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Guerras
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Voladura del Maine (15 febrero 1898): Extracto de "CUBA 98: LA VOLADURA DEL
MAINE, ¿PROVOCACIÓN DE GUERRA?" El misántropo y sesgado periodista artífice de lo que se llamaría "prensa amarilla", Willian Randolp Hearst, no aportó todos los datos conocidos antes de dejar sus numerosos y polémicos entramados periodísticos en el inexorable viaje al "más allá". Es claro que el Gobierno de los Estados Unidos y todo el conjunto de su entramada administración, a partir de la polémica actuación del general Weyler y especialmente ante la tardía concesión de la autonomía a Cuba, intuían la inminencia de una guerra contra España; pero para darle inicio se precisaba un elemento impactante que aglutinara la opinión pública americana: ¿La voladura del Maine? a través de rocambolesco ritual, especialmente periodístico, que obnubiló las conciencias de muchos americanos en aquellos momentos. La opinión actual, incluida la de intelectuales norteamericanos , es clara al respecto: "la extraña voladura del acorazado Maine, la noche del 15 de febrero de 1898 en el puerto de La Habana, fue probablemente preparada por los Estados Unidos en su desesperado propósito de participar en la guerra cubana en pro de sus muchos intereses en la isla, que la justificarían" -la prensa alemana, incluso alguna inglesa, nunca tenida en igual consideración, así lo consideraban- . Era necesario crear "un elemento justificador", que no retrasara por más tiempo la entrada de EE.UU. en la guerra, cuyo "impasse" actual creaba considerables pérdidas económicos a los intereses yanquis, y lo que es más contradictorio a los magnates españoles con intereses en Cuba. Elemento justificador para que la opinión pública americana terminara por aceptar la movilización de buena forma y como un "sacrificio" más para lograr aquel "destino más que manifiesto". Algunos acontecimientos de protagonismo, anterior y posterior lo corroboran:
[...] Peggy y Samuels, también norteamericanos,
en el libro, "Remembering the Maine", apuntan datos de los que
entresacamos diferentes aspectos de la opinión americana, en
diciembre de 1987, en que " algo imprevisible iba a suceder" y que
"el barco iba a tener un fin violento e inesperado según predicción
de adivinos y visionarios". Sigsbee, su capitán, recibió el mensaje,
próximo a Florida, para dirigirse hacia el puerto de La Habana, y
cuyo contenido exacto nunca se ha conocido, aunque el mismo
escribirá un informe en 1899, lo que aún resulta sospechoso. Sin
embargo no recibió el que había de remitir el cónsul Lee desde La
Habana bajo la consigna "dos dólares", siendo este diplomático
antiespañol el primer sorprendido. Añaden estos cronistas de los
hechos que " España pide que se releve de su cargo en Cuba al cónsul
general Lee que, a pesar de la solicitud, Mac Kinley no aceptó" y
describe como Segsbee, sin compañía de Lee, estuvo en una corrida de
toros en La Habana. El crucero español Alfonso XII no sufrió apenas
daños - sólo en la arboladura -, los hubiera tenido de haber sido
explosión externa, al igual que otro crucero español situado
inmediatamente- El Legazpi- o el propio Ciudad de Washington, buque
también americano, anclado muy próximo. Clara Barton fundadora de la
Cruz Roja americana se hallaba en La Habana, como auxiliar en tareas
de evacuación de heridos, lamentaba aquella hecatombe, en muertos y
heridos, a la que no pudo dar explicación razonable. Añade que desde
el puerto la gente gritaba " traen dinamita para volar barcos
españoles pero les explota a ellos". "Uno de los oficiales el padre
Chidwick alaba la prontitud de la ayuda humanitaria de los españoles
en auxilio de los heridos y náufragos". Sin embargo otro oficial
americano llamado Wainwreigth dijo "juro no pisaré territorio
español hasta que el Maine sea vengado". El capitán del navío estaba
convencido de que fue un accidente - aunque más tarde rectificó e
insistía en explosión exterior entre otras cosas para salvar su
propia responsabilidad- y sin embargo el cónsul Lee hablaba de un
acto de "sabotaje". " Se intentó demostrar que el puerto de La
Habana estaba minado" - absurdo por la cantidad de barcos españoles
que entraban o salían-. Los periódicos británicos, The Times
principalmente, imprimieron en primeras páginas en letras destacadas
estar asombrados de las mentiras que publicaba la prensa
norteamericana, punto de vista coincidente con el resto de la prensa
europea, y algunos rotativos yanquis "objetivos", en aquellos
momentos críticos para España. -Frente a esta total falta de ética
profesional del Herald y Word, en irreverentes excesos, algunas
voces americanas se significaron contra el típico estilo de Hearst,
o contra su persona. Edwin Lawrence Gogki, director y propietario
del Evening Post, fue una exepción. Días despues del siniestro se
atrevió a escribir "nada tan desgraciado como el comportamiento de
estos diarios, se refería a los de Hearst y al Word, se ha conocido
jamás en la historia del periodismo de este país, con reproducción
indebida de hechos, invención deliberada de cuentos calculados para
excitar al público, a lo que añade la temeridad desenfrenada en la
composición de titulares. Es una vergüenza pública que los hombres
puedan hacer tanto daño con el objeto de vender más periódicos".
Magnífica definición, del compatriota, al estilo usado por el
llamado Jingonismo o patrioterismo, que confundido con la prensa
amarilla, hundieron el Maine a través de una "coartada ases! ina".
Datos estos muy reveladores. "La prensa conservadora norteamericana
vio la presencia del buque escuela español Vizcaya en el puerto de
Nueva York como un claro acto de que España y la administración
oficial española, eran inocentes", sin embargo no se aceptó la
solicitud de arbitraje internacional en el polémico asunto, según
refleja con precisión Agustín Remesal. El alferez Powelson,
comisionado al respecto, dijo que fue una mina exterior, ya que la
quilla estaba afectada hacia arriba, culpando a España o a agentes a
su servicio, todo ello desvirtuado posteriormente. Los autores,
Peggy y Samuels, a partir de la pág. 235 se preguntan ¿ Por qué la
historia debe absolver a España?. Creemos que por: |
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Consideramos de suma importancia los informes del coronel José Paglieri de la Guardia Civil española y Jefe de la Policía de La Habana, así como los Inspectores Jefes de la Policía de Información, que apuntan posibilidades internas motivadas por accidente fortuito - eran frecuentes como queda dicho-. Y podrían haber sido muchas las causas que lo pudieran producir: ignición de gases acumulados en motores eléctricos, pinturas experimentales, recalentamiento de sistemas mecánicos, combustibles líquidos, munición, dinamita, detonadores. Pero también apuntaba el Jefe de La Policía habanera otras posibles causas, como la colocación de un artefacto explosivo dentro del barco, por persona de la misma tripulación - tan variopinta - o por persona visitante, ajena a la dotación del barco. ¿Quién pudiera ser el autor?. Podemos conjeturar que :
Descifrarlo nos llevaría a nuevas conjeturas en la espiral de tantas argumentaciones. De todas formas en la prensa alemana de los días siguientes al suceso, se habla de un tal Agüero y de nueve cubanos pertenecientes a la Junta Revolucionaria Cubana de Nueva York, que habían recibido instrucciones por parte de anarquistas italianos, residentes en Estados Unidos, muy interesados en la causa cubana,- incluso en Europa los que asesinaron a Cánovas, a través de Angiolillo,se comprobó su relación y concomitancia con pro- cubanos en París y Londres- . Que el Vizcaya estaba a 4 días del puerto de Nueva York, en misión diplomática, y no obstante se personó en el citado puerto, demostrando con esta noble actitud la total imparcialidad de España, como queda dicho,en el misterioso y no esclarecido accidente. Las declaraciones de un marinero herido del Maine, recogidos en El Liberal, edición de Tenerife del día 7 de marzo, 1898, pag. 2. se lee "Había sonado el toque de silencio, de pronto fueron derribados por una fuerte explosión que apagó el alumbrado eléctrico del buque. Se incorporó y salió por la toldilla comprobando que las llamas procedían de la proa. Salto al mar y al poco, otro espantoso, terrible ruido, que parecía iba a hacernos volar, y varios cuerpos que caían al agua". Todas las versiones apuntaban a una explosión en una de las calderas para generar energía eléctrica, comunicando el incendio a la Santa Barbara del buque y a los torpedos y dinamita almacenada en todo buque de guerra. No podemos descartar una previa explosión exterior inicial y con autoría humana, que provocó la siguiente y más grave en el pañol, y ¿quién?.- Repetimos hasta la saciedad. Sólo cuatro días antes el buque-yate de Hearst de sospechoso nombre "Bucanero", había permanecido muy próximo al Maine- Este elemento distorsionador llegó a escribir en sus propios periódicos "Mi lema es que mientras otros hablan mi "Journal" actúa, y nunca dio razones convincentes de la presencia suya y de su yate tan próximo al barco siniestrado, al que hizo numerosas fotos antes de levantar anclas, sólo menos de cien horas antes de la voladura. La versión americana explica su punto de vista: En los torpedos se habían efectuado limpieza la tarde anterior, pudiendo haber quedado mal colocados y en condiciones de un fácil y horroroso accidente. El propio comandante Sesbee en parte oficial dijo "que la opinión pública debe suspender todo juicio hasta conocer nuevos detalles". Según los informes el comandante estaba ausente del buque, otros que estaba en su cabina escribiendo a su esposa, e incluso que resultó herido, no obstante fueron sólo dos los oficiales - uno de color - fallecidos de los 34 en total que componían la tripulación, ausentes del buque, formada además por 370 marineros, que dormían resultando un total de 300 los desaparecidos, según algunas versiones de la prensa de la época, sumando los fallecidos por secuelas Foner en su excelente estudio sobre la guerra de Cuba, obra de consulta necesaria para investigadores, nos aporta más detalles para este controvertido y misterioso hecho. Unos pocos oficiales de marina rechazaban el incidente como accidental, señalando las medidas preventivas seguidas en la construcción de este tipo de buques, y por ello sugerían que un torpedo, mina, u otra máquina infernal había sido embarcada por "visitantes" en el puerto de La Habana - es cierto que muchachas jóvenes cubanas frecuentaban el buque a demanda de su tripulación, pudiera muy bien haber entrado una espía asesorada al efecto, para colocar la carga en el lugar y momento preciso-. o que fue colocada en las carboneras cuando el barco repostó en Key West, debidamente preparada para ser "puesta en funcionamiento", en el momento indicado, por agentes, de la propia tripulación, o por otros en el puerto de la Habana que tuvieran acceso.- un par de cartuchos de dinamita, eran suficientes para desencadenar la explosión posterior determinante- Es igualmente eximente, de responsabilidad hacia España, el pronto deseo de la administración española en la Isla, para que se conocieran las verdaderas causas, demasiado urgente según Remesal en su reciente libro "La Incógnita del Maine", que se contradice con la falta de cooperación del Gobierno norteamericano, que emitió otro dictamen y por tanto conclusiones opuestas. El tribunal, para justificar que la explosión no fue un accidente, adelantaron cuatro posibilidades, coincidentes con lo ya dicho. La primera y la más sugerida por todas las afirmaciones oficiales de la época es que el Gobierno español colocó la mina. Para contrapesar esta suposición está el hecho perjudicial que este hecho provocaría a España en su intento para evitar la guerra, que sabía no ganaría. Si bien, añadimos, no es descartable la acción de un grupo de españoles - o individualmente- resentidos o defraudados, que veían peligrar sus intereses económicos, en caso de caer Cuba en manos rebeldes, prefiriendo la presumible administración "yanqui", como "mal menor". La segunda es que oficiales subalternos españoles cometieran el crímen a instigación de Weyler, ya sin mando. Esto sería "suicida" para sus propios autores desde todo punto de vista y falto de coherencia y racionalidad suficiente, que además se hubiera sabido antes o después. Una tercera teoría sería la instigación de la prensa amarilla y del patrioterismo de Roosevelt, que incluso pagarían a agentes cubanos o a comandos ad hoc para el sabotaje. Esto nunca podrá ser descartado, por el excesivo interés de estos medios para que EEUU entrara en guerra con España, y en algunos momentos hablaron de "un pretexto de peso", antes de la voladura. El artículo firmado "Il Macai" en el Labour Leader británico habla de un accidente y si no " es más probable la autoría americana", con el fin preconcebido. Y existen otras especulaciones entre ellas las que manejan periodistas e historiadores norteamericanos que han estudiado este hecho. El 15 de febrero de 1910, el Evening Bulletín de Filadelfia, en el 12 aniversario, concluye que el Maine fue volado por los insurrectos cubanos a fin de implicar a los Estados Unidos en la guerra, ya que su causa flojeaba y se perdería la independencia de Cuba, a menos que fueran implicados en ella los norteaméricanos. Y es claro, como apuntan diversos historiadores que los rebeldes cubanos deseaban la intervención, pero con ciertos temores, de ahí la imposición de la Enmienda Teller a instigación de los cubanos en un momento determinado, y de la que siempre se arrepintieron los responsables de su concesión y aprobación en el Congreso USA. En contrapartida surgiría la "Enmienda Platts". Nunca serán descartadas otras muchas hipótesis para determinar las causas verdaderas de aquella explosión preliminar que consideramos con autoría, y que todas las enciclopedias actuales no dejan de mencionar como "misteriosa" o en todo caso nunca totalmente esclarecida. Son tantas, como las posibilidades que los saboteadores tienen para burlar la vigilancia o control institucional, y así lo comprobamos en "el fenómeno del terrorismo actual", imposible de controlar o de erradicar desde sus mismas bases, por ese mismo aliado que les permite la premeditación y la actuación "desde la sombra", unido a la persistencia en virtud de objetivos ideológicos que les obliga moralmente para llevar a cabo "lo que sea". Estos sentimientos existían también en 1898 y posiblemente en mayor apasionamiento que ahora. Aquel país, hoy gran imperio económico, crisol de todo tipo de pueblos y étnias, guarda en su haber desde los mismos inicios del siglo, y hasta fechas actuales, un gran acerbo de elementos humanos cuya conducta paranoica o esquizofrénica queda plasmada en graves crímenes que constatamos en su variopinta historia hasta en hechos de protagonismo recientes en su propio país. La horca, la silla eléctrica, la cámara de gas o la inyección letal, son testigos mudos que presenciaron el último aliento de ese tipo de personas, cuya conducta patológica apuntamos... Es por todo ello que no podemos dejar como descartada aquella presumible premisa por la que una mano asesina dispuso, ordenó, permitió o actuó directamente en el acto que originó la tragedia del Maine y sus 266 muertos, aún aceptando que imprevisiblemente desconocieran a priori los resultados criminales del mismo en cuanto a muertos y heridos pero sí las consecuencias políticas que se cumplieron según las previsiones que tanto en medios de prensa, políticos, económicos o de opinión pública, anunciaban y exigían como algo inaplazable e irreversible: "un argumento de peso para la entrada de los Estados Unidos en la guerra de Cuba, aspecto considerado como necesario y como hecho evidente", para darle una solución definitiva, incluso por las propias autoridades españolas, que llegaron a desearla como mal menor. España acepta la guerra por dignidad y para salvar la Monarquía y el prestigio como potencia mundial, que aún era, aunque sabe que es una guerra perdida. Los norteamericanos llevan a cabo otro acto más de claro dominio imperialista a través de aquella política, mantenida hasta hoy, en actos claros y en diversos lugares de la geografía planetaria, aun considerando un claro deseo de paz mundial. Lo ocurrido en febrero de 1898 ocasionó la quiebra moral y de la dignidad de España en América, en cuantiosas pérdidas en hombres, material y dinero. Hoy, se intuye lo ocurrido al Maine, pero nada es totalmente probatorio. Las cosas parecen igual,- no para el autor de este artículo- , sin embargo debemos condenar a los EE.UU, por su abyecto proceder en incipiente imperialismo, y, por el contrario, ennoblecer la reacción laudatoria, consecuente y patriótica de España y de su gobierno liberal, a través de Sagasta y de la propia Reina Regente. No olvidemos que el propio presidente Mac Kinley, dudando si las potencias europeas pudieran ser contrarias a las intervenciones de Estados Unidos en el Caribe, o que pudieran proteger a la todavía "notable España", intentó un ultimátum final ofreciendo directamente a la Reina María Cristina la compra de la Isla de Cuba - y Puerto Rico - por TRESCIENTOS MILLONES DE DOLARES, reservando un millón para los intermediarios, operación no aceptada por prestigio, y sobre todo al temor que la situación pudiera derivar para la propia Monarquía y su previsible caída, ya afectada por partidos claramente republicanos, al igual que para el propio gobierno y status creado desde la Restauración. Queda claro que independiente de cuales fueran otro tipo de análisis de la propia Reina Regente o del propio gobierno liberal, un ultimátum de este "calado", de ser aceptado sólo podía tener como consecuencia la caída de la Monarquía, a más de peligrosa incidencia sobre las masas hambrientas, instigadas por elementos anarco-republicanos, en claros motines de subsistencias, que además pedían el cese de la costosa guerra, que constituía otro "tercero en discordia": el Ejército dividido y próximo al enfrentamiento civil. Hoy se hubiera utilizado otro tipo de actuaciones especialmente diplomáticas, más acorde con los intereses, más todo incidió en acordar una paz honrosa que salvara la Monarquía Española. El Gobierno y La Reina a la cabeza, en aquellos trágicos momentos, dieron cuenta pormenorizadamente a toda la clase política de la situación creada , que naturalmente fue participado a la prensa. En las consultas llevadas a cabo se acordaron consensos que conducían a la guerra irremediable, por el partido liberal y apoyo sin límites del partido conservador. El rechazo de la apetecida compra por los Estados Unidos encendió nuevamente el optimismo propio del pueblo español y su orgullo en medio de manifestaciones populares en la península que exigían la guerra contra el "sucio cerdo yanqui", con el apoyo moral de cierta prensa española que escribía eslóganes de variado optimismo como "que la flota española era superior a la americana", al igual que el valor español, probado en Europa y América. A todo esto añadimos la voluntad del clero que hizo ver esta guerra como cruzada santa- el padre Carpena en encendida oratoria en las Iglesias madrileñas, comparaba a las llevadas a cabo contra moros e infieles-, todo ello unido a una intensa y gigantesca operación demagógica, superior o igual a la llevaba a cabo, paralelamente, en los Estados Unidos, sobre el más que seguro enfrentamiento, con el colosal Tío Sam. Lo que sigue es lo que ha venido en llamarse "El desastre del 98", tópico utilizado para la llamada "regeneración" y de paso corregir errores y paliar aquel orgullo decimonónico español. Derrotadas las dos flotas de la desvencijada escuadra española, enviadas al holocausto, en aras de aquellos acuerdos tomados con error, dejando desamparadas las costas de la propia península, Baleares y Canarias, perdidas en Cavite -1 de mayo- y Santiago -3 de julio-; desembarcadas las tropas americanas en oriente de Cuba, las semanas siguientes de aquel "calvario" fueron angustiosas para el Gobierno de Madrid. Por otra parte se apreciaba el aislamiento internacional por lo irreversible de los hechos, temiéndose otros frentes, sospechándose y así se comprobó el plan de Roosevelt para atacar las costas españolas e incluso la ocupación de Islas Canarias por una flota norteamericana, que pudo ser abortada por la pronta intervención diplomática de los ingleses en defensa de sus grandes intereses en estas Islas, especialmente en Tenerife y Gran Canaria. Esto llegó a asustar a Madrid más que ninguna otra circunstancia de la entramada situación del momento, puesto que perder estas maravillosas posesiones hubiera significado la "derrota total". La rendición de Santiago de Cuba, una vez sacrificada una escuadra para blanco fácil de los poderosos cañones de la flota americana que formaba semicírculo a la salida de la bahía santiaguera. - en acto claramente incomprensible-, dio lugar a que el Almirante Cervera rindiera lo que quedaba del desastre, siendo ésta la señal esperada y deseada por el Gobierno de Madrid, para salir de aquella difícil situación y como así estaba tenía previsto. España decreta la suspensión de las garantías constitucionales el 14 de julio de aquel fatídico año, cuyo centenario tuvo lugar hace muy poco, y se dispuso a emprender las negociaciones para la paz. No deja de ser una actitud gloriosa , a pesar de todo, cual era salvar unos símbolos y el orgullo y dignidad de antaño, hoy nuevamente puestas en juego por el acoso terrorista.
El equipo de baseball: -
Félix Julio Alfonso López
Randolph Hearst - Mario Martí Este patriarca de la Prensa Amarilla fue el que provocó que Cuba se separara de España y se convirtiera en una semicolonia de EE.UU. Aquí te mando una ficha de este personaje, -el mismo que obligó a Mc kinley a declararle la guerra a España en 1898-. Es bueno que se identifique claramente a personas que nos han hecho tanto daño, que están en la base de acontecimientos tan desesperantes como el gobierno de Fidel Castro (..."aquellos polvos trajeron estos lodos..."). William Randolph Hearst (1863-1951): editor y político estadounidense que creó la mayor cadena nacional de periódicos. Hearst nació en San Francisco el 29 de abril de 1863. Estudió en la Universidad de Harvard, pero fue expulsado. En 1887 Hearst tomó las riendas del periódico de su padre, el San Francisco Examiner. Siendo editor del periódico, utilizó con éxito los métodos sensacionalistas, algo que posteriormente fue conocido como periodismo amarillo. En 1895 adquirió el New York Morning Journal y en 1896 empezó a publicar el Evening Journal. En unos pocos meses la tirada conjunta de estos dos diarios había alcanzado la increíble cifra de millón y medio de ejemplares. Fue elegido como diputado demócrata para la Cámara de Representantes de Estados Unidos por el estado de Nueva York en 1903 y en 1905. En 1904 se presentó como candidato para presidente por su partido, aunque no logró ser elegido. También se presentó para alcalde de Nueva York en 1905 y en 1909 y para gobernador del estado en 1906, pero nunca se alzó con el triunfo. Mientras tanto, Hearst continuó acrecentando su imperio periodístico hasta controlar en 1927 una cadena de 25 periódicos en las principales ciudades de Estados Unidos. Desarrolló la International News Service, una agencia de prensa. Los artículos, las tiras cómicas y las columnas de opinión y sociedad se distribuían a todos sus periódicos para su publicación nacional simultánea. Hearst también se adentró en el campo de las revistas semanales entre las que destacan Hearst's International-Cosmopolitan, Good Housekeeping, Harper's Bazaar y Town and Country. La crisis económica de la década de 1930 obligó a Hearst a reducir sus periódicos a diecisiete. Hearst empezó a producir noticiarios en 1911. Al poco tiempo llegó a controlar una gran empresa de noticiarios y una compañía cinematográfica. Entre sus otros negocios destacan las inversiones industriales en América del Sur, África y el negocio azucarero en Cuba. También fue coleccionista de obras de arte que reunió en su gran hacienda de San Simeón, California, donde tenía un zoo, un aeropuerto, un teatro privado, y casas de huéspedes que imitaban castillos franceses. Gracias a sus grandes empresas de publicaciones y de películas, Hearst podía influir con facilidad sobre la opinión pública. Por ejemplo, a finales del siglo XIX sus reportajes sobre las atrocidades que estaban cometiendo los españoles en Cuba indignaron tanto a la opinión pública estadounidense que los Estados Unidos iniciaron la guerra Hispano-estadounidense. Hearst fue muy criticado por su nacionalismo extremo y aislacionismo, mientras que otros lo consideraron un patriota. Murió el 14 de agosto de 1951 en Beverly Hills, California. |
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