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Papeles nº 50 1994 - José Mª Tortosa
La pobreza es una bomba de relojería para la humanidad. A pesar de ello, expertos y organismos internacionales centran la mayor parte de sus análisis en aspectos fundamentalmente cuantitativos que poco o nada aportan acerca de las causas o los efectos de la misma. El artículo señala algunos elementos a tener en cuenta al abordar el nexo entre violencia y pobreza. De la interacción entre ambos factores surge una de las fuentes potenciales de conflicto en las relaciones Norte-Sur. La pobreza es, por tanto, una de las principales amenazas para la paz.

Fue Bertolt Brecht quien dijo que "en los países democráticos no se percibe la naturaleza violenta de la economía, mientras que en los países autoritarios lo que no se percibe es la naturaleza económica de la violencia". En ambos casos, violencia y economía tienen algún tipo de relación. Lo que aquí se pretende es indicar algunos puntos a tener en cuenta al afrontar el análisis del nexo entre violencia y un aspecto particular de la economía que es la pobreza. El análisis se inserta además en un enfoque que entiende la paz como algo más que la ausencia de guerra y la guerra como algo más que un caso particular de las relaciones internacionales.

La pobreza, de todos modos, no es un asunto que atraiga mucho interés en estos días y en este mundo. Aunque es una bomba de relojería activada sobre la humanidad, no deja de ser curioso que en el congreso por correo electrónico que ha tenido ocupados hasta agosto de 1993 y durante un año a diversos miembros de la Federación de Estudios de los Futuros del Mundo (WFSF), la sección sobre la pobreza no haya recibido ningún mensaje.

Este artículo, tras realizar algunas observaciones sobre la pobreza, indica algunos elementos que la relacionan con la violencia directa, la violencia estructural y la violencia cultural, recurriendo a una tipología diferente, aunque de fuente común, a la utilizada por Jamil Salmi (violencia directa, indirecta, represiva y alienadora).l

Cuando el Banco Mundial dedicó a la pobreza su Informe sobre el desarrollo mundial de 1990, reflejó lo que era (y es) el enfoque convencional sobre el tema y lo llevó a su máxima expresión. Pobres, decía, son aquellos que "luchan por sobrevivir con ingresos de menos de 370 dólares al año" y la pobreza es "la imposibilidad de alcanzar un nivel de vida mínimo". Señalaba también que, obviamente, "pobreza no es lo mismo que desigualdad" sino que es no tener ese dinero que el Banco Mundial, después de muy complejas disquisiciones, consideró el mínimo para lograr aquel nivel de vida. En otras palabras: con más de 370 dólares al año se deja de ser pobre, no importa donde. La institución llegó a la conclusión de que existían en torno a los mil millones de personas eran pobres, pero sus cálculos se referían sólo a los países pobres, sin tener en cuenta los que había en los ricos.

Esta visión de la pobreza deja mucho que desear por más que consiguiera espectaculares cuantificaciones y contrasta con las complejidades que las diferentes lenguas y culturas del mundo han construido en torno a las condiciones asociadas con las distintas percepciones de la pobreza2. Además se asemeja de forma sospechosa a la representación liberal, sobre todo cuando fija un "umbral de pobreza universal que permita comparaciones entre países y agregaciones" que "es inevitablemente algo arbitrario3. Tras ese deseo de comparar y la asunción del coste en arbitrariedad para alcanzarlo se encuentra el universalismo neoclásico que también parece latir en las condicionalidades para recibir ayuda que establece el Fondo Monetario Internacional.

Algo parecido se puede decir que ocurre con la definición de países pobres, que muchas veces se remite a la que dio el propio Banco Mundial en 1948, en uno de sus primeros informes sobre el desarrollo: son países pobres aquellos que tienen una renta per capita inferior a los 1 00 dólares, dijo entonces. Lo que ha cambiado en estos 45 años es la cifra, mientras se comienza a discutir si no será mejor utilizar como medida la Paridad del Poder Adquisitivo.

El léxico también ha cambiado: ya no son países pobres sino de ingresos bajos. Algo así como la Comisión de la Comunidad Europea que ya no habla de pobres sino de desfavorecidos, repitiendo así el viejo esquema de querer cambiar la realidad cambiando los nombres con los que se la denota.

Bajo estas representaciones - también en la oficial de la Unión Europea - late la doble idea de que pobreza y riqueza forman un continuo tanto de personas como de estados y que la posición de uno de ellos no depende de la de los demás excepto en el orden. No hay, por lo que parecen decir, relación genética entre la pobreza de unos y la riqueza de otros, ya sean personas o naciones. En ese estadio superior de la comparación, lo que hay es una simple ordenación a lo largo de una línea en la que todos, individuos y países, vamos ascendiendo posiciones en un pacífico proceso de progreso sin fin ni límites4.

En general, se aborda el fenómeno como si se tratara de algo relativamente poco complejo y básicamente monetarizable, es decir, económico, muy en la línea de otros trabajos del Banco Mundial5. En su Informe sobre el desarrollo mundial de 1981, por ejemplo, afirmaba que "la causa subyacente del hambre y la malnutrición es que los que necesitan alimentos no tienen dinero para comprarlos".

Necesidades insatisfechas

A pesar de todo, o quizás por ello, no interesa tanto saber cuántos pobres hay, por más que sea ése un asunto que entretiene a expertos de todo el mundo. Más bien se trata de saber qué factores producen la pobreza, asunto de mayor importancia tanto intelectual como política. Mi resumen de los factores que conducen a ella, que se sintetiza en el cuadro adjunto, incluye tanto el enfoque liberal -más preocupado por aquellos rasgos de los individuos que pueden convertirles en pobres o mantenerles en la pobreza-, como el socialdemócrata, más inclinado a ver factores estructurales, menos individuales6. Entiendo por pobreza la insatisfacción grave de las necesidades humanas básicas, en la misma dirección que el

Cuadro 1.- Empobrecimiento y políticas

 

Factores de empobrecimiento

 

Políticas contra la pobreza

 

Subsistemas

 Estructurales

Individuales

Individuales

 Estructurales

Económico

Desempleo

Precariedad

  Falta de recursos

  Falta de previsión

Medidas de   inserción 

Empleo

(fijo) 

 Tierras

Político

Quiebra fiscal del Estado 

Neoliberalismo 

 Marginación

Participación

Keynesianismo

Cultural

Darvinismo

Individualismo

Falta de conocimientos

 Formación (profesional) 

"normalización"

Solidaridad 

Militar

Guerra 

Armamentismo

Agresiones

  Represión

Reconversión

Defensa 

defensiva 

Banco Mundial, pero incluyendo entre las necesidades básicas no sólo las estrictamente físicas (alimentación, alojamiento, vestido) como tienden a hacer las instituciones de Bretton Woods. En general, dice Susan George, "violencia es también todo aquello que impide que la gente satisfaga sus necesidades fundamentales: alimentación, vivienda, vestido, sí, pero también dignidad" 7.

Su relación con la violencia es en muchos casos, como se observa en el cuadro, explícita, sobre todo si se la analiza desde la otra cara, la de las posibles políticas de lucha contra ella: el que esas políticas no se apliquen también es violencia. En el contexto latinoamericano, por ejemplo, "cálculos del Banco Mundial señalan que, para que todos los hogares de la región obtuvieran ingresos superiores a la línea de pobreza, se requerirían recursos equivalentes al 0,7% del producto, lo cual sería equivalente a un impuesto del 2% sobre los ingresos del 20% más rico de la población", esfuerzo que sería "marginal" pero que si no se pone en práctica no es por cuestiones "naturales" o "técnicas"8.

A continuación se presentan algunos aspectos a tener en cuenta a la hora de examinar la relación de la pobreza con tres tipos fundamentales de violencia: directa, estructural y cultural.

- Pobreza y violencia directa

Los hechos son tozudos. Frente a la mistificante teoría de la modernización, más o menos tecnocrática, se impone la presencia de hechos violentos cuya relación con la pobreza es innegable y cuya constatación es una constante en la literatura, aunque no tenga un carácter 9. Esta relación se da en ambas direcciones: la violencia directa produce pobreza y a la inversa.

Pongamos el caso de las migraciones internacionales. Como se ha dicho, son una de las estrategias que el Sur puede utilizar contra el Norte. Pero sin necesidad de llegar a tales niveles de explicación, parece claro que la pobreza es el factor central que interviene en la expulsión de una mano de obra que, casi por definición, busca empleo en los países ricos, donde cree que es relativamente fácil encontrar trabajo. Es sabido que ese trabajo, si existe, va a ser en aquellos puestos que los autóctonos no quieren, sea por su dureza física o por su dureza social (precariedad, tiempo parcial). Y también es sabido que esa inmigración da pábulo para el racismo preexistente, con los resultados violentos que se producen con cierta asiduidad en formas que van desde la quema de residencias hasta las agresiones físicas directas.

Desde otra óptica, la pobreza guarda relación con la represión policial. La percepción que el ciudadano medio tiene de ella es relativamente sencilla: los pobres son una amenaza. Desde este punto de vista, del limosneo se puede pasar con facilidad a la agresión contra la propiedad o contra las personas. Pobreza y criminalidad se consideran unidas. La respuesta inmediata es la autodefensa: se pide más ley y orden, es decir, más policía o, en la mayor parte de los casos, se recurre a la policía privada. Así sucede en EE.UU., país en el que los ciudadanos se gastan ya más en la policía privada que en la pública, y en Reino Unido, donde comienzan a proliferar casos de vigilantismo.

- Pobreza y violencia estructural

Muchos enfoques sobre el Tercer Mundo (o el Sur, como ahora se prefiere) incluyen los términos de pobreza y violencia y comprenden esta última tanto en su sentido de violencia directa -guerra, en este caso- como en el de violencia estructural, es decir, relación estable entre actores10. Si del entramado internacional descendemos al de las distintas sociedades particularizadas, "lo importante es que si la gente pasa hambre cuando el hambre es objetivamente evitable, se comete violencia, sin importar que haya o no una relación clara sujeto-acción-objeto, como sucede en las relaciones económicas mundiales tal como están organizadas".11

Sin entrar ahora en la discusión de los factores individuales y estructurales que llevan a la pobreza ni en la relación entre la pobreza interna y relativa de un país y su posición en la jerarquía mundial, sí se puede recorrer brevemente la lista de situaciones que comportan violencia estructural: explotación, discriminación y marginación.12 También aquí, por lo menos en muchos casos, el fenómeno se produce en las dos direcciones. Que la explotación causa pobreza es algo que está implícito, aunque no siempre se use ese vocabulario, en las discusiones anglosajonas sobre la underclass que algunos autores no dudan en definir como "una población pobre permanentemente oprimida"13. La discriminación que se ceba en inmigrantes y, en general, en las minorías inferiorizadas es, como forma de violencia estructural, un factor importante que lleva a la pobreza. 14
 

Quienes, al tratar de la pobreza, tratan también las cuestiones de marginación, lo hacen, normalmente, en el sentido de analizar aquellos mecanismos sociales que hacen difícil o imposible que determinados sectores de la población puedan mantenerse, sostener una economía privada autónoma (no necesariamente monetarizada), y participar en la vida social convencional. Hay mecanismos de marginación que llevan, sin duda, a la pobreza; también, en la dirección opuesta, están los estudios que muestran la incidencia de la pobreza en la polarización de la sociedad. En ambos casos, los autores suelen centrar su atención más en la pobreza endémica que en los procesos de empobrecimiento. 15 Alguna excepción: los análisis sobre el empobrecimiento en los antiguos países comunistas donde el proceso de pauperización se ha acelerado con la transición al mercado. 16

- Pobreza y violencia cultural

Llegados aquí cabe preguntarse qué es lo que hace que la pobreza se mantenga e incluso se acepte. Hay razones de funcionalidad -sirve para mantener los sistemas sociales en que se da- y estructurales -forma parte de la estructura de poder que se autorreproduce-, pero también ideológicas o culturales. De hecho, todas las sociedades producen explicaciones de la existencia de la pobreza que guardan relación directa con (o incluso forman parte de) las diferentes formas que adopta la violencia cultural. 17

Es conocido que las religiones, en sus versiones de "opio del pueblo" o de "teología de la sumisión" que no las agotan, pueden convertirse en un mecanismo de justificación de la existencia de la pobreza. Lo mismo puede decirse de las ideologías políticas. El neoliberalismo -que achaca la pobreza a la falta de interés por parte de los pobres- y el marxismo -que reduce en última instancia el fenómeno a la explotación del hombre por el hombre y, por ende, al tema de la propiedad privada- han sido dos ejemplos bien visibles, aunque con alguna diferencia entre sí. El neoliberalismo ha producido más pobreza, pero no la ha negado. Se ha procurado, eso sí, invisibilizaria o trasformar a los pobres en habitantes de campos de concentración, guetos o zonas rodeadas por muros de hormigón. El marxismo, en cambio, negó la existencia de pobreza en los países del Este una vez suprimida la propiedad privada. Como no podía haber pobreza, no la había. En algunos casos, incluso la palabra pobreza desapareció. Pero no los pobres.

En general, la violencia cultural se produce cuando se obliga a las personas a que o no vean el problema o a que dispongan de explicaciones para el mismo pero mantengan la situación. La relativa ausencia de discusión de estos asuntos, por un lado, y su tratamiento habitual cuando llegan a los medios de comunicación, por otro, son ejemplos de violencia cultural. Piénsese, si no, en la forma con que, con frecuencia, se trata la pobreza en la prensa (sobre todo cuando, de hecho, consiguen achacar toda la culpa al pobre mismo) y se tendrá una idea de lo que se quiere decir18.

Amenaza para la paz

Los retos para la paz en los próximos años, mientras el conflicto Norte-Sur sea el dominante, tienen diversas fuentes, pero una de ellas es la pobreza como catalizadora o como sustentadora de conflictos armados19. La correlación entre régimen no democrático y belicosidad es, a pesar de fundamentarse en la "paz perpetua" kantiana, una correlación espuria: es la pobreza de las naciones la que explica, simultáneamente, la ausencia de instituciones democráticas y la propensión a iniciar una agresión bélica20.

Los procesos de polarización social que acompañan al naufragio del desarrollo tienen salidas bien conocidas21. Una es negarlos, haciendo creer a la gente, recurriendo a la violencia cultural, que todos formamos un sólo grupo sin distinciones. Eso, en otras palabras, se llama nacionalismo y su difusión tiene que ver, entre otros factores, con la extensión de la pobreza: el nacionalismo consigue negar que haya ganadores y perdedores en el sistema social ya que todos "somos una nación"22. Otra salida ante la polarización es la de anunciar su supresión en un futuro glorioso en el que todos, ganadores y perdedores, nos encontraremos como hermanos. La diferencia entre este milenarismo y el nacionalismo es su perspectiva de futuro: el primero se proyecta hacia un futuro lejano pero brillante, mientras el segundo tiene como modelo un pasado normalmente tergiversado.

Existe también la posibilidad de superar la descomposición social que significa el empobrecimiento y su correlativo enriquecimiento mediante un chivo expiatorio que, ajeno al grupo, permita proyectar sobre él frustraciones y agresividades. El racismo es una de sus manifestaciones.

Todos estos mecanismos de defensa tienen en común su carácter potencialmente violento, sobre todo en la medida en que se presentan combinados como en el caso del nazismo nacionalista, milenarista y xenófobo (no sólo antisemita). Una vez que se han puesto en movimiento, es posible investigar sobre los medios para detener la violencia que generan, y para hacer la paz y mantenerla. Pero investigar para la paz es también investigar sobre las raíces de la violencia. Y la pobreza es una de ellas. Construir la paz es también reducir la pobreza

1 Jamil Saimi, Violence and Democratic Society, Zed Books, Londres, 1993.

2 Majid Rahnema, "Poverty" en The Development Dictionary, W. Sachs (ed.), Zed Books, Londres, 1992, pp. 158-159.

3 José María Tortosa, "Representación de la pobreza y política social", Sociología del trabajo, NI'9, 1990, pp. 71-87.

4 Un magnífico análisis de cómo la pobreza de unas naciones tiene que ver con la riqueza de otras es el de Michael Barratt Brown, Fair Trade.... pp. 12-24. Sobre la miseria del método comparativo: Roland Axtmann, "Society, Globalization....... pp53-74.

5 Giovanni Sarpelion, "Ripensare la povertá", Civitas, Vol. 44, N9 1, 1993, p. 44.

6 José María Tortosa, "Personas al margen" en Amando de Miguel, La sociedad española 1992-1993, Alianza Ed., Madrid, 1992.

7 Susan George, "Preface" a Jamil Saimi, Violence and Democratic ...

8 Oswaldo Sunkel, "El desarrollo en los tiempos del cólera", Boletín Socioeconómico, CIOSE, Nº 24-25,1992, p. 20.

9 R.J. Bursik y H.G. Grasmick, "Economic Deprivation and Neighborhood Crime Rates, 1960-1980", Law & Society Review, Vol. 27, N2 2, 1993, pp. 253-283; R.D. Peterson y L.J. Krivo, "Racial Segregation and Black Urban Homicide", Social Forces, Vol. 71, N2 4, 1993, pp. 1.001 -1.026. En términos más generales, José María Tortosa, Sociología del sistema mundial, Tecnos, Madrid, 1992, pp. 1 1 4 y sgts.

10 Por ejemplo, Arjun Makhijani, From Global Capitalism to Economic Justice. An Inquiry into the Elimination of Systematic Poverty, Violence and Environmental Destruction in the World Economy, The Apex Press, Londres, 1992. Johan Galtung en Sobre la paz, Fontamara, Barcelona, 1985, ya había indicado que paz y desarrollo "en cierto sentido son la misma cosa", razón por la cual "los investigadores sobre la paz tienden a estudiar el desarrollo, y viceversa". Estas relaciones explican el especial sobre "La Ley y el Desorden en Los Angeles" publicado en Papeles para la Paz, N2 45,1992, pp. 85-168.

11 Johan Galtung, Sobre la paz.... p. 38. Para una discusión del carácter evitable del hambre, ver José María Tortosa, La pobreza capitalista, Tecnos, Madrid, 1993, Cap. 1.

12 José María Tortosa, La pobreza.... Cap. 5 y Conclusión. Para la tipología implícita, que tiene que ver con las necesidades humanas básicas, ver al mismo autor en Sociología del sistema mundial, p. 137.

13 Douglas Glasgow, The Black Underclass, Josey-Bass, San Francisco, 1980, p. 3.

14 Jürgen Habermas, "immigration et chauvinisme du bien-étre", La Revue Nouvelle, N2 11, 1992, pp. 76-84; Andrea Rea, "Ethnicisation de la pauvreté ou pauvreté de l'ethnicisation?", La Revue Nouvelle, N2 11, 1992, pp. 62-68.

15 Steffan Markiund, "Structures of Modern Poverty", Acta Sociológica, Vol. 33, N2 2, 1990, pp. 125-140.

16 Como ejemplo, Zsuzsa Ferge, "Marginalisation, Poverty and Social lnstitutions", Labour and Society, Vol. 16, N2 4, 1991, pp. 417-438; José María Tortosa, "Transición al mercado y empobrecimiento: aplicación al caso de Polonia", Sociología del trabajo, Nº 17,1992-93, pp. 73-89.

17 Johan Galtung, "Cultural Violence", Journal of Peace Research. Vol. 27, NQ 3, 1990, pp. 291-315.

18 José María Tortosa, "Personas al margen", La sociedad española.... Cap. 7.0.

19 Russeli W. Ramsey, "Worid Systems, Chalienges: 1993-2025", The Officer, Reserve Officers Association of the United States, Washington, abril, 1993.

20 El asunto no está claro en la literatura reciente. Ver, por ejemplo, Erich Weede, "The lmpact of Democracy or Repressiveness on the Quality of Life, lncome Distribution and Economic Growth Rates", Intemational Sociology, Vol. 8, N2 7, 1993, pp. 177-195.

21 Serge Latouche, "De la mondialisation économique á la décomposition sociale", L'Homme et la Société, 105-106, 1992, pp. 7-23

22 José María Tortosa, "Teorías sobre los nacionalismos" en VV.AA., Los nacionalismos, Diputación General de Aragón, Seminario sobre la Paz, Zaragoza, 1994
 


 

 

 

 

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