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¿Qué es la deuda externa?
Javier Mencos Arraiza

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Las consecuencias que tiene la deuda en las condiciones de vida de los sectores más pobres convierten esta materia en una de las principales cuestiones del desarrollo. Asimismo este año estamos asistiendo al renacimiento del debate sobre la deuda derivado de la campaña que, alentada por varias ONG del Reino Unido se ha extendido por numerosos países, entre ellos España.

Qué es la deuda externa

El término se refiere al dinero que deben los Estados como sujetos. Los acreedores pueden ser otros países, entidades privadas, o instituciones financieras multilaterales. Gran parte de los préstamos tienen su origen en la década de los setenta, y se destinan a países que se encuentran en diferentes niveles de pobreza y desestructuración.

Las condiciones en que se produjeron estos préstamos, el uso que se dio al dinero, los programas de ajuste impuestos por el Fondo Monetario Internacional (FMI) entre otros factores, llevaron a una situación de crisis todavía no resuelta. Los países deudores no pueden reducir el importe de sus deudas sin pagar el alto coste que supone renunciar a invertir en los sectores básicos de su propio desarrollo.

Origen de la deuda

El déficit fiscal de EEUU en los años sesenta, originó una fuerte devaluación del dólar. Este hecho supuso un revés para los principales países productores de petróleo, ya que el precio estaba fijado en dólares, disminuyendo así el valor de sus exportaciones. En 1973 los países productores decidieron multiplicar el precio del crudo. Al ser un producto básico la demanda se mantuvo y estos países recibieron cantidades enormes de dinero que depositaron en los bancos de Occidente.

Esta circunstancia fue decisiva en el comienzo del problema. Los tipos de interés se desplomaron y los bancos tuvieron que hacer frente a la situación de crisis financiera internacional. Había mucho dinero que tenía que ser prestado para poder obtener rentabilidad del mismo y sólo los países del Sur, con carencias estructurales, aceptaron esos préstamos para mantener el modelo de desarrollo y hacer frente al incremento del precio del petróleo.

Los bancos adoptaron una política crediticia irresponsable ya que no tomaron las precauciones sobre la posibilidad de impago, despreocupándose de la ejecución de los proyectos para los que se solicitaba el dinero. Por su parte los gobernantes de los países del Sur no cesaban de aceptar los atractivos créditos. Los préstamos tenían tipos de interés variables, en una situación de inflación alta, lo que hacía que hubiera un tipo de interés real bajo (3-7%).

Los gobiernos de los países del Sur destinaron una gran cantidad de estos préstamos a fines improductivos. Se calcula que una quinta parte se dedicó a armas, a menudo para sostener regímenes opresores. Alrededor de un quinto del total de la deuda tiene su origen en créditos concedidos en periodos de dictaduras. Dictadores como Mobutu, Marcos, Hassan II, o Suharto recibieron grandes sumas a pesar de ser conocidas las violaciones de los derechos humanos, el funcionamiento corrupto de sus gobiernos y el uso personal de buena parte de los préstamos. Sólo una parte pequeña del dinero se destinó al desarrollo del país y benefició a los sectores más necesitados.

En el comienzo de los años ochenta los tipos de interés de los créditos subieron, empujados por el crecimiento de éstos en los EEUU (a consecuencia del déficit fiscal). Paralelamente se incrementó de nuevo el precio del petróleo y cayeron los precios de los productos agrícolas en los que los países del Sur basaban sus exportaciones. Como consecuencia estos países estaban recibiendo menos dinero que antes por sus exportaciones y pagando más que nunca por los préstamos y por las importaciones. Para poder afrontar esta situación tuvieron que pedir nuevos préstamos.

Cuando México advirtió en 1982 que el volumen de su deuda resultaba impagable, todo el sistema de crédito internacional quedó amenazado. La situación se podía extender a otros países. Los bancos de EEUU y de Europa no querían perder la enorme cantidad de dinero que habían prestado y se asociaron para defender mejor sus intereses. En su objetivo de renegociar las deudas recibieron el apoyo del FMI.

A partir de entonces las concesiones de nuevos préstamos llevaron aparejadas condiciones, que se centraban no en la ejecución de la finalidad para la que se solicitaba el préstamo o en la orientación del proyecto al desarrollo del país, sino en la sostenibilidad económica del Estado, con el fin de que fuera capaz de devolver la deuda. Los gobiernos deudores desde entonces tienen que aceptar que se impongan programas muy estrictos económicamente antes de renegociar sus deudas o pedir prestado más dinero. Las consecuencias macroeconómicas de estas medidas, conocidas como programas de ajuste estructural, han sido en general positivas, pero al mismo tiempo han ocasionado un fuerte desequilibrio social, empeorándose las condiciones laborales y aumentando la pobreza y la desigualdad.

Responsables de la deuda

El problema de la deuda es resultado de la actuación negligente de distintos actores:

  • Los bancos comerciales actuaron irresponsablemente al conceder los préstamos sin controlar la viabilidad de los proyectos para los que se solicitaban ni la capacidad de devolverlos.

  • Los Estados acreedores, por su parte, han supeditado el desarrollo del Sur a las fórmulas técnicas para facilitar a los acreedores el cobro de los créditos.

  • Con relación a la actuación de los Estados deudores hay que destacar los fatales efectos para estos países de las actuaciones de los gobernantes (adquiriendo en nombre del país préstamos excesivos y sin diseños realistas de la inversión para poder restituirlos). Además los gobiernos de los distintos países deudores actuaron, por motivos que no son ajenos a la división en bloques de la Guerra Fría, de forma descoordinada en la defensa de sus posturas, perdiendo así la capacidad de rentabilizar su papel, frente a la unidad de acción de los acreedores.

El importe de la deuda

No existe una cuantificación clara del total de la deuda de los países en desarrollo. La cantidad de la deuda en 1996 ascendía a 1,98 ó a 2,09 billones de dólares según se tomen los datos de la OCDE o del Banco Mundial, respectivamente.

Países a los que afecta

La deuda afectó de una manera especial a América Latina en la década de los años ochenta mientras que en los años noventa tiene una especial incidencia en África Subsahariana. La mayor parte de la deuda latinoamericana se concentra en países grandes, con una alta cantidad de deuda pero con economías sólidas, mientras que en África el volumen total de la deuda no es muy elevado pero sí lo es en términos relativos, por afectar a economías débiles y desestructuradas.

En África en conjunto uno de cada dos niños no va a la escuela. En este continente la cantidad que transfieren los gobiernos a los acreedores del Norte es cuatro veces mayor que lo que dedican a salud y educación de sus ciudadanos.

Consecuencias de la deuda

EN LOS PAÍSES EMPOBRECIDOS

El endeudamiento en un importante número de países ha llegado a un nivel tal, que exige que para el pago del servicio de la deuda se reduzcan gastos de otras áreas.

Los países más endeudados carecen de las infraestructuras y servicios sociales con los que mejorar las condiciones de vida de su gente. Son Estados en los que la situación de gran parte de la población hace que el gasto social sea imprescindible para el desarrollo del país. El esfuerzo de destinar importantes cantidades al pago de la deuda no logra reducir el importe total de ésta, que sigue creciendo a un ritmo de 20% anual, lo que convierte el problema de la deuda en un círculo vicioso, sin salida.

La deuda se ha convertido en una fuente de transferencia de recursos desde las comunidades que más los necesitan a los países desarrollados. La cantidad transferida, en bastantes ocasiones, supera o multiplica lo que reciben de estos mismos países como ayuda al desarrollo.

El pago de la deuda es también un obstáculo para que se alcance una estabilidad económica que permita convertir la economía del país en atractiva para la inversión privada extranjera. De este modo, los países empobrecidos, con la excepción de algunos países asiáticos y latinoamericanos, tienen que seguir dependiendo de la financiación concesional o a través de ayudas, ya que no disponen de un gasto público suficiente para garantizar siquiera la subsistencia de su población.

En el caso de las personas, existen unos límites a las acciones de ejecución para recuperar las deudas. De este modo, aunque el importe de la deuda sea alto, no llega nunca a afectar a las necesidades básicas del deudor. Este concepto no existe para los Estados en el Derecho Internacional. Cuando los países empobrecidos quedan profundamente endeudados, su economía se degrada profundamente.

Asimismo la deuda externa ha supuesto un fuerte trasvase de soberanía nacional de los países endeudados a las instituciones multilaterales, que reproduce los esquemas occidentales, al verse obligados a aceptar los programas de ajuste diseñados por estas instituciones. Este hecho también ha llevado a que tengan que olvidar las estrategias nacionalistas de desarrollo y las reivindicaciones de un Nuevo Orden Económico Internacional.

La deuda no es la única causa del origen de esta situación de empobrecimiento pero compromete los gastos de tal forma que se convierte en un obstáculo insalvable para acabar con la vulnerabilidad, al destinar la mayor parte de las divisas de las exportaciones al pago de la deuda, en lugar de invertirlas en el desarrollo local.

También son relevantes los efectos de división social que han tenido los préstamos y que siguen provocando los programas de ajuste. La deuda canalizó la mayor parte de los préstamos a una élite minoritaria, ya de por sí social y económicamente privilegiada.

EN LOS PAÍSES ENRIQUECIDOS

Los efectos devastadores de la deuda son más notables en los pueblos que viven en el Tercer Mundo, pero los países ricos acaban padeciendo también las consecuencias de esta situación.

Las principales consecuencias de la deuda en los países occidentales son las siguientes:

  • Destrucción del medio ambiente. Uso irracional de los recursos, utilización de los recursos comunes (océanos, atmósfera) y de los países del Sur como receptores de las basuras radioactivas y nucleares, destrucción de la capa de ozono, calentamiento del planeta, etc.

  • Tráfico de drogas prohibidas. Su volumen de negocios excede al del comercio de petróleo y está en segundo lugar después del comercio de armas. Los norteamericanos consumen en un año cuatro veces el equivalente a la deuda de Perú: 80.000 millones de dólares

  • Costes de los contribuyentes. Aumento de impuestos indirectos y los recortes a gastos públicos. Se encarece el nivel de vida y aumenta la pobreza

  • Pérdida de empleo y mercados debido a los planes de ajuste, con las consiguientes privatizaciones de empresas estatales. Hoy en día existen 18 millones de parados y 50 millones de pobres en Europa

  • Aumento de la inmigración con el consiguiente crecimiento de la pobreza y la exclusión social

  • Proliferación de conflictos armados. Actualmente acontecen alrededor de 30 conflictos armados, muchos de ellos no declarados. Son conflictos internos, en Estados con instituciones democráticas débiles o inexistentes.

  • Tráfico de armas. Es el primer negocio del mundo, por el volumen de dinero que mueve. Armamento ligero, adaptado a los conflictos actuales, que incorporan niños y jóvenes a los ejércitos. Proliferan las minas antipersonas.

Propuestas actuales

Durante los últimos años está creciendo la sensibilización sobre el problema de la deuda y las iniciativas para resolverlo Entre éstas destaca la campaña Jubileo2000.

Jubileo 2000

Destaca por su relevancia y actualidad esta iniciativa que ha reunido a grupos y personajes de todo el mundo solicitando que se comience el nuevo milenio liberando de la carga de la deuda a más de mil millones de personas. El objetivo es lograr la condonación de las deudas impagables de los países más pobres del mundo para el fin del año 2000. La iniciativa de Jubileo2000 cuenta con grupos organizados en más de 50 Estados. La campaña en España está organizada por Manos Unidas, Cáritas, Justicia y Paz y CONFER, bajo el lema Deuda Externa, ¿Deuda eterna?

Bibliografía

  • ATIENZA, Jaime; La deuda externa y los pueblos del Sur, Cáritas/ CONFER/Manos Unidas y Justicia y Paz, Madrid, 1998.

  • GEORGE, Susan; The debt boomerang, Ed. Pluto Press, Londres, 1992.

  • SANAHUJA, Jose Antonio; "Los programas de ajuste estructural", en El Sur, Médicus Mundi, junio 1999, pp 15-21

 


 

 

 

 

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