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Yugoslavia. Balcanes: ¿Cómo se construye una guerra?

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10 - Montse Armengou - En el número 44 de MAMBRU (monográfico sobre la guerra en los Balcanes) realizamos un extenso análisis sobre las causas de la guerra y sobre sus antecedentes inmediatos. Estudiamos las políticas -imagen especular una de la otra- de los salva patrias Tudjman y Milosevic, vimos como manipularon el subconsciente colectivo hasta crear condiciones "objetivas" para declarar la guerra mientras se atrincheraban y construían sendos regímenes neofascistas. La primera batalla de la guerra de los Balcanes se libró en los medios de comunicación de masas -más bien medios de manipulación de masas-. En el artículo que os presentamos, tomado del número 72 del VIEJO TOPO (1), Montse Armengou pone de manifiesto que la guerra comenzó antes de 1991, por mucho que nuestros medios de manipulación de masa se empeñen en lo contrario

La guerra en la antigua Yugoslavia empezó en 1982. No, no es una errata. Ya sabemos que el primer balazo se disparó en 1991 en Eslovenia. Luego vendría Croacia y después -y hasta cuando?- Bosnia-Herzegovina. Pero muchos periodistas e intelectuales comparten la tesis de Nenad Pejic, ex-director de programas de la TV de Sarajevo y refugiado en Manchester después de las amenazas que recibió por parte los serbios. Ahora, desde el Instituto Europeo de la comunicación, intenta poner al descubierto la corresponsabilidad de los medios en la guerra de la antigua Yugoslavia

Sin medios de comunicación, concretamente sin televisión, ¿hubiera estallado la guerra en Bosnia? Ciertamente hubiera sido muy difícil, porque los medios han tenido un papel determinante. Su connivencia con los nacionalismos mas extremos (salvo honrosas excepciones) ha ido sentando las bases, durante estos últimos años, para el conflicto bélico. Tal como aseguran algunos analistas, antes de que se tomaran las armas la guerra se había preparado y teorizado en Serbia y Croacia a través de los medios controlados por los nacionalistas, tanto los reconvertidos del comunismo como los inspirados en el fascismo. "Los medios de comunicación han instigado deliberadamente el odio". Esta afirmación de Zlatko Dizdarevic, redactor jefe del mítico periódico "Oslobodenje" de Sarajevo, es compartida por la mayoría de representantes de organismos que han intervenido en Bosnia, desde la misión de la ONU encabezada por Tadeus Mazowiecki a Reporteros Sin Fronteras.

En verano del 92, una misión de la Organización internacional de Periodistas que visita las distintas repúblicas yugoslavas vuelve con unas conclusiones espeluznantes. La manipulación campa a sus anchas en los medios de comunicación, tanto servios como croatas, hasta el punto que se habla de crímenes de guerra mediáticos a los que se les podría exigir su Nüremberg correspondiente.

Algunos de los periodistas que habían sido más críticos con el sistema comunista desde posiciones progresistas se convierten ahora en vectores complacientes de la propaganda nacionalista xenófoba. Esto es posible en parte porque, en la mayoría de las repúblicas, permanecen las mismas estructuras centralizadas del pasado reciente. Un sistema que facilita el control de la prensa a través de los grandes monopolios del estado, en los que se reúnen redacciones, imprentas y redes de distribución. Las estructuras, las prácticas y muchos de los dirigentes son los mismos que en el pasado; solamente ha habido un cambio en el discurso político porque las circunstancias creadas por los mismos medios, como el pez que se muerde la cola, han impuesto la idea nacionalista-xenófoba.

Pero veamos unos ejemplos

Los medios de comunicación en Serbia.

"Hace ya años, cuando el actual presidente serbio Slobodan Milosevic era sólo un cacique comunista, empezó a preparar una estrategia de tensión, una escalada progresiva de la propaganda, en la que la televisión se convierte en una máquina de guerra". Los hechos confirman estas palabras de Petar Lukovic, redactor jefe del semanario "VREME", uno de los pocos medios independientes serbios.

En el antiguo sistema federal todas las repúblicas tenían radio, prensa y televisión propias y un organismo estatal, la JRT, se encargaba de coordinar el intercambio de programas.

Pronto Milosevic ve el rendimiento personal y político que puede sacar del nacionalismo serbio y también de la televisión. En 1986, casi paralelamente a su ascensión en la Liga de los Comunistas, empieza una represión brutal en la TV Serbia.

En sólo siete u ocho meses se genera una atmósfera política como para que los programas procedentes de otras repúblicas sean cada vez más insoportables. Solución: TVS se retira de los intercambios y la televisión Croata hace muy pronto lo mismo. Así desaparece la JRT y con ella un elemento mediático aglutinador de las distintas etnias, realidades y culturas que conformaban Yugoslavia.

Un nuevo peldaño en esta escala de tensión es el cambio que experimenta el lenguaje y el discurso televisivo. Todas las repúblicas son malas menos Serbia, que está "explotada por las demás". El nacionalismo serbio se alimenta de auto conmiseración al describirse como "la víctima de los nacionalismos de los otros".

Para acabar de revestir toda esta atmósfera xenófoba aparece el "Memorando de la Academia de las Ciencias y de las Artes Serbia", en el que una serie de destacados intelectuales orgánicos sientan las bases teóricas de la futura limpieza étnica.

El lenguaje, la forma de designar al otro, al enemigo, se empieza a embrutecer: todos los eslovenos son fascistas, los croatas unos "ustachis" aliados de los nazis que atacan a los serbios... De hecho, la explotación de los antiguos miedos derivados de la II Guerra Mundial actúa como una mancha de aceite, como un veneno que todo lo contamina. La televisión emite cada día documentales sobre las matanzas y atrocidades que cometieron las milicias o "ustachis" croatas aliados de Hitler contra los Serbios. El clima para intervenir contra Croacia está servido.

Paralelamente, durante estos años, se va preparando la futura intervención en Bosnia. Los bosnios pasan a ser denominados "musulmanes", luego "fundamentalistas", más tarde "turcos" y "moros", para acabar siendo simplemente "cerdos". Un año antes del comienzo oficial de la guerra, hay un hecho que muchos coinciden en señalar como el inicio real del conflicto bélico. El día que el Partido Serbio de Bosnia-Herzegovina ocupó el transmisor de TV Sarajevo en Banja Luka y cambió la señal por la de TV Belgrado, el discurso belicista pan serbio quedó instalado en Bosnia. Buena parte de la población serbia de Bosnia, sobre todo de las zonas rurales, donde el acceso a la información depende casi exclusivamente de H televisión empezó a recelar de sus vecinos musulmanes sin importarles que hasta el momento hubieran sido sus mejores amigos o que los matrimonios mixtos fuesen un hecho común. Para completar esta operación de psicosis colectiva, de lavado de cerebro general se procede a nombramientos clave y se consolida la degradación ética de centenares de periodistas que lo han consentido. Para los otros centenares de profesionales críticos quedaban las presiones verbales, psíquicas y físicas. Desde amenazas con pistola en los pasillos de la televisión a la fórmula de la baja forzosa, por la que se retiraba a los periodistas con la mitad del sueldo y sin que pudieran trabajar.

A estas alturas, nadie duda que sin la televisión Milosevic no hubiera obtenido su gran victoria electoral de 1990. (Como tampoco hubiera obtenido la más reciente de diciembre del 93, a pesar del elevado índice de abstención motivado por el malestar económico que produce el embargo internacional). Era la cosecha de varios años de manipulación absoluta de la verdad, de construcción de una realidad determinada gracias a la televisión y a la explotación de una sobredimensionada mitología en la que se prometía el gran renacimiento pan serbio (que pasa por la "reconquista" de Kosovo y la limpieza de albaneses).

Nenad Stefanovic, director de "VREME" dice: "Goebbels era un amateur de lo que ocurre en Serbia. Aquí sólo podría hacer de mozo de ascensor".

Así pues, tras la guerra en los medios de comunicación empieza la guerra de las armas. Después del ensayo de Eslovenia y Croacia para lanzarse a otra guerra, la de Bosnia, sólo hace falta un poco más de perfeccionamiento en la mentira, la manipulación y la exageración sistemáticas.

En abril de 1992, ya con el frente de Bosnia-Herzegovina abierto, Vojislav Seselj, líder del ultraderechista y ultra nacionalista Partido Radical Serbio, elabora unas listas con los nombres de periodistas considerados traidores a la patria, es decir, los miembros del Sindicato Independiente (fundado en 1990 para luchar contra la censura y la desinformación), los periodistas que no tengan nombre serbio, los que han participado en alguna huelga... En realidad esta purificación de los media afecta a los periodistas más críticos, entre ellos los más expertos. En enero del 93, Seselj convoca una rueda de prensa, publica las listas y advierte que "va a poner las cosas definitivamente en orden en la RTV Serbia". Cinco días después más de mil quinientos profesionales son puestos en la calle.

Uno de los mejores ejemplos de la desinformación reinante está en lo que buena parte de los serbios llegaba a saber sobre el cerco de Sarajevo. Durante muchos meses, la televisión servia ofrecía una foto fija de la ciudad antes de la guerra para informar de los "fuertes bombardeos a que someten a la ciudad las hordas musulmanas, mientras nuestros heroicos combatientes serbios la defienden". Sólo dos horas antes de la reunión del Consejo de Seguridad de la ONU de finales del 92, que iba a decretar el embargo sobre Serbia, se mostraron las primeras imágenes reales de la ciudad devastada por las bombas serbias.

Los medios de comunicación en Croacia.

Aunque desde una perspectiva completamente antagónica, Belgrado y Zagreb coinciden en la utilización mediática de la propaganda como instigadora del odio y la venganza que desemboca en guerra. Coinciden en el lenguaje: mientras para los media serbia todos los croatas son 'ustachis' que participan de un complot vaticano-alemán, para los croatas los serbios son 'chetniks' que quieren restaurar la vieja Yugoslavia comunista. Coinciden también en poner al frente de los principales medios de comunicación a periodistas comisarios políticos que actúan como correa de transmisión del poder. Hay algunos casos de acumulación de cargos que resultan ejemplares: Antun Vrdoljak, director general de la radiotelevisión es, a la vez, vice-presidente de la HDZ (Comunidad Democrática Croata, el grupo de Tudjman), miembro del Consejo Nacional de Defensa, Presidente del Comité Olímpico Croata, Presidente de la Compañía Aérea Croata, presidente de la compañía que construye la autopista Zagreb-Split... Y así, bastantes más casos. Tanto en Serbia como en Croacia existe una guardia pretoriana mediática al servicio de sus respectivos gobiernos de corte fascistoide; uno, el de Milosevic, procedente del comunismo y el otro, el de Tudjman, pasado por el catolicismo ortodoxo.

Precisamente el día después de la victoria de Tudjman y de su HDZ, en mayo del 90, empieza la exaltación ideológica de los medios como arma de guerra. La constitución de 1990 garantiza la libertad de expresión, de prensa, prohíbe la censura y advierte en su artículo 39 que "toda incitación a la guerra, a la violencia, al odio nacional, racial o religioso y toda forma de intolerancia serán prohibidos y castigados". Nada más lejos de esta ley que la realidad.

Los croatas del HDZ han aprendido con sobresaliente de sus enemigos ex-comunistas serbios que los media han de servir al partido y que el partido es el estado. En Croacia se han vivido los mismos episodios de presiones, intimidaciones, chantajes patrióticos, censuras, autocensuras... Los políticos croatas en el poder también heredan la concentración comunista de los medios de comunicación. Oficialmente se liberaliza la prensa controlada por los comunistas pero, en realidad, se deja en manos de gente afín al partido. La excusa es la descomunización, pero como no hay una ley que defina el derecho a la propiedad, el estado se convierte en un monopolio. Así, por ejemplo, todas las traducciones y resúmenes de prensa extranjera pasan por la agencia oficial HINA y la publicación y distribución de prensa la centraliza una empresa estatal. Con un poco o un mucho de adaptación nacional-xenófoba bastará. El ministerio de Información, por ejemplo, es un gran generador de noticias cuya finalidad es mantener al partido en el poder y lo justifica basándose en la "necesidad de explicar los hechos históricos que habían sido deformados en el pasado".

Las medidas excepcionales que se establecieron durante la guerra, cuando por temor a los bombardeos las redacciones trabajaban a medio gas, continúan aplicándose. En la práctica esto significa una depuración, una lista negra de periodistas que sólo perciben el 40 % de su sueldo. La mayoría tienen nombres serbios o están comprometidos con la información independiente.

En medio de esta pesadilla de censura y presiones, se puede establecer una macabra diferencia entre el control de los medios serbios y los croatas. Los primeros dicen muchas más mentiras, mientras que los segundos dejan de informar más a menudo de lo que no les conviene. De hecho, cuesta más encontrar algún media independiente en Croacia que en Serbia.

La lección.

Los políticos demócratas, centenares de periodistas independientes, intelectuales que no se han puesto al servicio del poder y buena parte de la sociedad civil en la antigua Yugoslavia creen que lo que ha pasado en Bosnia es un ejemplo de como los medios de comunicación han sido el instrumento a través del cual los políticos ultra nacionalistas, no importa el signo del que provengan, han arrastrado a su pueblo a una guerra que no quería. En la antigua Yugoslavia la manipulación de los medios ha contribuido decisivamente a romper la convivencia de una sociedad multiétnica, pluricultural y plurireligiosa. En la década de la guerra como espectáculo en la salita de estar, de bombardeos que nos recuerdan "los arbolitos de Navidad" (Iraq 91) y desembarcos a los que llega antes la CNN que las tropas norteamericanas (Somalia 92), la guerra de Bosnia pone en evidencia que, a menudo, los medios no explican los conflictos, sino que los refuerzan.

Como decía Hervé Deguine, de Reporteros sin Fronteras, en un universo de fanatismo e histeria colectiva como el que se ha desatado en los Balcanes -y que puede extenderse a otros países de Europa- los medios de comunicación tienen su parte de responsabilidad. Por ello, sólo es posible acabar con la guerra si acaba la guerra de propaganda entre Serbia y Croacia. Ayudar a los medios independientes con iniciativas de colectivos como periodistas por Bosnia, es ayudar a la rehabilitación de la verdad a la vez que un ejercicio de prevención, un ejercicio consistente en aguzar el olfato para no olvidar que no estamos vacunados contra ninguna de las tentaciones xenófobas y nacionalistas. Cuando en 1984 Sarajevo -y toda Yugoslavia- celebraba los Juegos Olímpicos ni siquiera pensaban en vacunarse porque no conocían la enfermedad. Nosotros sí. A su costa.

Nota (1): EL VIEJO TOPO es una publicación de crítica política, que tras un paréntesis de varios años sin salir ha vuelto a editarse. Las personas interesadas podéis escribir a: EL VIEJO TOPO, c/ València 290-2on, 08007 Barcelona. TEL 93) 488 05 91 (Administración) o 93) 488 01 25 (Redacción). Mail: viejo.topo@pangea.upc.es

Prensa contracorriente.

Ante el panorama desolador de los medios de comunicación copartícipes en la guerra que azota la región balcánica, destacan algunas honrosas excepciones. Gracias a su labor, sus compatriotas nunca podrán decir que no sabían lo que sucedía.

En Serbia, el semanario "Vreme", el diario "Borba" y las emisoras Radio B92 y Studio B luchan por sobrevivir en medio de presiones, censuras y cierres gubernativos. Las radios, por ejemplo, sufren misteriosas "averías técnicas" cuando suena música croata o bosnia o intervienen políticos de la oposición. Paradójicamente, al poder ejercer su defensa de la verdad contribuyen a dar apariencia democrática al régimen de Belgrado. El presidente Milosevic sabe que su tirada reducida y su poca difusión no le pueden costar muchos votos. Estos medios sufren otro contrasentido: el embargo internacional decretado contra Serbia los sume en un mar de dificultades (poco papel, inflación, baja de ingresos por publicidad) que hace muy difícil su supervivencia. Ante esta situación, algunas organizaciones -como Reporteros sin Fronteras y Periodistas por Bosnia- empiezan a hablar de la necesidad de la "ingerencia informativa", que tendría que acompañar la ayuda humanitario-informativa.

En Montenegro, única república ex-yugoslava aliada de Serbia, sobrevive el semanario "Monitor", cuyos redactores reciben periódicamente amenazas de muerte. En Vojvodina (provincia autónoma dentro de Serbia con distintas nacionalidades) se publica "Magyarszo" para la minoría húngara. En la otra provincia autónoma serbia, Kosovo, la redacción de "Rilindja" afronta ser considerados prácticamente criminales por ser albaneses, lo mismo que el 90 % de la población. En la república de Macedonia (parcialmente reconocida por Europa) el diario "Republika" aparece intermitentemente. En Croacia, los dos periódicos más independientes, "Danas" y "Slobodna Dalmacija", han tenido un triste final. El primero ha terminado en manos del partido gubernamental HDZ y al segundo le puede suceder otro tanto, ya que los trabajadores no han podido comprarlo. Aparte del sensacionalista "Globus", las revistas "Erasmus" y "Feral Tribune" intentan informar de manera independiente. En Bosnia cabe destacar al mítico diario "Oslobodenje", objetivo militar de los serbios por su compromiso con la verdad. Al igual que sucede con la Radiotelevisión de Bosnia-Herzegovina, trabajan juntos periodistas serbios, croatas y musulmanes. Algo muy difícil de soportar en estos tiempos tan "étnicamente" puros y limpios. La ayuda a estos medios puede ser decisiva para restaurar la paz, la democracia y la convivencia en la antigua Yugoslavia. El comunicólogo italiano Paolo Rumiz, gran conocedor de los Balcanes, recorrió Europa meses antes del estallido de la guerra con un mensaje claro: a Europa le iba a ser infinitamente menos costoso ayudar a los medios independientes que asumir las consecuencias de una guerra fomentada por los medios al servicio del poder. Toda una premonición


 

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