En el artículo referido al Holocausto, hemos hecho referencia a los guetos, lugares separados del resto de la población donde se enviaba a vivir a los judíos en condiciones infrahumanas. En este gueto ingresaron 400.000 personas y sobrevivieron 50.000. El resto de los judíos polacos, aproximadamente 2.500.000, se alojaron en otros guetos.
 



El gueto de Varsovia se inauguró el 16 de octubre de 1940 y exactamente un mes más tarde, quedó ese territorio aislado del resto de la comunidad polaca y del mundo, por un cerco de púas. Más tarde un muro de 3 metros de alto circunscribió el horror en un trayecto que abarcaba un recorrido de 18 km. El responsable de la construcción y administración del gueto era Hans Frank, designado por el estado alemán de ocupación como Gobernador General en Polonia.

El judenrat, entidad judía creada por los propios alemanes, debía participar en el sostenimiento, organización y funcionamiento del gueto, ayudando en la entrega de comida, y pronto adquirió el rango de gobierno local. Estas entidades de enlace entre los judíos y los alemanes eran concejos de ancianos, creados en torno a un líder comunitario, que facilitaban a los alemanes la administración de los guetos, ya que ellos además, comunicaban a la comunidad alojada allí las órdenes de los líderes nazis y estaban obligados a mantener el orden. En el Gueto de Varsovia el elegido para esta función como presidente del consejo, que contaba con 24 miembros. Fue Adam Czerniaków, un ingeniero químico que había participado en la función pública polaca. Gracias al judenrat funcionaban escuelas, prensa, oficios religiosos, bandas de música, guarderías, hospitales, que intentaban poner un poco de cordura a una situación humillante y que privaba a las personas de los más elementos derechos que hacen a la dignidad humana. Estas manifestaciones algunas veces podían hacerse sin restricciones, si eran organizados por los judenrat, pero en otros casos se hacían en forma clandestina. La entrada de alimentos era muchas veces ingresada a los guetos a escondidas sobre todo al principio, pero luego la vigilancia se hizo más estricta y los soldado alemanes abrían fuego cuando veían algún movimiento sospechoso. El hacinamiento, las enfermedades como la fiebre tifoidea, las raciones alimentarias insuficientes, hacían necesaria la presencia de una vida cultural, que aunque precaria les recordara que aún eran personas. La documentación de estas actividades fue obra de los propios internos del gueto, que los escondieron de los alemanes, y sirvió para que las generaciones futuras conocieran lo que había sucedido.

La etapa de aislamiento en los guetos era la primera fase del macabro plan de Hitler. Cuando se puso en marcha “ la solución final al problema judío”, surgieron los campos de exterminio. Treblinka, una pequeña aldea al noroeste de Polonia, funcionó como máquina de matar a partir de julio de 1942 y hasta octubre de 1943. Allí fueron deportados los judíos del gueto de Varsovia. Hubo también otros dos campos de exterminio en Varsovia: Sobibor y Velsec.

Fueron los propios judíos, encargados de la administración del gueto, los judenrat, quienes debieron organizar a las personas alojadas allí para abandonar el gueto y prepararlas para dirigirse hacia el este. Día tras día, a partir del 23 de julio, 6.000 judíos eran llevados, a partir de las 16 hs. hacia las vías del tren que los conduciría hasta su destino fatal, aunque ellos aún lo desconocían. Se exceptuaban los integrantes del Judenrat, el personal sanitario, los empleados de fábricas alemanas, y la policía local.

Czerniaków intentó pactar con los alemanes para lograr más exenciones. No logró salvar a los niños del orfanato pero sí a los alumnos que concurrían a la escuela de oficios y a las mujeres trabajadoras, lo que le dio la idea de conseguir más puestos de trabajo para ellas. La tarea era agotadora y el tiempo nulo. Abrumado por la situación esa misma noche se suicidó. Fue reemplazado por Marek Lichtenbaum, que no vaciló en cumplir sin protestar las imposiciones alemanas.

El gueto de Varsovia siguió funcionando pero con otras características, las de un campo de concentración. Ahora era mucho menos numeroso, sólo quedaron 55.000 personas, pues la mayoría había sido deportada a Treblinka.

Al principio no se sabía hacia donde eran conducidos, pero con el correr del tiempo las dudas crecieron y originaron un sentimiento de rebelión, comenzando a gestarse la resistencia, que había logrado reunir armamentos, ingresándolos de modo clandestino. Así se formaron dos organizaciones de lucha de aproximadamente 300 integrantes cada una.

La segunda etapa de deportaciones sucedió el 9 de enero de 1943, luego de que Himmler, comandante de las SS visitara el gueto, y diera esa orden. La resistencia estalló el 18 de enero, con buen resultado ya que lograron detener las deportaciones, que alcanzaron a durar cuatro días. Transitoriamente el mando del gueto quedó a cargo de los sublevados, quienes ejecutaron a los judíos que habían colaborado con los nazis.

Cuando el día 19 de abril, los alemanes entraron a retomar el control del gueto, los judíos los estaban esperando escondidos, en túneles subterráneos, y armados, así logaron poner en retirada a los más de dos mil soldados nazis. Los nazis disgustados quemaron el gueto. El 16 de mayo ya no quedaba nada de él, ni siquiera la sinagoga que estaba fuera del gueto, que fue destruida por los alemanes. Era lógico que esto sucediera. Ya había sido milagroso poder haber vencido en un principio a una poderosa organización asesina, por parte de un grupo de personas sin entrenamiento militar, con hambre y tantas privaciones. Fue más bien un acto de desesperación, un intento de supervivencia, cuando comprendieron que todo estaba perdido.

Wladyslaw Szpilman, escribió sus memorias sobre los días que vivió en el gueto. Era un famoso pianista que debió soportar el cautiverio pero que finalmente recibió la ayuda de un alemán que le salvó la vida. Su historia fue llevada al cine por Roman Polanski, bajo el título “El pianista”.

El Ghetto - Mundo sgm

En 1939 los Nazis invaden Polonia, para octubre de 1940 confinan a 400.000 judíos polacos en un área de menos de 6 Kilómetros cuadrados en la capital de Polonia, Varsovia donde normalmente vivían unos 160.000 polacos. El área es rodeada por un muro de 4 metros. Los que se atrevieran a salir morirían.
Seguro que algunos pensaban que esa era una forma mas rápida de morir que quedarse dentro del Ghetto, donde morían entre 300 y 400 personas al día por falta de comida (el ingreso de comida permitido por los alemanes era mínimo) y cuidados médicos.
Para Julio de 1942 cuando se comenzó a sacar a los Judíos del Ghetto para enviarlos principalmente a Treblinka, 80.000 habían muerto. En Septiembre de ese año solo quedaban 60.000 judíos en el Ghetto.

Primera Victoria

En Enero de 1943 Himmler dio órdenes de que para el 15 De Febrero ya no debían quedar más judíos en el Ghetto.
Los judíos sabían que el traslado significaba la muerte, debían resistir. Ahora ya casi no quedaban ancianos o niños, a los que tanto se protegía de las temidas represalias nazis, fuerte razón para no comenzar combates.

En esas fechas Mordecai Anielewicz llegó al Ghetto, Anielewicz pertenecía al ya disuelto grupo de resistencia juvenil anti-fascista polaco, y se encontró con que solo quedaban 60.000 judíos (según algunas fuentes un poco mas de la mitad de esta cifra) entre ellos dos pequeños grupos de resistencia, el Zydowska Organizacja Bojowa (Organización de Combate Judía) que se había armado mayoritariamente de armas cortas y grandas gracias al Armia Krajowa y al mercado negro. El ZOB estaba formado por unos 600 hombres divididos en 22 grupos de unos 20 a 30 hombres cada uno. Y al Zydowski Zwiazek Wojskowy (Unión de Combate Judía).

El 18 de enero los alemanes comenzaron a reunir a los polacos para hacer los últimos viajes y eliminar a todos los residentes del Ghetto. Algunos miembros del ZOB liderados por Anielewicz se infiltraron armados en una de las columnas que iban en dirección a los trenes. Otros miembros se subieron a las azoteas en la intersección de las calles Niska y Zamenhoff. Cuando la columna llegó a la intersección y después de oír una señal, los miembros del ZOB en la calle rompieron filas y comenzaron a atacar a sus guardias alemanes al mismo tiempo que lo hacían los de las azoteas. El resto de los judíos se dispersó y escapo de la deportación, la mayoría de los hombres de Anielewicz murieron en la calle, se desataron dos o tres batallas abiertas en otras calles, pero se vio que los enfrentamientos abiertos no daban resultado, los judíos se escondieron en azoteas y sótanos, escapando así de la deportación, en cuatro días los alemanes detuvieron la operación.
Después de las acciones de enero se detuvieron significativamente las ejecuciones ya que los alemanes tenían miedo de entrar a los sótanos, se levantó el toque de queda ya que los alemanes también tenían miedo de estar dentro del Ghetto por la noche. Los judíos prácticamente tenían el control. El ZOB comenzó a implantar la ley y a ejecutar a informantes y delatores. Se hicieron colectas con del poco dinero que quedaba en el Ghetto y cosas de valor para poder conseguir mas armas en el mercado negro. Comenzaron a hacerse Molotov, entrenarse y prepararse, cada insurgente tenía una pistola y granadas o Molotovs, pero solo había menos de 20 fusiles en todo el Ghetto Y tan solo una ametralladora.
Aquellos que no combatían preparaban los refugios anti aéreos creados por los alemanes para usarlos como Bunkers, creando pasajes subterráneos para unirlos. No había planes para escapar del Ghetto, era resistir o morir.

El Alzamiento

El 18 de Abril el SS-Brigadefuhrer Jürgen Stroop fue nombrado comandante de la guarnición de Varsovia. Stroop había participado en la primera guerra mundial y dirigido un regimiento en la División “Totenkopf”, luego había servido en el Sipo y el SD. El 19de Abril tomó el mando de las fuerzas de Varsovia reemplazando al Dr Ferdinand von Sammern-Frankenegg.

El 19 de Abril comenzaron las deportaciones masivas nuevamente y estalló el alzamiento. Cuando los alemanes comenzaron a entrar en el Ghetto se encontraron con una feroz resistencia desde ventanas y azoteas desde donde llovían improvisadas granadas y Molotovs.

Algunas unidades del AK intentaron abrir agujeros en las paredes del Ghetto usando minas anti-tanque desde afuera, pero los alemanes lograron impedírselo. Los ataques del AK afuera del Ghetto continuarían hasta el 23 de ese mes. Los polacos eliminaron varios soldados alemanes e incendiaron dos tanques el primer día. Los alemanes no pudieron vencer la resistencia a la que se enfrentaban. El ZOB resistió y las tropas del ZZW tuvieron que retirarse a la plaza Muranowski en los primeros dos días, donde pudieron crear una fuerte defensa.
Para el tercer día Stroop ordenó que se incendiaran las casas, y así se hizo. La lucha abierta del ZOB casi había terminado. Los judíos viendo su ventaja estratégica eliminada tuvieron que crear una guerra de guerrillas. En los siguientes días se hicieron varios ataques por parte de los judíos, se tacaban columnas con minas y camiones de transporte.

Para el 24 solo se atacaba por la noche y la mayor parte del tiempo estaban escondidos en los bunkers, los alemanes comenzaron a incendiarlos y algunos fueron enterrados vivos.
En esas fechas un comandante de una de las unidades del ZZW envió un mensaje al AK informando que estaba mal herido y que necesitaban armas y municiones. El 27 Henryk Iwański miembro del AK, tomó al “Państwowy Korpus Bezpieczeństwa” (Cuerpo de Seguridad) que consistía de 18 combatientes  y entró al Ghetto por un túnel para apoyar a los combatientes judíos. Entre los combatientes estaba su hermano Wacław y su hijo Roman, traían armas y municiones. Cuando llegaron decidieron quedarse para combatir junto a los miembros del ZZW en la plaza Muranowski. Wacław murió en el combate, Henryk y su hijo fueron gravemente heridos, su hijo letalmente, su otro hijo Zbigniew moriría el 3 de Mayo escoltando a un grupo de judíos fuera del Ghetto. Henryk logró salir y volvió por lo menos una ves a llevar municiones y suministros.

En esos días Stroop escribió “Los judíos se quedaban en los edificios en llamas hasta que por miedo a morir quemados saltaban desde las ventanas. Con los huesos rotos trataban de arrastrarse por la calle hasta algún edificio que no había sido alcanzado por las llamas. A pesar del peligro de morir quemados, los judíos y bandidos prefieren retornar a las llamas que ser capturados por nosotros.”

El 29 de Abril los alemanes lograron aplastar la resistencia en la plaza Muranowski. Los alemanes continuaron eliminando los Bunkers sistemáticamente, usando grandas de humo, gases lacrimógenos e incluso gas venenoso según algunas declaraciones. Muchas veces los judíos salían de los Bunkers abriendo fuego y lanzando grandas

El 8 de Mayo los alemanes llegaron al 18 de la calle Mila, donde se encontraba el cuartel general del ZOB, lograron capturar el Bunker luego de tres días de combate, Anielewicz murió en la batalla, así como gran parte de su estado mayor, muchos cometieron suicidio y otros escaparon por las cloacas.
Para el 16 Stroop dio como finalizado el alzamiento.

Las bajas judías van desde 13.000 a 7.000, las cifras que dio Stroop sobre las bajas alemanas son de 16 muertos y 86 heridos, los polacos sostienen que eliminaron a más de 100 y cerca de 1000 fueron heridos.

Fuentes:
www.historyplace.com
www.jewishvirtuallibrary.org
www.ushmm.org
www.socialismtoday.org
www.holocaustresearchproject.org
www.wikipedia.org


El SS-Brigadefuhrer Jürgen Stroop (en el centro) observa la destrucción y muerte que ocasionaron
sus tropas entre la población judía

El levantamiento del Ghetto de Varsovia - Rebelión - Miguel Ángel Ferrari

El próximo lunes, se cumplirá un nuevo aniversario del levantamiento del ghetto de Varsovia. A sesenta y un años de aquellas heroicas jornadas de lucha, en medio de la Segunda Guerra Mundial, esa gesta antifascista se agiganta y se torna en valioso ejemplo para la humanidad, en estos momentos en que el terror del imperio pretende sojuzgar al planeta en su conjunto.

El 19 de abril de 1943, se rebelaron contra las SS alemanas los habitantes del ghetto de la capital polaca. Después de la invasión de Polonia por los alemanes, los judíos habían sido recluidos en ghettos. La palabra ghetto -de origen italiano- viene de "borghetto"; esto es, pequeño burgo o ciudad. Estas pequeñas ciudades, en realidad eran grandes barrios cercados con alambradas de púas, donde millares de personas se hallaban prisioneras de los ocupantes nazis. Prisioneros que, a pesar de todo, trataban de realizar una vida "normal", mientras esperaban el peor de los destinos. Esto no era, ni más ni menos, que la primera fase de aquella "solución final" hitleriana, que -veinte años antes- había anunciado el dictador alemán en su libro Mein Kampf.

Casi todos aquellos seres humanos que lograron sobrevivir a tres años de vejaciones y de tormentos en el ghetto más grande de la Polonia ocupada, decidieron levantarse ante el criminal opresor. La mayoría murió tras un mes de lucha, como ellos habían decidido hacerlo: con dignidad y con honor. Fue un acto de desafío de todo un pueblo, cuya secular capacidad de supervivencia había sido sometida a terribles pruebas.

En el otoño de 1940, el barrio judío de Varsovia, al oeste del Vístula, de una extensión de seis kilómetros y medio, fue cercado por un alto muro protegido con alambradas de púas. Más de 400 mil judíos, muchos de los cuales no tenían ni casa ni lazos familiares en la capital polaca, fueron encerrados en él, aislados del mundo exterior, en espera de un destino que pocos de ellos en ese momento conocían.

La vida en el ghetto transcurría dolorosa y contradictoriamente. El hambre y la violencia que desataban los guardianes nazis, torturaba los cuerpos y las mentes de los habitantes. No obstante, incluso en medio de este cuadro de muerte, de enfermedad y de terror, las escuelas clandestinas prosperaban, las zonas bombardeadas eran cultivadas, cuatro teatros permanecían abiertos, los músicos daban conciertos y los poetas infundían en sus versos tanta desesperación como imágenes de esperanza; pintores y escultores creaban y exponían obras nuevas; se publicaban periódicos clandestinos, entre ellos el "Négued Hazérem" que en iddish significa "Contra la corriente".

Después de un año de segregación, se comenzó a conocer la verdad respecto a los campos de concentración y a la destrucción de otras comunidades confinadas en otros tantos ghettos. Empezó a brotar en el seno de un exiguo grupo de activistas la convicción de que los alemanes no les ofrecían, en realidad, otra alternativa que la del exterminio. Algunos grupos juveniles estaban convencidos de que sus ideales debían conducir, lógicamente, a la acción.

Con el correr de los días el movimiento de resistencia comenzó a tomar cuerpo. Lo integraban el movimiento sionista de izquierda Hashomer Hatzair, los comunistas y los partidarios de Bund, el partido socialista hebreo más importante. Durante el transcurso del mes de julio de 1942, cuando las cámaras de gas de Treblinka, a pocos kilómetros al nordeste de la capital, iniciaron el exterminio en masa de los judíos de Varsovia, el movimiento de resistencia se aseguró la plena adhesión de los movimientos políticos y religiosos presentes en el ghetto. Sólo un pequeño grupo quedó aparte, prefiriendo combatir separado del resto de movimiento unificado, se trataba del Irgún Zvei Leumi, también conocido como la organización miltar nacional.

Antes de finalizar julio del '42, la organización combatiente judía fue puesta al mando de Mordejai Anielewicz, un joven de veintitrés años, miembro de Hashomer Hatzair. Hijo de una familia obrera, con educación superior adquirida en la Escuela Judía de Varsovia. Anielewicz estaba secundado por varios subcomandantes, integrantes de las mencionadas organizaciones judías.

Entre julio y octubre de 1942, más de 300 mil judíos fueron deportados de la capital polaca. Cuatro quintas partes hacia al campo de exterminio de Treblinka y el resto a los campos de trabajos forzados. El ghetto se ha transformado en un infierno. Los hombres son tratados como bestias. Cada uno se encuentra a un solo paso de la deportación; se caza a las personas en las calles, como si se tratase de animales en la selva.

Las deportaciones a Treblinka se suspendieron entre el 3 de octubre de 1942 y enero de 1943. Pero ahora los combatientes clandestinos sabían ya que el encuentro decisivo era tan sólo cuestión de tiempo. Habían adquirido armas con la ayuda de agentes que entraban y salían, furtivamente, en el ghetto, a lo largo del alcantarillado. Así se constituyeron y adiestraron veintidós grupos de guerrilleros.

El primer encuentro armado se produjo el 18 de enero, nueve días después de haber visitado Himmler el ghetto y de ordenar la reanudación de las deportaciones. Después de cuatro días de lucha, las SS, que se habían dispuesto a cercar a los últimos 60.000 ó 70.000 judíos que aún permanecían en el ghetto, se retiraron. Las fuerzas de Anielewicz habían superado el bautismo de fuego y todo estaba ahora dispuesto para la insurrección.

El 16 de febrero, tras una acción de resistencia a las deportaciones por parte de los judíos, Himmler decidió que el ghetto fuera destruido. Con la conducción del teniente general Jürgen Stropp, en la madrugada del 19 de abril, víspera de la Pascua judía, el ghetto fue cercado. La organización judía de combate declaró entonces el estado de alarma. Poco después, las SS hicieron su aparición.

Con gran estupor por parte de los alemanes, su primera tentativa de penetración fue rechazada por un nutrido fuego, con armas de pequeño calibre, granadas y bombas caseras. Un carro de combate fue incendiado por un grupo de veinte personas -hombres, mujeres y niños- y los alemanes tuvieron que retirarse. En el bando judío reinaba un ambiente de gran alegría. Al fin, en las calles de Varsovia, junto a la sangre judía, corría también la sangre alemana. Y, sin embargo, pocos, entre los combatientes, se hacían ilusiones. Sabían, desde luego, que no podrían vencer; pero estaban decididos a vender caras sus vidas.

Pasadas las primeras dos semanas, Stropp se dio cuenta de que cada vez era más difícil aniquilar a los judíos. La resistencia opuesta por los judíos y por un puñado de guerrilleros polacos, que los apoyaban desde el exterior del muro era tan eficaz, que Stropp debía mantener en acción a sus patrullas de asalto las veinticuatro horas del día. Pero Himmler empezó a revelar cierta impaciencia y Stropp se vio de pronto obligado a adoptar una política de destrucción total.

Uno tras otro, los edificios que albergaban a los combatientes fueron sistemáticamente evacuados y a continuación incendiados. También en las cloacas, donde se escondían muchos judíos, la vida se hizo cada vez más dura, sobre todo después de las tentativas de los alemanes de ahogarlos allí mismo. Gradualmente, los bunkers fueron barridos y destruidos por los ingenieros de la Wehrmacht, que empleaban bombas lacrimógenas y explosivos.

Tras la dura batalla que tuvo lugar el 8 de mayo, Mordejai Anielewicz y el comando supremo de la resistencia se hallaban en el búnker de la calle Mila 18. Durante dos horas los alemanes, que habían rodeado las cinco entradas, combatieron con armas y gases para minar la resistencia. Mordejai luchó hasta que sus fuerzas cedieron, asfixiado por los gases. A fin de no caer vivos, la consigna fue el suicidio. Cuando finalmente ingresaron los alemanes, sólo hallaron 80 combatientes, encabezados por Mordejai Anielewicz... ¡muertos!

Dos semanas antes de su heroico fin, Mordejai había escrito a su lugarteniente, Antek Tzukerman quien se hallaba en el lado "ario" de Varsovia: "El sueño de mi vida se ha cumplido, la autodefensa judía en el ghetto es un hecho, la resistencia judía armada es una realidad. Soy testigo del heroísmo de los sublevados judíos. ¡Esa fue -esa es- la victoria!"

Transcurrieron sesenta y un años de aquella epopeya protagonizada por esos valientes judíos. Fueron vencidos a causa de la superioridad militar nazi, pero sus ansias de libertad no pudieron ser derrotadas, sino que resurgen en la lucha de cada ser humano en aras de su dignidad.

Hoy asistimos a la lucha de otros dos pueblos sometidos. Uno por el totalitarismo del imperio, con capital en Washington. El otro, por terrorismo de Estado ejercido por el gobierno de Ariel Sharon en Israel. Esos pueblos son, respectivamente, el iraquí y el palestino.

Trágica mueca de la historia. Las tropas norteamericanas que desembarcaron en Normandía, para combatir al ejército hitleriano; hoy se encuentran en territorio de Irak con la misma ferocidad de los invasores nazis, que por entonces ocupaban Francia. Esas tropas masacran a civiles de Falluja al mejor estilo de Himmler; tienen campos de concentración como el de Guantánamo, con seres humanos reducidos a condiciones subhumanas, desprovistos de todo tipo de derechos y garantías.

Penoso destino el de algunos de los descendientes de los héroes del ghetto de Varsovia, aplicar hoy al pueblo palestino similares castigos a los que aplicaba el opresor nazi a su pueblo. Gobernantes indignos de la memoria de aquellos combatientes. Gobernantes que erigen muros en tierras palestinas ocupadas, que perfeccionan los muros y las alambradas de los ghettos. Gobernantes que demuelen casas de palestinos, como los nazis hicieron en Lídice con los luchadores checos. Gobernantes a quienes el imperio esta semana les "regaló" más tierras palestinas (¡valga la generosidad del César!). Gobernantes que asesinan selectivamente, aplicando la milenaria ley del Talión desde el Estado, como lo acaban de hacer hace unas horas con Abdel Aziz Rantisi, el líder de Hamas que reemplazara al recientemente asesinado jeque Ahmed Yassin. Gobernantes del Estado de Israel que vanamente se empeñan en mancillar la memoria de los héroes judíos del ghetto de Varsovia.

Propósito que no podrán lograr, porque como dice el himno de los partisanos del ghetto:

Nunca digas que esta senda es la final,
porque el cielo gris cubrió la luz del sol.
El momento tan ansiado llegará
y el sonar de nuestra marcha escucharán.
El clamor por tanta angustia y el dolor
desde el trópico hasta el polo sonará,
y al regar con sangre nuestra heredad,
la esperanza fuerte y pura crecerá.
No es un canto alegre, es canto de fusil,
no es tampoco pájaro de libertad,
es canción de un pueblo obligado a sufrir,
que con sangre y plomo el verso escribirá.

A estas estrofas cargadas de dolor y valentía, nosotros -con humildad- las complementamos diciendo que cuando los pueblos se disponen a luchar, se los podrá vencer transitoriamente, pero jamás derrotar, porque su ejemplo se encarnará en otros pueblos que luchan por las mismas causas, como el pueblo palestino y el pueblo iraquí, que cuentan con la solidaridad de la mayoría de los habitantes del planeta y son mirados desde la Historia por los combatientes del ghetto de Varsovia como hermanos de una misma causa: ¡la de la dignidad de todos los seres humanos!