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Desarrollo de la crisis.
El 14 de octubre, uno de
los aviones U-2 que hacía vuelos rutinarios de inspección del
territorio cubano para verificar la actividad militar soviética en
la isla, fotografió durante una hora un área de unos 100 kms. de
largo por 120 kms. de ancho, en el norte de La Habana. Cuando esas
fotografías fueron analizadas, mostraron claramente la presencia
de rampas de lanzamiento y de misibles de corto y mediano alcance.
La gravedad de tal situación — y
lo que ello significaba como evidencia del tipo de actitudes
políticas y militares a que podía alcanzar la U.R.S.S. bajo
Khruschev — suscitó en Wáshington enorme estupor y profunda
alarma. Como ulteriormente declarara el entonces Secretario de
Estado Robert McNamara, que los soviéticos hubieran llegado a
decidir la instalación de misibles nucleares en Cuba, resultaba
algo absolutamente increíble; por cuanto de ninguna manera los
dirigentes políticos y militares soviéticos podrían suponer que
los EE.UU. irían a tolerar semejante cosa sin emplear todos sus
medios militares para impedirlo, por lo cual estaban arriesgándose
directamente al inmediato estallido de una guerra nuclear.
Los dirigentes norteamericanos,
una vez establecido en forma definitiva que los soviéticos estaban
instalando proyectiles nucleares en Cuba capaces de bombardear
todo EE.UU., debatieron acelerada e intensamente cuál habría de
ser su respuesta ante ello.
Una de las principales
opciones que se planteaban, consistía en invadir directamente la
isla; lo cual no solamente implicaba el objetivo de destruir las
bases de misiles soviéticos en construcción, sino necesariamente
intervenir políticamente para eliminar el sistema de gobierno
encabezado por Fidel Castro. Ello — a la vez que significaría la
continuidad del enfrentamiento con la U.R.S.S. en términos
imprevisibles, que no eliminaban para nada una gran probabilidad
de que se desencadenara una guerra nuclear — acarrearía los
ulteriores problemas derivados de la forma en que se instalaría en
Cuba un nuevo gobierno — para lo cual la emigración cubana en la
Florida debía ser un factor decisivo, pero se encontraba sumamente
dividida.
Seguramente, una invasión
militar de Cuba por fuerzas norteamericanas tampoco dejaría
indiferente a la U.R.S.S., no solamente por la forma en que
alteraría a su vez los preexistentes equilibrios militares sino
por la importante repercusión que ello tendría para el prestigio
soviético, en momentos en que al objetivo de expansión militar se
unía con gran importancia el componente de expansión del régimen
político y económico del comunismo en todo el mundo, que era uno
de los principales para Nikita Khruschev y sus allegados.
Un ataque a Cuba, por lo tanto,
tendría que tener un potencial sumamente importante, para que por
lo menos permitiera asegurarse un éxito verdaderamente fulminante;
y conducir a que sus objetivos finales fueran logrados antes de
que la U.R.S.S. pudiera reaccionar efectivamente contra él; lo
cual era muy improbable.
Aún ignorando el factor que
significaba la presencia en el Mar Caribe de cuatro submarinos con
capacidad nuclear — los soviéticos no disponían todavía de
submarinos lanzadores de misiles de gran distancia — el Presidente
Kennedy — que entre otros asesoramientos recurrió a la opinión del
Gral. Dwight Einsenhower, ex-Presidente, ex-Comandante en Jefe
norteamericano de las Fuerzas Aliadas en la II Guerra Mundial, y
líder indiscutido del Partido Republicano — prefirió la segunda
opción: el bloqueo marítimo militar
de Cuba.
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El bloqueo constituye uno de
los instrumentos militares de política y de Derecho
Internacional más delicados. Como medida de aislamiento de
un área geográfica determinada, es reconocidamente un acto
inmediatamente anterior a la guerra misma; y se requiere,
para que se le atribuyan efectos válidos — sobre todo
respecto de terceros no involucrados directamente en un
conflicto internacional — que quien lo declara cuente con
medios efectivos de ponerlo en práctica.
El gobierno
norteamericano, en estas circunstancias, actuó frente a la
comunidad internacional en forma independiente; adoptando
por sí sólo las decisiones de proclamar e instrumentar el
bloqueo, en base a las disposiciones de la Carta de las
Naciones Unidas que admiten las acciones unilaterales de
defensa propia. |
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En la noche del 22 de
octubre de 1962, el Presidente Kennedy se dirigió a su país y al
mundo entero en un mensaje transmitido por radio y televisión. Su
breve mensaje, expresó que tal como se había anunciado antes, el
Gobierno norteamericano había establecido una estrecha vigilancia
sobre los movimientos militares soviéticos en Cuba; y que como
resultado de ello, se había determinado sin lugar a duda alguna
que la U.R.S.S. estaba desplegando en territorio cubano rampas de
lanzamiento y misiles.
En consecuencia de ello, agregó
que a partir de ese momento, "La política
de esta Nación será considerar cualquier ataque nuclear lanzado
desde Cuba contra cualquier nación en el hemisferio occidental,
como un ataque de la U.R.S.S. contra los EE.UU.". Esos
términos tenían el significado claro de que en tal caso, los EE.UU.
realizarían un bombardeo atómico sobre la U.R.S.S.
Los términos del bloqueo,
establecían una zona de exclusión alrededor de la isla de Cuba,
dentro de la cual, a partir de la hora 10 GMT del día 24 de
octubre, la Armada de los EE.UU. procedería a inspeccionar todo
barco mercante o de guerra que se dirigiera a Cuba, a fin de
determinar si conducía equipos o fuerzas militares. En caso
afirmativo, el barco sería intimado a retornar, y de no hacerlo,
sería hundido.
Los EE.UU. solicitaron
también una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la O.N.U.,
en cuya sesión el representante norteamericano exhibió las pruebas
fotográficas; que eran de una claridad absoluta. Los EE.UU.
recibieron un gran apoyo internacional en el Consejo de Seguridad
y en las Naciones Unidas en general. Pero de todos modos, la
comunidad internacional de Naciones y el mundo entero percibió
claramente que se trataba de una cuestión en que estaban
directamente involucradas las dos principales potencias militares
del mundo; y cuya definición quedaría en gran medida sujeta a las
decisiones de sus respectivos líderes, el Presidente Kennedy y el
Presidente del Presidium Supremo de la U.R.S.S., Nikita Khruschev.
Mientras tanto, al tiempo
que el mundo entero quedaba pendiente de lo que pudiera suceder en
las horas siguientes, Nikita Khruschev y sus allegados acudían
ostensiblemente en Moscú a un espectáculo del Ballet Ruso; sin
duda para dar una imagen de distensión y tranquilidad. El mundo
supo entonces, que varios barcos mercantes soviéticos se
encontraban navegando en dirección a Cuba, y que en cuestión de
horas llegarían a los límites de la zona de exclusión.
Lo que nadie sabía, era que el
día 18 de octubre, los cuatro submarinos soviéticos habían
recibido nuevas órdenes, de posicionarse alrededor de la isla de
Cuba, cargar los torpedos atómicos de 15 kilotones (capacidad
explosiva equivalente a 15 toneladas de TNT), en sus tubos
lanzadores, y permanecer sumergidos manteniendo un total silencio
radial. El B36 se estacionó al este de la Florida, a la altura de
los Cayos; el B4 lo hizo al oeste de la Florida y al norte de la
isla de Cuba; el B59 se ubicó al sur de Cuba, y el B130 al este de
la isla de Dominica. Desde sus posiciones, cualquier explosión de
sus torpedos lo arrasaría todo en un radio de 10 millas.
Indudablemente, también iniciaría la III Guerra Mundial, atómica.
Sus órdenes específicas, eran
las de no lanzar sus torpedos salvo que fueran atacados y se
encontraran en situación sumamente comprometida, sin posibilidades
de escape. Para el momento de comenzar el bloqueo, todos ellos
estaban ignorantes de lo que sucedía. Sin embargo, alguno de sus
capitanes se encerró a solas con su operador en la sala de radio,
y se enteró de las noticias a través de las transmisiones de onda
corta de “La Voz de América”.
Una numerosa y poderosa
flota norteamericana, con amplio respaldo aéreo, fue desplegada
para hacer efectivo el bloqueo declarado por el Presidente
Kennedy.
El 23 de octubre, Nikita
Khruschev declaró que la U.R.S.S. no reconocía derecho a los
norteamericanos para establecer el bloqueo de Cuba, y advirtió que
los barcos soviéticos no tenían por qué respetarlo. Si bien Nikita
Khruschev había declarado que si los barcos norteamericanos
intentaban acciones de bloqueo con los buques soviéticos, serían
hundidos; nunca informó que tenían en la zona submarinos equipados
con torpedos nucleares. Sin embargo, el 24 de octubre informes de
prensa dijeron que los barcos soviéticos que estaban más cerca del
borde de la zona de exclusión, al parecer se habían detenido.
A medida que pasaban las horas,
aumentaba la tensión en el mundo entero. El enorme riesgo de que
en cualquier momento estallara una guerra nuclear devastadora, era
claramente percibido en todas partes. Sin duda, los contactos
diplomáticos en el marco de las Naciones Unidas y a todo otro
nivel, se llevaban a cabo minuto a minuto durantes los tres días
en que la espectativa ominosa de la III Guerra Mundial asumía
creciente posibilidad.
En alta mar, las
tripulaciones de los submarinos soviéticos — movidos por motores
diesel — soportaban condiciones extremas. El calor rondaba los 39
grados centígrados; se agotaban las existencias de agua potable y
el aire se enviciaba tornándose irrespirable. La transpiración los
bañaba permanentemente; y su piel y sus ojos estaban totalmente
irritados a causa de ello. Por lo tanto, el 25 de octubre, el
capitán del submarino B130 decidió emerger brevemente; pero fue
rapidamente detectado por el destructor antisubmarino
norteamericano “Blandy”, el cual inició una persecusión lanzando
cargas de profundidad de advertencia. Los norteamericanos supieron
así que los soviéticos tenían submarinos en la zona, pero nunca
sospecharon con qué tipo de armamento estaban equipados.
Finalmente, al mediodía del
26 de octubre, un vocero de la Casa Blanca informó al mundo que el
Presidente Kennedy acababa de recibir un mensaje de Nikita
Khruschev, en el cual el gobierno soviético declaraba su
disposición a suspender el envío de todo material bélico a Cuba, y
a retirar de la isla todas sus instalaciones y misiles bajo
inspección de la O.N.U.; a condición de que los EE.UU. renunciaran
a invadir la isla de Cuba.
Como le comentara el Presidente
Kennedy al Gral. Eisenhower al ponerle telefónicamente en
conocimiento de la oferta soviética, de todos modos la invasión de
Cuba no constituía ya un objetivo norteamericano, toda vez que los
misiles fueran efectivamente retirados.
En todo el mundo se lanzó
un suspiro de alivio. Pero entretanto, los cuatro submarinos
soviéticos permanecían sumergidos, sin contacto alguno con sus
mandos superiores, e ignorantes de todo lo que estaba sucediendo —
en especial sin saber si los EE.UU. y la U.R.S.S. habían entrado
en guerra. Las órdenes permanentes para el uso de proyectiles
nucleares requerían — tanto para los soviéticos como para los
norteamericanos — una instrucción especial y expresa del
Presidente; pero en este caso, los capitanes habían sido
instruídos de que dispararan sus torpedos si al ser atacados se
vieran en situación de destrucción del submarino.
El 27 de octubre, el destructor
norteamericano “Charles P. Cecil” que patrullaba el océano,
detectó fugazmente una imagen en el radar, que era la del
submarino B36, el cual también había tenido que emerger debido a
las insoportables condiciones que existían a bordo. Aunque se
sumergió de inmediato al saberse detectado, una flotilla de seis
destructores se dedicó a perseguirlo intensivamente, durante 17
horas.
Finalmente, imposibilitado de
continuar sumergido, el capitán del B36 decidió emerger, sólo para
encontrar un destructor norteamericano a menos de 100 metros de
distancia, con todos sus cañones apuntándole.
Según relataron ulteriormente,
los capitanes de los submarinos soviéticos, en tales
circunstancias, enfrentaron la necesidad ineludible de adoptar una
decisión en cuanto a si utilizar o no sus torpedos nucleares
contra los barcos norteamericanos que los perseguían. Sin duda,
hubiera bastado que sólo uno de esos torpedos fuera lanzado y
alcanzara a un barco norteamericano, para que estallara una guerra
nuclear; los propios misiles soviéticos instalados en Cuba fueran
disparados sobre las ciudades norteamericanas donde estaban en
capacidad de causar la muerte inmediata a 80 millones de personas,
y los misiles balísticos norteamericanos descargaran sus bombas
atómicas sobre las ciudades de la Rusia soviética.
Durante unos minutos, en las
aguas del Caribe, al borde del célebre Triángulo de las Bermudas,
el 29 de octubre de 1962 un submarino soviético apuntaba su
torpedo nuclear hacia un destructor norteamericano, que a su vez
le apuntaba con sus cañones; mientras el capitán del submarino se
atenía a sus órdenes de no disparar el torpedo que habría desatado
la guerra nuclear mundial, mientras no fuera atacado.
El capitán del destructor
norteamericano, consciente del significado que ello tenía en el
código naval militar, ordenó entonces que las torretas de los
cañores giraran 180 grados, dejando de apuntar al submarino, como
indicación de que no era su intención hundirlo.
Los submarinos soviéticos
recibieron en definitiva, la orden de retornar a sus bases por
haberse cancelado la operación de instalación de una base de
submarinos en Cuba. |