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Claves para entender el conflicto - Más sobre Chechenia - Chechenia Al día - Rusia Al día  -

Fuente CIP Centro de Investigación para la Paz - 1996
Resumen

En diciembre de 1994, el presidente ruso, Boris Yeltsin, aprobó la intervención en la república separatista de Chechenia, en el Cáucaso, con la seguridad de que la operación apenas duraría quince días. El coraje de los guerrilleros chechenos, comandados por un antiguo general soviético experimentado en la guerra de Afganistán, Dzohjar Dudáev, hicieron que el conflicto checheno se convirtiera en una pesadilla para el jefe del Estado ruso, para los políticos que aspiran a sucederle, para los militares que han sufrido una de las mayores humillaciones de su historia, después de Afganistán, y para los civiles, que tanto en Chechenia como en la Federación Rusa han sido las principales víctimas de la conflagración.

Moscú no reaccionó a la proclamación inicial de independencia chechena en 1991 y esperó tres años a intervenir. a república separatista en una zona de gran interés estratégico como es el Cáucaso no era un buen ejemplo. Para entonces los chechenos se habían preparado para soportar los ataques de la aviación y la artillería rusa.

En el verano de 1996 el general Lebed viajó a Grozni en reiteradas ocasiones con el fin de negociar la paz. Finalmente, los separatistas chechenos aceptaron congelar su proclamación de soberanía cinco años y dejar tiempo a buscar una solución definitiva al conflicto. Para entonces ya habían muerto 5.000 personas

Informe del Centro de Investigación para la Paz (CIP)
Patrocina: Secretaría de Estado para la Cooperación Internacional y para Ibero América

SUMARIO

Antecedentes históricos
Raíces del conflicto
La intervención rusa
Organización social: el clan 
Protagonistas
Recursos económicos: el poder de las mafias
Actividad diplomática
Consecuencias del conflicto
Víctimas, desplazados y refugiados
El futuro del conflicto
Datos generales
Bibliografía

Antecedentes históricos

El Cáucaso es una zona que tradicionalmente ha servido de escondite seguro, tanto a agresores como a agredidos, de los numerosos conflictos que se han sucedido en este área a lo largo de los siglos. En última instancia, ésta es la razón que explica la enorme diversidad de pueblos y de lenguas que existen en esta región. Según Roger Caratini, que ha estudiado los pueblos y minorías que conformaban la ex URSS, los chechenos son un pueblo musulmán descendiente de las tribus caucasianas autóctonas que se habían refugiado en las montañas ante la presión de los alanos.

Nómadas, organizados en clanes patriarcales, estuvieron sometidos hasta el siglo XVIII, principalmente por los príncipes mongoles y kabardes. Fueron los rusos, con quienes se enfrentaron durante décadas, quienes comenzaron a llamarles "chechenos". Mansur Ushurma (1785-1791), y el imán Shamil, en la primera mitad del siglo XIX, desde 1834 a 1859, encabezaron la rebelión antirrusa.

Después de la Revolución de Octubre, rusos y ucranianos acudieron a Chechenia, atraídos por los yacimientos petrolíferos de Grozni. Por aquel entonces los chechenos aún constituían una sociedad prácticamente feudal, muy alejados de la modernización económica y social que Moscú pretendía exportar. Los bolcheviques suprimieron en 1920 el emirato del Cáucaso Norte en el que los chechenos participaban junto a otros pueblos de la zona.

Integrados en Rusia, esperanzados por la política de nacionalidades de Lenin, constituyeron inicialmente la República soviética de las Montañas (Gorskaya ASSR). Más tarde fueron una región autónoma (30 de noviembre de 1922). El 15 de enero de 1934 Stalin los unió a Ingushetia en una sola región autónoma que obtendría el rango de república el 5 de diciembre de 1936.

Sus vicisitudes "administrativas" no se acaban ahí. En 1944, Stalin decide suprimir la república de chechenos e ingushes, en represalia por la presunta "colaboración masiva" de estos pueblos con los invasores alemanes. Unos 400.000 chechenos fueron deportados a Asia Central. Su territorio y sus recursos se distribuyeron entre los pueblos vecinos y los nuevos colonos rusos. En 1957 recibieron el perdón, en el marco de las rehabilitaciones impulsadas por Nikita Jruschov. El 9 de enero de ese mismo año se restableció la República de Chechenia-Ingushetia. A partir de entonces, su evolución en la URSS en poco se diferencia de las demás comunidades nacionales no rusas. En estos casos las poblaciones originarias se enfrentaron a las comunidades establecidas en sus tierras. Al comienzo de los años ochenta, se produjeron enfrentamientos entre chechenos e ingushes. El Kremlin envió tropas a la zona y en más de una ocasión los tanques impusieron su ley en las calles de Grozni.

En los primeros años de la perestroika, en Chechenia se produjeron tímidos cambios impulsados desde el Kremlin, pero no conllevaron alternancias en el ejercicio del poder. Doku Zavgáev, primer secretario del PCUS, era en ese momento el hombre fuerte de la república. Miembros de la Asociación de los Pequeños Pueblos, que fundó en 1988 la diputada Norilsk Eugenia Gaier, los chechenos impulsaron la formación de la Confederación de los Pueblos Montañeses del Cáucaso (CPMC), una organización de carácter pancaucásico, que experimentó una rápida transformación y pasó de ser una simple asociación cultural hasta convertirse en una formación básicamente política, dotada incluso de milicias armadas. La CPMC desempeñará un importante papel en los conflictos del Cáucaso Norte y en la Transcaucasia.

A finales de 1990, Chechenia se apuntó al resurgir nacionalista y proclama su soberanía. Los dirigentes locales exigieron de Moscú el reconocimiento como república federada. Poco después se constituyó el Congreso Nacional del Pueblo Checheno, presidido por Dzhojar Dudáev, un militar soviético veterano de Afganistán, y que había sido comandante en jefe de la base de bombarderos nucleares en Estonia (1987-1990).

El fracaso del golpe de agosto de 1991 en la capital soviética provocó otro golpe, esta vez triunfante, en Grozni. Doku Zavgáev, presidente del Soviet Supremo de Chechenia-Ingushetia, respaldó el pronunciamiento del Comité de Emergencia. Sin embargo, Dudáev no lo apoyó. El 15 de septiembre, con el visto bueno de Moscú, que vislumbra la ocasión de librarse de la vieja guardia, el Congreso Nacional del Pueblo Checheno ordena la disolución del Parlamento, destituye a su presidente y crea un Consejo Supremo Provisional, que asume el poder hasta la celebración de elecciones. No hubo resistencia.

En los comicios del 27 de octubre de 1991, Dudáev obtuvo el 85% del respaldo popular. El 1 de noviembre, Chechenia proclamó su independencia. Los ingushes no participaron en las elecciones. El Kremlin no reconoció los resultados electorales. La primera reacción del presidente ruso, Boris Yeltsin --quien hasta entonces había defendido las proclamaciones de soberanía de todos los pueblos, ya que le resultaban útiles para debilitar el poder central de su antecesor, Mijail Gorbachov-- fue establecer el estado de emergencia. Poco después, el Parlamento anuló la orden para evitar un enfrentamiento abierto con los líderes chechenos.

La proclamación de independencia dio lugar a un gran éxodo de los rusos residentes en la región, en una proporción difícilmente calculable, y que algunos cifran entre 45.000 y 240.000 personas. También provocó la separación de Chechenia e Ingushetia. Estas dos comunidades llegaron a enfrentarse por el reparto de algunos territorios, problemas que aún hoy no han sido definitivamente resueltos. En ese momento, Moscú, condicionado por sus luchas internas, consciente de que sería poco oportuno abrir nuevos frentes, decidió dejar que el conflicto quedase congelado hasta mejor ocasión.

Una vez proclamada la independencia, las autoridades chechenas decidieron, con carácter inmediato, la adopción de diversas medidas destinadas a crear un Ejército propio.

Dudáev presidió, desde 1991, la república secesionista. Como Yeltsin, el antiguo militar soviético es partidario de ejercer un presidencialismo fuerte, de modo que su mandato se caracterizó por su tono personalista y autoritario. En mayo de 1992, la misma Federación Rusa que negaba legitimidad a los dirigentes chechenos firmaba con ellos un acuerdo por el que se aceptaba la retirada de las tropas rusas estacionadas en la zona y la distribución, a partes iguales, de los arsenales disponibles en su territorio.

En junio de 1993, Dudaev disolvió el Parlamento y provocó la dimisión del gobierno. Unas semanas antes, los diputados habían decidido su destitución y el nombramiento de Iaragi Mamodaiev como primer ministro. Desde entonces el país funcionó sin Parlamento. La ausencia de mecanismos institucionales para resolver la crisis política hizo que se impusiera la vía de las armas.

En mayo de 1993 los enfrentamientos armados se trasladaron al centro de Grozni. Tres distritos de la capital proclamaron su lealtad a la oposición. Dudáev envió a sus milicias para recuperar el control de estas zonas y, al mismo tiempo, con el fin de contrarrestar las acusaciones de dictador, anunció la celebración de elecciones legislativas en 1995 y presidenciales en 1996. En un atentado, dirigido contra Dudáev, fallece su ministro del Interior. Más tarde, Dudáev murió como consecuencia de un atentado que los chechenos atribuyeron a los rusos "y a otras fuerzas del exterior". Sin embargo, el cuerpo de Dudáev no se encontró, lo que ha permitido alentar la leyenda del líder separatista que en cualquier momento volverá a luchar con los suyos.

En agosto de 1994, tres meses antes de la intervención rusa, Dudáev controlaba Grozni. Ante la intensificación de los combates, Dudáev decretó la movilización total de todos los que tuvieran entre 15 y 55 años.

Para la defensa de la capital, Dudáev contó con 1.500 hombres armados y otros 2.500 en sus alrededores. En total, a finales de diciembre de 1994, los efectivos de su ejército sumabanlos 5.000 hombres. El gran mufti prohibió entonces a los musulmanes que tomaran las armas con el fin de evitar un baño de sangre.

Dudáev adquirió gran cantidad de armamento en Georgia, Rusia y en las vecinas repúblicas del Cáucaso Norte. Según el Ejército ruso, poco antes de iniciarse la guerra, Chechenia tenía a su disposición un elevado número de aviones (unas 200 unidades, no todas operativas debido al reducido número de pilotos cualificados) y helicópteros, carros de combate, piezas de artillería, gran cantidad de fusiles y lanzagranadas, ametralladoras y fusiles, unas 20.000 granadas de mano y hasta 15 millones de balas. La aviación fue prácticamente destruida en su totalidad en los primeros días de la intervención rusa.

A medida que fue evolucionando el conflicto, se organizó la resistencia, de modo que en los núcleos de reserva participaron hasta unas 40.000 personas. El batallón abjaso de Shamil Basaev, con experiencia en el conflicto georgiano, se incorporó rápidamente a las fuerzas chechenas. Dudáev unió a sus efectivo a mercenarios musulmanes procedentes de Turquía, Afganistán, Jordania, Kuwait, Egipto y Arabia Saudí, y antirrusos (ucranianos y bálticos, estonios especialmente).

En octubre y noviembre de 1994, los enfrentamientos se intensificaron en Grozni, Urus-Martán y otros pequeños pueblos. La oposición, que estuvo a punto de conseguir su objetivo en varias ocasiones, tuvo que retroceder cuando contraatacaron las fuerzas de Dudáev, atrincherado en el Palacio Presidencial. La oposición contaba con apoyo financiero y material de Rusia, pero hasta la intervención del 25-26 de noviembre de 1994 no se materializó la implicación directa de tropas rusas en los enfrentamientos.

Lo que parecía una tarea fácil para las tropas rusas se convirtió en una auténtica pesadilla. A la sucesión de masacres perpetradas por el semidestruido ejército ruso, las milicias chechenas respondieron con acciones espectaculares y suicidas dirigidas contra la población civil, como los secuestros masivos en Kizliar y Piervomaiskaya.

Consciente de la negativa influencia de la evolución del conflicto en las intenciones del electorado, el presidente ruso, Boris Yeltsin, una vez confirmada su candidatura a las elecciones presidenciales de junio de 1996, decidió modificar su discurso y lanzó supuestas iniciativas de diálogo. Al tiempo que Yeltsin anunciaba en marzo un plan de paz para la zona, las operaciones militares seguían su curso. Desde diciembre de 1994, se calcula que han muerto más de 50.000 personas.

En agosto de 1996, Yeltsin, cada vez más débil de salud, sacó fuerzas para encomendar al general Alexander Lebed, presidente del Consejo de Seguridad tras sus excelentes resultados electorales, la pacificación de Chechenia. Lebed, que se opuso a una intervención masiva del ejército ruso, emprendió unas difíciles negociaciones con el jefe del Estado Mayor de las fuerzas separatistas, Aslan Masjadov. Lebed se jugó todo a una carta, no en vano en Chechenia se libraba en este momento la batalla por el poder de Moscú.

Raíces del conflicto

Vista desde Moscú, Chechenia es una de las 20 repúblicas autónomas que forman parte de los 89 sujetos integrantes de la Federación Rusa (Tratado de la Federación firmado el 31 de marzo de 1992). Una república, según la Constitución aprobada en el referéndum del 12 de diciembre de 1993, puede tener su propia Constitución y elaborar su propio marco jurídico. Para dejar la Federación debe obtener el voto mayoritario de las dos Cámaras o que así se determine en un referéndum celebrado en toda Rusia.

Chechenia decidió no firmar el Tratado de la Federación. A diferencia de Tatarstán, Bajorstán y Kabardino-Balkaria, tampoco aceptó un tratado especial. De ahí que se hable de que la secesión chechena tiene carácter "unilateral". En realidad se trata de un argumento falaz.

Rusia justificó la invasión de Chechenia en la defensa de los derechos de una minoría rusa, presuntamente agredida. Se estima que al inicio del conflicto armado la población rusa no superaría las 60.000 personas. Moscú también argumenta que Chechenia se había convertido en un Estado mafioso. Sin embargo, a los poderosos y ricos mafiosos chechenos la independencia no les beneficiaría porque perderían el pasaporte ruso que hoy les permite desplazarse por un inmenso y rico territorio.

Con la excepción de Chechenia, los demás pronunciamientos secesionistas se han encauzado. Tatarstán firmó un Tratado de Asociación con Rusia en 1994. En otras regiones existen algunos contenciosos, conflictos de leyes, descoordinación de la vida económica, pero no plantean la independencia.

La intervención rusa en Chechenia es inseparable de los intereses petrolíferos. Los oleoductos y gasoductos que atraviesan la zona del Cáucaso Norte tienen un gran valor estratégico. Más aún cuando está en juego el llamado "contrato del siglo", es decir, la ruta que deberán seguir los millones de toneladas de crudo que se extraerán del Mar Caspio en los próximos años. Las vías para la circulación del crudo se reducen a dos: a través de Rusia o de Turquía. Rusia necesita control y estabilidad en el Cáucaso Norte para convencer a los inversores extranjeros de que la suya es la mejor opción.

En segundo lugar, el Cáucaso es la frontera meridional de Rusia, una zona de especial interés para su seguridad en la que coincide además con tradicionales competidores como Irán y sobre todo Turquía. Desde la desintegración de la URSS, Rusia ha intensificado su intervención en los numerosos conflictos de la zona caucásica, tanto en el norte como en la Transcaucasia. Moscú siempre ha contado con una significativa presencia militar en toda la zona y ha sabido mediar y a cambio ha recuperado su influencia. Chechenia era la única pieza verdaderamente incontrolable de ese rompecabezas. En su formulación de la nueva doctrina militar, realizada en noviembre de 1993, la zona ex soviética, el denominado "extranjero próximo", se perfila para las autoridades rusas como una esfera de influencia "irrenunciable".

En tercer lugar, la guerra de Chechenia sirve de coartada a los partidarios de la revitalización del Estado ruso para seguir ganando espacio. En el entorno presidencial nunca ha existido unanimidad en relación con la política que se debería aplicar en el caso checheno. Incluso en los primeros momentos de la secesión hubo dos posiciones: apoyo firme a la oposición (Shajrai, entonces ministro para las Nacionalidades), y negociación con Dudáev (Shumeiko, viceprimer ministro).

La división de opiniones se manifestó también a la hora de decidir la intervención militar. De una parte, el presidente, que a raíz del fracaso de la acción del 25-26 de noviembre, lanzó un ultimátum de 48 horas (más tarde ampliado hasta el 15 de diciembre) para que las partes desarmaran a sus hombres y se detuvieran los combates. La oposición aceptó la propuesta, pero lo rechazó Dudáev, que temía verse marginado del proceso. La Duma envió una delegación a Grozni. Allí se encontró con que los prisioneros rusos no eran voluntarios, sino soldados de la división Kantemir, reclutados y entrenados por el Servicio Federal de Inteligencia (FSK).

En el entorno presidencial (Consejo de Seguridad) sólo Andrei Kozirev y Eugeni Primakov se opusieron abiertamente a la invasión militar. Chernomirdin expresó sus dudas pero finalmente prestó su apoyo a la acción, defendida esencialmente por los ministros militares (Grachov, Yerin, Stepashine).

La guerra de Chechenia permite un nuevo empujón al modelo de Estado centralista y acelera la consolidación de un proyecto de corte autoritario en toda regla. Sin embargo, la evolución del conflicto, puede inclinar la balanza a favor o en contra de los diferentes grupos de poder.

La intervención rusa paso a paso

La intervención comenzó el 5 de diciembre con la destrucción de los aeropuertos chechenos. La Duma exigió la inmediata dimisión del ministro ruso de Defensa, Pavel Grachov. Yeltsin creyó que Dudáev no tenía gran respaldo popular y que la oposición estaba bien articulada, así que daba por hecho que las tropas federales iban a tomar Grozni en unas horas. Grachov dijo que le bastaba una división de paracaidistas.

El plan de Grachov fijaba cuatro fases. La primera, la reunión de las tropas y equipamientos en tres bases: Mozdok, Vladikavkaz y Kizliarsk. La segunda, primeros avances siguiendo una táctica doblemente circular (alrededor de Chechenia y alrededor de Grozni). La tercera, ocupación de los centros vitales por las tropas especiales. Y por último, estabilización de la situación. Según Grachov, se iban a concentrar 38.000 efectivos, 230 carros de combate, 454 vehículos blindados, 388 piezas de artillería.

Los bombardeos sobre Grozni marcaron el inicio de una de las batallas más cruentas. Para conquistar el Palacio Presidencial fueron necesarios 14 días de combates constantes, de emboscadas, de muerte y destrucción. Mientras Yeltsin anunciaba públicamente el cese de los bombardeos y el inicio de negociaciones, en Grozni las bombas caían sin cesar. La guerrilla ofreció una gran resistencia y se batió en retirada para hacerse fuertes en otras ciudades del país.

La crueldad y el ensañamiento destructivo de los soldados rusos en la batalla de Grozni, originó repercusiones inesperadas. Los hombres de Labazanov, comandante de las tropas dependientes del Consejo Provisional, rompieron con Moscú y pasaron a la ofensiva contra las tropas rusas. En las regiones limítrofes se sabotearon las comunicaciones. Algunos oficiales se negaron a obedecer las órdenes de avanzar sobre los civiles.

Chernomirdin, primer ministro ruso, propuso entonces un alto el fuego que es negociado en los primeros días de enero. Stepashin, jefe del FSK, se opuso a cualquier tipo de acuerdo con Dudáev. El primer intercambio de prisioneros se produjo a mediados de febrero, pero la guerra se extendió a otras ciudades, principalmente Gudermés y Argún, que no fueron conquistadas hasta finales de marzo. En abril de 1995, tuvo lugar uno de los sucesos más trágicos de esta conflagración: la conquista de Samashki, donde las tropas rusas cometieron auténticas masacres. Los chechenos contestaron, incluso en la destruida Grozni. Los bombardeos se sucedieron sobre Bamut, Serzhen Yurt, después Shatoi y Vedenó, en el sur. La cumbre del 9 de mayo de 1995 entre Yeltsin y Clinton se desarrolló en medio de un recrudecimiento generalizado de los combates.

A mediados de junio de 1995, el conflicto experimentó un cambio cualitativo. Un grupo de rebeldes chechenos, dirigido por Shamil Basaev, se internó en Rusia y secuestró a cientos de personas en un hospital de Budionnovsk. Al intentar su liberación, las tropas gubernamentales provocaron más de cien muertos y numerosos heridos. La acción de Basaev pretendía detener las acciones militares y obligar a las autoridades moscovitas a establecer una base negociadora sólida. Además puso de relieve la vulnerabilidad del gigante ruso.

El 19 de junio de 1995 se iniciaron las negociaciones. La misión de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) , dirigida por el húngaro Sandor Meszarosz, ejerció de mediadora. A primeros de agosto se logró un acuerdo estrictamente militar que preveía la progresiva retirada de las tropas rusas y el desarme de las milicias de Dudáev. Pero se sucedieron los incidentes, nuevos combates en Argún y otras ciudades. Rusia perdía terreno.

La muerte en atentado de Anatoli Romanov, la máxima autoridad militar rusa en Chechenia, abrió el camino de un nuevo discurso de retorno a la vía de la fuerza. Se detuvo la reducción de tropas.

Cuando los chechenos suspendieron las negociaciones, Moscú decidió nombrar a Doku Zavgáev como jefe del Gobierno provisional de la República. En Grozni, una manifestación de protesta contra dicho nombramiento fue reprimida con fuego real por la policía.

Desde entonces, Moscú se empeñó en dar muestras de su control de la región. Para dar la sensación de normalidad incluso se celebraron incluso las elecciones legislativas del 17 de diciembre de 1995. Mientras, la guerrilla chechena hostigaba sin cesar a las tropas rusas, con acciones espectaculares.

El presidente Boris Yeltsin, en su batalla por la reelección como jefe del Estado en junio de 1996, no dudó en presentarse como pacificador de un conflicto que él no había hecho sino avivar sin cesar. Una vez confirmado como presidente, su salud hizo aguas y la lucha por el poder la libraron entre bastidores los dos hombres fuertes del Kremlin: el primer ministro, Viktor Chernomirdin y el presidente del Consejo de Seguridad y figura emergente en las presidenciales de junio, el general Alexander Lebed. A Lebed encomendó Yeltsin la misión de pacificar Chechenia.

A finales del verano de 1996 chechenos y rusos lograban un acuerdo sobre la base de congelar la proclamación de soberanía de la república separatista hasta el año 2001. En este periodo de transición se procederá a la retirada de las tropas, en primer lugar. Un pequeño reducto formado por unos 600 hombres rusos y chechenos velarán por la seguridad en Grozni, y se creará un Consejo Administrativo formado por representantes de todos los partidos políticos y movimientos sociales. En el año 2001 se retomarán las negociaciones con vistas a convocar un referéndum.

Ningún Estado de la CEI criticó a Moscú por su intervención en Chechenia. Todos lo consideraron un asunto "interno". Así quedó de manifiesto en la cumbre celebrada en Alma Ata, en febrero de 1995. A todos les sirvió el ejemplo para resolver problemas semejantes (Georgia con Abjasia, Ucrania con Crimea, etc.) y para recibir un aviso general respecto a la situación de las minorías rusas en sus territorios.

No hubo rebelión ni solidaridad del mundo musulmán ruso (unos 18 millones). Tampoco los países musulmanes fueron más allá de la natural expresión de repudio. Estados vecinos, como Irán o Turquía, afirmaron que se trataba de un problema "interno". Occidente, por su parte, también consideró el problema como un asunto "interno". Los países occidentales deben cuestionarse seriamente el futuro de sus relaciones con Rusia. La incondicional apuesta por la integridad territorial sólo puede ser interpretada como un respaldo a los sectores más duros e intransigentes. Son precisamente éstos los que van a oponerse más claramente a la política de ampliación de la OTAN a algunos países de Europa Central y Oriental.

Organización social: el clan

En la estructuración de la sociedad chechena desempeña un papel crucial el clan, un grupo familiar, generalmente grande, entrelazado por vía matrimonial y con fuertes vínculos territoriales. La población chechena está dividida en 131 clanes, de los cuales 28 desempeñan un papel principal. Son los jefes de los clanes los que eligieron en 1991 a Dudáev como líder checheno.

La estructura tradicional se completa con los jefes religiosos y los ancianos. Este tipo de organización social excluye a los pueblos no chechenos. Pero las desavenencias que condujeron a la guerra civil han afectado también a los propios clanes chechenos.

En un país pequeño, con una estructura tradicional sólidamente asentada y sin tradición democrática, el papel que determinadas personalidades desempeñan en la dinamización de la vida política resulta fundamental. A partir de la disolución del Parlamento y con la instauración del régimen presidencial, la oposición, generalmente en contacto con Moscú, encontró muchas dificultades para realizar su labor.

Protagonistas

Omar Avturjánov: presidente del Consejo Provisional de la República. Fue oficial del Ministerio ruso de Interior. Controlaba el distrito de Nadterechnaya, en el norte del país, en donde no se celebraron las elecciones de 1991. Contó con financiación rusa. Contrario a la independencia.

Beslán Gantemírov: nombrado en septiembre de 1994 jefe de los grupos armados de oposición a Dudáev, dependientes del Consejo Provisional de la República, que preside Avturjánov.

Salambek Jadjiev: ex ministro soviético de Petroquímica y, según algunos, el verdadero hombre de Moscú. El único que podría haber recuperado el control de Chechenia, con la entidad y peso político suficiente para contrarrestar las posibilidades de los separatistas.

Dzhojar Dudaev: ex militar soviético se autoproclamó presidente checheno en 1991. Con un tono similar al de Yeltsin, encabezó la defensa separatista frente a la intervención rusa. Murió, según fuentes chechenas, en 1996 un atentado con un misil teledirigido, del que responsabilizan a Moscú, que habría recibido ayuda para esta acción "de alguna fuerza occidental".

Ruslán Jasbulátov: nacido en 1942, doctor en Economía por el Instituto Plejánov de Moscu. Presidente del Parlamento ruso entre 1991 y 1993 y aliado de Rutskoi en su pugna con Yeltsin. En Chechenia fue declarado "persona non grata" por no haber apoyado la declaración de independencia. Al salir de la cárcel de Lefortovo, donde Yeltsin le recluyó, Dudáev le devolvió la nacionalidad. En Grozni fue recibido con todos los honores. Lidera un pequeño grupo opositor. Al inicio de la intervención rusa intentó desempeñar un papel mediador, aproximándose al Consejo Provisional de la República de Avturjánov. Consideraba a Dudaev el auténtico responsable de la guerra.

Ruslán Labazánov: jefe del movimiento "Niyso" (Justicia). Fue capitán de la guardia presidencial. Organizó la resistencia armada a Dudáev en el sur, en los alrededores de Urus-Martán.

Iaragi Mamodaiev: líder del movimiento Gobierno de Confianza Popular, creado en abril de 1993. Fue viceprimer ministro de Dudáev. Cuando el Parlamento destituyó al presidente, eligió a Mamodaiev como primer ministro. Es partidario de restablecer los vínculos con Moscú.

Doku Zavgáev: presidente del Soviet Supremo disuelto por Dudáev en 1991, y entonces primer secretario del Partido. Apoyó el golpe de agosto en Moscú. Fue el hombre fuerte de Yeltsin en Chechenia. Después de las elecciones presidenciales rusas de junio de 1996, que ganó Boris Yeltsin, quien en los meses posteriores apenas dio muestras de estar a cargo del poder debido a su delicado estado de salud, en el Kremlin se libra una batalla por el poder que se relaciona muy de cerca con el conflicto en Chechenia. Los principales personajes son:

General Alexander Lebed: obtuvo un excelente resultado en las presidenciales de junio y se postuló como claro candidato a sucedera Yeltsin. Optó por la vía negociada para poner fin al conflicto checheno. Lebed no puede manchar de sangre su carrera hacia la Presidencia rusa. El ministro ruso de Defensa, Igor Rodionov, le respalda. Sin embargo, el de Interior, Anatoli Kulikov, es contrario al militar. Las tropas rusas en Chechenia obedecen órdenes de estos dos ministerios.

General Pulikovski: lanzó un severo ultimátum a los chechenos amenazando con acciones de gran envergadura en agosto de 1996 para luego verse superado por las ofertas negociadoras de Lebed.

General Tijomirov: a cargo de las tropas rusas en Chechenia. Criticó a Pulikovski por anunciar el ataque final contra los separatistas. Fue apartado y luego vuelto a llamar por el Kremlin. Una muestra más de los titubeos del poder de la Federación Rusa.

Recursos económicos:el poder de las mafias

La base económica de Chechenia gira alrededor de dos pilares fundamentales: el binomio petróleo-gas y la agricultura. La escasa diversificación de su industria hace que Chechenia dependa de Rusia y de las repúblicas vecinas. Para su supervivencia económica precisa establecer relaciones estables con las otras repúblicas del Cáucaso, y con Moscú.

Cerca de Grozni se encuentran importantes yacimientos petrolíferos. En el pasado fueron atractivos para Rusia, pero en los últimos años las cosas han cambiado. En 1991, por ejemplo, las poco más de cuatro millones de toneladas extraídas no alcanzaban el 1% de la producción total del Estado. En 1993 la cifra descendió hasta las 2,6 millones de toneladas. En cuanto al gas, los 1.300 millones de m3 extraídos en 1993 suponen el 0,2% de la producción total rusa.

Alrededor de estos recursos se construyó un gran complejo petroquímico, hoy por hoy determinante del presente y futuro industrial de Chechenia. Antes de la guerra ruso-chechena, su nivel de utilización estaba muy por debajo de las posibilidades reales. Su capacidad de transformación asciende a 14 millones de toneladas/año, y sin embargo en 1993 sólo refinó 3,4 millones de toneladas.

El bajo rendimiento de esta planta se explica por la dificultad para adquirir hidrocarburos, debido a la inestabilidad política. Muchos de los que trabajaban en la industria petrolífera se vieron obligados a salir de la república debido al enfrentamiento con Moscú. Para mejorar las condiciones de explotación, se necesitarían cuantiosas inversiones.

Otros sectores de importancia industrial mucho más modesta son: equipamientos para la industria alimentaria (Argún); equipos médicos (Gudermés); material mecánico (Grozni). La madera es un recurso importante y poco explotado (las reservas forestales suponen el 18.7% del territorio).

En lo que respecta a la agricultura destaca la cría de ganado ovino, especialmente en las zonas montañas, cultivos de cereales y remolachas, legumbres, árboles frutales y viñedos.

Dado el clima de indisimulable anarquía (amplia circulación de moneda falsa, ocupación de tierras, formación de grupos de autodefensa, incapacidad de Grozni para controlar la totalidad del territorio checheno, etc.) la inversión exterior, y concretamente la occidental, ha desaparecido casi por completo.

La exportación ilegal de petróleo, y el comercio ilegal de armas y drogas, en manos de las mafias, son los principales factores de acumulación capitalista en Chechenia. Tanto es así que incluso algunas sociedades de probada trayectoria en turbios negocios, como la secta japonesa Aoum, no han dudado en establecerse en la zona.

Mientras apenas se produce y no funcionan ni servicios sociales ni bancos, las mafias trabajan a destajo. Estos delincuentes son los que más se han beneficiado de la destruccción del sector público y, según algunas fuentes, la economía chechena se halla a su merced.

Las características económicas de esta república, en especial la actividad del complejo petroquímico ubicado en las inmediaciones de la capital del país, vaticinan serios problemas medioambientales. En las primeras semanas de la guerra fueron bombardeados los depósitos de la refinería de Grozni. Miles de toneladas de crudo que estaban almacenadas fueron pasto de las llamas. La catástrofe ecológica pudo aquirir dimensiones gravísimas, de extenderse el fuego a un depósito que almacenaba 30 toneladas de amoníaco. Esta planta también una amenaza permanente debido al mal estado de las conducciones. Según testigos presenciales, la contaminación del agua en los núcleos urbanos impide su utilización para los usos más comunes y habituales.

Actividad diplomática

La actividad exterior de la Chechenia independiente ha tenido dos referencias principales. En primer lugar, una política de acercamiento a los pueblos del Cáucaso Norte, que Chechenia fomenta en lo económico, para aprovechar los recursos de la zona de forma conjunta, y en lo político, con el fin de frenar a Rusia. La Confederación de los Pueblos Montañeses del Cáucaso, que pretendía ser el principal instrumento de esta política, fracasó al enfrentarse a situaciones traumáticas, como la guerra.

El otro pilar de su diplomacia es Georgia. Dudáev apoyó sin reservas al presidente georgiano, Zviad Gamsajurdia. Incluso cuando Edvard Shevardnadze asumió el poder en Tbilisi, Dudáev concedió asilo a Gamsajurdia en Grozni y prestó apoyo militar a los rebeldes secesionistas abjasos para derrotar a las fuerzas del ex ministro de Asuntos Exteriores de Gorbachov.

Por medio de los descendientes de los chechenos emigrados a Jordania, Siria y Turquía, a raíz de la conquista rusa del Cáucaso, Dudáev intentó obtener ayuda militar y el reconocimiento internacional de la independencia. Pero ninguno de estos países quiso estrechar unas relaciones que habrían puesto en peligro su entendimiento con Rusia. En general, el apoyo de los países musulmanes siempre fue muy escaso. Solamente cuando estalló el conflicto se recogieron fondos para apoyar a Dudáev y, en algún caso, se enviaron voluntarios. En algunos países europeos, como Polonia, funcionaron centros de ayuda a Chechenia.

La mayor parte de los chechenos residentes en Moscú y en otras ciudades rusas no participarn nunca del fervor independentista. Favorables al Consejo Provisional, apoyaron siempre la vía negociada.

Consecuencias del conflicto

En el ámbito estrictamente militar, la operación de Chechenia ha puesto en evidencia las graves carencias y dificultades del ejército ruso. El fracaso de las expectativas de Grachov ante unas unidades guerrilleras bien disciplinadas, fueron seriamente criticadas por varios generales, incluido Semionov, el comandante en jefe, y Boris Gromov, viceministro de Defensa. Parte de la cúpula militar no parecía estar al tanto del verdadero estado de ánimo y técnico de su tropa: desentrenados, sin preparación adecuada para el combate que iban a librar, desilusionados y sobreviviendo en difíciles condiciones.

Los soldados han vivido como una tragedia personal las numerosas criticas de la opinión publica. La operación de Chechenia les ha convertido en un Ejército impopular, más próximo a la humillación que a la gloria de antaño.

A las críticas de Gromov y Semionov se unieron las protestas de los generales Babichev y Vorobev. También el general Lébed se opuso a la operación. En el Ejército la disconformidad estaba muy extendida: su misión no era la de intervenir en el territorio nacional. Grachov, con el respaldo de Yeltsin, aprovechó la ocasión para librarse de todos ellos (Gromov, Mironov, Kondratiev) y evidenciar la necesidad de mayores asignaciones presupuestarias para la defensa (aumento del 30% del salario de los soldados) y la ampliación del servicio militar de 18 meses a dos años.

En cualquier caso, el conflicto ha puesto de manifiesto su radical división: mientras unos desobedecían las órdenes del presidente ruso de cesar los bombardeos sobre la capital chechena, otros se manifestaban en Moscú en contra de la guerra.

En el orden estrictamente económico, la intervención en Chechenia ha supuesto un elevado coste para las arcas rusas, mucho mayor del inicialmente estimado, y ha puesto en serio peligro el objetivo de contener la inflación y el déficit presupuestario. Los costes de la reconstrucción (industria petrolera, vías férreas, sistemas de comunicación y energía, etc) exigirán también un desembolso enorme.

Además, las previsiones presupuestarias no sólo deben alcanzar a Chechenia sino también a las repúblicas vecinas (Ingushetia sobre todo) en las que el Ejército ruso ha causado serios daños. La distracción de recursos para la guerra agravará aún más las dificultades económicas y sociales por las que atraviesa la sociedad rusa debido al fracaso de la política de reformas.

En el orden político las consecuencias son muy importantes. En el Cáucaso, y tal como muchos esperaban, no se produjo un alzamiento generalizado contra la invasión rusa. Por el contrario, la invasión ha provocado la ruptura de la única formación pancaucasiana, la Confederación de los Pueblos Montañeses, entre Musa Sanibov y Iusup Soslanbekov.

En cuanto a las relaciones del Kremlin con sus regiones, el conflicto puede ser interpretado como un claro mensaje a todas aquellas repúblicas de la Federación que aún disfrutan de una tolerada soberanía económica, y por lo mismo, un claro indicio de la afirmación de nuevas tendencias centralizadoras, basadas, si es necesario, en el recurso a medidas fuerza ante supuestas o reales situaciones de urgencia.

Poco a poco se diluye el Estado federal y democrático anunciado por Yeltsin y los demócratas como alternativa al totalitarismo soviético. Pero el impulso centralizador, no olvidemos las intenciones de los golpistas de agosto de 1991, puede provocar el efecto contrario. La guerra en Chechenia ha supuesto la definitiva ruptura de Yeltsin con las formaciones liberales y democráticas que le llevaron al poder.

En el orden civil, Chechenia ha fragmentado seriamente la sociedad rusa y ha estimulado la intervención de la sociedad civil (Comité de madres de soldados). Serguei Kovaliov, ex presidente del Comité parlamentario de Derechos Humanos, denunció reiteradamente la agresión rusa. Masacres como la realizada en Samashki, que sufrieron cientos de víctimas civiles, han golpeado la conciencia de la opinión publica rusa. En Moscú y otras ciudadades se han celebrado manifestaciones contra la guerra.

Víctimas, desplazados y refugiados

Resulta difícil proporcionar cifras fidedignas de victimas de uno u otro bando, ya sean militares o civiles. En la parte rusa, todas las fuentes coinciden en señalar que han sido muy elevadas. En los primeros cuatro meses de conflicto, los heridos se estimaban en 5.000, los muertos 1.500 y unos 200 desaparecidos. Las cifras de víctimas chechenas, tanto militares como civiles, oscilan enormemente. A los dos meses de iniciarse la guerra, la Comisión rusa de Defensa de los Derechos Humanos cifró en 24.000 los muertos, de los que unos 13.000 serían civiles. Según algunas organizaciones de derechos humanos, a los nueve meses después de iniciarse el conflicto, las victimas oscilarían entre las 50.000 y 80.000 personas.

Los refugiados huyeron principalmente en los primeros días de la guerra. Se calcula que unos 100.000 lo han hecho a Ingushetia, 30.000 a Daguestán. La misión de la OSCE habla de 150.000 refugiados (31/1/1995). A éstos habría que añadir los desplazados a consecuencia de la guerra civil previa, cifra que algunas fuentes estiman en otros 100.000 habitantes. En la mayor parte de los casos no son bien recibidos: en ocasiones por razones de carácter étnico (Ingushetia, Daguestán, Osetia del Norte), en otros (Rusia, Stavropol) por temor a su venganza.

Según fuentes de ACNUR, la cifra total de desplazados por la guerra el 31 de enero de 1995 se aproximaba a las 400.000 personas. De ellas unas 160.000 habrían huido a las repúblicas vecinas de Ingushetia (130.000), Daguestán (42.000) y Osetia del Norte (5.000). Un 95% de estas personas han encontrado refugio en familias, los demás en lugares improvisados a tal fin por las autoridades o por ellos mismos. Entre los refugiados hay un elevado porcentaje de mujeres, niños y ancianos. El problema de los refugiados crea dificultades en Ingushetia (que además recibió otros 50.000 refugiados a consecuencia del conflicto que le enfrentó con Osetia del Norte) y en Daguestán, prácticamente bloqueada al haberse cortado las vías de comunicación con Rusia. El estancamiento del conflicto y la perspectiva de nuevas negociaciones, ha estimulado el regreso de algunos refugiados, pero la inmensa mayoría por el momento se niegan a volver a sus hogares.

El futuro del conflicto

Dos son las principales alternativas que pueden considerarse. La primera, la negociación, la única que puede poner fin al conflicto de una forma relativamente rápida con lo que se evitaría más destrucción y muerte. La otra es el enquistamiento. Chechenia tiene una larga tradición de lucha con el imperio ruso, una historia de tres siglos de conflicto intermitente. La última guerra duró 35 años

Datos generales

El territorio de Chechenia se encuentra situado en la parte central del Cáucaso Norte, en las proximidades de dos mares: el Negro y el Caspio. Extraoficialmente se cree que oscila entre los 12.000 y los 13.000 km2.

En Chechenia viven aproximadamente 1.100.000 personas. Las cifras oficiales disponibles se remontan a 1989. La mayoría son chechenos (80%), de religión musulmana suní. El porcentaje de rusos es de un 20%, y suelen residir en las zonas urbanas. La población rusa ha ido descendiendo desde finales de la década de los setenta debido a la pérdida de importancia de los yacimientos petrolíferos de Grozni. Posteriormente, un número incalculable de rusos abandonó Chechenia a comienzos del proceso independentista. Armenios, ucranianos, ingushes, kumikos, nogais, avares, son otros pueblos residentes en Chechenia. La densidad de población es de unos 92 habitantes por km2. Fuera de Chechenia las comunidades chechenas más importantes se hallan en Kalmukia, Daguestán y en algunas ciudades de Asia Central, además de Moscú y otras grandes urbes rusas. La capital chechena es Grozni, ciudad fundada en 1818, situada a 1.600 kilómetros de Moscú. Su población es de 364.000 habitantes (1993). Otras ciudades importantes son: Gudermés, Argun, Shali y Urus-Martán.

Aunque la religión no ha actuado nunca como dinamizador político, sí ha servido siempre como referente de una peculiar identidad cultural. El Islam está asentado firmemente en Chechenia desde el siglo XVIII. Los independentistas, como Dudáev, han recurrido en diversas ocasiones a la religión como galvanizador de la opinión y han llegado a proponer, en su proyecto de Constitución, la creación de tribunales islámicos. En cuanto al idioma checheno, se trata de una lengua caucasiana, del grupo "naj", con unos 600.000 hablantes en 1979. El ruso es la segunda lengua.

Bibliografia

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