Fuente Júbilo
Introducción
Revolución Nicaragüense, proceso protagonizado por
los sandinistas que dio comienzo en 1978, por medio del cual se puso fin a
la dictadura ejercida en Nicaragua por la familia Somoza, a la cual se
reemplazó por un gobierno de izquierdas. La rebelión fue encabezada por
fuerzas de la guerrilla de izquierdas, el Frente Sandinista de Liberación
Nacional (FSLN), que contó con un amplio respaldo popular, depuso al
corrupto dictador Anastasio Somoza Debayle, hijo de Anastasio Somoza, y tomó
el poder en julio de 1979.
Los nuevos gobernantes trataron de
introducir cambios políticos, sociales y económicos. El gobierno
revolucionario consiguió llevar a cabo parcialmente la reforma agraria y
estableció programas de alfabetización y un plan sanitario; sin embargo, su
gestión se vio obstaculizada por su inexperiencia, los graves problemas
económicos y la fuerte oposición de Estados Unidos. A mediados de la década
de 1980, los esfuerzos del gobierno estuvieron dedicados casi por entero a
combatir a los rebeldes contrarrevolucionarios (la llamada contra) que,
apoyados por Estados Unidos, intentaron tomar el poder. En 1990, cuando el
país se hallaba al borde del colapso económico, los sandinistas perdieron
las elecciones generales; esto supuso el fin de un experimento
revolucionario que, sin embargo, dejó una profunda huella en el país
Orígenes del Sandinismo
El FSLN fue fundado en 1962 por un
grupo de estudiantes universitarios encabezados por Carlos Fonseca, Silvio
Mayorga y Tomás Borge. Éstos recibieron el apoyo del dirigente
revolucionario cubano Fidel Castro, ofrecido en parte por el papel que había
desempeñado Luis Somoza Debayle en el desembarco de bahía de Cochinos de
1961. A pesar de la influencia de la ideología marxista y leninista, el FSLN
no tenía un vínculo directo con el Partido Comunista de Nicaragua. Los
sandinistas se oponían a la familia Somoza y a la presión de Estados Unidos
sobre Nicaragua, y reclamaban una reforma política y económica radical que
condujera a la redistribución de la riqueza y el poder. Su proyecto era
respaldado por estudiantes y campesinos, pero fueron derrotados por la
Guardia Nacional en las primeras acciones de la guerra de guerrillas, que
costaron la vida a Fonseca y Mayorga
La Revolución
A mediados de la década de 1970, destacados miembros del mundo empresarial y
de la Iglesia católica comenzaron a compartir el descontento ya manifestado
por otros grupos sociales ante el régimen de Anastasio Somoza Debayle. La
mayor parte de la oposición política se unió en un solo frente encabezado
por Pedro Joaquín Chamorro, asesinado en Managua en enero de 1978,
probablemente por encargo del propio Somoza. Este acontecimiento provocó
desórdenes y manifestaciones contra el gobierno durante semanas, además de
una huelga nacional e intentos aislados de levantamientos armados. A pesar
de que Somoza mantenía el control, su régimen se tambaleaba y la oposición
internacional aumentaba progresivamente. En el mes de agosto, un grupo de
comandos sandinistas asaltó el Palacio Nacional de Managua y tomó como
rehenes a varios miembros del Congreso nicaragüense. Los sandinistas
negociaron la liberación de varios prisioneros del FSLN y solicitaron un
rescate, la publicación de su llamada a la rebelión y un salvoconducto para
que los integrantes del comando abandonaran el país.
El éxito de la incursión sandinista alentó a las fuerzas contrarias a Somoza
y estallaron levantamientos en todo el país. Las fuerzas somocistas
aplastaron estas rebeliones con gran brutalidad, bombardeando incluso
objetivos civiles. Estas operaciones fueron la causa de que cientos de
nicaragüenses se unieran al FSLN y de que aumentara la presión internacional
para encontrar una solución negociada al conflicto. Al tiempo que Estados
Unidos impuso ciertas sanciones económicas a Somoza, Costa Rica, Venezuela y
Panamá brindaron su apoyo a los sandinistas.
La lucha se reanudó en mayo de 1979: los sandinistas
anunciaron una ofensiva final e hicieron una llamada a la rebelión nacional.
En esta ocasión, la Guardia Nacional no consiguió controlar la situación y
los rebeldes se apoderaron de numerosas zonas del país. Se produjeron
batallas en las principales ciudades, como León, Masaya y Managua, donde los
aviones de la Guardia Nacional bombardearon los barrios en los que la
población apoyaba a los sandinistas. La Organización de Estados Americanos
(OEA) convocó una reunión de emergencia para pedir a Somoza que abandonara
el poder y rechazó el ofrecimiento de Estados Unidos de enviar fuerzas de
paz a Nicaragua. Cuando la capital del país, Managua, se encontraba rodeada
por las tropas revolucionarias, Somoza abandonó el país y la Guardia
Nacional, tan poderosa en otros tiempos, quedó desarticulada. El 19 de
julio, los sandinistas entraron en Managua y se hicieron con el control en
Nicaragua
Gobierno Revolucionario
Desde que los sandinistas tomaron el poder, tuvieron que hacer frente a una
oposición armada. En un principio se trataba únicamente de pequeños grupos
de antiguos miembros de la Guardia Nacional, instalados en su mayoría en
Honduras. A finales de 1981, estas fuerzas recibieron formación militar a
cargo de oficiales argentinos y cierto apoyo encubierto de Estados Unidos.
Cuando aumentó la oposición a la política del FSLN, se unieron otras
formaciones al movimiento armado rebelde. Entre ellos, se incluían líderes
empresariales descontentos, hacendados conservadores (sobre todo, del norte
del país) e incluso sandinistas desengañados. A este heterogéneo grupo se le
denominó "contra" (contrarrevolucionarios).
La guerra de la contra
A partir de 1981, el gobierno de Reagan incrementó progresivamente su apoyo
a la contra. Se enviaron más de 300 millones de dólares en ayuda y
equipamiento, y los contrarrevolucionarios recibieron formación militar
desde 1982 hasta 1990. Estados Unidos también impuso un embargo comercial
sobre Nicaragua y bloqueó los préstamos de muchas instituciones financieras
internacionales.
Estas medidas debilitaron la frágil economía nicaragüense,
a la vez que los ataques de la contra ocasionaban pérdidas en la
agricultura, el comercio y dañaban la infraestructura del país. Cuando el
conflicto entre el gobierno y la contra se agravó y los enfrentamientos se
generalizaron en todo el territorio, decenas de miles de nicaragüenses se
exiliaron y muchos más fueron obligados a abandonar sus hogares y
trasladarse a otras zonas del país a causa de la violencia.
Los sandinistas respondieron a las amenazas de la contra
organizando un ejército; recibían armas de la URSS y Cuba y, en 1983,
instituyeron el servicio militar obligatorio. A mediados de la década de
1980, el gobierno sandinista comenzó a desviar fondos destinados a programas
sociales y económicos al presupuesto de defensa. Bajo el estado de
excepción, se suspendieron algunas libertades civiles y en ocasiones se
encarceló a los opositores políticos y se restringió la libertad de prensa.
El apoyo de Reagan a la contra provocó una gran disputa
política en Estados Unidos, que culminó con el escándalo conocido como
Irangate, un escándalo que tuvo lugar en 1985 y 1986 en el que varios altos
cargos del gobierno de Reagan se vieron implicados en una venta ilegal de
armas.
Negociaciones de paz
A pesar del conflicto, se celebraron elecciones en Nicaragua en noviembre de
1984. Gran parte de la oposición boicoteó los comicios alegando que los
sandinistas habían manipulado el proceso. Éstos obtuvieron una aplastante
victoria en la votación para la presidencia y los representantes del
Congreso. Daniel Ortega fue elegido presidente con el 67% de los votos, y el
FSLN obtuvo la mayoría de los escaños en la Asamblea Nacional. Para muchas
naciones, estas elecciones otorgaron legitimidad al régimen sandinista,
opinión no compartida por el gobierno de Reagan. En 1987 había más de 10.000
contras armados luchando contra el gobierno de Nicaragua.
A pesar de su preocupación por la política sandinista, la mayoría de los
países latinoamericanos se oponían a los intentos de Estados Unidos por
derrocar al gobierno de Nicaragua. En 1987, el presidente costarricense,
Óscar Arias Sánchez, promovió un encuentro de presidentes centroamericanos
para buscar soluciones a los conflictos de Nicaragua y El Salvador que
culminó en el llamado Acuerdo de Esquipulas de agosto de ese año. El
resultado de este plan de paz fueron las negociaciones celebradas entre el
FSLN y la contra en 1988.
Las presiones para que se pusiera fin a la guerra eran cada vez mayores. La
economía de Nicaragua estaba hundida; se calculaba que la inflación era del
2.000 al 36.000% en 1988 y el país se había convertido en la nación más
pobre de Centroamérica. El coste humano de la lucha fue atroz: decenas de
miles de muertos, heridos y refugiados. Los ambiciosos programas de
educación y sanidad de los sandinistas no pudieron llevarse a cabo debido a
que la mitad del presupuesto fue destinado a la defensa del régimen, y la
producción agrícola se vio reducida por los ataques de la contra.
El panorama internacional también había cambiado. La URSS tenía que hacer
frente a la agitación política y económica que recorría el país, por lo que
recortó su ayuda a los sandinistas. A su vez, con el escándalo del Irangate
y el ascenso en 1989 del republicano George Bush a la presidencia de Estados
Unidos, este país se mostró más propenso a encontrar una solución negociada
al conflicto.
Los sandinistas acordaron celebrar elecciones bajo supervisión internacional
a principios de 1990 como una condición de las negociaciones de paz.
Confiaban en obtener la victoria y en que Daniel Ortega fuera elegido
presidente. Los catorce partidos de la oposición se unieron para formar la
Unión Nacional Opositora (UNO), que apoyaba la candidatura a la presidencia
de Violeta Chamorro y ofrecía una lista unificada de candidatos al Congreso.
La oposición generalizada al servicio obligatorio y la esperanza de
conquistar la paz llevaron a la victoria a la UNO, que obtuvo el 55% de los
votos, mientras que los sandinistas obtuvieron únicamente el 41 por ciento.
Después de varias negociaciones, el FSLN aceptó su
inesperada derrota. Los sandinistas se convirtieron en el principal partido
de la oposición y aún controlaban gran parte de las Fuerzas Armadas. El
gobierno de Chamorro trató de colaborar con los dirigentes sandinistas, pero
esta actitud conciliadora provocó el descontento de los grupos más
conservadores y motivó la ruptura de la coalición gubernamental. El FSLN
conservó una considerable influencia política, pero su candidato, Daniel
Ortega, fue nuevamente derrotado en las elecciones de 1996 (que llevaron al
conservador Arnoldo Alemán a presidir la República) y apenas obtuvieron
escaños en el Congreso
Legado de la Revolución
La Revolución provocó cambios profundos y duraderos en Nicaragua. La
"dinastía" somocista, que había gobernado el país como una hacienda privada
durante 40 años, fue derrocada, y la poderosa Guardia Nacional
desarticulada. El nivel de analfabetismo se redujo significativamente y los
grupos marginados, como las mujeres, los jóvenes y la población rural
participaron más activamente en la vida del país. Las regiones de la costa
atlántica, pobladas por misquitos, alcanzaron un cierto grado de
autogobierno, hasta el punto de que en 1989 se crearon dos regiones
autónomas: Atlántico Norte y Atlántico Sur. Después de décadas de dictadura
y de guerra civil, emergió un gobierno democrático que logró realizar el
primer proceso pacífico de transición política de la historia de Nicaragua.
Sin embargo, el intento de reestructurar la economía estableciendo un
sistema mixto de empresa privada y de control estatal al estilo socialista
resultó desastroso.
Nicaragua se vio transformada radicalmente
por la experiencia de la Revolución, que la convirtió en una nación más
libre, pero también más pobre y más dividida. Más de seis años después de
que los sandinistas abandonaran el poder, la nación aún trataba de
recuperarse del caos económico y de alcanzar la reconciliación nacional tras
la agitación política de la década de 1980 |