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El equipo de baseball
. William McKinley
. R. W. Hearst
11 -
Miguel Leal Cruz
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Voladura del Maine (15 febrero 1898):
El presidente McKinley, que había
subido al poder en marzo del 1897, presionó al gobierno español con
un cambio de embajador en Madrid y a través de la Nota Woodford (sep
1897). Quería que se aceptase su mediación y se suprimiese la
reconcentración. El gobierno español comunicó al embajador la
próxima sustitución de Weyler por el nuevo capitán general Ramón
Blanco, con instrucciones de aplicar un régimen autonómico de amplia
extensión. En enero de 1898 se produce en La Habana una pequeña
manifestación contra la autonomía y en respaldo de Weyler frente a
Blanco. El cónsul norteamericano Fitzhugh Lee cablegrafió a su país
expresando su opinión de que la opción autonómica ofrecida por el
gobierno español no prosperaría. Opinó que debía enviarse un
acorazado a La Habana en previsión de ataques a estadounidenses y
sus propiedades. A fines de enero llegó el Maine, buque de
unas 6.700 toneladas de desplazamiento. Se encontraba en una extraña
situación de visita de cortesía. No había sido invitado, requisito
que marcaba la normativa vigente acordada. El 15 de febrero a las
9,45 horas de una oscura noche, explota misteriosamente y fallecen
226 hombres. Poco días antes se había publicado una carta del
ministro español en Washington, Dupuy de Lome, al político
Canalejas, en la que enjuiciaba con severidad a McKinley. Esta
explosión accidental facilitó a McKinley la adopción de medidas
extremas. Solicitó del Congreso su permiso para declarar la guerra a
España, país que no deseaba la guerra y cuya dignidad imperial
quedaría suprimida. El poder económico de España seguía siendo
relevante en aquel momento. El valor internacional de mercado de la
peseta superaba en mucho al dólar.
(Ver:
Estados Unidos)
Extracto de "CUBA 98: LA VOLADURA DEL
MAINE, ¿PROVOCACIÓN DE GUERRA?"
[...] Son aún ilimitadas las conjeturas e hipótesis sobre este
lamentable y más que misterioso hecho que afectó especialmente a la
dignidad de aquella España, todavía imperial, y en claro provecho de
un país en vías de gran desarrollo, en "el que todo vale" para
conseguir su imparable avance sin importar los medios que, en atroz
maquiavelismo, ya habían puesto en uso con su "madre patria" - la
Gran Bretaña - a más de con indios americanos, franceses, españoles
y mejicanos en su pasada reciente historia hacía el "destino
manifiesto", uno de sus postulados máximos.
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El acorazado Maine |
El misántropo y sesgado
periodista artífice de lo que se llamaría "prensa amarilla",
Willian Randolp Hearst, no aportó
todos los datos conocidos antes de dejar sus numerosos y polémicos
entramados periodísticos en el inexorable viaje al "más allá". Es
claro que el Gobierno de los
Estados Unidos y todo el conjunto de su
entramada administración, a partir de la polémica actuación del
general Weyler y especialmente ante la tardía concesión de la
autonomía a Cuba, intuían la inminencia de una guerra contra España;
pero para darle inicio se precisaba un elemento impactante que
aglutinara la opinión pública americana: ¿La voladura del Maine? a
través de rocambolesco ritual, especialmente periodístico, que
obnubiló las conciencias de muchos americanos en aquellos momentos.
La opinión actual, incluida la de intelectuales norteamericanos , es
clara al respecto: "la extraña voladura del acorazado Maine, la
noche del 15 de febrero de 1898 en el puerto de La Habana, fue
probablemente preparada por los Estados Unidos en su desesperado
propósito de participar en la guerra cubana en pro de sus muchos
intereses en la isla, que la justificarían" -la prensa alemana,
incluso alguna inglesa, nunca tenida en igual consideración, así lo
consideraban-. Era necesario crear "un elemento justificador", que
no retrasara por más tiempo la entrada de
Estados Unidos en la guerra, cuyo
"impasse" actual creaba considerables pérdidas económicos a los
intereses yanquis, y lo que es más contradictorio a los magnates
españoles con intereses en Cuba. Elemento justificador para que la
opinión pública americana terminara por aceptar la movilización de
buena forma y como un "sacrificio" más para lograr aquel "destino
más que manifiesto". Algunos acontecimientos de protagonismo,
anterior y posterior lo corroboran:
[...] Peggy y Samuels, también norteamericanos,
en el libro, "Remembering the Maine", apuntan datos de los que
entresacamos diferentes aspectos de la opinión americana, en
diciembre de 1987, en que " algo imprevisible iba a suceder" y que
"el barco iba a tener un fin violento e inesperado según predicción
de adivinos y visionarios". Sigsbee, su capitán, recibió el mensaje,
próximo a Florida, para dirigirse hacia el puerto de La Habana, y
cuyo contenido exacto nunca se ha conocido, aunque el mismo
escribirá un informe en 1899, lo que aún resulta sospechoso. Sin
embargo no recibió el que había de remitir el cónsul Lee desde La
Habana bajo la consigna "dos dólares", siendo este diplomático
antiespañol el primer sorprendido. Añaden estos cronistas de los
hechos que " España pide que se releve de su cargo en Cuba al cónsul
general Lee que, a pesar de la solicitud, Mac Kinley no aceptó" y
describe como Segsbee, sin compañía de Lee, estuvo en una corrida de
toros en La Habana. El crucero español Alfonso XII no sufrió apenas
daños - sólo en la arboladura -, los hubiera tenido de haber sido
explosión externa, al igual que otro crucero español situado
inmediatamente- El Legazpi- o el propio Ciudad de Washington, buque
también americano, anclado muy próximo. Clara Barton fundadora de la
Cruz Roja americana se hallaba en La Habana, como auxiliar en tareas
de evacuación de heridos, lamentaba aquella hecatombe, en muertos y
heridos, a la que no pudo dar explicación razonable. Añade que desde
el puerto la gente gritaba " traen dinamita para volar barcos
españoles pero les explota a ellos". "Uno de los oficiales el padre
Chidwick alaba la prontitud de la ayuda humanitaria de los españoles
en auxilio de los heridos y náufragos". Sin embargo otro oficial
americano llamado Wainwreigth dijo "juro no pisaré territorio
español hasta que el Maine sea vengado". El capitán del navío estaba
convencido de que fue un accidente - aunque más tarde rectificó e
insistía en explosión exterior entre otras cosas para salvar su
propia responsabilidad- y sin embargo el cónsul Lee hablaba de un
acto de "sabotaje". " Se intentó demostrar que el puerto de La
Habana estaba minado" - absurdo por la cantidad de barcos españoles
que entraban o salían-. Los periódicos británicos, The Times
principalmente, imprimieron en primeras páginas en letras destacadas
estar asombrados de las mentiras que publicaba la prensa
norteamericana, punto de vista coincidente con el resto de la prensa
europea, y algunos rotativos yanquis "objetivos", en aquellos
momentos críticos para España. -Frente a esta total falta de ética
profesional del Herald y Word, en irreverentes excesos, algunas
voces americanas se significaron contra el típico estilo de Hearst,
o contra su persona. Edwin Lawrence Gogki, director y propietario
del Evening Post, fue una exepción. Días despues del siniestro se
atrevió a escribir "nada tan desgraciado como el comportamiento de
estos diarios, se refería a los de Hearst y al Word, se ha conocido
jamás en la historia del periodismo de este país, con reproducción
indebida de hechos, invención deliberada de cuentos calculados para
excitar al público, a lo que añade la temeridad desenfrenada en la
composición de titulares. Es una vergüenza pública que los hombres
puedan hacer tanto daño con el objeto de vender más periódicos".
Magnífica definición, del compatriota, al estilo usado por el
llamado Jingonismo o patrioterismo, que confundido con la prensa
amarilla, hundieron el Maine a través de una "coartada ases! ina".
Datos estos muy reveladores. "La prensa conservadora norteamericana
vio la presencia del buque escuela español Vizcaya en el puerto de
Nueva York como un claro acto de que España y la administración
oficial española, eran inocentes", sin embargo no se aceptó la
solicitud de arbitraje internacional en el polémico asunto, según
refleja con precisión Agustín Remesal. El alferez Powelson,
comisionado al respecto, dijo que fue una mina exterior, ya que la
quilla estaba afectada hacia arriba, culpando a España o a agentes a
su servicio, todo ello desvirtuado posteriormente. Los autores,
Peggy y Samuels, a partir de la pág. 235 se preguntan ¿ Por qué la
historia debe absolver a España?. Creemos que por:
1. La prensa europea estaba a favor de las tesis españolas.
2. España no quería la guerra. Estados Unidos sí.
3. La quilla doblada en V invertida, no es argumento técnico
suficiente, y difícil de atribuir, la explosión interior también
pudo causar este efecto, como demostró en 1975, el Almirante Ricover,
padre de los submarinos nucleares de EEUU. Se insiste en que la
causa pudo proceder de explosión interior, combustión expontánea del
carbón o incluso dinamita almacenada, puesto que en la armada
americana existían numerosos precedentes, en los que se habían
producido esta clase de combustiones, que por simpatía se
extenderían a otras zonas con depósitos de municiones, produciendo
explosiones similares a la que destruyó El Maine. Foner cita varios
casos en buques como El New York, Oregón, Philadelphia, Boston,
Cincinatti, Atlanta, y El Indiana que había sufrido siete
combustiones lo cual constituía un récord y una magnífica
argumentación en defensa de las tesis españolas.
4. Que de haber sido una explosión externa hubiera producido daños
más importantes en los buques apareados al Maine, entre ellos el
Alfonso XII y el Ciudad de Washington. Hubieran aparecido numerosos
peces muertos en aguas de la bahía por la onda expansiva directa,
máxime cuando en aquellos momentos los peces, incluso de gran
tamaño, entraban en la bahía para devorar los desechos de la ciudad
y de los buques anclados. Sobre ésto tienen conocimiento los
pescadores canarios y muchos sabemos que la explosión ha de ser muy
próxima a los peces para que estos resulten muertos - y nos los hubo
como queda dicho-
5. A lo que podemos añadir que en la investigación de 1911, en la
que apenas variaron las conclusiones oficiales norteamericanas, y
posteriormente en 1975 el Almirante Rickover, las cuadernas
afectadas no coincidían.- error gravísimo, hoy- con el informe de
1898, oficial y que costó una guerra perjudicial, pero sobre todo
demostraba "que una fuente interna fue la causa de la explosión", la
más probable el calor de un incendio en la carbonera contigua a la
que produjo la primera y más fuerte y sentencia, el padre de los
submarinos nucleares y norteamericano de nacionalidad " casos como
el del Maine han de ser examinados e investigados por gente
cualificada y competente, y sus conclusiones han de presentarse
completas y honradamente a los ciudadanos " , que son los
destinatarios de los hechos públicos que les afectan -todo lo
contrario de la conducta seguida en aquel verano de 1898-. La teoría
de la mina española es por tanto absurda, por que sería el motivo
deseado por EEUU para la Guerra, que España no quería ni deseaba, y
que sabía perdería. Que pudieran haber sido los propios rebeldes
cubanos, teoría muy defendida en los EEUU, no deja de tener base
razonable, si bien no olvidemos que los cubanos temían la
intervención americana, tal vez más, que la de los propios
españoles.- Recordemos la Enmienda Teller, de la que el Congreso
yanqui, siempre se arrepintió.
Consideramos de suma importancia los informes del
coronel José Paglieri de la Guardia Civil española y Jefe de la
Policía de La Habana, así como los Inspectores Jefes de la Policía
de Información, que apuntan posibilidades internas motivadas por
accidente fortuito - eran frecuentes como queda dicho-. Y podrían
haber sido muchas las causas que lo pudieran producir: ignición de
gases acumulados en motores eléctricos, pinturas experimentales,
recalentamiento de sistemas mecánicos, combustibles líquidos,
munición, dinamita, detonadores. Pero también apuntaba el Jefe de La
Policía habanera otras posibles causas, como la colocación de un
artefacto explosivo dentro del barco, por persona de la misma
tripulación - tan variopinta - o por persona visitante, ajena a la
dotación del barco. ¿Quién pudiera ser el autor?. Podemos conjeturar
que :
-
a) La mina podía haber sido
situada por España o agentes a su servicio en el fondeadero,
antes de que el Maine entrara,
-
b) Colocada por elementos ultras
españoles incontrolados enojados por la visita del buque,
-
c) Por rebeldes cubanos,
-
d) Por filibusteros mercenarios
americanos o periodistas- espías para precipitar el camino hacia
la guerra -EL YATE DE HEARST ESTUVO ANCLADO EN LUGAR PRÓXIMO AL
MAINE, HASTA CUATRO DÍAS ANTES DE LA VOLADURA A DONDE HABÍA
LLEGADO DE FORMA EXTRAÑA E IMPREVISTA HASTA QUE FUE EXPULSADO
POR FUERZAS DEL PROPIO PAGLIERI -
-
e) Pudo ser puesta "oficialmente"
por los propios americanos, por igual argumento que en el
apartado anterior, el más convincente para Paglieri.
Descifrarlo nos llevaría a nuevas
conjeturas en la espiral de tantas argumentaciones. De todas formas
en la prensa alemana de los días siguientes al suceso, se habla de
un tal Agüero y de nueve cubanos pertenecientes a la Junta
Revolucionaria Cubana de Nueva York, que habían recibido
instrucciones por parte de anarquistas italianos, residentes en
Estados Unidos, muy interesados en la causa cubana,- incluso en
Europa los que asesinaron a Cánovas, a través de Angiolillo, se
comprobó su relación y concomitancia con pro- cubanos en París y
Londres-. Que el Vizcaya estaba a 4 días del puerto de Nueva York,
en misión diplomática, y no obstante se personó en el citado puerto,
demostrando con esta noble actitud la total imparcialidad de España,
como queda dicho, en el misterioso y no esclarecido accidente. Las
declaraciones de un marinero herido del Maine, recogidos en El
Liberal, edición de Tenerife del día 7 de marzo, 1898, pag. 2. se
lee
"Había sonado el toque de
silencio, de pronto fueron derribados por una fuerte explosión
que apagó el alumbrado eléctrico del buque. Se incorporó y salió
por la toldilla comprobando que las llamas procedían de la proa.
Salto al mar y al poco, otro espantoso, terrible ruido, que
parecía iba a hacernos volar, y varios cuerpos que caían al
agua".
Todas las versiones apuntaban a una
explosión en una de las calderas para generar energía eléctrica,
comunicando el incendio a la Santa Bárbara del buque y a los
torpedos y dinamita almacenada en todo buque de guerra. No podemos
descartar una previa explosión exterior inicial y con autoría
humana, que provocó la siguiente y más grave en el pañol, y
¿quién?.- Repetimos hasta la saciedad. Sólo cuatro días antes el
buque-yate de Hearst de sospechoso nombre "Bucanero", había
permanecido muy próximo al Maine- Este elemento
distorsionador llegó a escribir en sus propios periódicos "Mi lema
es que mientras otros hablan mi "Journal" actúa, y nunca dio razones
convincentes de la presencia suya y de su yate tan próximo al barco
siniestrado, al que hizo numerosas fotos antes de levantar anclas,
sólo menos de cien horas antes de la voladura. La versión americana
explica su punto de vista: En los torpedos se habían efectuado
limpieza la tarde anterior, pudiendo haber quedado mal colocados y
en condiciones de un fácil y horroroso accidente. El propio
comandante Sesbee en parte oficial dijo "que la opinión pública debe
suspender todo juicio hasta conocer nuevos detalles". Según los
informes el comandante estaba ausente del buque, otros que estaba en
su cabina escribiendo a su esposa, e incluso que resultó herido, no
obstante fueron sólo dos los oficiales - uno de color - fallecidos
de los 34 en total que componían la tripulación, ausentes del buque,
formada además por 370 marineros, que dormían resultando un total de
300 los desaparecidos, según algunas versiones de la prensa de la
época, sumando los fallecidos por secuelas Foner en su excelente
estudio sobre la guerra de Cuba, obra de consulta necesaria para
investigadores, nos aporta más detalles para este controvertido y
misterioso hecho. Unos pocos oficiales de marina rechazaban el
incidente como accidental, señalando las medidas preventivas
seguidas en la construcción de este tipo de buques, y por ello
sugerían que un torpedo, mina, u otra máquina infernal había sido
embarcada por "visitantes" en el puerto de La Habana - es cierto que
muchachas jóvenes cubanas frecuentaban el buque a demanda de su
tripulación, pudiera muy bien haber entrado una espía asesorada al
efecto, para colocar la carga en el lugar y momento preciso-. o que
fue colocada en las carboneras cuando el barco repostó en Key West,
debidamente preparada para ser "puesta en funcionamiento", en el
momento indicado, por agentes, de la propia tripulación, o por otros
en el puerto de la Habana que tuvieran acceso.- un par de cartuchos
de dinamita, eran suficientes para desencadenar la explosión
posterior determinante- Es igualmente eximente, de responsabilidad
hacia España, el pronto deseo de la administración española en la
Isla, para que se conocieran las verdaderas causas, demasiado
urgente según Remesal en su reciente libro "La Incógnita del Maine",
que se contradice con la falta de cooperación del Gobierno
norteamericano, que emitió otro dictamen y por tanto conclusiones
opuestas. El tribunal, para justificar que la explosión no fue un
accidente, adelantaron cuatro posibilidades, coincidentes con lo ya
dicho. La primera y la más sugerida por todas las afirmaciones
oficiales de la época es que el Gobierno español colocó la mina.
Para contrapesar esta suposición está el hecho perjudicial que este
hecho provocaría a España en su intento para evitar la guerra, que
sabía no ganaría. Si bien, añadimos, no es descartable la acción de
un grupo de españoles - o individualmente- resentidos o defraudados,
que veían peligrar sus intereses económicos, en caso de caer Cuba en
manos rebeldes, prefiriendo la presumible administración "yanqui",
como "mal menor". La segunda es que oficiales subalternos españoles
cometieran el crimen a instigación de Weyler, ya sin mando. Esto
sería "suicida" para sus propios autores desde todo punto de vista y
falto de coherencia y racionalidad suficiente, que además se hubiera
sabido antes o después. Una tercera teoría sería la instigación de
la prensa amarilla y del patrioterismo de Roosevelt, que incluso
pagarían a agentes cubanos o a comandos ad hoc para el sabotaje.
Esto nunca podrá ser descartado, por el excesivo interés de estos
medios para que
Estados Unidos entrara en guerra con
España, y en algunos
momentos hablaron de "un pretexto de peso", antes de la voladura. El
artículo firmado "Il Macai" en el Labour Leader británico habla de
un accidente y si no " es más probable la autoría americana", con el
fin preconcebido. Y existen otras especulaciones entre ellas las que
manejan periodistas e historiadores norteamericanos que han
estudiado este hecho. El 15 de febrero de 1910, el Evening Bulletín
de Filadelfia, en el 12 aniversario, concluye que el Maine fue
volado por los insurrectos cubanos a fin de implicar a los
Estados Unidos en la guerra, ya que su causa flojeaba y se perdería la
independencia de Cuba, a menos que fueran implicados en ella los norteaméricanos. Y es claro, como apuntan diversos historiadores que
los rebeldes cubanos deseaban la intervención, pero con ciertos
temores, de ahí la imposición de la Enmienda Teller a instigación de
los cubanos en un momento determinado, y de la que siempre se
arrepintieron los responsables de su concesión y aprobación en el
Congreso USA. En contrapartida surgiría la "Enmienda Platts".
Nunca serán descartadas otras muchas
hipótesis para determinar las causas verdaderas de aquella explosión
preliminar que consideramos con autoría, y que todas las
enciclopedias actuales no dejan de mencionar como "misteriosa" o en
todo caso nunca totalmente esclarecida. Son tantas, como las
posibilidades que los saboteadores tienen para burlar la vigilancia
o control institucional, y así lo comprobamos en "el fenómeno del
terrorismo actual", imposible de controlar o de erradicar desde sus
mismas bases, por ese mismo aliado que les permite la premeditación
y la actuación "desde la sombra", unido a la persistencia en virtud
de objetivos ideológicos que les obliga moralmente para llevar a
cabo "lo que sea". Estos sentimientos existían también en 1898 y
posiblemente en mayor apasionamiento que ahora. Aquel país, hoy gran
imperio económico, crisol de todo tipo de pueblos y étnias, guarda
en su haber desde los mismos inicios del siglo, y hasta fechas
actuales, un gran acerbo de elementos humanos cuya conducta
paranoica o esquizofrénica queda plasmada en graves crímenes que
constatamos en su variopinta historia hasta en hechos de
protagonismo recientes en su propio país. La horca, la silla
eléctrica, la cámara de gas o la inyección letal, son testigos mudos
que presenciaron el último aliento de ese tipo de personas, cuya
conducta patológica apuntamos... Es por todo ello que no podemos
dejar como descartada aquella presumible premisa por la que una mano
asesina dispuso, ordenó, permitió o actuó directamente en el acto
que originó la tragedia del Maine y sus 266 muertos, aún
aceptando que imprevisiblemente desconocieran a priori los
resultados criminales del mismo en cuanto a muertos y heridos pero
sí las consecuencias políticas que se cumplieron según las
previsiones que tanto en medios de prensa, políticos, económicos o
de opinión pública, anunciaban y exigían como algo inaplazable e
irreversible: "un argumento de peso para la entrada de los Estados
Unidos en la guerra de
Cuba, aspecto considerado como necesario y
como hecho evidente", para darle una solución definitiva, incluso
por las propias autoridades españolas, que llegaron a desearla como
mal menor. España acepta la guerra por dignidad y para salvar la
Monarquía y el prestigio como potencia mundial, que aún era, aunque
sabe que es una guerra perdida. Los norteamericanos llevan a cabo
otro acto más de claro dominio imperialista a través de aquella
política, mantenida hasta hoy, en actos claros y en diversos lugares
de la geografía planetaria, aun considerando un claro deseo de paz
mundial. Lo ocurrido en febrero de 1898 ocasionó la quiebra moral y
de la dignidad de España en América, en cuantiosas pérdidas en
hombres, material y dinero. Hoy, se intuye lo ocurrido al Maine,
pero nada es totalmente probatorio. Las cosas parecen igual,- no
para el autor de este artículo- , sin embargo debemos condenar a los
Estados Unidos, por su abyecto proceder en incipiente imperialismo, y, por el
contrario, ennoblecer la reacción laudatoria, consecuente y
patriótica de España y de su gobierno liberal, a través de Sagasta y
de la propia Reina Regente. No olvidemos que el propio presidente
Mac Kinley, dudando si las potencias europeas pudieran ser
contrarias a las intervenciones de Estados Unidos en el Caribe, o
que pudieran proteger a la todavía "notable España", intentó un
ultimátum final ofreciendo directamente a la Reina María Cristina la
compra de la Isla de Cuba- y Puerto Rico - por TRESCIENTOS MILLONES
DE DÓLARES, reservando un millón para los intermediarios, operación
no aceptada por prestigio, y sobre todo al temor que la situación
pudiera derivar para la propia Monarquía y su previsible caída, ya
afectada por partidos claramente republicanos, al igual que para el
propio gobierno y status creado desde la Restauración. Queda claro
que independiente de cuales fueran otro tipo de análisis de la
propia Reina Regente o del propio gobierno liberal, un ultimátum de
este "calado", de ser aceptado sólo podía tener como consecuencia la
caída de la Monarquía, a más de peligrosa incidencia sobre las masas
hambrientas, instigadas por elementos anarco-republicanos, en claros
motines de subsistencias, que además pedían el cese de la costosa
guerra, que constituía otro "tercero en discordia": el Ejército
dividido y próximo al enfrentamiento civil. Hoy se hubiera utilizado
otro tipo de actuaciones especialmente diplomáticas, más acorde con
los intereses, más todo incidió en acordar una paz honrosa que
salvara la Monarquía Española. El Gobierno y La Reina a la cabeza,
en aquellos trágicos momentos, dieron cuenta pormenorizadamente a
toda la clase política de la situación creada , que naturalmente fue
participado a la prensa. En las consultas llevadas a cabo se
acordaron consensos que conducían a la guerra irremediable, por el
partido liberal y apoyo sin límites del partido conservador. El
rechazo de la apetecida compra por los Estados Unidos encendió
nuevamente el optimismo propio del pueblo español y su orgullo en
medio de manifestaciones populares en la península que exigían la
guerra contra el "sucio cerdo yanqui", con el apoyo moral de cierta
prensa española que escribía eslóganes de variado optimismo como
"que la flota española era superior a la americana", al igual que el
valor español, probado en Europa y América. A todo esto añadimos la
voluntad del clero que hizo ver esta guerra como cruzada santa- el
padre Carpena en encendida oratoria en las Iglesias madrileñas,
comparaba a las llevadas a cabo contra moros e infieles-, todo ello
unido a una intensa y gigantesca operación demagógica, superior o
igual a la llevaba a cabo, paralelamente, en los Estados Unidos,
sobre el más que seguro enfrentamiento, con el colosal Tío Sam. Lo
que sigue es lo que ha venido en llamarse "El desastre del 98",
tópico utilizado para la llamada "regeneración" y de paso corregir
errores y paliar aquel orgullo decimonónico español. Derrotadas las
dos flotas de la desvencijada escuadra española, enviadas al
holocausto, en aras de aquellos acuerdos tomados con error, dejando
desamparadas las costas de la propia península, Baleares y Canarias,
perdidas en Cavite -1 de mayo- y Santiago -3 de julio-;
desembarcadas las tropas americanas en oriente de Cuba, las semanas
siguientes de aquel "calvario" fueron angustiosas para el Gobierno
de Madrid. Por otra parte se apreciaba el aislamiento internacional
por lo irreversible de los hechos, temiéndose otros frentes,
sospechándose y así se comprobó el plan de Roosevelt para atacar las
costas españolas e incluso la ocupación de Islas Canarias por una
flota norteamericana, que pudo ser abortada por la pronta
intervención diplomática de los ingleses en defensa de sus grandes
intereses en estas Islas, especialmente en Tenerife y Gran Canaria.
Esto llegó a asustar a Madrid más que ninguna otra circunstancia de
la entramada situación del momento, puesto que perder estas
maravillosas posesiones hubiera significado la "derrota total". La
rendición de Santiago de Cuba, una vez sacrificada una escuadra para
blanco fácil de los poderosos cañones de la flota americana que
formaba semicírculo a la salida de la bahía santiaguera. - en acto
claramente incomprensible-, dio lugar a que el Almirante Cervera
rindiera lo que quedaba del desastre, siendo ésta la señal esperada
y deseada por el Gobierno de Madrid, para salir de aquella difícil
situación y como así estaba tenía previsto. España decreta la
suspensión de las garantías constitucionales el 14 de julio de aquel
fatídico año, cuyo centenario tuvo lugar hace muy poco, y se dispuso
a emprender las negociaciones para la paz. No deja de ser una
actitud gloriosa , a pesar de todo, cual era salvar unos símbolos y
el orgullo y dignidad de antaño, hoy nuevamente puestas en juego por
el acoso terrorista.
El equipo de baseball -
Félix Julio Alfonso López
Entre los fallecidos estaba casi completo un equipo victorioso de
béisbol. Integrado por jóvenes marineros, la estrella del team era
el pitcher negro William Lambert, un fogonero oriundo de Hampton,
Virginia, quien poseía buena velocidad, una excelente curva y gran
control. En un ambiente de confraternidad racial impensable en los
torneos oficiales de Grandes Ligas y guiados por Lambert, el equipo
del Maine había ganado el campeonato naval de béisbol de la
marina estadounidense, derrotando 18 a 3 al conjunto del USS
Marblehead, en diciembre de 1897, apenas tres meses antes de la
catástrofe. El torneo se celebró en Cayo Hueso, donde el navío
recibió la orden de dirigirse a la Isla, y allí abandonaron a la
cabra que era mascota del equipo, única sobreviviente junto al
jugador John H. Bloomer. Se sabe que otro de los peloteros del
barco, C. H. Newton, había hecho el toque reglamentario para
apagar las luces, como era habitual, a las 9 y 10 de la noche. Media
hora después solo quedaría del conjunto campeón su última
fotografía, en la que miran serenos a la cámara y el pitcher negro
aprieta en su mano izquierda una blanca pelota. Me gustaría pensar
que de no haber ocurrido la explosión, quizás el domingo siguiente
los peloteros del Maine hubieran podido bajar a tierra y disputar un
partido de exhibición contra una novena local, como se hizo
frecuente después durante el periodo de ocupación militar, y los
Estados Unidos no hubieran tenido entonces el pretexto que buscaban
para iniciar la guerra contra
España. Me gustaría imaginar que tal
vez un juego de pelota habría cambiado la historia.
William McKinley
(Niles, Ohio, 1843-Buffalo 1901):
Militó en el partido republicano, y fué elegido procurador del
condado (1869), y, luego, diputado al congreso (1877-1890), donde,
sostenido por un grupo de industriales influyentes (Alonzo Hanna),
hizo votar una tarifa proteccionista (McKinley Bill, 1890).
Derrotado en las elecciones de 1890, fue elegido gobernador de Ohio
(1891, reelegido en 1893), y en 1897 llegó a presidente de E.U.A.,
apoyado por el grupo Hanna. Continuó fiel a su política financiera
(patrón oro, tarifa proteccionista de 1897), e inició una política
de carácter imperialista: anexión de las islas Hawai (1897-1898) y,
tras la guerra hispano-norteamericana, la de Puerto Rico, Guam y
Filipinas (1898), y, por último, la ocupación de Cuba (1898),
establecida formalmente en 1899. reelegido triunfalmente en 1900,
murió asesinado por el anarquista L.Czolgosz.
Randolph Hearst - Mario Martí
El otro día te hablaba del magnate de la prensa Hearts (Orson Welles,
actor, productor, autor y, sobre todo, director de cine
estadounidense alcanzó pronta fama con su primera película, "El
Ciudadano Kane" (1941), escrita, dirigida y protagonizada por él
mismo cuando contaba sólo 25 años y basada en la vida de R. W.
Hearst).
Este patriarca de la Prensa
Amarilla fue el que provocó que Cuba se separara de España y se
convirtiera en una semicolonia de EE.UU. Aquí te mando una ficha de
este personaje, -el mismo que obligó a Mc kinley a declararle la
guerra a España en 1898-. Es bueno que se identifique claramente a
personas que nos han hecho tanto daño, que están en la base de
acontecimientos tan desesperantes como el gobierno de Fidel Castro
(..."aquellos polvos trajeron estos lodos...").
William Randolph Hearst
(1863-1951): editor y político
estadounidense que creó la mayor cadena nacional de periódicos.
Hearst nació en San Francisco el
29 de abril de 1863. Estudió en la Universidad de Harvard, pero fue
expulsado. En 1887 Hearst tomó las riendas del periódico de su
padre, el San Francisco Examiner. Siendo editor del periódico,
utilizó con éxito los métodos sensacionalistas, algo que
posteriormente fue conocido como periodismo amarillo. En 1895
adquirió el New York Morning Journal y en 1896 empezó a publicar el
Evening Journal. En unos pocos meses la tirada conjunta de estos dos
diarios había alcanzado la increíble cifra de millón y medio de
ejemplares. Fue elegido como diputado demócrata para la Cámara de
Representantes de Estados Unidos por el estado de Nueva York en 1903
y en 1905. En 1904 se presentó como candidato para presidente por su
partido, aunque no logró ser elegido. También se presentó para
alcalde de Nueva York en 1905 y en 1909 y para gobernador del estado
en 1906, pero nunca se alzó con el triunfo. Mientras tanto, Hearst
continuó acrecentando su imperio periodístico hasta controlar en
1927 una cadena de 25 periódicos en las principales ciudades de
Estados Unidos. Desarrolló la International News Service, una
agencia de prensa. Los artículos, las tiras cómicas y las columnas
de opinión y sociedad se distribuían a todos sus periódicos para su
publicación nacional simultánea. Hearst también se adentró en el
campo de las revistas semanales entre las que destacan Hearst's
International-Cosmopolitan, Good Housekeeping, Harper's Bazaar y
Town and Country. La crisis económica de la década de 1930 obligó a
Hearst a reducir sus periódicos a diecisiete.
Hearst empezó a producir
noticiarios en 1911. Al poco tiempo llegó a controlar una gran
empresa de noticiarios y una compañía cinematográfica. Entre sus
otros negocios destacan las inversiones industriales en América del
Sur, África y el negocio azucarero en Cuba. También fue
coleccionista de obras de arte que reunió en su gran hacienda de San
Simeón, California, donde tenía un zoo, un aeropuerto, un teatro
privado, y casas de huéspedes que imitaban castillos franceses.
Gracias a sus grandes empresas de
publicaciones y de películas, Hearst podía influir con facilidad
sobre la opinión pública. Por ejemplo, a finales del siglo XIX sus
reportajes sobre las atrocidades que estaban cometiendo los
españoles en Cuba indignaron tanto a la opinión pública
estadounidense que los
Estados Unidos iniciaron la guerra
Hispano-estadounidense. Hearst fue muy criticado por su nacionalismo
extremo y aislacionismo, mientras que otros lo consideraron un
patriota.
Murió el 14 de agosto de 1951 en
Beverly Hills, California.
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