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Lo que se conoce como
dieta mediterránea no es
un programa armado por especialistas, sino que son
hábitos alimentarios de la gente que habita la región del Mar Mediterráneo
(España, Italia, Grecia, incluso el cercano Oriente) desde tiempos remotos.
Estos pueblos tienen en común los grandes olivares, los pescados de mar, una
gran variedad de vegetales, legumbres y frutas, cereales y hierbas
aromáticas, todos incorporados naturalmente a la dieta diaria.
También los argentinos tene mos nuestros propios hábitos basados en las
carnes rojas o, en el noroeste, en lo que se llama la "cultura del maíz".
Muchos estudios afirman que la alimentación básica del hombre mediterráneo
es la más sana que se conoce.
"Está comprobado que la dieta mediterránea tiene muchos efectos benéficos
para la salud", afirma el doctor Jorge Braguinsky, Director del posgrado de
Nutrición de la Universidad Favaloro, haciendo referencia al famoso estudio
llevado a cabo por el médico norteamericano Ancel Keys en 1958. Se trata del
llamado Estudio de los Siete Países, en el que se analiza la relación entre
dieta y enfermedades del corazón en 12.000 hombres sanos de mediana edad,
durante más de 20 años, en Finlandia, Grecia, Italia, Japón, Holanda,
Estados Unidos y Yugoslavia. Así Keys descubrió que las bondades de la dieta
mediterránea provienen de un bajo consumo de carnes rojas y moderado consumo
de lácteos. En cambio, se registra un alto consumo de cereales, pescados,
aceite de oliva, frutas y verduras, más una moderada ingesta de vino tinto.
"Estos productos representan la incorporación de hidratos de carbono de
absorción lenta, fibras, antioxidantes, vitaminas y grasas monoinsaturadas
que ayudan a prevenir enfermedades
cardiovasculares, diferentes tipos de
cáncer, hipertensión, diabetes y muchos otros trastornos del aparato
digestivo", explica la licenciada Nancy Dumont, del Instituto Argentino de
Alimentos y Nutrición que dirige el Dr. Alberto Cormillot. Y asegura que
está comprobado que "la dieta mediterránea alarga la vida", citando una
investigación realizada en la Universidad de Atenas, que analizó los efectos
de esta alimentación durante 8 años
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Sibarita.
(Del
lat. Sybarīta, y este del
gr. συβαρίτης, de Σύβαρις, Síbaris,
ciudad del golfo de Tarento, en Italia, célebre por la riqueza y el
refinamiento de sus habitantes).
1.
adj.
Dicho de una persona: Que se trata con mucho regalo y refinamiento.
U. t.
c. s.
2.
adj.
Natural de Síbaris.
U. t.
c. s.
3.
adj.
Perteneciente o relativo a esta ciudad de la Italia antigua - RAE
Sibarita
¡A mí n'ámas me gusta
que dali gustu al cuerpo!
Si yo fuera bien rico,
jacía n'ámas eso:
jechalmi güenas siestas
embajo de los fresnos,
jartalmi de gaspachos
con güevos y poleos,
cascalmi güenos fritis
con bolas y pimientos,
mercal un güen caballo,
tenel un jornalero
que to me lo jiciera
pa estalmi yo bien quieto,
andal bien jateao,
jechal cá instanti medio,
fumal de nuevi perras
y andalmi de paseo
lo mesmo que los curas,
lo mesmo que los médicos...
Si yo fuera bien rico,
jacía n'ámas eso,
¡que a mí n'ámas me gusta
que dali gustu al cuerpo!
José Mª Gabriel y Galán 1870-1905
Algunas reflexiones sobre el sexo -
Jorge T Colombo
Eres libre para disfrutar del
sexo con quién te plazca y siempre que el otro esté de acuerdo con
disfrutarlo
Realizar el sexo sin culpas, con respeto, de manera divertida y placentera,
hace más buenos a los seres humanos
La
mejor manera de disfrutar del sexo, es hablar de sexo con tu pareja, siempre
que necesites decir algo
El sexo es divertido y une a las
parejas más allá de las palabras
Considera tus relaciones sexuales con
orgullo y jamás sientas vergüenza, porque realizarlas es natural y un derecho
No te prives del goce sexual, y si algo
te sucede o no sabes, averigua, pregunta, lee, investiga. Cuanto más sepas
de sexo, más disfrutarás y mejor persona serás
El sexo disfrutado en libertad y sin
culpas, aleja la violencia.
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(en el período 1992-2000) en 75.000
hombres y mujeres mayores de 60 años. "Los resultados, publicados en el British Medical Journal, concluyen que los que más se atuvieron a la dieta
mediterránea y tomaron vino con moderación (uno o dos vasos de vino por
día), tuvieron un índice de mortalidad un 20% inferior que los que no la
cumplieron, lo que equivale a ganar un promedio de un año de vida".
La pirámide mediterránea
Dumont explica el lugar que ocupa cada uno de los productos en la dieta
mediterránea mediante una pirámide, un recurso ideal para establecer una
comparación con la pirámide que divulgan los organismos nacionales e
internacionales. En esta nueva pirámide los alimentos recomendados para
consumo diario ocupan desde el primero hasta el cuarto escalón y se
distribuyen de la siguiente manera: en la base están los cereales y sus
derivados, y también los tubérculos, como la papa. El segundo escalón se
divide en tres subgrupos: el espacio mayor corresponde a las hortalizas,
luego siguen las frutas y hay un espacio menor para las legumbres y las
frutas secas. En el tercer escalón se ubica el aceite de oliva y en el
cuarto, el queso y el yogur.
Los productos de consumo semanal abarcan desde el quinto al octavo escalón.
En el quinto está el pescado; en el sexto, la carne de pollo; en el séptimo,
el huevo; y en el octavo, los dulces. Como se ve, hasta aquí no hay lugar
para las carnes rojas, reservadas para el último escalón (la cúspide de la
pirámide) porque la recomendación es de consumo mensual (poca carne por
mes).
"Esta pirámide mejora el perfil lipídico en sangre, es decir disminuye el
colesterol LDL ( malo) y los triglicéridos y aumenta el colesterol HDL
(bueno), mejora la función endotelial y la resistencia a la insulina, y
reduce el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares y distintos tipos
de cáncer", explica la profesional.
Es sana, pero no adelgaza
"La dieta mediterránea quizás sea la más saludable de las dietas, a todo el
mundo le puede hacer bien, pero tiene que quedar claro que no es un programa
de adelgazamiento", explica claramente Braguinsky, "porque no es
hipocalórica (bajas calorías), no es estrictamente hipograsa (baja en
grasas): los aceites y los pescados de mar poseen grasas sanas para el
organismo, pero engordan como cualquier otra grasa. Lo mismo sucede con los
hidratos de carbono que están en la base de esos hábitos alimentarios". La
mayor preocupación del doctor Braguinsky se centra en la alarmante tendencia
a la obesidad en los países occidentales. "Vivimos en un período de epidemia
global de sobrepeso, obesidad y diabetes del tipo 2. En esas condiciones,
¿seguiremos recomendando a la población como alimentos prioritarios las
harinas, los cereales y el pan, generalmente conocidos como alimentos que
sólo aportan 'calorías vacías'?" Con esa perspectiva, Braguinsky y la
licenciada en Nutrición Karina Fuks han trabajado sobre lo que llaman la
Pirámide Energética, donde las hortalizas y las frutas ocupan la base, pero
la comparten con unos botines de fútbol, una pelota y pesas, es decir, se le
da prioridad a los vegetales y a la actividad física. Pero insiste en que la
dieta mediterránea es muy saludable para toda la población y que merece una
mejor difusión. "Los profesionales deberían conocerla a fondo. En función de
eso, la Facultad de Medicina de la Universidad de Tucumán dictará en el
segundo semestre un curso internacional por Internet, con el aval de la
Fundación Mediterránea, para médicos, nutricionistas, agrónomos, etc", un
tema importante para trabajar desde la base ya que, concluye Braguinsky:
"Dentro de los hábitos de una población, los alimentarios son los más
difíciles de cambiar".
Valores nutricionales
Frutas, hortalizas, cereales integrales, legumbres y frutas secas: fuentes
de hidratos de carbono de absrorción lenta, fibra, antioxidantes y
fitoquímicos. Reducen el riesgo de estreñimiento, diverticulosis,
hemorroides, cáncer, hipercolesterolemia, diabetes e hipertensión arterial.
Frutas secas: pobres en grasas saturadas y ricas en grasas insaturadas (las
nueces contienen omega 3), poseen hidratos de carbono de absrorción lenta y
dan sensación de saciedad. Son ricas en fibra, fitoesteroles, antioxidantes,
vitamina E y del complejo B (en especial ácido fólico), y minerales
(magnesio, selenio y zinc). El consumo diario de frutos secos mejora la
salud cardiovascular, disminuye el riesgo de diabetes 2 y de cáncer de mama,
próstata y colon.
Pescados: ricos en omega 3. Contribuyen a reducir el colesterol, aumentar
las defensas del organismo, a una buena salud mental, a disminuir el riesgo
de infarto y cáncer.
Aceite de oliva: rico en ácidos grasos monoinsaturados, que ayudan a regular
la presión arterial y a disminuir el colesterol en sangre.
Vino tinto y uvas: contienen un fitoquímico (resveratrol) que contribuiría a
disminuir los niveles de colesterol total y a prevenir el cáncer.
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