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Guerra en los Balcanes

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Historia

Los ilirios
Gengis Khan y
la Horda de Oro
I Guerra Mundial
II Guerra Mundial
Muerte de Tito y las guerras independentistas
La presidencia de Milosevic

La Guerra de Kosovo

Raíz metafísica del conflicto

En los Balcanes la muerte siempre se impuso a la deslumbrante naturaleza. La guerra que se está viviendo es una más -y tal vez no la única- de las muchas que se libraron en este sitio que los sultanes otomanos llamaron "las montañas arboladas".

En el siglo X a.C., estas bellas cumbres virginales albergaron a los ilirios, un pueblo de pastores de origen indoeuropeo, que fueron sus primeros, casi desconocidos pobladores. Desde entonces, como si una maldición pesara sobre ese lugar, los ejércitos de todos los conquistadores de la historia pasaron por allí desde Alejandro hasta Gengis Khan. Pero fueron las invencibles legiones romanas quienes dominaron tempranamente toda la costa del Adriático. En el año 168 a.C. fundaron ahí la poderosa provincia de Illycum, joya del Imperio Romano. Alguno de los más notables emperadores -como Aureliano, Diocleciano y Constantino I- fueron ilirios. Al comienzo de la Era Cristiana, ya en el año 6, se produjo una sangrienta sublevación que Roma reprimió sin ninguna piedad. La orgullosa Iliria fue desmembrada por primera vez para dar lugar a dos provincias imperiales más débiles: la Panonia y la Dalmacia. La paz había huído de ese sitio para siempre.

En el año 395, a la muerte del emperador Teodosio, el Imperio Romano se dividió en dos partes, una al este (con capital en Bizancio) y otra al oeste, con centro en Roma, regidas por dos de los hijos mayores del monarca fallecido. Los Balcanes quedaron en la parte oriental del Imperio. A fines del siglo VI -cuando el Imperio Bizantino ya declinaba- comenzó la trabajosa expansión de los pueblos eslavos del Cáucaso hacia el sur. Los más audaces de esos grupos se infiltraron por "las montañas arboladas" y se apoderaron de la antigua Panonia romana. Llegaron hasta la Dalmacia y se afincaron en la zona costera. A principios del siglo VII toda la Iliria y la mayor parte de los Balcanes estaban en manos de estos harapientos eslavos del sur, antepasados de los actuales eslovenos, croatas y serbios. Pero la vida no iba a ser simple para esa gente.

Muchos, como los eslovenos, accedieron pronto a un alto grado de organización y en el 788 pasaron a formar parte del Imperio forjado por Carlomagno, a quien el papa, en el año 800, le otorgó el título de Emperador de Occidente. Los croatas, encerrados entre el poderoso mundo Carolingio y Bizancio, lograron poco a poco emanciparse y formaron un Estado Independiente bajo el reinado de un príncipe llamado Tomislav I (910-928). Los serbios, por su parte, estaban divididos en dos grupos de tribus casi salvajes: uno de ellos se había establecido en Rascia y el otro en Zeta. Por esa época llegaron los búlgaros, que se establecieron en la antigua Dacia, más al este. Eran de origen turco, pero en contacto con los serbios se fueron eslavizando de a poco.

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De esa forma se completó la ocupación de los Balcanes: los eslovenos en el norte, formando parte del Imperio Carolingio; en el centro los croatas, con su reino independiente; más al sur los serbios, divididos en dos grupos (uno de los cuales daría origen a los montenegrinos); y al este los válacos (después llamados rumanos, que todavía erraban con sus majadas por los confines de Albania y Macedonia). El resto de la península pertenecía al empobrecido Imperio Bizantino.

Todos estos eslavos eran paganos. Y lo mismo ocurría con los búlgaros y los rumanos. Bizancio y Roma rivalizaron en su empeño por evangelizarlos. Roma integró a su área de influencia a los eslovenos y a los croatas, que se convirtieron al cristianismo en el siglo IX. En cambio, Bizancio tuvo más éxito en el sur de los Balcanes gracias a la acción de dos monjes, los hermanos Metodio y Cirilo, originarios de Salónica, que hablaban perfectamente el idioma eslavo. Los eslavos convertidos por Bizancio siguieron a la Iglesia Ortodoxa luego del cisma que se produjo en el año 1054. En ese momento quedó consumada la más completa "balcanización" de la región: una unidad geográfica (los Balcanes) y étnica (los eslavos) rota en decenas de países rivales separados por sus antagonismos de origen (de tribu) al que se agregaban ahora las diferencias religiosas.

Pero eso no es todo. En el siglo XIII, unificados por Gengis Khan, los tártaros de la Horda de Oro arrasaron Eslovenia, Croacia y Eslavonia. Cuando se retiraron, sólo quedó una tierra casi despoblada y calcinada por el fuego. Eso favoreció a los serbios, que pudieron agrandar sus fronteras: se extendieron hacia Albania y Macedonia y ocuparon, en lo que hoy es Croacia, la actual Krajina. Pero eran demasiado débiles para oponerse a los jenízaros turcos, convertidos en los nuevos poderosos invasores. En 1371 Serbia cayó sin combatir y los otomanos (musulmanes) se apoderaron de toda la península balcánica. Se quedaron allí por espacio de quinientos años.

Pero en ese lapso su imperio se fue debilitando. En 1699 los turcos debieron ceder a la Casa de Austria los territorios de Croacia y Eslavonia. Toda la costa dálmata y el Peloponeso cayó en manos de Venecia y los Balcanes se convirtieron en un polvorín.

Los primeros días de la Federación Yugoslava estuvieron marcados por la violencia. Como resultado de las guerras balcánicas de 1812-1813, Serbia y Montenegro habían recibido extensos territorios y se habían destruido los últimos restos del poderío turco en la península. Las relaciones entre el Imperio austro-húngaro y Serbia, construidas sobre años de rivalidades y sospechas, se volvieron cada ve más difíciles en la medida en que los dos países luchaban por mantener su influencia en los Balcanes. Austria-Hungría se anexó Bosnia en 1908.

En 1914 hacía tiempo que Croacia había perdido ya su independencia. Eslovenia todavía no había conseguido ser un Estado independiente (nunca lo fue, perteneció alternativamente a Italia y Alemania) y el Reino de Serbia -que se había independizado de los turcos en 1815- era una tentación para la Rusia imperial de los zares. Viena tenía aspiraciones anexionistas hacia Belgrado (en 1908 le había quitado a los otomanos la Bosnia Herzegovina) y el príncipe heredero de la corona austro-húngara, el archiduque Francisco Fernando (1863-1914), pensaba que la única manera de pacificar los Balcanes era incorporando Serbia al Imperio, con lo cual la mayor parte de los eslavos de la península quedaría integrada dentro de una misma entidad política, acabando así con las luchas y reivindicaciones territoriales.

Los serbios, ya se sabe, pensaban distinto. Una organización secreta llamada La Mano Negra planificó, en 1914, un atentado contra el príncipe durante una visita que este realizaría a la ciudad de Sarajevo. El 28 de junio de 1914, cuando Francisco Fernando cayó, junto con su esposa, bajo las balas del estudiante nacionalista serbio Gavril Princip en Sarajevo (capital de Bosnia), Viena le mandó un ultimátum a Belgrado exigiéndole una serie de condiciones que convertían al país casi en un protectorado austro-húngaro.

Aunque la mayoría de las demandas fueron aceptadas por los serbios, un mes más tarde del asesinato los austriacos lo mismo les declararon la guerra y al día siguiente su artillería bombardeó la ciudad de Belgrado. Rusia acudió en defensa de su aliado eslavo y entró en la guerra en contra de Viena. Alemania, que veía con desconfianza el poderío ruso, respaldó con las armas a Austria-Hungría. Francia, que había firmado un acuerdo con Serbia, movilizó sus tropas en apoyo de Belgrado. Las tropas de Berlín, entonces, invadieron Bélgica para marchar contra los franceses y eso obligó a los ingleses a entrar en la contienda en defensa del gobierno neutral de Bruselas (Inglaterra también luchaba junto a Serbia). Comenzaba de esa manera la I Guerra Mundial (llamada inicialmente Gran Guerra, cuando se realizó la II Guerra Mundial, la anterior cambió su nombre para ser diferenciada, y por eso se la conoce como la I Guerra Mundial), que habría de costar la vida de ocho millones de combatientes. En abril de 1917 los Estados Unidos se movilizaron en respaldo de la alianza franco-ruso-británica y sus ejércitos desembarcaron en el Viejo Continente. En octubre de ese mismo año la revolución bolchevique se apoderó del gobierno en Rusia y cuando la guerra terminó, en 1918, con la derrota de los alemanes, los turcos (que también respaldaron a Austria Hungría), y los austriacos, el mapa de Europa -y de los Balcanes- había cambiado por completo.

A pesar de su derrota en 1915, los serbios obtuvieron una enorme recompensa cuando en 1918, a fines de la I Guerra Mundial, se estableció el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos después de la derrota de Austria-Hungría. Aunque no constituían la mayoría, eran el principal grupo étnico y como tal dominaron el gobierno.

Desmembrado el Imperio Austro-húngaro, los eslavos quedaron librados a su propia suerte política. En diciembre de 1919 el rey serbio Pedro I fue proclamado soberano de Serbia, Croacia y Eslovenia, una unión precaria.

En 1929, el rey Alejandro I (1888-1934) le dio el nombre de Yugoslavia al reino, que significa "país de los eslavos del sur" y lo dividió en nueve condados de acuerdo con la geografía y no con la raza. Su intención de crear un sentimiento nacional y de unidad fracasó y Yugoslavia siguió siendo un conjunto de culturas rivales muy diferentes hasta que Alejandro fue asesinado en 1934.

Desde el principio, los serbios tuvieron un papel dominante en el nuevo Estado. Serbia no sólo anexó su territorio otros pueblos eslavos menores, sino que todo el poder efectivo quedó en sus manos. En 1921 la mayoría serbia dictó una constitución autoritaria que apenas disimulaba el proyecto de la creación de una Gran Serbia en los Balcanes. Como el Parlamento se convirtió en el centro de todas las tensiones, el gobierno prohibió los partidos políticos de la oposición y de las nacionalidades, especialmente el Comunista y el Partido Campesino croata. También segregó drásticamente a las minorías no eslavas.

El 20 de junio de 1928, un diputado montenegrino disparó contra el líder parlamentario de los croatas matándolo en pleno recinto. El rey Alejandro (que había asumido el trono en 1921) suprimió entonces el Congreso y promulgó una nueva Constitución, aún más absolutista que la anterior. Eso dio como resultado la aparición de organizaciones terroristas armadas hostiles al nacionalismo de la Gran Serbia. La mayor de esas sociedades secretas fue la Ustacha, dirigida desde Roma por un abogado croata llamado Ante Pavelich, amigo de Benito Mussolini. El 9 de octubre de 1934, un terrorista macedonio reclutado por los ustachis asesinó, en la ciudad de Marsella, al rey yugoslavo Alejandro y al ministro de Relaciones Exteriores de Francia Louis Barthou.

En 1935, para aplacar a los sediciosos croatas, el gobierno firmó un concordato con el Vaticano que pudo a la Iglesia Católica en un pie de igualdad con la Ortodoxa. Entonces fueron los serbios quienes protestaron ruidosamente y las turbas enfurecidas quemaron decenas de templos católicos en todo el país. Una nueva medida conciliadora le otorgó a Croacia una limitada autonomía política. Eso, sin embargo, no consiguió frenar el accionar de la cada vez más poderosa Ustacha, cuyo objetivo era obtener independencia de Croacia a cualquier precio. Lo conseguiría fugazmente durante la II Guerra Mundial, uniéndose a la Alemania nazi.

El 10 de abril de 1941, cuando la aviación de Hitler bombardeaba Belgrado, los ustachis tomaron el poder en Zagreb y proclamaron el Estado Nacional Croata, que abarcaba todos los territorios del antiguo Reino de Croacia y Eslavonia. El día 15, el abogado Ante Pavelich fue nombrado jefe de gobierno e impuso una dictadura de orientación nazi. El 23 anexó Bosnia Herzegovina y dividió en dos a Eslovenia, cedió a Alemania una parte y otra a Italia, incluyendo la ciudad de Lujbljana y la zona costera de Dalmacia. También Montenergro pasó a ser un protectorado de Roma, mientras que en Macedonia quedó bajo el dominio de Albania, aliada a las potencias del Eje. Yugoslavia había desaparecido una vez más.

Durante la II Guerra Mundial, Yugoslavia fue invadida por tropas alemanas y repartida entre Alemania, Italia y Bulgaria. Cruentas luchas se desarrollaron en la guerra civil de 1941-1945 entre los fascistas croatas proclives a Alemania y los serbios. Los alemanes llevaron a cabo más masacres en respuesta a la resistencia armada de los realistas "chetniks", antiguos soldados yugoslavos, y los guerrilleros comunistas liderados por Tito. Al principio, los chetniks y los comunistas lucharon uno al lado del otro, pero luego se enfrentaron uno contra otro, mientras seguían combatiendo a los alemanes. Las semillas del profundo odio entre los serbios y los croatas quedaron sembradas en la II Guerra Mundial, cuando muchos serbios, judíos, gitanos, y otros grupos étnicos murieron en campos de exterminio.

El ejército soviético liberó a Yugoslavia de la ocupación alemana en 1944 y en 1945 Tito estableció una república comunista, la República Socialista Federal de Yugoslavia. Al finalizar la guerra, toma el poder. En un plebiscito, con el 90% de los votos a favor, nace la Federación. La consiguiente alianza entre Yugoslavia y la Unión Soviética no fue fácil. Los esfuerzos de Tito por construir en el decenio de 1940 una federación balcánica, independiente de la influencia soviética, fueron vistos por la Unión Soviética como una amenaza a su base de poder en la región. El retiro de su ayuda económica con la esperanza de derrotar a Tito no tuvo éxito. Yugoslavia siguió su propio camino y Tito permaneció en el poder hasta su muerte, en mayo de 1980.

Su incuestionable autoridad mantuvo a raya las tensiones étnicas que la II Guerra Mundial había reforzado, pero no las eliminó.

En cuanto a la prosperidad económica durante la Guerra Fría, tomó una posición estratégica como país no alineado, con esto Yugoslavia logra atraer las inversiones occidentales.

La aprobación de una nueva Constitución en 1974 fue un paso hacia un liderazgo compartido e igualitario. Una presidencia estatal de nueve miembros, uno por cada una de las seis repúblicas y dos por las provincias autónomas, con Tito a la cabeza, no satisfizo las demandas serbias por una mayor participación en el poder.

La compleja y turbulenta historia de la península balcánica creó un clima de hostilidad y desconfianza entre las distintas comunidades étnicas y religiosas que la conforman. Sólo un hombre pudo mantener efectivamente unida a la Federación Yugoslava, Josip Broz (1892-1980), conocido como el mariscal Tito. Durante su liderazgo, entre 1945 y 1980, Yugoslavia, como Estado comunista, tuvo un único período cohesionado dentro de la compleja historia de la región. Transcurridos sólo diez años de su muerte, los países que formaban la antigua Yugoslavia estaban embarcados en una cruenta guerra civil.

La introducción de reformas políticas y económicas después de la muerte de Tito (1980) se vio obstaculizada por la descentralización del gobierno; se introdujo una presidencia colectiva, que continuó la política del fallecido líder. En 1989, asume como presidente de la República Federal de Yugoslavia Solobodan Milosevic, quien reduce la autonomía de Kosovo e impulsa la idea de hacer el país una Gran Serbia, agitando a las minorías serbias en las demás Repúblicas. Eslovenia y Croacia efectuaron elecciones multipartidistas en 1990 y eligieron asambleas republicanas no comunistas.

Serbia, bajo la presidencia de Slobodan Milosevic (n. 1941), se resistió a ello, temiendo que el cambio amenazara a los 700.000 miembros de las comunidades serbias de Croacia y Bosnia-Herzegovina. Poco después que Eslovenia y Croacia declararon su independencia en 1991, estalló la guerra civil.

Los combates en territorio esloveno siguieron hasta julio de ese año cuando Eslovenia suspendió su declaración de independencia por tres meses y, en contrapartida, se retiró el ejército federal yugoslavo. Pero la lucha continuó en Croacia.

Una sucesión de altos al fuego entre serbios y croatas durante 1991 fueron violados sistemáticamente. En 1992 la Comunidad Europea reconoció la independencia de Croacia y Eslovenia. No obstante, el presidente serbio Slobodan Milosevic seguía con la idea de crear una nueva Yugoslavia que no incluyera Croacia ni Eslovenia. Esta idea no contó con la aprobación de Bosnia Herzegovina ni de Macedonia.

Los serbios de Bosnia boicotearon el intento de independencia de ese Estado. Los milicianos serbios, apoyados por el ejército federal yugoslavo, atacaron Sarajevo, la capital de Bosnia y la guerra se extendió por todo el país.

En 1992, Serbia y Montenegro proclamaron la nueva República Federal de Yugoslavia. Los combates siguieron en Croacia y la guerra civil avanzó en Bosnia Herzegovina. Allí, se enfrentaron serbios, croatas y musulmanes y se cometieron crímenes similares a los de la II Guerra Mundial.

En 1995 comenzó el cese de hostilidades y se firmó un tratado de paz, Un año después la paz quedó establecida. En 1993, Zoran Lilic fue elegido presidente de la nueva Yugoslavia. Pero Slobodan Milosevic siguió siendo una figura muy poderosa con grandes influencias políticas.

Nuevamente en la cima del poder, Milosevic, durante la crisis económica de la posguerra fría, de acuerdo al crecimiento de los mercados emergentes en Europa del Este y su discurso nacionalista interrumpieron el flujo de capitales extranjeros.

Este año tuvo lugar una guerra sin igual (de menos intensidad que la de Bosnia), en donde Milosevic, con su política nacionalista, hizo que las minorías serbias de toda Yugoslavia se alzaran contra todo lo "extraño", es decir, se amotinaran contra los demás hombres de otra etnia que no sea la suya, iniciando un proceso llamado "Limpieza étnica". El conflicto se agudizó en Kosovo, donde ya había antecedentes de ataques de serbios: la minoría serbia de Kosovo (se estima un 10%) empezó a violentarse muy abruptamente con los albanokosovares (90% de los habitantes). Esto hizo que rápidamente el conflicto trascendiera a nivel internacional, pronto Rusia, la OTAN, China (que tuvo una corta aparición cuando la OTAN le bombardeó su embajada), y demás países entraran al territorio kosovar para solucionar las cosas. La OTAN fue la que principalmente se enfrentó a la Serbia de Milosevic y ganó el conflicto, quedando los demás países como sólo simples "coprotagonistas" de una historia horrorosa, pero a la expectativa de todos, fue sorpresa para muchos que Rusia -histórica "aliada" de Yugoslavia- no interviniera militarmente a favor de ella y sólo se remitiera a abogar por la paz. El conflicto duró pocos meses, pero fue muy violento. Al ser firmado el plan de paz entre las partes enfrentadas, se dudaba que "la paz" se pudiera dar abiertamente, y fue así como días más tarde, con los ejércitos de la OTAN sobre Kosovo, los albanokosovares se alzaran contra la minoría serbia que tiempo atrás los dominaba. La OTAN se retiró y volvió nuevamente un status de lo que se podría llamar paz.

Desde esos acontecimientos no se ha tenido nuevamente noticia cierta de nuevos ataques, pero la tradición belicista nos promete que seguramente en un futuro no muy lejano volveremos a tener conocimiento de nuevas atrocidades.

Recordemos que Yugoslavia resurgió en 1945, bajo el mando del mariscal Tito, un comunista croata que la gobernó con mano dura hasta su muerte, en 1980. Cuando seis años después cayó el Muro de Berlín y la Unión Soviética inició su apresurado repliegue, los nacionalismos eslavos brotaron nuevamente y en 1991 Eslovenia, Croacia, Bosnia Herzegovina y Macedonia declararon su independencia. Yugoslavia (es decir, lo que quedaba de ella: Serbia y Montenegro) reaccionó mandando sus tropas contra Croacia pero la guerra duró pocas semanas y se alcanzó una paz anémica. Los serbios de Bosnia Herzegovina impugnaron la declaración de independencia y la elección que permitió al partido musulmán ocupar el gobierno de Sarajevo y se alzaron en armas contra el nuevo poder islámico. También los serbios de Croacia se opusieron a la independencia y formaron una república autónoma en la región de Krajina. Desde entonces, todos luchan contra todos. Es sabido que los musulmanes degüellan fríamente a sus prisioneros. Los serbios inventaron la "limpieza étnica", que consiste en expulsar de los territorios conquistados a todas las personas que no sean serbias. Los croatas y los musulmanes no tardaron en imitarlos. Así, miles de civiles -despojados de todo, enfermos, heridos, hambrientos- van de un lado a otro llevados por la fuerza de las armas y por la más diabólica tormenta racial y religiosa que haya conocido Europa después del genocidio judío practicado por los nazis.

Reflexión acerca de la Guerra

La situación en los Balcanes mejora medida que pasa el tiempo. Las zonas afectadas por los efectos de la guerra están siendo reconstruidas. La mejora de las cosas es una realidad que, ciertamente, se está dando y en un futuro próximo se prevé una recuperación total.

Pero inspeccionemos el pasado de los Balcanes, ¿qué se puede apreciar a simple vista? En pocas palabras, se puede afirmar que casi desde sus comienzos ha sido un lugar de batallas constantes que se dieron una tras otra en forma incesante, y no obstante, hoy como un pueblo sumido en esa tradición de lucha que viene desde su origen sigue cometiendo los mismos errores del pasado: un pueblo que tiene saña con otro, una mecha que se prende y es cuestión de tiempo para que todo se caliente y explote, esto desemboca en un nuevo enfrentamiento siempre más crudo y sangriento que el anterior, anulándose así toda constitución, ley moral o derecho humano existente, luego vuelve la gratificante paz y tranquilidad con un fuerte apretón de manos y se vuelven a instaurar todas las reglamentaciones que son menesteres para resguardar la dignidad del hombre, las leyes sociales y todo lo demás, pero siempre queda ese pequeño resquemor y... bueno, como ya se sabe, de esta manera se repite una y otra vez este "juego mortal" provocado esencialmente por las diferencias étnicas entre los distintos pueblos de la región.

En esta cotidianidad belicista cíclica, que tiene como fin la dominación de un pueblo sobre otro (lo que va en contra del principio de igualdad entre los hombres, ya que todos fuimos creados por un mismo Dios, el único Dios), se producen -entre otras tantas consecuencias- notables bajas humanas que se incrementan con cada enfrentamiento, principalmente por dos factores. El primero de ellos es el desarrollo de nuevas tecnologías para uso militar que justificadas bajo la consigna de "la lucha por la paz", muchos dirigentes las usan equívocamente para satisfacer sus ansias de más poder y más riquezas, la dominación de los hombres. El otro factor que implica la masacre es el mismo crecimiento de la población en forma desenfrenada, porque como nos lo indican organismos internacionales de control de natalidad, censos, etc., la población crece día a día y en los Balcanes esto no es ninguna excepción... y los lugares superpoblados siempre han sido, son y serán centros estratégicos por el bando contrario. Pero apuntando un poco a esto anteriormente dicho la población de albanokosovares fue desapareciendo paulatinamente a medida que progresaba el plan de Milosevic; él había incitado a los serbios con su política nacionalista a una supremacía de los serbios sobre todos los demás.

Y fue así como una vez puesto en marcha el maléfico plan las tensiones entre los serbios y los albanokosovares fue aumentando al punto que estos últimos, no mucho tiempo ha, siguiendo los mismos pasos de las actuales naciones que antes formaban parte de Yugoslavia y ahora son independientes, resolvieran tener la suya propia, realizando así un anhelado sueño de libertad que los libertara de la opresión serbia. Esto seguramente provocaría a Milosevic y a los mismos serbios cuyo orgullo no podría ser subordinado por los habitantes de esta provincia autónoma de Yugoslavia. La pérdida de tierras significa la tenencia de menos poder, y también menos dinero, y es por eso quien las está perdiendo lucha con uñas y dientes por la tenencia de territorios.
La excesiva violencia de os serbios para con los albanokosovares hicieron que interviniera en el conflicto la OTAN, la que e podría decir, estaba -y está- comandada por Bill Clinton, el actual presidente de los Estados Unidos. Como las tratativas diplomáticas no daban resultados efectivos, esta entidad hizo que mediante la fuerza de las armas, Milosevic se rindiera, cediendo el territorio en cuestión, librándolo totalmente de su opresión, ganando sí la tremenda batalla que tuvo lugar en esos parajes balcánicos. Y precisamente, los sucesos más importantes y que seguramente serán recordados son los que tuvieron lugar durante la lid, como trascendentes se pueden citar los cuantiosos errores de la OTAN, matando "accidentalmente" a las personas a las que supuestamente debía proteger y demás civiles que nada tenían que ver con el conflicto y que la "ligaron" sólo por haber estado en un tiempo y lugar equivocados. Esto último provocó gran repudio a nivel mundial a tal punto que se criticara duramente a la OTAN, principalmente al primer mandatario de los Estados Unidos; pero lo cierto es que si no hubiera intervenido a OTAN en el asunto, la "limpieza étnica" impulsada por Milosevic se hubiera concretado fehacientemente y el mundo no se hubiera enterado que en los Balcanes hubo una masacre sin igual, con visos de esclavismo, al cual estarían sometidos todos los albanokosovares sobrevivientes a la misma. Pero afortunadamente esto no se dio, y el destino hizo que la historia dijera que la OTAN venciera a sus rivales.

Como para darle un punto final a este informe, propongo la siguiente pregunta para que sea analizada a fondo, con el fin de que el mundo no olvide lo que ha pasado en Kosovo, que tenga en sus mentes el recuerdo de que el mal está al asecho del hombre a cada instante, en cada lugar pero que sin duda, con la ayuda de Dios podremos superarlo sin problemas siempre, aunque la situación por la que estemos pasando sea la más adversa, nunca perdamos nuestra fe en Dios.

Aquí me despido, hoy lunes 13 de septiembre de 1999, con esta incógnita, que espero, próximamente sea develada - Javier Romero


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