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240511 -
1093 - Aileen
O' Carroll - Traducido por: Miguel Gómez Jr.
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Fin de la Guerra
En 1871 Francia fue a la guerra con Prusia y fue derrotada. La
cabeza del gobierno nacional era Adolphe Thiers, él tuvo que
negociar los detalles de la paz con Prusia. Después de hacer
esto tuvo que afrontar el problema de volver a controlar Paris,
de convencer a la ciudad de que la guerra con Prusia había
terminado y del desarme de la Guardia Nacional. A Thiers sólo se
le permitían 12.000 soldados después de la tregua, y con ellos
tuvo que hacer frente a varios cientos de miles de guardias
nacionales.
No tenía tiempo. La mayoría rural de la Asamblea se trasladó
desde Buerdeos, donde mantuvo un primer encuentro para sacar del
país a las tropas prusianas, a Versalles, al lado de Paris.
Los prusianos todavía ocupaban el norte de Francia, como seguro
para el pago de las indemnizaciones de guerra que Francia había
aceptado pagar como condición para la paz. Para hacer frente al
primer pago de las indemnizaciones y asegurar la evacuación de
las tropas prusianas del norte de Francia, el gobierno francés
necesitaba elevar los impuestos. El principal problema de Thiers
era la restauración de la confianza. El orden tenía que ser
reestablecido, los comercios reabiertos, y la vida tenía que
volver a la normalidad. Y por encima de todo, como Paris era el
corazón de la nación tenía que ser puesta bajo el control del
gobierno nacional.
(Ver:
La Comuna de París, 1871)
Paris sin embargo permaneció desafiante. No aceptarían una
victoria prusiana. Esto quería decir que no le había gustado
nada que el gobierno hubiera capitulado ante los prusianos. La
resistencia patriótica a la derrota de Francia inevitablemente
tendría consecuencias en el nuevo gobierno de Versalles. La
Guardia Nacional de Paris permaneció alerta, listos para
resistir cualquier intento de los prusianos para entrar en
Paris. Los cañones abandonados en el fallido asedio a Paris se
llevaron a varias partes de Paris. Fueron aquellos cañones
traidos a los distritos de la clase obrera los que se
convirtieron en el asunto crítico. Como dijo Thiers tiempo
después:
"los hombres de negocios iban por ahí repitiendo constantemente
que las operaciones financieras sólo comenzarían otra vez cuando
los miserables fueran aniquilados y los cañones retomados"
Y fue el intento del gobierno por capturar las armas de la
Guardia Nacional, el Sábado muy temprano, lo que detonó la
revolución. El plan era ocupar los puntos estratégicos de la
ciudad, capturar las armas y arrestar a los revolucionarios
conocidos. El mismo Thiers y algunos ministros fueron a Paris
para supervisar la operación. Al principio, Paris estaba dormida
y todo iba bien. Pero pronto las masas despertaron y comenzaron
a enfrentarse a los soldados. La Guardia Nacional comenzó a
ceder, pero no porque apoyara a las tropas del gobierno sino por
que no sabían qué hacer. Las tropas regulares que todavía
estaban esperando a que llegaran los transportes para cargar las
armas, se vieron pronto superadas en número. Los sucesos dieron
un giro serio en Montmartre cuando las tropas se negaron a
disparar a la muchedumbre y en vez de eso arrestaron a su propio
comandante, quien fue más tarde fusilado. Pronto en toda la
ciudad los oficiales se dieron cuenta de que ya no podían
confiar en sus hombres. Por la tarde Thiers decidió abandonar la
capital. Saltando a una diligencia que le estaba esperando dictó
la orden de la evacuación del ejército a Versalles e instó a
todos los ministros a seguirle. La retirada del ejército a
Versalles fue caótica. Las tropas se insubordinaban y sólo los
gendarmes podían mantener algo de orden. Tan apresurada fue la
retirada que varios regimientos fueron olvidados en Paris (unos
20.000). Los oficiales fueron cogidos prisioneros, mientras que
unos 1500 hombres dejados atrás sin órdenes se sentaron a
esperar el periodo de la comuna. El gobierno había abandonado la
ciudad.
A las 11.00 de la noche el Comité Central de la Guardia Nacional
reunido en asamblea decidió tomar el abandonado edificio Hotel
de Ville (ayuntamiento), mientras que otros comandantes y
hombres de la Guardia Nacional ocupaban los restantes edificios
públicos de la capital.
Fueron los Blanquistas quienes tomaron la iniciativa cuando
Brunell llevó al dubitativo Bellevois (cabeza del Comité de de
la Guardia Nacional) al abandonado Hotel de Ville. Cuando el
comité central llegó al fin al Hotel de Ville reinaba la más
absoluta confusión , la guardia nacional y los soldados erraban
por la ciudad y nadie tenía autoridad para mandarles. Esta
revolución fue una insurrección espontánea en toda la capital,
sin que hubiera una dirección central ni, aún, ningún comité de
la Guardia Nacional.
(Ver:
A 140 años de
la Comuna de París)
Los comités de Duval, Eudes, Brunel y todos los de Montmartre
estaban a favor de marchar sobre Versalles, sin embargo los
blanquistas no fueron escuchados. Los insurgentes encontraron
Paris listo para la toma de Versalles, pero la principal
preocupación del Comité Central de la Guardia Nacional era la de
"legalizar" su situación invistiéndose con el poder que tan
inesperadamente había caído en sus manos. En lugar de seguir el
camino por el que el ejército había escapado a Versalles, como
los blanquistas urgían al comité, entraron en negociaciones con
el único cuerpo constitucional que quedaba en la ciudad, la
alcaldía, para solicitar la convocatoria de elecciones. Como un
comunero preguntó el día de las votaciones:
"Qué significa la legalidad en tiempos de revolución?"
Este intento por volver a la legalidad trajo moderación a los
revolucionarios. Muchos miembros del Comité Central sentían que
los acontecimientos les habían sobrepasado. Como uno de ellos
dijo "aquella noche no sabíamos qué hacer; no queríamos la
posesión del Hotel de ville, queríamos construir barricadas.
Estábamos desconcertados por nuestra autoridad". Se le dejó a la
figura literaria bohemia de Edourard Moreau, el persuadir al
comité central, entre los gritos de ‘Viva la comuna’, de que
siguiera ocupando el Hotel de Ville al menos durante unos días
hasta que las elecciones municipales tuvieran lugar.
8 días después Paris tuvo unas elecciones con 227.000 votos
emitidos. Esto sólo era la mitad del total del censo pero este
censo se remontaba a antes de la guerra, desde entonces había
habido una gran reducción de población. Este éxodo benefició a
las áreas de "clase obrera", ya que eran las que menos se habían
reducido. También se adoptó un sistema proporcional de
representación que dio más representación a los densamente
poblados barrios obreros que el sistema anterior. Los resultados
marcaron un enorme giro a la izquierda, sólo se eligieron entre
15 y 20 republicanos moderados, que pronto dimitieron.
Los distritos de las clases populares eran los que más apoyaban
a la comuna. La lista de Comités de Vigilancia que había atraído
pocos votos en las elecciones nacionales de hacía un mes se
encontró con la mayoría. Esto no ocurrió por una repentina
conversión a ‘la posición socialista revolucionaria’ sino debido
a que la mayoría republicana de París quería ahora votar por la
comuna como voto defensivo contra Thiers y la monárquica
Asamblea Nacional de Versalles. En los distritos de clase obrera
la victoria tenía un significado más preciso, se esperaba que
ahora se hiciera un trabajo más serio para favorecer a los
excluidos por los gobiernos anteriores.
La comuna se instaló formalmente en el Hotel de Ville dos días
después del glorioso levantamiento de primavera, el 28 de Marzo.
Los batallones de la Guardia Nacional se reunieron en asamblea,
se leyeron los nombres de los elegidos en las elecciones, y
vestidos de rojo, subieron los escalones del Hotel de Ville bajo
un cielo cubierto por un busto de la República. En lo alto
ondeaba la Bandera Roja, como lo había hecho desde el 18 de
marzo, y los cañones saludaron la proclamación de la Comuna de
París.
La composición de la Comuna
La comuna se compuso finalmente por 81 miembros, la media de
edad era de 38 años, 5 miembros eran mayores de 60. Raoul
Rigault, el jefe de la policía de la Comuna tenía 25, era el más
joven de los 15 venteañeros, 8 más acababan de cumplir los 30.
Los miembros de la Comuna carecían de experiencia política. Sus
debates eran a menudo errantes, se proponían y aceptaban asuntos
que se dejaban caer antes que expuestos con decisión. Muchas
veces se desataban agrias discusiones personales que llevaban a
una disputa mayor. La Comuna como todo carecía de dirección
política. Esto era especialmente serio porque había que ganar
una guerra civil para sobrevivir. Fue en cuestiones tales como
la educación o la reforma de las condiciones laborales, debido a
la experiencia sindical de varios de sus miembros, donde la
Comuna mostró sus efectos positivos.
Blanqui, como revolucionario experimentado podía haber provisto
a la Comuna de más cohesión política pero fue detenido por la
policía y pasó la segunda revolución de su vida en prisión.
Charles Deleschulz fue la figura más notable del pasado en
sentarse en el comuna. Él había sido un jacobino radical en la
revolución de 1848 hasta que fue forzado a exiliarse y fue
apresado cuando intentó volver secretamente. Sin embargo los
años de cárcel en la Isla del Diablo habían arruinado su salud.
Sólo podía hablar con una voz graznante y permanecer por encima
de las peleas personales y disputas en la comuna hasta que se
vio llamado a desempeñar un digno pero trágico papel al final,
caminando deliberadamente hacia la muerte en una barricada donde
hoy está la Plaza de la República.
18 miembros de la comuna provenían de los barrios de clase
media. En total unos 30 miembros de la comuna se podrían
clasificar como de provincias, la mitad de ellos eran
periodistas de la prensa republicana. El resto incluía a 3
médicos, sólo 3 abogados, 3 maestros, un veterinario, un
arquitecto y 11 relacionados con el comercio.
Unos 35 miembros eran trabajadores manuales o estaban implicados
en la política revolucionaria. Eran artesanos de pequeños
talleres que instauraron las asociaciones obreras de la capital.
Típicos de este grupo eran los trabajadores del cobre,
carpinteros, decoradores y libreros. Puede resultar chocante la
falta de representantes de las grandes industrias que habían
proliferado a las afueras de París. En realidad los obreros de
las grandes fábricas de los suburbios no habían formado aún
organizaciones ni medios de combate. Parecía que el liderazgo
local se había desarrollado muy inseguro de sí mismo y de sus
posibilidades, demasiado inadecuado como para jugar un papel a
una escala mayor. Esto dejó vía libre para los representantes de
los distritos pequeño-burgueses.
Unos 40 miembros habían estado implicados en el movimiento
obrero francés y la mayoría de ellos se habían unido a la
Internacional. Su experiencia en las asociaciones obreras les
había vuelto recelosos hacia el poder político y habían vuelto
su pensamiento hacia las tendencias anarquistas (llevaban más de
la tradición de Proudhon que de la de Bakunin). Unos 12 miembros
de la comuna eran blanquistas. Su principal esperanza para
salvar la revolución era liberando a Blanqui, o intercambiándolo
por algún rehén... de los que el Arzobispo de París era el más
notable.
La Comuna se instauró el 28 de marzo y el 2 de abril las tropas
de Thiers comenzaron su ataque. Al principio la Comuna se reunía
en secreto en un ‘Consejo de Guerra’ sin embargo el secretismo
no era lo que se esperaba de una asamblea general. El Comité
Central de 20 distritos, la International y algunos de los
clubes populares presionaron a la comuna para que hicieran
públicas sus sesiones. Cediendo a estas presiones la comuna
aceptó publicar sus debates en el Diario Oficial. Sin embargo se
hizo difícil encontrar suficiente espacio para tanta gente (los
espectadores) y el problema nunca se resolvió del todo.
Las teorías que se formularon en 1871 estaban basadas en las
ideas de 1793, en la soberanía popular: aquellos que fuesen
elegidos para representar al pueblo iban a actuar como
delegados, no como miembros del parlamento. En particular los
clubes populares reclamaron que la soberanía tenía que recaer en
ellos tanto como en el. Aquellos que habían sido elegidos por el
pueblo estaban sujeto a la revocación de su cargo por parte del
pueblo y era una obligación de los elegidos permanecer en
constante contacto con las fuentes de soberanía popular. En
algunos clubes se hacían charlas sobre cómo meter más presión a
la comuna, y a partir de ahí se hicieron intentos para unir las
fuerzas de los clubes para hacerlo mejor. Algunos miembros de la
Comuna permanecieron en estrecho contacto con las fuerzas que
les llevaron al poder (el pueblo) frecuentando los clubes.
La política de la comuna.
La auténtica legislación social aprobada por la comuna parecía
más reformista que revolucionaria, tomando las demandas que
habían sido formuladas en los precedentes 20 años. Se cancelaron
los alquileres de propiedad durante el periodo de asedio pero la
propia propiedad privada nunca fue cuestionada. Después de
muchos debates se dio un plazo de 3 años para pagar las facturas
impagadas. Estas medidas impactaron a la opinión burguesa de
fuera de París. La Comuna instauró una bolsa de desempleo en
cada ayuntamiento (cada distrito de Paris tiene un ayuntamiento,
que se juntan en el Hotel de Ville) y abolió el trabajo nocturno
de los panaderos con la oposición de los patronos. La cuestión
social más urgente a la que se enfrentó la comuna fue la del
desempleo y adoptó el paso radical de permitir la libre
asociación de trabajadores y las cooperativas obreras para tomar
las fábricas para hacerlas funcionar otra vez. Sin embargo las
sugerencias más extremas de que los trabajadores tomaran "todas
las grandes fábricas de los monopolistas" fueron rechazadas.
Para el 14 de mayo se habían formado 43 cooperativas productoras
entre las industrias artesanales de la ciudad.
En el campo de la educación el principal esfuerzo se puso en dar
educación elemental para todos. El movimiento de reformas estaba
totalmente en contra de las escuelas de la iglesia las cuales
representaban más de la mitad de las escuelas de París. La
Guardia Nacional se empleó para desahuciar a los curas y a las
monjas y reemplazarlos por republicanos. Se dio una atención
especial a la educación a la mujer, que habían sido olvidadas
hasta entonces. Se formó una comisión especial, todas mujeres,
para supervisar el establecimiento de escuelas para chicas. Se
propusieron guarderías de día situadas cerca de las fábricas
para ayudar a la mujer trabajadora. Ninguno de estos esquemas —
de organización industrial cooperativa o la reforma educativa —
pudieron dar muchos frutos. Hubo demasiado poco tiempo y habían
que ganar la guerra.
Más importante que cualquier medida articular era la propia
existencia de la Comuna como un gobierno que incluía un
proporción importante de trabajadores y que se esforzaba
seriamente para mejorar la vida de la mayoría de la población.
Thiers y sus ministros de Versalles no tenían ninguna duda de
que la Comuna de París era una declaración de cambio social que
debía ser aplastado por la guerra civil. Este punto de vista era
compartido fuera de Francia, la existencia de la Comuna
encolerizó a la burguesía europea. El 29 de marzo el London
Times describió la revolución como "predominio del proletariado
sobre las clases pudientes, del artesano sobre el oficial, del
Trabajo sobre el Capital". El emperador ruso presionó al
gobierno alemán para que no estorbase la represión de la comuna
porque el gobierno de Versalles era "una salvaguarda para
Francia y Europa" y Bismarck amenazó con emplear al ejército
prusiano si Thiers no se daba prisa. La naturaleza socialista de
la Comuna se puede ver tanto desde la derecha como desde la
izquierda.
Festival de los oprimidos
De entre todas las cosas el aspecto más sorprendente de la
Comuna era la naturaleza festiva de París; era el 'festival de
los oprimidos'. La atmósfera de la capital no era la de una
ciudad en guerra; la ciudad tenía ‘todos los signos de estar
simplemente de vacaciones'.
Pero pronto el buen ambiente se volvió austero. Los funerales de
los guardias nacionales muertos en combate se convirtieron en
grandes procesiones por toda la ciudad, solían estar encabezados
por miembros de la comuna y cualquiera que se atreviera a
levantar la cabeza era forzado a bajarla por los susurros de la
muchedumbre. Otro momento dramático fue cuando los masones se
reunieron en la Comuna y marcharon con sus estandartes, nunca se
había visto antes dentro de los muros de la ciudad, luego
enviaron una delegación para ver a Thiers (quien rechazó verles
y tuvieron que volver a Paris). Fueron enormes ceremonias de
masas la quema de una guillotina y la demolición de la Columna
de Verdún (un símbolo del imperio) . "La excitación era tan
intensa" observó un escritor inglés "que la gente caminaba como
en sueños". Incluso en el mismo día en el que las fuerzas de
Versalles entraron en París, domingo 21 de mayo, había una
enorme muchedumbre en los jardines de las Tullerías escuchando
una serie de conciertos en ayuda de las viudas y huérfanos de la
guerra.
La comuna significaba la reconquista de la ciudad por la mayor
parte del pueblo que había sido dejada de lado en los esquemas
de reurbanización de Haussman. Durante un tiempo la mayoría de
la población se implicó activamente en los asuntos públicos ya
fuera a nivel de distrito o a nivel de ciudad.
El fin de la Comuna
La Comuna se fortificó pesadamente y tenían dispuestas fuerzas
suficientes como para subsistir durante otros dos meses, y sin
embargo las fuerzas del gobierno entraron en París. A partir de
ese día siguió una semana de amargas y sangrientas luchas
callejeras, aún más amargas si cabe porque ya los parisinos no
podían pensar en la victoria.
Se habían hecho pocos preparativos para la eventualidad de que
las tropas del ejército entraran en París y la muy comentada
segunda línea de defensa no existía. Los encargados de levantar
las barricadas habían sido tan metódicos, y lentos, que existían
muy pocas en la ciudad. Durante la noche y el Lunes por la
mañana las tropas del gobierno entraron en París por 5 puertas
diferentes. Ocuparon rápidamente dos distritos burgueses del
sudeste de la ciudad. Desde ahí se hizo un ataque por las dos
orillas del Sena simultáneamente. Los bulevares de Haussman
mostraron su valor al posibilitar un movimiento rápido de un
gran número de hombres para dirigirse a los distritos
revolucionarios y sus barricadas. Para la mañana del 22 de mayo
el tercio oeste de París estaba en manos del gobierno, después
de una ardua lucha se habían rendido 1.500 Guardias Nacionales.
La Comuna se reunió a las 9.00, se encontraban 20 miembros en el
Hotel de Ville, se mandó poner carteles instando a los
ciudadanos a tomar las armas en la Barricadas.
Se levantaron barricadas muy rápidamente en el centro de París.
En la calle de Rivoli 50 masones construyeron en unas pocas
horas una barricada de 6 metros y varios de profundidad.
Bandadas de niños traían carretadas de tierra y las prostitutas
de La Halle ayudaban a llenar los sacos. Se levantaron más de
160 barricadas en el primer día, más de 600 en total. La mayoría
eran de 2 metros de alto y estaban construidas con piedras de
pavimento sacadas de las calles con parrillas de metal una base
de madera en la base, un cañón o una ametralladora y un Bandera
Roja ondeando en lo alto.
Las barricadas de la calle Gaubourg estaban hechas de colchones
de un almacén cercano, traídas por mujeres. Otras eran
simplemente obstrucciones de la calle con carretas cruzadas,
ladrillos, bolsas de arena o cualquier cosa. Todo el que pasaba
por ahí era obligado a echar una mano. En la Plaza Blanch un
batallón de 120 mujeres levantó la legendaria barricada que
defenderían vigorosamente el martes hasta ser masacradas después
de su caida. Aquellos federales que se habían retirado del
frente se iban a sus hogares diciendo que preferían morir en sus
propios barrios.
Las duras críticas que Blanqui había heco en 1868 del
levantamiento de junio de 1848 eran también aplicables a las
barricadas de la Comuna. La táctica de combatir cada uno en su
propia área sin organización central hizo fácil la toma de las
barricadas una a una.
La mañana del martes las tropas de Versalles atrvesaron la zona
neutral de las afueras de París, los prusianos miraron para otro
lado, y entraron en París por otra puerta capturando otros dos
barrios de París. Las masacres empezaron a sucederse según
avanzaba la semana, 42 hombres, 3 mujeres y 4 niños fueron
fusilados en una pared, se improvisó una corte marcial en una
casa de la calle de Rosiers y durante el resto de la semana
centenares de prisioneros fueron fusilados. El martes por la
noche los comuneros comenzaron a quemar algunos edificios que
amenazaban la seguridad de las barricadas, podían apostarse
tiradores en ellas. Toda la calle Rivoli fue pasto de las
llamas, el Palacio de Tuluise y el Ministerio de Finanzas
también ardieron. Se enviaron equipos de bomberos para
extiguirlos pero no tuvieron éxito, y montones de documentos
ardieron extendiendo por toda la ciudad una fina lluvia de papel
chamuscado. El viento llevó fragmentos hasta Saint German, a 15
km, y la gente se agolpaba para ver el espectáculo de París
ardiendo. La barricada no fue tomada hasta la mañana del
miércoles, una de los últimos en caer fue una mujer que desafió
a las tropas con una Bandera Roja.
Unos 30 defensores fueron cogidos prisioneros y fusilados, y sus
cuerpos tirados en frente de la barricada. El miércoles a las
8.00 se decidió abandonar el Hotel de Ville y se le prendió
fuego para cubrir la retirada. Paris en llamas era y todavía es
la imagen más característica que fue propagada de la Comuna, la
lista de edificios destruidos era enorme, comprensiblemente
algunos edificios, como la prefectura de policía y el Palacio de
Justicia fueron incendiados por la comuna, otros lo fueron por
los obuses de Versalles. Se extendieron rumores, infundados o
malintencionados, sobre mujeres incendiaban los sótanos, debido
a estos rumores muchas mujeres inocentes fueron fusiladas. Sin
embargo muchos comuneros sabían que iba a ser su último suspiro
y querían llevarse París con ellos. El miércoles un oficial de
la Guardia Nacional intentó persuadir a sus hombres para que se
le unieran en la voladura de un depósito de municiones (y de
paso volarse a sí mismos). "Subiremos juntos, hijos míos" les
dijo.
Según se extendían las noticias de la masacre la gente comenzaba
a presionar para que se ejecutara a los rehenes, en venganza por
las masacres que se estaban sucediendo en París. Ferres aceptó
firmar la orden para entregar a 6. El gobernador de la prisión
no firmó la orden para entregar al arzobispo que era el que
pedía el pueblo y no estaba en la lista. El secretario de Ferres
se dio prisa y Ferres añadió a la lista: "y particularmente el
arzobispo", y finalmente fue fusilado.
Mientras tanto en las calles de París estaba ocurriendo una
matanza más indiscriminada; cada vez que caía una barricada, los
defensores eran puestos contra una pared y fusilados; 300
cayeron así en el santuario de la Iglesia Madelaine. El
seminario junto al Saint-Suplice había sido reconvertido en
hospital, las tropas de Versalles llegaron y se pusieron a
disparar a todos los médicos, enfermeras y pacientes dejando 80
cadáveres, lo mismo pasó en el hospital Beaujon. La batalla por
el Barrio Latino duró 2 días, el martes y el miércoles. Durante
el jueves y el viernes los comuneros se retiraron, perdiendo el
control de la ciudad.
El sábado por la mañana amaneció con niebla y lloviendo por
segundo día consecutivo. Una de las últimas luchas tuvieron
lugar en el cementerio Pere-Lachise donde unos 200 Guardias
Nacionales habían fallado en establecer un sistema de defensa
adecuado. El ejército abrió la puerta y hubo un duro mano a mano
alrededor de las tumbas bajo una pesada lluvia y una luz
menguante. Aquellos que no murieron en la lucha fueron alineados
en la esquina este del cementerio y fusilados. Las matanzas
continuaron durante varios días más. La última barricada,
construida en un cuarto de hora, estaba defendida por un sólo
hombre. Disparó su último cartucho y murió como todos, fusilado.
Para el domingo 28 de Mayo la Comuna había desaparecido.
Si la batalla había terminado, los fusilamientos no. La victoria
de Versalles se convirtió rapidamente en un baño de sangre,
cualquiera que había estado conectado con la Comuna de alguna
forma, o que estaba en el lugar equivocado en el momento más
inoportuno fue fusilado. Todos los parisinos estaban bajo
sospecha, de hecho eran culpables. Esta reacción de los
oficiales muestra el movimiento hacia la derecha que había
tenido lugar en el ejército francés.
Murieron más personas durante la última semana de mayo que
durante todas las batallas de la guerra Franco-Prusiana, y que
ninguna masacre anterior de la historia francesa. El Terror de
la Revolución Francesa había provocado unos 19.000 muertos en
año y medio. No hay cifras exactas pero en la región unos 30.000
parisinos murieron en esos días, comparados con las pérdidas de
Versalles de 900 muertos y 6.500 heridos...
Hubo alrededor de 50.000 arrestados, entre ellos Louise Michel.
En su juicio pidió ser fusilada diciendo: "Parece que cada
corazón que late por la libertad sólo tiene derecho al plomo,
pido mi parte". En vez de eso fue deportada a Nueva Caledonia,
colonia francesa cerca de las costas de Australia junto con
otros 4.500. Muchos murieron en prisión o en los traslados. Los
que escaparon fueron al exilio de Suiza, Bélgica, Gran Bretaña o
más lejos. Dos de ellos terminaron casándose con las hijas de
Marx en Gran Bretaña. Como Marx escribió a Engels "Longuet es el
último Proudhonista, Lafargue es el último Bakuinista. Que el
diablo se los lleve".
9 años después se votó una amnistía general. Fue como resultado
de una victoria electoral republicana y 'socialista', culminando
con la elección de un zapatero, ex-miembro de la Comuna de París
como diputado socialista por Belleville. Justo antes 25.000
personas habían respondido a la llamada de los socialistas, y a
pesar de los ataques de la policía se había conmemorado por
primera vez la Comuna en el "Muro" de Pierre-Lachaise.
El legado de la Comuna
Las consecuencias inmediatas de la derrota de la Comuna fueron
desastrosas para el movimiento obrero francés ya que un periodo
de severa represión siguió a la masacre. Paris permaneció bajo
la ley marcial durante 5 años y la Internacional fue puesta
fuera de la ley. Armados con nuevos poderes políticos, los
policías estuvieron muy activos acosando y deteniendo a los
activistas políticos que eran condenados a duras condenas por
nimiedades. La Internacional dejó virtualmente de existir. Los
líderes más activos de la clase obrera o estaban muertos, o
presos o en el exilio
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