030302
- Naief Yehya -
Ralph
Shoenman es una de las personalidades más fascinantes y carismáticas
en la izquierda estadunidense. El escritor, analista y secretario personal
de Bertrand Russell entre 1961 y 1968, ha dedicado su vida a la defensa de
los derechos humanos, tanto al lado de
Malcolm X como del fiscal Jim
Garrison, o al denunciar las atrocidades cometidas por su gobierno en
Vietnam. Se ha tornado tras los eventos del 11 de septiembre pasado en una
de las voces más poderosas de la disidencia de la versión oficial. Con
devastadora elocuencia ha desnudado, y sigue haciéndolo, las inconsistencias
y mentiras que saturan las explicaciones que el gobierno y los grandes
medios han dado al respecto de los ataques.
— ¿Qué pasó realmente el 11 de septiembre del 2001?
— Los eventos del 11 de septiembre reflejan una operación que fue
anticipada y prevenida por agencias de inteligencia de distintas partes del
mundo. La agencia de inteligencia rusa y
Putin ya habían dado señales al
gobierno estadounidense de los ataques planeados para esa fecha. Reportes
similares fueron recibidos de otras agencias, como la hindú y la Mossad.
Asimismo, hubo reportes en periódicos como el Allgemeine Zeitung en
Frankfurt, entre otros. Parecería que todo el mundo estaba al tanto de lo
que ocurriría menos los servicios de inteligencia estadounidenses. De hecho,
las circunstancias del 11 de septiembre reflejan claramente lo que se
denomina un stand down (es decir que deliberadamente se bajó la
guardia) de la fuerza aérea, porque los edificios fueron atacados en Nueva
York una hora y quince minutos antes del ataque al Pentágono. Es un
procedimiento estándar que cuando el espacio aéreo prohibido como el de
Washington o el del World Trade Center es violado, o cuando los radiofaros
de los aviones no responden, inmediatamente salen aviones a interceptar .
Hay ensayos rutinarios diarios, desde hace décadas, en los que los F-16 son
enviados a interceptar aviones en áreas prohibidas. Además, la gente acusada
de secuestrar los aviones estaba en listas de sospechosos que debían ser
vigilados del FBI y la FAA (Administración de Aviación Federal), pero las
líneas aéreas no estaban informadas. Esta gente estaba viajando y comprando
boletos con sus propios nombres sin ningún problema. Al analizarlo de cerca,
tenemos que los acusados como Mohammed Atta y quince o más de los
supuestamente involucrados en el secuestro, que estaban en Florida, fueron
entrenados en bases de la fuerza aérea estadounidense como Maxwell, en
Alabama, y Brooks, en Texas, así como en el Defense Language Institute de
Monterey, California. Y también, Atta y su equipo se hospedaron en la
residencia de una persona involucrada con la CIA en el asunto Irán-contra
Otra cosa: la pequeña ciudad de Venecia, en el sur de Florida, era la
base de operaciones de Jackson Stevens, de la NSA (Agencia de Seguridad
Nacional), quien tiene una larga historia de operaciones secretas y lavado
de dinero con el BCCI (ver http://www.fas.org/irp/congress/1992_rpt/bcci/).
La operación del 11 de septiembre tuvo por objetivo asegurar el control de
billones de dólares en gas natural y petróleo en las repúblicas del Asia
Central. Desde hace muchos años las compañías petroleras, las agencias de
inteligencia, el Instituto de Energía de América, la Fundación Afganistán,
el Consejo de Relaciones Extranjeras y el Congreso han recibido
documentación de los planes de Estados Unidos para apoderarse de los
recursos de las ex repúblicas centroasiáticas de la extinta Unión Soviética.
La guerra en contra del pueblo afgano fue preparada, según la agencia de
inteligencia india y reportes de la BBC, desde junio del año pasado. Y
sabemos que el aparato terrorista de Al Qaeda fue creado por la cia.
Bin
Laden y Gulbudin Hekmatyar recibieron seis mil millones de dólares de la
cia para establecer una organización que era armada, controlada y operada
por el isi (Servicio de Inteligencia Pakistaní), que también se encargó de
llevar al talibán al poder, con el dinero y la bendición de la cia. El
objeto era facilitar la creación de un oleoducto a través de Afganistán, que
llevara el petróleo y el gas de las repúblicas de Asia Central.
Debemos recordar que en 1993 tuvo lugar el primer atentado del WTC,
organizado por un oficial de alto rango de la inteligencia egipcia e
informante del FBI, quien propuso la operación, reclutó a los participantes
y grabó en secreto todas las reuniones de preparación. Las transcripciones
fueron depositadas en las oficinas del FBI. Esta dependencia tuvo cincuenta
cajas de información acerca del atentado con seis meses de antelación. Y la
gente que se encargó de obtener un departamento, proveer los fondos y rentar
la camioneta resultó ser la Mossad. Ese atentado fue una operación del FBI y
la Mossad y este es el fondo de la operación del 11 de septiembre.
El origen del terrorismo está en el Pentágono
Shoenman: Sus lectores deben de estar informados de algo que se llamó
Operación Northwoods, cuya documentación fue desclasificada
recientemente. Esta operación fue planeada por la Agencia de Seguridad
Nacional (NSA) y el Estado mayor estadunidense en 1962, bajo la dirección
del general Lemnitzer, y fue aprobada por todos los altos mandos militares.
Ésta proponía, entre otras cosas, secuestrar aviones para estrellarlos en
ciudades estadounidenses, matando civiles, así como destruir el cohete que
llevaba como pasajero al astronauta John Glenn [citado por James Bamford en
su libro sobre la NSA, "Body of Secrets", páginas 82-91]. Esto lo llevaría a
cabo el ejército estadounidense y se atribuiría a Fidel Castro y la
revolución cubana para dar pretexto a la invasión de Cuba.
Los atentados provocarían histeria masiva en Estados Unidos, como la que
se produjo después del 11 de septiembre. Este no era un plan vano, sino que
fue preparado cuidadosamente y fue propuesto al presidente y al secretario
de la defensa. McNamara y Kennedy decidieron esperar porque no querían que
Estados Unidos se involucrara en Cuba de manera abierta, sino que preferían
llevar a cabo una operación secreta. No hubo objeción moral alguna. Entonces
el Estado mayor propuso un segundo plan que sería un ataque a la base de
Guantánamo por personal militar estadounidense que sería atribuido al
ejército cubano y se usaría como pretexto para una invasión. Esto tampoco
fue aprobado por la presidencia, por lo que propusieron informar a la
inteligencia cubana las coordenadas de vuelo sobre Cuba del avión espía U2,
ocultando las fuentes de esta información, con la esperanza de que lo
derribaran y que eso diera causa para invadir. Estaban preparados a matar
ciudadanos estadounidenses y a Glenn para engañar al público y culpar a
Cuba. Actos así no se pueden definir de otra manera que como traición.
La resolución del Golfo de Tonkin en el tiempo de la guerra de Vietnam
lleva la misma huella y cuando examinamos las circunstancias de los eventos
que rodean al 11 de septiembre encontramos un patrón familiar. Fue una
operación destinada a proveer el pretexto y las bases para lo que el
gobierno estadounidense define como una guerra ilimitada, la cual según Bush
puede durar hasta cincuenta años, como una nueva guerra fría. De ninguna
otra forma los dirigentes del país hubieran podido obtener el consentimiento
popular y enormes aumentos en el presupuesto militar. El virtual agotamiento
del excedente presupuestal, la eliminación de servicios sociales y la
concesión a las diecisiete corporaciones más grandes del país de descuentos
fiscales por diez años de 150 mil millones de dólares, son algunas de las
cosas que no hubieran sido concebibles sin las circunstancias creadas el 11
de septiembre, las cuales también han permitido establecer condiciones de
virtual ley marcial, con la suspensión de libertades civiles y planes para
ocupar hospitales, confiscar provisiones alimenticias e imponer vacunas
obligatorias.
Además tenemos el supuesto ataque terrorista con ántrax. Ha habido más de
tres mil trescientos incidentes de distribución de ántrax desde el primero
de octubre pasado. Y ahora tenemos evidencia de que este ántrax tiene la
huella digital inconfundible del ántrax militar producido en laboratorios
del ejército estadounidenses, el aditivo squaline. La gente ha sido
aterrorizada con la posibilidad de una guerra biológica, cuando los
antecedentes son muy claros. En el libro Clouds of Secrecy, Leonard
Cole, quien trabajó en [la base militar] Fort Dietrick, Maryland, describe
cuarenta años de experimentación con agentes biológicos por el Pentágono en
varias ciudades de Estados Unidos: en el sistema de transporte subterráneo
de Nueva York, en el sistema escolar de Minneapolis y alrededor de San
Francisco. Fueron lanzadas billones de esporas de agentes patógenos
comprometiendo la salud de la población en 239 blancos civiles en el país,
como lo ha reconocido The New York Times. Más de diez millones de
personas fueron afectadas por este programa clandestino. El verdadero origen
del terrorismo en contra del pueblo estadounidense puede encontrarse en el
Pentágono y la clase gobernante, ese dos por ciento de la población que es
dueña del noventa por ciento de la riqueza nacional.
Los intereses de los Bush
— ¿Qué piensa usted de la reacción del
presidente Bush el día del ataque?
— Cuando ocurrieron los eventos del 11 de septiembre es claro que el
presidente fue informado del ataque al wtc pero permaneció en la escuela en
la que estaba hablando a un grupo de niños. Después se lo llevaron a una
base estratégica de la fuerza aérea en Louisiana y de ahí a otra base en
Nebraska y no lo llevaron a Washington sino hasta mucho después. El
columnista conservador de The New York Times, William Safire, escribió que
lo que le perturbaba de la explicación del gobierno para mantener a Bush en
esas bases era que supuestamente los secuestradores se habían comunicado con
el avión presidencial para amenazarlo. Safire se preguntaba por qué los
secuestradores previnieron al presidente si realmente pensaban atacarlo,
pero además cómo habían conseguido los secuestradores los códigos secretos
para comunicarse con ese avión y determinar su posición. Safire escribió que
seguramente había un espía en la Casa Blanca, la nsa, la cia y el FBI: "Lo
primero que necesita esta guerra contra el terrorismo es una operación de
inteligencia para localizar a los espías."
Hay un aspecto particular de la relación de Bush con los eventos. En 1992
el Houston Chronicle publicó un reportaje acerca de una investigación
criminal realizada por la división de fraudes financieros del Departamento
del Tesoro y el FBI, acerca del lavado de dinero y del pago de enormes
cantidades de dinero a corporaciones estadounidenses con la intención de
manipular e influir en políticas gubernamentales. Los fondos en cuestión
eran nada menos que de la familia Bin Laden y quien los recibía era George
W. Bush, a través de sus compañías Hurricane Energy y una entidad llamada
Arbusto (por Bush en español), las cuales recibieron cantidades enormes de
dinero. Esta información la retomaron el Wall Street Journal y Judicial
Watch, quienes hicieron un análisis de Bush, sus compañías y la red Bin
Laden. Los fondos en cuestión fueron mediados por James R. Bath, un socio
del bcci (un banco que lavaba dinero del tráfico de drogas para operaciones
secretas de la cia a una escala enorme y que fue objeto de uno de los peores
escándalos bancarios de la historia) involucrado con Jalid Bin Mahfouz,
quien se dedicaba a transferir los fondos de Bin Laden a las compañías de
George W. Bush. Y de aquí salió el grupo Carlyle, una institución de
inversión valuada en catorce mil millones de dólares, en cuya junta
directiva están Bush padre, el ex secretario de estado George Shultz y Frank
Carlucci, ex secretario de la defensa y compañero de dormitorio en la
Universidad de Donald Rumsfeld; un verdadero who's who del Partido
Republicano.
Esta compañía, con su enorme capital y relaciones con 240 jefes de
gobierno, es un vehículo para comprar empresas que tengan cualquier relación
con la industria de la defensa y después conseguirles contratos maravillosos
que inflen sus acciones de manera gigantesca dejando ganancias de miles de
millones de dólares. El Carlyle Group [ver la revista Red Herring, diciembre
de 2001] no solamente controla contratos militares, sino que tiene enormes
subsidiarias como United Defence y está profundamente involucrado con la
industria farmacéutica: Carter Wallace, Endo, Kelso, Unilab y Eli Lilly.
¿Qué tiene que ver esto con las circunstancias del 11 de septiembre? El
grupo Carlyle (http://www.guardian.co.uk/wtccrash/ story/0,1300,583869,00.html)
está tan asociado con los fondos de Bin Laden que prácticamente existe
gracias a ellos; además está relacionado directamente con la compañía que
tiene el monopolio para producir la vacuna en contra del ántrax, Bioport.
Esta supuesta vacuna fue dada a quinientos mil soldados y trataron de
dársela a la fuerza a 2.6 millones de miembros de las fuerzas armadas
estadunidenses. La Asociación de Veteranos de la Guerra del Golfo ha
establecido que la supuesta vacuna es tan sólo un experimento y es
totalmente inútil. Más de cien mil soldados padecen enfermedades
neurológicas, deficiencias del hígado y una plétora de enfermedades
relacionadas con la vacunación obligatoria de Bioport. El director de
Bioport es William J. Crowe, ex director del Estado Mayor, quien fue
embajador en Londres durante el gobierno de Clinton. En Londres, Crowe
colaboraba con Fouad al Jibri, quien junto con Ibrahim al Jibri son los
principales accionistas de Bioport. Fouad era asociado de Jalid bin Mahfouz
y estuvo involucrado en la privatización de Porton Down, la base donde el
gobierno británico producía armas biológicas y fabricaba ántrax