Parte 1: Atraer al enemigo para
que penetre profundamente
Parte 2: La
guerra contra la agresión japonesa: La batalla de Pingsingkuan
Parte
1: Atraer al enemigo para que penetre profundamente
En esta primera parte, veremos cómo las fuerzas
comunistas dirigidas por Mao contrarrestaron las primeras tres campañas
de cerco y aniquilamiento del Kuomintang, las cuales tenían el propósito
de destruir las bases de apoyo rojas (1). En el curso
de esas luchas nació la estrategia de guerra popular maoísta, cuyos
principios se elaboraron más cabalmente durante la guerra antijaponesa y
la segunda guerra civil contra el gobierno de Chiang Kai-shek (Kuomintang).
Mao luchó contra la teoría de la victoria rápida en las ciudades y
planteó una guerra prolongada que se inicia en el campo, que moviliza a
las masas y desarrolla bases de apoyo políticas. Al principio, los
comunistas tenían poca experiencia con esa clase de guerra, pero Mao decía
que lo importante era saber aprender. Demostró que al buscar condiciones
políticas y militares favorables, fuerzas populares con armas inferiores
pueden derrotar a enemigos numéricamente superiores con mayor potencia de
fuego. El Ejército Rojo empleó magistralmente las tácticas de engaño y
ataque por sorpresa. La osadía de Mao se nutrió del apoyo de las masas,
y de un análisis de los puntos fuertes y débiles del ejército popular y
el del enemigo.
La situación en 1927
En 1927, el gobierno del Kuomintang, con Chiang Kai-shek a la cabeza,
lanzó una sangrienta campaña contra el Partido Comunista de China y este
sufrió grandes pérdidas. En respuesta, el Partido dirigió un
levantamiento de obreros y soldados en Cantón, pero debido a que las
fuerzas enemigas eran muy superiores y a líneas erróneas en el seno del
partido, sufrió una derrota devastadora. El levantamiento fue ahogado en
sangre, pero a través de esa dura experiencia, Mao Tsetung sacó una
conclusión importante: no era posible derrotar la contrarrevolución en
las ciudades. Dado que las fuerzas del Kuomintang estaban concentradas ahí,
los levantamientos de los obreros-por heroicos que fueran-no podían
arrebatarles el poder. Por eso era necesario oponerse a la posición de
los líderes del partido que planteaban la estrategia de la victoria rápida
a través de insurrecciones en las ciudades.
Los ejércitos de terratenientes, caudillos y el Kuomintang cazaban a
los comunistas y rebeldes. Ante esa situación, Mao organizó el primer
cuerpo del Ejército Revolucionario de Obreros y Campesinos, y dirigió el
Levantamiento de la Cosecha de Otoño. Contaba con apenas 8000 soldados
armados con lanzas, palos y unos pocos rifles. Sin embargo, ese ejército
marchó de Hunan a Kiangsi y trabó combate con los ejércitos
reaccionarios a lo largo de la marcha. Como escribió Mao: "Así
comenzó la larga lucha abierta por el poder"; es decir, así se dio
el primer paso para iniciar una nueva clase de guerra revolucionaria-lo
que Mao llamó guerra popular-que establece bases de apoyo rurales,
construye un Ejército Rojo, realiza la revolución agraria y libra un
guerra prolongada para cercar y tomar las ciudades.
A finales de 1927, con la dirección de Mao el Ejército Rojo estableció
la primera base de apoyo en las montañas de Chingkangshan, una zona en la
frontera de las provincias de Hunan y Kiangsi. A través de una serie de
luchas y batallas, se desplazó hacia otra zona de Kiangsi, cerca de la
provincia de Fukien, a principios de 1930.
Durante ese primer período, de establecimiento de bases de apoyo, el
Ejército Rojo impulsó la revolución agraria. Cuando tomaba el poder,
confiscaba la tierra de los terratenientes y la repartía a los
campesinos. Organizó milicias de autodefensa y realizó educación política;
organizó y armó al pueblo para luchar contra los terratenientes,
establecer un gobierno revolucionario y construir el partido. El partido
dirigía al ejército; participaba en la dirección y en las fuerzas
combatientes. Era un ejército de nuevo tipo que brindó a los campesinos
grandes esperanzas de un futuro mejor.
En ese período Mao luchó por resolver cuestiones estratégicas clave
de la Revolución China y empezó a elaborar su doctrina militar. La
guerra de guerrillas y la guerra de movimientos eran las formas
principales de lucha del Ejército Rojo. La guerra de guerrillas la libran
unidades pequeñas, generalmente con armas inferiores, que lanzan ataques
por sorpresa contra una parte de la fuerza enemiga y a veces se concentran
para asestarle golpes contundentes. La guerra de movimientos se refiere a
la guerra librada por unidades regulares más grandes y mejor armadas que
lanzan ataques coordinados contra el enemigo con líneas de combate móviles,
no fijas.
Mao descartó la teoría de la victoria rápida. Dado que el Ejército
Rojo era débil comparado a las tropas del gobierno, planteó la
estrategia de una guerra prolongada en el campo que con el tiempo cambiaría
la correlación de fuerzas. Dijo: "Nuestra estrategia es enfrentar
uno a diez" y "nuestra táctica es enfrentar diez a uno".
Es decir, el Ejército Rojo concentraba una fuerza abrumadoramente
superior en cada batalla para conservar sus fuerzas, aniquilar al enemigo
y lograr una victoria decisiva. Mao postuló otros principios como:
"Dividir las fuerzas para movilizar a las masas y concentrar las
fuerzas para hacer frente al enemigo" y "Cuando el enemigo
avanza, retrocedemos; cuando el enemigo se detiene, lo hostigamos; cuando
el enemigo se fatiga, lo atacamos; cuando el enemigo se retira, lo
perseguimos". Mao y el PCC aprendieron a combatir en el curso mismo
de la guerra, pues como dijo Mao: "Lo importante es saber
aprender".
En 1930, el Ejército Rojo extendió sus bases de apoyo a 17 condados;
ahí se fortaleció, repartió la tierra, organizó asociaciones y
milicias, y realizó educación política. Desde el punto de vista del
Kuomintang, la situación era intolerable y en 1930 Chiang Kai-shek lanzó
una serie de campañas de cerco y aniquilamiento contra las bases de apoyo
comunistas.
Atraer al enemigo para que penetre profundamente
A finales de 1930, 12 divisiones del Kuomintang bajo el mando de Lu Ti-p'ing
(gobernador y comandante a cargo de la campaña de cerco y aniquilamiento)
se lanzaron contra las bases de apoyo. Mao y el Ejército Rojo elaboraron
un plan para derrotar esa fuerza de 100.000 soldados.
No los atacaron cerca de Tungku y Futien porque el Kuomintang tenía
grupos antibolcheviques en esas ciudades cuya labor era organizar a las
masas contra el Ejército Rojo e infiltrarlo. Esperaron a que se dieran
condiciones más favorables, pues la fuerza principal del Kuomintang (las
divisiones 18 y 50) estaban ingresando a la zona de Lungkang-Yuantou,
donde las fuerzas del Ejército Rojo estaban concentradas (unos 40.000
combatientes, pero solo 25.000 tenían armas). Era un bastión de apoyo
popular y el ejército revolucionario contaba con las masas para camuflar
sus maniobras, lo cual permitiría engañar al enemigo y acercársele sin
que se diera cuenta. Es decir, el Ejército Rojo tendría la ventaja de la
sorpresa.
Cada división enemiga tenía unos 14.000 efectivos; al atacarlas por
separado, las fuerzas revolucionarias tendrían una abrumadora
superioridad numérica en cada batalla. La mejor forma de aplastar la
campaña de cerco y aniquilamiento era derrotar las divisiones una por
una.
La división 105 del Ejército Rojo atrajo a la división 18 del
Kuomintang hacia las montañas al sureste, donde la geografía se prestaba
a un ataque por sorpresa. Fingieron batirse en retirada: dispararon esporádicamente
contra el enemigo, y dejaron comida y hasta pertrechos al lado del camino.
La noche del 29 de diciembre, la división 18 del Kuomintang se
desplazaba por un valle estrecho y a las 5 a.m. el Ejército Rojo la atacó
desde las cimas. El IV regimiento del Ejército Rojo atacó de frente y
bloqueó su avance, mientras el III y XII regimientos aniquilaron las dos
brigadas delanteras y destruyeron el cuartel general de la división.
Mataron a 9000 soldados enemigos y capturaron al comandante.
Tras derrotar a la 18, el Ejército Rojo se lanzó contra la división
50 que se batía en retirada. Le tendió una trampa: los soldados del Ejército
Rojo se pusieron el uniforme del Kuomintang y alzaron su estandarte. El
comandante del Kuomintang sintió un gran alivio al verlos acercarse, pero
esa sensación se desvaneció rápidamente cuando se dio cuenta del truco,
pero no antes de que aniquilaran la mitad de su división. El Ejército
Rojo confiscó miles de rifles y equipo importante, como radios. Ante el
aniquilamiento de su fuerza principal, las demás tropas del Kuomintang se
replegaron.
De esa forma, el Ejército Rojo derrotó la primera campaña de cerco y
aniquilamiento con la estrategia de atraer al enemigo para que penetrara
profundamente al territorio suyo y concentrar una fuerza superior contra
él, aprovechar condiciones políticas y geográficas favorables, y lanzar
ataques por sorpresa. En las palabras de Mao: "Derrotamos la primera
campaña con la aplicación de la guerra de movimientos y salimos
victoriosos. Con las tácticas de concentración rápida y dispersión rápida,
atacábamos las unidades enemigas una por una con nuestra fuerza
principal. Atraíamos al enemigo para que penetrara profundamente en
territorio soviético (de gobierno rojo), lanzábamos contrataques relámpago,
con fuerzas superiores, contra unidades aisladas del Kuomintang, y lográbamos
crear una situación en que, por el momento, las podíamos rodear; así
superábamos la ventaja estratégica que por lo general tiene un enemigo
que cuenta con fuerzas superiores".
Batallas de aniquilamiento
Durante cinco meses el Kuomintang acumuló fuerzas para un nuevo ataque
contra las bases de apoyo. El comandante Ho Yin-ch'in aprendió de los
errores de la primera campaña de cerco y aniquilamiento, y en esta ocasión
maniobró con mayor cautela. Ya contaba con 200.000 efectivos, pero la
geografía montañosa de la zona impedía la comunicación entre las
divisiones y limitaba las posibilidades de mandar refuerzos. El XIX Ejército
del Kuomintang y los ejércitos desplegados cerca de la frontera de
Kiangsi eran los más numerosos.
Por su parte, el Ejército Rojo contaba con unidades guerrilleras, y
organizó a los campesinos hasta Nanfeng en tareas de inteligencia y apoyo
logístico. Como era una guerra popular, todo el mundo tenía una misión
y contribuía a la defensa de la base de apoyo. El Ejército Rojo era un
ejército de campesinos y estos alimentaban y hospedaban a las tropas
revolucionarias pues luchaban por sus intereses. Los campesinos eran los
ojos y oídos del ejército revolucionario, y lo mantenían informado de
los movimientos del enemigo.
La fuerza principal tenía apenas 30.000 soldados, pero por primera vez
las fuerzas guerrilleras tenían la capacidad de lanzar ataques constantes
contra el Kuomintang y sembrar confusión sobre la posición de la fuerza
principal.
Al leer descripciones de esas batallas, se destaca la osadía de Mao,
pero los triunfos del Ejército Rojo se debieron a un cuidadoso análisis
de sus propios aspectos fuertes y débiles, y de los del enemigo. En la
primera contracampaña de cerco y aniquilamiento el Ejército Rojo atacó
la división más fuerte del Kuomintang, pero en la segunda atacó la más
débil. Es decir, en esta ocasión Mao recomendó atacar a las dos fuerzas
enemigas más débiles (y no trabar combate con el temible XIX Ejército)
y después desplazarse repentinamente hacia el este, y lanzar ataques por
sorpresa contra la división 27 y el VI regimiento del Kuomintang. La
estrategia de atacar en el este cerca de Fukien permitió expandir el
territorio de las bases de apoyo. En cambio, si el Ejército Rojo se
hubiera desplazado hacia el oeste, se habría encontrado en una situación
de desventaja porque ahí el río Kan bloqueaba su avance y las unidades más
potentes del Kuomintang lo podrían acorralar.
En mayo de 1931, el Ejército Rojo atacó las divisiones 28 y 47 del
Kuomintang. Mao se jugó el todo por el todo en esas dos batallas, pues el
XIX Ejército y la división 43 del Kuomintang estaban en sus flancos y,
de haber triunfado, fácilmente habrían cercado y aniquilado al Ejército
Rojo. Pero Mao se arriesgó porque sabía que las fuerzas revolucionarias
contaban con gran apoyo popular y además las fuerzas del Kuomintang no
estaban unidas.
Del 16 al 30 de mayo el Ejército Rojo libró esas dos batallas e
inmediatamente después se desplazó hacia el este; marchó 400 kilómetros
y libró cinco batallas. Los combatientes estaban agotados; sin embargo,
derrotaron a la potente división 27 y después atacaron al VI regimiento
(las divisiones 5, 8 y 24) en Kwangchang. El Kuomintang se batió en
retirada; algunas unidades del Ejército Rojo lo persiguieron. Mientras,
el III Ejército del Ejército Rojo acorraló y destruyó parcialmente la
división 56 del Kuomintang.
En esa segunda contracampaña, el Ejército Rojo penetró el punto más
débil del enemigo y libró rápidamente una serie de batallas para
aniquilar al enemigo por partes. Mao destacó: "Solamente aniquilando
las fuerzas vivas del enemigo podemos aplastar su campaña de `cerco y
aniquilamiento' y ampliar las bases revolucionarias.... En una guerra
contra un enemigo poderoso, las operaciones encaminadas solo a derrotar al
enemigo no pueden decidir radicalmente el desenlace de la guerra. En
cambio, una batalla de aniquilamiento produce de inmediato un gran impacto
sobre el enemigo, sea cual fuera.... Aunque las fuerzas aniquiladas en
cada campaña constituían solo una parte de las tropas enemigas, todas
las campañas de `cerco y aniquilamiento' fueron aplastadas.... La guerra
de aniquilamiento significa la concentración de una fuerza superior y la
adopción de la táctica de cerco y de movimientos envolventes.... Las
condiciones tales como el apoyo del pueblo, un terreno favorable, una
fuerza enemiga vulnerable y el ataque por sorpresa, son indispensables
para aniquilar al enemigo".
La iniciativa
Tras las derrotas del Kuomintang en las primeras dos campañas de cerco
y aniquilamiento, Chiang Kai-shek asumió la dirección de 300.000
efectivos y se lanzó contra el Ejército Rojo. Su estrategia era atacar
directamente la base de apoyo de Kiangsi para acorralar al Ejército Rojo
contra el río Kan y aniquilarlo. Si bien el Ejército Rojo contaba con
30.000 combatientes en ese momento (nuevos reclutas y desertores del
Kuomintang reemplazaron a los caídos), apenas había transcurrido un mes
entre la segunda y tercera campañas de cerco y aniquilamiento; es decir
los combatientes no tuvieron la oportunidad de descansar después de una
serie de batallas muy duras y acababan de marchar unos 700 kilómetros a
lo ancho de la base de apoyo para concentrar sus fuerzas en Hsingkuo en el
oeste de Kiangsi cuando el enemigo atacó desde varios puntos.
El Ejército Rojo tenía planeado salir de Hsingkuo y penetrar las líneas
enemigas en Futien, donde se desplazaría hacia el este para cortar las
comunicaciones de la retaguardia enemiga. (Los ejércitos procuran evitar
un cerco o un avance enemigo que los deje sin salida, es decir, sin la
posibilidad de replegarse.) Mejor dicho, el Kuomintang penetraría
profundamente en el territorio de la base de apoyo en el sur de Kiangsi,
pero su avance no le serviría de nada-como un boxeador que lanza un golpe
lateral, pero su oponente se agacha y corre detrás de él-y al regresar
agotado hacia el norte, el Ejército Rojo aprovecharía para golpearlo.
Sin embargo, no sucedió así, pues el Kuomintang detectó al Ejército
Rojo justo cuando estaba por penetrar sus líneas y despachó dos
divisiones a Futien. El Ejército Rojo se replegó hacia el sureste. A la
noche siguiente, al amparo de la oscuridad, los soldados rojos dieron un
cambio repentino de dirección para deslizarse por una brecha de 25 kilómetros
entre las fuerzas enemigas. Cercaron y atacaron a la división 47 en
Kaohsinghsu, y esta se replegó. Después atacaron la división 54 en
Liangchen. Un observador comentó que la primera batalla "se libró
con la apremiante energía de los que han abandonado la esperanza, con
tremenda furia y velocidad, y ¿cómo pudiera ser de otra forma?, pues
estaban cercados por una fuerza abrumadoramente superior".
El Ejército Rojo siguió hacia el este sin darse el lujo de descansar;
atacó la división 5 al norte de Lunkang y después aniquiló la división
8 en Tungshao. Triunfó en esas tres batallas importantes y confiscó más
de 10.000 rifles. (El Ejército Rojo tenía muy pocas armas al principio
de la revolución y adquirió su equipo militar del enemigo. Por eso, Mao
dijo que el Kuomintang, tanto como los imperialistas japoneses y
estadounidenses, eran los "furrieles" del Ejército Rojo.)
En ese momento, todas las fuerzas principales del enemigo se dirigieron
contra el Ejército Rojo para cercarlo. Pero las fuerzas guerrilleras, en
coordinación con la fuerza principal, bajaban continuamente de las montañas
y hostigaban la retaguardia del Kuomintang, a veces dando la impresión de
ser un ejército completo. La noche del 11 de agosto, 25.000 soldados
rojos se deslizaron nuevamente por una brecha (esta vez de 5 kilómetros)
entre los ejércitos del Kuomintang que los cercaban y se reagruparon en
Hsingkuo. Por su parte, el XII regimiento del Ejército Rojo le dio falsa
información al Kuomintang sobre la posición de su fuerza principal: unos
combatientes avanzaron hasta Tungshao en el norte ondeando banderas rojas
y dejando indicadores; el Kuomintang los siguió. De esa forma ganaron el
tiempo necesario para que el grueso de los combatientes descansaran y se
alistaran nuevamente para el combate. Al descubrir el truco, el Kuomintang
volvió a avanzar hacia el oeste, pero sus tropas agotadas, desmoralizadas
y con hambre no estaban en condiciones de combatir, y decidieron
replegarse.
El Ejército Rojo aprovechó esa situación para atacar dos divisiones
del XIX Ejército del Kuomintang; el 7 de septiembre, aniquiló una
brigada y una división. Después, se lanzó contra las demás divisiones,
pero estas lograron replegarse.
A través de esas batallas, Mao demostró que el Ejército Rojo podía
mantener la iniciativa, es decir, la capacidad de fijar metas y lograrlas,
y de imponer ciertas condiciones de batalla al enemigo en medio de las
circunstancias complejas y caóticas de la guerra. Planteó: "La
iniciativa no es algo imaginario, sino algo concreto y material. Aquí lo
más importante es conservar y concentrar una fuerza activa lo más grande
posible.... Las condiciones indispensables para alcanzar plenamente este
objetivo son la concentración de las fuerzas, la guerra de movimientos,
la guerra de decisión rápida y la guerra de aniquilamiento, de las
cuales la concentración de las fuerzas es la primera y la más
importante".
Además sentó que: "La decisión rápida no se puede obtener
simplemente con desearla; requiere muchas condiciones concretas. Las
principales son: prepararse bien, asir el momento oportuno, concentrar una
fuerza superior, emplear la táctica de cerco y de movimientos
envolventes, elegir un terreno favorable y atacar a las fuerzas enemigas
cuando están en marcha o cuando se han detenido pero todavía no han
consolidado sus posiciones".
Las contracampañas de cerco y aniquilamiento contienen muchas
lecciones y permiten captar la estrategia militar tan dinámica elaborada
por Mao y el Ejército Rojo, una estrategia que se fundamentaba en el
apoyo y participación de las masas en la lucha revolucionaria. Como dijo
un general del Ejército Rojo: "No pudiéramos existir sin el apoyo
de la mayoría del pueblo. No somos más que el puño del pueblo que
golpea al opresor".
(1) Este artículo aborda el período antes de la
famosa Gran Marcha de 1934 que Mao y el Ejército Rojo tuvieron que
emprender en respuesta a la quinta campaña de cerco y aniquilamiento del
Kuomintang. Líneas erróneas en el seno del PCC, sobre todo la línea
oportunista "izquierdista" de Wang Ming, minaron su capacidad de
contrarrestar dicha campaña
Parte 2: La guerra
contra la agresión japonesa:
La batalla de Pingsingkuan
Obrero Revolucionario #1033, 5 de
diciembre, 1999
En los números 1024, 1025 y 1026
publicamos una historia en fotos de Mao Tsetung y la guerra revolucionaria
china con motivo del 50 aniversario del triunfo de la guerra popular que
liberó al país en 1949. Esta semana publicamos el segundo de dos artículos
que examinan la estrategia militar de Mao.
El primer artículo (No. 1031) examinó cómo
las fuerzas comunistas dirigidas por Mao Tsetung contrarrestaron las
primeras tres campañas de cerco y aniquilamiento del Kuomintang.
El presente artículo aborda la invasión
japonesa de China. En vez de combatir a los japoneses, Chiang Kai-shek
lanzó operaciones de cerco y aniquilamiento contra el Ejército Rojo, que
lo obligaron a emprender la Gran Marcha. El artículo analiza cómo el Ejército
Rojo logró la victoria de Pingsingkuan, la primera gran derrota de los
invasores japoneses, a pesar de que el Kuomintang rehusó participar en la
batalla.
El Ejército Rojo servía al pueblo, pero
el ejército del Kuomintang lo oprimía. Se acobardó ante la feroz invasión
japonesa y las terribles atrocidades que cometió contra el pueblo, y eso
permitió a los japoneses lanzar el grueso de sus fuerzas contra el Ejército
Rojo.
El Kuomintang colaboró con los invasores
con el fin de aplastar las fuerzas dirigidas por los comunistas. Pero el
Ejército Rojo se unió al pueblo, y estableció bases de apoyo donde
movilizó al pueblo para la producción y para combatir a los invasores. A
través de muchas luchas y combates durante ese período de la Guerra de
Resistencia, el Partido Comunista de China (PCCh) se ganó la confianza y
el apoyo de las masas, los cuales fueron indispensables para derrotar a
los imperialistas japoneses y al Kuomintang (respaldado por Estados
Unidos), y así conquistar el poder nacional en 1949.
El 18 de septiembre de 1931, las tropas
japonesas atacaron Shenyang, Mukden. Chiang Kai-shek, el líder del
Kuomintang, adoptó una posición de "no resistir en absoluto",
que llevó la ocupación de tres provincias norteñas. El PCCh publicó un
manifiesto en el que exhortó a "movilizar a las masas contra la
agresión de los imperialistas japoneses... y a establecer un cuerpo
guerrillero en el noroeste para combatirlos directamente".
En vez de luchar contra los japoneses,
Chiang Kai-shek atacó al PCCh y al Ejército Rojo en las bases de apoyo
de Kiangsi. En enero de 1933, el Ejército Rojo de Obreros y Campesinos de
China publicó otro manifiesto, en el que declaró que estaba dispuesto a
suspender los combates y negociar con Chiang Kai-shek y otros jefes
militares con el fin de unir a todos los que se podían unir en la guerra
contra Japón, con tal de que se respetaran ciertas condiciones, entre
ellas: cesar los ataques contra el Ejército Rojo, garantizar los derechos
del pueblo y armarlo. Pero Chiang Kai-shek respondió con una serie de
campañas de cerco y aniquilamiento. El Ejército Rojo derrotó las
primeras cuatro y acumuló experiencia muy valiosa. Sin embargo, ante la
quinta campaña, el Ejército Rojo se vio obligado a abandonar sus bases
de apoyo en Kiangsi, y a emprender la increíble y heroica Gran Marcha.
Durante la Gran Marcha, el Ejército Rojo
marchó 12.500 kilómetros a través de los más inhóspitos terrenos,
cruzó 18 cordilleras y 24 ríos, atravesó 11 provincias con 200 millones
de habitantes y ocupó 62 ciudades y pueblos. En promedio, el Ejército
Rojo libró una batalla al día y llevó a cabo 235 marchas de día y 18
nocturnas, para combatir y repeler al millón de soldados del Kuomintang
que lo perseguían. Cuando por fin llegó al noroeste de China, el Ejército
Rojo contaba con solo 20.000 soldados de los 100.000 con que empezó la
Gran Marcha.
La Gran Marcha fue una retirada estratégica
ante la derrota de la quinta contracampaña de cerco y aniquilamiento1,
pero en sí no fue una derrota, dado que el Ejército Rojo llegó a Yenán
y estableció una nueva base de apoyo con su dirección intacta y la
voluntad política de sus combatientes más firme que nunca2.
A lo largo de la Gran Marcha, el Ejército Rojo armó al campesinado y lo
movilizó para liberar vastas zonas, derrotar a los terratenientes,
repartir la tierra y establecer bases de apoyo revolucionarias. Desde su
plazafuerte en Yenán, el PCCh y el Ejército Rojo construyeron y
extendieron las bases de apoyo que permitieron librar la guerra
revolucionaria.
La Guerra de Resistencia contra Japón:
Dos tipos de ejército
El 7 de julio de 1937, con el fin de
subyugar completamente a China, los imperialistas japoneses atacaron
Lukouchiao (puente Marco Polo) en las afueras de Pekín. Solo entonces
Chiang Kai-shek se vio obligado a combatir a los japoneses, tanto porque
las masas lo exigían como porque su gobierno peligraba ante la invasión.
De hecho, dos de sus propios generales lo secuestraron y lo obligaron a
firmar un pacto para formar un frente único contra los imperialistas
japoneses.
A partir de agosto de 1937, el Ejército
Rojo fue reorganizado como el VIII Ejército y se trasladó inmediatamente
al frente de batalla en el norte. En octubre las unidades guerrilleras del
Ejército Rojo se reorganizaron como el Nuevo 4º Cuerpo de Ejército y
este se desplazó al frente central. Así empezó la heroica Guerra de
Resistencia contra el Japón.
La Guerra de Resistencia tenía dos
frentes: el del Kuomintang y el de las bases de apoyo liberadas. En estas
el PCCh armó al campesinado. Modificó la política de confiscar tierras
y repartirlas a los campesinos para consolidar el frente único contra Japón,
pero no por eso dejó de luchar para transformar las relaciones feudales,
y conseguir que se redujeran los arriendos y se rebajaran los intereses
que tenían que pagar los campesinos.
Los ejércitos bajo la dirección del
PCCh servían al pueblo, y las masas de todo el país acudían a
incorporarse a sus filas y a apoyarlos. Eran sus oídos y ojos; por lo
general sabían dónde estaba el enemigo y qué estaba tramando. Cuando
averiguaba sobre los movimientos de los revolucionarios, lo despistaban.
Con ese apoyo de las masas, el ejército popular libraba una guerra de
guerrillas en las montañas, así como una guerra de movimientos de
unidades mayores de tropas regulares. El ejército popular nadaba entre el
pueblo como pez en el agua, con la posibilidad de lanzar ataques por
sorpresa.
Por su parte, el Kuomintang servía a los
imperialistas (de Estados Unidos e Inglaterra) y a los grandes
terratenientes. Aun cuando formaba parte del frente único, defendía las
relaciones feudales que sumían a las masas en la miseria, donde la vida
de un perro valía más que la de un campesino.
El carácter de clase del Kuomintang
determinó su manera de combatir y eso se veía clarísimo cuando combatía
al Ejército Rojo, lo cual sucedía incluso durante el período de lucha
nacional contra Japón. A diferencia del PCCh y sus ejércitos que
luchaban por la emancipación del campesinado, el Kuomintang, que estaba
fuertemente armado, odiaba y temía a las masas, y por eso no podía
librar una guerra de movimientos para la que se requería clandestinidad y
apoyo popular. Su cuerpo de oficiales era corrupto, practicaba castigos
corporales y muchos de sus soldados desertaban, especialmente cuando
combatían a los comunistas. Por eso, el Kuomintang adoptó una estrategia
de defender las ciudades grandes, que eran sus plazafuertes. Si bien
combatió a Japón en las primeras etapas de la Guerra de Resistencia,
sufrió una serie de aplastantes derrotas y cedió todo el norte de China.
Por contraste, el ejército popular luchó
valientemente y ganó muchas batallas. Apenas se desplazó al frente,
empezó a librar una guerra de movimientos y penetró tan profundamente en
territorio ocupado que perdió contacto con su cuartel general. Sus
combatientes interrumpían líneas de comunicación, y aniquilaban puestos
y destacamentos de avanzada enemigos. El ejército popular amenazaba
constantemente los flancos de los japoneses que avanzaban hacia el valle
del río Yangzi y los desviaron de su objetivo de tomar Nankín (la
capital del Kuomintang) y otras ciudades grandes; los empujaba hacia las
montañas, donde eran vulnerables a emboscadas guerrilleras.
En vez de defender ciudades grandes,
donde el enemigo podía concentrar grandes fuerzas para atacarlos, los
comunistas atraían al enemigo para que penetrara profundamente en el
campo (territorio hostil al enemigo) y libraban batallas relámpago que lo
aniquilaban por partes, y así acumulaban fuerza para las batallas
decisivas de más adelante. Un general comunista explicó su estrategia:
"Si se conservan tropas y se pierde tierra, se puede recuperar la
tierra. Pero si se conserva la tierra y se pierden tropas, se pierde tanto
tierra como tropas". Al aplicar su estrategia dinámica, el ejército
popular le asestó al Japón su primera gran derrota.
La victoria de Pingsingkuan
A fines de 1937, el ejército japonés,
encabezado por la 5ª División Sumurai bajo el mando del general Itagaki
Seishiro, se dirigía hacia la provincia de Shansi. El Kuomintang opuso
poca resistencia y el general japonés se sentía muy confiado, pero no
sabía que la 115 División del VIII Ejército estaba en su retaguardia al
sur de Pingsingkuan.
Pingsingkuan es un lugar escarpado. Las
tropas japonesas marchaban por una vieja carretera en la profundidad del
valle que serpenteaba entre las colinas. El plan de las fuerzas chinas era
que las tropas bajo el mando de un general anticomunista del Kuomintang
bloquearan el avance de la columna japonesa, mientras dos brigadas
comunistas atacaban el flanco sur y la retaguardia.
A la medianoche del 24 de septiembre, se
tomó la decisión de aniquilar la columna japonesa en el tramo de 12 kilómetros
entre Pingsingkuan y Laoyemiao. A las 7 a.m., esta inició su marcha. Un
oficial chino contó: "Oímos el zumbar de los vehículos cuando
entraron al cañón. Transportaban soldados y suministros rumbo a
Pingsingkuan. Un soldado contaba en voz baja: `Uno... dos... cincuenta...
cien...'.
"Detrás de los camiones venían más
de 200 carretas, además de mulas y caballos cargados de armas de alto
calibre. A ellos les seguía la caballería. Era una larguísima columna
de vehículos y animales. El ruido de los motores, pitos y animales era
formidable.
"Los soldados japoneses tenían
botas de cuero, cascos y abrigos de lana. Llevaban el fusil al hombro.
Estaban muy confiados; venían platicando y riéndose.
"Unos comían mientras otros daban
latigazos a los mozos que cargaban su equipaje... en lodo hasta los
tobillos".
"De repente algunos camiones
tuvieron que regresar debido al mal camino y eso provocó un
embotellamiento. Fue el momento ideal para el ataque. Pero hubo cierta
confusión en el cuartel comunista dado que las tropas del Kuomintang no
avanzaban a bloquear la columna japonesa. Sin embargo, la 115 División
decidió lanzar el ataque para no perder la ventaja de la sorpresa.
"Por fin llegó el momento que los
combatientes habían esperado. Las explosiones de granadas y morteros y el
ra-ta-ta-ta de ametralladoras reverberaron entre las cumbres. Muchos
soldados enemigos cayeron. Un camión se incendió, otros chocaron".
El mando del ejército popular examinó
la situación y formuló un plan: "Hemos cercado a una brigada de
4000 soldados, pero será difícil atacar un grupo tan numeroso. Tenemos
que dividirlo. Mandaremos unas fuerzas a cruzar la carretera y dividir al
enemigo ahí, y un batallón tomará las alturas de Laoyemiao. Desde la
cumbre podremos aniquilar fácilmente al enemigo".
Las tropas del ejército popular le
cayeron encima al enemigo y este se dispersó. Sin embargo, los soldados
japoneses resultaron ser una fuerza formidable. "No se daban por
vencidos. Disparaban con acierto. A pesar de sufrir tantas bajas, se
atrincheraron a lo largo de la carretera. Las balas zumbaban
constantemente y eso me dio mucha cólera. Por las largavistas vi que
nivelaban los tallos de trigo. Sin duda alguna su armamento era muy
superior al nuestro.
"Estábamos sufriendo muchas bajas y
todavía no llegábamos a la carretera. ¡De repente los japoneses se
replegaron hacia Laoyemiao! Pronto estaríamos en una situación muy
desfavorable. En eso se dio la orden: `¡Tercer batallón, adelante cueste
lo que cueste!'. Las compañías situadas en los flancos del enemigo
intensificaron su ataque para que las tropas del frente pudieran avanzar.
"No se veía por el espeso humo, y
el sonido de los disparos y explosiones era ensordecedor. Nuestros hombres
corrían, se arrastraban y se revolcaban para avanzar". Por fin
llegaron y libraron combates cuerpo a cuerpo. El enemigo se refugió bajo
los camiones. "No nos dimos cuenta de que debíamos quemar esos
camiones.... Pensamos que con presionarlos se rendirían. Pero tenían
inculcada con la idea de conquistar China, masacrar a los chinos y
explotarlos. Como nuestros hombres no tenían mucha experiencia en
combates con los japoneses, muchos murieron o cayeron heridos por esos
demonios desesperados. El enemigo era salvaje y altanero, y los combates
fueron muy cruentos desde el principio. Los heridos combatían hasta que
uno o los dos murieran.
"Los japoneses no entendían las tácticas
de guerra en las montañas. Salvo un pequeño grupo en Laoyemiao, el resto
permanecía expuesto en la carretera. Cruzamos la carretera y avanzamos
directamente hacia Laoyemiao. Nos atacaban desde abajo y desde arriba, y
la cumbre era escarpada, pero nuestros soldados lograron escalarla. Con la
ayuda del segundo batallón, el tercero logró tomar la estratégica
cumbre de Laoyemiao.
"Atacamos la carretera desde el
templo Laoyemiao que domina la cumbre. El enemigo estaba completamente
expuesto a nuestro fuego. Por fin entendió la guerra en las montañas.
Cuando se dio cuenta de su error, dio la orden de escalar la cumbre.
Llegaron sus aviones y sus tropas se reagruparon para atacarnos".
Pero los aviones no hicieron nada, pues no podían porque los ejércitos
estaban combatiendo casi cuerpo a cuerpo. El oficial comunista continuó:
"Si el regimiento que estaba a nuestro flanco izquierdo no subía rápido,
nos tocaría otro combate de cuerpo a cuerpo. Nos manutuvimos firmes ante
la embestida enemiga hasta la una de la tarde, cuando por fin llegó el
regimiento 687. Entonces noté que la retaguardia enemiga vacilaba. Ya era
hora; di la orden y atacamos desde dos puntos. Logramos aniquilar
completamente al enemigo a lo largo del cañón entre Singchuang y
Laoyemiao".
El ejército popular se desplazó a
Tungpaochi, donde estaban acampados de 2000 a 3000 soldados japoneses. Según
el plan de batalla, las tropas del Kuomintang debieran haber atacado. Tenían
al enemigo cercado, pero no atacaban. A pesar de las bajas que acababa de
sufrir el ejército popular, lanzó el ataque pero en circunstancias muy
desfavorables, pues los aviones enemigos bombardeaban sus posiciones.
Llegaron refuerzos japoneses y los revolucionarios tuvieron que
replegarse. Se había perdido una oportunidad.
Sin embargo, las tropas japonesas
sufrieron una derrota devastadora en Pingsingkuan. Por vez primera
sintieron el poderío del pueblo chino. Al enterarse de la derrota de los
japoneses, los aldeanos acudieron a ayudar a los revolucionarios; bajaron
a los heridos en camillas y cargaron las armas que los revolucionarios
arrebataron al enemigo. Trabajaron dos días sin cesar. Un general
comunista le comentó a un corresponsal: "¡Toda la vida soñaba con
combatir a los japoneses y no tenía cómo hacerlo! Pero ahora han venido
a mí...". Esa primera gran victoria del VIII Ejército en septiembre
de 1937 animó al pueblo e instiló confianza en la lucha de resistencia.
La dura lucha hasta la victoria
A pesar de esa derrota, los imperialistas
japoneses eran muy fuertes y la invasión seguía. Cometieron terribles
atrocidades con su política de "incendiarlo todo, matar a todos y
saquearlo todo". En diciembre de 1937, los japoneses tomaron Nankín;
50.000 soldados se desmandaron en una orgía de violación, asesinato y
saqueo que dejó 300.000 muertos en cuatro semanas. Decapitaron a
criaturas; violaron a miles de mujeres, incluso a niñas y ancianas; y
ejecutaron sumariamente a miles de hombres, además de matarlos en prácticas
de bayoneta y quemarlos vivos. Fue una guerra salvaje y cruel para someter
al pueblo chino y quebrar su resistencia.
Las tropas del Kuomintang seguían
sufriendo derrotas ante el monstruo japonés y, en octubre de 1938, este
ocupaba a casi toda China central. Chiang Kai-shek concentró sus fuerzas
en el suroeste y noroeste para evitar un enfrentamiento, y las fuerzas del
Kuomintang en las zonas ocupadas se rindieron y empezaron a colaborar con
el enemigo.
Mientras el Kuomintang colaboraba con el
enemigo, el VIII Ejército y el Nuevo 4º Cuerpo de Ejército penetraron
la retaguardia enemiga en el norte, este, centro y sur. Recuperaron
extensas zonas que el Kuomintang había perdido, armaron al pueblo y
desarrollaron la guerra de guerrillas. En 1940, las fuerzas populares
contaban con medio millón de efectivos y trababan combate con la mitad de
las fuerzas invasoras. Ante el hostigamiento de las fuerzas populares, los
japoneses concentraron sus ataques contra las zonas liberadas, que habían
convertido su retaguardia en un campo de batalla y representaban un
peligro a sus comunicaciones. Suspendieron los ataques contra el
Kuomintang, que adoptaba una actitud totalmente pasiva ante los invasores
mientras se dedicaba a combatir al PCCh, el Ejército Rojo y el pueblo.
El PCCh dirigía batallas enconadas
contra Japón, pero Chiang Kai-shek solo movilizaba sus soldados para
atacar a los comunistas. En una ocasión, 50.000 soldados del Kuomintang
cercaron a 9000 soldados populares y mataron a 4000. El Kuomintang continuó
colaborando con los japoneses o capituló del todo. En 1944, más del 60%
de las tropas títeres chinas que colaboraban con los invasores (unos
425.000 efectivos) eran ex soldados y oficiales del Kuomintang.
Ante tal embestida, las zonas liberadas
perdieron territorio y el PCCh tomó medidas para contrarrestar esa
situación. Impulsó su política de avanzar cuando el enemigo retrocede,
de retroceder cuando el enemigo avanza y de perseguirlo cuando se retira.
Destacamentos populares penetraron profundamente en la retaguardia enemiga
para establecer nuevas bases, y movilizar y organizar el pueblo contra el
gobierno títere. El ejército popular fortaleció sus milicias, libró
guerra de túneles y minas, y extendió la guerra de guerrillas, basándose
en el apoyo de las amplias masas.
El PCCh inició campañas de producción
y estableció una política de reducción de arriendos e intereses a gran
escala. En 1941, ante el bloqueo económico de Japón contra las zonas
liberadas, el PCCh lanzó campañas de producción con la participación
de docenas de miles de personas que producían artículos de primera
necesidad. Asimismo, producían explosivos y granadas (aunque la principal
fuente de armas seguía siendo el enemigo). Los billetes impresos en las
zonas liberadas llevaban consignas como: ¡Poner fin a la guerra civil!,
¡Unirse para la resistencia contra Japón! y ¡Viva la Revolución China!
En 1943, había 19 zonas liberadas, el
VIII Ejército y el Nuevo 4º Cuerpo de Ejército tenían 900.000
soldados, y la milicia popular contaba con 2,270.000 miembros. En ese
entonces el 60% del ejército japonés y el 95% de las tropas títeres
chinas se encontraban trabados en combates en las zonas liberadas.
En los ocho años que duró la Guerra de
Resistencia contra el Japón, el VIII Ejército, el Nuevo 4º Cuerpo de Ejército
y el Ejército Antijaponés del Sur de China lucharon bajo la justa
dirección del PCCh y con el gran apoyo de las masas. Llegaron a tener más
de 1,300.000 efectivos y participaron en 125.000 combates, en los cuales
mataron o capturaron a 1,700.000 soldados japoneses o títeres y
extendieron las zonas liberadas para abarcar a 160,000.000 habitantes.
Eran una fuerza pujante sin precedentes en la historia del país y todo
eso contribuyó a la victoria que el pueblo chino logró en 1949.
NOTES
1 Un factor
importante que le impidió al Ejército Rojo derrotar la quinta campaña
de cerco y aniquilamiento del Kuomintang fueron líneas incorrectas en la
dirección del PCCh que se oponían a la línea de Mao, en particular, la
línea oportunista de "izquierda" de Wang Ming. Como dijo el
Presidente Avakian en Las contribuciones inmortales de Mao Tsetung:
"En ese período de comienzos de la década de 1930, la línea
oportunista `izquierdista' de Wang Ming con relación a los asuntos
militares subestimó al enemigo y planteó la estrategia de atacar grandes
ciudades, en oposición a la línea correcta de establecer y vincular las
bases de apoyo, y atraer al enemigo para que penetre profundamente con el
objetivo de golpearlo, concentrar fuerzas superiores en ciertas batallas y
aniquilar sus tropas, y de tal manera romper el cerco y en esa campaña
específica pasar de la defensiva a la ofensiva".
2 Un acontecimiento
de suma importancia a nivel de dirección durante la Gran Marcha fue que
en la reunión de enero de 1935 en Tsunyi se confirmó la dirección de
Mao
Fuente: Obrero Revolucionario #1031, 21 de noviembre, 1999
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