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. La Guerra del
Pacífico
0503 -
Trasfondo de la Guerra del Pacífico
En febrero de 1879, las jóvenes repúblicas sudamericanas del Pacífico:
Bolivia, Chile y Perú, que apenas treinta años atrás se habían enfrentado
en la llamada Guerra de la Confederación por el predominio comercial en
las costas del Pacífico Occidental, iniciaron uno de los conflictos más
largos, cruentos y costosos en la historia de América Latina, cuyas causas
radicaban en las políticas emprendidas por los gobiernos de La Paz y
Santiago sobre el territorio de Atacama, entonces bajo soberanía boliviana
Corría el 14 de febrero de 1879
cuando luego de que el gobierno chileno hiciera oficial su declaración de
guerra, las tropas nacionales desembarcaron en el puerto boliviano de
Antofagasta, iniciando una ocupación militar que traería múltiples cambios
sociales y geopolíticos inesperados hasta ese entonces en la región.
A 124 años de ese conflicto, muy
pronto a conmemorarse un aniversario más del combate naval de Iquique, la
historia de la denominada Guerra del Pacífico, ha sido hasta ahora
radicalmente opuesta a la hora de escucharla en los distintos países que
protagonizaron el conflicto.
Si bien Chile salió como el gran
triunfador de aquella guerra, no es inoportuno recordar algunos hechos que
hasta ahora no hemos conocido por medio de una historia-patria que sólo
nos habla de héroes y batallas con las que, supuestamente, nuestro país
hizo justicia. Pero ¿qué pasaría si dijésemos que Chile al ocupar
militarmente el litoral boliviano no hacía sino seguir las fases de una
política rigurosamente calculada por sus hombres públicos que no tenían
otra intención que apoderarse de la región salitrera?, ¿Por qué no se nos
habla de las múltiples matanzas injustificadas que el ejercito chileno
propinó a una gran cantidad de niños y mujeres en Lima?, ¿acaso ni Perú ni
Bolivia tuvieron héroes?
LAS CAUSAS DEL CONFLICTO
A principios de 1873 la expansión
del crecimiento mundial y los cambios tecnológicos trajeron consigo un
impacto directo de inversión externa en la costa boliviana, lo que
determinó que por primera vez un gobierno altiplánico recibiera ofertas
concretas de inversión, que implicaban concesiones de derechos y
territorios a cambio de ingresos sin antecedentes en las alicaídas rentas
del vecino país.
En este breve periodo -también- se ratificó un tratado
secreto de defensa entre Bolivia y Perú que se había negociado un año
antes, y que como la historia contará después, sería clave en el conflicto
que se avecinaba.
Según la historiadora Verónica
Valdivia si bien "el tratado secreto no cayó muy en gracia para el
gobierno chileno, se transformó en una justificación válida para que el
gobierno de turno aprovechase de disfrazar un conflicto netamente
económico en algo de interés nacional. El conflicto en sí, fue visto como
una verdadera oportunidad para generar recursos y dejar claro los límites
fronterizos".
Ofendidos o no, lo cierto es que
ya para fines de esa década la situación de muchos chilenos que vivían en
la Antofagasta boliviana se vio enormemente afectada por la decisión del
gobierno de Daza -atribulado por una espantosa sequía y una epidemia de
peste que azotaron el vecino país y lo dejaron desabastecido-, de imponer
un impuesto de 10 centavos por quintal de salitre exportado, lo que sin
dudas fue el detonante del conflicto, pues si bien Chile apeló al tratado
de 1874 que eximía a las empresas exportadoras de todo gravamen, no obtuvo
respuesta positiva alguna por parte de los bolivianos. Para éstos últimos
los "rotos" solo querían aprovecharse de las riquezas minerales. Para el
historiador Luis Ortega, efectivamente, uno de las causas que hizo
movilizar al gobierno de Santa María, fue el hecho de que gran parte del
empresariado nacional, como Agustín Edwards y la casa Gibbs en
Antofagasta, apoyaron constantemente la guerra". "Bajo un gobierno
boliviano -asegura el docente- las condiciones nunca hubiesen sido las
mismas para la pujante empresa nacional". Tal como consta en el escrito
enviado por Cancillería chilena en el que se lee que "como la actitud que
ha asumido el gobierno de Bolivia nos hace temer el desarrollo de sucesos
desagradables, por lo cual el gobierno ha ordenado la inmediata salida
para Antofagasta del blindado Blanco Encalada". Los vientos de guerra ya
asomaban como la única solución posible. "Si el gobierno de Bolivia
persistiera en la violación del tratado de 1874, habría llegado la
oportunidad de acudir a nuestras naves para exigir que nuestros derechos
sean respetados", concluía el documento que obtuvo rápidamente la
siguiente respuesta: "mandado por mi gobierno a ocupar la Prefectura de
este departamento sólo podré salir a la fuerza. Puede usted emplear ésta,
que encontrará ciudadanos bolivianos desarmados, pero dispuestos al
sacrificio y al martirio. No hay fuerzas con que contrarrestar a tres
buques blindados de Chile, pero no abandonaremos este puerto sino cuando
se consume la invasión armada", es decir, el mismo Prefecto, Severino
Zapata, ya admitía que Bolivia no estaba en condiciones para una guerra.
Mientras Tanto, el Perú tampoco veía con buenos ojos un
conflicto con Chile. A diferencia de lo que se enseña en las escuelas
nacionales, el Perú intentó detener la guerra por diversos medios. Sin
embargo, la decisión chilena era firme y el incásico país se vio forzado a
honrar su compromiso de defensa mutua con Bolivia e ingresó a la guerra en
condiciones de alistamiento realmente lamentables.
Según la propia información
entregada por el ejército del Perú, éste "estaba bastante lejos de
constituir un aparato militar eficiente, con mandos politizados y una
oficialidad surgida al fragor de las revoluciones". Por otro lado, la
tropa, mayoritariamente serrana, no se sentía totalmente identificada con
el concepto de nación peruana y el equipamiento era dispar y en muchos
casos obsoleto. Si bien, la Armada contaba con un cuerpo de oficiales
profesional, los elevados costos de reposición habrían hecho que el Perú
tuviera una flota anticuada, con unidades que habían llegado a un nivel de
deterioro apreciable.
Chile, por su parte, desde
principios de la década de 1870, había invertido considerables sumas en su
ejército y armada, habiendo alcanzado un elevado grado de eficacia
combativo en ambas ramas. Por otro lado, era claro que la estabilidad
política, lograda desde 1830, había contribuido a consolidar un sentido
profesional en sus fuerzas armadas que se veía reflejado en la permanencia
de sus altos mandos. La armada chilena además contaba con dos blindados
muy superiores a los peruanos, tanto en poder de fuego como en coraza, y
la infantería había homogeneizado su armamento con los fusiles tipo Grass
y Comblain, ambos con un mismo tipo de munición, es decir, estábamos mucho
mejor dotados que nuestros dos rivales en conjunto a la hora de enfrentar
el conflicto.
BATALLAS Y HÉROES
Generalmente, las únicas batallas
que los chilenos estudian son el Combate naval de Iquique, la batalla de
Punta Gruesa y la matanza de la Concepción, en la que 77 nacionales, entre
niños mujeres y soldados, fueron quemados cobardemente en una iglesia por
más de 2 mil 500 indígenas provenientes de la Sierra del Perú.
Para muchos estaría de más saber
de la existencia de otros héroes que no fueran Prat o Baquedano, quienes
tienen su contraparte en valientes personajes como el peruano Bolognesi,
que según se cuenta se tiró con su caballo desde el morro de Arica al ver
el inminente triunfo chileno, o el boliviano Eduardo Abaroa, quien
defendió con su vida el pequeño puente del río Topater en lo que hoy es
Calama.
"La Guerra del Pacífico sirvió
para generar lazos de reconocimiento para con la nación chilena, y el
surgimiento de héroes nacionales de alguna u otra forma juega un papel
trascendental en este caso; pues una vez sabido la gesta de Prat, el
pueblo se unió más que nunca en la idea de `nación chilena'", opina el
sociólogo Nino Bozzo de la Universidad de Santiago. Por ende, en el correr
de la guerra las tropas chilenas se enfrentaron a diferentes adversidades
que no sólo le propinaron múltiples bajas, sino que además permitieron que
estos lamentables hechos sean hasta hoy vistos con buenos ojos por gran
parte de nuestros vecinos, que mantienen como héroes, al igual que
nosotros como en el caso de Prat, a aquellos personajes que dejaron su
vida en el conflicto propinando por lo demás un buen número de chilenos
muertos.
No obstante, aunque en los
primeros meses del conflicto Chile no encontró una resistencia organizada,
por lo que la región de Antofagasta fue literalmente "fácil" de
reivindicar como territorio nacional, la verdadera hazaña, aparte de uno
que otro héroe local, la constituyeron hombres como Arturo Prat, Patricio
Lynch, y el peruano Miguel Grau, que como verdaderos caballeros de guerra
que fueron supieron dejar bien puesto el nombre de sus países.
A diferencia de la actitud del
presidente boliviano de ese entonces, Hilarión Daza. Este mantuvo en
secreto la guerra para no afectar las celebraciones del carnaval en el
altiplano y unas semanas antes había dirigió una carta privada a Severino
Zapata que contenía elementos de juicio equivocados y demostraba el
apresuramiento de su accionar con palabras como: "Tengo una buena noticia
que darle. He fregado a los gringos y a los chilenos decretando la
reivindicación de las salitreras y no podrán quitárnoslas por más que se
esfuerce el mundo entero. Espero que si nos declaran la Guerra podamos
contar con el apoyo del Perú".
Según el historiador Luis Ortega
"la popularidad del roto chileno, si bien nació en la Guerra contra la
Confederación casi medio siglo atrás, de igual forma demuestra un heroico
acto por parte del pueblo chileno a la hora de ir a la batalla".
A diferencia de esto. un hecho
que demuestra una de las acciones más cobardes de la guerra fue cuando
Hilarión Daza, quien salió a la defensa de Iquique con más de 6 mil 252
efectivos para acompañar al General peruano Buendía en la batalla,
extrañamente a medio camino, en un lugar llamado Camarones, detuvo a su
contingente y retornó a Arica. Esta defección aún inexplicable, minó
seriamente el prestigio del mandatario boliviano y fue un duro golpe a la
moral de los aliados. Posteriormente Buendía fue derrotado en la batalla
de San Francisco en la que casi 11 mil aliados enfrentaron a 6 mil 500
chilenos parapetados en las alturas de una colina que no pudo ser tomada,
a pesar de los bravos esfuerzos de algunos contingentes aliados por
hacerse de la plaza.
Pocos días después en Tarapacá
nuestros otrora enemigos se anotaron el único triunfo importante de la
contienda, al derrotar sin atenuantes a 4 mil soldados chilenos a quienes
obligaron a retirarse, tras dejar centenares de muertos y heridos en el
campo. De todas formas, un hecho que no se puede dilucidar de la lectura
de nuestra patriótica historia nacional.
EL TERROR EN EL MAR
Lo que sí se infiere de nuestra
historia es el hecho de que celebramos como triunfo lo que en realidad fue
una derrota a todas luces. El Combate Naval de Iquique, protagonizado por
cerca de 200 soldados de los cuales murieron 135 sólo en la Esmeralda, fue
una de las pocas derrotas que la Armada chilena tuvo en el conflicto.
Aunque el combate entre el
Huáscar y la Esmeralda se prolongaría por más de tres horas, no pasaron
más de 60 minutos cuando Grau decidió terminar el dramático encuentro
recurriendo al espolón. En el segundo espolonazo, según cuenta la versión
peruana, el aguerrido capitán Prat intentó abordar el Huáscar y acompañado
sólo de un sargento llamado Juan Aldea, espada y pistola en mano y al
grito de "al abordaje muchachos" murió en su intento.
No obstante, el triunfo peruano
se vio opacado cuando la Independencia, luego de tres horas de
persecución, encalló en un arrecife frente a Punta Gruesa, mientras
intentaba espolonear por tercera vez a la escurridiza Covadonga, y se
hundió, perdiendo así el Perú 26 marinos, entre muertos y heridos y un
blindado de dos mil toneladas, por intentar capturar una vieja nave de
madera de 412 toneladas.
Ya para el 24 de mayo el Huáscar
retornó a Iquique. Poco después inició sus solitarias correrías e
incursionó en los puertos bolivianos ocupados de Cobija, Tocopilla,
Platillos y Mejillones, destruyendo siete lanchas chilenas y recobrando la
goleta peruana Clorinda capturada por los chilenos. Dos días después
entabló un combate de dos horas contra las baterías del puerto de
Antofagasta, destruyéndolas. El 27 destruyó el cable marítimo que
conectaba a Antofagasta y Valparaíso y poco después, en Cobija, destruyo
otras seis lanchas nacionales. El día 28 recobró la también capturada
goleta peruana Caquetá y apresó a su vez al velero chileno Emilia que
navegaba con una importante carga de cobre. No obstante, aunque estos
hechos son una verdad irrefutable, nuestra educación a veces demasiado
nacionalista no nos permite asimilar que el enemigo también tuvo sus
momentos de gloria. Lo único que nos queda es saber que en la gesta de
Angamos, el Huáscar fue derrotado muriendo así toda su tripulación y
capturado el monitor para nuestros connacionales.
EL INEXORABLE FINAL
Una vez que los chilenos pudieron
desembarcar tranquilamente a sus hombres en las costas otrora bolivianas,
la guerra no pasó más allá de ser un mero trámite. Con una flota a la cual
solamente Brasil le hubiese hecho el peso, el Ejército nacional y la muy
bien dotada Armada chilena, pasaron a tomar definitivamente las riendas
del conflicto.
Demás está decir que con la
captura del Huáscar la rivalidad en los mares ya era cosa del pasado. De
hecho, ya para el 2 de noviembre de 1879 en Piragua, se fraguó un combate
terrible, en donde bolivianos y peruanos lucharon con patriotismo, bravura
y tenacidad, pero no pudieron ante la marcialidad de un poderoso ejército
chileno.
Un año después, el General.
Narciso Campero organizó en Tacna la defensa de la ciudad, lo cual se
constituyó en la mayor confrontación militar del desierto, 19 mil
efectivos chilenos enfrentaron a 12 mil aliados el 26 de mayo de 1880. La
intervención valiente de los regimientos Colorados de Bolivia, Murillo y
Zapadores no fue suficiente para frenar la ofensiva chilena en la que la
caballería de Yavar tuvo un papel decisivo. Más de 5 mil hombres entre
muertos y heridos quedaron regados en el campo. Los aliados fueron
derrotados en Arica y Tacna fue tomada. El ejército boliviano se replegó a
las montañas y Bolivia se retiró de la guerra. Chile tomó e invadió
violentamente Lima, ciudad de la que se trajo los cañones que hoy adornan
el cerro Santa Lucía, las estatuas de dos leones que hoy adornan la calle
del mismo nombre y tras de sí dejó a cientos de mujeres violadas y menores
sin padres. Además se quemaron documentos de incalculable valor histórico
como las actas que dejaban todos los Virreyes del Perú en la Biblioteca
Nacional de ese país, y por si fuera poco, Tacna quedó bajo soberanía
chilena durante 25 años. La guerra terminó en 1883 después de casi un año
y medio de intervención chilena en el Perú, y Bolivia perdió su acceso
soberano al océano Pacífico y todo el territorio del Litoral fue ocupado
por Chile, lo cual hasta hoy, se mantiene como una herida que no puede
cicatrizar -
El Periodista
1879 - 1882 La Guerra del Pacífico -
Armando
Parodi Buendía -
Liberación Press
0304
”Chile cometió graves errores históricos al apropiarse de territorios
extranjeros. La Guerra del Pacífico constituyó un error diplomático. A mi
juicio, el país por mala conducción en las relaciones internacionales,
quebró su destino en el continente... Por eso digo que las consecuencias
de los desaciertos pesarán sobre el futuro de las generaciones
chilenas...”
¿Han sido estas palabras expresadas acaso por algún político peruano o
boliviano? De ninguna manera, pertenecen a un discurso pronunciado en el
Congreso chileno por el representante González Madariaga. Según Jorge
Basadre, el origen de las agresiones sureñas, proviene de un antiguo
rencor que se puede vislumbrar desde el siglo XVII cuando el Virreynato
del Perú, ejercía una dominación cultural, militar y económica sobre la
Capitanía General de Chile. Entre 1793 y 1879, esta hostilidad se
traduciría en un abierto revanchismo, encarnado en la figura del político
Diego Portales (1793 - 1837), quien fuera ministro de Relaciones
Exteriores, ministro del Interior y de Guerra y Marina.
Su tesis, constituía una obsesión por
mantener desunidos a sus vecinos, en especial a los del norte, a fin de
lograr para su país, un Lebensraum (Espacio Vital). Sus ideas fueron bien
recibidas por la plutocracia nacional y por los capitalistas
internacionales. Veamos una carta dirigida por él al almirante Blanco
Encalada: ” La posición de Chile frente a la Confederación Peruano-
Boliviana, es insostenible. No puede ser tolerada ni por el pueblo ni por
el gobierno. No podemos mirar sin inquietud, ni mayor alarma, la
existencia de dos pueblos confederados que, a la larga, por la comunidad
de origen, lengua, religión y costumbres, formarán, como es natural, un
solo núcleo. La confederación debe desaparecer para siempre jamás del
escenario de América”. Portales murió fusilado en 1837, pero le sobrevive
aún su doctrina, cuyos puntos principales fueron: Realizar la
intervención, (innecesaria según el historiador Oscar Pinochet de la
Barra), contra la Confederación (1836-1839). - Hacer que el presidente
Bulnes fijara los límites con Bolivia en el paralelo de Mejillones en
1842. - Impulsar el ”Sea Power” (Poderío Marítimo): ”Chile debe ser la
Inglaterra del Pacífico.”
Factores Internacionales
Gran Bretaña: Le facilitó a Chile préstamos por 1.000 millones de
libras esterlinas entre 1860 y 1870. El país se convirtió en la práctica
en una semicolonia anglosajona. Resultaba más barato abastecer Valparaíso
con carbón inglés que traerlo desde las minas de Concepción. La libra
esterlina y el idioma de Shakespeare, eran cosa corriente en el comercio.
Todos los meses un escuadrón de la Armada británica patrullaba la costa.
John Thomas North, llamado ”El Rey del Salitre” (1842-1896), colaboró con
el ejército chileno en la ocupación de Antofagasta e Iquique. Terminada la
guerra, cuando el presidente Manuel Balmaceda (1886- 1891), ”pretendió”
acceder al salitre, North al ver amenazado su ”enclave”, financió a un
grupo sublevado en contra del Gobierno en la cruenta contienda civil
(1890-1891). Balmaceda, como Allende después, acabaría suicidándose.
Argentina: 1872 marca el comienzo de los desacuerdos con Chile por la
Patagonia (territorio que le correspondía históricamente a Chile desde el
río Negro), habiendo sus pobladores alcanzado hasta el río Santa Cruz. En
1878, las fuerzas argentinas arrojaron de los mares y costas patagónicas a
las unidades navales y a los ciudadanos chilenos asentados en Santa Cruz.
En julio de 1881, es decir, en plena Guerra del Pacífico, Argentina impone
un tratado de límites, so pena de iniciar una ofensiva, impidiéndole al
vecino su acceso al Este. Obtenida la firma, bajo manu militari,
Argentina se abstuvo ya de apoyar tanto al Perú como a
Bolivia. Aunque Chile consintió en firmar, nunca olvidó el despojo y en
el siglo pasado, casi se involucra en acciones bélicas por cumplir con
el sueño de bañarse en las playas del Atlántico.
Consecuencias
La Guerra del Pacífico concluyó con tres países perdedores:
Perú: Tarapacá (58.000 km.). Bolivia: Atacama (125.000 y 480
km de costa). Chile: Patagonia (1.000.000 km).
Fracasos políticos - militares. Chile no gozó a plenitud de las
riquezas del salitre y del guano debido a la intervención británica. - No
se apropió de Moquegua ni logró un acceso al altiplano ni a la Cuenca del
Titicaca, por lo que no puede desarrollar una industria química pesada,
tampoco generar energía eléctrica y menos aún, permitir la irrigación de
las pampas de Tamarugal. - No retuvo a Tacna ( zona muy estratégica)
conformándose con Arica y soportando la servidumbre (derechos
inalienables de un país sobre otro) marítima del Perú. - No logró atraer a
Bolivia a su esfera. - No hizo valer sus legítimos derechos en la
Patagonia. Desde unos diez años antes, los militares chilenos se habían
preparado siguiendo las pautas dictadas por Karl Von Clausewitz (que había
dado frutos en 1866 y en la Guerra Franco Prusiana en 1870- 1871) por lo
tanto, poseían un poderoso ejército y la mejor armada del continente.
Planeaban poner fuera de combate al Perú y a Bolivia en sólo cuatro meses
para luego dar cuenta de Argentina, desguarnecida por aquel entonces pero,
el Perú resultó un hueso muy duro de roer y transcurridos cuatro años, la
lucha continuaba, lamentando los chilenos la baja de más de 20.000
soldados y el hundimiento de seis unidades navales por lo que vio
esfumarse definitivamente el territorio patagónico. - Chile no puede dejar
de lado el armamentismo y siempre tendrá que dormir con un solo ojo debido
al odio que generó: a Bolivia, la pérdida del litoral y al Perú, los actos
vandálicos: miles de huérfanos; bibliotecas, conventos, iglesias, instituciones,
museos, saqueados; haciendas, ciudades, fábricas, puertos incendiados y
destruidos, apropiación de territorios, cupos monetarios, etc. - No
comprende que está sosteniendo una carrera de velocidad cuando sus vecinos
la sostienen de resistencia, ya que el tiempo juega a favor de éstos por
ser más grandes, estratégicos, ricos y poblados.
Soluciones posibles: - Devolver Arica al Perú. - Entregarle a Bolivia
un Corredor Soberano al sur de Arica sin planear establecer enclaves a lo
Kaliningrado ni Zonas Francas. Deben de concederle soberanía plena porque
en el su-puesto caso que el Perú entregase su servidumbre, a Bolivia le
resultaría muy costoso construir un puerto en ese lugar ya que el terreno
es arenoso y poco profundo. - Cuando Pinochet y Banzer detentaban el
poder, acordaron una salida por el norte de Arica, pero sin consultar con
el Perú tal como lo establece el Tratado de Lima de 1929. El general Juan
Velasco Alvarado (1968- 1975) movilizó su ejército -en esa época
considerado el mejor de Sudamérica- y la orden que impartió fue la de
lanzar una ofensiva de inmediato si se daba lugar a la firma. Según
estrategas chilenos, el ataque peruano iba a resultar devastador por lo
que Pinochet dio marcha atrás pero, por prudencia, sembró la zona con más
de 200.000 minas, artefactos no desactivados hasta la fecha. - Se deberían desmilitarizar las fronteras, fomentar los intercambios culturales,
rediseñar las historias de nuestros países que en el fondo comparten una
misma herencia preinca, inca e hispánico-mestiza; potenciar los puertos
peruanos, bolivianos y chilenos bajo acuerdos comerciales trinacionales,
y prepararse a recibir el enorme volumen comercial que vendrá desde la
Argentina, Paraguay, Brasil hacia el Pacífico, considerado hoy, el océano
más importante del mundo.
Bibliografía:
a) Pinochet en Piccadilly. Andy Beckett.
b) 1891.Chilenos contra Chilenos en Caldera. Ed. Portada.
c) Chile: Política Exterior para la Democracia. Varios autores.
d) Gobierno Chileno y Salitre Inglés 1886 1896. Balmaceda y North.
Harold Blakemore.
e) Diego Portales.Benjamín Vicuna Mackenna.
f) Política y Estrategia en la Guerra de Chile. Edgardo Mercado Jarrín.
g) Historia de la República del Perú. Jorge Basadre.
h) De la Guerra. Karl Von Clausewitz
i) Guerra del Pacífico. Augusto Pinochet U. Historia Diplomática de
Chile (1541- 1938).Mario Barros Van B.
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