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Gastronomía / Gastronomy
Historia del chocolate
Christine McFadden

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EL ELIXIR DE LOS DIOSES

   Los orígenes de esta sustancia sólida, sensual y para algunos adictiva que llamamos chocolate hunden sus raíces en la prehistoria del Nuevo Mundo, en el misterioso reino de los olmecas y los mayas. Fueron estas antiguas civilizaciones mesoamericanas, que vivieron en el corazón de la América central ecuatorial, las primeras que cultivaron el árbol del que proviene el chocolate

Los Olmecas             

    Hace tres mil años los olmecas, una de las civilizaciones mesoamericanas mas antiguas, ocupaba un área de selvas tropicales al sur de Veracruz, en el golfo de México. Los lingüistas modernos han reconstruido el antiguo vocabulario olmeca y han encontrado que comprende la voz “cacao”. Dados los requerimientos de calor, humedad y sombra que tiene el árbol del cacao, condiciones que se dan donde vivían los olmecas, muchos historiadores están convencidos de que la primera civilización que cultivo este árbol fue la de los olmecas, y no la de los aztecas, como se creía comúnmente

Los Mayas

En torno al siglo IV antes de Cristo, varios siglos después de la desaparición de los olmecas, los mayas se habían establecido en una extensa región situada al sur del México actual, que se extiende desde la península del Yucatán en América Central a lo largo de la región de Chiapas y la costa de Guatemala en el Pacifico. El clima húmedo de esta región era perfecto para el árbol del cacao, que florecía fácilmente en las zonas mas umbrías del bosque tropical.

Los mayas llamaban a este árbol “cacahuaqucht”; de hecho, para ellos, no existían ningún otro árbol que mereciese tanto el nombre de árbol como este. Creían que era un árbol que pertenecía a los dioses y que las vainas que crecían en su tronco eran un regalo que los dioses hacían a los hombre.

El periodo en torno al año 300 de nuestra era, conocido como la época clásica de la Civilización Maya, fue de un gran desarrollo artístico, espiritual e intelectual. Los mayas construyeron palacio y templos de piedra, grabando en sus sagrados muros imágenes de vainas de cacao, que parra ellos eran un símbolo de vida y fertilidad. Conocido como “el pueblo del libro”, los mayas también idearon un sistema de jeroglíficos que escribían en unas fragiles hojas de papel hechas con corteza de árbol. Actualmente solo se conservan cuatro de los libros mayas, todos ellos del periodo post-clásico. Los libros están llenos de ilustraciones que representas a los diversos dioses practicando diferentes rituales religiosos en los que frecuentemente aparecen las vainas del cacao, y cuyo texto se refiere a menudo al cacao como un manjar de dioses.

Los mayas crearon una especie de brebaje amargo hecho de semillas de cacao que consumían exclusivamente los reyes y los miembros de la nobleza y también usado para dar solemnidad a determinados rituales sagrados. En sus libros, los mayas describen diversas formas de elaborar y perfumar este brebaje, desde unas gachas espesas hechas con harina de maíz, hasta un brebaje mas liquido para ser bebido. Una antigua pintura muestra ese oscuro brebaje marrón siendo vertido de un recipiente a otro hasta producir una importante cantidad de espuma. Diversas especias se usaban como aditamento para perfumar el brebaje, siendo el chile picante el preferido. Otras pruebas del uso del cacao por los mayas aparecen en los muchos recipientes pintados hallados en sus tumbas funerarias. Una tumba excavada en Guatemala en 1984 contenía varios recipientes que se había usado para el consumo del chocolate. Uno de los ejemplares mas exóticos y hermosos lleva el símbolo maya para el chocolate en su interior se encontraron residuos de esta bebida

 

Sibarita.

(Del lat. Sybarīta, y este del gr. συβαρίτης, de Σύβαρις, Síbaris, ciudad del golfo de Tarento, en Italia, célebre por la riqueza y el refinamiento de sus habitantes).
1. adj. Dicho de una persona: Que se trata con mucho regalo y refinamiento. U. t. c. s.
2. adj. Natural de Síbaris. U. t. c. s.
3. adj. Perteneciente o relativo a esta ciudad de la Italia antigua - RAE

Sibarita
¡A mí n'ámas me gusta
que dali gustu al cuerpo!

Si yo fuera bien rico,
jacía n'ámas eso:
jechalmi güenas siestas
embajo de los fresnos,
jartalmi de gaspachos
con güevos y poleos,
cascalmi güenos fritis
con bolas y pimientos,
mercal un güen caballo,
tenel un jornalero
que to me lo jiciera
pa estalmi yo bien quieto,
andal bien jateao,
jechal cá instanti medio,
fumal de nuevi perras
y andalmi de paseo
lo mesmo que los curas,
lo mesmo que los médicos...

Si yo fuera bien rico,
jacía n'ámas eso,
¡que a mí n'ámas me gusta
que dali gustu al cuerpo!

José Mª Gabriel y Galán 1870-1905

Algunas reflexiones sobre el sexo - Jorge T Colombo

Eres libre para disfrutar del sexo con quién te plazca y siempre que el otro esté de acuerdo con disfrutarlo

Realizar el sexo sin culpas, con respeto, de manera divertida y placentera, hace más buenos a los seres humanos

La mejor manera de disfrutar del sexo, es hablar de sexo con tu pareja, siempre que necesites decir algo

El sexo es divertido y une a las parejas más allá de las palabras

Considera tus relaciones sexuales con orgullo y jamás sientas vergüenza, porque realizarlas es natural y un derecho

No te prives del goce sexual, y si algo te sucede o no sabes, averigua, pregunta, lee, investiga. Cuanto más sepas de sexo, más disfrutarás y mejor persona serás

El sexo disfrutado en libertad y sin culpas, aleja la violencia.

 

Los Toltecas y Los Aztecas

Tras la misteriosa caída del imperio maya en torno al año 900 de nuestra era, los habilidoso toltecas, mas tarde seguidos por los aztecas de México, se instalaron en el antiguo territorio de los mayas. Quetzalcoarl, el rey de los toltecas, era también el dios del aire, y una de sus misiones era llevar las semillas del árbol del cacao desde el Edén hasta la tierra de los hombre y enseñarles las diversas formas de cultivo. A causa de una serie de levantamientos políticos, Quetzalcoarl y sus seguidores huyeron hacia el sur del Yucatán. Encontrándose enfermo, fue persuadido de beber una misteriosa pócima que le hizo volverse loco. Convencido de que tenia que abandonar su reino, Quetzalcoarl se hizo a la mar en una pequeña balsa prometiendo a sus súbditos que regresaría en un año especifico para reclamar su reino. L a leyenda de este exilio llego a convertirse en parte de la mitología azteca, y  los astrólogos pronosticaron que en 1519 un rey de tez blanco regresaría para liberar a su pueblo. Esta creencia iba a tener consecuencias duradera en el futuro del Nuevo Mundo 

De Bebida A Golosina: Chocolate para comer

Una vez que se consiguió separar la manteca del cacao, la industria se encontró ante el dilema de que hacer con ella –realmente era algo demasiado valioso para desperdiciarlo. Lo que paso fue que, de un modo u otro, a algún fabricante de cacao- y hay discusiones acerca de quien fue el primero- se le ocurrió la idea de mezclar la manteca de cacao con una pasta hecha a base de cacao molido y azúcar.

La mixtura resultante fue una pasta suave y maleable a la que se podía añadir azúcar sin que se volviera grumosa; la grasa facilitaba su disolución. La pasta era lo suficientemente fina para ser vertida en un molde y darle forma, y a partir de este momento empezó a formularse la idea de las pastillas de chocolate para comer. La familia Fry afirma haber sido la primera en comercializar el producto. “Chocolat Délicieux a manger”, así llamaron a sus barritas de chocolate y las presentaron en una fuera comercial celebrada en Birmingham en 1849. Las barritas tuvieron un éxito instantáneo, y comer chocolate se convirtió en una autentica moda.

Cadbury introdujo la primera caja de bombones de chocolate, a la que siguió una caja diseñada para el Día de San Valentín. Otras empresas, como Bovril, empezaron a fabricar chocolate para comer. Al poco tiempo, la nueva industria chocolatera estaba firmemente establecida. Como consecuencia de la nueva moda, el precio de la manteca de cacao subió como la espuma y comer chocolate se convirtió en una actividad cara y practicada sobre todo por las capas altas de la sociedad. Mientras, el cacao quedaba relegado para las masas.

Los Estados Unidos desarrollaron su propia versión del chocolate mas tarde. Tras experimentar con crema de leche y chocolate –una y otra vez, la mezcla se quemaba o no solidificaba bien- las barritas de chocolate con leche de Milton Hershey aparecieron en el mercado en 1900. Siete años mas tarde aparecieron sus famosos bombones “little kisses”. Al otro lado del país, Ghirardelli empezaba a usar la nueva tecnología para moldear el chocolate, y pronto introdujo las barritas de chocolate en su catalogo. Las tiendas especializadas en chocolate empezaron a proliferar por todo el país y la mayoría de ciudades disponían de un establecimiento de prestigio que fabricaba bombones de chocolate. Los primeros chocolateros eran demasiado pequeños para importar cacao o invertir en maquinaria cara. Lo que hacían era comprar bloques de chocolate de tamaño industrial a empresas grandes como Guittard y los desleían ellos mismos para usarlos como “couverture” en sus pastelillos y bombones. El libro de Alice Btadley “Candy Cook Book”, publicado en América en 1917, dedicaba un capitulo a los bombones de chocolate, con mas de sesenta recetas para hacer los rellenos. Dice Bradley: “Mas de cien clases distintas de bombones pueden encontrarse en los catálogos de algunos fabricantes”. La industria chocolatera americana alcanzo su máximo esplendor durante la segunda Guerra Mundial, cuando millones de barras de chocolate se enviaron a las fuerzas armadas que combatían en Europa. Por entonces, Ghirardelli y Hershey estaban ya perfectamente equipados para ser los proveedores del ejército

El Chocolate Como Medicina                            

  El Chocolate se usaba con fines terapéuticos en el siglo IV, cuando los mayas empezaron a cultivar el árbol del cacao. Los hechiceros prescribían el consumo de cacao tanto como estimulante como por sus efectos calmantes. Los guerreros lo consumían como una bebida reconstituyente, y la manteca de cacao era usada como ungüento para curar heridas.

Mas tarde, los aztecas prescribieron una poción a base de cacao mezclado con el polvo de los huesos machacados de sus antepasados para curar la diarrea. Los colonos españoles también fueron conscientes de la virtudes curativas del cacao. Un viajero de la época dice de sus compatriotas: “Con estos granos elaboran una especie de pasta que según ellos es buena para el estomago y contra el catarro”.

Sin embargo, el chocolate despertó sentimientos encontrados entre la comunidad científica y médica, que se mostró tan vocinglera como la Iglesia a la hora de debatir las virtudes y los defectos de que la misteriosa nueva sustancia. Durante el siglo XVI, cuando la medicina todavía estaba en mantillas, muchas teorías médicas se basaban en la existencia de humores “calientes” y “fríos”, o en las energías corporales, de cuyo correcto equilibrio dependía la no aparición de enfermedades. Los españoles clasificaron al chocolate como una sustancia “fría” y neutralizaban sus efectos tomándola muy caliente y aderezada con especias “calientes”. No podían entender por qué los aztecas se tomaban el chocolate sin calentarlo tratándose de un alimento esencialmente “frío”.

Durante el siglo XVII, el chocolate ya había recibido la aprobadora bendición de un buen numero de botánicos y médicos, que habían descubierto que contenía toda clase de sustancias beneficiosas. Henry Stubbe (1632-72), el medico de la corte inglesa, visito las Indias Occidentales para investigar los efectos físicos del chocolate. A su regreso publico “The Indian Néctar”, en la que se deshacía en elogios por la bebida, pero que echarle demasiado azúcar o especias era desaconsejable. Stephani Blancardi (1650-1702), un médico italiano comento: “El chocolate no solo tiene un sabor agradable, sino que es también un autentico bálsamo para la boca, pues contribuye a mantener todas las glándulas y humores en un perfecto estado de salud. Todo aquel que lo bebe posee un aliento muy dulce”.

La facultad francesa de Medicina aprobó oficialmente su uso el año 1661. El magistrado y gastrónomo Brillat-Savarin (1755-1826), escribe en su célebre obra “Physiologie du Gout”: “El chocolate, cuando ha sido cuidadosamente preparado, es un alimento completo y agradable... muy apropiado para quien realiza un gran esfuerzo mental, predicadores, abogados, y sobre todo viajeros... se aposenta bien en los mas débiles estómagos, es beneficiosos en enfermedades crónicas y contribuye el último recurso en las dolencias del piloro”. Algunos de los contemporáneos de Brillat-Savarin afirmaban que el chocolate puede curar la tuberculosis. Un medico francés, quizás habiendo experimentado que el chocolate levantaba el ánimo, estaba convencido de que era un antídoto contra los corazones rotos: “Quienes tienen mal de amores y sufren de la mas universal de las dolencias galantes, tendran en el chocolate el mas agradable de los consuelos”. Las alabanzas no eran ni mucho menos universales. Un medico de la corte toscana del siglo XVIII declaro que el chocolate era una sustancia “caliente” y que era una locura mezclarlo con otras “drogas calientes”. Evidentemente había observado los efectos de la cafeína, puesto que cita entre sus efectos la locuacidad persistente, el insomnio, la irritabilidad y la hiperactividad en los niños. En general, los beneficios efectos médicos y nutritivos del chocolate fueron bien aceptados. Un escritor ingles de la época lo describe así: “Una bebida incomparables desde el punto de vista familiar, para el desayuno o la cena, para cuando el té o el café están realmente fuera de lugar, a menos que este ultimo se sirva con mucha leche”. Brillat-Savarin comentaba acerca de la digestión: “Cuando uno ha comido bien y copiosamente, tomando una buena taza de chocolate al final de la comida, lo habrá digerido todo perfectamente al cabo de tres horas”. Durante el siglo XIX muchos charlatanes empezaron a hacer su agosto gracias al prestigio que la aprobación de los médicos dio al chocolate. Diversas formas de “chocolate” medicinal hicieron su aparición, incluyendo productos de nombres tan siniestros como el “Chocolate pectoral”, elaborado con tapioca india y recomendado para combatir la tisis, y el “chocolate analéptico”, elaborado con un misterioso “toxico persa”. Hacia finales de siglo, el articulo genuino recibió la aprobación de todos los hospitales y sanatorios, así como el de la armada, el ejercito y diversas instituciones publicas.

De "La gran enciclopedia del chocolate"
 

 

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