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Yerba mate, hierba mate o simplemente yerba (Ilex
paraguariensis, en guaraní ka'a) es una planta arbustiva o
arbórea originaria de Sudamérica. De sus hojas secas y molidas
se prepara el mate, una infusión estimulante común en la
gastronomía de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y
Uruguay. El nombre mate deriva por metonimia de la palabra
quechua mati que es el nombre dado a la calabacilla que
tradicionalmente sirve de recipiente a la infusión.
La yerba mate es endémica de las cuencas del Paraná, Paraguay y
Uruguay, donde crece en estado silvestre, sobre todo formando
parte del sotobosque o del estrato mediano de los montes. Se
cultiva además comercialmente en Argentina, Brasil y Paraguay
desde el siglo XIX, dando lugar a una importante industria.
Reseña histórica
El origen del uso de la yerba mate, alimento básico de los
indios guaraníes y conocida por éstos como CAA-MATE, de cuyos
términos "caá" significa en idioma guaraní "planta o hierba", en
tanto que "mate", se supone derivado de la palabra quichua "matí",
con la cual designaban a la calabacilla que usaban en general
para beber, se pierde en lo remoto del tiempo.
Pero es indudable, que de ellos, quienes sorbían el mate
mediante bombillas hechas de diminutas cañas, o la mascaban
durante sus largas marchas, aprendieron su uso los
conquistadores españoles.
Atribuye Ruiz Díaz de Guzmán, en su historia escrita en el año
1612 a Hernando Arias de Saavedra, el descubrimiento del uso de
las hojas de yerba mate en 1592.
Este habría encontrado en las "guayacas" (Pequeños sacos de
cuero en el que el indio transportaba sus más preciados bienes)
de indios hostiles tomados prisioneros, envueltos en delgadas y
suaves pieles, un polvo que resultó ser "caá".
Las virtudes que se le atribuyen, y a los que se refieren
numerosos relatos de aquellos tiempos, hicieron que su consumo
se difundiera en forma extraordinaria al punto de organizarse un
intenso tráfico regular del producto, desde su zona de origen a
todo el virreinato. Más tarde, los jesuitas radicados en el
Paraguay a comienzos del siglo XVII, a fin de evitar las grandes
distancias que los separaban de los lugares de producción,
introdujeron el cultivo en algunas de sus "reducciones" o
"misiones" distribuidas en la región que constituyen la
provincia de Misiones, parte de Corrientes y parte del Paraguay.
Con la expulsión de los jesuitas, ocurrida en 1769 sobrevino la
decadencia de los mismos, la reducción de su población y el
abandono de los yerbales cultivados por los mismos. No tan sólo
se perdieron éstos, sino que hasta la tradición de su cultivo.
Medio siglo después, el célebre médico y naturalista francés
Aimé Goujaud, conocido como Bonpland, inició los primeros
estudios científicos sobre la planta de yerba mate, su cultivo y
sus usos. Con el mismo propósito visitó en 1820 ó 1821 el
Paraguay donde solicitó permiso para recorrer algunos yerbales,
pero, ante el temor que sus estudios pusieran en peligro al
monopolio que sobre la yerba mate ejercía el Paraguay, fue
tomado prisionero y confinado al interior del país, de donde
recién fue liberado en 1829 ante gestiones de Alejandro Humboldt
y del gobierno francés.
Fue
Federico Neumann en la Colonia "Nueva Germania" en el Paraguay,
al margen del río Aguaray Guazú, quien luego de muchos años de
fracasados intentos logró obtener la germinación de semillas de
yerba mate en 1896, obteniendo por primera vez en 1901, después
del esplendor de la época jesuítica, un producto elaborado con
yerba mate de cultivo.
Muv poco después, en 1903, se realizó la primera plantación
racional y de importancia, en San Ignacio, Misiones,
precisamente en la región donde venerables ruinas jesuíticas
recuerdan los tiempos del esplendor de esas tierras.
Tras los ensayos y tanteos iniciales, a partir del año 1911
comienza a expandirse el cultivo.
Fomentado oficialmente mediante el otorgamiento de tierras
fiscales. condicionadas a la obligación de plantar, según fuera
la extensión del predio, de un 20 al 75 % de la superficie con
yerba mate, se espande rápidamente el cultivo hasta alcanzar en
el año 1935 una superficie de unas 66.000 hectáreas deteniéndose
su expansión al sancionarse la Ley 12.236 que con el propósito
de adecuar el volumen de la producción a las posibilidades de su
colocación en el mercado interno, prohibió tácitamente la
realización de nuevas plantaciones, al establecer un impuesto de
cuatro pesos moneda nacional por toda nueva unidad que se
incorporase al yerbal aumentando el número de las existentes al
sancionarse la Ley.
Años más tarde, 1953, ante la evidente decadencia de las
plantaciones, se autorizó oficialmente la ampliación del
cultivo, libre de impuesto, en 35.000 hectáreas, de las cuales
se plantaron únicamente unas 18.000 Hs.
Es así que a fines del año 1957 se liberó del impuesto que
establecía la citada Ley en general y sin discriminaciones, la
ampliación de los cultivos existentes hasta una superficie de 15
hectáreas y la realización de nuevos yerbales hasta ese límite.
Esa liberación de impuesto que rigió por el año 1958 para la
zona de tierras de campo y hasta fines de 1959 para los de
monte, atento a los mayores trabajos culturales y técnica de
implantación que requiere la realización de plantaciones en esta
última zona (desmonte. rosado, destroncado, etc.) se concretó
con la implantación de unas 65.000 hectáreas. estimándose en la
actualidad entre unas 130.000 a 140.000 hectáreas, la superficie
cultivada de yerbales en productividad, distribuidas entre unos
14.000 productores.
Orígen
El origen de la yerba mate, como tantos otros productos
naturales, de indiscutido beneficio para la humanidad, se halla
nimbado de numerosas y emotivas leyendas, de las cuales se
transcriben varias en este sitio.
Esas leyendas, ritos y tabúes. legadas de padres a hijos, reglan
aún hoy la labor cotidiana del autóctono cosechero de yerba
mate.
En recuerdo a ellos, tariferos, urúes y guainos, a cuyos
antepasados debemos la tradición de la elaboración y consumo de
la yerba mate, y en recuerdo también de los pioneros que con
ingentes esfuerzos reiniciaron en cultivo en nuestro País,
fuente de riqueza de uno de los rincones más hermosos de nuestra
tierra, iniciamos esta breve reseña sobre la yerba mate con una
de ellas, la leyenda de la Caá-Yarîi, Diosa protectora de la
yerba mate, que el escribano don Aníbal Cambas, presidente de la
.Junta de Estudios Históricos de Misiones, en su libro "Leyendas
Misioneras" relata así:
Cuenta la leyenda que una de las tribus que habíase detenido en
las laderas de las sierras donde tienen sus fuentes el Tabay.
Dejó después de breve estada el lugar, y siguió su marcha a
través de las frondas. Un viejo indio, agobiado por el Peso de
los años, no pudo seguir a los que partieron obedeciendo el
espíritu errante de la raza, quedando en el refugio de la selva
en compañía de su hija, la hermosa Yarîi. Una tarde. cuando el
sol desde el otro lado de las sierras se despedía con sus
últimos fulgores, llegó hasta la humilde vivienda un extraño
personaje, que por el color de su piel y por su rara
indumentaria. no parecía ser oriundo de esos lares.
Arrimó el viejito del rancho un acutí (1) al fuego. y ofreció su
sabrosa carne al desconocido visitante. El más preciado plato de
los guaraníes, el tambú (2), brindó también el dueño de casa a
su huésped
Al recibir tan cálidas demostraciones de hospitalidad, quiso el
visitante, que no era otro que un enviarlo de Tupá (3),
recompensar a los generosos moradores de la vivienda.
proporcionándoles el medio para que pudieran siempre ofrecer
generoso agasajo a sus huéspedes, y para aliviar también las
largas horas de soledad, en el escondido refugio situado en la
cabecera del hermoso arroyo.
E hizo brotar una nueva planta en la selva, nombrando a Yarîi,
Diosa protectora, y a su padre, custodia de la misma,
enseñándoles a "sapecar" sus ramas al fuego, y a preparar la
amarga y exquisita infusión, que constituiría la delicia de
todos los visitantes de los hogares misioneros.
Y bajo la tierna protección de la joven, que fue desde entonces
la CaáYarîi (4) y bajo la severa vigilancia del viejo indio, que
fue el CaáYará (5), crece lozana y hermosa la nueva planta, con
cuyas hojas y tallos se prepara el mate, que es hoy genuina
expresión de la hospitalidad.
La imagen da la Diosa ha sido esculpida por la naturaleza como
símbolo imperecedero, en una roca de las imponentes Cataratas
del Iguazú desde donde, en el centro geográfico mismo de su
limitado reino, sigue esparciendo sus gracias y bondades sobre
la planta que tutela.
1 Acuti, roedor regional.
2 Gusano de carne blanca y abundante, criado por el Guaraní en
los troncos del pindó, que no solo proporciona su abundante
carne, sino también un aceite muy codiciado, con él curaban
algunos males, apuraban las digestiones y se precavían de los
innumerables insectos de la selva.
3 Dios del bien.
4 y 5 Dioses protectores del Yerbal.
Descripción de la
planta -
Nidia Cobiella
Científicamente se conoció la planta de yerba mate en Europa desde
principios del siglo XIX con la denominación de "Ilex theazans" dada por
Bonpland en 1821, en tanto que Saint Hilaire. en 1822, denominó "Iles
paraguariensis" en las "Memoires du Museúm d'Histoire naturale" ó en su
"Histoire des plantes plus remarquables du Brasil et du Paraguay" (1824)
a la planta de yerba mate que encontrara en Curityba, usando esta
denominación de especie en razón de que los antiguos historiadores
españoles usaban para el adjetivo "paraguayo" la palabra latina "paraguariensis".
Tal denominación ha
prevalecido sobre las de "Ilex paraguayensis", "Ilex Mate". "Ilex
paraguensis Lambert", "Ilex paraguaiensis Unger", "Ilex Curitibensis" y
muchísimas otras con las que se le ha descripto.
Pertenece la yerba mate a
la clase de las dicotiledóneas, diapétales corolianas, familia de las
Aquifoliáceas, del género Ilex que comprende casi toda la familia (175
de las 181 especies) dispersas en toda Sudamérica.
Planta originaria de la
América del Sur, abunda en estado silvestre y en plantaciones
cultivadas.
Por lo general en el
cultivo y explotación racional, por razones prácticas. se mantiene su
altura entre unos 3 a 6 metros presentando un corto tronco que se
ramifica a escasa altura del suelo,-adquiriendo así, por sucesivas
podas,- el aspecto de un pequeño arbusto.
En estado silvestre. en
cambio, donde necesita unos 30 años para su desarrollo completo, alcanza
alturas de hasta 12-16 metros, formando un majestuoso árbol, cargado de
hojas, de tronco recto de hasta 50-70 centímetros de diámetro, de
corteza lisa y color grisáceo-ceniciento.
Sus hojas perduran en la
planta unos tres años. son alternas coráceas, de forma cuneiforme,
ovales o elípticas, con borde ligeramente dentado. Sus dimensiones
difieren según las variedades, entre 5 a 10 y 15 centímetros de largo
por 2 a 5 de ancho, más o menos.
En estado de plena madurez
son espesas, duras y lucientes como enceradas. de color verde más
intenso en su cara superior que en la inferior presentando un corto
pecíolo de color claro verdoso, a veces ligeramente rosado.
Su nervadura central y
secundaria, se destaca netamente por su color amarillo verdoso en la
cara superior de la lámina foliar, y por ser muy salientes en la cara
inferior.
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Flor y
Pimpollo |
La floración, que tiene
lugar entre los meses de octubre a diciembre, de tipo racimoso, en forma
de falsas panojas, desarrollándose en las axilas de las hojas y en la
base de las ramitas en número de 40 a 50 flores por racimo.
Sus flores son muy
pequeñas, polígamas, diocas, con cáliz y corola de constitución
tetrámera, aún cuando suelen encontrarse, sobre un mismo pie, ejemplares
con 5 pétalos, con nervadura central y terminadas en punta, de color
blanquecino o pálido verdoso, con igual número de estambres (4 o 5)
ubicados entre los intervalos de éstos, presentando, según sea su
género, un gineceo normal o atrófico.
Después de la fecundación
se desarrollan los frutos que consisten en una pequeña baya de unos
siete milímetros de diámetro, que madura entre los meses de enero a
marzo, adquiriendo un color azul oscuro o negro violáceo y coronado por
un pequeño estigma más o menos saliente.
Cada fruto que desecado
tiene el aspecto de un grano de pimienta, contiene generalmente de 4 a 8
semillitas de color amarillo pálido, ligeramente rugosas, dispuestas
como segmentos de naranja.
La raíz, do color marrón,
es de tipo pivotante, con raíces secundarías que se insinúan en el mismo
sentido.
La epidermis superior de
la lámina foliar se halla formada por células de contornos poligonales,
de ángulos redondeados, con abundantes estrías cutículares, No presenta
nunca estomas ni pelos.
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Fruto de la
Yerba Mate |
La epidermis de la cara
inferior, también constituida por células poligonales estriadas,
presenta en cambio dos tipos de estomas. Los unos pequeños y abundantes,
muy similares a los que se observan en las hojas del té (Thea assámíca)
y otros, de mayor tamaño, muy raros, al punto de que la frecuencia de
estos suele ser revelador, en el producto elaborado sometido a análisis,
de la presencia de algún adulterante.
Lea células estomáticas se
introducen en forma de cuña papìliforme entre las células epiteliales,
formando un pequeño ostiolo respiratorio. Debajo de la epidermis
superior se encuentran células parenquimatosas en empalizada, en
variable cantidad de capas. Sigue luego el tejido parenquimatoso
esponjoso que asienta sobre la epidermis inferior.
Centralmente se halla
surcado por el haz de tubos y vasos cribosos de la nervadura central
que, en la hoja madura se halla por lo general rodeado de un anillo
esclerenquimatoso, fuera del cual se observan numerosos cristales de
oxalato de calcio.
En las ramitas se observan
las siete capas histológicamente comunes a todas las dicotiledóneas:
-
Epidermis con estomas.
-
Parénquima
clorofiliano con algunas células esclerenquimatosas.
-
Suber
-
Feloderma.
-
Zona generatriz líbero
leñosa.
-
Leña, constituida por
vasos y tubos leñosos y parénquima.
-
Médula, que en la
planta de yerba mate se halla desarrollada y constítuida por células
cilíndricas y poliédricas.
La semilla presenta tres
cantos bien definidos, reforzados por una doble costilla longitudinal de
finas fibras y su segmento se halla surcado por finísimas estrías
entrecruzadas en todos los sentidos.
Sigue a esta envoltura
exterior esclerenquimatosa una delgada capa celular interna con restos
de un haz de tubos cribosos.
E1 tegumento interno
envuelve a un pequeño endosperma y la radícula germinativa orientada
paralelamente al hilo.
Constituida así la semilla
en un 80 % de tegumentos y sólo el pequeño resto por el endosperma y la
radícula, no es de extrañar su muy dificultosa germinación.
COMPOSICIÓN DE LA YERBA MATE
La verba mate ha sido
analizada multitud de veces, no obstante lo cual se sabe muy poco. hasta
el presente, sobre la influencia que en su composición tiene la región
de origen, su carácter de planta silvestre o de cultivo, su pureza, los
métodos de elaboración, etc.
Las primeras
investigaciones analíticas se deben a Trommsdorf (1836) y Stenhouse
(1843) a los que se sumaron luego muchísimos otros investigadores, que
aportan cifras más o menos similares, debiendo atribuirse las ligeras
diferencias existentes a la diversidad del material analizado.
Walter Hauschild, sobre
ocho muestras de producto de cultivo, cosechado en Santo Pipó (Misiones)
consigna los siguientes valores:
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% |
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Extracto
acuoso de las hojas |
36,1 |
46 |
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Extracto
etéreo |
5,57 |
9,10 |
|
Extracto
alcohólico |
24,10 |
39,70 |
|
Azúcar total |
7,4 |
11,35 |
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Sacarosa |
3,6 |
6,9 |
|
Azúcar
reducida directamente |
1,8 |
4,5 |
|
Nitrógeno |
1,85 |
2,60 |
|
Cafeína |
0,97 |
1,79 |
|
Sustancias
curtientes |
7,55 |
11 |
|
Celulosa |
22,10 |
Tº Mº |
|
Cenizas |
5,07 |
6,60 |
|
Cenizas de
extracto acuoso |
2,15 |
3,34 |
En la ceniza residual, que
varía entre un 4.8 al 8,7 %, comprobó, entre otras, la presencia de: Si
O2, CaO, MgO, Mn3 O4 y Fe2O2
Otros análisis han
revelado la existencia de vitaminas A, B1, B2 y C.
Su cultivo
CONDICIONES VEGETATIVAS Y CULTIVO
bullet Región de origen, suelo y clima
El área de distribución natural de la planta de yerba mate es muy
restringida, encontrándosela en estado silvestre o en plantaciones
cultivadas en la zona delimitada por el Este por el Océano Atlántico y
al Oeste por el río Paraguay entre los 18 y 30 grados de latitud sur.
Planta típica da la cuenca del Alto Paraná, Alto Uruguay y algunos
afluentes del río Paraguay; los ensayos efectuados en regiones de igual
clima, en América del Norte, África y Asia han fracasado hasta el
presente.
Suele encontrársela rebasando aisladamente hacia el norte esta zona,
entre ejemplares de araucarias brasiliana, pero recién alcanza a formar
"manchones" y montes cerrados en las latitudes más australes.
Como planta subtropical o tropical, requiere elevadas temperaturas,
mucha humedad en la tierra y el ambiente, condiciones que poseen las
zonas bañadas por el Alto Paraná, con abundancia de macizos boscosos y
cursos de agua abundantes como para satisfacer las exigencias de esto
cultivo, que necesita unos 1.500 milímetros de lluvia anuales, con
caídas frecuentes en los meses de septiembre a febrero.
La temperatura media de la zona yerbatera oscila entre los 15,5 25,5
grados centígrados, estimándose la óptima para el cultivo entra 20 - 23º
C. como media anual. Pero, planta noble por excelencia, soporta heladas
ocasionales de hasta -8º C. siempre que no haya sido despojada de sus
hojas.
Prospera notablemente en los suelos areno-arcillosos y arcillo-arenosos,
ricos en ácido fosfórico, potasio y hierro, donde las aguas no se
estanquen y el subsuelo sea permeable, prefiriendo los suelos profundos
y frescos.
Las tierras coloradas de Misiones, cargadas de óxido de hierro,
conocidas como lateríticas, son las que se consideran las mejores,
habida cuenta del desarrollo que la yerba mate adquiere sobre este tipo
de suelo.
bullet El cultivo
En la peculiar constitución anatómica de la semilla y particularmente si
éstas no son frescas, radican las dificultadas de su germinación.
Precisamente la carencia de semillas frescas que debían traerse de
largas distancias, fueron causal de los fracasos y desalientos iniciales
de los pioneros de su cultivo, Tanto fue así que se consideraba como
incuestionable que, siendo una planta esencialmente selvática, sólo
germinaba y prosperaba en su hábitat natural y dio pie para que la
población autóctona, en su mente infantil, afirmara que desde la
expulsión de los jesuitas una maldición pesaba sobre la planta.
impidiendo su propagación artificial.
Sometíanse las semillas a baños de lejías y cáusticos a hacíanse pasar,
previo a su siembra. por el tracto intestinal de algunas gallináceas.
Hoy la formación de almácigos ha dejado de ser un problema. Semillas
frescas, obtenidas de frutos maduros, quebradas y remojadas por algunas
horas en agua, lavadas y limpias del hollejo y la pulpa mucilaginosa,
una vez secas y sembradas al voleo entre los meses de marzo-abril, en
platabandas de tierra vegetal y recubiertas luego por un ligero mantillo
de buena tierra vegetal, liviana, con abundante riego y buen cuidado;
germinan y brotan entre los 30 a 60 días.
Cuando la plantita de almácigo -protegida adecuadamente bajo carpas
móviles de arpilleras- alcanza a tener 4 o 5 hojitas, se las lleva al
vivero, extrayéndolas con un poco de tierra. Esta tarea suele hacerse
también mediante el uso de macetitas de barro crudo o cilindros de
laminillas de madera, donde se las mantienen durante nueve meses a un
año a media sombra y bien regadas hasta el momento de su traslado al
lugar definitivo.
En los primeros cultivos se llevaba la planta de vivero -una vez
alcanzados unos 30 a 80 ctm. de alto- a los hoyos preparados
adecuadamente y distribuidos uniformemente, en cuadrilátero o
tresbolillo, a distancias variables entre 3 x 3 a 3,5 x 3,5 o más metros
entre plantas y filas.
Al autorizarse en el año 1953 la renovación y ampliación de los
cultivos, por resolución del Ministerio de Agricultura y Ganadería de la
Nación, se dispuso la obligatoriedad de efectuar las plantaciones -con
un máximo de hasta 1000 plantas por hectárea- en "curvas de nivel" a
efectos de precaver los cultivos de la intensa erosión hídrica, notable
en Misiones en razón de sus tierras onduladas, sometidas a frecuentes
lluvias torrenciales.
Con ello se modificó simultáneamente la forma de plantación que, con
frecuencia se realizó sin la preparación de hoyos, colocando la plantita
directamente en la tierra, bien trabajada, en surcos adecuados a las
curvas trazadas conforme al declive del terreno.
Durante los primeros tiempos, mediante "aripucas" (pirámides construidas
con astillas de maderas, entrecruzadas) "ponchos" o "pantallas" de paja
brava, o "estacas", abiertas hacia el norte, se protege a la plantita
del frío, viento e insolación.
En el período de su arraigo, un año aproximadamente. se reponen las
fallas y mantienen limpias de malezas por sucesivos carpidos, en tanto
que en los años siguientes se procede, mediante poda, a dar forma
adecuada a la futura planta.
De estas podas dependerá luego una buena cosecha por lo que se trata de
obtener una planta de escasa altura y gran copa, que permita una buena
luminosidad y facilite el acceso y labor del cosechero.
Las plantaciones de yerba mate, que no se hallan exentas de algunas
enfermedades y plagas -hormigas. metaphalara, cochinillas, chicharras.
taladros, etc: requiere, para su buena conservación, numerosos trabajos
culturales anuales, que se adecuan a las necesidades y características
de la plantación y terreno, consistentes en "podas de limpieza",
carpidas, aradas y disqueadas, macheteadas, etc; tareas que en la
actualidad han sido tecnificadas.
Sapecado
Cosecha y elaboración
Corte y quiebra
Consiste la cosecha en el
cuidadoso corte de las ramas, cargadas de hojas, mediante tijera,
machete o serrucho, según lo requiera el grosor de las ramas a cortar.
La primera cosecha de muy
escaso rendimiento suele realizarse entre el 4º y 5º año de
implantación. Si bien ésta se realiza anualmente en los yerbales de
cultivo -aconsejándose no despojar totalmente a las plantas en los
yerbales silvestres, en razón de cortarse ramas primarias o secundarias
muy gruesas, la cosecha se efectúa cada tres años, siendo obligatorio
mantener en la planta una así llamada "banderola", es decir, las ramas
centrales altas.
La cosecha se efectúa
preferentemente entre los meses de mayo a octubre, cuando la planta ha
detenido la circulación de su savia y en que cuenta con un mayor
porcentaje de hojas maduras.
En los yerbales de
cultivo, cosechadas las ramas, se procede a la "quiebra" eliminando las
más gruesas y se separan en una operación, conocida como "viruteo", las
hojas aisladas. Las ramas ya quebradas, tarea que se realiza a efectos
de facilitar su transporte y posterior elaboración, se acondicionan,
sobre amplios lienzos de arpillera "conocidos en la jerga yerbatera como
ponchadas"- las que, recogidas y atados sus cuatro extremos, constituyen
el "raído".
En tiempos idos, el "tarifero",
denominación con que en razón de la modalidad retributiva imperante se
conoce al "cosechero", transportaba los raídos, cargándolos sobre sus
espaldas y sosteniéndolo mediante unas correas de cuero que, circundando
al mismo, apoyaba sobre su frente.
En circunstancias
climáticas favorables, una buena plantación puede dar por planta, unos
20 a 25 kilogramos de hoja "verde", rendimiento que varía según la edad
de la plantación y su zona de implantación. En este último sentido un
buen yerbal de monte prácticamente duplica la producción de los
implantados en tierras de campo.
La elaboración de las
hojas, que comprende el "sapecado", el "secado o secanza" y el
"canchado", debe iniciarse dentro de las 24 horas de cosechadas, con el
fin de evitar su fermentación y con ello, su inutilización y pérdida.
Cuenta la zona productora
con unas 1700 instalaciones para la elaboración de yerba mate. En una
tercera parte de éstas se elabora únicamente la producción propia en
tanto que en las restantes, se la efectúa también por cuenta de
terceros, incluyendo frecuentemente en la tarea la
cosecha del yerbal, cuando
no el acopio dilecto de la producción "en planta".
Consiste el sapecado en la
exposición de !as hojas, en un proceso
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Sapecado
a mano |
primario y rápido -20 a
30 segundos- a la acción directa de un fuego vivo que al formar vapor de
agua en el parénquima foliar mata al protoplasma, destruye los fermentos
y previa formación de pequeñas ampollas, raja la epidermis de la hoja
con un ligero crepitar.
A esta última
circunstancia se atribuye por otra parte el origen de! término "sapecar"
ya que en idioma guaraní "sa" o "za" significa "ojo", "peca" o "mbecá",
a su vez, "abrir".
Con la destrucción de los
fermentos, se impide la oxidación de las sustancias tánicas contenidas
en la hoja, asegurando la conservación de su color verde. Según algunos
autores, durante el sapecado la yerba mate adquiere su característico
aroma -que se atribuye a un aceite etéreo-- con pérdida del sabor a hoja
verde o tisana.
En los yerbales silvestres
esta operación se efectuaba pasando las ramas a mano, sobre una llama
viva, por cuyo motivo la operación de "quiebra" se realizaba recién
después del "sapecado".
El
los yerbales de cultivo, centralizada la producción en las cercanías de
las instalaciones, se procedió a la mecanización del sapecado.
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Primeras
Sapecadoras |
Consistieron las primeras
"sapecadoras" en un cilindro de alambre tejido de unos 2 y 1/2 metros de
largo y unos 70 a 80 centímetros de diámetro, con armazón de varillas de
hierro, el que -montado sobre un eje inclinado en unos 20 o 25 grados,
se hacía girar la manivela sobre un fuego abierto. Esta tarea era
realizada por un "horquillero", un "manijero", un "fogista" y un "guaino",
siendo este último el encargado de arrastrar sobre amplios cueros, las
hojas sopecadas, al secadero.
Introducidas las hojas por
la boca superior mediante una horquilla, quedaban expuestas a la acción
directa del fuego durante su recorrido descendente hacia la boca de
salida.
Si bien con el tiempo se
introdujeron modificaciones tendientes a obtener un mejor
aprovechamiento del calor, acondicionando el tambor de alambre entre dos
paredes de ladrillo, y luego reemplazando a aquél por un cilindro de
chapa, igualmente, esas máquinas primeras han caído en desuso.
Aparecieron máquinas más
perfeccionadas, y se fueron utilizando cilindros o conos truncados, de
hierro, planos inclinados, hornallas, cintas transportadoras, para la
realización de la elaboración de la yerba mate, y las hojas sopecadas
son llevadas mediante las cintas transportadoras a una planchada de
enfriamiento o directamente al secadero.
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Esquema de una
Sapecadora Mecánica |
El secado
Dentro de las 24 horas
siguientes al sapecado, la hoja debe ser sometida a un proceso de
secado y ligera torrefacción hasta reducir su contenido en humedad,
a aproximadamente un 5 a 6%, disminuyendo consecuentemente en peso
que, con relación a cada 100 kilogramos de hoja "verde" queda
reducido, según haya sido la madurez de las hojas cosechadas, a unos
23 kilogramos de yerba mate seca con un 5% de palitos.
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Esquema de
una secadora |
La secanza de la yerba
mate se efectúa mediante dos tipos de instalaciones que se
diferencian fundamentalmente en que, el uno, denominado "carijo",
actúa mediante la acción de un fuego directo, en tanto que el otro,
conocido como "barbacuá" funciona a calor indirecto.
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Esquema
de un "Carijo" |
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El "carijo", tipo de
instalación cuyo uso en Argentina prohíbe expresamente el
"Reglamento de Cosecha y Elaboración", consiste en una parrilla
primitiva construida de varillas de madera sobre la cual se esparcen
o cuelgan las ramas de yerba mate, ya sapecadas, las que se secan
por acción directa del fuego encendido debajo.
Las yerbas secadas por
este sistema, expuestas directamente durante horas, al humo de la
fogata del que se impregna totalmente, adquiere un característico
olor y sabor a humo.
Aunque está en desuso
este sistema, en algunas zonas sudamericanas suelen utilizarlo.
En Paraguay se solía
usar un adminículo un tanto similar, el "mbatovi", término que en
guaraní significa "montón de hojas".
El "barbacuá" (del
guaraní "mbarambacuá", que significa "montón de casa tostada")
consiste en una parrilla circular o elíptica, de unos 7 metros de
diámetro, hecha con varillas de maderas y tacuaras, en forma de una
gran cúpula sostenida perimetralmente por columnas ("tambos") de
1,20 a 1.80 metros de altura, y rodeado de una barandilla ("cambaraí")
para evitar el deslizamiento de la carga de hojas.
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Esquema
de un "Barbacuá" |
A unos 12 metros del
centro de la parrilla, se halla una hornalla, la que se comunica con
el centro de la parrilla mediante un túnel (el "conducto") que se
inicia con un diámetro de más o menos un metro y termina con unos 80
cm. a la salida, debajo de la cúpula, en forma de una chimenea, con
campana protectora contra chispas.
Toda la instalación, a
efectos de un mejor aprovechamiento del calor, se halla en el
interior de una construcción de madera o ladrillos, cuyo techo
presenta un típico capuchón ventilador.
La yerba "sapecada" se
extiende sobre la parrilla en capas de 30 a 40 centímetros de
espesor donde queda expuesta a una corriente de aire y gases, a una
temperatura de 90 a 100º C. Cuando la "camada" inferior comienza a
secarse, adquiriendo una consistencia quebradiza, el maestro secador
-conocido en la jerga yerbatera come "urú", la remueve y recuesta
sobre la barandilla lateral, el cambaraí, operación que se repite
hasta colmar la capacidad del barbacuá, que es de unos 2.000
kilogramos de producto seco.
Secada la yerba, se
apaga la hornalla dejando que se enfríe lentamente. Esta operación
se realiza en el término de entre 12 y 24 horas.
Posteriormente se
fueron usando máquinas más modernas para realizar esta operación de
secado, que se realizó posteriormente a "catre" y a "cintas" con
cargas y descargas automatizadas.
El canchado
Secada la yerba, con el fin de facilitar su embolsado
y transporte, se somete a un grosero proceso de trituración,
fraccionándolo en pedazos más o menos pequeños, y por lo general no
mayor de un centímetro cuadrado.
Primitivamente se realizaba esta
operación esparciendo la yerba sobre un lugar plano, recubierto de
arpilleras, a las que denominaban "canchas", de allí deriva este
término de "canchado". Era una operación similar a la primitiva
trilla del trigo, mediante espadones o machetes de madera dura, que
desmenuzaba manualmente.
Otro paso hacia la mecanización fue
la canchadora a cono dentado, una especie de noria a tracción a
sangre.
Estos métodos tradicionales fueron
suplantados por las canchadoras mecánicas, las que a la vez producen
la dispersión de gran cantidad de polvo.
Después de canchada, la yerba se
estaciona, embolsándola en bolsas de arpillera durante un período
mínimo de nueve meses.
La molienda
La yerba mate canchada y estacionada es la materia prima que los
industriales molineros, mediante sucesivas operaciones de
trituración, zarandeo y mezclas, adecuan al uso de cada región.
Seleccionada la materia prima según
su origen y características particulares y observación directa sobre
cintas transportadoras, se se la pasa por una zaranda circular de
alambre, conocida como "zaranda de limpieza" para la eliminación de
posibles cuerpos extraños, palos y ramas excesivamente gruesas.
Seguidamente, en un zarandeo primario de clasificación, se separan
las hojas muy grandes y el palo.
Estas hojas se someten a una
trituración más o menos intensa en un molino o bien en el "trapiche"
(tanque de hierro en el que giran dos pesados rodillos de hierro, de
forma cónica truncada y superficie estriada) para luego ser
zarandeadas nuevamente. Úsanse al efecto cernidores rotativos
prismáticos hexagonales o bien "plansichters", es decir, zarandas
vibradoras, obteniéndose, de acuerdo a su mayor o menor grado de
trituración, las distintas "telas" clasificadas en "goma", "polvo",
"fibra" y hoja de distinto grano, las que se almacenan en silos
especiales conocidas como "percheles".
Finalizada la clasificación se
procede a su mezcla en distintas proporciones, según calidad,
origen, sabor, grado de molienda, etc. con agregado o no de "palos",
cortados previamente en trozos uniformes mediante un 'corta palos".
Se elaboran así dos tipos bien
definidos en su molienda, la integral, vale decir, con contenido de
fibra y palos, denominada de "tipo paraguayo" y la molienda "sin
palos ni fibra" de "tipo argentino".
Ambas denominaciones han sido
prohibidas oficialmente con el fin de evitar equívocos en cuanto al
origen del producto y suplantados por las de tipo "con palos" y "sin
palos" respectivamente.
En nuestro país, el consumo de estos
dos tipos de molienda se halla más o menos definido. Mientras que la
yerba molida tipo "con palos" se consume preferentemente en la
Capital Federal y sus alrededores, parte del litoral, y el norte del
país, en el resto se consume por lo general yerba mate "sin palos".
Existen igualmente preferencias en cuanto al grado da trituración,
imperando la "molienda fina" en parte del Litoral, Norte y Sur de
nuestro país.
Antiguamente la yerba mate molida se
envasaba en zurrones y tercios de cuero crudo fresco que, al
secarse, la prensaba fuertemente.
Prohibido tal antihigiénico sistema
de envasado, fue suplantado ventajosamente por cilindros de
arpillera de yute, latas y barricas, en las que la yerba se
comprimía mediante prensas hidráulicas.
Estos tipos de envasamiento han caído
en desuso, desalojados por modernas, rápidas e higiénicas máquinas
envasadoras automáticas o semiautomáticas, aun cuando la industria
molinera radicada en la zona productora suele presentarla,
excepcionalmente, fuertemente prensada ("atacada") en pequeñas
bolsas de tela conocidas como "sobornales".
Nuestro Código Bromatológico define a
la yerba mate como el producto formado por las hojas del "Ilex
paraguariensis" (Saint Hilaire) desecadas, ligeramente tostadas,
rotas o groseramente pulverizadas, a veces con fragmentos de ramas
secas jóvenes, pecíolos y pedúnculos florales. Establece el
Reglamento Industrial que la yerba mate, para ser considerada apta
para al consumo, deberá presentar las siguientes características:
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Contener menos del once por
ciento (11 %) de humedad, encontrarse en buen estado de
conservación y no contener sustancias nocivas o extrañas.
-
Contener menos del nueve por
ciento (9 %) de cenizas totales.
-
Contener menos del uno y medio
por ciento de cenizas insolubles al ácido clorhídrico al diez
por ciento (10 %).
-
Contener un mínimo del ochenta y
cinco por ciento [85 %) de hojas desecadas, rotas o
pulverizadas. El contenido de fragmentos de ramas secas jóvenes,
palos enteros o groseramente triturados, pecíolos y pedúnculos,
no podrá ser superior al quince por ciento (15 %) en cuyo
porcentaje no se tolerará más de una tercera parte de ramas
secas (palos) que queden sobre la zaranda de tamiz, cuyas
perforaciones tengan una luz de 2,5 de ancho por un largo mínimo
de 70 milímetros.
El Reglamento Alimentario, por su
parte, para considerarla apta para el consumo exige además que debe
contener más del 0,6 por ciento (en sustancia seca) de cafeína y un
extracto acuoso superior al 25%.
Si bien numéricamente la mayor parte
de las industrias molineras se hallan radicada en la zona de
producción, dedicándose por lo general a la elaboración de su propia
producción de yerba mate, el 80 % de la molienda y comercialización
se halla localizada en Buenos Aires y Rosario.
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