Fuente
Azraf
Los primeros habitantes de África del Norte aún hoy reclaman por sus
derechos como cultura. También, su independencia territorial. Sus dominios
ya no son los que eran. Y ellos tampoco. En todo caso, a través de siglos y
siglos de historia los diferentes pueblos de habla berebere se fueron
integrando y aculturizando con las sucesivas pérdidas de características
propias-, en mayor o en menor grado, a las civilizaciones dominantes.
Lo que sí está claro es que los bereberes no son apátridas, errantes y
nómades, gente que no persigue un estado propio, como se empeñan en aclarar
gobiernos, culturas "rivales" y enciclopedistas. Porque esa misma historia
habla de sucesivas batallas en defensa de su territorio, de nomadismos
impuestos por los invasores, para escapar de ellos, de vastísimos reinados y
de países emergentes, como Sahara Occidental, que ahora mismo espera una
señal de la comunidad internacional, de las Naciones Unidas, para seguir
siendo y estando.
Los bereberes habrían surgido de los primeros y antiguos habitantes de
Africa del Norte, durante los períodos paleolítico y neolítico, y se llaman
Tuareg, Rif, Kabil, Shawia, Haratin, Sluh y Beraber. Cada uno habla
diferentes dialectos, y se los ubica todo a lo largo y ancho de Africa del
Norte, también en África occidental.
Los tuaregs, que serían unas 900 mil personas, desde Sahara Occidental y
desde el sur del Río Níger (hoy Nigeria) hablan el Tamashek. Los tuaregs
conservan una escritura (tifinar) que es cuasi alfabética y que habría
surgido en tiempos del imperio romano, en los actuales Túnez y Algeria, y
habría sido elaborada por los nubios, ancestros de los libios. En Algeria,
los kabiles hablan el Shawia y el Kabyle. En Marruecos, hablan el Rif y el
Tamazight. Los bereberes de Mauritania y Senegal hablan el Shluh y el Zenaga.
Durante siglos, estos pueblos fueron los únicos habitantes de Africa de
Norte. Celosos de su territorio, de su poder, libraron importantes batallas
contra los invasores fenicios, romanos y cristinos, quienes dejaron su
impronta en Ceuta y Melilla, en Marruecos, por ejemplo.
Expertos conocedores del desierto del Sahara, de sus vientos y arenas
cambiantes, los bereberes se transformaron en refinados comerciantes,
principalmente intermediarios. Sus caravanas compuestas por cientos de
camellos transportaban las mercaderías provenientes de las civilizaciones
negras sobre el océano Atlántico hasta las costas del Mar Mediterráneo,
desde donde partían hacia Egipto y Medio Oriente. Sal, oro y piedras
preciosas a cambio de especias y de esclavos. Como puente no solo comercial
entre civilizaciones, los bereberes también fueron los únicos
administradores del Magreb y de sus puertos. En cierta forma, dominaron todo
el proceso de intermediación comercial. El Magreb o Magrib que significa
"oeste" en árabe- es un territorio de planicies y de altas montañas, con
vientos fuertes provenientes del sur, desde el desierto del Sahara, y está
asentado sobre las costas del Mediterráneo. Hoy comprende a Marruecos,
Argelia, Túnez y Libia.
A partir de los siglos VII y VIII, los árabes invadieron el Magreb y pese a
las durísimas batallas y a la defensa berebere, los invasores impusieron su
idioma, el árabe, y su religión, el Islam. Los árabes no desaprovecharon las
habilidades guerreras de estos pueblos bereberes. En nombre del califa
Umayyad, en el año 711, ejércitos árabe-bereberes entraron a la península
ibérica, para ellos al-Andalus, y derrotaron al rey Rodrigo. Las tropas
invasoras estaban al mando de Tariq ibn Ziyad, de quien proviene el nombre
Gibraltar, o montañas de Tariq. Durante 700 años, los árabes-bereberes
permanecieron en la península aunque nunca fueron mayoría en la población.
Acaso por quienes se afirma que los bereberes son nómades, son los tuaregs.
Este pueblo debió adoptar este estilo de vida un vez iniciadas las
invasiones árabes, eran buenos agricultores. Desde el desierto y las
montañas de Sahara Occidental, de Marruecos y también desde la actual
Nigeria, los tuaregs continuaron comerciando y guerreando. Mantienen un
rígida estructura social feudal: los nobles, el clero, los vasallos, los
artesanos y los campesinos, escalón antiguamente ocupado por los esclavos.
Alrededor de 1030, otros bereberes y árabes marroquíes bajo pretexto de
purificar el Islam- partieron hacia el río Senegal y allí dieron comienzo a
las culturas almorávides y almohades. En pocos años, este imperio árabe-bereber
se extendería desde Senegal hasta el Ebro, y desde las costas del océano
Atlántico hasta Libia. El poderío del Islam y la habilidad comercial de los
bereberes cooptaron a los reinados negros de África occidental por
conveniencia política o diplomática.
A principios del siglo XIX se establecieron en Africa del Norte otras formas
de hacer política, de gobiernos, otros credos religiosos y otros idiomas.
Francia y España coparon el norte africano pese a la feroz resistencia
árabe-berebere. Diferentes movimientos de liberación nacional surgieron todo
a lo largo y ancho del Magreb, también en el Sahara, y las diferencias entre
árabes y bereberes se profundizaron nuevamente, cuando no fueron provocadas
y aprovechadas. Una vez finalizada la colonización europea, a mediados del
siglo XX, con el trazado a regla de los nuevos países, los tuaregs
resistieron los nuevos límites en Chad, Mauritania, Malí y Níger. También,
desde entonces, resisten a Marruecos y sus planes anexionistas de Sahara
Occidental, país compuesto mayoritariamente por tuaregs y que espera su
independencia definitiva. En Argelia, el fundamentalismo islámico –otrora
expulsor de Francia- ha dividido a árabes de bereberes, y la represión se
observa en el campo de la cultura, sobre todo. En las últimas décadas, sin
embargo, las protestas de diferentes movimientos sociales bereberes, también
de partidos políticos bereberes, han conseguido que su lengua se incluya en
los sistemas educativos formales de Marruecos y Argelia y que se crearan
organismos para la investigación y difusión de sus culturas
Bereber
o Beréber
Nombre que reciben la lengua y las gentes de ciertos pueblos no árabes
que habitan grandes zonas del norte de África. A lo largo de los siglos, los
bereberes se han mezclado con tantos grupos étnicos, sobre todo los , que
actualmente se les distingue más por los rasgos lingüísticos que por los
raciales. La lengua bereber es una rama de la familia lingüística
afroasiática y comprende unos 300 dialectos estrechamente emparentados. Se
trata principalmente de una lengua hablada; su forma escrita apenas se
conoce y rara vez se utiliza.
Los bereberes constituyen
un 40% de la población de Marruecos, un 30% de la de Argelia y un 1% de la
de Túnez. La cifra de sus miembros identificables en el norte de África va
disminuyendo con el tiempo a medida que muchos de ellos adoptan la lengua y
la cultura de la mayoría árabe. Los bereberes, al igual que los árabes, son
musulmanes POR LA COLONIZACIÓN ÁRABE; sin embargo, son menos ortodoxos y sus
ritos religiosos incluyen elementos animistas que provienen de antiguas
religiones premusulmanas. La mayoría viven en pequeñas zonas rurales en
tiendas de campaña y chozas de barro o, en el caso de pueblos mayores, en
casas de piedra. Sus ocupaciones tradicionales son la cría de ganado,
principalmente ovejas, pero cada vez son más los que se dedican a los
cultivos agrícolas. Otras actividades en las que se involucran los bereberes
son los molinos harineros, la talla en madera, la fabricación de piedras de
molino y la confección de utensilios domésticos, herramientas de campo,
alfarería, joyería y artículos de cuero.
El pueblo bereber habita en
el norte de África desde tiempo inmemorial. Las primeras referencias datan
del 3000 a.C. y aparecen con frecuencia en antiguos documentos egipcios,
griegos y romanos. Durante muchos siglos, los bereberes ocuparon toda la
costa norteafricana desde Egipto hasta el océano Atlántico. Continuaron
viviendo allí hasta el siglo VII d.C. cuando los árabes conquistaron el
norte de África y expulsaron a muchos de ellos hacia el interior, la
cordillera del Atlas y distintas zonas del desierto del Sahara. Después de
la conquista árabe, los bereberes abrazaron la fe mahometana de sus nuevos
gobernantes. Los siglos posteriores estuvieron marcados por luchas casi
continuas para hacerse con el poder en el norte de África, entre los
diferentes grupos bereberes, entre éstos y los árabes y entre ambos pueblos
contra los invasores españoles, portugueses y turcos. Durante dicho periodo,
la costa de íBerbera
en el norte de África, topónimo que de hecho proviene de la
palabra bereber, adquirió renombre por ser la base principal de los piratas
árabes y bereberes, dedicados a saquear los barcos que circulaban por el
Mediterráneo.
Durante el siglo XIX y
principios del XX, Francia y España sometieron a Marruecos y Argelia.
Después de la I Guerra Mundial, las poblaciones árabe y bereber del norte de
África iniciaron la conquista activa de su independencia. A partir del año
1920, los rifeños del norte de Marruecos, conducidos por el emir Abd-el-Krim,
derrotaron en repetidas ocasiones a las tropas que ocupaban el territorio
español de este país; los bereberes entraron en el Marruecos francés en
1926, pero fueron expulsados al año siguiente por tropas conjuntas de
Francia y España. Durante el resurgimiento del nacionalismo de los pueblos
del norte de África bajo dominio francés después de la II
Guerra Mundial, los bereberes desempeñaron un papel bastante equívoco. En el
Marruecos francés, conducidos por el pachá bereber francófono Thami el-Mezouari
el-Glaoui formaron el principal baluarte del dominio francés. En 1953 los
franceses auxiliados por el-Glaoui destronaron y mandaron al exilio al
sultán nacionalista de Marruecos, Mohamed V ben Youssef. Poco después
comenzó a surgir un sentimiento anti-galo entre los bereberes de Marruecos,
así como entre los árabes. El 20 de agosto de 1955, las fuerzas bereberes de
la región montañosa del Atlas de Argelia arrasaron dos asentamientos rurales
en Marruecos y mataron a 77 ciudadanos franceses. Al cabo de una serie de
actos violentos contra los franceses por cuenta de los bereberes de
Marruecos, el-Glaoui adoptó un postura nacionalista, cediendo al sentir
popular. La pérdida del apoyo bereber obligó a los franceses a poner fin al
exilio de Mohamed V en 1955 y a conceder la independencia a Marruecos un año
después. En Argelia prosiguió la resistencia violenta contra la ocupación
francesa por cuenta de grupos de población tanto bereber como árabe, hasta
que en 1962 le fue concedida la independencia al país
Identidad Bereber
Naturalmente, nos estamos refiriendo a las localizaciones tradicionales.
Desde comienzos de siglo, sobre todo después de la descolonización, el
importantísimo éxodo rural que ha conocido todo el Magreb hace que existan
comunidades consistentes de berberófonos en las principales ciudades del
Norte de África: Argel y Casablanca son las ilustraciones más destacables.
El tercer y último conjunto berberófono está constituido por las poblaciones
tuaregs, a caballo entre varios países a través de la zona Sáhara-Sahel,
principalmente en Níger (unas quinientas mil personas) y Mali (de
trescientas a cuatrocientas mil).
Otros países como Argelia, Libia,
Alto Volta y Nigeria, cuentan con efectivos tuaregs más modestos que no
superan en cada caso algunas decenas de millares de personas. El conjunto de
las poblaciones tuaregs se acerca, pues, al millón de individuos.
El resto de la berberofonía está
constituido por territorios aislados, generalmente muy amenazados y
diseminados. En Túnez, alrededor de cincuenta mil personas en parte de Yerba
y una docena de pueblos en el centro sur del país. En el sur de Mauritania
hay entre cinco mil y diez mil individuos. En Egipto, en el oásis de Siwa,
cuya población varía según los censos entre cinco
y diez mil personas. En Libia, en la
Tripolitania, existen grupos berberófonos más importantes y resistentes.
Hemos hablado hasta aquí únicamente
de berberófonos y de berberofonía. El único elemento indiscutible que
diferencia entre las poblaciones del Magreb es el estríctamente lingüístico.
Cualquier otro rasgo discriminatorio es cuestionable, por mucho que se
quiera subrayar las características específicas de la cultura bereber. No
existen dos etnias demarcables, una árabe
y otra bereber, en el norte de
África. La población magrebí, berberófona o arabófona, es de origen bereber.
Los berberófonos,identificables así
por su práctica lingüística específica, son en la actualidad
demográficamente minoritarios porque el Magreb ha conocido desde hace varios
siglos un lento proceso de arabización lingüística vertiginosamente
acelerado en los últimos decenios. Los magrebíes arabófonos de nuestros días
son bereberes arabizados en fechas más o menos recientes. Este proceso ha
culminado con la identificación de la arabofía con la cultura árabe, pero la
originalidad de los caracteres generales de lo supuestamente árabe en el
norte de África, tan evidentemente distinto de lo árabe oriental, estriba
precisamente en su calidad bereber. Lo árabe en el Magreb tradicionalmente
ha sufrido más la influencia de al-Ándalus que de oriente. Las aportaciones
orientales son recientes y son el
resultado de una voluntad política y a la influencia de los medios de
comunicación.
Originalmente, el bereber y su
cultura propia, cubría el conjunto del Magreb y el Sáhara, por lo que
histórica y antropológicamente se puede afirmar, sin querer entrar en
polémicas, que los magrebíes son bereberes. La asunción, por parte de los
poderes establecidos,de la arabidad, haciendo de ello estandarte de la
identidad nacional, es uno de los factores más importantes del nacimiento
de la conciencia bereber entre
quienes aún hablan esta antiquísima lengua, creando un conflicto
desestabilizador al marginar una importante parte de la población que no ha
seguido el proceso del resto.
Los caracteres propios de la cultura
bereber son los de comunidades tribales. Tradicionalmente, sedentarios o
nómandas, agricultores o pastores, los bereberes, junto a las tribus que ya
se habían arabizado por el contacto con focos culturales urbanos, compartían
EL TRIUNFOuna misma sensibilidad y una misma cultura. El triunfo de las
ciudades es triunfo de lo asociado a lo árabe,y el desplazamiento y
marginación de lo bereber más tiene que ver con la decadencia de los
espacios rurales ante el prestigio de lo urbano que
con el ejercico de una dominación
que pretenda borrar las señas de identidad de los vencidos. La propuesta de
los militantes bereberes más radicales, cuando hablan de la necesaria
recuperación de la cultura bereber, a parte de la objetiva cuestión
lingüística, es el intento por fundamentar en unos supuestos su opción por
un modelo occidental de civilización, pues la cultura bereber más auténtica
está lejos de sus aspiraciones al basarse en una sociedad rural y tribal que
se desea superar. En cuanto a los elementos folklóricos, dependen más de su
aceptación por el turismo y el interés que despiertan entre los etnólogos
que de las intenciones de los berberistas enfrascados en luchas políticas.
Lo bereber es más una bandera política y una excusa, en muchos casos, que un
planteamiento objetivo y sincero. Efectivamente, se pretende homologar
valores culturales bereberes a valores europeos para justificar un rechazo a
lo árabe dominante.
Pero hoy, y como resultado de los
procesos históricos, ya no se puede negar la existencia en el Magreb de
varias lenguas,de una cultura plural y por lo tanto de una identidad que
escapa por completo al cerco de las ideologías oficiales.
Esta identidad magrebí ha sido
forjada por siglos de historia y es la capitalización de todos los aportes
que han desembocado en lo que tal vez convendría llamar una cultura nacional
del Magreb. El reconocimiento de tal identidad plural presupondría un poder
democrático, abierto y tolerante capaz de admitir la diversidad. Pero este
no es el caso puesto que los sitemas políticos,obsesionados por la idea de
que sólo una idea ya absoleta de unidad podría mantenerlos, defienden a capa
y espada una cultura y una lengua oficiales, es decir, una identidad oficial
y por tanto artificial y esencialemente discriminatoria. Para hacer posible
esta situación, los gobiernos que se han sucedido desde las independencias
formales han tenido que falsificar la historia, única manera de convencer e
imponer su dominio.
En este sentido, la historia
reciente de Argelia en particular y de todo el Magreb en general, es una
sucesión dramática de tentativas de desculturización y de
despersonalización. Esto ha degenerado en extremismos que no auguran un
futuro claro y estable para la región. Todo ello unido a la gravísima crisis
económica, social y política, hace que la situación sea delicada y carente
de expectativas a corto y medio plazo. La explatación ideológica con el fin
de fundamentar los Estados surgidos de las luchas de liberación en una
arabidad ficticia y un Islam ficticio ha marginado la compleja realidad
cultural de los
pueblos que no pueden sentirse
identificados con los discursos oficiales y buscan alternativas.
En lo que nos concierne ahora, el
problema bereber, que es el que plantea la cuestión de la identidad de los
pueblos que habitan el Norte de África, es un tema, como ya hemos señalado,
con una historia ambigua y compleja. El interés por lo bereber no
casualmente aparece en las estrategias coloniales, que si bien paracticaron
hacia él, como hacia todo lo indígena, un auténtico
desprecio, no dudaron en hacer de él
un motivo de enfrentamiento entre las poblaciones del Magreb creando un mito
que les sirviera coyunturalmente. El antagonismo entre árabes y bereberes
fue creado con tal fin y se apoyó interesadamente en referencias históricas.
Los militantes berberistas más radicalizados que recogen en gran medida su
material ideológico de las argumentacionesque se fabricaron entonces siguen
insistiendo en el carácter fatal que tuvo para la región la invasión árabe.
El doctor Mouloud
Lounaouci, miembro de la Comisión
Nacional del Movimiento Cultural Bereber escribió lo que sigue en la revista
Amazigh (nº3-4, abril-julio de 1994): “Pero, de todas las invasiones (que ha
sufrido el Norte de África y que no han permitido a los bereberes imponer su
manera de ser y de gobernar) la que tuvo más impacto fue la de los árabes.
No se puede ocultar la larga
e intensa resistencia (setenta años)
e igualmente debe restablecerse una verdad histórica diciendo que la
conquista árabe fue inicialmente una rapiña”. No obstante, en el mismo
número de la revista Amazigh un entusiasta artículo firmado por la
Asociación bereber Tanukri subraya el carácter autóctono del Islam
norteafricano: “En el siglo VII, una parte de la población bereber se había
adherido ya al Islam. Jamás hubo una conquista árabe de nuestro país. Meca y
Medina, con un total exagerado de veinticinco mil habitantes entre los que
no eran extraños los extrangeros, no pudieron conquistar el mundo”. En ambos
casos,en el que los arabófonos son considerados por ello extrangeros, y en
el otro en el que se busca la reconciliación de todos los bereberes, es
fácil advertir las distintas orientaciones que va a seguir el movimiento
bereber.
El mismo doctor Mouloud Lounaouci
señala más adelante en su artículo que a pesar del triunfo del Islam los
bereberes continuaron practicando sus propias lenguas y culturas, y así Ibn
Tumart predicó su causa almorávide en bereber, el Corán fue traducido y la
literatura en lengua autóctona conoció un despegue que aún no ha sido
igualado. La verdadera arabización comenzaría más tarde, en el siglo XI con
la llegada de los Banu Hilal. No obstante, siempre según el doctor Mouloud
Lounaouci, el árabe quedaría acantonado en los escasos centros urbanos y
nunca habrtía tenido lugar una larga y profunda arabización.
La colonización frances –y la
española en el Rif- es el origen de una absoluta desestructuración social y
económica con expropiaciones, secuestros y colegios indígenas, entrañando
por consiguiente una política de desculturización. La apertura de escuelas
no perseguía inicialmente la finalidad de instruir (no se permitía el acceso
al principio a un cierto nivel) sino que su finalidad era la de instalar una
cultura francesa cuyo objetivo era la autodespersonalización y la
autoinfravaloración. Ello sembró el norte de África un extendido complejo de
inferioridad ante los europeos. La civilización occidentas fue presentada
como panacea inalcanzable. Esta política de desculturización llevada a cabo
por las potencias coloniales que despreciaban o ignoraban del todo a las
poblaciones autóctonas tuvo una contestación al principio dispersa y
desorganizada que pronto dio nacimiento a los movimientos nacionales. Pero
quizás ya era demasiado tarde. Las jóvenes generaciones que liderarían las
luchas por la independencia ya habían sido desarraigadas y sus
planteamientos fueron ajenos a las realidades sociales y culturales de las
que habían sido separados.
Efectivamente, los movimientos
nacionales que conseguirían la independencia fundaron los nuevos Estados en
la premisa de lo arabo-islámico. De los movimientos nacionales serán
eliminados todos los elementos que rehusen acatar la nueva ideología (como
la llamada crisis berberistas de Argelia en 1949 y que entrañó la expulsión
de Omar Imache). El partido del pueblo argelino impuso un modelo calcado del
modelo jacobino francés: Opuso a la nación francesa la nación árabe, a la
lengua francesa la lengua árabe y a la cristiandad opuso el Islam. No cabe
junto a esto la lengua, la cultura y la identidad bereber, como tampoco
tiene cabida el Islam popular. A esta negación la siguió una política activa
de marginalización: supresión de la cátedra de bereber de la universidad de
Argel, prohibición a los niños berberófonos de expresarse en su lengua en
las escuelas, enseñanza dogmática de los contendios de la ideología oficial,
negación de la berberidad juzgada como creación de los Padres Blancos.
Si en esto podía tener parte de
razón el Estado argelino, no es menos verdad que también la arabidad había
sido un invento de los estrategas franceses e ingleses en oriente.
El Estado no se resistirá a la
tentación de usar la fuerza: se arresta e incluso a veces se ejecuta a los
ciudadanos que denuncian
esta política que margina
conscientemente a una gran parte de la población.
Esta política agresiva y violenta de
opresión y exclusivismo practicada por los gobernantes (entre los que se
encontraban berberófonos), lejos de conseguir que el pueblo acepte la
cultura arabo-islámica justificará la cración de movimientos de
contestación. Estos movimientos de contestación se van a sumar al trabajo
colosal emprendido por el catedrático Mouloud Mammeri y ello conducirá a la
toma de conciencia identitaria de parte de la juventud berberófona,
principalmente kabil, gracias a los aportes de cantaautores como Idir y del
teatro reivindicativo como el de Katib Yasin, Muhand o Yahia.
En Argelia, las reivindicaciones
berberistas pronto se van a masificar. La gente pierde el miedo a hablar en
bereber en público y la vestimenta tradicional kabil se convierte en símbolo
de berberidad. A partir de 1979, los militantes de la causa bereber
emprenden una intensa campaña de lucha y sensibilización. El momento
culminante llegó en abril de 1980: la exigencia identitaria bereber será
asumida entonces públicamente en el cuadro de la reivindicación de
libertades democráticas. Los acontecimientos
de la Primavera Bereber tuvieron
como consecuencia la internacionalización de la cuestión, obligando al poder
a admitir el origen bereber de los argelinos. Parecía que las esperanzas
estaban permitidas. Tras la liberación de veinticuatro detenidos en abril de
1980, se impuso la necesidad de una reflexión profunda que conducirá a la
creación del Movimiento Cultural Bereber
en agosto de 1980.
Ante la amplitud de un movimiento de
masas preludio de una organización estructurada, el poder reacciona con
arrestos y decisiones administrativas. Se votará una constitución cultural
cuya característica principal es la negación de la berberidad. Se aplicará
el artículo 120 del partido FLN (expartido único) para cerrar las puertas a
los puestos de responsabilidad a los militantes
de la causa bereber.
El Movimiento Cultural Bereber dará
origen a una extensa red de asociaciones que reivindican la defensa de los
derechos del hombre y denuncian la
legitimidad del régimen.
Para acabar ya, la emergencia y
pujanza de un Islam militante agrava considerablemente la situación en el
Norte de África.
Y también ese Islam se plantea
cuestiones de identidad que hay que tener en cuenta. Lo común, por lo
general, entre los musulmanes, pertenezcan a la etnia o a la nación a la que
pertenezcan, es la de hacer preceder su identidad musulmana a la que les
correspondería
por cualquier otra consideración. El
Islam está arraigado hasta esos extremos. Un ejemplo de ello lo tenemos en
Melilla donde
la población musulmana es
berberófona. Tras los conflictos generados por las reivindicaciones de los
musulmanes que exigían
el reconocimiento de sus derechos en
una ciudad en la que habían estado viviendo hasta entonces en una situación
lamentable,
y al acceder la mayoría de ellos a
la nacionalidad española como consecuencia de las movilizaciones que habían
tenido lugar,
inmediatamente se puso en marcha una
mentalidad que ve en ellos siempre a enemigos potenciales y por tanto había
que desarticularlos.
El máximo temor era que los
musulmanes apoyaran las pretensiones de Marruecos o bien que se decantaran
hacia extremismos islámicos.
Pronto las autoridades recordaron
que la población musulmana era rifeña y pensaron en fomentar al bereber
díscolo que jamás
aceptaría la autoridad de un árabe.
Cuál no fue la sorpresa cuando se descubrió que los habitantes de Melilla se
dedicaban
a aprovechar las ayudas oficiales
para promocionar la enseñanza del árabe como fundamento para el
entendimiento del Corán
y se dedicaban a abrir mezquitas por
todos los barrios. Varios artículos de la prensa local expresaba su
disconformidad con la actuaciópn de los bereberes que debían haber
respondido a la imagen tradicional sobre ellos y despotricar conrtra los
árabes y el Islam ahora que tenían la oportunidad histórica de hacerlo.
El Islam, para los musulmanes, es un
hecho vertebrador mucho más poderoso que cualquier otra pertenencia. Acéfalo
y descentralizado,el Islam ha sabido convertirse en el esquelo que sostiene
las manifestaciones culturales de los distintos pueblos a los que ha
llegado. Y así, el bereber es ante todo musulmán y no duda en militar en
movimientos islamistas. Ahora bien, las corrientes
islámicas adolecen de prejuicios
heredados por la gran confusión creada por el colonialismo. El magrebí medio
se encuentra constantemente en bifurcaciones en las que se le exige
decisiones y adhesiones extrañas. El problema de la identidad en el norte de
África no tiene una solución clara. Las elecciones no son fáciles. En la
actualidad lo bereber es planteado al margen del Islam y el Islam al margen
de lo bereber, y cada cual elige en función del valor específico que de a
cada una de las dos facetas de su identidad. Lo berever, en los
planteamientos de los intelectuales de la cuestión, es una opción por lo
occidental y una actitud de rechazo a todo lo que se asocie con lo árabe y
lo oriental, mientras que el Islam, también según los planteamientos
más en boga y fuertemente
impregandos por sus raíces en un Islam oriental y panárabe, es presentado
como una afirmación de la tradición y un rechazo frontal a lo occidental.
Sólo en pocos casos parece superarse esta dicotomía que marca el tono
general de los debates. Sin embargo sólo su superación devolverá el sentido
de sí mismos a los magrebíes en el marco de un respeto
a la pluralidad dejando atrás
definitivamente la etapa colonial que desestructuró completamente un mundo y
lo condenó al exilio en su propia tierra y en su propia identidad.
Y ya por último, simplemente como
observación a quienes estén interesados por estos temas, me queda por decir
que los estudios berebers en general disfrutan de una gran interés en
algunos países. El interés por el bereber no está concentrado únicamente en
los países donde se habla sino que ha transpasado sus fronteras. Acualmente
hay a disposición de los estudiosos un abundante
material bibliog´rafico, un material
que abarca casi todos los ámbitos socioculturales y políticos y que ha
venido saliendo a la luz gracias a la preocupación de varios centros y los
esfuerzos colectivos y personales de algunos berberizantes. Hoy día existen
varios centros académicos en distintas partes del mundo que han inaugurado
departamenteos para el estudio del
bereber. Podemos citar el caso de
Estados Unidos, la Universidad de los Angeles (UCLA) donde se imparten
clases de tashelhit y de los dialectos del Aurás u el Medio Atlas marroquí;
lo mismo sucede en Ann Arbor en Michigan |