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Recuerdos de
Hiroshima y Nagasaki /
Anexo
1 /
Anexo2 /
Anexo 3
.
Remembering Hiroshima & Nagasaki
050808 -
David Krieger -
6 y 9 de Agosto de 1945: Casi 193.000
muertos, casi 156.000
heridos
Hace 65 años, uno de los más grandes asesinos
terroristas de la historia, el cínico
Harry Truman,
invocando a Dios, ordenó arrojar las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki
El número de víctimas sacrificadas en Hiroshima fue de 130.000, de las que
80.000 murieron. Unos 48.000 edificios fueron destruidos completamente y
176.000 personas quedaron sin hogar
Waging Peace Traducción de
María Luisa Canale*
A la 1:45 de la
madrugada del 6 de agosto de 1945, el Enola Gay, un bombardero B-29
de Estados Unidos, despegó de la isla Tinian en las Islas Marianas. Llevaba
la segunda bomba atómica del mundo; la primera se había detonado tres
semanas antes en un campo de pruebas de EE.UU. en Alamogordo, Nuevo
México. El Enola Gay llevaba una bomba atómica con núcleo de uranio
enriquecido a la que se nombró "Pequeño niño", con una fuerza explosiva
de unas 12,500 toneladas de TNT. A las 8:15 de la mañana, mientras los
ciudadanos de Hiroshima se disponían a comenzar su día, el Enola Gay
liberó su terrible carga, que cayó durante 43 segundos antes de detonar
580 metros sobre el Hospital Shima cerca del centro de la ciudad.
Según un folleto del Museo
Memorial de Paz de Hiroshima, esto es lo que sucedió después de la
explosión: "La temperatura del aire al momento de la explosión alcanzó
varios millones de grados centígrados (la temperatura máxima de las
bombas convencionales es de aproximadamente 5 mil grados centígrados).
Varias millonésimas de segundos después, apareció una bola de fuego que
irradiaba calor blanco. Una diezmilésima de segundo después, la bola de
fuego se expandió hasta alcanzar un diámetro de 28 metros con un
temperatura cercana a los 300 mil grados centígrados."
Como resultado de la
explosión, el calor y el fuego envolvieron la ciudad de Hiroshima y
terminó con la vida de unas 90 mil personas. La segunda prueba de un
arma nuclear en el mundo demostró el increíble poder que tienen estas
armas para matar y destruir. Se destruyeron escuelas en donde murieron
maestros y estudiantes. Se les sumaron pacientes y médicos de
hospitales. El bombardeo de Hiroshima fue un acto de destrucción masiva
en una población civil, la destrucción de una ciudad completa con una
sola bomba. Tras recibir la noticia,
Harry
Truman, el entonces presidente de los Estados Unidos, declaró
crudamente: "Éste es el suceso más grandioso de la historia".
Tres días después de
destruir Hiroshima, a las 11:02 de la mañana, el Bockscar, un bombardero
B-29 estadounidense, atacó la ciudad japonesa de Nagasaki con la tercera
arma atómica del mundo. Esta bomba tenía un núcleo de plutonio y una
fuerza explosiva de unas 22 mil toneladas de TNT. Resultó en la muerte
inmediata de unas 40 mil personas.
En su primer discurso
referente al bombardeo de Hiroshima,
Harry
Truman afirmó: "El mundo se enterará que se soltó la primera bomba
atómica del mundo sobre una base militar en Hiroshima. Esto se hizo para
evitar hasta donde fuera posible la muerte de civiles." Aunque Hiroshima
tenía una base militar, ésta no fue el blanco del ataque, sino el centro
de la ciudad. La mayoría de las víctimas de Hiroshima eran civiles,
incluyendo mujeres y niños. Truman agregó: "Pero ese ataque sólo es una
advertencia de las cosas que vienen". Truman hizo mención de la "gran
responsabilidad que ha caído sobre nuestros hombros y que gracias a Dios
llegó a nosotros y no a nuestros enemigos". Le pidió a Dios "su guía
para usarlo para sus fines." Fue una plegaria escalofriante y profética.
Para finales de 1945, había
145 mil muertos en Hiroshima y otros 75 mil en Nagasaki. Decenas de
miles más sufrieron graves lesiones. A lo largo de los años, han seguido
falleciendo personas entre los supervivientes debido a los efectos
tóxicos de la radiación.
Recordando estos trágicos
sucesos, nuestra memoria colectiva inevitablemente ha olvidado y se ha
vuelto a moldear por las perspectivas actuales. Con el paso del tiempo,
aquéllos que vivieron en carne propia los bombardeos de Hiroshima y
Nagasaki se hacen menos. Aunque en sus mentes el recuerdo de este trauma
sigue vivo, grandes porciones de la población mundial no conocen sus
historias. El mensaje de los supervivientes ha sido simple, claro y
conciso: "Nunca más". En el Parque Memorial de Paz de Hiroshima se
encuentra la siguiente leyenda: "Que descansen en paz todas las almas
que aquí yacen; pues no repetiremos esta atrocidad". El plural que
menciona esta inscripción nos incluye a todos y a cada uno de nosotros.
Sin embargo, el destino del
mundo, y en particular el destino de la humanidad, podría depender de
nuestro recuerdo de Hiroshima y Nagasaki. Si recordamos los bombardeos
de estas ciudades simplemente como otro capítulo en la historia de la
humanidad, careceremos de la ética política para manejar con eficiencia
los retos que presentan las armas nucleares. Si por otra parte
recordamos estos bombardeos como un punto crucial en la historia de la
humanidad, un momento en el que la paz se vuelve crítica, es posible que
encontremos la ética política necesaria para salvarnos del destino que
cayó sobre los habitantes de estas dos ciudades.
En su libro, Robert Jay
Lifton y Greg Mitchell escriben: "No es posible entender el siglo XX sin
Hiroshima. Lo mismo puede decirse del siglo XXI. Lo mismo puede decirse
del predicamento que enfrenta la humanidad. No podemos entender ni el
presente ni el futuro sin entender lo que pasó en Hiroshima y Nagasaki."
Desde los bombardeos de
Hiroshima y Nagasaki, ha habido una lucha por recordar. La historia de
estos ataques difieren de forma radical entre lo que se ha dicho en
EE.UU. y lo que narran los supervivientes de Hiroshima y Nagasaki. EE.UU.
lo describe como un triunfo de la tecnología y un triunfo en la guerra.
Ve la bomba desde arriba, desde la perspectiva de los que la soltaron.
Para la gran mayoría de los estadounidenses, la creación de la bomba es
un logro tecnológico de magnitudes extraordinarias que generó el arma
más poderosa en la historia bélica. Desde este punto de vista, las
bombas atómicas hicieron posible la total derrota del poder imperial
japonés y le puso fin a la Segunda Guerra Mundial.
En la mente de muchos, si
no en la de la mayoría de los estadounidenses, las bombas atómicas
salvaron la vida de quizás un millón de soldados de EE.UU., y la
destrucción de Hiroshima y Nagasaki es visto como un pequeño precio que
tuvo que pagarse para salvar muchas vidas y ponerle fin a una terrible
guerra. Esta idea da la impresión que bombardear estas ciudades con
armas atómicas fue útil, fructífero y dio lugar a una ocasión que
celebrar.
El problema con esta
versión es que los historiadores han puesto en duda la necesidad de
soltar estas bombas para terminar la guerra. Muchos estudiosos han
cuestionado la versión oficial de los EE.UU. en cuanto a los bombardeos.
Estos críticos hacen notar que Japón intentaba rendirse cuando se
soltaron estas bombas, que el cuerpo estratégico del ejército de los
EE.UU. calculó menos muertes de estadounidenses ante una invasión de
Japón y que había otras dos formas de terminar la guerra sin usar bombas
atómicas en las ciudades japonesas.
Entre los opositores al uso
de bombas atómicas, estaba el general Dwight Eisenhower, que reaccionó
así cuando el Secretario de Guerra Henry L. Stimson lo enteró de lo
sucedido en las ciudades japonesas: "Durante su relato de los hechos, le
expresé mi más profundo desacuerdo, pues Japón ya había sido derrotado y
soltar las bombas fue completamente innecesario. Además, yo creo que
nuestro país debe evitar afectar la opinión del mundo usando un arma que
según mi opinión, ya no era necesaria para salvar vidas
estadounidenses."
En una entrevista después
de la guerra, Eisenhower le dijo a un periodista: "Los japoneses estaban
listos para rendirse y no era necesario atacarlos con esa cosa
horrible". El general Henry Arnold coincidió en que"con bomba atómica o
sin ella, los japoneses estaban ya al borde del colapso". El almirante
William D. Leahy comparó este acto con el comportamiento propio de los
bárbaros de la Edad Media.
A pesar de estas fuertes
declaraciones de líderes militares de la
Segunda Guerra Mundial,
todavía existe la percepción de que los bombardeos de Hiroshima y
Nagasaki estuvieron justificados por la guerra. No se le da suficiente
importancia al hecho de que la mayoría de las víctimas eran civiles y
que hasta la fecha, los sobrevivientes todavía sufren de los efectos de
la radiación.
Los bombardeos de Hiroshima
y Nagasaki quedaron en el pasado. No podemos resucitar estas ciudades.
Lo que sí podemos hacer es aprender de su experiencia; una de las
lecciones más importantes a la humanidad: nos enfrentamos a la
posibilidad de nuestra extinción como especie. No simplemente a la
realidad de muertes individuales, sino a la muerte de la humanidad.
Según
Albert Camus, existencialista francés, "nuestra civilización técnica
ha alcanzado su nivel más alto de salvajismo. Tendremos que elegir,
tarde o temprano, entre el suicidio colectivo y el uso inteligente de
nuestras conquistas científicas. Ahora, más que nunca, vemos claro que
la paz es la única batalla digna de lidiar."
Depender de las armas
nucleares para proteger la seguridad es poner el futuro de nuestra
especie en riesgo de aniquilación. La humanidad enfrenta una decisión:
eliminar las armas nucleares o seguir corriendo el riesgo de que ellas
nos eliminen a nosotros. Si no tomamos esta decisión y actuamos,
enfrentamos la posibilidad de repetir lo sucedido en Hiroshima a nivel
mundial.
VIVIR CON MITOS
En su libro, el
exsecretario de Interior Stewart Udall escribe: "Durante las primeras
semanas después de Hiroshima, el presidente Truman y otros portavoces
del gobierno de EE.UU. transformaron la realidad de la era atómica en el
suceso mitificado más grande en la historia americana. Estas
declaraciones exageradas y excesivas describen un universo profundamente
alterado que originó un pensamiento redirigido con influencia en el
comportamiento de las naciones y un cambio en el panorama y las
expectativas de los habitantes de este planeta."
Se han generado muchos
mitos en torno a los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki con el propósito
de hacer más factible el uso de armas nucleares. Bajo toda la esta
falacia está el mito de que los líderes de la unión americana son
capaces de hacer lo moral y lo correcto. Concluir que nuestros líderes
hicieron lo incorrecto actuando de forma inmoral en Hiroshima y Nagasaki
sería poner en duda lo que somos como pueblo. Mantener nuestro sentido
de la decencia bajo la luz de las acciones de nuestros líderes podría
requerir la alteración de los hechos para que éstos encajen en nuestros
mitos.
Cuando se planeó incluir
una retrospectiva de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki con las
declaraciones de líderes como Eisenhower, Arnold y Leahy en el
quincuagésimo aniversario de estos sucesos en el Instituto Smithsoniano
en Washington, se escuchó una fuerte oposición de veteranos y miembros
del congreso de los EE.UU. Finalmente, la exhibición del Smithsoniano se
redujo de lo que pudo ser una amplia exposición de los bombardeos a la
simple celebración del Enola Gay, el B-29 que dejó caer la bomba sobre
Hiroshima.
NUESTROS MITOS
COADYUVAN A DAR FORMA A NUESTRAS PERSPECTIVAS ÉTICAS
Nuestra comprensión de
Hiroshima y Nagasaki coadyuva a aumentar nuestra orientación general
hacia las armas nucleares. Porque en nuestro mito sobre los beneficios
de usar armas nucleares en Hiroshima y Nagasaki existe la tendencia a
ver las armas nucleares bajo una luz positiva. A pesar de las cuestiones
morales involucradas en la destrucción de la población civil, la mayoría
de los ciudadanos estadounidenses pueden justificar la dependencia en
tales armas para nuestra "protección". Hallamos un buen ejemplo de esta
racionalización en el punto de vista de muchos estudiantes de la
Universidad de California, sobre el papel de su universidad en el manejo
de los laboratorios de armas nucleares estadounidenses.
Recientemente hablé ante
una clase de estudiantes en la Universidad de California en Santa
Bárbara. Les presenté a los estudiantes una situación hipotética. Se les
pidió imaginarse que eran estudiantes en una prestigiada universidad
alemana durante los años treinta, tras la subida de los nazis al poder.
Y que habían descubierto un laboratorio secreto en su universidad donde
sus profesores investigaban y desarrollaban cámaras de gas e
incineradores para que los nazis los usaran para exterminar a sus
enemigos. Después, les pregunté: ¿Cuál fue su responsabilidad ética
después de hacer este descubrimiento?
La hipótesis generó fuertes
discusiones. Los estudiantes tomaron muy seriamente su responsabilidad
ética ante la situación hipotética. Se percataron de que podría ser
peligroso oponerse abiertamente al desarrollo de estos aparatos
genocidas. No obstante, estaban dispuestos a correr riesgos para evitar
que la universidad siguiera adelante con su programa para desarrollar
cámaras de gas e incineradores. Algunos estaban dispuestos a acudir a
las autoridades de la universidad para protestar. Otros, se preparaban
para formar pequeños grupos para planear como sabotear en secreto el
programa. Otros más intentaban escapar del país e informar al mundo de
lo que pasaba a fin de provocar presión internacional sobre el regimen
nazi. Los estudiantes no fueron neutrales y la mayoría expresó un fuerte
deseo de actuar valientemente en oposición a este programa
universitario, aun cuando su futuro, y posiblemente su vida, estuviera
en peligro.
Después de escuchar las
impresionantes posiciones éticas que los estudiantes estaban dispuestos
a tomar y después de felicitarles, cambié la hipótesis. Les pedí
considerar que habían pasado setenta años y que eran estudiantes en la
Universidad de California en el curso 2003. Esto, naturalmente, no es
hipotético. Los estudiantes de hecho están inscritos en la Universidad
de California en Santa Bárbara. Les pedí imaginar que su universidad, la
Universidad de California, estaba involucrada en la investigación y
desarrollo de armas nucleares. Que su universidad manejaba los
laboratorios de armas nucleares estadounidenses y que había investigado
y desarrollado casi todas las armas nucleares del arsenal de los Estados
Unidos. Sucede que esto también es verdad ya que la Universidad de
California hace mucho que maneja los laboratorios de armas nucleares
estadounidenses en Los Alamos y en Livermore.
Tras presentar este
escenario a los estudiantes, les pedí considerar su responsabilidad
ética. Esperaba que llegaran a idénticas conclusiones de la primera
hipótesis, que expresarían su desencanto al descubrir que su universidad
estaba implicada en la investigación y desarrollo de armas de
destrucción masiva y que se apresurarían a oponerse a esta situación.
Sin embargo, esta vez sólo un reducido número de estudiantes expresó el
mismo sentido de indignación moral por la implicación de su universidad
e indicaron su deseo de correr riesgos al protestar por esta
involucración. Muchos de los estudiantes sintieron no tener
responsabilidad ética bajo estas circunstancias.
Muchos estudiantes
quisieron diferenciar los dos escenarios. En el primer escenario,
algunos dijeron, se sabía que las cámaras de gas y los incineradores
iban a utilizarse con el propósito de cometer genocidio. En el segundo
escenario, en el cual se encontraban viviendo, no creían que las armas
nucleares llegaran a usarse. Señalaron que no se han utilizado armas
nucleares durante más de 50 años y, por tanto, pensaban que no era
probable que se usaran en el futuro. Aun más, no creían que Estados
Unidos llegara a usar armas nucleares porque nuestros líderes se sentían
restringidos a usarlas. Finalmente, pensaban que Estados Unidos tenía la
responsabilidad de defenderse, cosa que harían las propias armas
nucleares.
Francamente, me asombraron
los resultados de este ejercicio. Esperaba que los estudiantes se
opusieran en ambos escenarios y que su idealismo estimulara protestas
contra el manejo de laboratorios de armas nucleares en su universidad.
Sin embargo, en el segundo escenario, expresaron varios raciocinios y/o
racionalizaciones para no verse involucrados. Este escenario no era
hipotético. Era real. De hecho demandaría algo de parte de ellos. Muchos
se mostraron renuentes a comprometerse. La mayoría había aceptado la
mitología de que nuestros líderes hacen lo correcto y la mitología aún
mayor de que las armas nucleares nos protegen. No habían pensado en los
riesgos asociados a la posesión y uso de grandes cantidades de armas
nucleares. No habían considerado los riesgos de accidentes y cálculos
erróneos, los peligros de comunicaciones defectuosas y de líderes
irracionales. No habían considerado las posibilidades de que el
refrenamiento fallara y que el resultado pudieran ser futuros Hiroshimas
y Nagasakis, de hecho, Hiroshimas y Nagasakis globalizados.
La mayoría de los
estudiantes lograron evitar aceptar responsabilidad personal por la
implicación de su universidad en el proceso de desarrollar armas de
destrucción masiva. Algunos también negaron su responsabilidad personal
sobre la base de que la universidad no les pertenecía a ellos solamente
y que de hecho, las armas nucleares eran un problema social.
Lamentablemente es un problema sobre el cual demasiados pocos individuos
están tomando responsabilidad ética personal. Los estudiantes
representaron un microscosmo de un mayor problema social, de
indiferencia e inacción, ante la actual dependencia en las armas
nucleares. El resultado de esta inacción es trágicamente la probabilidad
de que al final estas armas serán usadas nuevamente con horrendas
consecuencias para la humanidad.
CONVIRTIENDO LAS
ARMAS NUCLEARES EN UNA AMENAZA REAL
Al igual que la mayoría de
los estudiantes que no toman la responsabilidad ética personal para
protestar la implicación de su universidad en la investigación y
desarrollo de armas nucleares, la mayoría de los líderes y líderes en
potencia de estados con armas nucleares, no aceptan la necesidad de
retar el status quo nuclear y de trabajar para lograr el desarme
nuclear.
Lo que me ayudó a entender
las horrendas consecuencias y riesgos de las armas nucleares, fue una
visita a los museos del recuerdo en Hiroshima y Nagasaki, a los 21 años
de edad. Estos museos mantienen vivo el recuerdo de la destrucción
causada por las armas nucleares - relativamente pequeñas - que fueron
usadas en estas dos ciudades. También proporcionan una visión del
sufrimiento humano causado por las armas nucleares. Desde hace tiempo
pienso que una visita a uno o a ambos de estos museos debería ser un
requisito para cualquier líder de un estado con armas nucleares. Sin
visitar estos museos y ser expuesto a películas, artefactos y
exhibiciones de la devastación que causan las armas nucleares, es
difícil captar la extensión de destructividad de estos artificios. Uno
se percata de que las armas nucleares ni siquiera son armas, sino algo
mucho más siniestro. Son instrumentos de genocidio y tal vez de
omnicidio: la destrucción de todo.
Hasta donde yo sé, ningún
jefe de estado o de gobierno de un estado con armas nucleares ha
visitado estos museos, antes o durante su gestión. Si los líderes
políticos no hacen el esfuerzo por visitar los lugares de devastación
nuclear, será necesario que la gente de esos países les lleven el
mensaje de estas ciudades. Pero antes, naturalmente, el pueblo debe
enterarse de las historias y mensajes de estas ciudades. No es realista
esperar que muchas personas viajen a Hiroshima o Nagasaki para visitar
los museos del recuerdo, pero lo que sí es, es llevar los mensajes de
Hiroshima y Nagasaki a las comunidades del mundo entero.
En Santa Barbara,
California cuna de la Nuclear Age Peace Foundation (Fundación Paz en la
Era Nuclear), hemos tratado de llevar el mensaje de Hiroshima a nuestra
comunidad y más allá. En el 50 aniversario del bombardeo de Hiroshima,
creamos un jardín monumento de paz, que bautizamos como Sadako Peace
Garden, o Jardín de Paz Sadako. Sadako es el nombre de una niñita,
Sadako Sasaki, que a los dos años fue expuesta a la radiación en
Hiroshima cuando cayó la bomba. Sadako vivió una vida normal durante
diez años hasta que desarrolló leucemia como resultado de la exposición
a la radiación. Durante su hospitalización, Sadako hizo cigüeñas de
papel con la esperanza de recuperar su salud. La cigüeña es el símbolo
de salud y longevidad en Japón, y existe la creencia de que si se hacen
mil cigüeñas de papel, su deseo se hará realidad. Sadako deseaba
recuperar su salud y la paz para el mundo. En una de sus cigüeñas de
papel escribió este corto poema: "Escribiré paz en tus alas y volarás
por toda la tierra".
Sadako no terminó de hacer
sus mil cigüeñas de papel antes de que su breve vida llegara a su fin.
Sin embargo, sus compañeros de escuela, respondieron al valor de Sadako
y su deseo por la paz, terminando la tare de doblar las mil cigüeñas de
papel. La historia de Sadako no tardó en extenderse por todo el Japón,
los niños hicieron cigüeñas de papel en su memoria y su deseo por la
paz. Decenas de miles de cigüeñas de papel volaron por Hiroshima y por
todo Japón. Al final, la historia de Sadako se extendió por toda la
tierra y hoy, muchos niños de tierras lejanas han sabido de Sadako y han
hecho cigüeñas de papel en su memoria.
En el Peace Memorial Park
de Hiroshima se yergue un monumento a Sadako. En la base de este
monumento se lee este mensaje: "Éste es nuestro grito, Ésta es nuestra
oración. Por la paz en este mundo." Es el mensaje de los niños de todo
el mundo honrando la memoria de Sadako.
El Sadako Peace Garden en
Santa Bárbara es un lugar bello y tranquilo. En este jardín hay unas
piedras grandes con cigüeñas talladas en relieve sobre su superficie. El
6 de agosto de todos los años, el Día de Hiroshima, celebramos el Día de
la Paz Sadako, un día para recordar a Sadako y a otras víctimas
inocentes de la guerra. Todos los años en el Día de la Paz Sadako,
tenemos música, reflexiones y poesía en el Sadako Peace Garden. De esta
manera, buscamos mantener vivo el recuerdo de Hiroshima en nuestra
comunidad.
Además de crear el Sadako
Peace Garden, y de celebrar una conmemoración anual del Día de
Hiroshima, también hicimos arreglos con los Peace Memorial Museos de
Hiroshima y Nagasaki para traer una exposición sobre la destrucción
causada por las armas atómicas a nuestra comunidad. Los museos enviaron
una impresionante exposición que incluía artefactos, fotografías y
vídeos. La exposición ayudó a revelar la verdad de lo que pasó en
Hiroshima y Nagasaki a muchos miembros de nuestra comunidad.
Durante la exhibición,
visitaron nuestra comunidad varios hibakusha, o sobrevivientes de los
bombardeos, y hablaron en público de sus experiencias. Al relatarlas,
hicieron vivir los horrores de las armas nucleares. También hay muchos
libros que recogen las historias de los sobrevivientes de la bomba
atómica. Es casi imposible escuchar o leer sus experiencias sin
conmoverse profundamente.
Ésta es la descripción de
una hibakusha, Miyoko Matsubara, escolapia de 12 años en Hiroshima en el
momento del bombardeo. Su descripción se inicia al despertar de su
inconsciencia después del bombardeo.
"No tenía idea de cuánto
tiempo estuve inconsciente, pero cuando volví en mí, la mañana soleada y
brillante se habìa convertido en noche. Takiko, que estaba junto a mí,
simplemente había desaparecido de mi vista. No podía ver a ninguno de
mis amigos o a ningún compañero. Quizás había volado con la explosión.
"Me levanté sorprendida.
Todo lo que quedaba de mi chaqueta era la parte superior alrededor de mi
pecho. Y mis pantalones abombados habían desaparecido dejándome
sólamente la pretina y unos trozos de tela. Loúnico que me quedó encima
fue mi ropa interior blanca y sucia.
"Entonces me percaté de que
mi cara, manos y piernas estaban quemadas, y estaban hinchadas, sin piel
y en jirones. Sangraba y ciertas partes estaban amarillentas. Me invadió
el terror y sentí que tenía que irme a casa. Enseguida, empecé a correr
desaforadamente huyendo de la escena y olvidándome del calor y del
dolor.
"En mi camino a casa, ví a
mucha gente. Todos ellos casi desnudos y con aspecto de personajes de
cine de horror, con piel y carnes horriblemente quemadas y ampuladas.
Todo alrededor del puente Tsurumi estaba atestado de gente herida.
Extendían los brazos al frente. Tenían el pelo erizado. Se quejaban y
maldecían. Con el dolor en sus ojos y furiosa mirada en sus rostros,
lloraban llamando a su madre para que les ayudara.
"Me sentía
insoportablemente caliente y me baje al río. Había muchísima gente en el
agua, llorando y gritando por ayuda. El agua se llevaba incontables
cadáveres - algunos flotando, otros hundiéndose. Algunos cuerpos iban
seriamente dañados con los intestinos expuestos. Fue un espectáculo
horroroso, y aún así, tuve que saltar al agua para librarme del calor
que sentía en mí."
Tras describir su lucha
personal como sobreviviente de la bomba, Miyoko Matsubara ofreció este
mensaje a los jóvenes de la tierra. "Las armas nucleares no detienen la
guerra. Las armas nucleares y los seres humanos no pueden coexistir.
Todos debemos conocer el valor de la vida humana. Si no están de acuerdo
conmigo en esto, por favor, vengan a Hiroshima para ver por ustedes
mismos el poder destructivo de estas armas mortales en el Peace Memorial
Museum en Hiroshima."
UNA SENCILLA
PROPOSICIÓN
Me gustaría ofrecer una
sencilla proposición relacionada con el recuerdo de Hiroshima y Nagasaki,
que también es una formar de confrontar los mitos mortales en nuestra
cultura que rodean el bombardeo de estas ciudades. Sugiero que toda
comunidad del planeta conmemore el período desde el 6 agosto hasta el 9
de agosto como los Días de Hiroshima y Nagasaki. La conmemoración puede
ser corta o larga, sencilla o elaborada, pero estos días no deben
olvidarse. Al mirar atrás también podemos mirar hacia adelante y seguir
siendo conocedores de los riesgos que están frente a nosotros. Estas
conmemoraciones también proporcionan un momento para enfocarnos en lo
que es necesario hacer para terminar con la amenaza de las armas
nucleares contra la humanidad y a toda vida. Al mantener vivo el
recuerdo de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, puede que también
ayudemos a mantener viva a la humanidad. Ésta es una parte crítica de
nuestra responsabilidad como ciudadanos de la tierra viviendo en la Era
Nuclear.
Todos los años, en los Días
de Hiroshima y Nagasaki, el 6 y el 9 de agosto respectivamente, los
alcaldes de estas dos ciudades emiten proclamas en nombre de sus
ciudades. Estas proclamas se distribuyen vía internet y por otros
medios. Se pueden obtener copias por adelantado y compartirlas en
ocasión de una conmemoración comunitaria en estos días. También es el
momento en que las historias de los hibakusha, los sobrevivientes,
pueden compartirse y el momento de traer expertos que hablen sobre las
amenazas nucleares actuales.
El mundo necesita de
símbolos comunes para reunirnos a todos. Uno de esos símbolos comunes e
la fotografía de la Tierra desde el espacio exterior. Es un símbolo que
nos hace comprender inmediatamente que todos compartimos un planeta
común y un futuro común. Hiroshima y Nagasaki son otros símbolos
comunes. Sabemos que estos nombres representan más que unas ciudades en
Japón. Se adhieren a la destrucción masiva de las armas nucleares y
representan la fortaleza y espíritu humano necesarios para superar esta
destructividad.
El mundo necesita recordar
y reflexionar sobre las experiencias de Hiroshima y Nagasaki como
símbolos de la fortaleza e indomable espíritu de los humanos. Tenemos
que ser capaces de recordar verdaderamente lo acontecido a estas
ciudades si hemos de unirnos para terminar con la amenaza de las armas
nucleares contra la humanidad y contra toda vida. Tenemos que comprender
que no es necesario ser víctimas de nuestras propias tecnologías, que
somos capaces de controlar aún la más peligrosa de ellas.
En su libro, Hiroshima en
América, Lifton y Mitchell concluyen:
"Confrontar Hiroshima puede ser una poderosa fuente de renacimiento.
Puede permitirnos surgir de una trampa nuclear y redescubrir nuestra
capacidad imaginativa en nombre del bien de la humanidad. Podemos
superar nuestra inversión moral y cesar de justificar armas o actos de
matanza masiva. Podemos condenar y dar paso atrás en actos de
profanación, reconociendo lo que Camus llamó 'filosofía de los límites'.
De esta manera podemos también tomar medidas para cesar de traicionarnos
a nosotros mismos, cesar de dañar y engañar a nuestra propia gente.
También podemos liberar a nuestra sociedad de su encubrimiento
apocalíptico, y en el proceso, ampliar nuestra visión. Podemos romper
nuestro largo aturdimiento en la vitalizante empresa de aprender, o
aprender de nuevo, sentir. Y podemos desviarnos de un debilitante
sentido de un sin-futuro y nuevamente sentirnos unidos a las
generaciones pasadas y futuras.
El futuro está en nuestras
manos. No debemos contentarnos con flotar a la deriva en el curso del
terror nuclear. Nuestra responsabilidad como ciudadanos de la Tierra y
de todas las naciones es enterarnos de la enormidad de nuestro reto en
la Era Nuclear y superar ese reto en nombre propio, de nuestros hijos y
de todas las generaciones futuras. Nuestra labor debe ser reclamar
nuestra humanidad y asegurar nuestro futuro común liberando al mundo de
estos instrumentos inhumanos de muerte y destrucción indiscriminadas. El
camino para asegurar el futuro de la humanidad corre a través del pasado
de Hiroshima y Nagasaki.
*
David Krieger es presidente de la
Fundación Paz en la Era Nuclear. (www.wagingpeace.org) Es coautor de "Choose
Hope. Your Role in Waging Peace in the Nuclear Age" (Elige la esperanza,
Tu papel en apostar por la paz en la Era Nuclear). (Middleway Press,
2002) y editor de Hope in a Dark Time, Reflections on Humanity's Future
(Esperanzas en Momentos Negros, reflexiones sobre el futuro de la
humanidad) (Capra Press, 2003)
** María Luisa Canale es
traductora profesional en México y España y colabora con la dirección
para América Latina.de la Nuclear Age Peace Foundation.
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Recuerdos de
Hiroshima y Nagasaki /
Anexo
1 /
Anexo2 /
Anexo 3
|