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11 - Mao Tsetung - Obrero Revolucionario #1031, 21 de noviembre, 1999

Parte 1: Atraer al enemigo para que penetre profundamente
Parte 2: La guerra contra la agresión japonesa: La batalla de Pingsingkuan

Parte 1: Atraer al enemigo para que penetre profundamente

En esta primera parte, veremos cómo las fuerzas comunistas dirigidas por Mao contrarrestaron las primeras tres campañas de cerco y aniquilamiento del Kuomintang, las cuales tenían el propósito de destruir las bases de apoyo rojas (1). En el curso de esas luchas nació la estrategia de guerra popular maoísta, cuyos principios se elaboraron más cabalmente durante la guerra antijaponesa y la segunda guerra civil contra el gobierno de Chiang Kai-shek (Kuomintang).

Mao luchó contra la teoría de la victoria rápida en las ciudades y planteó una guerra prolongada que se inicia en el campo, que moviliza a las masas y desarrolla bases de apoyo políticas. Al principio, los comunistas tenían poca experiencia con esa clase de guerra, pero Mao decía que lo importante era saber aprender. Demostró que al buscar condiciones políticas y militares favorables, fuerzas populares con armas inferiores pueden derrotar a enemigos numéricamente superiores con mayor potencia de fuego. El Ejército Rojo empleó magistralmente las tácticas de engaño y ataque por sorpresa. La osadía de Mao se nutrió del apoyo de las masas, y de un análisis de los puntos fuertes y débiles del ejército popular y el del enemigo.

La situación en 1927

En 1927, el gobierno del Kuomintang, con Chiang Kai-shek a la cabeza, lanzó una sangrienta campaña contra el Partido Comunista de China y este sufrió grandes pérdidas. En respuesta, el Partido dirigió un levantamiento de obreros y soldados en Cantón, pero debido a que las fuerzas enemigas eran muy superiores y a líneas erróneas en el seno del partido, sufrió una derrota devastadora. El levantamiento fue ahogado en sangre, pero a través de esa dura experiencia, Mao Tsetung sacó una conclusión importante: no era posible derrotar la contrarrevolución en las ciudades. Dado que las fuerzas del Kuomintang estaban concentradas ahí, los levantamientos de los obreros-por heroicos que fueran-no podían arrebatarles el poder. Por eso era necesario oponerse a la posición de los líderes del partido que planteaban la estrategia de la victoria rápida a través de insurrecciones en las ciudades.

Los ejércitos de terratenientes, caudillos y el Kuomintang cazaban a los comunistas y rebeldes. Ante esa situación, Mao organizó el primer cuerpo del Ejército Revolucionario de Obreros y Campesinos, y dirigió el Levantamiento de la Cosecha de Otoño. Contaba con apenas 8000 soldados armados con lanzas, palos y unos pocos rifles. Sin embargo, ese ejército marchó de Hunan a Kiangsi y trabó combate con los ejércitos reaccionarios a lo largo de la marcha. Como escribió Mao: "Así comenzó la larga lucha abierta por el poder"; es decir, así se dio el primer paso para iniciar una nueva clase de guerra revolucionaria-lo que Mao llamó guerra popular-que establece bases de apoyo rurales, construye un Ejército Rojo, realiza la revolución agraria y libra un guerra prolongada para cercar y tomar las ciudades.

A finales de 1927, con la dirección de Mao el Ejército Rojo estableció la primera base de apoyo en las montañas de Chingkangshan, una zona en la frontera de las provincias de Hunan y Kiangsi. A través de una serie de luchas y batallas, se desplazó hacia otra zona de Kiangsi, cerca de la provincia de Fukien, a principios de 1930.

Durante ese primer período, de establecimiento de bases de apoyo, el Ejército Rojo impulsó la revolución agraria. Cuando tomaba el poder, confiscaba la tierra de los terratenientes y la repartía a los campesinos. Organizó milicias de autodefensa y realizó educación política; organizó y armó al pueblo para luchar contra los terratenientes, establecer un gobierno revolucionario y construir el partido. El partido dirigía al ejército; participaba en la dirección y en las fuerzas combatientes. Era un ejército de nuevo tipo que brindó a los campesinos grandes esperanzas de un futuro mejor.

En ese período Mao luchó por resolver cuestiones estratégicas clave de la Revolución China y empezó a elaborar su doctrina militar. La guerra de guerrillas y la guerra de movimientos eran las formas principales de lucha del Ejército Rojo. La guerra de guerrillas la libran unidades pequeñas, generalmente con armas inferiores, que lanzan ataques por sorpresa contra una parte de la fuerza enemiga y a veces se concentran para asestarle golpes contundentes. La guerra de movimientos se refiere a la guerra librada por unidades regulares más grandes y mejor armadas que lanzan ataques coordinados contra el enemigo con líneas de combate móviles, no fijas.

Mao descartó la teoría de la victoria rápida. Dado que el Ejército Rojo era débil comparado a las tropas del gobierno, planteó la estrategia de una guerra prolongada en el campo que con el tiempo cambiaría la correlación de fuerzas. Dijo: "Nuestra estrategia es enfrentar uno a diez" y "nuestra táctica es enfrentar diez a uno". Es decir, el Ejército Rojo concentraba una fuerza abrumadoramente superior en cada batalla para conservar sus fuerzas, aniquilar al enemigo y lograr una victoria decisiva. Mao postuló otros principios como: "Dividir las fuerzas para movilizar a las masas y concentrar las fuerzas para hacer frente al enemigo" y "Cuando el enemigo avanza, retrocedemos; cuando el enemigo se detiene, lo hostigamos; cuando el enemigo se fatiga, lo atacamos; cuando el enemigo se retira, lo perseguimos". Mao y el PCC aprendieron a combatir en el curso mismo de la guerra, pues como dijo Mao: "Lo importante es saber aprender".

En 1930, el Ejército Rojo extendió sus bases de apoyo a 17 condados; ahí se fortaleció, repartió la tierra, organizó asociaciones y milicias, y realizó educación política. Desde el punto de vista del Kuomintang, la situación era intolerable y en 1930 Chiang Kai-shek lanzó una serie de campañas de cerco y aniquilamiento contra las bases de apoyo comunistas.

Atraer al enemigo para que penetre profundamente

A finales de 1930, 12 divisiones del Kuomintang bajo el mando de Lu Ti-p'ing (gobernador y comandante a cargo de la campaña de cerco y aniquilamiento) se lanzaron contra las bases de apoyo. Mao y el Ejército Rojo elaboraron un plan para derrotar esa fuerza de 100.000 soldados.

No los atacaron cerca de Tungku y Futien porque el Kuomintang tenía grupos antibolcheviques en esas ciudades cuya labor era organizar a las masas contra el Ejército Rojo e infiltrarlo. Esperaron a que se dieran condiciones más favorables, pues la fuerza principal del Kuomintang (las divisiones 18 y 50) estaban ingresando a la zona de Lungkang-Yuantou, donde las fuerzas del Ejército Rojo estaban concentradas (unos 40.000 combatientes, pero solo 25.000 tenían armas). Era un bastión de apoyo popular y el ejército revolucionario contaba con las masas para camuflar sus maniobras, lo cual permitiría engañar al enemigo y acercársele sin que se diera cuenta. Es decir, el Ejército Rojo tendría la ventaja de la sorpresa.

Cada división enemiga tenía unos 14.000 efectivos; al atacarlas por separado, las fuerzas revolucionarias tendrían una abrumadora superioridad numérica en cada batalla. La mejor forma de aplastar la campaña de cerco y aniquilamiento era derrotar las divisiones una por una.

La división 105 del Ejército Rojo atrajo a la división 18 del Kuomintang hacia las montañas al sureste, donde la geografía se prestaba a un ataque por sorpresa. Fingieron batirse en retirada: dispararon esporádicamente contra el enemigo, y dejaron comida y hasta pertrechos al lado del camino.

La noche del 29 de diciembre, la división 18 del Kuomintang se desplazaba por un valle estrecho y a las 5 a.m. el Ejército Rojo la atacó desde las cimas. El IV regimiento del Ejército Rojo atacó de frente y bloqueó su avance, mientras el III y XII regimientos aniquilaron las dos brigadas delanteras y destruyeron el cuartel general de la división. Mataron a 9000 soldados enemigos y capturaron al comandante.

Tras derrotar a la 18, el Ejército Rojo se lanzó contra la división 50 que se batía en retirada. Le tendió una trampa: los soldados del Ejército Rojo se pusieron el uniforme del Kuomintang y alzaron su estandarte. El comandante del Kuomintang sintió un gran alivio al verlos acercarse, pero esa sensación se desvaneció rápidamente cuando se dio cuenta del truco, pero no antes de que aniquilaran la mitad de su división. El Ejército Rojo confiscó miles de rifles y equipo importante, como radios. Ante el aniquilamiento de su fuerza principal, las demás tropas del Kuomintang se replegaron.

De esa forma, el Ejército Rojo derrotó la primera campaña de cerco y aniquilamiento con la estrategia de atraer al enemigo para que penetrara profundamente al territorio suyo y concentrar una fuerza superior contra él, aprovechar condiciones políticas y geográficas favorables, y lanzar ataques por sorpresa. En las palabras de Mao: "Derrotamos la primera campaña con la aplicación de la guerra de movimientos y salimos victoriosos. Con las tácticas de concentración rápida y dispersión rápida, atacábamos las unidades enemigas una por una con nuestra fuerza principal. Atraíamos al enemigo para que penetrara profundamente en territorio soviético (de gobierno rojo), lanzábamos contrataques relámpago, con fuerzas superiores, contra unidades aisladas del Kuomintang, y lográbamos crear una situación en que, por el momento, las podíamos rodear; así superábamos la ventaja estratégica que por lo general tiene un enemigo que cuenta con fuerzas superiores".

Batallas de aniquilamiento

Durante cinco meses el Kuomintang acumuló fuerzas para un nuevo ataque contra las bases de apoyo. El comandante Ho Yin-ch'in aprendió de los errores de la primera campaña de cerco y aniquilamiento, y en esta ocasión maniobró con mayor cautela. Ya contaba con 200.000 efectivos, pero la geografía montañosa de la zona impedía la comunicación entre las divisiones y limitaba las posibilidades de mandar refuerzos. El XIX Ejército del Kuomintang y los ejércitos desplegados cerca de la frontera de Kiangsi eran los más numerosos.

Por su parte, el Ejército Rojo contaba con unidades guerrilleras, y organizó a los campesinos hasta Nanfeng en tareas de inteligencia y apoyo logístico. Como era una guerra popular, todo el mundo tenía una misión y contribuía a la defensa de la base de apoyo. El Ejército Rojo era un ejército de campesinos y estos alimentaban y hospedaban a las tropas revolucionarias pues luchaban por sus intereses. Los campesinos eran los ojos y oídos del ejército revolucionario, y lo mantenían informado de los movimientos del enemigo.

La fuerza principal tenía apenas 30.000 soldados, pero por primera vez las fuerzas guerrilleras tenían la capacidad de lanzar ataques constantes contra el Kuomintang y sembrar confusión sobre la posición de la fuerza principal.

Al leer descripciones de esas batallas, se destaca la osadía de Mao, pero los triunfos del Ejército Rojo se debieron a un cuidadoso análisis de sus propios aspectos fuertes y débiles, y de los del enemigo. En la primera contracampaña de cerco y aniquilamiento el Ejército Rojo atacó la división más fuerte del Kuomintang, pero en la segunda atacó la más débil. Es decir, en esta ocasión Mao recomendó atacar a las dos fuerzas enemigas más débiles (y no trabar combate con el temible XIX Ejército) y después desplazarse repentinamente hacia el este, y lanzar ataques por sorpresa contra la división 27 y el VI regimiento del Kuomintang. La estrategia de atacar en el este cerca de Fukien permitió expandir el territorio de las bases de apoyo. En cambio, si el Ejército Rojo se hubiera desplazado hacia el oeste, se habría encontrado en una situación de desventaja porque ahí el río Kan bloqueaba su avance y las unidades más potentes del Kuomintang lo podrían acorralar.

En mayo de 1931, el Ejército Rojo atacó las divisiones 28 y 47 del Kuomintang. Mao se jugó el todo por el todo en esas dos batallas, pues el XIX Ejército y la división 43 del Kuomintang estaban en sus flancos y, de haber triunfado, fácilmente habrían cercado y aniquilado al Ejército Rojo. Pero Mao se arriesgó porque sabía que las fuerzas revolucionarias contaban con gran apoyo popular y además las fuerzas del Kuomintang no estaban unidas.

Del 16 al 30 de mayo el Ejército Rojo libró esas dos batallas e inmediatamente después se desplazó hacia el este; marchó 400 kilómetros y libró cinco batallas. Los combatientes estaban agotados; sin embargo, derrotaron a la potente división 27 y después atacaron al VI regimiento (las divisiones 5, 8 y 24) en Kwangchang. El Kuomintang se batió en retirada; algunas unidades del Ejército Rojo lo persiguieron. Mientras, el III Ejército del Ejército Rojo acorraló y destruyó parcialmente la división 56 del Kuomintang.

En esa segunda contracampaña, el Ejército Rojo penetró el punto más débil del enemigo y libró rápidamente una serie de batallas para aniquilar al enemigo por partes. Mao destacó: "Solamente aniquilando las fuerzas vivas del enemigo podemos aplastar su campaña de `cerco y aniquilamiento' y ampliar las bases revolucionarias.... En una guerra contra un enemigo poderoso, las operaciones encaminadas solo a derrotar al enemigo no pueden decidir radicalmente el desenlace de la guerra. En cambio, una batalla de aniquilamiento produce de inmediato un gran impacto sobre el enemigo, sea cual fuera.... Aunque las fuerzas aniquiladas en cada campaña constituían solo una parte de las tropas enemigas, todas las campañas de `cerco y aniquilamiento' fueron aplastadas.... La guerra de aniquilamiento significa la concentración de una fuerza superior y la adopción de la táctica de cerco y de movimientos envolventes.... Las condiciones tales como el apoyo del pueblo, un terreno favorable, una fuerza enemiga vulnerable y el ataque por sorpresa, son indispensables para aniquilar al enemigo".

La iniciativa

Tras las derrotas del Kuomintang en las primeras dos campañas de cerco y aniquilamiento, Chiang Kai-shek asumió la dirección de 300.000 efectivos y se lanzó contra el Ejército Rojo. Su estrategia era atacar directamente la base de apoyo de Kiangsi para acorralar al Ejército Rojo contra el río Kan y aniquilarlo. Si bien el Ejército Rojo contaba con 30.000 combatientes en ese momento (nuevos reclutas y desertores del Kuomintang reemplazaron a los caídos), apenas había transcurrido un mes entre la segunda y tercera campañas de cerco y aniquilamiento; es decir los combatientes no tuvieron la oportunidad de descansar después de una serie de batallas muy duras y acababan de marchar unos 700 kilómetros a lo ancho de la base de apoyo para concentrar sus fuerzas en Hsingkuo en el oeste de Kiangsi cuando el enemigo atacó desde varios puntos.

El Ejército Rojo tenía planeado salir de Hsingkuo y penetrar las líneas enemigas en Futien, donde se desplazaría hacia el este para cortar las comunicaciones de la retaguardia enemiga. (Los ejércitos procuran evitar un cerco o un avance enemigo que los deje sin salida, es decir, sin la posibilidad de replegarse.) Mejor dicho, el Kuomintang penetraría profundamente en el territorio de la base de apoyo en el sur de Kiangsi, pero su avance no le serviría de nada-como un boxeador que lanza un golpe lateral, pero su oponente se agacha y corre detrás de él-y al regresar agotado hacia el norte, el Ejército Rojo aprovecharía para golpearlo.

Sin embargo, no sucedió así, pues el Kuomintang detectó al Ejército Rojo justo cuando estaba por penetrar sus líneas y despachó dos divisiones a Futien. El Ejército Rojo se replegó hacia el sureste. A la noche siguiente, al amparo de la oscuridad, los soldados rojos dieron un cambio repentino de dirección para deslizarse por una brecha de 25 kilómetros entre las fuerzas enemigas. Cercaron y atacaron a la división 47 en Kaohsinghsu, y esta se replegó. Después atacaron la división 54 en Liangchen. Un observador comentó que la primera batalla "se libró con la apremiante energía de los que han abandonado la esperanza, con tremenda furia y velocidad, y ¿cómo pudiera ser de otra forma?, pues estaban cercados por una fuerza abrumadoramente superior".

El Ejército Rojo siguió hacia el este sin darse el lujo de descansar; atacó la división 5 al norte de Lunkang y después aniquiló la división 8 en Tungshao. Triunfó en esas tres batallas importantes y confiscó más de 10.000 rifles. (El Ejército Rojo tenía muy pocas armas al principio de la revolución y adquirió su equipo militar del enemigo. Por eso, Mao dijo que el Kuomintang, tanto como los imperialistas japoneses y estadounidenses, eran los "furrieles" del Ejército Rojo.)

En ese momento, todas las fuerzas principales del enemigo se dirigieron contra el Ejército Rojo para cercarlo. Pero las fuerzas guerrilleras, en coordinación con la fuerza principal, bajaban continuamente de las montañas y hostigaban la retaguardia del Kuomintang, a veces dando la impresión de ser un ejército completo. La noche del 11 de agosto, 25.000 soldados rojos se deslizaron nuevamente por una brecha (esta vez de 5 kilómetros) entre los ejércitos del Kuomintang que los cercaban y se reagruparon en Hsingkuo. Por su parte, el XII regimiento del Ejército Rojo le dio falsa información al Kuomintang sobre la posición de su fuerza principal: unos combatientes avanzaron hasta Tungshao en el norte ondeando banderas rojas y dejando indicadores; el Kuomintang los siguió. De esa forma ganaron el tiempo necesario para que el grueso de los combatientes descansaran y se alistaran nuevamente para el combate. Al descubrir el truco, el Kuomintang volvió a avanzar hacia el oeste, pero sus tropas agotadas, desmoralizadas y con hambre no estaban en condiciones de combatir, y decidieron replegarse.

El Ejército Rojo aprovechó esa situación para atacar dos divisiones del XIX Ejército del Kuomintang; el 7 de septiembre, aniquiló una brigada y una división. Después, se lanzó contra las demás divisiones, pero estas lograron replegarse.

A través de esas batallas, Mao demostró que el Ejército Rojo podía mantener la iniciativa, es decir, la capacidad de fijar metas y lograrlas, y de imponer ciertas condiciones de batalla al enemigo en medio de las circunstancias complejas y caóticas de la guerra. Planteó: "La iniciativa no es algo imaginario, sino algo concreto y material. Aquí lo más importante es conservar y concentrar una fuerza activa lo más grande posible.... Las condiciones indispensables para alcanzar plenamente este objetivo son la concentración de las fuerzas, la guerra de movimientos, la guerra de decisión rápida y la guerra de aniquilamiento, de las cuales la concentración de las fuerzas es la primera y la más importante".

Además sentó que: "La decisión rápida no se puede obtener simplemente con desearla; requiere muchas condiciones concretas. Las principales son: prepararse bien, asir el momento oportuno, concentrar una fuerza superior, emplear la táctica de cerco y de movimientos envolventes, elegir un terreno favorable y atacar a las fuerzas enemigas cuando están en marcha o cuando se han detenido pero todavía no han consolidado sus posiciones".

Las contracampañas de cerco y aniquilamiento contienen muchas lecciones y permiten captar la estrategia militar tan dinámica elaborada por Mao y el Ejército Rojo, una estrategia que se fundamentaba en el apoyo y participación de las masas en la lucha revolucionaria. Como dijo un general del Ejército Rojo: "No pudiéramos existir sin el apoyo de la mayoría del pueblo. No somos más que el puño del pueblo que golpea al opresor".

(1) Este artículo aborda el período antes de la famosa Gran Marcha de 1934 que Mao y el Ejército Rojo tuvieron que emprender en respuesta a la quinta campaña de cerco y aniquilamiento del Kuomintang. Líneas erróneas en el seno del PCC, sobre todo la línea oportunista "izquierdista" de Wang Ming, minaron su capacidad de contrarrestar dicha campaña

Parte 2: La guerra contra la agresión japonesa:
La batalla de Pingsingkuan

Obrero Revolucionario #1033, 5 de diciembre, 1999

En los números 1024, 1025 y 1026 publicamos una historia en fotos de Mao Tsetung y la guerra revolucionaria china con motivo del 50 aniversario del triunfo de la guerra popular que liberó al país en 1949. Esta semana publicamos el segundo de dos artículos que examinan la estrategia militar de Mao.

El primer artículo (No. 1031) examinó cómo las fuerzas comunistas dirigidas por Mao Tsetung contrarrestaron las primeras tres campañas de cerco y aniquilamiento del Kuomintang.

El presente artículo aborda la invasión japonesa de China. En vez de combatir a los japoneses, Chiang Kai-shek lanzó operaciones de cerco y aniquilamiento contra el Ejército Rojo, que lo obligaron a emprender la Gran Marcha. El artículo analiza cómo el Ejército Rojo logró la victoria de Pingsingkuan, la primera gran derrota de los invasores japoneses, a pesar de que el Kuomintang rehusó participar en la batalla.

El Ejército Rojo servía al pueblo, pero el ejército del Kuomintang lo oprimía. Se acobardó ante la feroz invasión japonesa y las terribles atrocidades que cometió contra el pueblo, y eso permitió a los japoneses lanzar el grueso de sus fuerzas contra el Ejército Rojo.

El Kuomintang colaboró con los invasores con el fin de aplastar las fuerzas dirigidas por los comunistas. Pero el Ejército Rojo se unió al pueblo, y estableció bases de apoyo donde movilizó al pueblo para la producción y para combatir a los invasores. A través de muchas luchas y combates durante ese período de la Guerra de Resistencia, el Partido Comunista de China (PCCh) se ganó la confianza y el apoyo de las masas, los cuales fueron indispensables para derrotar a los imperialistas japoneses y al Kuomintang (respaldado por Estados Unidos), y así conquistar el poder nacional en 1949.

El 18 de septiembre de 1931, las tropas japonesas atacaron Shenyang, Mukden. Chiang Kai-shek, el líder del Kuomintang, adoptó una posición de "no resistir en absoluto", que llevó la ocupación de tres provincias norteñas. El PCCh publicó un manifiesto en el que exhortó a "movilizar a las masas contra la agresión de los imperialistas japoneses... y a establecer un cuerpo guerrillero en el noroeste para combatirlos directamente".

En vez de luchar contra los japoneses, Chiang Kai-shek atacó al PCCh y al Ejército Rojo en las bases de apoyo de Kiangsi. En enero de 1933, el Ejército Rojo de Obreros y Campesinos de China publicó otro manifiesto, en el que declaró que estaba dispuesto a suspender los combates y negociar con Chiang Kai-shek y otros jefes militares con el fin de unir a todos los que se podían unir en la guerra contra Japón, con tal de que se respetaran ciertas condiciones, entre ellas: cesar los ataques contra el Ejército Rojo, garantizar los derechos del pueblo y armarlo. Pero Chiang Kai-shek respondió con una serie de campañas de cerco y aniquilamiento. El Ejército Rojo derrotó las primeras cuatro y acumuló experiencia muy valiosa. Sin embargo, ante la quinta campaña, el Ejército Rojo se vio obligado a abandonar sus bases de apoyo en Kiangsi, y a emprender la increíble y heroica Gran Marcha.

Durante la Gran Marcha, el Ejército Rojo marchó 12.500 kilómetros a través de los más inhóspitos terrenos, cruzó 18 cordilleras y 24 ríos, atravesó 11 provincias con 200 millones de habitantes y ocupó 62 ciudades y pueblos. En promedio, el Ejército Rojo libró una batalla al día y llevó a cabo 235 marchas de día y 18 nocturnas, para combatir y repeler al millón de soldados del Kuomintang que lo perseguían. Cuando por fin llegó al noroeste de China, el Ejército Rojo contaba con solo 20.000 soldados de los 100.000 con que empezó la Gran Marcha.

La Gran Marcha fue una retirada estratégica ante la derrota de la quinta contracampaña de cerco y aniquilamiento1, pero en sí no fue una derrota, dado que el Ejército Rojo llegó a Yenán y estableció una nueva base de apoyo con su dirección intacta y la voluntad política de sus combatientes más firme que nunca2. A lo largo de la Gran Marcha, el Ejército Rojo armó al campesinado y lo movilizó para liberar vastas zonas, derrotar a los terratenientes, repartir la tierra y establecer bases de apoyo revolucionarias. Desde su plazafuerte en Yenán, el PCCh y el Ejército Rojo construyeron y extendieron las bases de apoyo que permitieron librar la guerra revolucionaria.

La Guerra de Resistencia contra Japón: Dos tipos de ejército

El 7 de julio de 1937, con el fin de subyugar completamente a China, los imperialistas japoneses atacaron Lukouchiao (puente Marco Polo) en las afueras de Pekín. Solo entonces Chiang Kai-shek se vio obligado a combatir a los japoneses, tanto porque las masas lo exigían como porque su gobierno peligraba ante la invasión. De hecho, dos de sus propios generales lo secuestraron y lo obligaron a firmar un pacto para formar un frente único contra los imperialistas japoneses.

A partir de agosto de 1937, el Ejército Rojo fue reorganizado como el VIII Ejército y se trasladó inmediatamente al frente de batalla en el norte. En octubre las unidades guerrilleras del Ejército Rojo se reorganizaron como el Nuevo 4º Cuerpo de Ejército y este se desplazó al frente central. Así empezó la heroica Guerra de Resistencia contra el Japón.

La Guerra de Resistencia tenía dos frentes: el del Kuomintang y el de las bases de apoyo liberadas. En estas el PCCh armó al campesinado. Modificó la política de confiscar tierras y repartirlas a los campesinos para consolidar el frente único contra Japón, pero no por eso dejó de luchar para transformar las relaciones feudales, y conseguir que se redujeran los arriendos y se rebajaran los intereses que tenían que pagar los campesinos.

Los ejércitos bajo la dirección del PCCh servían al pueblo, y las masas de todo el país acudían a incorporarse a sus filas y a apoyarlos. Eran sus oídos y ojos; por lo general sabían dónde estaba el enemigo y qué estaba tramando. Cuando averiguaba sobre los movimientos de los revolucionarios, lo despistaban. Con ese apoyo de las masas, el ejército popular libraba una guerra de guerrillas en las montañas, así como una guerra de movimientos de unidades mayores de tropas regulares. El ejército popular nadaba entre el pueblo como pez en el agua, con la posibilidad de lanzar ataques por sorpresa.

Por su parte, el Kuomintang servía a los imperialistas (de Estados Unidos e Inglaterra) y a los grandes terratenientes. Aun cuando formaba parte del frente único, defendía las relaciones feudales que sumían a las masas en la miseria, donde la vida de un perro valía más que la de un campesino.

El carácter de clase del Kuomintang determinó su manera de combatir y eso se veía clarísimo cuando combatía al Ejército Rojo, lo cual sucedía incluso durante el período de lucha nacional contra Japón. A diferencia del PCCh y sus ejércitos que luchaban por la emancipación del campesinado, el Kuomintang, que estaba fuertemente armado, odiaba y temía a las masas, y por eso no podía librar una guerra de movimientos para la que se requería clandestinidad y apoyo popular. Su cuerpo de oficiales era corrupto, practicaba castigos corporales y muchos de sus soldados desertaban, especialmente cuando combatían a los comunistas. Por eso, el Kuomintang adoptó una estrategia de defender las ciudades grandes, que eran sus plazafuertes. Si bien combatió a Japón en las primeras etapas de la Guerra de Resistencia, sufrió una serie de aplastantes derrotas y cedió todo el norte de China.

Por contraste, el ejército popular luchó valientemente y ganó muchas batallas. Apenas se desplazó al frente, empezó a librar una guerra de movimientos y penetró tan profundamente en territorio ocupado que perdió contacto con su cuartel general. Sus combatientes interrumpían líneas de comunicación, y aniquilaban puestos y destacamentos de avanzada enemigos. El ejército popular amenazaba constantemente los flancos de los japoneses que avanzaban hacia el valle del río Yangzi y los desviaron de su objetivo de tomar Nankín (la capital del Kuomintang) y otras ciudades grandes; los empujaba hacia las montañas, donde eran vulnerables a emboscadas guerrilleras.

En vez de defender ciudades grandes, donde el enemigo podía concentrar grandes fuerzas para atacarlos, los comunistas atraían al enemigo para que penetrara profundamente en el campo (territorio hostil al enemigo) y libraban batallas relámpago que lo aniquilaban por partes, y así acumulaban fuerza para las batallas decisivas de más adelante. Un general comunista explicó su estrategia: "Si se conservan tropas y se pierde tierra, se puede recuperar la tierra. Pero si se conserva la tierra y se pierden tropas, se pierde tanto tierra como tropas". Al aplicar su estrategia dinámica, el ejército popular le asestó al Japón su primera gran derrota.

La victoria de Pingsingkuan

A fines de 1937, el ejército japonés, encabezado por la 5ª División Sumurai bajo el mando del general Itagaki Seishiro, se dirigía hacia la provincia de Shansi. El Kuomintang opuso poca resistencia y el general japonés se sentía muy confiado, pero no sabía que la 115 División del VIII Ejército estaba en su retaguardia al sur de Pingsingkuan.

Pingsingkuan es un lugar escarpado. Las tropas japonesas marchaban por una vieja carretera en la profundidad del valle que serpenteaba entre las colinas. El plan de las fuerzas chinas era que las tropas bajo el mando de un general anticomunista del Kuomintang bloquearan el avance de la columna japonesa, mientras dos brigadas comunistas atacaban el flanco sur y la retaguardia.

A la medianoche del 24 de septiembre, se tomó la decisión de aniquilar la columna japonesa en el tramo de 12 kilómetros entre Pingsingkuan y Laoyemiao. A las 7 a.m., esta inició su marcha. Un oficial chino contó: "Oímos el zumbar de los vehículos cuando entraron al cañón. Transportaban soldados y suministros rumbo a Pingsingkuan. Un soldado contaba en voz baja: `Uno... dos... cincuenta... cien...'.

"Detrás de los camiones venían más de 200 carretas, además de mulas y caballos cargados de armas de alto calibre. A ellos les seguía la caballería. Era una larguísima columna de vehículos y animales. El ruido de los motores, pitos y animales era formidable.

"Los soldados japoneses tenían botas de cuero, cascos y abrigos de lana. Llevaban el fusil al hombro. Estaban muy confiados; venían platicando y riéndose.

"Unos comían mientras otros daban latigazos a los mozos que cargaban su equipaje... en lodo hasta los tobillos".

"De repente algunos camiones tuvieron que regresar debido al mal camino y eso provocó un embotellamiento. Fue el momento ideal para el ataque. Pero hubo cierta confusión en el cuartel comunista dado que las tropas del Kuomintang no avanzaban a bloquear la columna japonesa. Sin embargo, la 115 División decidió lanzar el ataque para no perder la ventaja de la sorpresa.

"Por fin llegó el momento que los combatientes habían esperado. Las explosiones de granadas y morteros y el ra-ta-ta-ta de ametralladoras reverberaron entre las cumbres. Muchos soldados enemigos cayeron. Un camión se incendió, otros chocaron".

El mando del ejército popular examinó la situación y formuló un plan: "Hemos cercado a una brigada de 4000 soldados, pero será difícil atacar un grupo tan numeroso. Tenemos que dividirlo. Mandaremos unas fuerzas a cruzar la carretera y dividir al enemigo ahí, y un batallón tomará las alturas de Laoyemiao. Desde la cumbre podremos aniquilar fácilmente al enemigo".

Las tropas del ejército popular le cayeron encima al enemigo y este se dispersó. Sin embargo, los soldados japoneses resultaron ser una fuerza formidable. "No se daban por vencidos. Disparaban con acierto. A pesar de sufrir tantas bajas, se atrincheraron a lo largo de la carretera. Las balas zumbaban constantemente y eso me dio mucha cólera. Por las largavistas vi que nivelaban los tallos de trigo. Sin duda alguna su armamento era muy superior al nuestro.

"Estábamos sufriendo muchas bajas y todavía no llegábamos a la carretera. ¡De repente los japoneses se replegaron hacia Laoyemiao! Pronto estaríamos en una situación muy desfavorable. En eso se dio la orden: `¡Tercer batallón, adelante cueste lo que cueste!'. Las compañías situadas en los flancos del enemigo intensificaron su ataque para que las tropas del frente pudieran avanzar.

"No se veía por el espeso humo, y el sonido de los disparos y explosiones era ensordecedor. Nuestros hombres corrían, se arrastraban y se revolcaban para avanzar". Por fin llegaron y libraron combates cuerpo a cuerpo. El enemigo se refugió bajo los camiones. "No nos dimos cuenta de que debíamos quemar esos camiones.... Pensamos que con presionarlos se rendirían. Pero tenían inculcada con la idea de conquistar China, masacrar a los chinos y explotarlos. Como nuestros hombres no tenían mucha experiencia en combates con los japoneses, muchos murieron o cayeron heridos por esos demonios desesperados. El enemigo era salvaje y altanero, y los combates fueron muy cruentos desde el principio. Los heridos combatían hasta que uno o los dos murieran.

"Los japoneses no entendían las tácticas de guerra en las montañas. Salvo un pequeño grupo en Laoyemiao, el resto permanecía expuesto en la carretera. Cruzamos la carretera y avanzamos directamente hacia Laoyemiao. Nos atacaban desde abajo y desde arriba, y la cumbre era escarpada, pero nuestros soldados lograron escalarla. Con la ayuda del segundo batallón, el tercero logró tomar la estratégica cumbre de Laoyemiao.

"Atacamos la carretera desde el templo Laoyemiao que domina la cumbre. El enemigo estaba completamente expuesto a nuestro fuego. Por fin entendió la guerra en las montañas. Cuando se dio cuenta de su error, dio la orden de escalar la cumbre. Llegaron sus aviones y sus tropas se reagruparon para atacarnos". Pero los aviones no hicieron nada, pues no podían porque los ejércitos estaban combatiendo casi cuerpo a cuerpo. El oficial comunista continuó: "Si el regimiento que estaba a nuestro flanco izquierdo no subía rápido, nos tocaría otro combate de cuerpo a cuerpo. Nos manutuvimos firmes ante la embestida enemiga hasta la una de la tarde, cuando por fin llegó el regimiento 687. Entonces noté que la retaguardia enemiga vacilaba. Ya era hora; di la orden y atacamos desde dos puntos. Logramos aniquilar completamente al enemigo a lo largo del cañón entre Singchuang y Laoyemiao".

El ejército popular se desplazó a Tungpaochi, donde estaban acampados de 2000 a 3000 soldados japoneses. Según el plan de batalla, las tropas del Kuomintang debieran haber atacado. Tenían al enemigo cercado, pero no atacaban. A pesar de las bajas que acababa de sufrir el ejército popular, lanzó el ataque pero en circunstancias muy desfavorables, pues los aviones enemigos bombardeaban sus posiciones. Llegaron refuerzos japoneses y los revolucionarios tuvieron que replegarse. Se había perdido una oportunidad.

Sin embargo, las tropas japonesas sufrieron una derrota devastadora en Pingsingkuan. Por vez primera sintieron el poderío del pueblo chino. Al enterarse de la derrota de los japoneses, los aldeanos acudieron a ayudar a los revolucionarios; bajaron a los heridos en camillas y cargaron las armas que los revolucionarios arrebataron al enemigo. Trabajaron dos días sin cesar. Un general comunista le comentó a un corresponsal: "¡Toda la vida soñaba con combatir a los japoneses y no tenía cómo hacerlo! Pero ahora han venido a mí...". Esa primera gran victoria del VIII Ejército en septiembre de 1937 animó al pueblo e instiló confianza en la lucha de resistencia.

La dura lucha hasta la victoria

A pesar de esa derrota, los imperialistas japoneses eran muy fuertes y la invasión seguía. Cometieron terribles atrocidades con su política de "incendiarlo todo, matar a todos y saquearlo todo". En diciembre de 1937, los japoneses tomaron Nankín; 50.000 soldados se desmandaron en una orgía de violación, asesinato y saqueo que dejó 300.000 muertos en cuatro semanas. Decapitaron a criaturas; violaron a miles de mujeres, incluso a niñas y ancianas; y ejecutaron sumariamente a miles de hombres, además de matarlos en prácticas de bayoneta y quemarlos vivos. Fue una guerra salvaje y cruel para someter al pueblo chino y quebrar su resistencia.

Las tropas del Kuomintang seguían sufriendo derrotas ante el monstruo japonés y, en octubre de 1938, este ocupaba a casi toda China central. Chiang Kai-shek concentró sus fuerzas en el suroeste y noroeste para evitar un enfrentamiento, y las fuerzas del Kuomintang en las zonas ocupadas se rindieron y empezaron a colaborar con el enemigo.

Mientras el Kuomintang colaboraba con el enemigo, el VIII Ejército y el Nuevo 4º Cuerpo de Ejército penetraron la retaguardia enemiga en el norte, este, centro y sur. Recuperaron extensas zonas que el Kuomintang había perdido, armaron al pueblo y desarrollaron la guerra de guerrillas. En 1940, las fuerzas populares contaban con medio millón de efectivos y trababan combate con la mitad de las fuerzas invasoras. Ante el hostigamiento de las fuerzas populares, los japoneses concentraron sus ataques contra las zonas liberadas, que habían convertido su retaguardia en un campo de batalla y representaban un peligro a sus comunicaciones. Suspendieron los ataques contra el Kuomintang, que adoptaba una actitud totalmente pasiva ante los invasores mientras se dedicaba a combatir al PCCh, el Ejército Rojo y el pueblo.

El PCCh dirigía batallas enconadas contra Japón, pero Chiang Kai-shek solo movilizaba sus soldados para atacar a los comunistas. En una ocasión, 50.000 soldados del Kuomintang cercaron a 9000 soldados populares y mataron a 4000. El Kuomintang continuó colaborando con los japoneses o capituló del todo. En 1944, más del 60% de las tropas títeres chinas que colaboraban con los invasores (unos 425.000 efectivos) eran ex soldados y oficiales del Kuomintang.

Ante tal embestida, las zonas liberadas perdieron territorio y el PCCh tomó medidas para contrarrestar esa situación. Impulsó su política de avanzar cuando el enemigo retrocede, de retroceder cuando el enemigo avanza y de perseguirlo cuando se retira. Destacamentos populares penetraron profundamente en la retaguardia enemiga para establecer nuevas bases, y movilizar y organizar el pueblo contra el gobierno títere. El ejército popular fortaleció sus milicias, libró guerra de túneles y minas, y extendió la guerra de guerrillas, basándose en el apoyo de las amplias masas.

El PCCh inició campañas de producción y estableció una política de reducción de arriendos e intereses a gran escala. En 1941, ante el bloqueo económico de Japón contra las zonas liberadas, el PCCh lanzó campañas de producción con la participación de docenas de miles de personas que producían artículos de primera necesidad. Asimismo, producían explosivos y granadas (aunque la principal fuente de armas seguía siendo el enemigo). Los billetes impresos en las zonas liberadas llevaban consignas como: ¡Poner fin a la guerra civil!, ¡Unirse para la resistencia contra Japón! y ¡Viva la Revolución China!

En 1943, había 19 zonas liberadas, el VIII Ejército y el Nuevo 4º Cuerpo de Ejército tenían 900.000 soldados, y la milicia popular contaba con 2,270.000 miembros. En ese entonces el 60% del ejército japonés y el 95% de las tropas títeres chinas se encontraban trabados en combates en las zonas liberadas.

En los ocho años que duró la Guerra de Resistencia contra el Japón, el VIII Ejército, el Nuevo 4º Cuerpo de Ejército y el Ejército Antijaponés del Sur de China lucharon bajo la justa dirección del PCCh y con el gran apoyo de las masas. Llegaron a tener más de 1,300.000 efectivos y participaron en 125.000 combates, en los cuales mataron o capturaron a 1,700.000 soldados japoneses o títeres y extendieron las zonas liberadas para abarcar a 160,000.000 habitantes. Eran una fuerza pujante sin precedentes en la historia del país y todo eso contribuyó a la victoria que el pueblo chino logró en 1949.

NOTES

1 Un factor importante que le impidió al Ejército Rojo derrotar la quinta campaña de cerco y aniquilamiento del Kuomintang fueron líneas incorrectas en la dirección del PCCh que se oponían a la línea de Mao, en particular, la línea oportunista de "izquierda" de Wang Ming. Como dijo el Presidente Avakian en Las contribuciones inmortales de Mao Tsetung: "En ese período de comienzos de la década de 1930, la línea oportunista `izquierdista' de Wang Ming con relación a los asuntos militares subestimó al enemigo y planteó la estrategia de atacar grandes ciudades, en oposición a la línea correcta de establecer y vincular las bases de apoyo, y atraer al enemigo para que penetre profundamente con el objetivo de golpearlo, concentrar fuerzas superiores en ciertas batallas y aniquilar sus tropas, y de tal manera romper el cerco y en esa campaña específica pasar de la defensiva a la ofensiva".

2 Un acontecimiento de suma importancia a nivel de dirección durante la Gran Marcha fue que en la reunión de enero de 1935 en Tsunyi se confirmó la dirección de Mao


 

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