fuera de control
humano y suelen ocasionar graves disgustos. De aquí la importancia
superlativa de la añada para discernir la calidad del vino, condición poco
accesible al paladar del aficionado, por conocedor que sea, lo que no obsta
para que proporcione los mejores años franceses en burdeos y borgoñas hata
1970:
Entre los grandes vinos españoles no es
convincente la determinación de su cosecha, pues en primer lugar los
productores mezclan la uva que se produce en la región, y en segundo
efectúan posteriores coupages entre sus caldos. Claro que en Francia
se sigue el mismo procedimiento, pero no en el caso de los famosos "Chateaux"
de Burdeos ni en el de las selectas comunas de Borgoña, que cuentan con
viñedos propios y cuyo rendimiento utilizan exclusivamente, algo que en
España sólo ocurre con los vinos castellanos de Vega Sicilia y en parte con
algunos riojanos y catalanes. Tampoco se puede tomar siempre como
garantía que en la etiqueta de un vino español aparezca la leyenda: "Reserva
de 1955", pues no necesariamente querrá decir que el vino de la botella
proceda de ese año en su totalidad, ni que estuviera en barricas o
botellas desde entonces. Los españoles llamados "de reserva" son por
supuesto vinos superiores a los que no llevan esa leyenda, pero no lo son
porque procedan de una cosecha especial sino porque viejos caldos —éstos sí
del año que aparece en la etiqueta— se mezclaron con vinos más recientes y
mejoran el producto.6
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Algunas reflexiones sobre el sexo
-
Jorge T Colombo
Eres libre para disfrutar del sexo con
quién te plazca y siempre que el otro esté de acuerdo con
disfrutarlo.
Realizar el sexo sin culpas, con respeto, de manera
divertida y placentera, hace más buenos a los seres humanos.
La mejor manera de
disfrutar del sexo, es hablar de sexo con tu pareja, siempre que necesites
decir algo.
El sexo es divertido y une a
las parejas más allá de las palabras.
Considera tus relaciones
sexuales con orgullo y jamás sientas vergüenza, porque realizarlas es
natural y un derecho.
No te prives del goce
sexual, y si algo te sucede o no sabes, averigua, pregunta, lee, investiga.
Cuanto más sepas de sexo, más disfrutarás y mejor persona serás.
El sexo
disfrutado en libertad y sin culpas, aleja la violencia.
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Edad. Si distinguir un vino por su
cosecha es tarea de grandes conocedores, reconocerlo por su edad es bastante
más fácil, dado que el paso de los años es tan eficaz en la vida del vino
que convierte en excelsos los muy buenos y mejora los mediocres. Un tinto de
una región famosa se embotella a partir de su tercer año en barricas,
alcanza su perfección enre los diez y los quince, según las condiciones de
su almacenamiento, pues el vino es tan delicado que en su calidad incidirá
que las botellas se expongan a la luz; que se guarden o no en lugares
húmedos a una temperatura máxima de 20o centígrados; que se
mantengan tumbadas para evitar la resequedad del corcho y sus posibles
grietas, etc. En cuanto a los vinos blancos, maduran y mueren con mayor
rapidez, pues suelen embotellarse en su segundo año y alcanzar su perfección
entre los cinco y los ocho. Si usted guarda vinos blancos de diez años,
organice mañana mismo una cena con sus amigos y no deje una gota. Y si lo
que tiene es champán de esa edad, acabe con él sin contemplaciones.
Lea:
Cócteles Afrodisíacos
Si tales consideraciones proceden en cuanto
a la selección y calificación de los vinos algo habrá que agregar en cuanto
a su disfrute, al tratamiento que se debe a las botellas y a la ocasión y
compañía para gozarlas. Respecto del tratamiento es válido lo que se dijo en
líneas anteriores, pues éste es un asunto en el que convergen los requisitos
de disfrute y selección: almacenamiento y temperaturas adecuados, botellas
tumbadas, etc., etc. Ahora, en cuanto a la ocasión, sólo un loco descorchará
una botella de Chateau La Tour de 1949 o una de Vega Sicilia gran reserva
para beberla solo, a pico de botella y en su dormitorio, y a otro loco por
el estilo se le puede ocurrir hacer eso mismo frente a un plato de
chilaquiles o de carne seca con chile verde al estilo norteño.
El vino, cuando se trata de un caldo de
categoría, es el gran señor de la mesa, y a él han de someterse los manjares
más suculentos. Saca de quicio, digamos, llegar a la casa de los anfitriones
y oír que la señora ordena a su marido: "Pedro, a ver qué vino vas a servir
con la cena", sobre todo si cabe sospecha de que Pedro no tenga ni la más
remota idea de los platillos que ha preparado su mujer. Si usted pretende
cenar y beber como Dios manda no tendrá más opción que decir a su mujer:
"Tengo una botella de Chateauneuf du Pape, y te sugiero —jamás diga que le
ordena— que lo acompañemos esta noche con un asado tan bueno como el que
preparaste cuando vinieron los Galíndez." Si la señora accede quedarán todos
contentos, pues el del Ródano —como el de Cataluña— es un vino grueso y
pesado, adecuado para platillos en consonancia: el asado o la parrillada,
las carnes silvestres, el cassoulet, la fabada y los callos a la madrileña o
su equivalente francés, tripes á la mode de Caen. Que el vino manda
sobre la cocina y no la cocina sobre el vino es regla universal, a no ser
que cuente usted con una cava que le permita dejar a su mujer en libertad de
cocinar lo que le venga en gana porque usted contará con el vino adecuado.
Mucho ganarán los descarriados del mundo si graban en su memoria que servir
grandes vinos con almuerzos inadecuados es peor que servir almuerzos
magníficos con vinos mediocres. Desperdiciar un gran vino con un almuerzo
primitivo es tan absurdo como disfrutar la noche de bodas a bordo de un
taxi, con el chofer lanzando maldiciones por los atascos viales.
Lea:
Vino y
Religión
Por último, si la compañía significa mucho
para ir al teatro o practicar la natación, bastante más importará a la hora
de descorchar una gran botella. Pretender disfrutar un Chambertin de 1949,
un Chablis premier cru o un catalán Gran Coronas de etiqueta negra en
unión de quienes no distinguen entre un vino y una sangría es tan frustrante
como servir esos finos caldos en un cocktail party. Aunque la Iglesia
sufrió grandes transformaciones a partir del Concilio Vaticano Segundo,
nadie ha tenido la osadía de celebrar una misa en una discoteca, y confiamos
en que nunca se dará el caso de semejante sacrilegio. La compañía adecuada,
como la comida coincidente, es requisito sine qua para gozar de un
vino de categoría. Si usted gusta de la caza, tome el tinto con sus consejos
o codornices en su casa y en unión de amigos capaces de disfrutar las piezas
y el vino, no en el campamento, a los cuatro vientos y en unión de los
rancheros que cuidan el predio.
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Sibarita.
(Del
lat. Sybarīta, y este del
gr. συβαρίτης, de Σύβαρις, Síbaris,
ciudad del golfo de Tarento, en Italia, célebre por la riqueza y el
refinamiento de sus habitantes).
1.
adj.
Dicho de una persona: Que se trata con mucho regalo y refinamiento.
U. t.
c. s.
2.
adj.
Natural de Síbaris.
U. t.
c. s.
3.
adj.
Perteneciente o relativo a esta ciudad de la Italia antigua - RAE
Sibarita
¡A mí n'ámas me gusta
que dali gustu al cuerpo!
Si yo fuera bien rico,
jacía n'ámas eso:
jechalmi güenas siestas
embajo de los fresnos,
jartalmi de gaspachos
con güevos y poleos,
cascalmi güenos fritis
con bolas y pimientos,
mercal un güen caballo,
tenel un jornalero
que to me lo jiciera
pa estalmi yo bien quieto,
andal bien jateao,
jechal cá instanti medio,
fumal de nuevi perras
y andalmi de paseo
lo mesmo que los curas,
lo mesmo que los médicos...
Si yo fuera bien rico,
jacía n'ámas eso,
¡que a mí n'ámas me gusta
que dali gustu al cuerpo!
José Mª Gabriel y Galán 1870-1905 |
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Dije antes —y lo reitero— que con la
selección y disfrute de vinos ocurre lo que con las mujeres, pues respecto
de ellas valdrá también la región, la cosecha, la edad, el trato y la
ocasión. Claro que la diferencia radica en la compañía, pues si rendir culto
a una gran botella solo o en unión de indocumentados es tan insensato como
que un tullido se proponga subir al Citlaltépetl o al Pichincha; la compañía
de una mujer alcanza su plenitud sin contertulios.
La región de procedencia es en cambio
relevante en el caso de las mujeres, dado que si bien ciertas comarcas
tienen el privilegio de producirlas fenomenales, otras en cambio —Zululandia
por citar alguna— las producen tan ordinarias que sólo los naturales las
consumen, y eso porque las barreras aduanales y otros obstáculos dificultan
las importaciones. Contrariamente la Circasia, actual región de la Rusia
caucásica, entre los mares Negro y Caspio, tuvo tal fama por sus mujeres que
enriqueció el harén privado de un presidente de la República mexicana.
Actualmente las italianas se llevan los primeros premios, si hemos de juzgar
por el cine, por las que pasean por la Vía Veneto de Roma o por la Galería
de Vittorio Emanuele de Milán, con la ventaja sobre las antiguas
circasianas, de que no hallándose adscritas a un harén determinado pueden
libremente escoger un sultán para ellas solas.
También, como en el caso de vinos, habrá
mujeres guapas en regiones de mujeres feas —y viceversa—, por no hablar de
las cosechas sobresalientes. Cualquier mediano observador advierte que hay
años de mujeres estupendas, y otros de poco atractivas. Y en cuanto a la
significación de su edad, es obvio que hacer el amor a una de quince es tan
rudimentario como tomar un vino tierno, practicarlo con una de veinticinco
es como beber un rioja de cinco, y emprenderlo con una de cuarenta resulta
tan inefable como paladear un Chateau Margaux del 61 o un Vega Sicilia que
lleva treinta años embarricado en roble americano. En los vinos, como en las
mujeres, el tiempo es el factor inexorable que traza su curva de la madurez
encantadora a la decrepitud ñoña y avinagrada.
Lea:
Amor y química
Pero no puedo terminar con este tema sin
agregar que la convergencia entre vinos y mujeres se trueca en oposición
abierta en punto a la significación de los unos y las otras en el orden del
ahorro. Comprar vinos jóvenes, de buena región y cosecha, permite formar una
bodega llamada con el tiempo a representar una fortuna respetable. Mediante
la providencia a que me refiero ganará más, estoy seguro, que prestando su
dinero con garantía hipotecaria, y no se diga si, reacio a ejercer el agio,
invierte sus excedentes en una financiera o en cuentas de ahorro al 4.5 por
ciento. Le aseguro que si se resuelve a vender esos vinos hará un negocio
positivamente milagroso, tanto que los americanos, siempre hábiles en
materia de finanzas, cuentan ya con un banco, cerca de Washington, que
otorga créditos exclusivamente para la compra de vinos cuyos precios
van en alza. La cosa no es para menos, pues la revista On Your Own Time,
en que leo lo anterior, narra el caso del acaudalado mister Charles
Wohlstetter, presidente del Consejo de la Continental Telephone Co., quien
se llevó desagradable sorpresa al pagar en Tokio 80 dólares por una botella
de vino que se vendió en Burdeos, en el año de su cosecha —1963—, a ¡30
dólares la caja!
Confío, sin embargo, en que la miseria o la
codicia no le empujen a vender sus vinos, pues más que el dinero valdrá
beberlos en compañía de sus amigos, entre quienes por añadidura ganará fama
de millonario. Como cualquier obra de arte, el vino es la mejor inversión, y
con esa certeza podrá mandar a freír espárragos al agente de los Bonos del
Ahorro Nacional que no le deja en paz. Las mujeres en cambio suelen ser un
desastre como inversión pese a que el dragoman —el guía— que hace años me
acompañó en la visita a Karnak y Luxor me dijo haber comprado una, en
Alejandría, con magníficos resultados económicos.
En relación con el almacenaje de vinos
embotellados habrá usted oído que no mejoran fuera de la bota o barrica,
pero no haga caso de esa opinión y tómela como prejuicio vulgar, ya que es
en la botella donde el vino alcanza sus maduras excelencias. Leo en la
quinta edición del libro Les Vins de Bourgogne, escrito por los
señores Pierre Poupon y Pierre Forgeot e impreso en las prensas
universitarias de Francia, Gran Premio en 1952 de la Confrérie des
Chevaliers du Tastevin: "El añejamiento es un fenómeno natural que se
explica, en buena parte —cuando los vinos se encuentran en barricas—, por
una oxidación lenta que proviene de una cierta absorción del aire exterior,
mas el añejamiento en botellas, apreciable sobre todo en los grandes vinos
tintos, es todavía para los enólogos un misterio por descubrir."
Misterio por descubrir, como dicen los
señores Poupon y Forgeot, de acuerdo, pero hecho incontrovertible también.
Más todavía: los grandes bodegueros de La Rioja, Burdeos o Borgoña saben que
cuando el vino alcanza su madurez en bota o barrica, y no da más, una vez
embotellado reanuda como por arte de magia su crecimiento. La maestría de
los bodegueros radica, justamente, en determinar el momento de llevar el
vino de la barrica a las botellas. Ellos lo saben, y sin embargo no explican
la razón, el "mystère à decouvrir" del que hablan los Comendadores
del Tastevin, cuya opinión reproduje líneas arriba.
El de los destilados no es el caso de los
vinos, por supuesto: aguardientes muertos al llegar a la botella y
empeorados por el paso del tiempo como ocurre con los cadáveres. Cuando un
amigo trate de expresarle su afecto con un coñac de cien años, recomiéndele
que se lo obsequie a la autora de sus días el próximo 10 de mayo, y que le
sirva en cambio una copa de Hennessy Brazo de Oro, del Martell Cordon Azul,
del Carlos I o del Gran Duque de Alba que acaba de comprar en la tienda de
la esquina.
Por último, si ha de decirse la verdad sin
que importen sus consecuencias —"fiat justitia, pereat mundus"—, y
una buena pregunta es la que versa sobre la dosis de verdad que puede
tolerar el hombre, cabe también especular sobre la dosis de vino
recomendable para quien no se proponga pecar por exceso o por defecto. Para
dar una respuesta más o menos fundada sobre este asunto, partamos de la base
de que la dosis variará según la graduación alcohólica del vino y la
constitución física del bebedor, pues si para bilbaínos o navarros la medida
diaria podrá llegar a los cinco litros —sobre todo si acuden a la feria del
pueblo—, un mexicano bajaría a la tumba con la mitad. Hablemos, pues, del
vino llamado de marca —mexicano o importado—, cuya graduación alcohólica
fluctúa entre los doce y los trece grados, y hablemos también de un mexicano
común y corriente, acostumbrado al consumo diario del vino.
En Francia, los médicos se inclinan por
fijar en un litro la dosis cotidiana por adulto, a mi juicio también
adecuada para mexicanos que no beban agua de jamaica por costumbre y vino
por excepción. De no ser así, creo recomendable consumir medio litro entre
las dos comidas fuertes para limitar riesgos como la pesantez o somnolencia,
que afecta a los primerizos y bebedores ocasionales. Si usted se lo propone,
y alcanza pronto la dosis de un litro, su organismo reaccionará tan
favorablemente que llegará sano a la edad de Franco, Ruiz Cortines o
Churchill sin que se le exija ser Caudillo de España, parecerse a don Benito
Juárez hasta para ir al baño, ni inventar frases como: "Nada tengo que
ofreceros sino sangre, sudor y lágrimas", o "Un telón de acero ha caído
sobre Europa".
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