INTRODUCCIÓN
República de Weimar, denominación del régimen político, y, por
extensión, del periodo histórico que tuvo lugar en Alemania desde la
reunión de la Asamblea Nacional Constituyente, en 1919, hasta la
derogación de la Constitución y la consiguiente asunción del poder
efectuada por el dirigente del Partido Nacionalsocialista Alemán del
Trabajo Adolf Hitler, en 1933.
UN NUEVO RÉGIMEN
La República fue proclamada el 9 de noviembre de 1918 (razón ésta por la
que se podría considerar que la República de Weimar comenzó su
existencia en dicho año), después de que los trabajadores y las tropas
del II Imperio Alemán se sublevaran contra el gobierno a comienzos de
ese año por negarse éste a entablar conversaciones que pusieran fin a la
I Guerra Mundial. El emperador Guillermo II huyó del país y se formó un
Gobierno Provisional del Consejo de los comisarios del Pueblo, integrado
por una coalición formada por miembros del Partido Socialdemócrata
Alemán, liderados por Friedrich Ebert, y del Partido Socialdemócrata
Alemán Independiente (escisión radical del anterior), que contó con el
apoyo del partido católico del Centro (Zentrumspartei. Este gobierno
provisional fue el encargado de sofocar la revolución espartaquista,
dirigida por Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg, que en enero de 1919
intentó establecer en Alemania un Estado soviético como los bolcheviques
hicieron en Rusia en 1917; tanto Liebknecht como Luxemburgo fueron
asesinados, produciéndose desde entonces la definitiva separación entre
los socialdemócratas y los grupos más radicales que formarían el Partido
Comunista Alemán (KPD). La nueva Asamblea Nacional Constituyente se
reunió en Weimar (Turingia) en febrero de 1919 y redactó una
Constitución según la cual Alemania pasaba a ser una república federal
democrática con dos cámaras parlamentarias, el Reichstag (cámara baja
legislativa) y el Reichsrat (cámara de representación federal). Las
medidas democráticas de la Constitución (sufragio universal femenino,
representación proporcional, iniciativa legislativa popular) y otras de
carácter social (jornada laboral de ocho horas) no estuvieron
acompañadas de otras que hubieran supuesto una ruptura completa con la
Alemania imperial: no hubo confiscación de las propiedades de los
anteriores dirigentes, y los antiguos funcionarios imperiales (oficiales
del Ejército, agentes de policía, jueces o maestros de escuela) se
mantuvieron en sus cargos. Ebert fue elegido presidente de la República.
El nuevo régimen hubo de hacer frente, también, a revueltas promovidas
desde los sectores políticos derechistas: así, el llamado putsch
de Kapp, organizado en 1920 por oficiales monárquicos desafectos a la
República, hubo de ser sofocado por el gobierno.
LOS PROBLEMAS DE LA POSGUERRA
La I Guerra Mundial había originado numerosos problemas económicos,
sociales y políticos a Alemania, la cual, además de tener que hacer
frente a una elevada inflación y una gran deuda nacional, estaba
resentida por las duras condiciones que se le impusieron en el Tratado
de Versalles, firmado en junio de 1919, que puso fin oficialmente a la
guerra. Este acuerdo exigía el desarme del país y la entrega de
cuantiosas indemnizaciones, en concepto de reparaciones de guerra, a los
aliados. La moneda alemana se devaluó hasta límites insospechados (a
finales de 1923, un dólar equivalía a 4 billones de marcos de papel), el
gobierno se mostró incapaz de cumplir los pagos y la población sufrió
las consecuencias de la crisis económica que se produjo. En enero de
1923, fuerzas francesas y belgas ocuparon la principal región industrial
alemana, el Ruhr, alegando que Alemania no había satisfecho la
reparaciones previstas.
|
|